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 El Ultimo Ilustrado 
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Queridos amigos:

Me permito, dentro del Subforo, y con este título, abrir un nuevo Tema, que, aunque centrado en la figura de mi ilustre paisano, servirá (quizás) para reflexionar sobre lo acontecido a su alrededor, durante aquellos años en los que vio dolorosamente cómo se esfumaban sus sueños de modernidad y de avances, en el torbellino de la marea que venía del norte y la tormenta desatada en el solar patrio.

Decía de Jovellanos uno de sus biógrafos (Juan Agustín Ceán Bermúdez):

<<...Era de estatura proporcionada, más alto que bajo, cuerpo airoso, cabeza erguida, piel blanca, ojos vivos, piernas y brazos bien hechos, pies y manos finos.

<<Pisaba firme y decorosamente por naturaleza, aunque algunos creían que era por afectación. Era limpio y aseado en el vestir,sobrio en el comer y beber, atento y comedido en el trato familiar, al que arrastraba con voz agradable y bien modulada, con una elegante persuasiva todas las personas de ambos sexos que le procuraban. Y, si alguna vez se distinguía con el bello, era con las de lustre, talento y educación.

<<Era, sobre todo, generoso, magnánimo y pródigo en sus facultades; religioso sin preocupación, ingenuo y sencillo, amante de la verdad, el orden y la justicia; firme en sus resoluciones, pero siempre suave y benigno con los desvalidos.

<<Constante en la amistad, agradecido a sus bienhechores, incansable en el estudio y duro y fuerte para el trabajo...>>


El 5 de Abril de 1808, Fernando VII y, en su nombre, el capitán general del castillo de Bellver, en Mallorca, sede del (¡último?) destierro del patricio asturiano, entregó a Jovellanos la real orden de liberación, así como a todos los que, por una u otra razón política, se encontraban privados de libertad.

Sin embargo, Don Gaspar envió una representación al rey, enla que pedía que se el juzgase, si era necesario, a fin de dejar totalmente limpio su nombre y suficientemente probada su inocencia. La representación llegó tarde a Madrid porque Fernando había salido para Burgos el día 10 de ese mismo mes de Abril, con el fin de recibir a Napoleón.

Nadie hizo justicia, pues, a Jovellanos, quien, abandonando Bellver, se dirigió a la cartuja de Valldemosa, para <<dar gracias a Dios por su libertad e implorar su protección en favor del nuevo rey>> del que, sin duda tenía buenas esperanzas (por aquel entonces).

El tiempo se encargaría de quitárselas una tras otra.

Un saludo cordial, queridos amigos.

______________________________
Se muestra, a continuación, el enlace para acceder a la Biografía de Jovellanos, resumen de una Conferencia pronunciada por nuestro compañero Amenofis. viewtopic.php?f=46&t=6203

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2º Secretario General del Foro.
Insignia en el navío: Resurrección R. O. del 27 de abril de 2008.
"Todo lo hemos perdido, mi querido Lord:
Estado, honor, patria, existencia..."

(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


08 Jun 2008 22:13
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Jovellanos, de regreso a la península, tras su destierro en Mallorca, desembarca en Barcelona, con la memoria triste y el temor en el alma, tras las noticias sobre el dos de mayo.

Tiene ánimo suficiente, no obstante, para visitar la catedral, tras su desembarco (como hombre ilustrado que es y será, hasta el final) y admirar su trazado gótico, estableciendo comparaciones con la de <<nuestra Mallorca>>.

En la primavera de 1808, don Gaspar ya ha cumplido los sesenta y cuatro años y se considera un viejo: Probablemente lo es, tras el cúmulo de persecuciones al que ha sido sometido.

Al paso por Zaragoza, Palafox desea retenerle a su lado, como buen consejero, ante los difíciles días que se avecinan, pero al notar su salud tan quebrantada, decide permitirle partir con una escolta y pasaporte, hasta las afueras de la ciudad.

Llega a la casa de su amigo Arias Saavedra, en la ruta hacia Jadraque, en Guadalajara, donde se cruza con grupos de soldados, en retirada y reagrupamiento, en dirección hacia Aragón, tal vez con la intención de unirse a las fuerzas de Palafox.

El primero de Junio de 1808, llega por fin a la casa de su amigo, donde espera poder descansar y recuperar sus menguadas fuerzas.

Al día siguiente, dirige esta carta a Sebastián Piñuela Alonso, vocal de la Junta de Gobierno, cuyo presidente es nada menos que Joaquín Murat, Gran Duque de Berg y cuñado de Napoleón.

<<Jadraque, 2 de Junio de 1808

Excelentísimo señor:

<<Después de doce días de navegación y viaje, tan penosos y llenos de zozobra que agravaron más y más el mal estado de salud con el que salí de Mallorca, con una tos tenacísima que apenas me deja reposar día ni noche, llegué ayer tarde, ansioso de tomar algún descanso, para después pasar a beber las aguas de Trillo o buscar otros medios para mi restablecimiento.

<<En este estado, me halló esta madrugada la orden del Serenísimo señor Gran Duque de Berg, lugarteniente general del Reino, que V.E. me comunica con fecha de ayer para que pase inmediatamente a presentarme a Su Alteza Imperial y Real; a la cual no he respondido al punto porque trayendo el posta otro pliego para mi buen amigo don Juan Arias Saavedra, ausente en Cifuentes y a quien esperábamos en el día, me pareció conveniente detener el posta para que, recibido que hubiese Arias su pliego, pudiese llevar la respuesta de entrambos, como hace ahora.

<<En cuanto a mí, hallándome en estado tan débil de salud, que ni puedo continuar mi viaje ni ser útil para ninguna especie de servicio mientras no la repare y, persuadido además a que, después de los siete años de horrible opresión y sufrimiento que la han menoscabado, no se me negará el alivio de cuidarla y restablecerla para consagrarla al servicio del público, lo expongo a Vuestra Excelencia, lleno de confianza, a fin de que me ayude a conseguirlo.

<<En consecuencia, ruego encarecidamente a V.E. que, haciendo presente a S.A.I. y R. el débil estado de mi salud, obtenga de su bondad el permiso de pasar a las aguas de Trillo y cuidar allí y aquí de mi restablecimiento, por el tiempo que S.A.I. y R. estimare necesario a este fin, pues, cuando le haya conseguido, yo me apresuraré a ejecutar sus respetables órdenes.

<<Nuestro Señor guarde a V.E.muchos años.

Gaspar Melchor de Jovellanos>>.

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09 Jun 2008 21:33
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Queridos amigos:

Estamos a primeros de Junio...de hace doscientos años.

En estos momentos, la Junta de Gobierno, presidida por el cuñado del emperador de los franceses, Murat, cuenta entre sus miembros con Gonzalo O´Farrill Herrera y (nada menos que) José Mazarredo.

Recordemos que, por aquel entonces, el primero ejerce como ministro de Guerra y el segundo lo hace en calidad de ministro de Marina.

Ambos acreditan una más que honrosa carta credencial de servicios a la Patria, aunque ahora (sus buenas razones tendrán) entienden que deben proseguir su trabajo por España desde el lado afrancesado.

Los dos en Madrid, junto con el duque de Santa Fé, Miguel José de Azanza, a la sazón ministro de Hacienda, desde Bayona, presionan a don Gaspar, para que medie en la cada vez más probable guerra civil.

De forma particular, Azanza, le comunica el expreso deseo de Napoleón para que nuestro patricio pase a Asturias a apaciguar a sus habitantes

<<...suponiendo que ninguna otra persona tiene mayor influjo en sus ánimos...>>

¿Cómo negarse a los deseos de Napoleón sin exponerse a su cólera? Jovellanos lo hace, aduciendo su incontestable estado de salud, tal como nos lo muestran las siguientes cartas.

<<Jadraque, 11 de Junio de 1808

A Don Gonzalo O´Farrill

Mi muy estimado amigo y señor:

El nombre que usted invoca para moverme a ir a ésa bastaría para que hiciese el sacrificio de mi vida, si ella pudiese ser de algún provecho; pero aseguro a usted y, si es necesario,le juro que estoy inútil para toda especie de trabajo.

<<Seis días ha que estoy a leche de burra de mañana, para templar mi sangre, píldoras de opio a la noche, para calmar la tos y conciliar el sueño y pediluvios y un parche en la nuca, para descargar mi cabeza destemplada en sumo grado.

<<Sólo este método, ayudado de una gran dieta en comida y meditación, me podrán salvar de la tisis a que iba coriendo y ponerme, así, en estado de tomar los baños de Trillo, que el sistema de mis nervios, también irritado , requiere.

<<Déjenme ustedes, pues, recobrar mi salud y me verán consagrarla toda, en bien de mi patria, a una con sus buenos amigos.

<<Entretanto, viva usted seguro de la profunda estimación que le profeso, de mi muy sincero deseo de ser útil al público y de la inclinación personal con que soy, de usted, muy afecto y apasionado servidor.

Gaspar de Jovellanos.

<<P.D. Amigo y señor: Pido a usted que disimule la letra ajena y de confianza, porque ni escribir puedo.>>



Ese mismo día, escribiría (o más bien, pediría que le escribieran) otra carta.

<<Jadraque, 11 de Junio de 1808

A Don José de Mazarredo y Salazar.

Mi buen amigo y señor:

Nada le digo a usted del triste estado de mi salud...pero sí repetiré lo que le digo a este señor [Gonzalo O´Farrill] sobre mi ardiente deseo de concurrir a la salvación de nuestra patria.

<<Pero, ¿Hay esfuerzo que sea capaz de conseguir este grande objeto?
La guerra civil, el mayor de todos los males, es ya inevitable.

<<Yo he corrido desde Barcelona a este rincón. La vergüenza y la rabia está en todos los corazones, sin excepción de uno y, por desgracia, estos sentimientos hierven con tanto ardor, que parece difícil reducirlos a orden.

<<Sin unidad, sin plan, sin medios, ¿Cuál será la suerte de los pueblos llamados a tan terrible lucha? ¡Dichoso el que deje de respirar antes de verla consumada!

<<Concluyo, rogando a usted que me ayude a gozar de este descanso, sin el cual, mi vida peligra; y, pues conoce el temple de mi alma, no dude que, si lograre recobrar mi salud, estaré siempre pronto a consagrarla al bien del público, ni tampoco que soy y seré siempre de usted apasionado y afectísimo amigo.

Jovellanos.

<<P.D. Amigo mío, ni escribir puedo y, lo peor, es que mi espíritu no está menos doliente que mi cuerpo.
¡Cuánto daría por hablar a usted dos horas!
Pero ¿Quién es el que puede hoy cumplir sus deseos?>>

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11 Jun 2008 19:30
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Al día siguiente, Jovellanos despacha otra carta, ésta para Azanza.

<<Jadraque, 12 de Junio de 1808

A Don Miguel José de Azanza.

Mi muy estimado amigo:

No puede usted figurarse la situación en que llegué a esta villa. Lejos de hallar en ella alivio, mi mal se agrava más y más cada día, ya con las noticias que llegan de los violentos partidos que van tomando todas nuestras provincias, ya con el repetido empeño de arrancarme al descanso que mi curación requiere.

<< Así es que mi espíritu se halla tan doliente como mi cuerpo y que mi cabeza está tan débil y mi pecho tan oprimido, que ni puedo leer una página, ni escribir una carta.

<<Nada sé de la conmoción de Asturias porque, o no dejan salir de allí los correos, o los interceptan en el interior y, desde que partí de Mallorca, no he visto carta alguna de mi casa.

<<Oigo solamente contar al Principado entre las provincias disidentes; pero conozco bien a mis paisanos para esperar que pueda algo sobre ellos la persuasión. Aquel pueblo está disperso en los campos y es demasiado numeroso y feroz para ser amansado con palabras.

<<Agrégase a esto que yo, como a otros sucede, no soy profeta en mi patria y que, aunque le hice mucho bien, cuento en ella con no pocos desafectos y alguno que se unió a mis enemigos para perseguirme.

<<Con todo, si me dejasen reparar mi salud, nada me detendrá en ir allá con mi persuasión y mis consejos; aunque estoy tal que, cuando los remedios alcancen a mi restablecimiento, tal vez no será a tiempo de que pueda cooperar a tan difícil empresa.

<<De ministerio u otras esperanzas no hablemos, porque, si vivo, ninguna consideración podrá empeñarme jamás en los negocios públicos a los sesenta y cinco años de mi edad y, después de tan largos y amargos escarmientos.

<<Yo conservará siempre en mi corazón la alta confianza con que me honra el grande emperador, a quien espero que usted elevará este puro sentimiento de mi gratitud, así como el dolor de no hallarme en situación de obrar conforme a él en beneficio de mi patria.

<<Y usted, viviendo muy seguro de mi antigua y fina amistad, mande cuanto quiera a su afectísimo

Gaspar de Jovellanos.>>


Noten, mis buenos amigos cómo nuestro patricio se echa años encima, no se sabe bien si por confusión, debido a su estado de salud o (tal vez, más bien) con el ánimo de infundir conmiseración a los consignatarios de sus cartas.

Ya adelanta que no tiene el cuerpo ni el alma para ministerios, después de la zurra a la que fue sometido y, en carta posterior a José I, declinará con toda delicadeza la intención del rey de nombrarle ministro del Interior.

Un saludo cordial, amigos.

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12 Jun 2008 22:59
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En aquellos días de descanso, una vez conseguido que le dejaran en paz por una temporada, tal vez don Gaspar recordase tiempos mejores o, al menos, más lisonjeros por ser, en todo caso, tiempos de juventud.

De aquellos años, cuando ejercía como ministro de Gracia y Justicia, es la imagen que nos ha dejado de él don Francisco de Goya.

El año de la Revolución francesa, 1789, Goya pinta los retratos de los reyes Carlos IV y María Luisa, por encargo de Jovellanos.

El y Goya eran amigos y eso se nota, sobremanera cuando ha de retratar al gran patricio asturiano. La admiración es mutua. Por un lado, Goya admira al político culto y honesto, al protector de las Artes y las Letras.

Jovellanos, a su vez, admira al genial pintor, como el más grande de su tiempo.

Aquí le tenemos.

Imagen

Sentado, no parece disfrutar con el poder que se le ha conferido, sino, más bien, semeja, apesadumbrado por su carga, haber hecho un alto en sus obligaciones para posar ante el artista.

La mesa, llena de papeles, la mano izquierda, sujetando la mejilla, como en actitud de descanso, la mano derecha, sosteniendo un papel donde el pintor ha puesto su firma:

<<Jovellanos, por Goya>>.

El artista ha retratado no al político, sino al hombre, al amigo.

Los tonos, sumamente delicados, van del violeta de la casaca al blanco del pañuelo anudado al cuello, en contraste con el oscuro de los zapatos, donde resaltan las hebillas plateadas.

Parece estar ya presintiendo su caída.

El 15 de Marzo de 1801, el magistrado Andrés Lasauca, regente de la Audiencia de Oviedo se presenta en Gijón con una escolta armada. Tiene como misión apresar al político asturiano.

Las acusaciones contra don Gaspar son variadas, entre ellas, el difundir perniciosas doctrinas sobre la libertad del hombre, que, de todas maneras, llevaban ya tiempo circulando por el mundo occidental. Particularmente, se le acusa de prologar una edición en castellano de El Contrato Social.

Sacado de su casa de Gijón, Jovellanos sería conducido hasta Barcelona, para embarcar con destino a Palma de Mallorca, en el que sería su destierro.

El viaje duraría un mes aproximadamente, en su conjunto, bajo la vigilancia de Lasauca, durante el cual el carcelero se vio subyugado por la personalidad del prisionero, hasta tal punto de servirle de secretario, escribiendo las impresiones que, del viaje, sacaba Jovellanos.

Es tal la pena que siente el vigilante de tan ilustre prisionero que le llevará a escribir, emocionado:

<<La hora de nuestra separación se acerca. ¿Qué hado siniestro la ordena?
<<Pero mi compañero, seguro de su inocencia, se entrega en los brazos de la Providencia Divina y ambos concluimos este Diario que, en tan largo y molesto viaje, nos ha ofrecido su honesto e inocente entretenimiento>>.


Hasta aquí llegaba el poder de atracción personal de don Gaspar.

Jovellanos ha estado en Galicia y en Andalucía. Conoce bien las dos Castillas, Santander y el País Vasco, pero jamás ha estado en Aragón. Es un prisionero del Estado y no sabe por cuánto tiempo seguirá siéndolo, pero, para su espíritu de hombre de la Ilustración, eso es un mero accidente. Para él, lo importante, lo útil, en ese momento es el conocimiento, el enciclopedismo.

No se le permitirá tomar notas y notas sin levantar sospechas, por lo que terminará convenciendo a su carcelero para que lo haga en su nombre, levantando, por el camino acta de todo cuanto veían: Nombres de pueblos, ríos, montañas, cultivos, precios de las cosas, monumentos...

El 18 de Abril de 1801 llega a la cartuja de Valldemosa, que más tarde harían célebre Chopin y George Sand.

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17 Jun 2008 19:54
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Hacia el 20 de Junio de 1808, nuevos despachos llegados de Bayona, tranquilizan en parte a nuestro apesadumbrado Jovellanos.

Azanza le informa que tanto Napoleón como José Bonaparte hacen votos por la pronta recuperación de su salud y, en carta confidencial, su antiguo amigo le añade que

<<espero que pronto pueda colaborar a la grande obra>>.

La "grande obra" aludida no es otra que la modernización de España, el viejo ideal de los Ilustrados, que tomarán a su cargo los afrancesados.

Jovellanos, al igual que otros partidarios de la Ilustración, se ven ante el penoso dilema de escoger entre aceptar las vías del progresismo, de las manos de los opresores de España o defender la Patria en peligro, al lado de personajes tan lamentables como Carlos IV o Fernando VII.

Meléndez Valdés o Leandro Fernández de Moratín vieron como imposible la oposición al mayor poder político y militar de Europa, en aquellos momentos y aceptaron el lado bueno del asunto: La Constitución de Bayona,la abolición de la Inquisición, el menoscabo de los derechos señoriales, la eliminación de las aduanas interiores...

Jovellanos no acepta que el aval de todo lo anterior sea la pérdida de las señas de identidad nacionales. Tras una etapa de cautela, termina tomando una decisión final, de apoyo a la España en armas: Eso era prioritario ante todo lo demás.

En este sentido, están escritas las dos cartas siguientes.

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17 Jun 2008 21:38
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<<Jadraque, 21 de Junio de 1808

A Don Gonzalo O´Farril

Mi muy estimado amigo y señor:

<<No sé si sabe usted que, por un extraordinario que partió de Bayona la noche del 8 y llegó aquí el 12, me encargó Su Majestad el emperador de los franceses que pasase con la posible brevedad a predicar la paz a mis paisanos, a que contesté exponiendo la absoluta imposibilidad en que me hallaba de desempeñar tan honrosa comisión.

<<Con este motivo, el señor Azanza, nuestro amigo, me escribió la confidencial de que envío copia, con la de mi respuesta y, por ésta, verá usted que, ni estoy en estado de predicar de cerca ni de lejos a mis paisanos, ni creo que mis exhortaciones hiciesen sobre ellos efecto alguno.

<<En este caso pues, ¿Cuál sería de mis esfuerzos sino poner de peor condición la causa de mi país, sin hacer mejor la de mi patria?

<<Y, siendo así, ¿Será justo que a un hombre que está entre la vida y la muerte se le empeñe en un paso tan arriesgado como inútil?

<<No, amigo y señor. La Providencia, quitándome de antemano las fuerzas para la meditación y el trabajo, no quiere que yo entre en la gran lucha que se prepara a nuestra pobre nación y, por lo mismo, lejos de temer que mis amigos me expongan a ella, debo esperar que, conociéndolo y conociéndome, me alejen de sus peligros y me dejen morir en esta oscuridad en que estoy y deseo estar mientras respire.

<<Esto es lo que pido muy encrecidamente a usted, en retribución del sincero afecto que le profeso y con el que me repito su más fino amigo y seguro servidor.

<<Gaspar de Jovellanos>>.

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17 Jun 2008 21:52
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<<Jadraque, 21 de Junio de 1808

A Don José de Mazarredo y Salazar

Mi querido amigo:

<<A lo que digo al señor O´Farril debo añadir que no conozco al marqués de Santa Cruz de Marcenado, ni sé que sea de mis aficionados.

<<Los que conocen mi vida privada saben que, en los nueve años que precedieron a mi persecución, estuvo en continua lucha mi celo por el bien del país en que nací, con la envidia de mis paisanos a mi persona, a mis designios y al bien mismo que les hacía.

<<Ni debe usted ignorar que, de entre ellos, salió el primer calumniador que empezó a fraguar los pretextos con que fui tan horriblemente oprimido por espacio de siete años. Es claro que ninguna persona sería menos a propósito que yo para reducir aquellos ánimos feroces.

<<Pero, ¿Crée usted que nos hallamos en estado de adelantar cosa alguna con exhortaciones?

<<No, amigo mío. Es menester desengañarse. La nación se ha declarado generalmente y se ha declarado con una energía igual al horror que concibió al verse tan cruelmente engañada y escarnecida.

<<El desorden mismo que reina en sus primeros pasos es la mejor prueba del furor que los incita. Hacerla retroceder ya no es posible; ni lo consentirían los que, saliendo al frente han autorizado los primeros movimientos de las provincias.

<<Dirá usted que corren a su ruina y así lo creo; pero esta consideración, ¿De qué vale cuando no es la luz de la reflexión la que guía, sino el ímpetu del sentimiento el que mueve y arrebata?

<<Por eso dije a usted y le repito que la guerra civil era inevitable.

<<Esto deben reflexionar ustedes y todos los que, en tiempos tan desdichados, tienen la desgracia de mandar y, pues que el gran problema de si convenía inclinar la cerviz o levantarla está ya resuelto, resolver otro que aún queda en pie:

<<¿Es, por ventura, mejor una división que arma una parte de la nación contra el todo, para hacer su opresión más segura y sangrienta o una reunión general y estrecha que hará el trance dudoso y tal vez ofrecerá alguna esperanza de salvación?

<<Perdone usted a mi amistad la presente reflexión. No la haría si no le conociese. En cuanto a mí, si algo vale para usted nuestra antigua buena amistad, le ruego muy encarecidamente que me libre del actual empeño en que quieren ponerme y de cualquiera otro de su especie.

<<La causa de mi país, como la de otras provincias, puede ser temeraria; pero es, a lo menos, honrada y nunca puede estar bien a un hombre que ha sufrido tanto por conservar su opinión, arriesgarla tan abiertamente cuando se va acercando al término de su vida.

<<Entretanto, no dude usted de la fiel y constante amistad que le profesa su más sincero apasionado

Jovellanos>>

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17 Jun 2008 22:13
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Jovellanos escribió:
.

<<






<<Por eso dije a usted y le repito que la guerra civil era inevitable.





Jovellanos>>



Esta frase es muy importante. A través de ella hay que analizar mucho de la guerra de esos años y de la evolución posterior del país.

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Capitán de la Nao: Victoria por R.O. del 26 de octubre de 2007.
Primus Circumdedisteti me


"Me faltó valor para rendirme y decidí que se continuara la defensa"


18 Jun 2008 12:53
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Sobre lo que Jovellanos entiende como una revolución tranquila, adaptando los avances foráneos a la idiosincrasia nacional tal vez no encuentre mejor exponente que la carta dirigida, catorce años antes de las fechas en las que nos encontramos, a Alexander Jardine, militar, escritor e hispanista británico, amigo personal de don Gaspar y que, más tarde, sería cónsul británico en La Coruña.

<<Gijón, 21 de Mayo de 1794

My dear friend:

Llegó por fin Hermida [maestro de náutica del Real Instituto Asturiano] y entregó las dos de usted de 3 y 26 de Abril para mí; entregó también la inclusa para don F. Cornide.

<<He leído bien y completamente todas tres y la última fue dirigida a Madrid por el conducto prevenido. Dirá usted que por qué no la traduje antes. Respondo con lo dicho en mi última: El tiempo es precioso, yo necesito economizar el mío y me parece que lo ocuparé mejor en responder a usted que en traducirle; fuera de que los principios y reflexiones dirigidos a Cornide están contenidos en mis cartas y éstas serán conservadas, no sólo para mi provecho, sino para el de mis alumnos.

<<Aún esto último necesita precaución. Pienso aspirar a una licencia para que mi librería pública posea toda especie de libros prohibidos, aunque con separación y con facultad de que sean leídos por los maestros.

<<Basta:

<<Tiempo vendrá en que los lea todo el mundo: Si se consigue, allí quedarán las cartas de usted; si no, quedarán en el archivo y, para el fin, tanto vale.

<<Esto quiere decir que no quiero dejar de hacer una prevención: Que escriba con alguna precaución. No es necesaria para conmigo (siempre que las cartas vengan por medio seguro); pero lo es para otros cuyos ánimos no estén maduros para las grandes verdades.

<<Usted se explica muy abiertamente en cuanto a la Inquisición; yo estoy en este punto del mismo sentir y creo que, en él, sean muchos, muchísimos los que acuerden con nosotros. Pero ¡Cuánto falta para que la opinión sea general!

<<Mientras no lo sea, no se puede atacar este abuso de frente; todo se perdería; sucedería lo que en otras tentativas: Afirmar más y más sus cimientos y hacer más cruel e insidioso su sistema.

<<¿Qué remedio? No hallo más que uno: Empezar arrancándole la facultad de prohibir libros; darla sólo al Consejo, en lo general y, en materias dogmáticas, a los obispos; destruir una autoridad con otra. No puede usted figurarse cuánto se ganaría con ello.

<<Es verdad que los consejeros son supersticiosos como los inquisidores; pero, entre ellos, se introducirá la luz más prontamente; sus jueces penden de los censores, éstos se buscan en nuestras academias y éstas reúnen lo poco que hay de ilustración entre nosotros.

<<Aún en los obispos hay mejores ideas. Los estudios eclesiásticos se han mejorado mucho. Salamanca, dentro de pocos años, valdrá más que ahora y, aunque poco, vale ahora mucho más que hace veinte años.

<<Dirá usted que estos remedios son lentos. Así es, pero no hay otros; y, si alguno, no estaré yo por él.

<<Lo he dicho ya: Jamás concurriré a sacrificar la generación presente por mejorar las futuras. Usted aprueba el espíritu de rebelión, yo no; le desapruebo abiertamente y estoy muy lejos de creer que lleve consigo el sello del mérito.

<<Entendámonos. Alabo a los que tienen valor para decir la verdad, a los que se sacrifican por ella; pero no a los que sacrifican otros entes inocentes a sus opiniones, que, por lo común, no son más que sus deseos personales, buenos o malos.

<<Creo que una nación que se ilustra puede hacer grandes reformas sin sangre y creo que, para ilustrarse, tampoco sea necesaria la rebelión.

<<Prescindo de la opinión de Mably, que autoriza la guerra civil sea la que fuere; yo la detesto y los franceses la harán detestar a todo hombre sensible. Este es su estado. El Vendée, Lyon, Tolón, Marsella, etc. lo prueban, cuando París no fuera un teatro de ella de dos años acá.

<<Comparo sus proscripciones desde Septiembre de 1792 al 5 de Abril último con las de Roma y las hallo más feroces, más prolongadas y durables y más innobles.

<<En alguna otra cosa no convenimos; pero ¿Quiere usted que le diga una verdad? Es imposible contestar a sus cartas como me encarga. Son tantos y tan varios los puntos que toca, tan rápido su estilo, que es imposible que, con mi paso lento pueda yo seguirle. Entretanto, pues, que reducimos nuestra conversación a puntos determinados y precisos, que consagremos a cada uno una o más cartas, diré a usted alguna de mis ideas.

<<1ª) Proponiéndose por objeto del presente trabajo el término más perfecto, esto es, el sistema de Godwin, creo que nos alejaremos de él. Si el espíritu humano es progresivo, como yo creo (aunque esta sola verdad merece una discusión separada) es constante que no podrá pasar de la primera a la última idea.

<<El progreso supone una cadena graduada y el paso será señalado por el orden de sus eslabones. Lo demás, no será llamado progreso, sino otra cosa. No sería mejorar sino andar alrededor; no caminar por una línea sino moverse dentro de un círculo: La Francia nos lo prueba.

<<Libertad, igualdad, república, federalismo, anarquía... y qué sé yo lo que seguirá, pero seguramente no caminarán a nuestro fin o mi vista es muy corta. Es pues necesario llevar el progreso por sus grados.

<<2ª) El estado moral de las naciones no es uno sino tan diverso como sus gobiernos. Luego no todas se pueden proponer un mismo término en sus mejoras. Siguiendo el progreso natural de las ideas, cada una debe buscar la que esté más cerca de su estado, para pasar de ella a otra mejor.

<<Inglaterra, por ejemplo, tiene menos que hacer que nosotros (no hablemos de Francia hasta ver en qué se fija, si es que se ha de fijar...)

<<¿Parécele a usted que sería poca dicha nuestra pasar al estado de Inglaterra, conocer la representación, la libertad política y civil y, supuesta la división de la propiedad, una legislación más protectora de ella?

<<Cierto que sería grande, por más que, estando en ella tuviésemos derecho de aspirar, no al sistema de Godwin, sino, por ejemplo, a una constitución cual la que juró Luis XVI en 1791. ¿Vé usted el inmenso espacio que hay entre una y otra, entre la última y la del 93?

<<¿Y acaso toca ésta en el eslabón labrado por Godwin? ¿No habrá otros muchos intermedios? Creo que sí.

<<3ª) Para acercar las naciones unas a otras es necesaria aquella venturosa comunicación de ideas que usted desea y yo también, pero esta comunicación necesita una paz general.

<<Si ésta es posible, sólo lo será por medio de la unidad de ideas y esta unidad debe ser el efecto, como es el fin de aquella comunicación. Vea usted otro círculo. ¿Cómo saldremos de él? Usted confesará que cada nación tiene un medio que es el de perfeccionar su educación; para perfeccionarla es preciso remover los estorbos que se oponen al progreso de las luces; pero sólo la educación puede darlos a conocer y puede determinar a removerlos.

<<He aquí otro círculo. Es, pues, imposible acometer esta empresa sino lenta y, por decirlo así, oblicuamente, mejorando los institutos de enseñanza, dirigiéndolos a conocimientos que se acerquen al fin, desviándolos de las ideas que se les oponen y enhorabuena que ellos nos sean tales como debieran ser, si son lo que ser puedan.

<<4ª) Entretanto, conviene que cada nación trabaje por mejorar su sistema, aunque erróneo, para acercarse más a otro mejor o menos malo.

<<Por ejemplo, si trabajando sobre nuestra policía agraria se quisiese establecer una comunión de la propiedad, se haría un gran desatino.

<<El mismo Godwin, si en lugar de formar una teoría, tratase de una mejora real, debería dejar su sistema a la meditación de los sabios y proponer otro realizable; disminuir las leyes al mínimo posible, dar a la propiedad individual de la tierra y del trabajo el máximum posible, dejar que el interés personal siga en acción y buscar en él el estímulo que neciamente se espera de las leyes y reglamentos; difundir los conocimientos de que pende la perfección de todas las artes útiles y particularmente de la agricultura, la primera y más importante de todas; y en vez de gracias y franquicias y sistemas de protección parcial, animarla por medio de caminos, canales de riego, franquicias de ríos, desecación de lagos, repartimiento de tierras públicas incultas.

<<Este es, en suma mi sistema; aunque confieso que le hubiera acercado mucho más al buen término si hablase a mi nombre. Pero escribía el nombre de un Cuerpo que entonces no hubiera adoptado mis ideas, que ahora no las aprobará sin dificultad y cuya aprobación, sin embargo, es importante, no sólo para darles un peso de autoridad, sino porque sólo así podrán esperar la luz pública y alguna aceptación.>>

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(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


23 Jun 2008 22:56
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
Son sabias observaciones de alguien que entiende de hombres y de estados. Muchas de las reflexiones son intemporales y de valor actual.

Si las aplicamos a una suma de revoluciones acaecidas posteriormente, podremos predecir muchos fracasos y ver en cambio muchas bases para los aciertos.

Particularmente me ha gustado esa justificación a no sacrificar la generación presente por las futuras y el arrastre que hacen de inocentes los que siguen su propia inclinación. Solo falta la justificación de estos últimos en beneficio de un pueblo abstracto al que terminan haciendo cisco.

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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
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Queridos amigos:

En tal fecha como hoy (hace doscientos años) don Melchor escribía una carta al rey intruso, en unos momentos en los que, aún perplejo y confuso ante la marcha acelerada de los aconteceres patrios, mantenía una cautela expectante, antes de decidirse, como más adelante se vio, por la causa de la Independencia.

José Bonaparte le ha nombrado Ministro del Interior y don Melchor se excusará de tal nombradía, aduciendo motivos de mala salud (lo cual no era del todo inexacto) pero conservando unas formas exquisitas que, en una primera ojeada podrían parecer hipócritas o falsas, cuando no serviles.

Prudencia, cálculo, más bien, pues Jovellanos ya se encuentra a punto (si es que no lo ha decidido ya) de tomar partido por la España levantada en armas, entendiendo que ese era el deber más apremiante.

<<Jadraque, 16 de Julio de 1808

Señor:

Penetrado del más profundo reconocimiento a la bondad con que Vuestra Majestad acaba de distinguirme nombrándome para el Ministerio del Interior y lleno de pena y confusión por no poder corresponder a tan alta confianza, recurro a los reales pies de V.M. exponiendo a su piadosa consideración que los siete años de opresión y estrecho encierro que acabo de pasar y las aflicciones y achaques sufridos durante ellos y más particularmente durante el último invierno, han destruido de tal manera mi constitución física, que no sólo me hallo en el día incapaz de sobrellevar cualquiera aplicación intensa o trabajo activo o continuado, sino que conozco que los auxilios del arte ya no podrán alcanzar para el total recobro de mi quebrantada salud.

Por tanto, cuando Vuestra Majestad al ocupar el trono de las Españas trata de de labrar la felicidad de mi patria, fuera en mí muy fea ingratitud a sus señaladas bondades aceptar un cargo en la administración pública que, por ser tan superior a mis debilitadas fuerzas como a mis cortos talentos, nunca podría desempeñar conforme a las benéficas miras de V.M.

Ruego, por tanto, humildemente a V.M. que, exonerándome de este encargo, se digne recibir el sincero homenaje de mi gratitud, junto con el más vivo deseo de contribuir, hasta donde me sea dado, al servicio de V.M. y al bien y felicidad de la nación.

El cielo prospere la vida de Vuestra Majestad dilatados años.

Gaspar de Jovellanos>>
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16 Jul 2008 09:20
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
Estamos en quizá el periodo más confuso y difícil de analizar de toda la Historia de España.


La cuestión no es, ojalá hubiese sido así de simple, que un ejército extranjero inunda las fronteras.

El tema de fondo es que la cabeza más alta del gobierno, ha hecho delito de Lessa Patria.

Y en esta situación dada a la nación, surge la perplejidad de cada personaje. Los de altas luces y empleo, dudando que será lo mejor, los pobrecicos del pueblo llano, enrabietados por quienes les han apaleado, robado y llevado la honra de la parte femenina de la familia.


Antes de intentar justificar a Jovellanos, o buscar sus motivos, habría que intentar justificar a lo más alto del gobierno de la nación, y eso, me parece a mi que es cosa harto imposible.

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16 Jul 2008 15:34
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
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Queridos compañeros y amigos:

Continuando, de forma más o menos cronológica con los hechos de aquel año nefasto, retomamos las cartas de don Gaspar, en pleno verano de 1808.

Francisco Cabarrús ha escrito una carta a Jovellanos hacia la última semana del mes de Julio y, en ella, le habla de la bondad del rey José, de la reciente batalla de Bailén, cuyo desenlace (siempre según Cabarrús)

<<...va a obligar [al rey Bonaparte] a convertirse en un conquistador...>>

Cabarrús es uno de los viejos amigos de Don Gaspar, del grupo de los Ilustrados, herederos de la España de Carlos III y, al igual que otros, piensa que el bando afrancesado es el menos malo de los posibles y, al mismo tiempo, el mejor para defender, en horas tan difíciles, los intereses de la Patria.

Jovellanos le responde con otra carta, de la cual ya he volcado algunos párrafos, pero que, si me permiten, trataré de transcribirla al completo, más adelante, ya que resume como ninguna el pensamiento del patricio asturiano, dibujando un panorama objetivo de la malhadada situación patria de comienzos del siglo XIX. De haber concurrido otras circunstancias, es posible que España hubiese remontado su situación de estancamiento, ahorrándonos, de paso doscientos años largos de navegación en círculo.

Así pues, Jovellanos ya ha tomado una decisión. De todas formas, ha sido, hasta el momento, es (y será hasta el final) amigo de sus amigos y, en concordancia con las obligaciones que comporta la amistad verdadera, tratará por todos los medios de impedir tanto la ruina material, como el envilecimiento moral de un amigo.

Dieciocho años atrás, en 1790, los acontecimientos en Francia alarmaban a la corte española, situando, de paso, en el punto de mira a los ilustrados españoles.

Por aquellas fechas, Jovellanos recibía el encargo de realizar un viaje de inspección a Salamanca y otro, a su Asturias natal.

En Salamanca, debe visitar los colegios de Calatrava y Alcántara. En Asturias, tiene previsto tomar notas para emitir un informe sobre las posibilidades de la industria minera carbonífera.

Don Gaspar pasa en Salamanca desde Abril a Agosto de 1790, momento en el que decide abandonar su comisión técnica para atender asuntos graves, relacionados con sus amigos.

Los ministros Ilustrados, como se ha dicho, empezaron a verse acosados por la reacción oscurantista de la corte de Carlos IV:

Francisco Cabarrús, director del Banco de San Carlos, ha sido acusado de malversar fondos y encarcelado, seguidamente.

Jovellanos responde en defensa del amigo, entendiendo que lo anterior no es debido a la falta de honradez de Cabarrús, sino que obedece a una ofensiva de tipo político.

No obstante, antes de acudir a Madrid, don Gaspar pide autorización al presidente del Consejo de las Ordenes Militares para informar de su comisión en Salamanca, como paso previo a seguir con la que le espera en Asturias.

La concesión del permiso para el viaje a Madrid será la cobertura que le permitirá justificar un viaje cuyos motivos son muy distintos de los reflejados en la solicitud: Tratará de ayudar a Cabarrús y el permiso aludido salvará a Jovellanos de mayores males.

El 20 de Agosto parte para Madrid, anotando en su Diario:

<<...A comer, a Peñaranda. A dormir, en Fontiveros...>>

Sesenta y siete kilómetros que, hoy, por autovía, supondrían algo más de media hora, suponen tres jornadas de viaje, en la España del siglo XIX.

Llegado a Madrid, se entrevista con las condesas de Montijo y de Gálvez, anotanmdo en su Diario:

<<...Malas impresiones...>>

El objetivo principal de Jovellanos es recabar la ayuda de don Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes, amigo, paisano y, por entonces, Presidente del Consejo de Castilla, Director de la Real Academia de la Historia (y más cosas), antiguo protector de don Gaspar.

Gran decepción: Campomanes no quiere comprometerse y, así se lo hace saber a Jovellanos.

Nuestro ilustre patricio no se conforma. Toma la pluma y escribe a su antiguo protector una carta que, en palabras de uno de sus biógrafos (Manuel Fernández Alvarez) es

<<...de las más nobles que jamás se hayan escrito...>>


<<Madrid, 24 de Agosto de 1790


Mi venerado amigo:

A mi arribo aquí he sabido que usted, repugnando como otros mi venida, había dicho que si se verificase no me admitiría en su casa. Fácil es de comprender si esta noticia me sorprendería; la dudé, indagué su origen y acabo de averiguar su certeza.

Escribo, pues, ésta para saber si usted persiste en su modo de pensar. Si es así, estaré libre de todos los vínculos y respetos que nos han unido hasta aquí; pero si usted revocase una resolución que nos hace tan poco favor a entrambos, mi corazón y mi amistad serán eternamente los mismos.

Sin embargo, como me precio de ingenuo, no debo ocultar a usted que en caso de vernos será tan imposible que yo deje de hablar por un amigo, cuya suerte está en manos de otro, como que exija de este cosa que sea contraria a su honor y a la justicia.

La inocencia del uno expuesta a prueba más ruda, y la reputación del otro, que el público decidirá tal vez por la conducta de un negocio que tiene abierto los ojos, han sido, son y serán mis únicos impulsos. A esto solo he venido aquí; por eso solo he oído la voz de mi corazón antes que la de muchos respetables dictámenes.

Valgo poco, pero nada dejaré de hacer por salvar de la ruina a un amigo inocente y de mancilla al más sabio magistrado de la nación, de quien soy el primer amigo.

Tales son mis designios. Los testimonios que antes de ahora he dado de mi amistad al juez y al procesado, tan públicos como desinteresados, acreditarán siempre la necesidad de este oficio, tan debido a mi honor como al de entrambos.

Deba yo también, a esta consideración, la indulgencia de usted y que, entretanto, me crea el mejor de sus amigos.

Jovellanos>>

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(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


11 Ago 2008 09:53
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
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Don Gaspar querrá <<salvar de la ruina a un amigo inocente>> (Cabarrús) <<y, de mancilla, al más sabio magistrado de la nación>> (Campomanes).

Tal vez está más preocupado por esto último, sabedor de la infamia que puede llegar a cometer, condenando a un amigo inocente, para salvar su imagen pública ante la corte.

No conseguirá nada. Anotará más tarde en su Diario:

<<Martes, 24 de Agosto.

Carta a C. que se entrega de tarde. Ofrece respuesta a la noche.
A la mañana siguiente, la dá, sólo de palabra:

Que haría por mi persona e intereses como Tal. No se trata de otra cosa.
Se niega. Indica reparos en recibirme. Inspiro temor: Que seré observado. Que estaré en la lista de los proscritos.
Que quiero ser heroico. Que él no puede serlo. Que me pierdo...>>


Jovellanos se encuentra solo en la Corte. Las puertas de las casas de los antiguos amigos se le cierran una por una.

Pues bien. Dieciocho años después de arriesgar su posición y a sí mismo, con la defensa de Cabarrús, de la misma manera y con energía parecida, a pesar de la edad, reprenderá al amigo, afeándole su conducta y ofreciéndole una visión de la realidad del momento para ver de hacerle entrar en razón.

La carta que recoge todo ello fue escrita hace ahora (aproximadamente) doscientos años y nos ha llegado incompleta. La transcribo a continuación.

<<Jadraque Agosto de 1808

Mi querido amigo: Yo no sé por qué usted admira tanto la fuga del rey intruso y sus partidarios.

Ella pudo muy bien ser precipitada, pero no fue imprevista. ¿Quién es el que no veía el inminente peligro que los amenazaba? Los frecuentes descalabros del ejército de Lefebvre, la retirada del de Moncey con mengua y sin gloria, la completa derrota del de Dupont, tenido por invencible, tanta gente perdida por la deserción, las enfermedades y en los choques parciales habían reducido a la mitad el ejercito invasor, habían desalentado la mitad restante y habían exaltado hasta el último punto aquel disgusto y repugnancia con que todos entraron en esta guerra no sólo injusta, sino ignominiosa para la nación a cuyo nombre se lidiaba.

Por otra parte, ¿que haría en Madrid un rey recibido sin una sola demostración de aprecio, proclamado sin un solo viva, sin más obsequio que el de la baja adulación, sin otro séquito que el del sórdido interés? ¿Qué haría, desobedecido por los tribunales, desdeñado por la nobleza y despreciado por el pueblo aun en medio de las amenazas y las bayonetas? ¿Que haría sino temer, avergonzarse y huir precipitadamente del teatro de su peligro y de su ignominia?

Usted alaba la tranquilidad del pueblo de Madrid y yo también la alabo. Pero la nobleza de este buen pueblo estaba bien conocida. En medio de su mayor efervescencia, ¿quién le vio airarse sino contra los escandalosos objetos del odio nacional?

Este pueblo no quiere ser esclavo, pero tampoco aspira a una libertad perniciosa, y si tal vez si se irrita contra la dureza del freno, nunca resiste la blandura del cabezal. Reconózcase bien gobernado y él vivirá tranquilo.

Pero usted me dice que con esta fuga vive todo el mundo contento; pero yo no lo estoy. El enemigo no la hizo para dejarnos en paz, sino para hacernos una guerra más cruel y más bien meditada. Él vela y nosotros nos dormidos. ¿Y querrá usted que estemos contentos?

¡Ojalá que usted [...] e iluso; ojalá no me hubiese escrito la última carta que recibí suya y que, aunque sin fecha, supongo ser del 29 ó 30 del pasado! Hubiérame usted ahorrado mucha confusión y mucha pena, y hubiérame dado de sus sentimientos idea menos triste y más favorable a su opinión y a mis deseos.

Que usted haya abrazado el partido menos justo puede hallar disculpa en la fuerza de las circunstancias, siendo llamado a él, sin solicitarle, y peligrando su familia en Bayona, si pagase aquella distinción con una repulsa. Que usted le siguiese después y mientras creyó que la flaqueza de la nación y los artificios de su opresor podían hacerla doblar la cerviz y sufrir el nuevo yugo, era ya una consecuencia del primer paso, y en él la compañía de algunos hombres de mérito pudo también cohonestar su conducta.

Pero que en medio de la ruina de este partido, cuando ve que disipados aquellos artificios, deshecha la fuerza que los sostenía, desengañada y vigorosamente pronunciada la nación y repelido con el silencio más profundo y con las demostraciones más claras el nuevo jefe por su pueblo, por su nobleza, por sus magistrados, usted, no sólo le siga, sino que pretenda justificarle con todos sus horribles designios y a pesar de las tristes consecuencias que nos anuncian; que usted le siga, cuando ya no queda al opresor otro recurso que conquistarnos, cuando reconoce la necesidad de esta conquista, cuando prevé y afecta llorar los horrendos males que serán consecuencia de ella... esto es lo que ni el honor ni la razón podrán disculpar jamás.

¿Por ventura no tiene usted una patria? ¿Y cuál será ésta sino la que le acogió en el desamparo de sus primeros años, la que le dio una familia, un estado, una fortuna, unos amigos y una reputación distinguidos? ¿Y no reconocerá usted ninguna obligación hacia esta patria tan generosa? ¿Ningún vínculo que le une a su suerte? ¿Ninguna prenda que le haga interesarse en su libertad y en su gloria?

Usted pretende hacerse, o más bien hacernos, ilusión cuando dice que en el partido que sigue ve la única tabla en que esta patria puede salvarse. Pero ¿qué es lo que usted entiende por nación en esta horrible frase? ¿Puede entender otra que los españoles, que son sus... conciudadanos? ¿Y puede usted dudar de sus sentimientos? ¿No ve que quieren morir antes que ser esclavos de un tirano que los ha engañado y escarnecido? ¿Y no tendrán otra salvación que sufrir sus cadenas? Lo que diría Grecia al ateniense que con igual razón se disculpase de seguir a Jerjes, esto es lo que España y lo que el más débil de los españoles responderá eternamente a Cabarrús.

Usted, para cohonestar su ilusión y su partido, supone que España sólo trata de defender los derechos de su rey cautivo. Pase que fuera así. ¿Sería su causa menos honrada, menos justa? ¿Valdrá tanto para ella el usurpador de Napóles, como el heredero legítimo del trono de Castilla? ¿Valdrá tanto un hermano de Napoleón como el descendiente de Recaredo, de Pelayo y de Fernando el tercero? Y cuando España sólo lidiase por la dinastía de Borbón, ¿valdrán menos para ella los Borbones que los Bonapartes?

Pero no; España no lidia por los Borbones ni por Fernando; lidia por sus propios derechos, derechos originales, sagrados imprescriptibles, superiores e independientes de toda familia o dinastía. España lidia por su religión, por su Constitución, por sus leyes, sus costumbres, sus usos, en una palabra, por su libertad, que es la hipoteca de tantos y tan sagrados derechos. España juró reconocer a Fernando de Borbón; España le reconoce y reconocerá por su rey mientras respire; pero si la fuerza le detiene, o si la priva de su príncipe, ¿no sabrá buscar otro que la gobierne? Y cuando tema que la ambición o la flaqueza de un rey la exponga a males tamaños como los que ahora sufre, ¿no sabrá vivir sin rey y gobernarse por sí misma?

Dirá usted, pues, que esta es la cantinela de su partido, que Napoleón no quiere esclavizarla, sino regenerarla, mejorando esta Constitución, y levantarla al grado de esplendor que merece por su situación y su fuerza entre las naciones. Seamos sinceros. ¿Cree usted que es esto lo que quiere Napoleón, o quiere sólo levantar en ella un trono para su familia? Su intención no es equívoca y los pretextos mismos tan ridiculamente inventados para disfrazarla la ponen más en claro. Y bien: si sólo trata de hacer feliz a España, ¿quién es el que le llama a tan sagrada y benéfica función? ¿Quién le ha dado derecho para ingerirse en ella?

Y cuando pudiera desempeñarla, como neciamente creímos, en calidad de buen aliado, ¿quién le autoriza para tomarla en la de usurpador y enemigo? Pues ¡qué!, ¿España no sabrá mejorar su Constitución sin auxilio extranjero? Pues ¡qué!, ¿no hay en España cabezas prudentes, espíritus ilustrados capaces de restablecer su excelente y propia Constitución, de mejorar y acomodar sus leyes al estado presente de la nación, de extirpar sus abusos y oponer un dique a los males que la han casi entregado en las garras del usurpador y puesto en la orilla de su ruina?

Por último, usted anuncia la necesidad en que está José de conquistarnos, a pesar de la humanidad de su corazón. ¡Bella humanidad! ¿Pero, quién le fuerza a derramar nuestra sangre? Él se nos ha presentado como redentor, pidiéndose que le admitamos como rey. Hemos rehusado ambos títulos. Vuélvase, pues, a su trono, y habrá hecho lo que exige la justicia y persuade la humanidad. Pero que esté forzado a conquistarnos sólo porque no pudo iludirnos, es una consecuencia tan atroz como absurda.

Pero demos que el bárbaro pundonor napoleónico le fuerce a conquistar la España, ¡Qué! ¿También usted será forzado por la necesidad a ayudarle en la conquista? ¡Insensato!, ¿adonde está aquella razón penetrante que veía a la mayor distancia la luz de la justicia? ¿Dónde aquella tierna sensibilidad que le hacía suspirar a los más ligeros males de la nación? Pues, ¡qué!, cuando vuelva José a talar nuestros campos, a incendiar nuestras villas y ciudades, y cuando con la espada en una mano y las cadenas en otra venga a hacer esclavos a los que no han querido ser sus subditos, ¿usted precederá al ejército conquistador, que vendrá robando a nuestros infelices labradores sus granos, sus bueyes, el fruto todo de su sudor para alimentar a los feroces vándalos que le compongan?

Y mientras ellos hundan sus alfanjes en el corazón de los que usted llamó amigos, ¿usted estará al lado de estos monstruos calculando el valor de sus fortunas dilapidadas? Y entonces, ¿tendrá aún la osadía de llamarse español?... Y entonces, ¿dirá usted que viene a presentarnos la única tabla de nuestra salvación? Y entonces, ¿se atreverá todavía a invocar el nombre de la amistad?

No, no; entonces será usted un hombre execrable y execrado de su patria, de sus conciudadanos y más que de nadie de sus amigos. Sí, lo será, yo lo juro; yo, que jamás veré la amistad donde no vea la virtud, y que, aborreciendo con todo el rencor de que es capaz el corazón humano la injusticia y la iniquidad, no podré mirar a usted sino como un vil y odioso enemigo.

Pero, ¡ay de usted si los atroces proyectos del conquistador son frustrados por el valor de nuestros bizarros defensores! ¿Dónde volverá usted entonces sus ojos? ¿A Napoleón, a Jóse? ¡Oh! ellos desecharán a usted desde que no le hayan menester. ¿A España? Pero España no querrá ni deberá recibir al hijo espurio e ingrato que pretendió devorar sus entrañas.

Sus amigos mismos le vomitarán y llorarán avergonzados de haber tenido este nombre. Desconocido de la nación que vendió y abandonó, y de la que ya no le querrá recibir, usted vagará errante, sin familia, sin patria, sin amigos, y en el fuego de su imaginación y en la claridad misma de su razón hallará todos los estímulos que le arrastren a toda la rabia y furor del despecho.

¿Y acaso mira usted esta desgracia como imposible? ¡Qué poco conoce usted a los españoles del día! La iniquidad de sus enemigos ha inflamado sus almas y exaltado su carácter hasta el punto de hacerlos invencibles. ¿No han dado ya buena muestra de ello? Moncey, ¿no huyó avergonzado de ante los muros de Valencia? Lefebvre, ¿no agota en vano su furor en continuos ataques, siempre quebrantados en los pechos de acero de los zaragozanos? Y Dupont, ¿no cayó ante la constancia de Castaños con 17000 combatientes, la flor de los ejércitos del tirano, rindiendo 150 cañones, 60.000 fusiles y todos los carros y trenes y bagajes de su ejército? ¿Y no ve usted formarse por todas partes nuevos ejércitos de invencibles?

Desde Gijón a Cádiz, desde Lisboa a Tarragona, no suena otro clamor que el de la guerra. La justicia de la causa da tanto valor a nuestras tropas como desaliento a los mercenarios que vendrán a batirlas. El dolor de la injuria, tan punzante para el honor castellano, aguijará continuamente el valor y la constancia de los nuestros; y crea usted que cuando el triunfo sea posible, el conquistador verá a su trono sobre ruinas y cadáveres, y ya no remará sino en un desierto. Y entonces usted, que habrá contribuido con sus cálculos a esta desolación, gritará: ¡oh!, yo presentaba una tabla a mi nación y ella perece por no haberse asido de ella.

Pero no; yo quiero pensar todavía que en el corazón de usted se abrigan más nobles sentimientos. Hasta hoy su conducta puede ser disculpable.

Tiene, sin embargo, dos graves cargos que le hace la opinión pública y de que debe justificarse: uno, de haber querido quitar los sueldos y reducir a mendigar las familias de los antiguos servidores del estado, sólo por no haber querido ser perjuros, esto es, por haber sido virtuosos; otro, de haber dictado a los ladrones de nuestra fortuna el robo de los últimos restos de ella que había en Madrid.

Si usted, en uno y otro, fue un simple ejecutor, y si después de haber representado la injusticia y la inutilidad....>>


(Interrumpida, a partir de aquí).

Un saludo cordial, amigos.

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"Todo lo hemos perdido, mi querido Lord:
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(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


11 Ago 2008 09:57
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Nuevo mensaje El Ultimo Ilustrado: Camino a la perdición
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<<...Todo lo hemos perdido, mi querido Lord, Estado, Honor, Patria, Existencia...Todo lo hemos perdido...>>


Se cumplen, hoy, dos siglos de tan lastimera (y lastimosa) frase, enviada por Don Gaspar a su amigo británico en su carta de la misma fecha, desde la Isla de León.

A mayores, (si es que se puede ser más pesimista, aún) Jovellanos deja traslucir su desánimo y pena, cansado como está de luchar, agobiado por los peligros pasados, presentes y adivinados futuros, así como por las calumnias de las que es objeto. Continúa diciendo...

<<...Es de temer que, al llegar a Asturias, no halle dónde poner el pie y, entonces, heme reducido a una absoluta mendiguez, porque toda mi fortuna no llega en el día a cien doblones. Si este caso llegase, la amistad me dará un asilo. No le pido; le buscaré seguro de encontrarle. Iré a Londres, si algún buque inglés me lleva por caridad; volaré a Holland House y todo mi cuidado será no hacerme gravoso a mis caros patronos. Mi deseo es morir en tierra de España; les pediré que me lleven a Canarias o a algún lugar de América, donde puedan depositar mis huesos, pues, de vivir, ya no se puede tratar.
Y, ¿lo creerá usted?, nada de cuanto veo delante de mi me aflige; aflígeme esta patria ingrata que, a la edad de 67 años, después de 43 de buenos servicios y de haber trabajado por su libertad, con tanto celo y desinterés, me confunde en su proscripción y desprecio, sin consideración, sin miramiento alguno, con los que no la han hecho tanto bien.
Pero me aflige, sobre todo, que, cuando iba a congregarse la nación y coronarse la grande obra en que tanto he sudado y tanta contradicción he vencido y tantos...>>
(Interrumpido).

Aunque la carta está interrumpida, el discurso no deja de ser dolorosamente familiar y la queja manifestada, cercana.

La Junta, a la que pertenecía Don Gaspar había tomado, como se sabe, por aquellas fechas, la decisión de disolverse, transfiriendo todos sus poderes a una Regencia, ante la imposibilidad final de formar un Parlamento Bicameral, según el modelo británico.

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2º Secretario General del Foro.
Insignia en el navío: Resurrección R. O. del 27 de abril de 2008.
"Todo lo hemos perdido, mi querido Lord:
Estado, honor, patria, existencia..."

(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


02 Feb 2010 10:28
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Guardia Marina 2º
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
Gran trabajo Jovellanos. Me gustarìa participar en este homenaje a un español excepcional, por desgracia, pues si hubiera habido más como él, hoy, nuestra Patria, sería mejor.

"¡Nación sin Cabeza, desdichado de mí!". La protesta resume perfectamente la peripecia de este máximo representante del mejor patriotismo español ..
Baltasar Melchor Gaspar María de Jove Llanos y Ramírez, nace en Gijón un 5 de Enero de 1744, en una familia de origen aristocrático venida a menos. Hace los primeros estudios en su ciudad natal y, con 13 años se traslada a Oviedo para estudiar Filosofia en su universidad. En 1760 es acogido bajo la protección del Obispo y viaja hasta Ávila para aprender Teología. Al año siguiente comienza a estudiar Derecho Canónico en Soria.
Se licencia en 1763. Tiene 19 años y un ansia infinita de conocimientos. Al año siguiente gana una beca para la Universidad de Alcalá. Allí se hace amigo de el escritor Cadalso y conoce al Ministro Campomanes. Obtiene su segunda licenciatura en 1767 y ocupa plaza de Magistrado en la Real Audiencia de Sevilla. Ejerce funciones de Fiscal. Es nombrado Juez con 30 años. Al año siguiente cofunda la Sociedad Patriótica Sevillana( las Sociedades Patrioticas se extendían por toda España para difundir ideas de la Ilustración y procurar el desarrollo del país). Adam Smith es uno de los pensadores que mas le influyeron.
En 1778 el Duque de Alba le consigue un puesto en la Sala de Alcaldes de Casa y Corte de Madrid (Una suerte de Tribunal Supremo de la època). Entonces se reencuentra con Campomanes, por aquel tiempo Fiscal de Castilla, que le encomienda distintas tareas y le descubre como hombre ducho en Economía.Contribuye a modernizar las prisiones y a humanizar los interrogatorios. Con 36 años forma parte del Consejo de Ordenes Militares. En 1782 forma parte de la comisión promotora del Banco de San Carlos entidad encargada por Carlos III para ejercer, salvando las distancias, como Banco Nacional. Dos años despuès se convierte en Director de la Sociedad Económica Matritense.
Se dedica a redactar tratados de economía; Reforma Agraria ; Liberalización del Suelo, etc. En 1779 es nombrado miembro de la Real Academia de La Historia y en los dos años siguientes de la de la Lengua y de la de Bellas Artes. Muere Carlos III, el gran rey, que le tenía en mucha consideración.
En 1789 comienzan sus problemas. Carlos IV entra en pánico ante la Revolución Francesa y cesa a todos los cargos liberales. Jovellanos es desterrado y vuelve en 1790 a Gijón. Tiene 46 años pero está harto y desengañado.Aún así no permanece ocioso. Viaja por el norte de España para conocer la minería del carbón. Estudia la reforma de las Ordenes Militares e intenta luchar contra el aislamiento geográfico de Asturias. En 1794 crea el Real Instituto Asturiano de Naútica y Mineralogía que hoy es el centro de enseñanza secundaria mas antiguo de España y donde intentó aplicar ideas ilustradas. Es nombrado Embajador en Rusia.
En 1797 es Ministro de Justicia en el gobierno de Godoy e intenta acabar con La Inquisición y es esta la que acaba con su mandato. Vuelve a Asturias y se dedica a estudiar el bable. En 1801 Godoy, su antiguo y voluble jefe, ordena su arresto y reclusión en el castillo de Bellver (Mallorca).Es acusado de traducir obras de Rousseau. Tiene 56 años y su salud se quiebra. Se vuelve mas religioso y gasta su pensión de ministro en libros, a pesar de sus cataratas. Es liberado en 1808 y José Bonaparte le ofrece un puesto en el gobierno. Lo rechaza y es nombrado delegado de Asturias en las Cortes de Cádiz, donde defiende el bicameralismo. Tras la instauración de la regencia de Fernando, deja las cortes y desde Muros (La Coruña) escribe sus experiencias en las Constituyentes de Cádiz.
Cuando los franceses son expulsados de Gijón vuelve a su ciudad natal. Muere de pulmonía el 27 de Noviembre de 1811., 3 meses y medio antes de que la Constitución viera la luz. Tenía 66 años.
Sus ideas giraron siempre en torno a la creación de un mercado nacional unificado para aumentar el nivel de vida de las poblacion basado en: Industrialización, reforma de la enseñanza, investigación científica, obras públicas, reforma de los impuestos, privatizacion de montes comunales, arrendamientos libres, etc, etc. Todas ellas de una modernidad asombrosa.
Fué el traductor de "El Paraíso Perdido" de Milton. Amigo de Goya, este le realizó su retrato mas famoso. Una frase suya resume su vida:
"Yo no sigo un partido, sino la santa y justa causa que sostiene mi patria."


08 Feb 2010 17:00
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Nuevo mensaje El Ultimo Ilustrado: El Viaje Final
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En Noviembre de 1811, tras la más reciente invasión de Asturias por los franceses, Jovellanos se ve abocado a huir. El día 6, embarca en el bergantín "Volante", en compañía de su amigo Pedro Valdés Llanos y de otras sesenta personas (según Ceán Bermúdez).

Habiendo salido del puerto de Gijón, tras un incidente con un barco inglés y después de una furiosa tempestad, el día 14 arriban a Puerto de Vega, pequeña localidad costera, situada entre Luarca y Navia.

Antonio Trelles Osorio hospeda al patricio y a Pedro Valdés en su casa; vienen maltrechos y enfermos los dos, afectados de neumonía.

El día 25 fallece Pedro Valdés, aunque Jovellanos, su amigo, no llega a enterarse, debido a que también se encuentra en estado de extrema gravedad.

Efectivamente, el día 27 fallece el insigne padre de la patria, después de repetir, en su delirio final: <<Mi sobrino...Junta Central...La Francia...Nación sin cabeza..¡Desdichado de mí!..>>

En septiembre de 1815, sus restos fueron trasladados desde la iglesia de Puerto de Vega, donde había sido enterrado, a Gijón, recibiendo sepultura en el cementerio cuya construcción él mismo había promovido, cediendo, para ello, una parte de su finca La Atalaya, colindante con la iglesia de San Pedro.

Imagen

El Gijón de Jovellanos


Doce renteros, con hachas encendidas, más los cuatro que portaban el féretro, con los restos de Don Gaspar, pasaron junto a la puerta del Real Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía, hasta la iglesia de San Pedro, donde fue depositado.

Imagen

Iglesia de San Pedro y Playa de San Lorenzo



El día 28, fue enterrado donde él mismo había pedido.

Imagen

Casa natal de Jovellanos, con la Capilla de Los Remedios


Desde el 3 de Febrero de 1978, los restos del insigne patricio descansan en la capilla de Los Remedios, al lado de su casa natal. La lápida, copia de la que existía en la iglesia de San Pedro dice así:

Imagen


<<D.O.M.


Aquí yace el Excmo.señor D. Gaspar Melchor De Jovellanos, Magistrado, Ministro, Padre de la Patria, no menos respetable por sus virtudes, que admirable, por sus talentos; urbano, recto, íntegro, celoso promovedor de la Cultura y de todo adelantamiento en su país; literato, orador, poeta, jurisconsulto, filósofo, economista; distinguido en todos los géneros; en muchos, eminente; honra principal de España, mientras vivió y eterna gloria de su provincia y de su familia, que consagra a su esclarecida memoria este humilde monumento.

R.I.P.A.


Nació en Gijón en 1744 - Murió en Puerto de Vega en 1811>>



<<...Un magistrado recto, un político honesto, un humanista entusiasta, un educador insigne, un patriota excelso, un estoico, ante la adversidad, el atropello y la muerte. Un incansable luchador por la libertad y por la grandeza de su pueblo...>>
(Manuel Fernández Alvarez)

<<...Yo, en el caso de haber vivido en los años de la Guerra de la Independencia, no habría sido ni patriota absolutista, ni liberal de los de Cádiz, ni afrancesado, habría sido jovellanista...>>
(Gregorio Marañón)

<<...Un águila, en medio de gallinas...>>
(Luis Villanueva, entrañable profesor de Historia)

1811 - 2011

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Dedico, modestamente, con respeto y admiración, esta pequeña nota a mi ilustre paisano, de feliz memoria, en el bicentenario de su muerte y desde la más firme esperanza en el futuro de Asturias y de España.

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2º Secretario General del Foro.
Insignia en el navío: Resurrección R. O. del 27 de abril de 2008.
"Todo lo hemos perdido, mi querido Lord:
Estado, honor, patria, existencia..."

(De la carta de Gaspar Melchor de Jovellanos a Lord Holland, 2 de febrero de 1810).


23 Nov 2011 00:19
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Nuevo mensaje Re: El Ultimo Ilustrado
<<...Un magistrado recto, un político honesto, un humanista entusiasta, un educador insigne, un patriota excelso, un estoico, ante la adversidad, el atropello y la muerte. Un incansable luchador por la libertad y por la grandeza de su pueblo...>>
(Manuel Fernández Alvarez)


Es siempre un placer entretenerse en la vida de personajes como este, y no es tiempo perdido, porque de ello siempre podemos aprender.

Tener figuras señeras como él, honran a las gentes y las tierras que lo consideraron como suyo y constituyen semilla de grandeza y estímulo de futuro.

Es justo por tanto que le honren aquellos que él honró.

_________________
3º Secretario General del Foro.
Insignia en el acorazado: ARA-Moreno R. O. del 19 de Abril de 2010.

Yo soy el navío; el cielo mi referencia; el viento mi circunstancia; el timón mi voluntad.


23 Nov 2011 13:19
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com