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 Selección natural: Félix de Azara 
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Grumete
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Nuevo mensaje Selección natural: Félix de Azara
Este verano he visitado la exposición que, conmemorando el bicentenario del nacimiento de Charles Darwin (Febrero de 1809), está teniendo lugar en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. Fuera de todas las trasnochadas polémicas sobre evolucionismo y creacionismo, confieso que, desde siempre, me ha interesado la historia de los descubrimientos en el campo de las ciencias naturales: cómo han surgido las teorías que luego han resultado contrastadas por los hallazgos en el campo de la ciencia positiva; cuáles han sido las anécdotas que, muchas veces de forma casual, han servido para hacer avanzar el conocimiento científico; qué ambiente social y político ha constituido el caldo de cultivo en el que han tenido lugar los principales descubrimientos, etc.

Así, en la muestra citada, me he sorprendido con dos hechos cuya realidad desconocía y sobre los que me he visto impulsado a investigar.

El primero de ellos corresponde a algo que ha sucedido muchas veces en el campo de los descubrimientos científicos. Me refiero a lo que podríamos llamar la “madurez socio-científica” y que ha hecho que muchas veces el nivel alcanzado socialmente en algún tema origine que un determinado descubrimiento caiga “como breva madura” o, en otras palabras, que el nivel de conocimientos preexistente devengue de forma natural y obligada en el hallazgo de algo nuevo, trascendental y revolucionario.

Los grandes descubrimientos, y los científicos no constituyen una excepción, son siempre el resultado de la necesidad cubrir un vacío o explicar un hecho contradictorio en la teoría vigente en ese momento. La necesidad de cubrir ese hueco estimula a la comunidad científica en su conjunto y, en particular, inquieta a los científicos concretos que, teniendo el nivel de conocimiento suficiente para identificar los puntos débiles de la teoría, son capaces de iniciar una búsqueda que es, de hecho, una especie de carrera individual por llegar a llenar ese vacío. Está claro, por tanto, el punto de partida, la pieza perdida o que no encaja en el puzle y esa identificación de qué es lo ignoto, que suele ser compartida por varios científicos simultáneamente.

Los ejemplos son abundantes en todos los campos del conocimiento: hay quien sostiene que el descubrimiento de América se hubiera realizado igual, 10 años arriba o abajo, aunque no hubiera existido Colón ni los Reyes Católicos se hubieran prestado a financiar la empresa. Hubiera sido otro navegante y, tal vez, otro reino europeo, pero el impulso económico por encontrar una ruta hacia Cipango y la tecnología necesaria para la navegación estaban ahí para propiciar un descubrimiento que se hubiera producido de todas maneras.

En temas tecnológicos o de ciencia aplicada se han dado también casos curiosos. Por ejemplo en el campo del diseño y la consiguiente formulación simultánea de patentes de productos idénticos, por parte de personas alejadas geográficamente y que ni siquiera se conocían. Sirva como ejemplo la invención del teléfono atribuida al escocés naturalizado norteamericano, Alexander Graham Bell, que lo patentó en 1875. Hoy nadie discute que, algún tiempo antes (1860) el también científico italiano Antonio Meucci ya había desarrollado un invento similar, aunque la falta de consideración de las posibilidades prácticas del mismo o tal vez su precaria situación económica, le impulsaron a no patentarlo.

Todo esto me sirve para explicar que hoy ya se sabe que la teoría de la selección natural y la evolución de las especies, que todos asignamos a Darwin, fue postulada simultáneamente por otro excéntrico naturalista británico llamado Wallance. Pero lo más sorprendente, y esto ha sido mi segundo gran descubrimiento en la exposición, es que 50 años antes, un militar oscense llamado Félix de Azara (Barbuñales, 18 de mayo de 1746) publicó un libro titulado “Viajes por la América Meridional” en el que ya formulaba algo parecido a lo que Darwin y Wallace dieron más tarde a conocer al mundo.

(continua en otro mensaje)


28 Sep 2009 17:55
Grumete
Grumete
Nuevo mensaje Re: Selección natural: Félix de Azara
(... Continuación)

Azara, teniente coronel de ingenieros, recibe en 1781 la orden de desplazarse a Brasil para fijar conjuntamente con los comisarios portugueses, y con arreglo al Tratado de paz de El Pardo (1778), la línea de demarcación de las posesiones respectivas de ambos países.

Los ingenieros españoles integrantes de la Comisión terminaron con diligencia las operaciones de que estaban encargados, pero como los portugueses, para la ejecución estricta del Tratado, se veían obligados a abandonar parte del territorio que controlaban, procuraron diferir cuanto les fue posible la terminación de sus operaciones a fin de eludir el cumplimiento de su compromiso. En esto se vieron amparados por la negligencia o connivencia culpable de algunas autoridades españolas. El mismo D. Félix de Azara relata en su obra: “”… se me ordenó marchar lo más pronto posible a la Asunción, capital del Paraguay, a fin de hacer los preparativos necesarios y esperar a los comisionados portugueses… como yo comenzaba a estar al tanto de su manejo (se refiere al virrey español) y veía que en lugar de trabajar para la fijación de los límites no quería más que prolongar dicha operación hasta el infinito, por sus dilatorias, consultas a la corte y pretextos fútiles y ridículos para impedir la ejecución, pensé sacar el mejor partido posible del largo tiempo que me iban a proporcionar estos retardos.””

Así, Azara, durante los casi trece años que duró el “si pero no”, decidió no perder el tiempo y emprendió, a su costa, un gran número de largos viajes por todas partes de la provincia del Paraguay y de la Patagonia, realizando una enorme cantidad de levantamientos cartográficos y observaciones sobre la flora y la fauna de la zona. Más tarde, al ser nombrado jefe de la frontera este (con el Brasil), continuó sus exploraciones también en ese área.

De sus trabajos cartográficos, que quedaron propiedad de la corona, he podido leer alabanzas por parte de las autoridades de países iberoamericanos, habiendo siendo editados sus cartas y mapas incluso en el propio siglo XX. Como ejemplo, señalar que en 1904 R. R. Schuller publica la Geografía física y esférica del Paraguay, cuyo manuscrito original, por supuesto de Azara, se conserva en el Museo y Biblioteca de Montevideo.

Pero la obra que nos interesa, los cuadernos con sus observaciones de la naturaleza, se editó en Francia en 1805 (cuatro años antes del nacimiento de Darwin), pues como aun sucede en nuestra patria, el interés por los temas científicos era también entonces muy escaso. Así se lamenta Azara en carta dirigida a su editor-traductor francés M. Walckenaer: “”… no espero verla estimada en mi país, donde el gusto por las ciencias, y sobre todo por la Historia Natural, está absolutamente dado de lado…””

Entre las cuatrocientas cuarenta y ocho especies que describe Azara hay unas doscientas nuevas, de las que ningún naturalista ni ningún viajero habían hablado antes. Además incluye un gran número de especies de las que da descripciones mucho más exactas que las que entonces se disponían. En suma, se trata de la obra de un hombre meticuloso, tozudo, observador y disciplinado. No obstante, Azara conocía sus limitaciones y su falta de formación como naturalista. Por ello, su obra es fruto de una incansable y continuada autorevisión. A este respecto, su editor francés dice de él: “”no hay hombre más dulce, más modesto y más alejado del empaque científico, más pronto a dudar y más apresurado a retractarse cuando cree que se equivoca””.

Es casi seguro que Darwin, que cita reiteradamente en sus obras a Azara, llevaba consigo un ejemplar de “Viajes por la América Meridional” durante el viaje de maduración de su teoría, ya que gran parte del periplo del Beagle (el barco en el que viajaba el naturalista británico) se desarrolló por las mismas áreas en las que trabajó Azara.

Es una pena que, en este como en otros temas, personas cuyo trabajo bien hecho ha sido importante para el desarrollo de la ciencia y verdaderos precursores de conocimientos hoy indiscutibles, hayan sido borrados de la memoria histórica por el único delito de pertenecer a un pueblo que no sabe apreciar la excelencia de alguno de sus hijos.


28 Sep 2009 17:57
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com