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 Las últimas Batallas de la Kriegsmarine 
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Las últimas Batallas de la Kriegsmarine


Después de llegar a Arcángel los supervivientes del PQ-18, el 20 de septiembre de 1942, los aliados suspendieron de nuevo los convoyes a Rusia. No tenían más remedio.

No era solamente una cuestión de "suministros y demandas". A finales de septiembre, unos cuarenta buques mercantes esperaban para dirigirse a Rusia, mientras, la campaña de Stalingrado-Cáucaso se hacía cada vez más crítica para los rusos a medida que transcurrían las semanas.

Pero forzar en esta época el paso de otro convoy, protegido por una fuerte escolta de combate, hubiese significado posponer la primera operación de importancia de los anglo-norteamericanos en el teatro europeo: la operación "Torch" (Antorcha); la invasión y ocupación de Argelia y Túnez, para acosar por el Oeste a la Panzerarmee Ítalo - germana de Rommel, mientras el Octavo Ejército atacaba desde el Este, partiendo de El Alamein.

Una vez expulsado Rommel de África del Norte y resuelta definitivamente la situación en el Mediterráneo, los aliados estarían en condiciones de elegir los objetivos para establecer el "segundo frente", exigido por Stalin desde mucho tiempo atrás: Sicilia e Italia, Sur de Francia, o los Balcanes.

Hasta que la operación "Torch" no estuviese en vías de solución en el Noroeste africano, no existirían suficientes buques de guerra para proteger los convoyes a Rusia; por esta razón se retrasaron hasta diciembre de 1942.

No obstante, se enviaron buques aislados; entre octubre y diciembre del mismo año, salieron trece mercantes, de los cuales tres tuvieron que regresar, cuatro fueron hundidos y cinco lograron pasar.

Con el convoy QP-15, último de la serie "PQ", se evacuaron de Arcángel veintiocho buques mercantes antes de cerrarse el Mar Blanco con la llegada de los hielos invernales.

El convoy se hizo a la mar el 17 de noviembre, pero fue dispersado por el mal tiempo, que en esta ocasión perjudicó a los alemanes; sus submarinos solamente pudieron hundir dos buques.

Aun cuando las exigencias de otros frentes no hubiesen obligado a disminuir el potencial aéreo de la Luftwaffe en el Lejano Norte, el mal tiempo habría obligado a que los aviones cedieran a los submarinos la responsabilidad de atacar los convoyes.

Las condiciones meteorológicas del invierno limitaban el reconocimiento aéreo y prácticamente imposibilitaban los ataques de los aviones.

Por este motivo los grandes buques de la flota reasumieron el importante papel que debieron cumplir desde el principio.

Además de las restricciones impuestas por Hitler a los comandantes de los buques, a través del Alto Mando Naval, la inactividad de la flota de superficie alemana tenía su origen en otras causas.

A finales de 1942 las existencias de combustible se convirtieron en un problema serio.

Esta escasez condujo a la decisión de no enviar el Prinz Eugen (de nuevo en condiciones de operar) al Norte. Sin embargo, las grandes existencias de fuel para motores diesel permitieron que el Lützow relevara al Admiral Scheer para que este fuese sometido a obras; el 18 de diciembre el Lützow se unió al Hipper y Koln en el fiordo de Alten.

Él crucero ligero Nürnberg también se destacó al Norte, de Narvik.

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Lützow


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Admiral Hipper


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Koln


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Nürnberg


Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
Imágenes: anteriores fuentes, más Bundesarchiv, Naval-history archivos personales y Wikipedia.

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23 Oct 2010 19:40
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Nuevo mensaje Re: Las últimas Batallas de la Kriegsmarine
Mientras el Tirpitz se envió a Trondheim para realizar grandes obras en dique. Pero Raeder seguía aún obsesionado en que su flota demostrara su valía a expensas de los convoyes aliados: y esta obsesión le hizo perder la visión de los fines estratégicos.

Quería concentrar sus fuerzas contra los convoyes procedentes de Rusia, a los que consideraba blancos más fáciles para sus buques de superficie; cuando en realidad el fin práctico de la flota debía haber sido la interdicción de los convoyes de suministros a Rusia.

Sin embargo, la supresión de los convoyes por parte de los aliados le hizo reconsiderar la situación. Los mercantes armados de la "segunda oleada" estaban en la mar y él aún quería que el Lützow realizase una campaña, pero Hitler se negó a considerar esta idea hasta que se lograse un éxito previo en aguas del Ártico cuando se reanudasen los convoyes.

Con este fin se planeó la operación Regenbogen (Arco Iris): un ataque contra un convoy indeterminado, realizado por el Lützow, mientras el Hipper y una escuadrilla de destructores hacían frente a la escolta (con la condición esencial de que ésta fuese suficientemente débil).

El plan era correcto, mas de nuevo estaba condenado al fracaso desde un principio porque a los comandantes no se les dio permiso para combatir según su propia iniciativa; carecía pues, de flexibilidad.

En el campo aliado se planeaba a toda prisa la reanudación de los convoyes a Rusia a finales de noviembre. En estos convoyes rio se repetirían las costosas tácticas aplicadas en los de la serie "PQ".

En primer lugar se cambió el nombre codificado: la denominación dejó de ser "PQ" para convertirse en "JW", y por razones de seguridad la serie comenzó con el número 51.

El almirante Tovey ordenó que cada convoy navegara en dos gru¬pos separados, "A" y "B", con el fin de lograr formaciones más pequeñas, más manejables y menos protegidas.

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Almirante John Tovey


El 15 de diciembre se hizo el primero a la mar; el JW-51-A, quince mercantes con siete destructores y cinco buques de escolta más pequeños, en viaje directo a Murmansk, donde llegó el día de Navidad sin haber sufrido ninguna baja.

La escolta de cruceros del contralmirante Burnett, Sheffield y Jamaica, regresó para apoyar al JW-51-B, que salió una semana después en dirección Este, escoltado por seis destructores y cinco escoltas más pequeños bajo el mando del capitán de navio. R. Sherbrooke, a bordo del destructor Onslow.

A retaguardia navegaba una flota de combate; la del vicealmirante sir Bruce Fraser, compuesta por el acorazado Anson (de la clase King George V), el crucero Cumberland y tres destructores.

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HMS Sheffield


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HMS Jamaica


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HMS Onslow.


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HMS Anson


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HMS Cumberland



Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
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23 Oct 2010 20:28
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Pero el JW-51-B tuvo menos suerte que su antecesor. A los cinco días, un tremendo temporal dispersó su línea de babor, antes de que se le reuniesen los cruceros de Burnett.

El 30 de diciembre el U-345 avistó al grupo principal, en malas condiciones de visibilidad, y comunicó su descripción: seis a diez buques con una pequeña escolta.

Raeder creyó que ésta era la oportunidad ideal para que la flota lograse una victoria fácil y ordenó la ejecución de la operación Regenbogen. Con un poco de suerte, el Hipper, y Lützow y sus destructores ofrecerían al Tercer Reich una resonante victoria en la mar como regalo de Año Nuevo.

La operación Regenbogen se planeó como una acción de cruceros, por esta razón no participaron en ella Ciliax ni Schiewind; la dirigió el vicealmirante Oscar Kummetz, comandante de los cruceros, cuya insignia arbolaba en el Hipper.

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Vice Almirante Oscar Kummetz


Es necesario examinar aquí la larga y obstaculizadora cadena de mando que ligaba a Kummetz, en su puente de mando, con el Alto Mando de las Fuerzas Armadas.

Sobre Kummetz se encontraba el almirante Otto Klüber, en Narvik, comandante de la Zona Marítima del Norte.

Este dependía del almirante Rolf Caris, comandante en jefe naval del Grupo Norte, con sede en Kiel.

A su vez, Caris estaba subordinado a Raeder, quien se entendía con Hitler a través del almirante Theodor Krancke, antiguo comandante del Scheer, representante naval en el Cuartel General de Hitler situado en Prusia Oriental. Tan pronto como recibió Calrs el informe de avistamiento del JW-51-B, comunicó a Klüber que se alistara Kummetz, en cuyas órdenes rezaba' la precaución de "evitar una fuerza superior, en caso contrario destruirla de acuerdo con la situación táctica".

Kummetz salió del fiordo de Alten a las 18-00 horas del 30 de septiembre, con el Hipper, Lützow y seis destructores.

Kummetz había elaborado un buen plan táctico. El Hipper y Lützow se separarían y después se aproximarían al convoy por la popa para atacarlo desde dos direcciones con lo cual uno de ellos entraría en contacto con la escolta antes, y el otro se introduciría entre los mercantes sin ser molestado.

Al principio conservó los seis destructores con el Hipper con la intención de cederle tres al Lützow cuando empezase la acción.

Pero en el último instante Raeder emitió un aviso, influido por la obsesión del Führer, recomendando precaución; lo cual tradujo en un mensaje de Caris a Klüber y otro de éste a Kummetz, cuando se encontraba ya en la mar: "Contrariamente a la orden de operaciones, al entrar en contacto con el enemigo tenga precaución incluso contra un enemigo de igual potencial, porque no es deseable que los cruceros corran grandes riesgos".

Un mensaje que difícilmente podía inducir al más emprendedor de los almirantes a que actuase al "estilo de Nelson". Era una muestra del espíritu con que eran enviados a combatir los comandantes de la Flota de Alta Mar de Hitler.

Pero los acontecimientos se produjeron aún más desafortunadamente para los alemanes porque Kummetz se encontró, sin saberlo, con uno de los ingredientes más esenciales para la victoria: la suerte.

El Hipper y Lützow, navegando hacia el Oeste, se separaron a las 02-24 horas del 31 de diciembre.

A las 07-15 horas, el Hipper cruzó la estela del convoy, veinte millas por su popa, y avistó buques no identificados.

Kummetz ordenó al destructor Friedrich Eckholdt que investigara el contacto y maniobró con el Hipper para mostrar a los misteriosos buques su silueta de proa.

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Friedrich Eckholdt


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Richard Beitzen




Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
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23 Oct 2010 21:25
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Pero el Friedrich Eckholdt perdió el contacto con su buque insignia, seguido por los otros destructores: Richard Beitzen, Z-29, Theodor Riedel, Z-30 y Z-31, los dos primeros del grupo correspondientes al Hipper y los restantes al del Lützow.

A las 08-00 horas los tres últimos avanzaban hacia el Este en dirección al Lützow, mientras que el Friedrich Eckholdt y los otros dos seguían al convoy.

A las 08-30 horas la situación parecía favorable, sobre el papel, al grupo de Kummetz. Se encontraba por la aleta de babor del convoy; el Lützow se aproximaba por estribor.

El JW-51-B se hallaba a 220 millas al Noroeste de Murmansk, navegando al Este protegido por los destructores de Sherbrooe.

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Vicealmirante Burnett


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Capitán de Navío Robert Sherbrooe


Treinta millas al Norte se encontraban los cruceros del Contralmirante Burnett, Shefield y Jamaica, navegando hacia el Nordeste en busca del convoy.

Ninguno de estos grupos conocía la presencia de los otros; la visibilidad era muy mala y los cruceros de Burnett se encontraban fuera del alcance radar.

Los destructores fueron los primeros en entrar en contacto.

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HMS Obdurate


El Obdurate, de la escolta de Sherbrooke, avistó tres destructores, se dirigió a reconocerlos, y cayó bajo el fuego enemigo a la distancia de cuatro millas.

Al ver Sherbrooke los fogonazos desde el Onslow ordenó inmediatamente al Orwell, Obedient y Obdurate que se reunieran y se lanzó al combate.

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HMS Onslow


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HMS Orwell

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HMS Obedient


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HMS Ataches


Eran las 09-15 horas. Había comenzado la Batalla del Mar de Barents.

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Al iniciarse el duelo artillero, Kummetz tenía una idea poco clara de la situación.

Desconocía la magnífica posición de su fuerza. A las 09-15 horas anotó en el diario de Bitácora : "la visibilidad es muy escasa.

Todo parece confuso. No distingo si me enfrento con amigos o enemigos. Hay a la vista unos diez buques, algunos parecidos a destructores. Nadie me puede asegurar si nuestros destructores destacados se encuentran entre ellos".

Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
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23 Oct 2010 22:05
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Lo cierto era que uno de aquellos destructores se interponía entre el Hipper y el convoy, lanzando una espesa cortina de humo (el Achates, único destructor que dejó Sherbrooke para apoyar a los pequeños buques de guerra de la escolta del convoy) y el crucero pesado alemán maniobró en redondo disparando varias andanadas con muy poca precisión.

Al mismo tiempo, Sherbrooke avistó los disparos del Hipper desde el Onslow y ordenó un ataque simulado de torpedos.

Este era el peligro que siempre había temido Kummetz: "un grave riesgo" que, no obstante, provenía de un enemigo más débil. Se alejó del convoy mientras abría fuego contra el Onslow.

A las 09-57 horas, Kummetz decidió intentar otro ataque con la esperanza de aplastar a los destructores británicos o, al menos, maniobrar para separarlo de su posición interceptora entre el convoy y el Hipper.

El crucero alemán realizó varias fintas contra el Onslow y Orwell (Sherbrooke ordenó al Obdurate y Obedient retroceder hasta el convoy para obstaculizar a los destructores alemanes).

Poco después de las 10-00 horas el Onslow captó un mensaje del Sheffield que anunciaba a Sherbrooke que los dos cruceros de Burnett se aproximaban desde el Sur para apoyarle.

Los dos destructores británicos precisaban desesperadamente ayuda.

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El problema del hielo, en este caso en el HMS Sheffield


El Onslow tenía dos de sus cuatro cañones de 4,7 pulgadas fuera de servicio a causa del frío, lo cual significaba que sus "andanadas" y las del Orwell arrojaban un peso de 220 libras, frente a las 2.200 del Hipper con sus ocho cañones de 8 pulgadas y sus siete de 4,1 pulgadas; desproporción demasiado grande.

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Hipper


Hacia las 10-20 horas el Hipper tuvo al Onslow al alcance de sus cañones y lo devastó con dos certeras salvas, dejando fuera de combate sus cañones e hiriendo al Capitán de navío Sherbrooke, que tuvo de delegar el rnando en el Capitán de corbeta Kinloch, del Obedient.

Kummetz, exactamente igual que Langsdorff en el Graf Spee, después de poner fuera de combate al Exeter en la Batalla del Río de la Plata, hizo lo posible por conseguir la derrota cuando le sonreía la victoria.

Su potencial de fuego era muy superior y su buque se encontraba indemne. Acababa de dañar gravemente a uno de los destructores, obligándole a mantenerse alejado del convoy, y sus cañones se encontraban a la distancia adecuada para eliminar al otro.

En vez de esto, Kummetz, se alejó de nuevo con el Hipper hacia el Nordeste a 31 nudos, desapareciendo entre un chubasco de nieve a las 10-35 horas

Mientras el Onslow combatía contra los incendios y se situaba delante del convoy para orientar a los cruceros de Burnett al lugar de la acción, Kinloch, en el Obedient, con el Orwell y Obdurate, arrumbaba al Sur para alcanzar al convoy, que navegaba al Sureste.

Al poco tiempo surgió una nueva amenaza para los británicos: la corbeta de escolta Rhododendros informó a las 10,45 el avistamiento de buques no identificados por el Sur.

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HMS Rhododendros


El Lützow, con sus tres destructores había logrado situarse a dos millas del convoy sin ser avistado.

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Lützow


Al contrario que Kummetz, el Capitán de navío Stánge, en el Lützow no encontró destructores que le hiciesen frente.

El convoy estaba a su merced, pero el Lützow también se alejó metido en un chubasco de nieve; en su cuaderno de bitácora quedó registrado a las 10-50 horas: "Imposible averiguar si se trata de buques amigos o enemigos a causa de la escasa luz...".

La operación Regenbogen había alcanzado el umbral de su éxito, pero la precaución de Stánge fue fatal, porque al aparecer de nuevo, a las 11,00 horas, se encontró con los destructores de Kinloch entre el Lützow y el convoy.

Durante este período, los cruceros de Burnett se desviaron varias millas en su aproximación al convoy.

La primera desviación se produjo a las 09-00 horas debido a unos contactos radar obtenidos en dirección Norte. Se trataba del pesquero Vizalma que escoltaba un buque rezagado del JW-51-B; Burnett los avistó poco después de arrumbar al Sur. A las 09,55 Burnett vio los fogonazos de la acción de Sherbrooke con el Hipper, pero de nuevo fue distraído por dos misteriosos contactos radar que hubo de investigar arrumbando al Este.

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23 Oct 2010 23:16
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Antes de resolver esta incógnita se vieron otros fogonazos por el Sur del buque de Burnett (el Sheffield).

Eran del Hipper que se cruzó, y puso fuera de combate, con el dragaminas Bramble, destacado para buscar dos buques rezagados del convoy; pero su triunfo fue poco duradero.

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HMS Bramble


Él Sheffield avistó al Hipper a las 10,45, minutos antes de que Kummetz volviese al Sur para intentar aproximarse al convoy y sus escoltas.

En estos momentos el Lützow encontraba al convoy por segunda vez y los destructores de escolta lanzaban cortinas de humo para ocultarlo.

El Hipper vio al Achates, lo hundió y alcanzó al Obedient, destruyendo su caseta de radio, antes de alejarse nuevamente por temor a un ataque con torpedos.

De repente el Hipper se encontró bajo el fuego artillero del Sheffield y Jamaica y Kummetz se vio amenazado por los cruceros, que venían del Norte, mientras sus víctimas anteriores, los destructores, se interponía entre él y el Lützow, situado más al Sur.

Los cruceros británicos abrieron fuego a siete millas de distancia, logrando inmediatamente tres impactos que redujeron la velocidad del Hipper a veintiocho nudos, a causa de la inundación de su compartimento de calderas.

Cinco minutos después, los destructores alemanes cometieron la torpeza de cruzar las derrotas del Sheffield y Jamaica, que les atacaron inmediatamente.

El Friedrich Eckholdt fue hundido y el Richard Beitzen se alejó.

En este intervalo, a las 11-40 horas, el Lützow abrió fuego contra el convoy, averiando ligeramente a un buque mercante antes de que los destructores renovaran las cortinas de humo, que le obligaron a interrumpir el fuego.

A las 11-49 horas Kummetz comunicó a todos los buques alemanes la orden de retirarse.

La batalla del Mar de Barents había terminado, después de combatir confusamente durante cuatro horas.

Kummetz arrumbó hacia el fiordo de Alten perseguido por Burnett, quien a las 14-00 horas suspendió la caza; había oscurecido y era preferible reunirse con el convoy.

Este llegó sano y salvo a Murmansk el 3 de enero

No basta achacar el fracaso de Regenbogen, como hizo Kummetz, a las malas condiciones meteorológicas, porque, después de todo, los británicos también se enfrentaron con ellas.

La inactividad de Sánge con su Lützow en el momento crucial echó abajo el plan.

Incluso Kummetz, que cumplió bien su papel, atrayendo a los destructores británicos con sus repetidas fintas sobre el flanco izquierdo del convoy, cometió el grave error, aunque humano, de no conocer que tenía ganado el combate.

Los británicos lograron una victoria, que le valió la Cruz Victoria a Sherbrooke.

Así pudo decir Tovey "que una fuerza enemiga compuesta al menos por un acorazado de bolsillo, un crucero pesado y seis destructores, con todas las ventajas de la sorpresa y la concentración, haya podido ser mantenida a raya durante cuatro horas por cinco destructores, y alejada de la zona por dos cruceros con artillería de 6 pulgadas".

Pero si se quiere juzgar con justicia a Kummetz, es preciso recordar la restricción fundamental que caracterizó el planeamiento de la operación.

En todo caso, para ser realmente justos debemos admitir que esta precaución no fue peculiar de la marina alemana en la Segunda Guerra Mundial.

Los movimientos de la flota de Dreadnought de Jellicoe, en la Primera Guerra Mundial, estuvieron constreñidos, en forma muy similar, por el eterno temor de perderlos ante los ataques de los torpedos alemanes.

El 31 de diciembre de 1942, Kummetz aprendió una severa lección: que en la ejecución de la operación mejor planeada no pueden eludirse todos los riesgos. El Alto Mando Naval alemán sabía esto muy bien, mas siempre prefirió hacer eco de las precauciones emanadas de Hitler cuando se pensaba en mover la flota.

Quizá, si el único hombre que podía discutir con Hitler sobre estrategia naval, el gran almirante Raeder, hubiese tenido más experiencia en la mar, durante los primeros años de su carrera, sus argumentos hubiesen tenido más peso y la historia de la flota habría sido distinta.

Como era de esperar, las repercusiones del combate del Mar de Barents fueron desastrosas para Raeder y su flota.

Este fracaso no pudo ocurrir en peor momento. Rommel, amenazado por el Este y el Oeste, se retiraba a lo largo de la costa norteafricana hacia la Línea Mareth.

Los aliados se anticiparon por escaso margen en la conquista de Bizerta y Túnez.

Paulus y su Sexto Ejército estaban cercados en Stalingrado, cientos de kilómetros detrás de las líneas avanzadas rusas.

Y por si esto no bastaba, la flota de superficie, en vez de interrumpir los convoyes a Rusia, había hundido un dragaminas y un destructor, a cambio de perder un destructor propio y regresar ignominiosamente a puerto sin ofrecer más que las huellas de los impactos recibidos en el combate.

Sin atender razones, Hitler estalló promulgando uno de los decretos más estremecedores de toda la guerra.

La flota nunca ha merecido tener lo que vale; se le dio una última oportunidad y no consiguió más que un humillante fracaso; toda la flota de superficie debía por lo tanto ser reducida a chatarra, solamente se respetarían los buques de tamaño de un destructor y menores, y sus cañones, dotaciones y corazas, en la medida que fuesen aprovechables, formarían parte de las defensas de la "Muralla del Atlántico".


Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
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23 Oct 2010 23:28
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Erich Raeder defendió por última vez, en su calidad de comandante en jefe, la flota que él había creado, implicada prematuramente en una guerra, y que nunca se le permitió usar con todo su potencial.

Preparó un exhaustivo memorándum haciendo resaltar el carácter disuasor de la flota.

Demostró que el desmantelamiento de la flota ofrecería a los aliados una victoria estratégica que les permitiría utilizar libremente sus poderosas escuadras, en acciones mucho más decisivas, en cualquier parte.

Confiando en la fascinación que sentía Hitler por el material militar y los datos estadísticos, Raeder expresó en números lo que exactamente se ganaría haciendo desaparecer la flota: los servicios de 8.800 oficiales y personal subalterno (el 14 por ciento del personal de la Marina) y 125.000 toneladas de buen acero (la veinteava parte de las necesidades mensuales del Reich).

Con los cañones de la flota se podían armar unas quince baterías; pero la primera no estaría lista antes de un año: ""El precio de nuestros grandes buques de guerra será una victoria ganada por nuestros enemigos sin ningún esfuerzo por su parte".

Raeder con Hitler en el Alto Mando de las Fuerzas Armadas. Hitler nunca entendió realmente la estrategia de Reader y el fracaso del mar de Barents demostró ser fatal.

La respuesta de Hitler sólo acumuló insultos a las injurias.

La flota, replicó, siempre consideró con temor las posibilidades de combatir.

Se mofó categóricamente: "El Ejército no sigue este principio.

Como soldado, el Führer exige que, cuando las fuerzas se empeñen en la acción, se combata hasta llegar a una decisión".

Contra un argumento tan fútil era inútil que Raeder señalase que el llamado temor de la flora era simplemente una fiel transcripción de los propios temores que sentía el Führer cuando se hacían a la mar los grandes buques.

No tuvo más remedio que jugar su última carta: resignación. Hitler acusó el golpe pero rehusó retractarse de su decisión; el 30 de enero de 1943 el gran almirante Erich Raeder dejó de ser comandante de la Marina alemana.

Para sucederle, Hitler designó a Karl Doenitz, el único almirante que, para él, contribuyó considerablemente a la guerra en el mar, con su trabajo como comandante del arma submarina.

Quizá el mayor defecto de Raeder fuese su mayor virtud: su falta de habilidad para captarse la confianza del Führer y su alejamiento de las mezquinas luchas internas en la corte de políticos nazis.

Fue un error en el que no cayó el nuevo gran almirante, Doenitz.

Ganada la confianza de Hitler con los éxitos logrados por sus submarinos, Doenitz estaba decidido a conservarla mediante su influencia personal a base de charlas y reuniones periódicas con el Führer.

Lo hizo tan bien que se convirtió en uno de los miembros de mayor confianza del "círculo íntimo" de los líderes del Tercer Reich; con el tiempo sería designado por Hitler para sucederle.

Sin embargo, Doenitz supo mantenerse por entero dentro de su campo profesional cuando se hizo cargo de la Marina alemana.

Uno de sus primeros logros fue evitar el sacrificio de la flota de superficie decidida por Hitler.

Se salió de toda clase de argumentos para convencerle de que se podía disminuirla pero no liquidarla; a las tres semanas de ser comandante en jefe consiguió los propósitos ante los que Raeder había fracasado: la flota quedó indultada.

Se dieron de baja para el servicio los viejos acorazados pre-Dreadnougt, Schlesien y Schleswig-Holstein.

Igual suerte corrieron el averiado Hipper, que no sería reparado después de la batalla del Mar de Barents, y algunos cruceros ligeros.

Se abandonó el plan de construcción de portaviones, quedando suspendidos los trabajos que se realizaban en el Graf Zeppelin y Seydlitz.

El Lützow, Scheer y Prinz Eugen serían utilizados en el Báltico, principalmente con fines de adiestramiento.

Pero el Scharnhorst, reparado de las averías sufridas durante la Incursión del Canal y segundo buque de la flota, en cuanto a potencial, combativo, sería enviado al Norte para unirse al Tirpitz y crear una amenaza disuasoria sobre los convoyes de Rusia.

Si Hitler hubiera proseguido su plan, los aliados habrían logrado el dominio inquebrantable en la guerra en el mar.

Todo el potencial de la Flota Metropolitana se emplearía en la lucha contra los submarinos en el Atlántico y los convoyes a Rusia continuarían sin temor a ser molestados.

Doenitz evitó que esto se convirtiese en realidad.



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23 Oct 2010 23:35
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Nuevo mensaje Re: Las últimas Batallas de la Kriegsmarine
A finales de marzo de 1943, los reconocimientos aéreos británicos localizaron en aguas del Norte la escuadra de combate más poderosa que disponían los alemanes: el Tirpitz, Lützow y Scharnhorst', un acorazado, un acorazado de bolsillo y un crucero de batalla, que sumaban un potencial artillero de ocho cañones de 15 pulgadas y quince de 11 pulgadas; todos en el fiordo de Alten.

Esta formidable concentración sirvió para persaudir al Almirantazgo en su idea de suprimir los convoyes de Rusia durante los meses de verano de 1943.

Esta idea no se apoyaba en las pérdidas sufridas por los ataques enernigos; al contrario, los convoyes rusos del invierno 1942-43 efectuaron sus travesías con éxito.

Los convoyes JW-52, RA-52, JW-53 y RA-53 llevaron, de ida a Rusia, treinta y cinco buques, y treinta y seis de regreso; además cuatro mercantes rusos realizaron navegaciones independientes.

La Luftwaffe y los submarinos solamente lograron hundir cuatro buques; otro se perdió a causa del mal tiempo.

También se perdieron dos buques en navegación independiente.

Pero la suspensión de los convoyes a Rusia era incuestionable, porque la Batalla del Atlántico alcanzaba un punto álgido y los convoyes oceánicos precisaban mayor número de buques de escolta, que solamente se podían conseguir a expensas de los que se utilizaban en la ruta de Rusia.

Churchill informó a Roosevelt: "El hundimiento de diecisiete buques en el Atlántico Norte, en dos días (17 y 19 de marzo), de los convoyes HX-229 y SC-122, es una prueba evidente de que escasean nuestros escoltas en todas partes.

Los esfuerzos que recae sobre la Marina británica se hace insoportable".

Los escoltas solamente podían obtenerse a costa de la Flota Metropolitana; y si los convoyes a Rusia navegaban sin escolta adecuada durante el verano, recortándose su silueta sobre los hielos a la luz del sol de medianoche, los resultados podían ser peores que los del PQ-17.

La escuadra que los alemanes habían concentrado en el Norte requería toda la vigilancia de la Flota Metropolitana, tanto para prohibirle que irrumpiera en el Atlántico, como para evitar que atacara a los convoyes de Rusia.

En consecuencia, Churchill tomó su decisión. En un telegrama dirigido a Stalin el 30 de marzo, anunció la supresión de los convoyes, resignándose a sufrir el torrente, poco diplomático, de reproches y sarcasmos que llovieron desde Moscú durante los cinco meses siguientes.

Los grandes combates del Frente Oriental en el verano de 1943 se resolvieron, pues, sin que Rusia recibiese nuevas armas ni suministros a través de la ruta del Ártico; mientras, la escuadra alemana permanecía ociosa en sus fondeaderos del fiordo de Alten, sin tener que preocuparse de atacar convoyes.

En este período se introdujeron dos cambios importantes en los respectivos altos mandos de alemanes y británicos.

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Almirante Karl Döenitz


Doenitz dio más fluidez a la embarazosa cadena de mando que ligaba al Almirantazgo alemán con el comandante de la flota; para esto se unificó el puesto de comandante de la Zona Marítima del Norte con el de comandante en jefe Naval del Grupo Norte.

En lo sucesivo, el competente almirante Schniewind, que ocupaba este último puesto en Kiel, comunicaría sus órdenes directamente al almirante Kummetz apostado en el fiordo de Alten.

A su vez los británicos designaron nuevo comandante en Jefe de la Flota Metropolitana al almi¬rante sir Bruce Fraser, segundo del almirante Tovey, al que relevó el 8 de marzo de 1943.

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Almirante Bruce Fraser


Tovey tuvo que realizar un trabajo ingrato con fuerzas casi siempre insuficientes.

Durante dos años y medio cubrió los accesos del Atlántico Norte y protegió los convoyes a Rusia, agobiado por la escasez de medios incluso cuando los políticos le ponían trabas y le dificultaban sus cometidos.

Su mayor hazaña, digna de perpetuar su nombre, fue la conducción de las fuerzas que dieron caza al Bismarck en mayo de 1941.

Mas no fue menos importante el hecho de que al dejar su mando, entregó una flota perfectamente adiestrada y en magníficas condiciones combativas.

Su sucesor, Fraser, resultó un digno heredero, experimentado en sobreponerse a las dificultades de su cometido y capaz de utilizar admirablemente el arma que se le transmitió.

En 1943 terminó para los alemanes la guerra al comercio que efectuaban los corsarios de superficie en alta mar.

El 10 de febrero los británicos detectaron el mercante armado Togo, que navegaba hacia el Canal fuertemente escoltado.

Las baterías de Dover abrieron fuego contra él sin resultado, pero los bombarderos Whirlwind le alcanzaron con una bomba que le obligó a entrar en Boulogne.

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Westland Whirlwind

Durante su regreso a Alemania, en Dunkerque, recibió el impacto de otra bomba pero pudo entrar en Kiel el 2 de marzo.

Como el Togo no intentó de nuevo desafiar las defensas del Canal, solamente quedaba en la mar un corsario: el Michel, en el Pacífico.

El mismo día que el Togo regresaba a Kiel, el Michel, fondeaba en Kobe, en el Japón, después de una corta estancia en Batavia y Singapur. Inició un nuevo crucero en mayo arrumbando al Sur, en busca de aguas indonesias, donde hundió dos mercantes antes de dirigirse al Pacífico.

El 11 de septiembre echó a pique la última de sus víctimas, el petrolero noruego India, cerca de la Isla de Pascua.

El 18 de octubre, faltándole tres días para llegar a Yokohama, fue enviado al fondo por el submarino norteamericano Tarpon.

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USS Tarpon


La suerte del Michel es una muestra de la eficacia del arma submarina norteamericana, que prácticamente aniquiló la flota mercante japonesa en el Pacífico a cambio de unas pérdidas desdeñables de submarinos; un contraste sobrecogedor con las manadas de lobos de los submarinos alemanes en el Atlántico.

El corsario alemán estuvo en la mar desde marzo de 1942; consiguió hundir diecisiete buques con un total de 121.994 toneladas, la mayor parte en el Atlántico Sur. Con la desaparición del último corsario oceánico de superficie, la Flota de Alta Mar de Hitler solamente podía hacer acto de presencia en el Ártico.


Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
Imágenes: anteriores fuentes, más Bundesarchiv, Naval-history, Picasa y Wikipedia

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Nuevo mensaje Re: Las últimas Batallas de la Kriegsmarine
En otoño de 1943, el Scharnhorst era considerado, con el crucero pesado Prinz Eugen, como uno de los buques grandes de guerra que gozaba de mayor suerte.

Se salvó de la campaña de Noruega, de dos cruceros por el Atlántico, de un año de bombardeos de la RAF en Brest, de la Incursión del Canal y de los ataques que sufrió en el astillero; a finales de septiembre de 1943, la suerte le salvaría de nuevo.

El 8 de septiembre tuvo lugar la última salida realizada por la flota de combate alemana en la Segunda Guerra Mundial.

El Tirpitz, Scharnhorst y diez destructores abandonaron el fiordo de Alten para destruir las instalaciones terrestres de Spitzberg.

Esta fue la única ocasión en que puede decirse que el Tirpitz hizo fuego con sus cañones de 15 pulgadas "con furia".

Ambos buques regresaron con sus escoltas al fiordo de Alten al finalizar este dudoso hecho de armas.

Esta especie de prácticas de tiro del Scharnhorst contra defensas inmóviles, resultaron tan poco afortunadas que su comandante insistió en efectuar posteriores ejercicios, a pesar de la gran escasez de combustible; y mientras el crucero de batalla se hallaba alejado de su fondeadero, realizando ejercicios de tiro, los submarinos enanos británicos penetraron durante la noche del 22 de septiembre en el fiordo de Alten decididos a hundir la escuadra alemana.

Los submarinos enanos lograron un éxito a cambio de grandes pérdidas.

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Submarino clase X


El Lützow cambio de fondeadero después del último reconocimiento y no pudo ser localizado; el Scharnhorst estaba en la mar realizando ejercicios pero el Tirpitz resultó gravemente averiado e inmovilizado por cuatro cargas explosivas.

Ninguno de los tres submarinos enanos, que lo¬graron atravesar las redes defensivas para atacar el Tirpitz, regresó a Gran Bretaña, pero cumplieron su misión.

El Tirpitz no podría estar reparado antes de abril, en el mejor de los casos.

El 23 de septiembre el Lützow abandonó el fiordo de Alten y se dirigió al Báltico para efectuar reparaciones.

Se producía un cambio dramático en el equilibrio naval del Lejano Norte, que abrió un nuevo capítulo en la historia de los convoyes del Ártico.

Moscú lanzó otra salva de demandas de suministros solamente veinticuatro horas antes de atacar los submarinos enanos en el fiordo de Alten, con lo cual, por una vez, los requerimientos de la diplomacia británica eran compatibles con la estrategia naval.

Más la diplomacia hubo de trabajar durante un mes para que Churchill pudiese convencer a Stalin que Gran Bretaña no podía obligarse a un sistema programado de convoyes ni a enviar un volumen determinado de suministros.

El 15 de noviembre partió hacia Rusia el convoy JW-54-A, seguido una semana más tarde por el JW-54-B; ambos llegaron a su destino sin novedad.

El almirante Fraser se impacientaba por la amenaza que significaba el Scharnhorst y decidió acomparar al convoy siguiente, el JW-55-A, a lo largo de la derrota de Murmansk, con su escuadra de combate; decisión sin precedentes en la historia de los convoyes a Rusia.

El convoy llegó a su destino sin que surgiese amenaza del fiordo de Alten. Fraser abandonó la bahía de Kola el 18 de diciembre, después de dos días de estancia en aguas rusas, y regresó sin ningún contratiempo.

Pero con la reanudación de los convoyes a Rusia, Doenitz apoyado por Schniewind y Kummetz, estaba decidido a enviar contra ellos al Scharnhorst. Schniewind, en realidad, ya había dicho el 16 de abril: "Los comandantes de la Fuerza Operativa del Norte no deben dudar que el principal fin de sus buques es combatir".

No obstante, este espíritu no podía eliminar las dificultades que Doenitz y sus compañeros almirantes, tan sobradamente por experiencia: malas condiciones meteorológicas, superioridad del radar británico, el peligro del ataque de los destructores de la escolta cercana, y el deficiente apoyo de la Luftwaffe.

Se dudaba si la primera incursión debería ser realizada por destructores solos, o si el Scharnhorst debería participar también.

El almirante Kummetz era el hombre de mayor experiencia en estos problemas, pero a primeros de noviembre se le dio "permiso indefinido", reemplazándole en su cargo el comandante en jefe del Grupo de Combate el contralmirante Erich Bey, hasta entonces comandante de los destructores.

Bey adquirió la mayor parte de su experiencia de guerra al mando de estos buques y pensaba que los ataques a los convoyes de Rusia deberían efectuarse al estilo en que atacaban los destructores.

Creía firmemente en la suerte y en la oportunidad de la ac¬ción (que no le fue demasiado propicia en el segundo combate de Narvik, donde sus destructores fueron batidos).

Ocupó su nuevo puesto después de la aventura del Scharnhorst en Spitzberg y no tuvo tiempo de organizar su trabajo ni de adiestrar a sus artilleros. No obstante, sería Bey quien conduciría el Grupo de Combate cuando el primer convoy aliado estuviese a su alcance.

El 19 de octubre, Doenitz informó a Hitler que el Scharnhorst podría atacar en la primera oportunidad.

Al día siguiente la futura víctima se puso en camino: el convoy JW-55-B, compuesto por diecinueve mercantes escoltados por diez destructores.

Los británicos siguieron el mismo plan anterior:

Fraser seguiría al convoy que se dirigía a Rusia con su flota de combate, mientras los cruceros de Burnett, Sheffield, Belfast y Norfolk escoltarían al de regreso, RA-55-A, que salió de Murmansk el 23.

Fraser "tenía el gran presentimiento de que el Scharnhorst trataría de atacar" en esta ocasión y se mantuvo tan próximo al convoy como pudo, sin delatar su presencia.

En el campo contrario, el 22 de diciembre, el Alto Mando Naval alemán dio la orden de alerta al Grupo de Combate al ser avistado el JW-55-B; parece que previo un ataque relativamente fácil contra el convoy. Pronto se desengañaría.

Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
Imágenes: anteriores fuentes, más Bundesarchiv, Naval-history, Picasa y Wikipedia

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Nuevo mensaje Re: Las últimas Batallas de la Kriegsmarine
En la mañana del día de Navidad, el constante seguimiento del JW-55-B por parte de la Luftwaffe, comparado con la tranquila navegación del RA-55-A, que aún no había sido detectado, demostró la evidencia de que aquél iba a ser atacado.

Fraser reforzó la escolta del JW-55-B con cuatro destructores del RA-55-A, que quedó compuesta por catorce buques de esta clase, y ordenó que arrumbara más al Norte.

A las 14-00 horas del mismo día, Doenitz dio la orden de iniciar la operación Ostfront (Frente Oriental); clara prueba de que la salida del Scharnhorst formaba parte vital de la Gran Estrategia alemana, en una pretensión de aliviar la presión sufrida por sus ejércitos en Rusia (programa optimista, si es que ciertamente lo hubo).

Doenitz afirmó posteriormente que ordenó salir a Bey porque el convoy "no podía tener esperanza de escapar". El método de ataque se dejó al criterio de Bey.

Parecía que, por primera vez, en esta ocasión se respetaba la libertad de iniciativa; pero a las pocas horas de hallarse Bey en la mar recibió, igual que Kummetz doce meses antes, un mensaje del Alto Mando Naval. Debería "explorar osadamente la situación táctica", pero "romper el contacto si se encontraba con fuerzas superiores", y conducir la operación de acuerdo con una "información exacta sobre el enemigo"; información que faltaría a los alemanes durante las siguientes veinticuatro horas.

Al contrario que Kummetz, Bey no tenía la experiencia de coordinar los movimientos de los buques de línea con las escuadrillas de destructores en las difíciles condiciones del invierno ártico.

Es muy incierto que tuviese en su mente un plan para distraer a los buques de escolta, mientras se atacaba a los mercantes desde otra dirección. Es interesante destacar que hubo de retrasarse la salida para dar tiempo a que Bey trasladase su insignia al Scharnhorst, lo cual indica que no esperaba la participación del crucero de batalla en la operación.

A las 19-00 horas del 25 de diciembre, el Scharnhorst se dirigía hacia el Mar de Barents con una fuerza de cinco destructores.

Bey arrumbó al Norte a veinticinco nudos. El tiempo era malo, mas con la mar de popa sus buques podían avanzar a buena velocidad.

A medianoche Bey cometió el primero de una serie de fatales errores de cálculo: rompió el silencio radio para comunicar las condiciones meteorológicas y futuros movimientos; emisión que fue captada de inmediato por los británicos.

A las 03-39 horas del 26, Fraser recibía la noticia de que el Scharnhorst estaba en la mar.

En este momento, Bey se encontraba a unas 100 millas del convoy, navegando al Norte; Fraser a 200 millas de distancia, con rumbo Este; y los cruceros de Burnett a 150 millas arrumbados al Oeste. El JW-55-B se encontraba en una posición crítica, dado que la escuadra de Bey se dirigía hacia él a rumbo convergente.

A las 06-28 horas, Fraser ordenó al convoy que arrumbara al Nordeste para Dificultar al Scharnhorst su búsqueda. Pero Bey se encontró con nuevas dificultades.

El Servicio de Inteligencia alemán no había podido captar ninguna de las comunicaciones en que Fraser preguntaba a Burnett y al convoy sus respectivas posiciones.

Bey operaba, pues, a base de informaciones atrasadas o erróneas. En un informe emitido a las 15-10 horas del día anterior, se le comunicó que no existían buques enemigos dentro de un radio de cincuenta millas del convoy.

Bey debió darse cuenta que estos informes eran atrasados y que en las condiciones de tiempo reinantes eran de escaso valor; pero no tenía otra base para planear su táctica.

Su segundo gran error lo cometió a las 07-00 horas, cuando arrumbó al Sudoeste y ordenó a sus destructores que se situasen por su proa para buscar al convoy.

En realidad hubo una combinación de errores.

Los destructores, conducidos por el Capitán de Navío Johannesen, a bordo del Z-29, luchaban contra la mar de proa, que les redujo la velocidad a diez nudos, y Bey esparcía su fuerza en unas condiciones de gran incertidumbre.

A pesar de todo aún estaba en buena posición para proseguir la búsqueda, ya que se hallaba entre los cruceros de Burnett y el convoy.

Fuentes: Bibliografía: La Flota de Alta Mar de Hitler, Editorial San Martin, por Richard Humble. // Volumen V, De Trafalgar a Nuestros Días, editorial Delta. // La Guerra Naval en el Atlántico, editorial Juventud, por Luis de la Sierra
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A las 08-20 horas, arrumbó de nuevo al Norte sin informar a sus destructores. Navegaba a rumbo convergente con Burnett y la distancia disminuía rápidamente.

A las 08-40 horas sucedió lo inevitable: el Scharnhorst fue detectado por el radar del Belfast a diecisiete millas y media de distancia; la fuerza de Burnett prosiguió acortando distancias. A las 09,21 el Sheffield avistó al crucero alemán a seis millas y media.

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HMS Belfast


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Batalla de Cabo Norte, último combate del Scharnhorst, 26 de diciembre de 1943


La Batalla del Cabo Norte comenzó a las 09-29 horas, al abrir fuego los cruceros de Burnett contra el crucero de batalla alemán; pero solamente el Norfolk logró dos impactos con sus cañones de 8 pulgadas, antes de que Bey, arrumbara a Sureste con el Scharnhorst, para caer de nuevo al Norte en un intento de eludir la fuerza británica.

Burnett, sabiendo que se aproximaban cuatro destructores de la escolta del convoy para unirse a él, gobernó para interponer sus cruceros entre el Scharnhorst y el convoy.

Bey fue cogido completamente por sorpresa y sobreestimó el potencial británico. Cañón por cañón, pudo sembrar la destrucción en los cruceros ligeros de Burnett con escaso riesgo; aunque es posible que los malos resultados artilleros logrados en Spitzberg le hiciesen eludir el duelo.

Tampoco disponía del potencial de fuego de sus cinco destructores, todos armados con cañones de 5,5 pulgadas, que le habrían favorecido en la acción artillera. Por eso les ordenó que se dirigieran al Nordeste, para que se le incorporaran, mientras el Scharnhorst continuaba buscando al convoy.

En un admirable alarde de coordinación y sentido marinero, la fuerza de Burnett se dirigió a toda velocidad hacia el convoy para formar una cortina a diez millas por su proa.

Esta maniobra modificó la situación a favor de los británicos, porque la fuerza la Burnett era ahora el poderoso resorte de una trampa, con el convoy como señuelo, hacia la que se dirigía el Scharnhorst.

Fraser se había apercibido de que no era probable interceptar con éxito al crucero de batalla alemán, a menos que éste se enfrentase con la fuerza de Burnett; si Bey persistía en sus intentos de atacar al convoy, contaría con medios suficientes para hacerle frente.

Sin embargo, Bey cometió su cuarto error. A las 11-58 horas, perdió la última oportunidad de concentrar su fuerza al ordenar a los destructores que reanudaran la bús-queda del convoy.

De nuevo, los destructores de Johannesen dieron la vuelta para navegar pesadamente hacia el Oeste.

En estas condiciones, a las 12-05 horas el radar del Belfast detectó nuevamente al Scharnhorst.

En esta ocasión las posiciones habían cambiado; los buques de Burnett estaban al Oeste de Bey y los cruceros británicos abrieron fuego a las 12-21 horas.

El Scharnhorst se desvió nuevamente impidiendo que los destructores británicos efectuaran un ataque con torpedos; hubo un intercambio de fuego, durante veinte minutos, en el que el Norfolk llevó la peor parte. Recibió dos impactos de 11 pulgadas que pusieron fuera de combate una de sus torres y destrozaron sus equipos de radar, quedando solamente uno en condiciones de funcionar.

A las 12-41 horas, Burnnet inició la persecución con sus buques.

En esta segunda acción Bey sufrió nuevamente las consecuencias de mantener alejados sus destructores; por si esto fuera poco, adoptó el mejor rumbo que Fraser podía desear para interceptarlo; Sur-Suroeste a veintiocho nudos de velocidad.

Bey pudo haber afrontado la amenaza de la fuerza de Burnett de dos formas: con el duelo artillero para obligar a los cruceros británicos que se mantuviesen fuera del alcance de las andanadas del Scharnhorst o aproando a la mar gruesa, a la mayor velocidad posible, para que los cruceros británicos, más ligeros, se quedasen rezagados.

Pero no adoptó ninguna de ambas soluciones.


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Así, sucedió lo inevitable para que Fraser tuviese una buena oportunidad de interceptar al Scharnhorst.

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Scharnhorst.


Bey recibió un mensaje del Grupo de la Luftwaffe de Lofoten que repetía el informe de un reconocimiento efectuado tres horas antes: varios buques pequeños y un buque pesado habían sido localizados al Oeste. La repetición, sin embargo, omitió cualquier referencia respecto al buque pesado.

Si Bey había sido advertido de que se aproximaba un acorazado desde el Oeste, pudo actuar en consecuencia, más permaneció confiadamente navegando al Sudeste. Sus destructores seguían navegando al Oeste; pasaron a diez millas del convoy alrededor de las 13,00 horas, pero siguiendo buscándole hasta que a las 14,18 les ordenó que se dirigiesen al fiordo de Alten.

Había cancelado la exploración contra el JW-55-B; nuevamente fracasaba la amenaza de la Kriesgmarine en su intento de atacar los convoyes rusos; y el Scharnhorst quedaba abandonado a su suerte.

A las 16-17 horas, el Duke of York, situado veinte millas al Sudoeste, detectaba por primera vez con su radar al Scharnhorst, con la cual la posición de éste era señalada y seguida desde dos buques distintos.

El radar de la artillería del Duke of York comenzó a seguirlo a las 16-32 horas, a catorce millas de distancia.

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HMS Duke of York


A las 16-50 horas el Belfast disparó una salva de proyectiles iluminantes para alumbrar al Scharnhorst, que inmediatamente cayó bajo el fuego del Duke of York y Jamaica.

La Batalla del Cabo Norte entraba en su última fase, con la sorpresa de Bey por hallarse ante un grupo de combate enemigo.

La fuerza de cruceros y destructores de Burnett le flanqueaba por su izquierda impidiendo que cayera en esta dirección. En esta situación, navegando hacia las costas noruegas, el Scharnhorst comenzó a disparar contra el Duke of York con sus cañones de 11 pulgadas, con una precisión incómoda para los británicos.

El combate se convirtió en una caza; pero aún existía la tenue posibilidad de que la superior velocidad del Scharnhorst le permitiese eludir a Burnett y chasquear a Fraser.

Los destructores de Burnett se iban quedando retrasados y el Jamaica dejo de hacer fuego porque su enemigo quedó fuera de su alcance artillero.

Pero las trayectorias de los proyectiles de 14 pulgadas del Duke of York se centraron mortíferamente sobre su blanco.

Dos torres de 11 pulgadas y una de 5,9 pulgadas del Scharnhorst quedaron destrozadas; a continuación, a las 18-20 horas, un impacto de 14 pulgadas penetró en la cámara de calderas número 1, cortó una tubería de vapor y dejó sin fuerza motriz a sus turbinas.

La falta de velocidad permitió aproximarse a los destructores, pero su potencial artillero, igual que en el último combate del Bismarck, era aún formidable.

Acertó dos impactos de 11 pulgadas en los palos del Duke of York, que dejó de hacer fuego a las 18-24 horas; la misma hora en que Bey comunicaba a su Führer "lucharemos hasta el último proyectil".

En estas circunstancias llegó la ocasión de actuar los destructores británicos Savage, Saumarez y Scorpion, y el noruego Stord. Desafiando al poderoso armamento secundario, de 5,9 pulgadas, del Scharnhorst, se aproximaron tanto que un asombrado marinero de Scorpion exclamó: "¡Sacar las estachas y las defensas que vamos a atracarnos a ese bastardo!".

Las maniobras del Scharnhorst no le valieron para eludir sus ataques; cuatro torpedos hicieron explosión en él, obligándole a disminuir más aún la velocidad.

En esta ocasión los destructores hicieron el mismo papel que cumplieron los Sworfish del Ark Royal en el hundimiento del Bismarck en 1941: averiarlo gravemente para que los acorazados se aproximaran y lo destruyesen.

A las 19-01 horas, el Duke of York, secundado por el Jamaica, abrieron de nuevo fuego a cinco millas de distancia.

En los últimos momentos del combate, el Scharnhorst se vio rodeado por cruceros y destructores y machacado despiadadamente por los proyectiles de 14 pulgadas.

Las dotaciones británicas observaron repetidos impactos, llamaradas y explosiones, entre el humo que cubría al moribundo buque de guerra.

A las 19-30 horas aún funcionaban sus máquinas y navegaba a cinco nudos de velocidad; pero sufría un castigo tan tremendo que ninguno de sus cañones podía apuntar sobre sus verdugos.

Se hundió alrededor de las 19-45 horas, tras una tremenda explosión.

En el transcurso del combate se lanzaron contra él cincuenta y cinco torpedos, de los que once hicieron blanco.

De una dotación de 1.839 hombres, incluidos cuarenta guardiamarinas, que realizaban su primer crucero de adiestramiento de guerra, solamente se salvaron treinta y seis, rescatados por los británicos.

Los errores que condujeron a la pérdida del Scharnhorst en la Batalla de Cabo Norte, pueden explicarse, en parte, por la permanente falta de información exacta con que se encontró Bey; no obstante, él sabía las limitaciones en que realizó la navegación y debió tenerlas en cuenta para no llegar a una situación en la que su buque careciese de escapatoria.

Por su parte, los almirantes británicos combatieron aplicando una táctica flexible, que les mereció una recompensa.

Sus buques victoriosos prosiguieron la navegación con el convoy JW-55-B, llegando a Murmansk el 27 de diciembre.

Este combate, no solamente fue el último en que se enfrentó la Kriesgmarine de Alta Mar con la Royal Navy, sino también la última vez en que los acorazados lucharon al estilo de Jutlandia; sin la participación de aviones, excluyendo las exploraciones preliminares.

Al desaparecer el Scharnhorst, toda la atención se centró en el último acorazado de la flota alemana, inmovilizado escondido, pero con potencial suficiente para obligar a mantener concentrada una flota británica por el mero hecho de su existencia: el Tirpitz, el "Rey Solitario del Norte".

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com