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 Combate de Abtao (7 de febrero de 1866) 
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Nuevo mensaje Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
COMBATE DE ABTAO (7 DE FEBRERO DE 1866)

Plano de la situación de los buques españoles, peruanos y chilenos en la acción sostenida el 7 de febrero de 1866 en el canal de la isla de Abato.
Es copia de la carta inglesa, teniendo a la vista el derrotero del Fitz-Roy y trasportado a una escala 48 veces mayor, por lo que faltan los precisos detalles de sondas, restingas, etc..etc.Salvador Llegat.

Hagamos memoria y recordemos que una ve firmada la alianza defensiva contra España entre Perú y Chile, y que esté desoyese las protestas españolas, Méndez Núñez, entonces brigadier comandante general de la Escuadra del Pacifico, se decide lograr la paz en esta zona por las armas, y emprende una tenaz búsqueda de la goleta Covadonga, que había sido apresada por la corbeta chilena Esmeralda, pero no la encuentra.
En junta de oficiales se acuerda emprender el rastreo de la escuadra combinada chileno-peruana que se suponía estacionada en el laberíntico archipiélago, pero antes de reconocer la isla de Juan Fernández. El día 7, ya en las Chiloé, la Blanca descubre la fragata peruana Amazonas varada y abandonada en la isla de Abato. Se sigue estudiando la ensenada, pero a causa de los bajos fondos existentes en la zona y a la falta de cartas de navegación, ambos buques han de limitarse a dar pasadas en línea de fila, sondando constantemente y disparando en andanadas cortas contra la división enemiga, que se había situado en su fondeadero natural, formando en arco y cubriendo sus extremos con la defensa desde tierra, empleando los cañones retirados de la Amazonas, tal como puede apreciarse en este documento. El intercambio artillero, a una distancia de 1500 metros, no tuvo mayores consecuencias: 14 impactos, con media docena de heridos entre los españoles y 16 impactos, con dos muertos para los aliados.
La flota española permaneció toda la noche esperando la salida de estos, sosteniendo maquinas. Después de repetir la maniobra al día siguiente sin obtener resultados, determino volver a Valparaíso.
El comandante general de la Escuadra, brigadier Méndez Núñez, felicito a los capitanes de navío Juan Bautista Topete y Juan Alvargonzalez, comandantes de la Blanca y de la Villa de Madrid respectivamente, por llevar a cabo esta arriesgada acción.
Archivo del Museo Naval.

Revista Historia Naval. Año 1995numero 48. Pagina 119

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España es un país formidable, con una historia maravillosa de creación, de innovación, de continuidad de proyecto... Es el país más inteligible de Europa, pero lo que pasa es que la gente se empeña en no entenderlo.
Julián Marías (nacido en 1914), filósofo.


24 May 2009 18:59
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
La pena es que en el DVD de recopilación de las revistas el plano de situación no tiene la suficiente calidad para colgarlo en el foro.

un saludo

Antonio

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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
'

No se si os referís a estos planos:


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Croquis del rumbo que realizaron la Villa de Madrid y la Blanca, en el bombardeo de la escuadra enemiga.


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Grabado de un momento del combate.


Sacados de la obra: Álbum de la Guerra del Pacífico 1863-1867. Autor: Javier de Santiago y Hope. Editado por el Museo Naval y la Fundación Alvargonzález. Gijón, 1997.


Un abrazo.
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Pues si.

El que viene en la Revista de Historia Naval es parecido al primero, pero con mala calidad

El segundo es un bonito grabado

Gracias

Antonio

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26 May 2009 00:04
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Cocodrilo escribió:
Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
COMBATE DE ABTAO (7 DE FEBRERO DE 1866)


Méndez Núñez, entonces brigadier comandante general de la Escuadra del Pacifico, se decide lograr la paz en esta zona por las armas,



Ese eufemismo siempre me ha parecido contradictorio. Los tristes sucesos del Pacífico nunca se tendrían que haber producido.

Fuera de eso, los podemos estudiar como historia, y hay, claro está, epopeyas y actitudes valerosas, a la par que descalabro y desconcierto típico siglo XIX español, con mucho el más nefasto de nuestra historia.

Por otro lado es dificil justificar razones. Chilenos y Peruanos también invocan las suyas.

El clima fue de tensión emocional (como casi siempre) y en las emociones no hay razones.

Saludos

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28 May 2009 13:41
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Los aliados hablan de victoria, de dos muertos españoles y ninguno propio.


07 Sep 2009 18:22
Grumete
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Saludos a los foristas.

A continuación transcribo una versión peruana del combate de Abtao, extraída de la obra “Historia Naval del Perú” (tomo IV) del capitán de navío José Valdizán Gamio, publicada en 1987 por la Dirección General de Intereses Marítimos del Ministerio de Marina de ese país. Por ello, se puede considerar a la misma como una especie de “historia oficial” de la Armada Peruana.

Como hice en el post relativo a la captura de la “Covadonga”, incluiré luego extractos de versiones chilenas del combate, a fin de resaltar los distintos enfoques y juicios de valor que los, por entonces, aliados sudamericanos hicieron y hacen respecto de las acciones de esta guerra. Por el momento baste decir que Chile y Perú han alternado a lo largo de su vida independiente, alianzas y enfrentamientos. Es de lamentar que desde la guerra que sostuvieron entre 1879 y 1884 no ha vuelto a existir alianza sino una cordial enemistad que periódicamente registra carreras armamentistas y rumores de guerra.

Paso al relato del marino-historiador peruano:

El bloqueo de los puertos chilenos se había seguido manteniendo en forma regular, pero especialmente concentrado sobre el principal de ellos: Valparaíso. Al confirmarse la declaración de guerra en forma oficial, el brigadier español don Casto Méndez Núñez -quien, tras la muerte del almirante Pareja, había asumido el mando de la escuadra e izado su insignia en la “Villa de Madrid”-, trasladóse a la “Numancia” cuyo comandante era el capitán de navío, don Juan Bautista Antequera. A partir de ese momento, esta poderosa y moderna fragata blindada pasó a ser la sede del comando general de la escuadra, hasta la terminación de la Campaña del Pacífico.

Con fecha 21 de enero de 1866 Méndez Núñez decidió enviar dos de sus buques hacia el sur, para que procedieran a iniciar la búsqueda e interceptación de la escuadra aliada peruano-chilena. Para dicha acción comisionó las fragatas “Blanca” y “Villa de Madrid”, las mismas que zarparon de inmediato en demanda del archipiélago de Chiloé con el fin de cumplir la tarea encomendada.

Una vez que alcanzaron la debida aproximación al ya mencionado grupo insular, penetraron en él por su parte meridional siguiendo el golfo de Guaytecas. Ya dentro de aquél paraje, continuaron navegando hacia el norte y dieron fondo en Puerto Oscuro, frente a sus costas orientales y en los 42º de latitud aproximadamente. En este lugar austral lograron comunicarse con algunas gentes del mismo (“chilotes”) -quienes tomando a aquellos buques por peruanos- dejaron entender que la escuadra aliada se encontraba en los esteros de Calbuco y que, en sus arrecifes, se había varado la fragata (peruana) “Amazonas”.

Efectivamente (…) aquel accidente había ocurrido en la punta Quilpué, al extremo S.O. de Abtao, hundiéndose la “Amazonas” sin remedio mientras navegaba siguiendo indicaciones del práctico chileno, teniente Emilio Errázuriz, de la dotación de la corbeta “Esmeralda”.

En consecuencia, ambos barcos españoles arrumbaron hacia la isla Tabón (latitud: 42º 51’ S.), iniciando su exploración de los canales y ensenadas de los canales y ensenadas de Calbuco y Abtao. Pronto pudieron corroborar la noticia que se les había dado, al divisar el casco de la “Amazonas” desde una apreciable distancia: era una antigua fragata de bordo bastante alto, cuyo desplazamiento alcanzaba las 1.800 toneladas.

Al ocurrir el combate naval de Abtao ya la moderna corbeta “América” estaba incorporada a la escuadra aliada (desde que arribó al Callao simultáneamente con la fragata blindada española “Numancia”, el 5 de mayo de 1865).

La corbeta “Unión” -al mando del capitán de fragata D. Miguel M. Grau, ascendido a dicho grado el 22 de julio de 1865- también lo había hecho, pese a haber llegado retrasada respecto de la “América” debido a los contratiempos sufridos durante su navegación por el océano Atlántico, que ya fueron citados en páginas anteriores. Completaban la fuerza naval aliada la fragata “Apurímac” (reflotada y habilitada en son de mar, desde que habíase hundido en 1859 al inaugurarse y quebrantarse el dique de la isla de San Lorenzo, en la época del gobierno de Castilla), además de la goleta chilena “Covadonga” y dos vapores auxiliares: el “Lerzundi” y el “Maipú”.

(…) La corbeta chilena “Esmeralda” se hallaba ausente -en trámites administrativos- con el Capitán de Navío de la Marina de Guerra de Chile, D. Juan Williams Rebolledo, a quien, por su antigüedad en el grado y conforme a las estipulaciones del tratado ofensivo-defensivo peruano-chileno, le correspondía actuar como Comandante General de la escuadra aliada.

A causa de lo expresado, el citado mando recayó en el Capitán de Navío de la Armada Peruana, D. Manuel A. Villar Olivera, por ser el jefe naval aliado más caracterizado en rango que debía actuar en reemplazo de D. Juan Williams Rebolledo. Así se hizo, disponiendo Villar que los buques a su mando procedieran a colocarse “en situación de ofender las dos entradas del apostadero” en Challahue, tanto la septentrional cuanto la meridional, existentes entre la isla arriba mencionada y su colindante de Abtao (…).

(…) El 21 de enero salieron de Valparaíso las fragatas “Villa de Madrid” y “Blanca” al mando del comandante de la primera don Claudio Alvargonzález, con el objeto de averiguar dónde estaban nuestros buques y atacarlos en caso oportuno… (las fragatas españolas) llegando a la boca de los canales ejecutaron de inmediato las órdenes de su comandante superior: Alvargonzález se metió por ellos barajándolos a poco andar en la tarde del 7 de febrero de 1866; hasta ponerse a diez cables de distancia del estero de Challahue a la vista de nuestros buques.

Debe hacerse presente que las dos fragatas españolas habían realizado cuidadosamente su navegación entre los arrecifes de Lami y Carva, hasta llegar a las inmediaciones de la isla Abtao. Ésta última, presentando su silueta de Norte Noroeste a Sur Sureste formaba, paralelamente con la costa, un estrecho y tortuoso canalizo con dos entradas: una hacia el Sur -donde la isla recurvaba en ángulo recto, destacando el arrecife donde se perdiera la “Amazonas”- y otra al Norte, sobre cuyo fondo podía divisarse una ensenada de herradura en la que se encontraban los buques aliados. Todos sus cañones convergían hacia ambas bocas del abra, teniendo la mayor de ellas y de más probabilidades para que atacasen los españoles, una anchura aproximada de 800 metros.

Bien había colocado sus buques el comandante Villar, “en situación de ofender las dos entradas” y en una ensenada casi inexpugnable. A la división de Alvargonzález no le quedaba otra cosa que la de guarecerse detrás de la isla, intentando el pasaje por fuera y a lo largo de la boca grande, tanto para cañonear cuanto exponiéndose a ser cañoneada cada vez que lo hiciera.

Fue en las circunstancias arriba apuntadas que el día 7 de febrero entre las cuatro y quince minutos y las cinco y treinta de la tarde, tuvo lugar el combate de Abtao. La distancia promedio entre oponentes era de diez cables (unos 1.850 metros), existiendo muchas posibilidades de que algún buque español varase, debido a su desconocimiento del paraje y a la ausencia de indicaciones sobre sondajes fehacientes, desde que solamente poseían una antigua e inexacta carta inglesa. Villar había alistado -para el caso en que ello sucediera- varias embarcaciones con tropas de abordaje, ordenando que se apostasen hombres armados en los cerros circundantes.

Los buques españoles, sin serles posible forzar la entrada del estero, tanto por temor de encallarse cuanto por los obstáculos o ingenios explosivos (minas) que podrían haber sembrado sus contrarios, tuvieron que seguir el pasaje táctico que preconcibió y logró imponerles nuestro experimentado marino, limitándose a voltejear a lo largo de la boca de aquella abra y disparar sus cañones apenas se asomaban abriendo el fuego, exponiéndose a la vez al nutrido cañoneo que les hacían los barcos aliados que, reforzados por la artillería rescatada de la “Amazonas” antes de hundirse, habíase emplazado en ventajosas posiciones terrestres y altas, dominando el escenario del combate desde bien calculadas elevaciones de la isla.

A las cinco y treinta de la tarde… el comandante de la “Villa de Madrid” puso término al combate porque apenas si quedaba luz diurna suficiente para salir de aquél dédalo de arrecifes, entre los que era casi imposible pasar la noche sin exponer la seguridad de los buques que integraban su división. Dos pasajes completos (disparando de ida y regreso por cada banda) habían efectuado los barcos españoles frente a la boca, cuando la “Blanca” tuvo que aproximarse a la isla Abtao para reparar el fondo de un impacto recibido, a flor de agua, por su aleta de estribor, que amenazaba con inundar el costado derecho de su popa. Hallándose en pleno trabajo, la goleta “Covadonga” -audazmente y sin mucho riesgo, por su tamaño y calado-, habiéndose desplazado hacia el lado meridional del estero le descargó una andanada de cañonazos, aprovechándose de la escasa altura del terreno en aquellas porciones insulares del extremo sur. La “Blanca” respondió inmediatamente con su artillería, obligándola a retornar con rumbo a su primitivo fondeadero. Estos fueron los últimos disparos que se intercambiaron.

Los resultados materiales del combate, así como las bajas y heridos en dicha acción, pueden resumirse como se indica:

División Aliada
Fragata “Apurímac”: Tres cañonazos bajo la línea de agua. Muertos y heridos (a).
Corbeta “Unión”: Muertos y heridos (a).

División Española
Fragata “Villa de Madrid”: Siete cañonazos en el casco. Cuatro cañonazos en la arboladura. Cuatro heridos y tres contusos.
Fragata “Blanca”: Ocho cañonazos en el casco. Ocho cañonazos en la arboladura y jarcias (b).

(a) El historiador Vegas García y el historiador Basadre discrepan respecto a bajas y heridos. Vegas consigna 12 muertos del lado peruano-chileno. Basadre 2 muertos y un herido. -Vide: “Historia de la Marina de Guerra del Perú”, Lima 1929; “Historia de la República del Perú”, Lima, 1961, T. IV.
(b) El historiador español Eduardo Iriondo registró los datos referentes a heridos, contusos y averías causados a los españoles, acentuando que los disparos más certeros fueron los de la “Unión” y la “América” (cañones rayados de 16 cm). Nombró al guardiamarina D. Enrique Godínez como herido.- Vide: su obra “Impresiones del Viaje de la Numancia”, Madrid, s/f.

El acertado desempeño de las fuerzas navales aliadas en Abtao, pese a no constituir una sonada victoria, fue un rechazo contundente e inesperado por los marinos españoles: Su importancia estriba en que sus fuertes oponentes tuvieron que retirarse hacia Valparaíso para reparar averías y tratar de volver a la brega, pero utilizando en dicha ocasión a la “Numancia” a la par de la “Blanca” en el segundo intento, desde que dicha fragata blindada era el barco más moderno y potente con que contaban y superaba en todos sus aspectos a la “Villa de Madrid”. Así, esta nueva división zarpó de Valparaíso el 17 de febrero de 1866 para reiniciar la búsqueda de los buques aliados, aproando hacia el sur en demanda del archipiélago de Chiloé.

Mas tal intento resultó infructuoso, desde que las fuerzas navales comandadas por Villar habíanse trasladado a Huito, paraje por demás escondido y sumamente difícil de ubicar. Dicha circunstancia obligó a los españoles a dar por terminada la búsqueda y abandonar su propósito de revancha contra aquellos marinos aliados que, pese a considerárseles sin mayor experiencia en lides navales, acababan de demostrarles que podían batirse eficazmente y dañar al contrario con precisión e, imponiéndoles tácticas propias y audaces, tornarse en peligrosos contrarios que merecían un mucho mayor respeto en asuntos referidos a la guerra en el mar.

Si bien es cierto que el comandante Villar asumió un considerable riesgo al encerrarse prácticamente con sus buques en un paraje (abra) susceptible de ser cegado por los barcos españoles -lo que de haberse hecho hubiese revertido el curso de los acontecimientos en su contra-, es preciso interpretar su actitud al situarlos en una posición casi inexpugnable, guiado por la idea preconcebida de atenuar la diferencia bélica innegable existente entre sus fuerzas navales y las españolas.

Del lado hispano, el marino y jefe oponente, Alvargonzález, pudo haber tomado la precaución de navegar hasta Abtao convoyando dos presas, cuando menos, con algo de abastecimientos y pertrechos, ya que el viaje en campaña tendría una duración imprecisable. Dicha iniciativa podría haberle permitido descargarlas previamente y luego hundirlas, para obstruir y cegar ambas entradas hacia el abra, convirtiendo así dicho apostadero en una suerte de tumba definitiva para los buques aliados sudamericanos y un blanco para el tiro indirecto de los cañones de la “Villa de Madrid” y la “Blanca”. Si bien es verdad que las “buenas presas” habían sido destruidas días antes (el 14 de enero), conseguir reemplazarlas antes de emprender su campaña de búsqueda hacia Chiloé no hubiese sido imposible, aun bajo el probable riesgo de demorar el zarpe y sin detenerse en trámites de clasificación en aguas que le eran hostiles. Villar, confiando en su buena suerte y actuando con mucha audacia, atrajo al contrario hacia el paraje en que deseaba combatirlo. Logró así imponerle la única táctica admisible dentro de las circunstancias y la geografía del lugar y tuvo, indudablemente, fortuna, aunque ésta no le sonrió en forma completa debido a la pérdida de la fragata peruana “Amazonas” en la punta Quilpué.

En descargo del comandante Alvargonzález, sin embargo, debe apuntarse que fuera de lo expresado anteriormente y el poco tiempo que la luz diurna le permitió combatir a sus contrarios, sus barcos y dotaciones demostraron decisión y eficiencia en la difícil situación por la que atravesaban, máxime si no estaban seguros del braceaje que existía bajo las quillas de sus naves, registrado en la imprecisa carta inglesa de navegación que poseían.

La contribución chilena en el combate naval de Abtao resultó muy modesta y no constituyó en sí un aporte de significativa importancia. Se redujo a la intervención de la goleta “Covadonga”, no hacía mucho capturada frente a Papudo por la corbeta “Esmeralda”; aquel pequeño barco, que armado con dos cañones se comportó en forma audaz y combativa y hasta llegó a cañonear a la fragata “Blanca”, al lado sur de la isla Abtao en forma sorpresiva cuando esta última trataba de taponear un forado que le produjo uno de nuestros disparos, a raíz de su inesperado ataque, fue rechazado de inmediato por la potente artillería de la nave hispana y se vio obligado a reintegrarse a la fuerza aliada.

En cambio, la “Esmeralda” -como ya se apuntó en líneas anteriores- hallándose ausente en trámites administrativos y bajo las órdenes del comandante general de la escuadra aliada, capitán de navío Williams Rebolledo, no participó en el combate de Abtao. El jefe chileno, al enterarse de los resultados obtenidos en dicha acción naval, envió por escrito una felicitación al comandante Villar (…). Se transcribe su párrafo principal:

“…Esta oportunidad me permite congratular a V.S. y a los jefes, oficiales y tripulantes peruanos, por el arrojo y serenidad que han manifestado durante las dos horas que duró el combate, bajo un fuego sostenido por ambas partes, y por el resultado favorable que se ha obtenido, el cual se debe a la Escuadra del Perú”.

La respuesta del marino peruano no se hizo esperar mucho desde que, en su fuero interno, no debió quedar muy satisfecho por la insólita ausencia de Williams Rebolledo en tan importante ocasión. Villar -con intención que a nadie escapó- contestóle de esta manera:

“Agradezco a V.S. los aplausos que se digna hacer a la Escuadra Peruana que está a mis órdenes, y espero que en la primera oportunidad comparta V.S. y el equipaje del buque a su mando, de las glorias que está llamada a obtener la Escuadra combinada de Chile y el Perú”.
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Hasta aquí la cita de los pasajes más salientes de la “Historia Naval del Perú” de Valdizán Gamio. De ellos surge la importancia -quizás desmedida- que en la historiografía peruana se ha dado siempre al combate de Abtao. Por lo que he leído sobre el tema, no ha sido esta la postura de los historiadores españoles ni chilenos. Respecto de éstos últimos, cabe señalar que si bien las obras chilenas no dan tanta trascendencia a dicha acción al punto de minimizarla bastante en algunos casos, no ocurrió así con la prensa chilena de la época que aplaudió y llenó de elogios a los marinos aliados, especialmente a los peruanos, y según algunas fuentes se festejó el combate como una verdadera victoria igual que en el Perú.

Ahora bien, veamos brevemente qué dicen dos historiadores chilenos del siglo XX sobre Abtao. En primer lugar, hay que esclarecer las reiteradas recriminaciones del historiador peruano hacia el comandante chileno Williams por hallarse ausente el día del combate, realizando “tareas administrativas”. El historiador naval chileno Carlos López Urrutia, que también critica la ausencia de Williams como veremos más adelante, dice en su “Historia de la Marina de Chile”:

La base de Abtao no estaba lista para aprovisionar a la escuadra aliada. Se habían acumulado en tierra 500 toneladas de carbón pero faltaban embarcaciones carboneras con qué hacer la faena en los buques. Las provisiones de boca eran inexistentes y Williams decidió trasladarse a Ancud para solucionar allí el problema de abastecimiento. Planeaba también traer a remolque una barca cargada con carbón que reservaba para la escuadra y embarcar un batallón de infantería de marina para reforzar las defensas terrestres del apostadero. Sabiendo que en cualquier momento podía ser atacado, dejó instrucciones para el caso. El mando recayó sobre el comodoro peruano capitán Villar… Williams estaba listo para volver a Abtao, cuando se le comunicó que dos buques españoles estaban en Huito, muy cerca del apostadero. Decidió esperar el momento preciso sin tener que exponer su buque e informó por medio de un bote a Villar el inminente ataque.
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De lo transcripto surge que la ausencia de Williams obedeció a necesidades que quizás no fueran meramente “administrativas” ya que la provisión de carbón y alimentos en tiempos de guerra y ante la inminencia de un combate importan quizás tanto como las disposiciones tácticas. Sin embargo, como reconoce el autor chileno citado, Williams sabía de la inminencia del ataque español antes de partir a Ancud y sin embargo se ausentó llevándose a la “Esmeralda”, restando así a la flota aliada un buque en aptitud de navegación, unas cuantas bocas de fuego (12 cañones de 40 libras) y su propio mando. Cabe preguntarse si no debió y pudo comisionar a un oficial para esa tarea y, aun más importante, enviar a la “Covadonga” en lugar de la “Esmeralda”, ya que de esa manera no hubiera restado tanto poder a la escuadra. La “Covadonga” parece ser el buque más adecuado para dicha comisión, a falta de otros buques. Recordemos que Valdizán Gamio dice que además de los buques de guerra, los aliados tenían dos vapores en Abtao, el “Lerzundi” y el “Maipú”. Si bien el primero no estaba operativo porque le reventó una caldera ni bien llegó al apostadero aliado, cabe preguntarse por el “Maipú”. Incluso puede suponerse que habría lanchas u otros vaporcillos en las cercanías, que habrían servido para buscar las provisiones, sin restar ni un solo cañón a la escuadra aliada.

Otro factor hace más lamentable para los chileno-peruanos la ausencia de la “Esmeralda”: la escasez de buques en condiciones de navegar en su escuadra. López Urrutia detalla las fuerzas disponibles de Villar en el combate:

Fragata “Apurímac” (30 cañones). Con los fogones apagados pues su máquina estaba en reparaciones. Incluso le faltaban algunas piezas que se habían enviado a reparar a Lota.
Corbeta “América” (14 cañones). Con sus calderas en reparación y también apagadas.
Corbeta “Unión” (14 cañones). Esperaba carbón de la barca que traería la “Esmeralda” de Ancud.
Cañonera “Covadonga” (3 cañones), único buque de guerra chileno. Nota: y único que podía navegar.

Es decir, los buques peruanos estaban reducidos a la condición de baterías flotantes y el único buque que podía andar era el menos poderoso. Es interesante pensar en el ataque que la pequeña “Covadonga” intentó sobre la “Blanca”, que finalmente no tuvo mayores resultados, e imaginar qué hubiera sucedido si en lugar de la cañonera hubiera sido la “Esmeralda” la protagonista del lance. Tal vez los españoles hubieran tenido oportunidad de vengar la captura de la “Covadonga” o la “Esmeralda” hubiera podido demostrar que también sabía batirse con éxito contra buques mayores… Es imposible aventurar un resultado, pero es justo suponer que el combate de Abtao quizás hubiera sido más interesante y encarnizado. Las críticas a Williams parecen justificadas.

Veamos ahora la versión del chileno López Urrutia sobre la acción de Abtao y sobre una poco conocida acción en Huito días después:

Los españoles… habían reconocido el fondeadero. Luego de observar los restos de la “Amazonas” comprendieron que sería imposible la entrada por el sur, por lo que se dirigieron hacia la isla de Quinua y de allí entraron a la ensenada de Codihue, presentándose frente a la entrada del fondeadero de Abtao a las tres de la tarde del 7 de febrero de 1866. Los buques españoles habían sido avistados a las ocho de la mañana por el vigía apostado en la punta norte de la bahía y la “Unión” y el “América” empezaron a cargar carbón con toda la prontitud posible. Se enviaron tropas y municiones a la “Apurímac“ que estaba completamente inmovilizada.

Los buques aliados se hallaban anclados en línea y sostenidos por anclas y espías. A las cuatro de la tarde y estando el enemigo a una distancia de 3 mil metros, la “Apurímac” que cerraba la línea, rompió el fuego contra la “Blanca” que avanzaba frente a la boca del fondeadero. El teniente Thomson comandante de la “Covadonga” que se encontraba en el segundo lugar de la fila, pero con presión en sus calderas, resolvió mover su buque y su primera maniobra fue la de arrojar un cable de remolque a la “América”, cuyas defectuosas amarras se habían aflojado y se presentaba de enfilada al fuego enemigo. Desgraciadamente el remolque se cortó al comenzar la maniobra y mientras a bordo de la “Covadonga” se hacían todos los esfuerzos por pasar otra espía, Thomson observó que el fuego de la “Apurímac” había alcanzado a la “Blanca” teniendo ésta que refugiarse al socaire de la isla de Abtao.

El comandante decidió entonces abandonar sus esfuerzos de remolque y seguir paralelo a tierra por el canal de Abtao en un rumbo que le permitiera descargar sus cañones sobre la “Blanca”, a la que creía varada. Así sus tiros caerían en desenfilada sobre el enemigo pasando sobre la isla. La fragata enemiga había echado todas sus embarcaciones al agua, movido sus cañones y se presentaba tumbada sobre el costado de estribor. Thomson estaba seguro que estaba varada, pero apenas la tuvo bajo sus cañones, el enemigo se adrizó y contestó el fuego por espacio de peligrosos veinte minutos durante los cuales la “Covadonga” no podía maniobrar para contestar el fuego, pues se había acercado demasiado a tierra. Los tiros españoles quedaron cortos. A la “Blanca” se le unió la “Villa de Madrid” y juntas concentraron su fuego por sobre el istmo hacia la “Covadonga”. Thomson optó por retirarse. Ayudada por la “Villa de Madrid”, la “Blanca” se las arregló para taponear un boquete que a flor de agua le había abierto la artillería peruana. Las dos fragatas se retiraron al anochecer a cruzar fuera del alcance de los cañones aliados.

El combate duró dos horas. Se habían disparado cerca de 1.500 tiros. Los buques peruanos recibieron varios impactos pero las víctimas sólo llegaban a dos muertos y un herido. Inmovilizados durante todo el combate, los peruanos se habían batido con gran valentía. Desgraciadamente la mayoría de los tiros se habían perdido, pues muchas granadas reventaron en el aire y los cañones de la “Unión” y “América” no tenían el alcance necesario, no por su calibre, sino por la mala calidad de la pólvora. Los españoles no declararon pérdidas, pero era obvio que las dos fragatas habían recibido impactos de consideración. Se vio explotar varias granadas en la “Villa de Madrid” y el buque aparentaba estar en tal confusión que se cree que un motín estaba por declararse a bordo de esta fragata. La “Blanca” sufrió el cañoneo efectivo de la “Covadonga” mientras estuvo escorada, si no estaba varada: un total de 93 tiros. Parte de su obra muerta quedó flotando en el golfo, además de cadáveres, ropas y otros fragmentos que indicaban un daño extenso.

Los dos comandantes en jefe tuvieron sus errores en este combate. Williams no debió haberse ausentado jamás del fondeadero. Faltó en la escuadra aliada la dirección. El solo hecho de que un solo buque, la “Covadonga”, haya logrado maniobrar habla muy en claro de la mala preparación de la escuadra y la falta de un plan de defensa coordinado. Por el enemigo, Méndez Núñez no se atrevió a arriesgar la “Numancia” en los bajos fondos de Chiloé y se quedó en Valparaíso a cargo del bloqueo. El mando lo tuvo el comandante Alvargonzales (sic) de la “Villa de Madrid”, jefe que vio la inutilidad de su ataque sin baterías de largo alcance.

Méndez Núñez reconoció inmediatamente su error, pues la artillería de la “Numancia” habría tenido enorme influencia en el resultado final del combate. Informado del lugar exacto en que se encontraba la escuadra aliada, se dirigió con la “Numancia” y la “Blanca” a Chiloé, en cuyos canales entraba el 1º de marzo. Al anochecer las dos fragatas anclaron en Tubilda, cerca de Huito. Este fondeadero quedaba bajo resguardo de un morro en el que, sin que supieran los españoles, se hallaba acampado medio batallón del ejército chileno al mando de Jorge Pool. La “Blanca” estaba anclada a escasos 50 metros de las rocas y durante la noche los soldados chilenos tomaron posiciones en las que se pusieron a tiro de fusil del enemigo. Los soldados se ocultaron tras las rocas y se pusieron en posiciones ventajosas en la cima del morro. Al despertar la mañana las tripulaciones se agruparon en las anchas cubiertas para pasar revista. Los chilenos que no esperaban otra cosa abrieron un devastador fuego de fusilería. La sorpresa de la marinería española no pudo ser mayor. Los marineros caían muertos y heridos sobre la cubierta. La artillería no podía contestar el fuego por la corta distancia en que se hallaba el enemigo y tampoco había blanco a qué disparar, ya que los chilenos se habían dispersado. La “Numancia” no podía ayudar tampoco, pues su compañera estaba en la línea de fuego y Méndez Núñez envió un bote con refuerzos el que intentó acercarse a las rocas y desalojar a los tiradores, pero fue también atacado y rechazado con graves pérdidas. A las dos horas logró por fin la “Blanca” apartarse a tiro de cañón y abrió fuego, pero con tan poca efectividad que los chilenos no sufrieron una sola baja. Hasta el día de hoy no se ha sabido el número de muertos y heridos españoles. (En la nota de pie de página a este párrafo dice López Urrutia que este incidente de Huito aparece con versiones muy distintas en las historias chilenas. Ejemplifica que el historiador Langlois habla de ataques a unos botes que intentaron un desembarco. Finalmente agrega que los chilenos no podían apreciar el éxito obtenido, pues los buques se retiraron sin mostrar averías (se les disparó con fusiles) ni víctimas (se las llevó bajo cubierta).

Williams se había cambiado, mudando su base a Huito. El fondeadero se había hecho inexpugnable. Se cerró la única entrada echando a pique al “Lautaro” y una lancha. Se organizaron baterías en la entrada, tirando una cadena a través del fondeadero y reforzado todo con torpedos. Méndez Núñez, ante la formidable defensa, decidió no forzar la entrada y se retiró con sus dos buques. De vuelta tuvo la suerte de apresar al vapor mercante “Paquete del Maule” que al mando De don Luis Lynch llevaba a bordo una compañía de artillería. Este buque en abierta violación de la neutralidad del pabellón inglés que enarbolaba, esperaba llevar estas tropas a Montevideo y marinear allá buques de guerra para Chile. Al verse abordados trataron los soldados de mantener el disfraz de ingleses, pero el bote enviado por Méndez Núñez, sin dejarse tampoco engañar por la bandera, consideró lo del disfraz sólo una broma. El vapor “Independencia” de la Armada fue perseguido también, pero se escapó refugiándose en los bajos fondos.
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Esa es la versión de Abtao y de los hechos subsiguientes -combate de Huito y apresamiento del “Paquete del Maule”- del chileno López Urrutia. Veamos ahora la opinión que un compatriota suyo tiene al respecto. Se trata de Benjamín Subercaseaux en su “Tierra de Océano”, quien luego de detallar la deplorable situación de los buques aliados dice:

En esas condiciones se llevó a efecto el Combate de Abtao, que tanto celebran algunos de nuestros historiadores. La manía patriotera hace que la gente ya no sepa dónde residen los verdaderos méritos y dónde las tonterías, con la consiguiente desorientación para evitar las últimas y copiar los primeros; obra esta que no me parece muy patriótica… En este combate, en verdad, nadie perdió ni nadie ganó.
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En fin, he tratado de mostrar cómo se vio y se ve la acción de Abtao en la historiografía de Chile y Perú.

En mi opinión el combate en sí no pasó de una escaramuza. Más interesante resulta el análisis estratégico. Si bien puede decirse que los aliados eligieron bien el lugar para enfrentar a los buques españoles, ello solo es cierto en el sentido de que evitaban ser destruidos, hundidos o apresados por éstos, pero con esa estrategia no lograban, ni siquiera intentaban lograr, el objetivo máximo de la guerra naval, que es el dominio del mar. Es más, aunque pueda sostenerse que la escuadra aliada “rechazó” a la división de Alvargonzález en Abtao, causándole averías y bajas, lo cierto es que dicha acción aferró más aun a los peruano-chilenos a su escondite austral, ya que se mudaron a otro punto inaccesible y se fortificaron hundiendo buques y sembrando torpedos (minas) para impedir la entrada de sus enemigos. Desde ese punto de vista, parece que los españoles se apuntaron un éxito al anular a la flota enemiga como peligro ofensivo. Confinada en Chiloé, la misma estuvo muy lejos para defender a Valparaíso cuando fue bombardeada o para colaborar en la defensa del Callao el 2 de mayo. Incluso, de acuerdo a lo que dice López Urrutia, Méndez Núñez usufructuó casi inmediatamente el dominio del mar del que gozaba, al apresar al “Paquete del Maule” que llevaba artilleros para armar buques en Montevideo (en ese episodio aparece otra vez la tradicional costumbre chilena de hacerse pasar por británicos). Esa captura, teniendo en cuenta lo que evitó, parece haber tenido más importancia estratégica que la de la “Covadonga”. Podrá acaso argumentarse que Abtao fue un éxito aliado ya que su estrategia consistía en no batirse en mar abierto contra la flota española sino mantenerse como una “flota en potencia” (“fleet in being” dicen los autores navales anglosajones) y dar golpes de mano a unidades aisladas. Pero lo cierto es que luego de la captura de la “Covadonga” ello no volvió a suceder y la flota española navegó impunemente por toda la costa desde Chiloé hasta El Callao, descargando el poder de sus cañones sobre los puertos más importantes de Chile y del Perú.


02 Feb 2010 23:48
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Y digo yo, ¿cuántos buques estuvieron presentes en este combate?

Por la parte española está claro: la "Villa de Madrid" y la "Blanca".

Pero, ¿y la escuadra chileno-peruana? Con seguridad: la "Apurímac", la "Unión", la "América" y la ex-española "Covadonga". Ahora bien, según el libro "Victorias por mar de los españoles" de Agustín Ramón Rodríguez González, a éstos habría que incluir los vapores "Maipú" y "Lautaro". Ésto también parece desprenderse del fragmento de "Historia Naval del Perú" que nos trajo Mpc. En el grabado del combate que puso Ensenada más arriba se pueden contar seis barcos aliados y en el croquis aventuro a leer "Maypú" con el número 1 y "Lerzundy" con el 6.

Por otra parte, según esta página de la marina chilena: http://www.esmeralda.cl/prontus_armada/ ... 65835.html el "Maipú" estaba en Magallanes (supongo que será el Estrecho) y el "Lautaro" ni lo nombra.

Por cierto, antes de que alguien se me queje ;) Por lo que he podido averiguar, el "Lerzundi" y el "Lautaro" son el mismo buque. El primer nombre es la denominación con que era conocido cuando formaba parte de la Armada peruana. Al comenzar la Guerra, fue cedido a Chile, donde se le renombró "Lautaro".

Después de todo esto, ¿quién sabe cuántos buques estuvieron presentes en este combate?

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09 Sep 2010 19:52
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Sobre mi mensaje anterior, un par de apuntes más.

El libro que cité, "Victorias por mar de los españoles", habla de que en vez del "Maipú", puede que el que estuviera fuera el "Antonio Varas".

Aunque no soy yo quien vaya a asegurar qué barcos se encontraban en Abtao por aquellas fechas, la duda que se plantea en el libro es razonable, no sólo por lo que digan los chilenos en su web (que el "Maipú" estaba en Magallanes), sino por un documento que juzgo esencial: el parte de don Claudio Alvargonzález. En él se indica que las fragatas españolas sabían que el "Maipú" había pasado por Calbuco (Chiloé) y se dirigía Sur. Lo que le deja fuera del combate. Sin embargo, cuando describe la escuadra aliada, dice que se hallaba dispuesta en forma de herradura, apoyando sus extremos dos vapores pequeños sobre los que manifiesta: "no conozco con exactitud".

Parece claro que, si bien es cierto que la escuadra chileno-peruana disponía de dos vapores, el "Maipú" no era uno de ellos.

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11 Sep 2010 19:02
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Leyendo los partes de guerra de Thompson (al mando de la Covadonga) y de Villar (al mando de los barcos peruanos), no nombran ningun otro barco aparte del Apurímac, la Unión, la "América y la Covadonga; aparte el Amazonas que varo en el costado surweste de Abatao. Quizas el Lautaro-Lerzundi llego con la Esmeralda después para ser hundido en la boca de Huito.
Por cierto, al varar el Amazonas, se bajaron sus cañones para armar unas baterias costeras. Supongo que se habran construido en le Peninsula de Abtao y en la punta sur de la Isla para proteger la "retaguardia" de la linea de barcos. ¿Hay alguna información? Y respecto al Amazonas ¿se desguaso?, ¿sus restos siguen en Abtao?


26 Oct 2010 03:24
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Sé que los partes del combate chilenos y peruanos no nombran a los vapores, pero eso no significa que no estuvieran. Lo que significa es que no hicieron nada de interés durante la acción. Los partes españoles constatan su presencia, aunque a la hora de describir el combate no vuelven a nombrarlos. Aunque el "Lautaro" sí es nombrado en el parte que envía Williams Rebolledo al Ministro de Marina:

Citar:
[...] puesto que todos los jefes i oficiales peruanos han cumplido con su deber, como igualmente el comandante y oficiales del "Covadonga", "Lautaro" i demas que defendian el apostadero.


El "Lautaro" estaba en Abtao durante el combate, y desde luego no llegó con la "Esmeralda", ya que es bastante difícil si tenemos en cuenta que estaba inutilizado (por eso se le echó a pique) por la explosión en sus máquinas el 5 de febrero.

En cuanto a la "Amazonas", efectivamente sus cañones sirvieron para construir baterías terrestres (3 con 7 piezas para ser exactos). Además, al menos dos cañones se montaron en la "Apurimac". Sobre el destino de la "Amazonas", no tengo constancia de qué ocurrió con ella.

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26 Oct 2010 22:19
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Nuevo mensaje Re: Combate de Abtao (7 de febrero de 1866)
Respecto al "Lautaro" tienes toda la razón. Seguramente lo echaron a pique a la entrada de Huito por encotrarse en malas condiciones y para prevenir que las naves españolas entraran (tambien echaron a pique una lancha). Viendo un grabado de la epoca, se montaron dos baterias reforzando la cadena de barcos aliados en la punta norte de la Isla de Abtao y en Chayahue en la peninsula. Revizando unas cartas nauticas recientes no aparece ninguna señal de naufragio, ahora en los relatos de la epoca se nombra a veces que el "Amazonas" varo en la playa y en otros en los "arrecifes" (en realidad son bajios) que estan varios metros mar adentro respecto a la playa.
Supongo que tal vez el barco fue desguazado.


27 Oct 2010 01:24
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com