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 ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941? 
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Nuevo mensaje ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Desde que mi padre me regalo siendo yo adolescente, el primer libro de Sierra, La Guerra Naval en el Pacífico, siempre he tenido la curiosidad si los Norteamericanos tenían conocimiento del ataque de los Japoneses el 7 de diciembre de 1941.

Aquí está el fruto de mi investigación. ¿Opiniones?


¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 de diciembre de 1941?


ANTECEDENTES.

En mi opinión una de las consecuencias más importantes de la invasión de Rusia por Alemania fue que el Japón quedó totalmente libre para su ansiada expansión por Asia sudoriental. Sería precisamente en esta zona donde Norteamérica descubriría el verdadero significado de la seguridad colectiva.


El Japón amenazaba los intereses ingleses, holandeses, franceses y americanos; y estos intereses eran tan interdependientes que un ataque directo contra cualquiera de ellos provocaría casi con toda seguridad, una guerra entre Norteamérica y Japón.


La amenaza japonesa llegó a ser tan intensa, que el Gobierno norteamericano se encontró ante la inquietante perspectiva de tener que combatir contra el Japón, manteniendo al mismo tiempo relaciones pacíficas con Hitler, quien, en realidad, era entonces el verdadero enemigo.


Vayamos ahora, brevemente paso a paso, por ese trágico camino que conduciría a los japoneses y norteamericanos a la guerra.


Los norteamericanos se habían hecho con la clave diplomática nipona, por lo que aquéllos decidieron cambiarla. Pero ya en agosto, los especialistas estadounidenses consiguieron romper también la nueva y muy compleja clave diplomática japonesa, la «Púrpura», considerada por los nipones indescriptable, rápidamente se construyeron en los Estados Unidos cuatro máquinas para descifrar con rapidez la mencionada clave secreta japonesa.


Dos de ellas quedaron en Washington, en manos del Ejército y de la Armada; otra fue enviada a Cavite, al comandante del Distrito Naval de Filipinas, y, más adelante, la cuarta sería llevada a Londres y entregada a los ingleses.


Al mismo tiempo, el FBI descubría una red de espías japoneses compuesta por oficiales de Marina que pretendían dedicarse al estudio del inglés en los Estados Unidos. Pero no se les juzgó, pues las conversaciones americano-japonesas atravesaban entonces una «etapa crucial» y se decidió deportarlos. Así, los capitanes de corbeta Tachibana, Okada y Ezima y el teniente de navío Yamada fueron detenidos y enviados al Japón.


Los norteamericanos descifraron, a través de la clave diplomática nipona, que el Japón había dado seguridades a sus compañeros del Eje, de que no abandonaría el Pacto Tripartito, al mismo tiempo que pedía a los alemanes apoyo para su ultimátum a Vichy, a fin de que éste les cediese bases en la Indochina meridional, bases que luego les servirían de trampolín hacia los codiciados territorios del Sur.


Como consecuencia del embargo Norteamericano, Japón estaba contra las cuerdas, y la situación había llegado a un punto irreversible y tan sumamente grave que sólo le dejaba una alternativa desesperada: ¡la guerra!, previendo una acción de guerra, el gabinete estadounidense comenzó a tomar medidas:


El teniente general Douglas Mac Arthur, fue vuelto al servicio activo y nombrado comandante en jefe de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en el Extremo Oriente, y se inició una verdadera carrera contra reloj para trasladar allí el resto de los 200.000 soldados que Mac Arthur consideraba necesarios para la defensa, así como los centenares de carros de combate y aviones de caza y bombarderos B-17, de gran radio de acción. Es decir, se variaron los planes estratégicos previstos para caso de guerra.


El 27 noviembre de 1941, cuando aún no habían zarpado los convoyes japoneses que llevarían tropas hacia el Sur, el Almirante Stark, Jefe del Estado Mayor de la Armada (Chief of Naval Operation), envió el siguiente mensaje a los almirantes de la Escuadra del Pacífico y de la Escuadra asiática (ésta, de efectivos reducidos, ya había sido replegada a las Filipinas): «Este despacho debe ser considerado como alarma de guerra.


Las negociaciones con el Japón en busca de una estabilización en las condiciones del Pacífico han cesado, y en los próximos días se espera un movimiento agresivo por parte japonesa. El número y equipo de las tropas niponas y la organización de sus grupos navales indica una operación anfibia contra las Filipinas, la península de Tailandia, el istmo de Kra o posiblemente Borneo. Ejecutar un despliegue defensivo apropiado preparatorio de las misiones asignadas en el Plan de Guerra número 46.»


Esto lo sabían perfectamente el presidente de los Estados Unidos y su Gobierno y hoy está fuera de toda duda que Roosevelt empujó deliberadamente a los japoneses al ataque por temor de que si éstos se limitaban a lanzarse contra las posesiones coloniales holandesas y británicas en el sudeste asiático, el pueblo y el Congreso norteamericanos no se decidieran a declarar la guerra al Japón para ayudar a los europeos en defensa de sus ricas y productivas colonias asiáticas.


Desde el punto de vista de Roosevelt, fue sin duda una jugada maestra, pero, al mismo tiempo, el presidente de los Estados Unidos, excesivamente confiado en la efectividad del equipo de descifradores, que hasta entonces siempre le habían tenido muy bien informado de todo lo que se proyectaba entre <bambalinas> en Tokio, cometería un gravísimo error que todavía hoy no se comprende cómo no le costó la presidencia e hizo caer a su Gobierno.


Con estos antecedentes, el gobierno Norteamericano y los Estados Mayores del Ejército y la Armada si conocían el Ataque de Japón a su nación.

Fuentes bibliográficas: La Guerra Naval en el Pacífico por Luis de la Sierra, de Editorial Juventud, Barcelona, 1ª edición 1979. Las Marinas de Guerra, Historia de Trafalgar a nuestros días, VOL III, editorial Fabri-Milán y Delta, Barcelona

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
¿Qué sabía Estados Unidos por parte del Japón?



ANTECEDENTES:

La crisis de Extremo Oriente tenía su origen en vicisitudes políticas, económicas y militares que se remontaban a varios años antes. Ya en 1919-1921 habían surgido algunos problemas que se capearon en la conferencia de Washington en 1922; se presentaron nuevos conflictos en 1931, y la crisis se agravó ulteriormente con la denuncia de los tratados navales por parte de Japón, y después con los acontecimientos de 1936-1937 y la guerra chino-japonesa. La situación se deterioró rápidamente a partir de 1939, cuando estalló la guerra en Europa.


Era evidente que el inicio del conflicto en Extremo Oriente era inminente, si no mediaba una política prudente entre los bandos contrapuestos. Y así se entablaron negociones para buscar una solución, pero debido a la actitud de ambos gobiernos no prosperaron pero en cambio, los preparativos militares se agilizaron.


Cronología de la situación en Extremo Oriente hasta 1941.

Con el conocimiento de los hechos cronológicos que conocía los Estados Unidos, esperaba de Japón la Guerra, vamos a ver como se desarrollaron los acontecimientos.


Las operaciones militares terrestres en China, comenzadas en 1937, no habían proporcionado todavía resultados tangibles para los japoneses. Únicamente se obtenía algún éxito con las operación; aéreas, pero ello no bastaba para llevar la delantera en un conflicto como el que se dirimía en China. Las fuerzas armadas chinas recibían ayuda militar de Estados Unidos, Gran Bretaña y la Unión Soviética y los canales de suministro atravesaban Birmania Indochina y las fronteras septentrionales.


La tensión con la URSS provocó, en 1938-1939, dos encuentros armados, lo que hizo temer que se desatara un conflicto inmediato, pero esta situación no sólo fue superada, sino que Moscú y Tokio suscribieron, el 13 de abril de 1941, un tratado de neutralidad por un período de cinco años, lo que proporcionó a ambas potencias una relativa tranquilidad, y otorgó a Japón mayores posibilidades en el sector sudoriental.


Sin duda, a Japón le interesaba la Indochina francesa por diversos motivos: su posición geoestratégica en el Sudeste asiático, la posibilidad de bloquear la ruta de suministros a China a través de la frontera indochina e impedir que aquel territorio, bajo soberanía francesa, cayera bajo dominio anglo-gaullista.


Primero Japón a finales de junio de 1940 solicitó del Gobierno británico que cerrase la carretera de Birmania, por donde los Estados Unidos enviaban material de guerra a China, y también la frontera de ésta con Hong-Kong.


Los acosados británicos pidieron entonces a Washington que se uniera a ellos en un embargo al Japón, enviase buques de guerra a Singapur para mostrar un frente unido contra los nipones o tratase de mediar con la Gran Bretaña en un arreglo definitivo entre China y el Imperio del Sol Naciente. Pero las respuestas fueron negativas y los británicos tuvieron que cerrar aquella carretera estratégica durante tres meses y evacuar sus tropas de Shanghai, Tientsing y Peiping.


No obstante, el 25 de julio de 1940, Roosevelt estableció controles sobre la exportación norteamericana de petróleo y chatarra, aunque por el momento la medida sólo afectó al Japón en cuanto a la gasolina y al aceite de aviación se refería. Pero comenzaba así la peligrosa andadura por un camino de arenas movedizas.


Ayudado por la presión alemana, Tokio obtuvo en primer lugar que el gobierno de Vichy impidiera el paso por territorio indochino de suministros en dirección a China.


El segundo paso resultó todavía más decisivo: El 22 de septiembre, el Japón llegó a un acuerdo con el Gobierno francés, presionado también por Alemania, para utilizar tres aeropuertos en el norte de Indochina y estacionar allí tropas niponas.


En represalia, dos días después, el Gobierno norteamericano ordenaba oficialmente detener todos los embarcos de chatarra de hierro y acero al Japón y concedía un nuevo empréstito a China.


El 23 de septiembre de 1940 Japón obtuvo la autorización del gobierno Pétain para utilizar las bases de la Indochina septentrional al objeto de desplegar sus operaciones militares contra China.


El Gobierno de Vichy también fue presionado para que retirara sus fuerzas de Shanghai y admitiese agentes nipones que inspeccionaran las importaciones y exportaciones en su colonia asiática. Vichy acudió entonces a Washington, pero Roosevelt, cuyas sugerencias al Gobierno francés del mariscal Pétain, a raíz de la invasión alemana, para que la Flota gala continuase la guerra contra Alemania desde el norte de África, o que por lo menos fuese enviada a puertos británicos, habían caído en “saco roto”, y no quiso ayudarle ahora en Indochina.


La siguiente maniobra consistió en fomentar una tensión entre Siam y Francia, haciendo que el primero reivindicara toda una serie de territorios. Esta situación provocó un conflicto, que fue resuelto por la fácil e interesada acción mediadora de Japón, que obtuvo en recompensa la utilización del puerto de Haiphong y el monopolio de la producción arrocera de Siam.


A su vez, el 27 de septiembre firmaban los japoneses el Pacto Tripartito — una alianza defensiva — con Alemania e Italia, y en octubre presionaban sobre las autoridades holandesas para tratar de conseguir una serie de concesiones en las Indias Orientales. Pero estas propuestas fueron rechazadas.


Como vemos, las cosas empezaban a ponerse graves entre el Japón y los Estados Unidos, y Cordell Hull, secretario de Estado, envió una significativa nota a los representantes diplomáticos y consulares de los Estados Unidos en China, el Japón, Hong-Kong e Indochina, sugiriendo que fuesen evacuados todos los ciudadanos norteamericanos residentes en aquellos países o zonas.


Por su parte, el Gabinete de Guerra británico, habiendo logrado capear el temporal del pretendido desembarco alemán en Inglaterra, decidió volver a abrir la carretera de Burma. Y Winston Churchill, temiendo la reacción japonesa, pidió al presidente Roosevelt que enviase cuanto antes una escuadra a Singapur, pero el mandatario de los Estados Unidos no accedió a ello, entre otras cosas porque los almirantes norteamericanos insistían en que su Marina no estaba aún preparada para la guerra.


Llegamos al año 1941, decisivo, y trascendental, en que Alemania se lanzaría contra la URSS, y el Japón contra los Estados Unidos, cometiendo ambas potencias el mayor error de toda su historia.


El año comenzó mal. La guerra proseguía en Europa, aunque a través de un período de calma relativa, pues sólo se luchaba en el norte de África. Pero en Asia continuaba la contienda chino-japonesa, y tempestuosos nubarrones se acumulaban cada vez más sombríos y amenazadores sobre el horizonte del Pacífico.


La pequeña guerra iniciada a fines de 1940 entre Siam, un aliado del Japón, y las fuerzas francesas en Indochina, por una disputa fronteriza sobre el río Mekong, se mostraba tan decididamente favorable a los francos que el comandante militar japonés en Indochina pidió a las tropas de Vichy que firmasen un armisticio. Las correspondientes conversaciones, forzadas también por Alemania, comenzaron a bordo del crucero nipón Natori y después continuaron en Tokio.


El 16 de enero de 1941, el Gobierno del Mikado volvía a presionar sobre los holandeses. Solicitaba la concesión de ciertos cupos de materias primas, permiso para efectuar prospecciones petrolíferas y minerales y aumentar la emigración japonesa, derechos de pesca y autorización para utilizar ciertos puertos hasta entonces cerrados a los nipones.


Los holandeses llamaron a todos sus barcos mercantes en aguas chinas y japonesas y después rechazaron aquellas propuestas, que eran, en parte, consecuencia del bloqueo económico a que ya estaba sometido el Japón por los Estados Unidos.


En Washington, en enero de 1941, el Congreso autorizó incrementar las defensas de la isla de Guam y decidió ampliar los controles económicos sobre el Japón. A la lista de la gasolina de más de 89 octanos, lubricantes y chatarra se incorporaron el cobre, bronce, latón, cinc, níquel y potasio; después, el plomo, yute, carbón, fosfatos, corcho y grasas animales y vegetales, y, finalmente, barriles, bidones y tanques metálicos, y equipos de perforación petrolífera y de refinado de crudos.


Era un golpe muy duro para el Japón, que tenía que importar incluso parte del arroz que su población consumía, pero aún no estaba preparado para la guerra y no reaccionó, aunque, igual que los Estados Unidos, se alistaba activamente para ella. Porque el dogal americano ya le apretaba firmemente por el cuello.


El 11 de marzo, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el Acta del Préstamo y Arriendo, que garantizaba a la Gran Bretaña cantidades ilimitadas de material de guerra, y el 30 de ese mismo mes, en una medida totalmente arbitraria, personal del Servicio de Guardacostas de los Estados Unidos abordaba y se incautaba de 65 barcos alemanes, italianos y daneses refugiados en puertos norteamericanos, con un total de 600.000 toneladas de registro.


Obligado por las sanciones y la guerra con China, el Japón trató de hallar una solución negociada a sus graves problemas. El 8 de marzo comenzaron en Washington las conversaciones entre el embajador japonés, almirante Nomura, y el secretario de Estado norteamericano, Cordell Hull.


Los puntos de vista de los gobiernos que ambos representaban eran absolutamente antitéticos, y dichas conversaciones terminarían, como veremos, en un verdadero callejón sin salida, ¡sin salida pacífica! Pues los japoneses pretendían que los Estados Unidos dejaran de ayudar a China, levantaran el cada vez más estrangulador embargo contra el Japón y aceptasen la posición dominante de éste en el Pacífico, mientras que, por el momento, sus antagonistas querían que todo siguiera igual.

Visto el rumbo de las referidas conversaciones, el 13 de abril de 1941 firmaba el Japón un pacto de no agresión con la Unión Soviética; así, al menos teóricamente, se cubría las espaldas en Manchuria.


El 28 de mayo, el Congreso norteamericano daba una vuelta más a su tuerca estranguladora, al ampliar los controles de exportación a todos los territorios dependientes de los Estados Unidos, lo que significaba que los japoneses no podrían seguir importando mineral de hierro, cobre y manganeso de las Filipinas, y tampoco copra y abacá.


El 22 de junio de 1941, las tropas alemanas cruzaron las fronteras de la URSS. Los japoneses advirtieron entonces a los rusos que harían honor al pacto firmado, e incluso retiraron tropas de la frontera chino-soviética. Pero calladamente reforzaron su ejército de Manchuria hasta casi los 600.000 hombres.


El 24 de julio de 1941, Francia y Japón firmaron un acuerdo en base al cual las fuerzas armadas japonesas obtuvieron autorización para instalar bases y guarniciones en toda Indochina, a fin de satisfacer las necesidades de una «defensa común».


Las tropas japonesas invadieron prácticamente el resto de la Indochina francesa, lo que provocó dos días después la «congelación» (obligatoriedad de contar con autorización gubernamental) de todas las importaciones japonesas en los Estados Unidos y sus posesiones, incluidos el petróleo y la gasolina de cualquier clase. A este embargo se sumaron inmediatamente la Gran Bretaña y sus dominios y las Indias Holandesas. El Japón quedaba ahora bien ahogado.


Japón sólo tenía reservas de petróleo para poco más de un año. Por si no fuera bastante, Washington comunicó a Tokio que el canal de Panamá quedaba indefinidamente cerrado «por reparaciones».


A partir de aquel momento, Tokio tuvo grandes posibilidades de maniobra hacia Malasia, Birmania y los grandes archipiélagos de las Indias neerlandesas y de las Filipinas.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Las consecuencias fueron las siguientes:


Desde un punto de vista político, Japón inició su labor propagandística a favor de los movimientos nacionalistas de independencia y en detrimento de las potencias coloniales. Las relaciones, ya muy críticas, con Estados Unidos, Gran Bretaña y Países Bajos, empeoraron después del asentamiento militar en Indochina: como represalia, fueron congelados los depósitos japoneses en los bancos de esos tres países, y por si esto no bastara se decretó la prohibición de exportar a Japón, un verdadero embargo, petróleo y otras materias primas.


Para que estas sanciones fueran abolidas, Japón debía romper la alianza con Italia y Alemania, y retirar sus tropas de China y de Indochina. En una reunión celebrada el 6 de septiembre el gobierno de Tokio decidió proseguir las negociaciones con Estados Unidos, en busca de una solución pacífica.

Toda la sangre japonesa vertida en China, todos los esfuerzos y sacrificios hechos allí por el Japón prácticamente en lo que iba de siglo habrían sido inútiles. Cierto que los Estados Unidos no amenazaban con declararle la guerra si no aceptaba sus condiciones.


El Japón podía aceptarlas o rechazarlas, desde luego, pero ahora ya sabía que la asfixia económica que tan duramente le apretaba no sería pasajera, sino que se mantendría hasta que él se retirase de China e Indochina y abandonara toda veleidad expansionista, so pena de perecer por estrangulamiento y perder la guerra en curso.


Consideradas objetivamente, aquellas durísimas propuestas — cuya verdadera finalidad era obligar al Japón a lanzarse a la lucha — resultaban sencillamente inadmisibles para los nipones, que no tenían posibilidad alguna de estabilizar el vertiginoso descenso de sus reservas de petróleo y materias primas, cuyo agotamiento significaría, literalmente, la parálisis nacional y la pérdida de la contienda en curso. Para el Imperio del Sol Naciente, la situación había llegado a un punto irreversible y tan sumamente grave que sólo le dejaba una alternativa desesperada: ¡la guerra!


¿Cómo se gestó la idea del ataque? ¿Había alternativas a Pearl Harbor como objetivo de ese primer golpe?



Los preparativos militares Aliados


En los Estados Unidos, el peligro de guerra que aquella drástica medida para el Japón suponía no pasó inadvertido, ni mucho menos, sino que fue apreciado en toda su gravedad, y, suponiendo que los japoneses ocuparían las Indias Holandesas en busca del «oro negro», imprescindible para proseguir su agotadora guerra en China e incluso evitar el colapso nacional, Washington decidió no sólo fortalecer las islas Filipinas para hacerlas invulnerables a cualquier ataque, sino aprovechar su excelente situación estratégica para poder cortar luego desde allí el tráfico marítimo nipón que llevaría petróleo y materias primas hasta su metrópoli.


Del 21 al 27 de abril de 1941 se reunieron en Singapur representantes militares británicos, norteamericanos, neerlandeses, australianos, indios y neozelandeses para concertar un primer plan común de reacción frente a un ataque japonés, que preveían inminente.


El reforzamiento militar aliado en Extremo Oriente progresó de forma lenta y, desde luego, no en la medida que hubiera sido necesaria.


Más allá del aumento de las fuerzas terrestres y aéreas, aunque por debajo de lo que se requería, las diferentes marinas movilizaron un número considerable de unidades. La Eastern Fleet británica, bajo el mando del vicealmirante Phillips, fue concentrada en Singapur y contaba con el modernísimo acorazado Prince of Wales, el crucero de batalla Repulse, los cruceros Danae, Dragón y Durban, 4 destructores, 3 cañoneros y 2 cruceros auxiliares.


En la misma base, asignados a otras fuerzas navales o en reparación, se encontraban el crucero Mauritius, 5 destructores y 1 submarino. En la base de Hong Kong, aislada y asediada por los japoneses, había 3 destructores y 4 cañoneros. Las fuerzas aéreo-terrestres ascendían a 5 aviones y poco más de 11000 hombres.


En Malasia y en Singapur había destacados 158 aviones y unos 90 000 hombres, sin medios acorazados. La cobertura naval del frente indo-birmano estaba asegurada por el East India Squadron, destacado en Ceilán al mando del vicealmirante Arbuthnot, que comprendía el acorazado Revenge, el portaaviones Hermes, los cruceros Enterprise y Exeter y 2 cruceros auxiliares, además de las pocas unidades de la Marina india.


En aguas australianas y neozelandesas se encontraban 6 cruceros Canberra, Australia, Adelaide, Perth, Achilles y Leander, 2 destructores, 2 fragatas y 2 unidades francesas de la Francia Libre.


En las Indias neerlandesas las fuerzas navales de los Países Bajos consistían en los cruceros DeRuyter, Java, Sumatra y Tromp, apoyados por 7 destructores, 16 submarinos, 22 unidades entre cañoneros y guardacostas, unas cuarenta lanchas rápidas y torpederas, y 7 minadores. Las fuerzas terrestres estaban formadas por unos 40 000 soldados neerlandeses.


Estados Unidos, aparte las fuerzas aeronavales de la Flota del Pacífico, desplegadas entre Hawái y las costas occidentales estadounidenses, disponían en Extremo Oriente y en el Pacífico de unos 20000 hombres, distribuidos entre Filipinas, Guam y Wake, mientras otros 43000 estaban destacados en las Hawái.


En Filipinas había 277 aviones, mientras 387 se encontraban en las bases hawaianas y otra docena entre las islas de Midway y Wake. La Asiatic Fleet había sido desplazada a Filipinas, tras haber abandonado en 1940 su fondeadero habitual en Shanghái .


Esta fuerza, mandada por el almirante Hart, estaba compuesta por los cruceros Houston, Marblehead y Bloise, 13 viejos destructores, 29 submarinos, varias lanchas torpederas y otras 25 unidades menores y auxiliares, así como 32 hidrocanoas PBY Catalina.

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Los preparativos militares Japoneses


Frente a esas fuerzas se hallaba Japón, pero con buena parte del Ejército y de la aviación terrestre empeñados en las operaciones en China. Para afrontar la prevista crisis en el Pacífico, además de la flota compuesta por 381 unidades navales.


Japón disponía de un importante contingente de tropas apoyadas por unos 1.500 aviones del Ejército, en tanto que la Marina disponía de 3.029 aviones distribuidos entre la 1ª Flota embarcada, la 4ª Flota con sus elementos situados en varios archipiélagos e islas del Pacífico, la 11ª Flota destacada en Formosa y en Indochina, y la reserva, que se hallaba en territorio metropolitano.


Mientras los japoneses se preparaban para el ataque, en espera del resultado de las negociaciones en Washington, todas las bases aliadas fueron puestas en estado de alerta y emergencia.


Los japoneses conscientes de que si los Estados Unidos no aceptaban una revisión de su drástica postura estallaría la guerra, se dedicaron a una enérgica preparación bélica para poder infligir, desde el primer momento, pérdidas gravísimas al enemigo y avanzar lo más posible.

Todos los planes operativos nipones para el avance hacia el sudeste implicaban, para su buen resultado, la superioridad naval y el control absoluto de las zonas marítimas en cuestión.

Las fuerzas anglo-neerlandesas no eran consideradas tan importantes como para constituir una amenaza, pero lo que preocupaba a Tokio era la flota estadounidense, en especial la del Pacífico, que había concentrado en la base hawaiana de Pearl Harbor 9 acorazados, 3 portaaviones, una docena de cruceros pesados y una decena de cruceros ligeros, unos setenta destructores y alrededor de treinta submarinos.

Éste era, por consiguiente, el objetivo prioritario que los japoneses debían machacar duramente al primer golpe.


Por tanto no existían otros objetivos que no fuera Pearl Harbor,por lo explicado anteriormente.
¿Era consciente Japón del potencial norteamericano?


Mientras ambos bandos aceleraban los preparativos militares, no cesaban los contactos diplomáticos para encontrar una solución pacífica a las controversias que más oponían a Estados Unidos y Japón.


Objetivamente, las condiciones planteadas por Washington no sólo eran drásticas, sino que, en caso de ser aceptadas, dejarían en entredicho el prestigio del Japón ante todos los pueblos de Asia. Roosevelt sabía perfectamente que si no se retractaba de sus planteamientos a Japón sólo le quedaría una salida, la de tomar las armas.

Y así fue, pues Japón atacó de improviso.

Sin embargo, en muchos ambientes japoneses no se veía con buenos ojos un conflicto de este tipo, en oposición a las corrientes más duras, representadas sobre todo por el Ejército. La Marina, mediante su ministro y viceministro, almirantes Yonai y Yamamoto el futuro comandante de la Flota Combinada siempre trató de evitar un enfrentamiento con los anglo-estadounidenses y una alianza con Alemania e Italia.


En especial Yamamoto, ya que era muy consciente del potencial Norteamericano (Despertar al tigre dormido) quien chocó tan duramente con los jefes ultras del Ejército que Yonai hubo de sacarle del país para salvarle la vida.


En un reajuste del gobierno, la cartera de Marina fue asumida por Koshiro Oikawa, quien contemporizaba con los proyectos del Ejército, hasta tal punto que inquietó al primer ministro Konoye. Éste trató por todos los medios hallar un entendimiento con Estados Unidos para evitar la guerra. Pero Washington no empleó el mismo celo que Konoye, quizás porque interiormente deseaba que se desatara el conflicto, y la política del primer ministro quedó seriamente comprometida, lo que propició que subiera a! poder el general Tojo, exponente de la línea dura de Ejército.


Pese a ello, la Marina siguió siendo contraria a la guerra, pero una vez decidida, a causa de la cerrazón de Estados Unidos y de la actitud de Ejército japonés, se aprestó a afrontarla.


La Armada Imperial en su conjunto y la mayoría de sus altos cargos, conocían el potencial de Estados Unidos, por lo que eran contrarios a un enfrentamiento armado.

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¿Hasta dónde funcionó el plan japonés?



Para poder responder a esta pregunta, se ha de repasar brevemente la historia del ataque a Pearl Harbor, ya que sin la argumentación de los hechos históricos acontecidos antes, durante y después del ataque, me sería imposible contestar adecuadamente.


En Asia, orden de batalla.


Las órdenes para el ataque hacia el sur fueron dadas sin demora:


El 25º Ejército del general Yamashita (2 divisiones de infantería y la división de la. Guardia) le fue asignado el ataque contra Malasia Borneo y Sumatra.


El 14º Ejército (2 divisiones de infantería, una brigada y un grupo táctico) del general Homma recibió la orden de prepararse para la invasión de Filipinas.


El 15º Ejército del general Iida, (3 divisiones de infantería) contra Siam y Birmania.


El 16° Ejército del general Imamura, (3 divisiones, un grupo táctico y contingentes de paracaidistas y de infantería de Marina) invadiría las Indias neerlandesas.


Contra las posiciones insulares de Guam y Wake, de las islas Gilbert, de Nueva Guinea y de las Bismarck operarían fuerzas de la infantería de Marina y un regimiento de infantería del Ejército, bajo las órdenes del general Horii.


Como reserva, se habían previsto una división destacada en China y una brigada en Indochina.


El apoyo aéreo estaría a cargo: de 725 aviones del Ejército (550 sobre Malasia y 175 sobre las Filipinas), y 566 de la Marina pertenecientes a la 11ª Flota con base en Formosa y en Indochina, que operarían sobre Filipinas, Malasia y las Indias neerlandesas, apoyadas por otros 120 aparatos con base en 4 portaaviones menores, mientras un centenar de aviones de la Marina, pertenecientes a la 24ª Flotilla, colaborarían en la conquista de Guam, Wake y otras islas.


Rumbo a Pearl Harbor


La acción aeronaval principal era la que debería efectuar la Flota Combinada, el ataque a la gran base norteamericana de Pearl Harbor, con el objetivo de destruir, o al menos averiar seriamente, a la Flota estadounidense del Pacífico.

El ataque debían llevarlo a cabo los aparatos embarcados en los 6 portaaviones de escuadra.


El tema del ataque aéreo por sorpresa contra Pearl Harbor no constituía una novedad, pues los norteamericanos habían basado en él uno de sus ejercicios en 1938, confiando al portaaviones Saratoga el papel de agresor. El departamento de planes y operaciones de la Marina imperial también tenía el tema bien presente.


En enero de 1941, el almirante Yamamoto encargó al jefe de estado mayor de la 11.a Flota aérea, contraalmirante Onishi, y al capitán de fragata Minoru Genda, el estudio del plan de ataque contra las naves estadounidenses surtas en Pearl Harbor.


El 13 de septiembre, el plan ya estaba a punto y se convirtió en orden de operación el 5 de noviembre, con la denominación de «orden secreta operativa n.°1 de la Flota Combinada».


Poco después se iniciaron los preparativos. El problema principal con que tropezó la Fuerza de Ataque fue la elección de la ruta de aproximación a las Islas Hawái.

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Orden de batalla de la Fuerza Combinada.



Mando: vicealmirante Chuichi Nagumo, comandante en Jefe de la Fuerza de Ataque y de la 1 .a Flota Aérea.

Fuerza de Ataque:

1ª División de portaaviones: Akagi,y Kaga

2ª División de portaaviones: Hiryu,y Soryu.

5ªDivisión de portaaviones Shokaku,y Zuikaku

Fuerza de protección: contraalmirante Sentaro Omori


1ª Flotilla de destructores (crucero ligero Abukuma, destructores: Takikaza, Isokaze, Kagero, Akigumo, Urakaze, Hamakaze, Arare y Shiranuhi.

Fuerza de apoyo: vicealmirante Gunichi Mikawa

3.a División de buques de batalla: Hiei y Kirishima.

8ª División de cruceros: Tone y Chikuma

Servicio de seguridad: capitán de navio Kijro Imaizumi

2ª Flotilla de submarinos: I.19, I. 21, I. 23.

Núcleo de neutralización de Midway: capitán de navío Kaname Konishi

7ª Flotilla de destructores: Akebono, y Ushio.

Núcleo logístico: 8 unidades entre buques cisterna y aprovisionamiento.

Total unidades en la mar:

portaaviones 6
buques de batalla 2
cruceros pesados 2
cruceros ligeros 1
destructores 11
submarinos 3
unidades logísticas 8

Las rutas meridionales propuestas, las situadas al Sur de la línea Midway-Oahu y la todavía más meridional a través de las Marshall, quedaron descartadas ya que resultaba muy difícil ocultar los movimientos a causa de que estas rutas eran las que frecuentadas por los buques mercantes y por tanto estaban vigiladas por unidades del reconocimiento aéreo norteamericano.


Por tanto, se estableció que la Fuerza de Ataque siguiera la ruta septentrional, entre las Aleutianas y Midway, una zona poco transitada por los buques mercantes y por tanto fuera del control estadounidense.


Según los planes, el ataque contra Pearl Harbor debían realizarlo 423 aviones (que finalmente serían en 389) entre torpederos, bombarderos y cazas todos ellos embarcados en 6 grandes portaaviones. También debían participar en el ataque varios submarinos de bolsillo, transportados en 5 grandes submarinos del tipo «I», pertenecientes a un grupo de 27 unidades que constituía la avanzadilla de la Fuerza de Ataque.


El 7 de noviembre, el almirante Yamamoto convocó a bordo del Nagato al vicealmirante Chuichi Nagumo y le transmitió la orden de asumir el mando de, la Fuerza de Ataque contra Pearl Harbor.


Entre el 10 y el 18 de noviembre, la escuadra de Nagumo, después de zarpar desde la base de Kure, abandonó el mar Interior del Japón, y el 22 de noviembre todos los buques se reunieron en Hitokappu Wan, en la isla Etorofu del archipiélago de las Kuriles, donde las unidades permanecieron ancladas a la espera de nuevas órdenes.


Tres días más tarde, el comandante en jefe ordenó al almirante Nagumo que zarparan al día siguiente y que pusieran rumbo a las Hawai mientras recibían la orden de ataque contra Pearl Harbor. Al amanecer del 26 de noviembre comenzó la misión.


Las directrices de la operación prohibían la utilización de la radio y aconsejaban evitar todo contacto o avistamiento.


En caso de encuentro con otros buques, aunque fuesen neutrales, las órdenes especificaban que debían ser hundidos, antes de que pudieran comunicar la situación de la escuadra, y si éste se producía antes del 6 de diciembre, con lo que se perdería la ventaja que suponía la sorpresa, las órdenes del almirante Yamamoto eran tajantes: debía interrumpirse la misión y regresar a las bases.


El propio Yamamoto escogió la fecha del ataque: el domingo, 7 de diciembre.

Dicha elección no fue hecha al azar, ya que el almirante japones conocía la costumbre estadounidense de hacer regresar las unidades a la base el fin de semana. Pero en esta ocasión no ocurrió así, ya que los portaaviones estadounidenses no volvieron a su base y así se salvaron de un desastre seguro.


El 1 de diciembre, el gobierno japonés decidió la intervención armada, y al día siguiente Yamamoto transmito el mensaje a Nagumo. La suerte de Pearl Harbor estaba echada.


El 6 de diciembre, Nagumo ordenó a sus pilotos que estuvieran dispuestos para el despegue. Según los últimos informes recibidos, en Pearl Harbor había de 7 a 8 acorazados y 7 cruceros, además de numerosas unidades menores, pero cabía la posibilidad que durante la noche regresaran a la base todas las unidades que se encontraban todavía en alta mar.


A las 06.00 del 7 de diciembre de 1941, cuando la escuadra de Nagumo se hallaba a 700 millas al norte de Oahu, despegó de los 6 portaaviones japoneses la primera oleada de aviones, formada por 183 aparatos: 49 bombarderos horizontales Nakajima B5N Kate, 40 aviones torpederos del mismo tipo, 51 bombarderos en picado Aichi D3A Val y 43 cazas Mitsubishi A6M Cero. Dicha formación estaba mandada por el capitán de fragata Fuchida, que avistó la costa septentrional de Oahu a las 07.40.


Cuando los aviones, que habían realizado el vuelo a una altitud ce 3 000 m para descender después a una cota entre los 200 y los 800 m, sobrevolaron la parte occidental de la isla, se dividieron en grupos según los objetivos que les habían sido asignados.


Los aeródromos de Kanehohe, Hickam, Wheeler y Ewa, y la rada de Pearl Harbor. El plan de operaciones preveía que en primer lugar atacaran los aviones torpederos, luego los bombarderos horizontales y por último los bombarderos en picado; los cazas debían mantenerse a determinada altitud para contrarrestar cualquier tentativa de interceptación por parte de los aviones estadounidenses.


A las 07.53, cuando la formación cayó por sorpresa sobre sus objetivos sin que existiera la menor reacción por parte del sistema defensivo norteamericano, el comandante Fuchida envió al portaaviones Akagi, buque insignia del almirante Nagumo, el mensaje «Tora, tora, tora», que indicaba el inicio del ataque sorprendiendo totalmente al enemigo.


A las 07.55 del 7 de diciembre de 1941, hizo explosión la primera bomba japonesa sobre Pearl Harbor y con ella comenzó la segunda guerra mundial en Extremo Oriente.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Pearl Harbor



Las informaciones japonesas respecto a las unidades estadounidenses que se encontraban en Pearl Harbor resultaron exactas, ya que, en efecto, en sus muelles había anclados 94 buques:


8 acorazados (Pennsylvania, California, Maryland, Oklahoma, Tennessee, West Virginia, Arizona, Nevada),
8 cruceros (Raleigh, Detroit, Phoenix, Helena, New Orleans, San Francisco, Honolulú, St. Louis),
29 destructores,
5 submarinos,
un cañonero,
9 minadores,
10 dragaminas
24 unidades auxiliares:10 buques de apoyo, 3 buques taller, 2 cisternas, 2 remolcadores oceánicos, un barco hospital, un buque hidrográfico, un buque de suministro, un buque nodriza, un buque de salvamento, una unidad de transporte de municiones y un barco cuartel.


Como se ha referido anteriormente, los portaaviones no se hallaban en la base: el Lexington, con 3 cruceros y 5 destructores, se encontraba en el mar para proceder a unos ejercicios al sudoeste de las Hawai, y el Enterprise, con 3 cruceros y 9 destructores, regresaba de la isla de Wake, adonde se había desplazado para el transporte de aviones, y debido al estado de la mar había retrasado su retorno.


Las medidas de vigilancia adoptadas por los estadounidenses, aunque eran las propias de un momento de emergencia, resultaban inadecuadas frente a un eventual ataque masivo.


Estados Unidos había dispuesto una estación de radar de alerta, 2 dragaminas, un destructor que patrullaba los accesos de la bahía y uno o dos aviones de reconocimiento.


Pese a la precariedad de esos medios, los estadounidenses tuvieron repetidas oportunidades para alertar a tiempo y repeler el ataque.


Cuatro horas antes de que éste se produjera, el dragaminas Cóndor avistó el periscopio de un submarino y lo comunicó al destructor Ward, que, tras localizarlo, lo atacó con cargas de profundidad. También se indicó la presencia de otros submarinos ante la entrada de la bahía, que fue comunicada al mando de la base de Pearl Harbor, donde o bien llegaron demasiado tarde o nadie se preocupó de dar, si no una alarma, al menos un aviso previo.


Todavía resulta más extraño que, tras la detección de los submarinos, la estación de radar de Opana, situada al norte de la isla de Oahu, localizara, entre las 06.45 y las 07.02, grandes masas de aviones que se aproximaban, y que los mensajes enviados al mando correspondiente no fueran tomados en consideración, creyéndose que se trataba de aparatos amigos que regresaban a la base.


Y sin embargo, el radar señalaba con precisión «aviones aproximándose desde el norte» y no desde el nordeste o el sudoeste, como hubiera sucedido en caso de ser aviones estadounidenses.


Por otra parte, era muy poco creíble que los B-17 o los aviones de la Marina regresaran sin aviso previo, sin una sola comunicación. Desde hacía tiempo, los servicios de interceptación en Washington podían captar y descifrar todas las comunicaciones entre Tokio y la embajada japonesa en Washington. Por el tono de estos mensajes no resultaba difícil suponer que las negociaciones andaban por mal camino y deducir que al final estallaría la guerra.


Los dos mensajes de las 08.00 y las 10.00 del 7 de diciembre (hora de Washington), descifrados por los estadounidenses, decían explícitamente, en el primero, que el gobierno japonés lamentaba constatar la imposibilidad de un acuerdo, y en el segundo que, en vista de ello, la embajada procediera a destruir los documentos y las máquinas cifradoras, y que el embajador entregase a las 13.00, hora de Washington (las 07.30 de Pearl Harbor), al Departamento de Estado la nota japonesa que había de anunciar la ruptura de las negociaciones y el inicio de las hostilidades.


El contenido de estos mensajes indujo a los jefes de estado mayor del Ejército y de la Marina, general Marshall y almirante Stark, a enviar la orden de alerta a los mandos de ultramar.


Absurdamente, la comunicación, pese ir marcada con un «prioridad absoluta sobre las prioridades», no pasó por la línea militar, que se consideró estaba «sobrecargada», sino por la de las comunicaciones civiles, con la única indicación de «urgente». A consecuencia de este cambio, la orden de alarma enviada por Washington no llegó a manos de los mandos de Pearl Harbor hasta las 15.00 de la tarde, más de 5 horas después de que se produjera la incursión japonesa.


Este conjunto inconcebible de ligerezas y negligencias permitió el ataque contra Pearl Harbor, con todas sus consecuencias.


las 07.30 del 7 de diciembre de 1941, un vigía del destructor Allen señaló el avistamiento de una veintena de aviones: la primera oleada japonesa estaba llegando a Pearl Harbor. A la orden del comandante Fuchida, los cuatro grupos de ataque se lanzaron sobre sus objetivos:


A las 07.55 los bombarderos en picado lanzaron sus bombas sobre los aeródromos y los ametrallaron violentamente;
A las 07.57 los aviones torpederos se dirigieron hacia la línea de los acorazados;
A las 08.00 en punto aparecieron los cazas, que atacaron en vuelo rasante los aviones aparcados en tierra;
A las 08.05 los bombarderos horizontales iniciaron el lanzamiento de sus cargas de explosivos sobre los buques de batalla.
A las 08.25, completada su misión, los aviones del capitán de fragata Fuchida se alejaron para regresar a sus portaaviones.


Pasados unos veinte minutos, llegó a Pearl Harbor la segunda oleada de 167 aviones, al mando del capitán de corbeta Shimazaki.


Habían despegado a las 07.15 de los portaaviones y se trataba de 35 cazas A6M Cero, de 54 bombarderos horizontales B5N Kate y de 78 bombarderos en picado D3 A Val, que tenían como objetivos los aeródromos, los buques de guerra y las instalaciones militares. Este segundo ataque duró hasta las 09.55, cuando los aparatos, que esta vez toparon con una defensa más activa, iniciaron el regreso a sus buques, que entretanto, junto con toda la escuadra del almirante Nagumo, se habían aproximado hasta 190 millas de Oahu.


Entre las 13.00 y las 13.30, los aviones terminaron su apontaje y la escuadra japonesa puso proa al noroeste para regresar a sus bases, con gran desilusión del almirante Yamaguchi, comandante de la 2.a División de portaaviones, y del comandante Fuchida, que habían solicitado respetuosamente al almirante Nagumo que lanzara un tercer ataque contra Pearl Harbor, en especial contra los depósitos de combustible, o que fuese en busca de los portaaviones norteamericanos para atacarlos.


Por motivos de orden logístico y de seguridad, el almirante Nagumo tomó otra decisión y prefirió regresar a Japón, con lo que probablemente perdió una gran oportunidad.


Mientras la Fuerza de Ataque japonesa se alejaba, en Pearl Harbor la Pacific Fleet hacía balance de sus pérdidas. Todos los acorazados habían sido alcanzados; el Arizona estaba completamente destruido, el Oklahoma había zozobrado, el California y el West Virginia reposaban en el fondo, el Nevada estaba gravemente averiado, y el Pennsylvania y el Maryland presentaban daños leves. Sólo se perdieron definitivamente el Arizona y el Oklahoma, en tanto que los otros, después de los consiguientes trabajos de reparación y modernización, se reincorporaron al servicio


Los demás hundimientos se limitaron al buque nodriza Utah y el dragaminas Oglala, que más tarde fue recuperado. Quedaron gravemente averiados los cruceros Helena, Raleigh y Honolulú y los destructores Shaw, Cassin y Downes. Las pérdidas en aviones fueron mucho más elevadas, ya que de los 349 aparatos presentes quedaron destruidos 188 y averiados 159.


Las bajas humanas ascendieron a 2403 muertos y 1178 heridos. En cambio, las pérdidas japonesas fueron irrisorias: 5 submarinos de bolsillo y 29 aviones, y como bajas humanas 55 aviadores, 9 submarinistas y un prisionero.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Conlusión



Los resultados obtenidos en Pearl Harbor, con el ataque inesperado y violento de varios centenares de aviones, fueron bastante inferiores a los que esperaba el alto mando japonés. Faltó el privilegiado objetivo de los portaaviones, pero no se hizo nada para buscarlos y destruirlos, y en este aspecto fallaron también, estrepitosamente, los submarinos nipones, enviados en número respetable a aquellas aguas y a las zonas limítrofes, que en cambio perdieron el I.70, hundido por los aparatos del Enterprise.


Otro importante objetivo inexplicablemente no atacado fueron los grandes depósitos de combustible de la flota norteamericana que, de haber sido destruidos, habrían dificultado durante algún tiempo los movimientos navales.


Más compleja era en cambio, aunque siempre se ha considerado como el más grave error estratégico de los japoneses, la posibilidad de rematar el ataque aéreo con un desembarco a gran escala en las Hawai, operación que de haberse realizado hubiera puesto a los norteamericanos en una situación gravísima en el Pacífico.


Después de Pearl Harbor, Estados Unidos pudo entrar justificadamente en guerra. El presidente Roosevelt definió el 7 de diciembre de 1941 como un «día de infamia», y la frase «Remember Pearl Harbor!» se convirtió en la primera arma de Estados Unidos, poniendo en marcha un mecanismo propagandístico-publicitario que movilizó todos los recursos, morales y materiales, de la nación.


No faltaron indagaciones, interrogantes, dudas y sospechas sobre Pearl Harbor, pero resulta más difícil emitir juicios y sentencias de carácter definitivo. Las medidas inmediatas tomadas por Washington se tradujeron en el cambio de algunos altos mandos militares. El almirante Kimmel fue sustituido al frente de la Pacific Fleet por el almirante Chester W. Nimitz. Los generales Short y Martin fueron reemplazados en el; mando de las fuerzas del U.S. Army y la U.S. Army Air Forcé en las Hawai por los generales Emmons y Tinker.


El almirante Ernest J. King fue nombrado comandante en jefe de la flota norteamericana y jefe del estado mayor de la Marina (Chief of Nava; Operations), en sustitución del almirante Stark.


¿Puede decirse que el ataque a Pearl Harbor fue un total fracaso de Japón?



La primera gran batalla librada en el Océano Pacífico en la Segunda Guerra Mundial constituyó una aplastante derrota norteamericana y, a mi modo de ver, una victoria japonesa a medias, por faltarle los portaaviones.


Porque la isla de Oahu disponía de medios más que suficientes, que de haber sido bien utilizados, habrían hecho fracasar el sorpresivo ataque japonés.


Pero en aquella base naval fallaron lamentablemente los mandos. Tanto el general Short, jefe de todas las fuerzas armadas de la isla y también responsable de la seguridad de la Escuadra del Pacífico mientras ésta se hallase en Pearl Harbor, como el almirante Kimmel y el almirante Bloch, comandante del 14° Distrito Naval, no estuvieron a la altura de las circunstancias.


Eran rutinarios carentes de iniciativa y pertenecían a esa clase de militares que siempre marchan a remolque de los acontecimientos en vez de procurar tirar de ellos, y, por otra parte, fueron incapaces de adaptarse a un cambio, que en este caso fue, además, progresivo, en la situación política internacional.


Todas las advertencias acerca de la cada vez más grave y peligrosa crisis con un Japón verdaderamente acorralado no les hicieron mella. Continuaron torpemente aferrados al rutinario e intensivo programa de adiestramiento de aviadores y de transferencia de «fortalezas volantes» a las Filipinas. No establecieron patrullas aéreas ni navales alrededor de Oahu: por lo menos, no hasta donde podían y debían haberlo hecho, y ni siquiera la vigilancia permanente con los radares de descubierta.


Habían rechazado las propuestas para instalar redes antitorpedo delante de los acorazados, pese al bien significativo precedente de Tarento; no modificaron después su actitud, y para nada se preocuparon de establecer barrajes de globos cautivos.


Tampoco alteraron el bien conocido, y por tanto peligroso, ritmo de salidas a la mar de los buques. Oahu, como señalaría después el secretario de Guerra norteamericano, era realmente «un centinela de guardia frente al enemigo». Sí, pero aquel centinela dormía, por lo que pudo ser totalmente sorprendido y prácticamente aniquilado.


El Vicealmirante Nagumo, en la tarde del 6 de diciembre, recibió un parte de radio desde Tokio en que decía <<no hay redes antitorpedo, ni globos cautivos alrededor de los acorazados norteamericanos>> y que los portaaviones no se encontraban en puerto.


A las 20.50 horas el último radio: <<el Utah y un buque nodriza de hidroaviones entraron a puerto el 5 de diciembre>>.


Tras una reunión con su Estado Mayor, Naguno mando poner por escrito en el diario de operaciones su estimación personal, que fue:


<<1. La fuerza enemiga de las Hawai se compone de ocho acorazados, dos portaaviones y unos diez cruceros pesados y seis ligeros. Los portaaviones y cruceros pesados parecen hallarse en la mar, pero los demás buques están en puerto. Los que operan en la mar se hallan muy probablemente en la zona de ejercicios al sur de Maui; no están en Lahaina.


2. Hasta ahora no hay indicios de que el enemigo haya sido alertado, pero ello no es razón para descuidar nuestra seguridad.

3. A menos que algo imprevisto suceda esta noche, mañana lanzaremos nuestro ataque sobre Pearl Harbor.>>


Esta estimación era casi exacta en cuanto se refiere a los buques mayores de la Escuadra norteamericana del Pacífico, presentes entonces en Pearl Harbor, pero no respecto a los que estaban fuera de dicha base naval.


Efectivamente, en Pearl Harbor se encontraban aquella noche ocho acorazados, además del Utah, convertido en buque-blanco, ya que el Colorado estaba en California, dos cruceros pesados, seis ligeros y veintinueve destructores.


Respecto a los tres portaaviones asignados a la escuadra de Kimmel, el Saratoga estaba también en Long Beach, pero el Enterprise y el Lexington no se hallaban al sur de Maui, como Nagumo suponía.


El primero de estos buques regresaba de Wake tras haber cumplido la misión que le llevó allí, y que ya conocemos, y el segundo, con tres cruceros pesados y cinco destructores, se aproximaba a Midway para lanzar al día siguiente dieciocho bombarderos de reconocimiento destinados a dicha isla... pero que ya nunca llegarían a su destino.


Así que la estimación de Nagumo contenía un error respecto a la posición probable de estos buques, que tendría malas consecuencias para los japoneses, ya que, dándola por buena, al día siguiente no tratarían de localizar dichos portaaviones ni se ocuparían para nada de ellos. Fallo injustificable, que salvaría al Enterprise de su destrucción aquel día aciago en los anales de la Segunda Guerra Mundial.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
-¿Qué se hubiese logrado con una tercera oleada? ¿Habría sido un golpe realmente significativo?



Hacia la una de la tarde del 7 de diciembre habían terminado de apontonar en sus portaaviones los últimos aparatos japoneses, más de 70 de los cuales llegaron agujereados por la metralla, entre ellos el de Fuchida, a quien se le esperaba con lógica impaciencia.


Inmediatamente informó al almirante Nagumo y su Estado Mayor de que, con toda seguridad, cuatro acorazados enemigos habían sido hundidos, tres estaban gravemente dañados y otro había sufrido averías menores; que otros varios buques habían recibido graves daños y que la estación aeronaval en la isla de Ford estaba en llamas, así como los restantes aeródromos, especialmente el de Wheeler.


Fuchida creía que la mitad de los efectivos aéreos de Oahu habían sido destruidos, pero que aún quedaban objetivos sin alcanzar y que, por tanto, debería lanzarse un tercer ataque.


Pero el almirante Nagumo no pensaba lo mismo, y Kusaka tampoco. Creían que el objetivo principal (la inutilización de los buques de línea enemigos), había sido plenamente logrado; que a los norteamericanos les quedaban medio centenar de aviones disponibles, lo que deducía de las señales captadas al enemigo, y que las pérdidas propias y los riesgos que para sus buques supondría lanzar un nuevo ataque no estaban justificados, sobre todo ignorando dónde se hallaban los portaaviones de Kimmel.


Así que el almirante japonés dio por finalizado el ataque, ordenó izar las correspondientes señales de cambio de rumbo, y todos los buques de la Flota Combinada japonesa aproaron simultáneamente al NNO., aumentando su velocidad a 25 nudos.


Debido a una serie de equivocaciones y errores por parte de los norteamericanos, ninguno de sus buques o aviones descubriría a la fuerza de Nagumo en retirada.


Aquella decisión del almirante japonés es una de las más debatidas de toda la guerra del Pacífico, especialmente por los historiadores norteamericanos, llegándose a conclusiones diametralmente opuestas como, por ejemplo, las siguientes:


«Así terminó lo que puede considerarse el ataque aeronaval más brillantemente planeado y ejecutado de la Historia moderna», dice el doctor Robert E. Ward, profesor de Ciencia Política de la Universidad de Michigan, en su documentado estudio sobre el ataque a Pearl Harbor.


Mientras que el conocido historiador de la misma nacionalidad S. Eliot Morison declara: «El ataque por sorpresa a Pearl Harbor, lejos de ser una "necesidad estratégica", como los japoneses proclamaron incluso después de la guerra, fue una "imbecilidad estratégica" (strategic tmbecility).


A nivel táctico, el ataque a Pearl Harbor se concentró erróneamente sobre los buques en vez de en las instalaciones fijas y depósitos de petróleo. A nivel estratégico fue una idiotez. El de alta política, desastroso».


En mi opinión hay bastante más pasión que objetividad en estas palabras del historiador norteamericano en su monumental historia de la guerra en el mar durante la última contienda mundial.


Estratégicamente, el ataque japonés a Pearl Harbor permitió a los nipones conquistar y después consolidar los territorios e islas que tan acuciantemente necesitaban para poder proseguir la guerra contra China y sobrevivir como primera potencia. Si después perdieron la Segunda Guerra Mundial no fue debido al ataque a Pearl Harbor, sino por otras razones muy diferentes, y sin dicho ataque probablemente la hubieran perdido antes.


Tácticamente, el ataque fue perfecto, y los acorazados hundidos o averiados en Oahu, aunque en su mayoría salvados y reparados después, no pudieron entrar en combate hasta varios años más tarde. Esto fue precisa y exactamente lo que necesitaban y habían buscado los japoneses. ¿Que los talleres del arsenal de la base no fueron alcanzados por las bombas y permitieron reflotar y parchear provisionalmente a los buques alcanzados? Ello no significó prácticamente nada en la marcha ulterior de la guerra, y, aunque aquéllos hubieran sido arrasados, en algunas semanas habrían podido quedar rehechos con maquinaria traída de los talleres californianos.


Respecto al petróleo, la capacidad de las instalaciones de Pearl Harbor era entonces muy limitada, pues los depósitos subterráneos aún no estaban terminados, e insuficiente para mantener a la Flota constantemente en la mar, como el mismo Morison señala, y todos los petroleros disponibles sólo podían suministrar combustible «para unos nueve días de operaciones». Luego la destrucción de tales depósitos exteriores tampoco hubiera sido muy importante, ya que el establecimiento de un «puente» de petroleros hubiera resuelto fácilmente la cuestión.


En Pearl Harbor, lo decisivo eran los acorazados y portaaviones norteamericanos. Los primeros quedaron en su totalidad fuera de combate; los segundos no estaban allí.


Por otra parte, repetir el ataque no hubiera reportado ventajas apreciables a los japoneses, que, en cambio, dada ya la falta de sorpresa, Nagumo temió también que mientras sus aparatos se dedicaban una vez más a Pearl Harbor, los portaaviones enemigos, cuyo paradero ignoraba, pudieran atacar a los suyos.


Suposición tan razonable como sensata, aunque de tal ignorancia sólo fuese responsable Nagumo. Por todo ello pensamos que Nagumo, como anteriormente Togo, se arriesgó cuando tuvo que hacerlo y fue prudente cuando debió serlo. El único reparo serio que puede hacérsele es el de no haber dedicado cierto número de sus aviones, los triplaza Kate, que disponían de navegante, para tratar de localizar a los portaaviones ausentes de Pearl Harbor. De haberlo hecho, no sólo habría despejado una muy inquietante amenaza, sino que probablemente hubiera localizado al Enterprise, a unas 200 millas al oeste de Oahu al comenzar el ataque japonés y precisamente ya sin su escuadrón de reconocimiento, y podido dedicarle parte o la totalidad de los aviones de la segunda ola, armados con bombas y torpedos.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
¿Por qué no se enfocó el plan de forma más clara hacia los portaviones? ¿Qué defectos tenía el plan?



Examinemos previamente las alternativas de los planes de los Estados Mayores Japoneses del "¿por qué Pearl Harbor?".


En otoño de 1941, el Ejército y la Marina japoneses examinaron cuatro sistemas alternativos para neutralizar la doble amenaza de la base inglesa de Singapur y de las americanas de Filipinas:


-El primero consistía en apoderarse de las productoras de petróleo y atacar después Malasia y Filipinas; pero este plan daría a los americanos y a los ingleses demasiado tiempo para pre parar su defensa.



-El segundo preveía una serie de ataques en «sentido horario»: contra las Filipinas, después contra las islas productoras de petróleo y, finalmente, contra Malasia; pero también así los ingleses dispondrían de demasiado tiempo.


-De análoga manera, la tercera alternativa (un avance en sentido anti-horario) relegaba a último lugar a la Pacific Fleet y a las bases de bombarderos de la isla de Luzón, con lo que las vías de comuniación japonesas se verían expuestas a ataques enemigos.


-Por lo tanto, a mediados de agosto, el Ejército y la Marina decidieron escoger la cuarta alternativa: un ataque sorpresa coordinado contra Filipinas y Malasia, seguido de sucesivos ataques contra las Indias holandesas y Birmania. De este modo se eliminarían las potenciales amenazas antes de conquistar Borneo, Java y Sumatra, las fuentes del tan ansiado petróleo.


Entre tanto, el Estado Mayor de la Flota, bajo la guía de su comandante en jefe, el almirante Yamamoto, elaboraba por su parte un perfeccionamiento de esta operación estratégica. La idea era prevenir, de forma aún más contundente, la posible intervención americana en la guerra, atacando a la American Pacific Fleet en su misma base de Pearl Harbor, situada en la isla de Oahu, del archipiélago de Hawai y a 3.400 millas del Japón.


Por una ironía del destino, el Estado Mayor de Yamamoto estaba siendo alentado en su trabajo por una anterior iniciativa del almirante norteamericano Yarnell, quien en 1932, había efectuado un ataque análogo, pero naturalmente simulado, en el curso de unos ejercicios realizados por la flota estadounidense. Otra confirmación indirecta de la validez de su idea se la habían proporcionado los ingleses, cuyo ataque contra la Escuadra italiana en Tarento, en noviembre de 1941, a base de aviones torpederos embarcados en portaaviones, convenció a los japoneses de que los torpedos también podían utilizarse con toda eficacia en aguas poco profundas, como eran realmente las de Pearl Harbor, cuyo fondo no era superior a os 12 metros para la destrucción de los acorazados, portaaviones y cruceros de batalla. (Se contempla a los portaaviones).


Así, pues, desde el mes de diciembre de 1940, el Estado Mayor de Yamamoto estaba trabajando en el más absoluto secreto en la elaboración de este plan de ataque. En abríl de 1941, el citado plan había llegado ya a una fase lo suficientemente avanzada para permitir que, en mayo, se iniciaran algunas pruebas de lanzamiento de torpedos.


A fines de agosto, el plan de ataque a Pearl Harbor fue comunicado al Estado Mayor General de la Marina. De momento encontró una violenta oposición, en particular por parte del jefe de Estado Mayor de la Marina, almirante Nagano, quien lo juzgó tan arriesgado como inútil. Sostuvo que si la Flota norteamericana se atrevía a entrar en las aguas territoriales japonesas, primero podría ser debilitada con ataques de las fuerzas ligeras y, más tarde, destruida en una batalla a gran escala.


A principios de septiembre, el plan fue ensayado en el curso de unos ejercicios, y entonces se ganó otro adversario: el comandante de los portaaviones, almirante Nagumo, quien finalmente llegó a la conclusión de que la operación le costaría dos de sus seis portaaviones.


Pero a pesar de tanta oposición, Yamamoto siguió patrocinando su plan, negándose a asegurar una adecuada protección a las operaciones del sector meridional si dicho plan no se ponía en práctica.


Consideraba que la única esperanza del Japón estaba en asegurarse un éxito rápido; incluso tuvo que recurrir a la amenaza de dimitir para que Nagano aceptase su estrategia: y esta estrategia consistía en debilitar a la Flota americana antes de que pudiese intervenir en las operaciones del sector meridional.


Por fin, el día 3 de noviembre el plan fue aprobado.


Preveía la aproximación, a través del oscuro y neblinoso Pacífico septentrional, hasta un punto de lanzamiento situado al norte de la isla de Oahu: desde allí, un domingo por la mañana, los aviones japoneses emprenderían el vuelo para atacar Pearl Harbor.


No se llevaría a cabo ningún intento de desembarco de tropas en la isla de Oahu, pues los japoneses no podían dedicar a una operación de este tipo el suficiente número de buques que la misma requería; ni tampoco podía arriesgarse a perder la indiscutible ventaja del factor sorpresa, cosa que ocurriría en el caso del desembarco.


Si el bajo nivel de las reservas de petróleo limitaba el plazo de maniobra del Japón, la adopción del plan «Pearl Harbor» reducía aún más dicho plazo. Las condiciones atmosféricas favorables podían preverse únicamente para la primera decena de diciembre, y se consideraba un día, en particular, como el más adecuado: el 7 de diciembre, un domingo al que correspondía la fase lunar más propicia para llevar a cabo la aproximación a Pearl Harbor.


Como he narrado anteriormente, desde el principio el Plan de Yamamoto contemplaba la destrucción de la flota Norteamericana en el Pacífico y sus razones. Los portaaviones, se salvaron, por varias circunstancias.

1- La suerte de no encontrarse en puerto como se preveía.
2- Mala información de los servicios secretos japoneses sobre el destino de los portaaviones.
3- Nagumo no lanzo aviones para su búsqueda y posterior localización.


El plan de Yamamoto se enfocó a la destrucción de la Flota Norteamericana y no tenía más defecto que la buena o mala suerte de tener localizados a los portaaviones en el ataque a Pearl Harbor.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
-¿Cuáles fueron los movimientos de Japón después de este primer golpe? ¿Hizo Japón lo correcto?


El imparable avance japonés


Después de Pearl Harbor, la ofensiva japonesa empezó a desarrollarse según los planes previstos, sin que nada pudiera oponerse a los presupuestos del estado mayor imperial. Pocas horas después del ataque contra la gran base estadounidense de las Hawai, formaciones de aviones japoneses arrasaron los aeródromos de Filipinas, destruyendo a la mayor parte de los aviones norteamericanos que se hallaban aparcados en ellos.


Tres días más tarde, las fuerzas japonesas se lanzaron contra el arsenal de Cavite, que resultó totalmente destruido. También se efectuaron ataques contra otras posiciones aliadas: Hong Kong fue ocupada tras una fuerte resistencia, que duró dos semanas (del 10 al 25 de diciembre), e igual suerte corrió la isla de Guam.


En cambio, en Wake los japoneses no tuvieron tanta fortuna y en el ataque a esa isla experimentaron el primer frenazo de los meses iniciales de la guerra.


El primer intento para apoderarse de Wake se realizó el 11 de diciembre, después de una serie de incursiones aéreas cuyo cometido consistía en la neutralización de los 12 cazas Wildcat que habían sido desembarcados una semana antes por el portaaviones Enterprise.


Sin embargo, cuando la fuerza de invasión nipona del contraalmirante Kajioka, compuesta por 3 cruceros ligeros, 6 destructores, 2 submarinos y 4 transportes se presentó ante la isla los defensores reaccionaron con energía. El duelo entre los buques y las defensas costeras se resolvió con ventaja para estas últimas, ya que los destructores Rayate y Kisaragi resultaron hundidos, y los cruceros Yubari y Tenryu averiados, por lo que Kajioka optó por la retirada.


No obstante, la conquista de la isla sólo experimentó un breve aplazamiento, ya que un nuevo ataque lanzado el 23 de diciembre se saldó con pleno éxito; tras la ocupación de la isla, los japoneses se habían asegurado, junto con Guam, el control del flanco izquierdo en su avance hacia el sur.


El ataque contra las Filipinas revistió más dificultades, pero también en este sector los japoneses concluyeron victoriosamente sus operaciones. Como no querían arriesgar sus preciados portaaviones en el conjunto de las islas del archipiélago filipino, los nipones confiaron sus ataques de preparación a la aviación basada en tierra (casi 600 aparatos), perteneciente al Ejército y a la Marina. Partiendo de Formosa y de las Palau, los japoneses desembarcaron en Luzón, en Lingayen y en Antinoman.


Las fuerzas niponas, debido a su superioridad (el general Douglas MacArthur, jefe de las fuerzas estadounidenses en el archipiélago, disponía de unos 131.000 hombres, pero los 112.000 pertenecientes a los contingentes filipinos estaban muy mal equipados), lograron progresar con relativa facilidad.


Después de la caída de Manila, acaecida el 2 de enero, MacArthur se retiró con unos 60.000 hombres a la península de Bataan. Ya que el almirante Hart había hecho que partieran sus unidades de superficie más importantes (los cruceros Houston, Marbleheady Boise y una docena de destructores), la Asiatic Fleet sólo disponía de 26 submarinos, que obtuvieron muy pocos éxitos.


El 26 de diciembre el almirante Hart abandonó Filipinas a bordo de un submarino, mientras el contraalmirante Francis W. Rockwell, jefe del 16.° Distrito Naval, se retiraba a Corregidor. La resistencia estadounidense en Bataan y Corregidor fue tan dura como vana: Bataan cayó el 9 de abril, y un mes más tarde Corregidor.


Con ello, el archipiélago de las Filipinas quedaba en poder de las fuerzas niponas


Mac Arthur dejó las islas y se trasladó a Australia, no sin antes pronunciar su famoso «¡Volveré!», convertido más tarde en un compromiso político-estratégico que condicionaría muchas de las decisiones relacionadas con la dirección de la guerra en la zona del Pacífico.


Firmemente dispuestos a apoderarse de todas las fuentes necesarias de materias primas, los japoneses habían desembarcado en Borneo (17 de diciembre) para ocupar sus importantes yacimientos petrolíferos. Además, el 20 de diciembre invadieron Mindanao, en el golfo de Davao, donde instalaron una base naval.


Tampoco Malasia resistió el ataque japonés lanzado desde Indochina y Siam. Singapur, la clave estratégica de Gran Bretaña en Extremo Oriente, cayó el 15 de enero de 1942, dejando en manos del invasor casi 100000 prisioneros.


Birmania siguió la misma suerte y esto contribuyó también a aislar por tierra a China, después de que los japoneses asumiesen el control de la carretera Mandalay-Lashio-Chungking. La India quedó indefensa, pero, pese a algunos desacuerdos con Gran Bretaña, la propuesta de «libertad» de los japoneses fue rechazada.


Cuando Gran Bretaña advirtió que la situación en Extremo Oriente se hacía cada vez más tensa, decidió reforzar su presencia en ese sector. En el aspecto naval, se estableció el envío a Singapur de una escuadra formada por el modernísimo acorazado Prince of Wales, el crucero de batalla Repulse y 4 destructores (Júpiter, Encounter, Electra y Express), el mando de la cual fue encomendado, por recomendación de Churchill, al vicealmirante Sir Tom Phillips, que hasta aquel momento había ocupado el cargo de segundo jefe de estado mayor en el Almirantazgo.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Aún teniendo en cuenta la calidad de los buques enviados al teatro de operaciones de Extremo Oriente (los destructores de esa formación se contaban entre los más modernos de la Royal Navy, ya que habían sido botados en el período 1934-1938) los británicos comprendieron en seguida que el talón de Aquiles de esta escuadra residía en la falta de apoyo aéreo. Dicho de otro modo, no se había constituido aquel binomio acorazado/portaaviones que tanto éxito había tenido en el Mediterráneo y en el Atlántico.


Sin embargo, para comprender plenamente esta situación, hay que evaluar cuál era, a primeros de diciembre de 1941, la situación de la Royal Navy en cuanto a portaaviones. El Ark Royal había sido hundido en el Mediterráneo el mes anterior, el moderno Victorious prestaba servicio en aguas metropolitanas, mientras que las antiguas unidades Hermes y Eagle operaban con la Escuadra del Pacífico Sur.


Otras tres unidades (Formidable, Illustrious y Furious) estaban siendo reparadas en Estados Unidos, en tanto que el modernísimo Indomitable, completado aquel mismo año, no sería plenamente operativo hasta principios de 1942.


Para afrontar adecuadamente las exigencias bélicas, del 23 de diciembre de 1941 al 14 de enero de 1942 se celebró en Washington la conferencia denominada «Arcadia», en la que Roosevelt y Churchill dispusieron toda una serie de medidas inmediatas. En lo referente al teatro de Extremo Oriente, el mando del Pacífico sudoccidental, denominado ABDA (American-British-Dutch-Australian), fue confiado al general británico Archibald Wavell, cuya jurisdicción abarcaría Birmania, Malasia, las Indias neerlandesas, Borneo y Filipinas.


Después de la conquista de Malasia y de Singapur, y de los desembarcos efectuados en Sumatra, Bali y Borneo, la isla de Java parecía ser el próximo blanco de la ofensiva nipona, y los primeros indicios de esa suposición lo constituyeron diversos bombardeos aéreos japoneses contra Surabaya, el gran puerto de las Indias neerlandesas.


Por otra parte, los aliados constataron que las fuerzas militares que podían oponer en caso de invasión eran muy limitadas.


Inicialmente, el mando marítimo del ABDA fue confiado al vicealmirante estadounidense T. C. Hart, pero cuando fue llamado a Washington el 14 de febrero, le sustituyó el vicealmirante holandés Konrad Helfrich, quien a su vez nombró jefe de la flota embarcada a un compatriota suyo, el contraalmirante Karel Doorman.


Ante la inminencia del ataque japonés a Java, el mando militar de la isla pidió con insistencia el envío de aviones. El buque de apoyo de aviones Langley y el transporte Seawitch partieron cargados con P-40 Warhawk con dirección al sur de la isla, pero desgraciadamente el Langley fue hundido por los japoneses y el Seawitch, que sí arribó a destino, traía los aviones desmontados, por lo que la participación de los mismos en la lucha se demoraría un tiempo.



El 23 de febrero, el gobierno británico, ante la imposibilidad de una defensa eficaz, ordenó a Wavell que abandonara las Indias neerlandesas. El drama de Java estaba a punto de empezar. Los japoneses establecieron que el ataque a Java se desencadenaría el 28 de febrero, por lo que a partir del día 18 las fuerzas de invasión niponas empezaron a concentrarse en Borneo, y fueron distribuidas en tres grupos:


*Grupo Occidental (alm. Kurital procedente de las Andamán): debía dirigirse, tomando un rumbo sudeste, hacia la parte occidental.


*Grupo Oriental (alm. Nishimura): proveniente de Balikpapan, descendería por el estrecho de Macassar, costeando el litoral de Borneo.


*Grupo de Exploración (alm. Takagi): debía desplegarse en avanzadilla circundando, de este a oeste, la isla de Bawean.


Las fuerzas de invasión niponas fueron descubiertas por submarinos norteamericanos el 25 de febrero, cuando los japoneses se apoderaron fácilmente de la isla de Bawean, 150 millas al norte de Surabaya, donde instalaron una estación de radio.


El día siguiente, al amanecer, los convoyes japoneses fueron avistados por dos hidros Catalina, que lo comunicaron a Helfrich, quien para interferir los movimientos enemigos había ordenado que zarparan la tarde anterior los cruceros Houston, Java y De Ruyter, con 7 destructores, además de cinco unidades británicas, los cruceros Dragón, Danaey Hobart, y los destructores Scout y Tenedos, pero ambas salidas no dieron resultado y las dos formaciones regresaron a sus bases.


El Almirantazgo decidió que las unidades británicas fueran enviadas a Ceñan y sustituidas por los cruceros Exeter y Perth, y los destructores Júpiter, Electra y Encounter. Helfrich desconocía cuáles eran los propósitos japoneses, por lo que intentó, a la desesperada, lanzar un ataque nocturno a los transportes japoneses y causarles las mayores pérdidas posibles.


Por tanto, Doorman zarpó de Surabaya, con rumbo norte, a las 22.00 del 26 de febrero, con cinco cruceros y 9 destructores para atacar a las fuerzas procedentes del estrecho de Macassar. Pero la búsqueda, durante la noche del 26 al 27 de febrero, resultó infructuosa, y Doorman, ante el ataque de aviones japoneses, decidió regresar a su base.


Sin embargo, cuando ya estaba cerca de su destino, los Catalina de reconocimiento comunicaron que habían avistado un convoy enemigo a 20 millas al oeste de Bawean y que sus fuerzas de apoyo enemigo se hallaban a 35 millas de dicha isla.


Entonces el crucero De Ruyter, buque insignia de Doorman, invirtió la ruta y fue seguido por las demás unidades.


Los japoneses fueron informados de ese movimiento y el contraalmirante Nishimura ordenó que el grupo de Takagi (Ñachi, Haguro, Jintsu y 7 destructores) se dirigieran hacia el enemigo y que el convoy se alejara al nordeste. La situación táctica era favorable a los japoneses, que podían disponer de 20 piezas de 203 mm frente a las 12 de la flota aliada (de los 9 cañones del Houston, la torre triple de popa estaba inutilizada y el Exeter sólo embarcaba seis).


El encuentro se inició a las 16.16, cuando el Ñachi y el Haguro abrieron fuego, desde 25 000 metros, contra la escuadra aliada.


El tiro japonés, corregido desde un hidroavión del Ñachi, fue más preciso y alcanzó al De Ruyter, aunque no seriamente.


A las 17.07 entró en acción la flotilla de Tanaka, pero ni sus torpedos ni los lanzados por Takagi hicieron blanco. Sin embargo, hubo un factor que resultó decisivo para los japoneses: el Exeter, alcanzado en la sala de calderas por un proyectil de 203 mm, hubo de reducir la marcha y abandonar la formación.


Tras un error del Houston, el Perth y el Java, que creyeron que Doorman iba detrás del Exeter, el contraalmirante holandés decidió seguirles para no fraccionar sus fuerzas, pero esto resultó fatal para la formación aliada. Takagi, al objeto de aprovechar la velocidad reducida de los buques enemigos y acabar con el Exeter, ordenó acortar distancias.


En la refriega que siguió resultó alcanzado el Electra. Mientras el Exeter, escoltado por el Witte de With, se dirigía a Surabaya, Doorman ordenó a los destructores que lanzaran un ataque con torpedos, que únicamente se saldó con leves averías al Asagumo.


Pero esta acción obligó a Takagi a alejarse hacia el norte, preocupado por la suerte del convoy que le había sido confiado. Doorman, empecinado por tomar contacto con los transportes adversarios, pero ignorante de los movimientos enemigos por carecer de cobertura aérea, puso rumbo primero al sur y luego al oeste, siempre bajo la atenta observación de los aparatos enemigos.


Mientras los destructores estadounidenses, sin torpedos y casi sin combustible, fueron autorizados a regresar, los buques supervivientes de Doorman (De Ruyter, Houston, Java, Perth, Júpiter y Encounter) se adentraron en una zona minada donde perdieron al Júpiter, ante lo cual Doorman ordenó variar el rumbo hacia el norte, seguido únicamente por los cruceros.


Sin embargo, el desenlace estaba próximo; en efecto, el Ñachi y el Haguro lanzaron una salva de 12 torpedos que hundieron el Java y el DeRuyter, pereciendo el almirante Doorman.


Terminaba así la batalla de Java, durante la cual los japoneses, sin apenas pérdidas, redujeron la escuadra del ABDA a los cruceros Houston y Perth, que llegaron a Surabaya el 28 de febrero. Pero la tragedia aún no había terminado.


En la tarde del 28 de febrero el Houston, el Perth y el Evertsen, cuando intentaban atravesar el estrecho de la Sonda, toparon inesperadamente con una sección del convoy occidental japonés, que estaba realizando unos desembarcos en la bahía de Banten. Pese a algunos éxitos iniciales, hundieron dos transportes japoneses, la escuadra aliada sucumbió a la reacción nipona.


El Houston y el Perth, rodeados por el Natorí, el Mogami, el Mikuma y 10 destructores, fueron hundidos. El Evertsen, tras haber hecho contacto con dos buques japoneses, fue obligado a embarrancar en la isla de Sabuku.


El grupo Surabaya (Exeter, Pope y Encounter) también cayó en la trampa. Avistado por cuatro cruceros (Ñachi, Myoko, Haguro y Ashigara), cuyo tiro estaba reglado por hidroaviones, sucumbió irremediablemente. El 1 de marzo, a las 13.30, el último buque de la escuadra ABDA, el Pope, desaparecía bajo las aguas.


No obstante, las pérdidas aliadas iban a aumentar: en la tarde del 1 de marzo, aviones japoneses hundieron los destructores estadounidenses Edsall y Pillsbury, y el petrolero Pecos. Y al día siguiente, mientras el almirante Helfrich se trasladaba en avión a Ceilán, los destructores Witte de With y Banckert eran hundidos por sus tripulaciones.


El 8 de marzo, con unas fuerzas incapaces de defender la isla, el general neerlandés Poorten firmó la capitulación de Java ante el general Imamura.


Narrados los acontecimientos de lo que hicieron los japoneses después del primer golpe, sí fue lo correcto según lo tenían planeado.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
-¿Qué supuso Pearl Harbor, a corto y largo plazo, para el contexto general de la Segunda Guerra Mundial?



Para el presidente Roosevelt, que buscaba decididamente la entrada en guerra de Estados Unidos en Europa, supuso la excusa perfecta, ya que su única preocupación era que fueran los japoneses quienes la comenzaran. Sabía que sólo con ello (un ataque como Pearl Harbor) tendría el respaldo unánime del pueblo y el Congreso Norteamericano.


Para el gabinete de Roosevelt todo apuntaba a un ataque en las Filipinas y las posesiones Británicas y Holandesas en el Sudeste Asiático, creyendo e infravalorando que los japoneses pudieran atacar otros puntos tan alejados y bien defendidos como Pearl Harbor.


Los miembros de aquel gabinete que con fría deliberación habían llevado al Japón a las cuerdas, pero que gratuita y torpemente no valoraron a su adversario y no pudieron prever todas las probables consecuencias de sus actos, se sintieron miserablemente, humillados y burlados. Pues aunque los almirantes Stark y Kimmel, junto al general Short, fueron depuestos de sus altos cargos y duramente criticados (cabezas de turco, pese hacerlo mal), el desastre podía ser también imputado al Congreso de los Estados Unidos, y éste a su presidente y gobierno, resultando destituidos por una moción de censura. Por ello, más que por razones de seguridad, cuando el día 8 de diciembre Roosevelt acude al Capitolio para dar cuenta de lo sucedido y recomendar al Congreso que declarase la guerra a Japón, ocultó cuidadosamente las verdaderas proporciones de la catástrofe, tendiendo una sutil y hábil cortina de humo con su <<día de la infamia>>.


Si políticamente el ataque a Pearl Harbor fue o no un error es una cuestión debatible y tema para otro debate, pero existen otras maneras de obligar a una nación a ir a la Guerra, especialmente a una nación que, para sobrevivir, depende única y exclusivamente de sus vías marítimas de comunicación y transporte (como marino mercante, este tema lo conozco muy bien). Japón siempre ha dependido de la importación de materias primas para su subsistencia, por lo cual no justifico pero sí comprendo la acción tomada por el Imperio del Sol Naciente.


Roosevelt y su Gobierno supieron con absoluta certeza, gracias a tener en su poder la clave diplomática japonesa, que el Japón había decidido ir a la guerra, y sin embargo los marinos nipones lograron descalabrar a la escuadra de Kimmel, casi podría decirse que sin sufrir un rasguño.


Por otra parte, si el ataque se desencadenó antes de la rotura de relaciones diplomáticas, ello fue en contra de lo acordado por el Gobierno del Mikado y en parte por puro accidente, debido a un imprevisible retraso de los funcionarios de la Embajada del Japón en Washington al descifrar el fatídico mensaje de Tokio que Nomura debería entregar a Cordell Hull. Pero también es cierto, y de ello hay que dejar constancia, que la declaración de guerra japonesa no llegó hasta mucho después.



De todos modos, si el presidente y el Gobierno de los Estados Unidos, al igual que algunos altos mandos militares, no habían estado, ni mucho menos, a la altura de las dramáticas circunstancias, el pueblo norteamericano sabría remontar pronto y con brillantez aquel terrible golpe bajo del Imperio del Sol Naciente y rehacerse y luchar hasta conseguir, tres años y medio después, una victoria tan aplastante como merecida.


Estados Unidos logró a corto plazo su intervención en la Guerra Europea, y a largo plazo ser la potencia y gendarme mundial que es hoy día.


Los japoneses atacaron las Filipinas porque tenían que asegurar su flanco en su avance en el Mar de la China meridional para poder obtener los recursos de las Indias holandesas. Con Singapur, ya que atacaron a los británicos en Malasia porque necesitaban asegurar su otro flanco en su avance.


Y como los japoneses sabían que si atacaban las Filipinas los Estados Unidos les declararían la guerra, vieron necesario inmovilizar desde el primer momento a la Flota del Pacífico.


Con los embargos, Japón al entrar en guerra se aseguró a corto espacio de tiempo la conquista para posesión de sus ansiadas materias primas, y la inmovilización de la Armada Norteamericana. A largo plazo, perder la guerra experimentado por primera vez en el mundo él horror nuclear.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
-¿Benefició o perjudicó a los países del Eje? ¿Y a los Aliados?



Con la dramática entrada en guerra del Japón, el primer ministro británico, Winston Churchill, decidió entrevistarse rápidamente con el presidente de los Estados Unidos para tratar de definir los objetivos de la guerra.


El 12 de diciembre de 1941 embarcó en el estuario del Clyde a bordo del acorazado de 38.000 toneladas Duke of York, y, tras una pésima travesía debida al mal tiempo — «gigantescas olas barrían las cubiertas», escribió — llegó a Hampton Roads el 22 de diciembre. El temporal marino no le impidió trabajar intensamente en una serie de memorandos que en la práctica fijarían después las líneas maestras de la gran estrategia a seguir por los aliados a partir de entonces. Inmediatamente se trasladó, con su equipo de almirantes, mariscales, técnicos y consejeros, a Washington.


No voy a tratar aquí aquellas conversaciones al más alto nivel. Nos es suficiente con recordar que de ellas surgió el «Comité Mixto de Jefes de Estado Mayor» y que se aceptó el criterio de Churchill de «Alemania primero», lo que relegaría la lucha en el océano Pacífico a un segundo plano hasta la derrota total del Tercer Reich.


Se consiguió abrir un tercer frente en la guerra europea, se desembarco en África provocando el fin del DAK e italianos, y posteriormente se invadió Italia, que capituló, teniendo los alemanes que defender el flanco Sur, desviando tropas y materiales del frente del Este. Además del Desembarco de Normandia.


Stalin una vez convencido de las garantías japonesas de no atacar desde Manchuria y China, envió casi todas las Divisiones Siberianas al Oeste, empezando la recuperación e iniciativa del Ejército Soviético en su lucha contra alemanes.


-¿Determinó Pearl Harbor el desenlace de la guerra?


La intervención Norteamericana en Europa en la II GM, fue decisiva, ya que la Guerra se hubiera prolongado más tiempo, por tener los alemanes únicamente abierto el Frente Ruso.


Los Británicos al final, solos, hubieran vencido en el Norte de África, ya que dominaban el mar Mediterráneo, vital para la logística de los las tropas del Eje (quién domina la mar, domina la Tierra), pero no hubieran invadido Italia a corto ni medio plazo.


Los rusos, libres de los japoneses, que desviaron sus tropas al Pacífico, emplearon esos recursos humanos y materiales vitales en el oeste.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Quien domina la mar domina la tierra



Quien analice objetivamente las causas que llevaron al Japón a la derrota, se ha de dar cuenta de que la primera y más importante causa de la pérdida de la guerra, con gran diferencia sobre todas las demás, fue la pérdida del «dominio de la mar».


La Armada Imperial, tras el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, el hundimiento de la agrupación 'Fuerza Z' del almirante Phillips tres días después, y la victoriosa batalla del mar de Java a fines de febrero de 1942, habían obtenido a bajísimo coste unas importantes y cruciales victorias sobre los Aliados.


En contrapartida, las batallas navales posteriores, de desgaste, quebraron tan gravemente el poderío naval japonés, que la Teikoku Kaigun llegó a Leyte sin posibilidad alguna de victoria, ni siquiera la de lograr un triunfo parcial, como pretendió, y que si estuvo a punto de obtener fue sólo debido a un posible fallo de los norteamericanos.


Esta pérdida irreversible del «dominio de la mar», que llevó como consecuencia a la destrucción y paralización total de la Marina mercante y pesquera del Japón, decidió inexorablemente la suerte de la guerra.


Una vez que los norteamericanos lograron posiciones avanzadas desde donde poder montar sus masivos ataques aéreos contra las islas metropolitanas del enemigo, y bloquear estrechamente, con submarinos, minas y aviones, las vías marítimas de comunicación del Imperio el Sol Naciente, para los japoneses la guerra quedó sentenciada.


Las bombas atómicas sólo sirvieron de pretexto al Gobierno del Mikado para deponer las armas salvando hasta cierto punto el prestigio ante su pueblo, cuando en realidad la contienda estaba ya perdida desde mucho tiempo atrás.


Desde el momento en que el almirante Ozawa no pudo alzarse con la victoria en la batalla del mar de las Filipinas, la derrota se hizo inevitable para los japoneses.


Al tener que ceder inmediatamente las islas Marianas a sus enemigos, éstos, que ya tenían una magnífica aviación estratégica, quedaron en condiciones de estrangular económicamente al Japón y pulverizar sus industrias de guerra, sistemas de comunicaciones, ciudades y puertos.


Como consecuencia de todo ello, la producción industrial nipona cayó en picado; el petróleo y las materias primas dejaron de fluir; sus puertos principales quedaron cerrados; las sesenta y seis ciudades más importantes del país, convertidas en solares de muerte y otras treinta más medio carbonizadas, y el espectro del hambre se cernió, como el jinete del Apocalipsis, sobre toda la población civil japonesa.


Por otra parte, haber proseguido la lucha después de perder la batalla naval de Leyte, y, como consecuencia inexorable, las islas Filipinas, fue un trágico error de los gobernantes del País del Sol Naciente, que entonces debieron aceptar a cualquier precio la paz con los Estados Unidos, evitando así, al menos, la agresión soviética y el lanzamiento nuclear.


Pero también fue un grave desacierto la exigencia aliada de «rendición incondicional».


Señalar la eficiente guerra submarina llevada a cabo por los norteamericanos en el océano Pacífico, y también sobre el denominado «bloqueo del hambre» impuesto al Japón con minas submarinas.


El Gobierno del Mikado informó a la Dieta, convocada inmediatamente después de la rendición, de que la causa principal de la derrota habían sido las pérdidas sufridas por la Marina mercante imperial. No, no fueron las detonaciones nucleares, las que derrotaron al Japón.


Cuando se lanzaron sobre Hirosima y Nagasaki innecesariamente las bombas atómicas, el Imperio del Sol Naciente ya estaba absolutamente fuera de combate. Que los foristas saquen sus propias conclusiones.

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¿Cuáles fueron las claves del error defensivo en Pearl Harbor?



El problema de error defensivo en Pearl Harbor es endémico:


En la maniobras de Flota de 1928 las <<Fleet Problem VIII>>, los aviones del Langley desencadenaron un ataque simulado contra Pearl Harbor, sorprendiendo a las defensas de la Base.


Diez años después en 1938 se repitió el Fallo. Aviones del portaaviones Saratoga llevaron a cabo otro “ataque simulado”, logrando también la más absoluta Sorpresa.

Pero esta vez la Escuadra se encontraba en California y a este error defensivo de la base no se le dio la debida importancia.


El 6 de enero de 1940 izaba su insignia a bordo del acorazado Pennsylvania, como comandante general de la Escuadra de los Estados Unidos, el almirante Richardson. Se encontró con que una división de cruceros y varias flotillas de destructores habían sido destacadas a las islas Hawai por el almirante Stark, jefe del Estado Mayor de la Armada (Chief of Naval Operatians) desde agosto de 1939.


Los reclamó, por considerar que allí los buques carecerían del necesario tren naval y su adiestramiento pronto se resentiría de ello.


Pero esta avanzadilla, que era sólo una advertencia al Japón, el presidente Roosevelt ordenó que las maniobras navales de primavera tuviesen lugar precisamente en aguas hawaianas.


Así que la escuadra zarpó de San Diego y San Pedro el 2 de abril de 1940, para llevar a cabo en aquellas islas los ejercicios anuales del Fleet Problem XXI.


Siete días después desembarcaban los alemanes en Noruega, y el 7 de mayo, Stark, tras conferenciar con Roosevelt, ordenó a Richardson que se quedara en Pearl Harbor con su escuadra durante «un par de semanas».


La quincena se prolongó luego indefinidamente, y aunque en febrero de 1941 se crearía la Escuadra del Atlántico, compuesta por unidades de reciente construcción y otras deducidas de la desde entonces denominada Escuadra del Pacífico, la permanencia de ésta en Pearl Harbor fue considerada en el Japón como una grave amenaza: «un puñal apuntando al corazón japonés».


Richardson insistiría una y otra vez en que sus buques fueran devueltos a California, pero sólo consiguió ser relevado en el mando por el presidente y ser relevado (no creo que con ello la U. S. Navy perdiese un gran Almirante).


Tras el ataque de la Escuadra británica del Mediterráneo contra los buques italianos surtos en Taranto, el 11 de noviembre de 1940, Stark propuso a Richardson la instalación de redes antitorpedo dentro de Pearl Harbor, el comandante general de la Escuadra del Pacífico le contestó que no eran necesarias ni prácticas.


Cierto que su relevo, el almirante Husband E. Kimmel, pensaría luego exactamente lo mismo, pero ello no exime de culpa a ninguno de los dos.


En agosto de 1941, los servicios de criptografía, descifran la nueva y compleja clave diplomática japonesa, <Purpura> considerada por los japoneses como indescifrable.


El 27 de noviembre de 1941, cuando aún no habían zarpado los convoyes nipones que llevarían tropas hacia el Sur, Stark envió el siguiente mensaje a los almirantes de la Escuadra del Pacífico y de la Escuadra asiática (ésta, de efectivos reducidos, ya había sido replegada a las Filipinas): «Este despacho debe ser considerado como alarma de guerra.

Las negociaciones con el Japón en busca de una estabilización en las condiciones del Pacífico han cesado, y en los próximos días se espera un movimiento agresivo por parte japonesa. El número y equipo de las tropas niponas y la organización de sus grupos navales indica una operación anfibia contra las Filipinas, la península de Tailandia, el istmo de Kra o posiblemente Borneo.

Ejecutar un despliegue defensivo apropiado preparatorio de las misiones asignadas en el Plan de Guerra número 46.»

Luego ya sabían que <algo> se les venía encima y en Pearl Harbor, no se tomaron medidas.


La Flota Combinada hacia Pearl Harbor, mantenía un absoluto silencio de radio, pero había que mantener un imprescindible contacto de radio en baja frecuencia con los tres submarinos de exploración, para la transmisión de órdenes desde Japón.


Dichas transmisiones, fueron escuchadas el 29 de noviembre por el Trasatlántico norteamericano Lurline, que en viaje desde San Francisco a Honolulú, informando al llegar al cabo de tres días a las Autoridades Navales. No dando importancia a las débiles y misteriosas señales de radio japonesas.


El día 3 de diciembre, Washington había comunicado al almirante Kimmel y al general Short que Tokio acababa de ordenar a los consulados japoneses en los Estados Unidos la quema de todas sus claves y documentos clasificados. Para mi una señal inequívoca de guerra.


Fuchida conecto el Radiogoniómetro y sintonizo la emisora de la Base que transmitía música para guiar a 12 Fortalezas Volantes que procedentes de Estados Unidos se estaban aproximando simultáneamente a Oahu, Fuchida comento más tarde <era de agradecer que el enemigo diese facilidades>


Las medidas de vigilancia adoptadas por los estadounidenses, aunque eran las propias de un momento de emergencia, resultaban inadecuadas frente a un eventual ataque masivo.


Estados Unidos había dispuesto una estación de radar de alerta, 2 dragaminas, un destructor que patrullaba los accesos de la bahía y uno o dos aviones de reconocimiento.


Pese a la precariedad de esos medios, los estadounidenses tuvieron repetidas oportunidades para alertar a tiempo y repeler el ataque.


Cuatro horas antes de que éste se produjera, el dragaminas Cóndor avistó el periscopio de un submarino y lo comunicó al destructor Ward, que, tras localizarlo, lo atacó a cañón y con cargas de profundidad.


Su comandante radió inmediatamente la insólita y amenazante presencia del submarino enano japonés, y aunque su mensaje fue recibido al momento en Pearl Harbor, se esfumó después inexplicablemente, cuando aún faltaba más de una hora para el ataque.


También se indicó la presencia de otros submarinos ante la entrada de la bahía, que fue comunicada al mando de la base de Pearl Harbor, donde o bien llegaron demasiado tarde o nadie se preocupó de dar, si no una alarma, al menos un aviso previo.


Todavía resulta más extraño que, tras la detección de los submarinos, la estación de detección radárica de Opana, situada al norte de la isla de Oahu, localizara, entre las 06.45 y las 07.02, grandes masas de aviones que se aproximaban, y que los mensajes enviados al mando correspondiente no fueran tomados en consideración, creyéndose que se trataba de aparatos amigos que regresaban a la base. Y sin embargo, el radar señalaba con precisión «aviones aproximándose desde el norte» y no desde el nordeste o el sudoeste, como hubiera sucedido en caso de ser aviones estadounidenses.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
A las 07.30, un vigía del destructor Alien señaló el avistamiento de una veintena de aviones: la primera oleada japonesa estaba llegando a Pearl Harbor.


Las primeras bombas japonesas no caerían hasta las 0755 horas, es decir, media hora después de que el centro de alarma de Fort Shafter recibiera la noticia de que se aproximaban los ciento ochenta y pico de aviones de Fuchida.


Media hora, es suficiente para haber puesto en el aire un centenar y medio de cazas norteamericanos del Ejército y de la Armada y haber alertado a las baterías antiaéreas y a los buques de guerra.


Media hora que habría significado la diferencia entre una derrota militar total y de gravísimas consecuencias para una guerra que comenzaba, y una batalla que los japoneses sin duda habrían ganado, pero en todo caso hubieran contado con una sorpresa parcial, pero les habría costado más cara y cuyos resultados materiales para sus adversarios habrían sido muchísimo menores.


Por otra parte, era muy poco creíble que los B-17 o los aviones de la Marina regresaran sin aviso previo, sin una sola comunicación. Desde hacía tiempo, los servicios de interceptación en Washington podían captar y descifrar todas las comunicaciones entre Tokyo y la embajada japonesa en Washington.


Por el tono de estos mensajes no resultaba difícil suponer que las negociaciones andaban por mal camino y deducir que al final estallaría la guerra. Los dos mensajes de las 08.00 y las 10.00 del 7 de diciembre (hora de Washington), descifrados por los estadounidenses, decían explícitamente, en el primero, que el gobierno japonés lamentaba constatar la imposibilidad de un acuerdo, y en el segundo que, en vista de ello, la embajada procediera a destruir los documentos y las máquinas cifradoras, y que el embajador entregase a las 13.00, hora de Washington (las 07.30 de Pearl Harbor), al Departamento de Estado la nota japonesa que había de anunciar la ruptura de las negociaciones y el inicio de las hostilidades.


El contenido de estos mensajes indujo a los jefes de estado mayor del Ejército y de la Marina, general Marshall y almirante Stark, a enviar la orden de alerta a los mandos de ultramar. Absurdamente, la comunicación, pese ir marcada con un «prioridad absoluta sobre las prioridades», no pasó por la línea militar, que se consideró estaba «sobrecargada», sino por la de las comunicaciones civiles, con la única indicación de «urgente».


Todo este conjunto inconcebible de errores y negligencias permitió el ataque contra Pearl Harbor, con todas sus consecuencias.


¿Cómo preparó Estados Unidos el contragolpe? ¿Supo aprovechar la posición de Japón tras Pearl Harbor?



Plan de 1940, en caso de ataque de Japón.


A mitad de noviembre de 1940, el almirante Stark había elevado un extenso informe al secretario de Marina, en el que se estudiaba la posible estrategia general a adoptar por las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos en caso de guerra contra las potencias del Eje.


El exhaustivo y realista informe del jefe del Estado Mayor de la Armada presentaba diversas alternativas, pero, temiendo Stark el derrumbamiento de la Gran Bretaña, aconsejaba, como la más fructífera para los Estados Unidos, su alternativa «D», es decir, adoptar una estrategia ofensiva en Europa, dirigiendo todo el peso de la potencia militar norteamericana contra Alemania e Italia, mientras que en el ámbito del océano Pacífico se jugaría un papel meramente defensivo.


Sin embargo, el plan estratégico aceptado después por el presidente y el Gobierno norteamericanos fue el denominado «Rainbow 5», o «Plan de Guerra 46», que preveía la captura de las islas Marshall y Carolinas, el establecimiento de una base avanzada en Truk, en el centro del último de los citados archipiélagos, y el apoyo de las fuerzas navales británicas al sur del ecuador terrestre.


Pero el ataque de Nagumo a la Escuadra del Pacífico hizo imposible la puesta en práctica de este plan norteamericano, por falta de efectivos, y obligó a adoptar la alternativa «D», preconizada por el almirante Stark; plan que se convertiría oficialmente en el «Dog».


De modo que bien pudiera decirse que los japoneses colaboraron decisivamente con Winston Churchill en su estrategia de Germany First.


Y como en el «Plan de Guerra 46», en vigor a fines de 1941, se daban temporalmente por perdidas las Filipinas y Guam, y, tras el ataque a Oahu, los buques inmediatamente transferidos del Atlántico al Pacífico: acorazados "New México, Mississipi e Idaho, portaaviones Yorktown y una flotilla de destructores, quedaron en California, excepto el Yorktown, que marchó a Pearl Harbor, por temor a los posibles ataques de la Escuadra nipona contra la costa Oeste de Estados Unidos .


Después e inmediatamente del atque a Pearl Harbor, Japón cumplió con sus planes previstos (explicado con detalle en anterior post de este debate), la conquista de Wake, Hong Kong, Filipinas, Malasia, etc.

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Los primeros compases de los norteamericanos



Mientras esto sucedía, la Escuadra norteamericana del Pacífico no hizo prácticamente nada que contribuyese de modo eficaz a detener o siquiera retardar el despliegue japonés hacia el petróleo y las materias primas.


En vez de atacar a las fuerzas anfibias niponas o apoyar a las escuadras combinadas del «ABDA» y el ANZAC», se limitó a lanzar esporádicos ataques aéreos contra una serie de posiciones avanzadas niponas en las islas de que hasta entonces habían sido mandatarios o que acababan de conquistar, lo que no tendría consecuencias que merecieran la pena.


Que los acorazados transferidos al Pacífico permaneciesen en California por si alguna fuerza japonesa intentaba depredar el intenso tráfico marítimo costero o bombardear los puertos occidentales metropolitanos de los Estados Unidos, igual que la Escuadra del Atlántico velaba en este océano por idénticas razones respecto a los buques alemanes, es perfectamente explicable.


Pero si los cuatro potentes portaaviones de Nimitz, con su correspondiente escolta de modernos cruceros pesados y destructores, en lugar de quedarse en Pearl Harbor para prevenir un hipotético desembarco japonés en las Hawái, desembarco a todas luces imposible, dado el número de barcos y fuerzas aéreas japonesas comprometidas en las múltiples operaciones anfibias que los nipones llevaban a cabo simultáneamente en el Pacífico occidental, aparte que la aviación del Ejército basada en Oahu ya habría sido suficiente para hacer abortar un desembarco tal, hubieran sido apostados en Australia con el Hornet, enviado al Pacífico muy poco después, y el británico lndamitable llegado a las inmediaciones de Java el 27 de enero para poner en el aire los aviones de la RAF que traía para Singapur, a fin de atacar dichas fuerzas enemigas constantemente en acción y desperdigadas en un ámbito inmenso y dar apoyo a la escuadra del «ABDA», la conquista de todas aquellas posiciones británicas y holandesas, tan importantes económica y estratégicamente, no sólo habría resultado mucho más lenta, gravosa y difícil, sino que tal vez no hubiera podido siquiera consumarse.


Acomplejados tras los desastres de Pearl Harbor y de Kuantan, los Estados Unidos y la Gran Bretaña pasaron bruscamente, en un bandazo de ciento ochenta grados, de una injustificada y suicida subestimación de las posibilidades militares del Japón, a una no menos absurda y para ellos nefasta sobreestimación de su capacidad.


Porque si es cierto que la estrategia adoptada por los aliados en el Pacífico fue defensiva, como ya sabemos, no hay que olvidar que la mejor defensa estriba precisamente en el ataque oportuno y en el mantenimiento de la posible iniciativa para no desperdiciar ninguna ocasión favorable.


Cierto que en los astilleros de los Estados Unidos se trabajaba febrilmente en la construcción de un impresionante número de portaaviones y otros buques de guerra, lo que pronto daría a los norteamericanos una gran superioridad sobre sus enemigos.


Pero, puesto que la gravedad de la situación así lo exigía, ello era sólo una razón más, y no lo contrario, para haber empleado los existentes sin tantos miramientos ni precauciones.


El 11 de enero de 1941, cuando navegaba al sur de Oahu, el Saratoga fue torpedeado por el submarino japonés 1-16 del capitán de corbeta Kaoru Yamada . Un gran agujero en el casco y tres cámaras de calderas inundadas, aparte seis fogoneros muertos, obligaron al poderoso buque a dirigirse a Bremerton para ser reparado y, de paso, cambiarle toda la artillería.


En la noche del 23 de enero, cuando el Lexington y otros buques de superficie acababan de salir de Pearl Harbor para atacar las instalaciones japonesas en la isla de Wake, otro sumergible nipón torpedeó y echó a pique al petrolero Neches, por lo que el ataque hubo de ser cancelado.

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Primeras acciones



El 1.° de febrero, el portaaviones Enterprise lanzó 46 bombarderos contra el atolón de Kwajalein, en las Marshall, para atacar el aeródromo de Roí. No hubo sorpresa y los nipones derribaron a cuatro aviones atacantes, perdiendo tres cazas propios.


Pero en la laguna de dicha isla, los norteamericanos lograron hundir un transporte y un cazasubmarinos y averiar a varios buques nipones. Allí encontró la muerte el comandante militar de la zona, contralmirante Yashiro.


En Maloclap y Wotje, en el mismo archipiélago, los atacantes encontraron también resistencia, perdiendo ambos adversarios algunos aparatos.


Mientras tanto, tres cruceros y tres destructores americanos cañoneaban estas dos islas y eran a su vez atacados por aviones japoneses, uno de los cuales alcanzó con una de sus bombas al crucero Chester, que sufrió ocho muertos y once heridos.


En tanto que los buques del contralmirante Halsey atacaban las Marshall septentrionales, y el contralmirante Fletcher, con el Yorktaum, dos cruceros pesados y cuatro destructores, se lanzaba contra las islas meridionales del mismo archipiélago.


El mal tiempo atmosférico, con lluvia y fuertes tormentas, dificultó los ataques contra los atolones de Jaluit, Makin y Mili, donde prácticamente nada lograron los norteamericanos, excepto derribar a un gran hidroavión japonés. En cambio, perdieron siete aparatos, dos de ellos al chocar entre si en medio de una tormenta.


El 24 de febrero, la agrupación de Halsey atacó, con aviones y al cañón, la isla de Wake, donde los americanos destruyeron tres hidroaviones y causaron algunos daños en las instalaciones terrestres, a cambio de dos aparatos perdidos.


Luego, el Enterprise y dos cruceros se dirigieron hacia la pequeña y solitaria isla de Macus, a 650 millas al oesnoroeste de Wake, que atacaron con aviones el 4 de marzo, sin resultados apreciables, siendo repondidos por la artillería antiaérea nipona, que logró derribar a un avión.


Mientras los norteamericanos descargaban aquellos «picotazos» contra los japoneses, éstos se habían plantado en Nueva Guinea y en Nueva Bretaña, en las Bismarck, lo que produjo gran alarma en Australia.


Debido a ello, el vicealmirante Brown, al mando de una agrupación compuesta por el Lexington, cuatro cruceros pesados y nueve destructores, quiso atacar Rabaul, en Nueva Bretaña, el 21 de febrero.


Pero sus buques fueron descubiertos por aparatos de la 25.a Flotilla Aérea y poco después atacados por dos oleadas de bombarderos. Sin escolta de cazas y detectados por radar a 75 millas de distancia a la agrupación americana, de los dieciocho bimotores atacantes fueron derribados diecisiete. No obstante, al verse descubierto, Brown decidió retirarse sin ultimar el ataque previsto.


Una vez completada la conquista de Java, Japón inició una campaña psicológica dirigida a Australia y Nueva Zelanda, que fueron amenazadas con «sufrir las mismas consecuencias que las Indias neerlandesas».


Frente a estas continuas intimidaciones, el primer ministro australiano, John Curtin, lanzó directamente un llamamiento a Estados Unidos (13 de marzo), reforzando sus argumentos en el sentido de que si cayera Australia, el suelo americano también quedaría expuesto a una posible invasión.


Sin embargo, las advertencias del estadista australiano ya habían sido consideradas por los jefes aliados, que dos meses antes habían decidido en Washington cuáles debían ser las líneas estratégicas generales en el Pacífico.


Así se estableció la última línea defensiva, que, partiendo desde las Aleutianas y pasando a través de las Hawai y una cadena de islotes y archipiélagos (Johnston, Samoa, las Fiji, Nueva Caledonia), terminaba en Nueva Zelanda y Australia.


Esta línea no sólo se había dispuesto para garantizar una última posibilidad de resistencia, sino también, y sobre todo, para salvaguardar las comunicaciones aliadas con Australia, considerada como el futuro trampolín desde donde se lanzaría la contraofensiva aliada.


Se trataba de una estrategia a largo plazo, pero partía de la hipótesis, en principio correcta, de que, dada la situación general, en aquel momento era lo mejor que se podía organizar.


Después de la caída de Corregidor, el general Mac Arthur se trasladó a Australia, donde, una vez informado de los desembarcos japoneses en Lae y Salamaua (8 de marzo), temió seriamente que estas acciones fuesen el preludio de un posible ataque contra el vital cordón umbilical Australia-Estados Unidos.


Compartiendo sus temores, la US Navy puso a su disposición 2 task forces que, bajo el mando del almirante Wilson Brown, alineaban los portaaviones Lexington y Yorktown, 8 cruceros pesados y 14 destructores.


El almirante Brown planeó seguidamente una incursión que se realizó el 10 de marzo, cuando desde los portaaviones despegaron 103 aparatos (60 bombarderos en picado Douglas SBD Dauntless, 25 aviones torpederos Douglas TBD-1 Devastator y 18 cazas Grumman F4F Wildcat), que, atravesando las montañas de la cordillera Owen Stanley, cayeron inesperadamente sobre los japoneses en el golfo de Huon.


La acción tuvo éxito ya que, además de la destrucción del crucero auxiliar Kongo Maru, un transporte y un dragaminas, los nipones tuvieron que lamentar también averías en un crucero ligero, 2 destructores y un minador.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
El avance japonés hacia Australia había quedado momentáneamente frenado.


No me cabe duda de que con todas estas operaciones ofensivas y supuestamente diversivas, los norteamericanos ganaron experiencia de combate, pero, mientras tanto, los japoneses, a cambio prácticamente de nada, quedaron con las manos libres para conseguir casi todos sus objetivos y poder aniquilar, a las fuerzas navales del «ABDA», abandonadas a su triste suerte en el mar de Java.


En Washington empezaron a soplar ya nuevos vientos vientos, y el almirante Ernest J. King, jefe del Estado Mayor de la Armada y comandante general de la Flota de los Estados Unidos, no sólo convenció a Roosevelt de la necesidad moral de defender Australia y Nueva Zelanda, las dos únicas naciones de raza blanca en todo un hemisferio de color, sino que, previendo la posibilidad de poder lanzar más adelante una contraofensiva norteamericana saltando a través de las Nuevas Hébridas, las Salomón y las Bismarck, recomendó a la Junta de Jefes de Estado Mayor establecer bases en la isla de Efate, en Nuevas Hébridas, y en Funafuti, en las Ellices.


Pues tales bases, con las ya conseguidas en Samoa, Suva y Noumea, y la naval de Tonga, permitirían a los aliados defender Australia y presionar sobre los japoneses, de tal manera que éstos no se decidieran a emprender la conquista de Australia o de la India o lanzarse contra los rusos en Siberia. Porque la puesta en práctica de cualquiera de estas tres alternativas militares tendría gravísimas consecuencias para la causa aliada y el desenlace de la contienda.


En Washington, el 14 de marzo, la Junta de Jefes de Estado Mayor decidió que había que contener a los japoneses donde entonces se encontraban; defender Australia y Nueva Zelanda, con todas las islas y mares situados entre ellas, la costa occidental de los Estados Unidos y el canal de Panamá, y prestar una ayuda limitada para defender China y la zona comprendida entre Burma y la India.


Por lo demás, el máximo esfuerzo anglo-norteamericano sería dirigido contra Alemania, como inicialmente se había acordado. Es decir, como consecuencia del inesperadamente meteórico y vastísimo avance japonés por el sudeste asiático y Oceanía y las previsibles nuevas amenazas, los Estados Unidos tuvieron que rectificar parcialmente su estrategia general y dedicar mayor atención y recursos al ámbito del océano Pacífico y del Extremo Oriente.

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23 Abr 2011 13:33
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-¿Estuvieron a la altura de las circunstancias los líderes militares americanos en el Pacífico, antes y después del ataque?


Recordemos:Las medidas inmediatas tomadas por Washington se tradujeron en el cambio de algunos altos mandos militares.


El almirante Kimmel fue sustituido al frente de la Pacific Fleet por el almirante Chester W. Nimitz.


Los generales Short y Martin fueron reemplazados en el mando de las fuerzas del U.S. Army y la U.S. Arm; Air Forcé en las Hawai por los generales Emmons; Tinker.


El almirante Ernest J. King fue nombrado Comandante en Jefe de la flota norteamericana y jefe del estado mayor de la Marina (Chief of Naval Operations), en sustitución del almirante Stark.


El Almirante Kimmel Comandante de la Pacific Fleet, no tomo medidas anteriormente al ataque, pese a saber que Japón amenazaba con guerra y su brazo ejecutor sería la Armada Imperial.No ordeno colocar redes antitorpedo.


No mando colocar globos cautivos.

No mando incrementar las patrullas de vigilancia, pese a él estado de Alerta.

No transmitió órdenes a todos sus subordinados de acrecentar su celo, cuando realizaban guardias, como los casos de:
- La investigación de las frecuencias de radio, denunciadas por el Capitán del Lurline.

- La del oficial de guardia encargado de la estación de radar de Opana.

- El pasotismo y falta del sentido del deber del oficial encargado de recibir las comunicaciones de Radio de los buques, en el caso del Ward, su comandante radió inmediatamente la insólita y amenazante presencia del submarino enano japonés, y aunque su mensaje fue recibido al momento en Pearl Harbor, se esfumó después inexplicablemente, cuando aún faltaba más de una hora para el ataque.

- Se detecto la presencia de otros submarinos y tampoco, se tomo medida alguna.

- El destructor Alien comunico el avistamiento de veinte aviones, y no se tomaron la molestia de comunicarlo ni investigarlo.


Cinco comunicaciones de avistamiento y los oficiales encargados no realizaron investigaciones, ni tomaron medidas ni lo comunicaron a sus superiores.


En Washington, el oficial de guardia de comunicaciones, no da Urgencia Absoluta al radiograma dado por el Estado Mayor de un inminente Ataque japonés y es enviada por vía civil, llegando dos horas después del ataque.


Después:
El día 7 de diciembre a las 12 del medio día hora de Pearl Harbor, los japoneses iniciaron el ataque contra la isla de Wake, mediante bombardeos aéreos, todos los días, hasta el día 11 de diciembre en que se presento la Agrupación anfibia al mando del contralmirante Kajioka.


Siendo rechazados por la guarnición de 522 marines, las baterías de costa y los cuatro cazas Wildects, hundieron a dos destructores y dañaron al resto. Kajioka decidió retirarse. Habían perdido su primera batalla en la II GM.


La agrupación recibió ayuda de dos de los portaviones que participaron en el ataque de Pearl Harbor, el Soryu y el Hiryu con dos cruceros pesados y dos destructores, al mando del contralmirante Hiroaki, situándose el 21 de diciembre a 200 millas al NW de Wake, iniciando su primer ataque aéreo.


Espoleado por el Secretario de Marina Frank Knox, el almirante Kimmel decidió a su vez poner en marcha una operación de gran estilo para reforzar a la asediada isla de coral antes de que los japoneses intentaran un nuevo desembarco.

Su plan fue enviar al portaaviones Lexington, con tres cruceros pesados, un petrolero y la 1ª Flotilla de destructores del vicealmirante Brown, contra Jaliut, una de las Marshall, donde, erróneamente, los americanos creían situada la base principal nipona en el archipiélago, en un ataque de diversión.


Al mismo tiempo, el Enterprise, con otros tantos cruceros y destructores al mando del contralmirante Halsey, se situaría entre las islas de Midway y Johnston para dar cobertura a Pearl Harbor por Poniente y, si fuera necesario, apoyar a la agrupación destinada al ataque en Wake, compuesta por el Saratoga que además de sus aviones traía de San Diego 18 cazas, con todo su personal, para Wake, tres cruceros pesados, el buque-nodriza de hidroaviones Tangier, con soldados, cañones, municiones y radares, para la isla, un petrolero y la 4.ª Flotilla de destructores al mando del contralmirante Fletcher.


Como puede verse, Kimmel desperdigaba lamentablemente en un ámbito de miles de millas a sus tres agrupaciones de ataque, en vez de concentrarlas en el punto de aplicación de la fuerza, que ya estaba bien claro debería ser Wake, pues sin duda alguna allí volvería a atacar el enemigo.


La agrupación de Brown salió de Pearl Harbor el 14 de diciembre.


El 16 lo hizo el Saratoga, con los tres cruceros pesados y la 4.a Flotilla de destructores, en seguimiento del Tangier y el Neches, zarpados el día anterior a fin de ganar tiempo, pues se suponía que los japoneses estaban a punto de desembarcar en Wake.


Y el Enterprise y demás buques de Halsey zarpando de la misma base naval el 20 de diciembre.


Mientras tanto, el almirante Kimmel había sido destituido, pero como su relevo, el almirante Chester W. Nimitz, estaba en Washington y tardaría algún tiempo en llegar a Oahu, interinamente tomó el mando de la Escuadra del Pacífico el vicealmirante William S. Pye, hasta entonces comandante de la escuadra de acorazados y cuyo buque insignia, el California, yacía en el fondo de Pearl Harbor.


Este relevo provisional resultaría sumamente inoportuno para la U. S. Navy.

El día 20, Pye ordenó a la agrupación de Brown que arrumbara hacia el Norte para apoyar de cerca a la de Fletcher.


Decisión acertada en cualquier caso, pero que aún lo resultó más al saberse, el día 21, que Wake acababa de ser atacada por 32 aviones en picado y 18 Zeros, sin duda procedentes de algún portaaviones japonés próximo; que los cazas norteamericanos que quedaban en la isla habían sido derribados, y que proseguían los implacables bombardeos aéreos de todas clases.


La invasión nipona era, pues, inminente, y el tiempo, precioso.


En efecto, la fuerza anfibia de Kajioka había aparejado de Kwajalein el 20 de diciembre, y en la madrugada del 23 se hallaba frente a las playas de Wake y se disponía a desembarcar tropas al amparo de la noche.


Mientras tanto, los cuatro cruceros pesados del contralmirante Goto vigilaban a unas 150 millas a levante del disputado atolón.


En la tarde del 21, el Saratoga y demás buques de Fletcher se hallaban a 600 millas de Wake. De haber proseguido la navegación hacia la isla durante la noche del 21 al 22, como las angustiosas circunstancias, más que aconsejar, hacían ya imperativo, en ia mañana siguiente habrían podido aniquilar a la fuerza de Kajioka y a la que le daba cobertura, ambas sin escolta aérea alguna. En cuyo caso Wake se habría salvado.


Pero como los destructores no estaban, naturalmente, rellenos de combustible, Pye, o Fletcher, pues este punto no está claro, decidieron que dichos buques tomaran petróleo al día siguiente.


Debido a la mar de fondo que entró durante la noche, la prevista faena se hizo después lenta y difícil, y, al terminar, el Sardtoga estaba prácticamente a la misma distancia de Wake que veinticuatro horas antes.


El día 22, Pye ordenó a Fletcher que se aproximara hasta 200 millas de Wake y lanzase sus aviones al ataque.


Esta orden fue poco después anulada. Más tarde ordenó al Tangier que se destacara, sin escolta, para evacuar a todo el personal civil y militar de la isla; orden también cancelada a continuación.

El caso es que el indeciso Pye sabía ya que dos portaaviones y dos cruceros que creía de batalla japoneses operaban cerca de Wake, y temía que la aproximación de Fletcher a la isla podría hacerle caer en alguna trampa.


¿En qué trampa? En realidad, en ninguna.


El caso era que había llegado la ocasión, tan esperada por los marinos norteamericanos, de lanzar a sus tres portaaviones presentes en la zona, juntos, más rápidos, provistos de radares y con más del doble de aviones a bordo que sus oponentes japoneses, contra la agrupación de Abe, primero, y luego contra la fuerza anfibia y los cruceros pesados de Goto.


Dada la diferencia cualitativa y cuantitativa de las fuerzas en presencia, es más que probable que en Wake se hubiera producido un Midway anticipado y de muy importantes consecuencias para la guerra que acababa de dar comienzo.


Pero en vez de lanzarlos al ataque, en la mañana del 22 de diciembre, Pye ordenó a Fletcher y a Brown que regresaran a Pearl Harbor..


Semejante orden, recibida cuando aún no se había entrado siquiera en contacto con el enemigo, resultó indignante para los hombres de Fletcher, de Brown y de Halsey.


El comandante del Saratoga pidió al contralmirante Fitch, que izaba su insignia en dicho gran portaaviones, que recomendase a Fletcher poner en el aire los aparatos de reconocimiento, aproximarse a Wake y lanzar al ataque los escuadrones de bombarderos y de aviones torpederos. Algunos componentes de su Estado Mayor rogaron lo mismo a Fletcher. Pero todo fue inútil.


En la madrugada del 23, los escarmentados japoneses desembarcaron más de un millar de hombres en Wake, a favor de la noche, y estableciere una cabeza de playa.


Sabiéndose desamparada, la castigada pero valerosa guarnición norteamericana de Wake se rindió aquel mismo día. Cuatrocientos setenta militares y mil ciento cuarenta y seis civiles fueron hechos prisioneros por los nipones.


La Escuadra de los Estados Unidos había perdido una magnífica ocasión para descalabrar a sus enemigos y sacarse la dolorosa espina de Pearl Harbor.

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Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Impresionante trabajo querido compañero, siempre sospeche que Estados Unidos sabia algo del ataque pero que se le fue de las manos, mas o menos como el 11M. Es mi humilde opinión.

Un saludo

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Jefe de la Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina en Filipinas.
...es el verbo de la historia militar de España,
porque allí donde se ha combatido en mar o en tierra,
siempre ha habido un soldado de Infantería de Marina...
Conde de Torre Vélez en el Parlamento en 1904.


23 Abr 2011 15:38
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Capitán de Navío
Capitán de Navío

Registrado: 06 Sep 2009 01:34
Mensajes: 917
Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Sugerente trabajo si señor, a los que ya nos tiene acostumbrados Sotacomitre. Le he echado un vistazo rápido pero lo voy a leer con detenimiento en cuanto tenga un rato.

Obviamente en el ataque a Pearl Harbour pasó algo. Demasiadas cosas fallaron inexplicablemente para que se produjera el ataque, eso si, sin pillar a los portaaviones no-no1

Acabada la guerra si hizo una comisión de investigación que no aclaró nada. Más bien se le echó la culpa a Kimel, que creo que ya había fallecido, lo que no está nada claro.

Por cierto, la alusión a de la Sierra es, para mi, el mejor punto de partida para el trabajo. El principio del capítulo del ataque japonés, en el que describe de manera magistral la bahía de las Kuriles donde se reunieron los barcos japoneses, aceradas moles creo recordar que dice, es digna de una película de John Ford. ap-s1

Saludos

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Jefe: División Información R. O. del 25 de septiembre de 2016.


23 Abr 2011 17:14
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Grumete
Grumete
Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Excelentes todas las obras de Luis de la Sierra, como narrador y muy buen conocedor de las cosas de la mar, así como un magnífico trabajo de Sotacomitre.

Como apunte muy personal me da la impresión (o más que una impresión) de que Estados Unidos buscaba que lo atacasen (de ahí todas las restricciones en materias primas y económicas que impuso a Japón), para así poder justificar ante su población un ataque contra Japón. Pearl Harbor es como el queso en una ratonera. El problema se da cuando el "queso" son militares y civiles. EEUU tenia que justificar el involucrarse en la guerra y qué mejor manera que la de un "infame día en el que murieron 3400 ciudadanos y militares estadounidenses"

Vamos que Japón mordió el anzuelo que le tendió EEUU, pero en realidad fueron los EEUU los que metieron el anzuelo a Japón hasta la tráquea. No se si me explico.

Asimismo creo que EEUU tenía tanto potencial en 1940 a todos los niveles que podía sacar tajada en todos los teatros de guerra en los que estuvo involucrado (es decir todos los de la 2ªGM) lo único que le faltó es tiempo para engrasar la maquinaria y por eso los fracasos iniciales. Personalmente pienso que para los estrategas de EEUU les hubiera dado igual 2 portaaviones menos que 8 acorazados que 5000 hombres y perdidas de territorios temporales, si al final de la guerra contaban con ingentes cantidades de todos ellos y enormes ganancias territoriales.

Es sólo una disertación personal, a lo mejor mis opiniones son cuando menos raras pero bueno...Un saludo.


23 Abr 2011 21:44
Capitán General
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Registrado: 14 Nov 2009 17:42
Mensajes: 13511
Ubicación: Al Corso contra el Inglés, el gabacho, el yankee y el berberisco
Nuevo mensaje Re: ¿Sorprendió Japón a Estados Unidos el 7 -12- 1941?
Apreciado Fernando, yo también soy raro, ya que comparto las mismas opiniones sobre este tema.

Un saludo

Sotacómitre

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Secretario Justicia del Foro.
Insignia en el crucero acorazado: Emperador Carlos V R. O. del 21 de febrero de 2015.
Nunc Mínerva, postea palas (Primero la sabiduría, después la guerra),
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23 Abr 2011 22:10
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com