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 Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina 
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…12 y 13 octubre.

Ya en la noche del 12 con el objeto de prepararse a deducir la longitud por ocultaciones de algunas estrellas por la Luna; los oficiales astrónomos habían alcanzado una mayor exactitud en la Latitud del observatorio la que resultó de 2º 12’ 4’’ al S…

14 octubre.

No tardó Don Dionisio Galiano en hacer diferentes comprobaciones en la ecuatorial de Rolland de las 798 de Mayar con la Luna. Luego la ocultación de la misma estrella en la parte oscura de la Luna, se determinó en el mismo instante por mí, Concha y Vernaci. Este último observó después la emersión, igualmente que la de otra menor, la 797 del mismo catálogo, cuya ocultación había acaecido antes de disiparse suficientemente la luz del día.

Estos elementos ya nos dejaban la menor inquietud sobre la exacta averiguación de Guayaquil; luego que supiésemos la posición segura de la estrella; y el error de las tablas de la Luna al tiempo de la observación, sujetada interinamente al cálculo indicaba la Longitud de 81.40.45 al occidente de París…

17 octubre.

No habían procedido con menor felicidad los demás ramos de la expedición en este tiempo. Don Felipe Bouza tenía ya trazada la carta de las costas últimamente reconocidas entre Lima y Guayaquil. Acababan de reincorporarse los Tenientes de Navío Tova y Robledo, que unían sus tareas, con nuestros reconocimientos de la tarde del 28 cerca del río Tumbes, cada día era un nuevo manantial de riqueza para nuestros acopios de historia natural, a los cuales Don Tadeo Haenke contaba ya seis días de su excursión a los montes de Taura, desde donde había hecho ya remesas sumamente importantes; finalmente sabíamos, que los Sres. Pineda y Neé habían penetrado al Chimborazo, y al volcán de Tuncuragua, a pesar de cuantos obstáculos procuraban contrarrestarles.

La construcción de nuestra lancha, era a la sazón el único objeto, en el cual, no podía explayarse una actividad igual a los demás ramos…
No podía dejar de ser agradable esta propuesta; ni nosotros pudiéramos evitar el hacerla; pero en un país, como este, una obra hecha de modo, que no fuese preciso deshacerla, arrasaba naturalmente una demora dilatada así se fiase a estos artífices, tan poco expertos en su arte como amantes del poco trabajo. Así fue preciso que la dirigiesen nuestros carpinteros, y esto tuvo que acarrear alguna demora en los progresos de la lancha.

Comentario:
Este último párrafo referente a la lancha, está situado en el diario original en párrafo aparte más adelante en otra parte del diario. Quizá a la hora de describir este evento, Malaspina tuvo que interrumpir la escritura y reseñar posteriormente un acontecimiento que resultaba muy importante para la vida a bordo en la próxima singladura, cuál era el embarque del Presidente de la Audiencia de Quito. En la presente trascripción, traemos el comentario de la lancha en la posición que creemos más adecuada.


El último Presidente de la Audiencia de Quito, Don Juan Villalengua acababa de ser nombrado regente de la Audiencia de Guatemala, y se hallaba por consiguiente en la necesidad de transferirse con su familia desde este puesto a os de Sonosate, o Realejo. Por cuento nuestros extravíos del camino directo, nuestros pairos casi continuos de noche y la estrechez misma de los alojamientos en ambas corbetas, me apartasen al principio, de toda idea de conducirle, era tal no obstante la situación de esta familia, que todos los inconvenientes indicados le parecieron frívolos, cuando los acompañaban a una demora mucho más dilatada para llegar a su destino, a la necesidad de proporcionarse, con sacrificios pecuniarios de mucha consecuencia, una ocasión de buque, en el cual los riesgos serían considerables; finalmente la falta, de un cirujano, y de los demás auxilios para una enfermedad habitual, de la cual, aunque muy joven adolecía su esposa.

Con estas atenciones le brindamos el comandante de la Atrevida, y yo el poco sitio, y comodidad, que estuviesen a nuestro alcance; dividiríamos entre los dos buques el equipaje, y la familia; y franqueándole la parte alta de la popa, desde la rueda del timón, dejaríamos a su albedrío, el cerrarla, abatirla, y llenarla del modo, que mejor le pareciese, con tal, que ni para la familia, ni el equipaje, contasen con parte alguna del buque por chica, que fuese, pues nuestra actual situación no lo permitía absolutamente. En cuanto a la mesa, considerábamos felices, de poder dividir con personas caracterizadas en el servicio de S.M. el trato regular, que hasta aquí nos proporcionaban, la generosidad del Rey, y nuestras navegaciones cortas de uno a otro puerto…


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03 Sep 2014 08:18
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... 17 octubre.

Ya pues en la mañana del 17 pude yo mismo emprender una excursión hacia el Morro para aproximarme luego a la orilla del mar, y examinar la dirección de la costa hacia Canduy -Malaspina anota el literal “así Chanduy”- . Evitaríamos de este modo el reconocimiento sucesivo con las corbetas, y aún era mi ánimo alcanzar la punta de Santa Elena, en donde además de las operaciones geodésicas, una observación de Latitud, ligase esta parte a los demás, que se habían ya colocado con datos astronómicos. Me hice acompañar del pilotín Hurtado con un teodolito una cadena, y un sextante. Despaché un Punque, embarcación pequeña del país, para regresar por entre la Puna, y el río Salado, y pues que lograba de la compañía verdaderamente apreciable del Teniente de la misma punta Don N. Rocafuerte, emprendí el camino en mulas.


Al amanecer del día siguiente ya no quedaba pues otra cosa, que hacer, sino con el Punque, que había llegado en la tarde anterior de examinar el canal comprendido entre la costa firme y la Puna.

A este fin desde las cuatro de la mañana emprendí a caballo la parte necesaria del camino para alcanzar el embarcadero, y luego a las cinco pude ya navegar con marea favorable. Todo el restante día favorecido o bien del viento, o de la marea, logré no solo reconocer prolijamente la posición de las muchas islas y bajos, que hacen este canal bastantemente incómodo y estrecho, si también continuar por medio de enfilaciones, y marcaciones el reconocimiento de la parte del río comprendida entre la Puna, y la punta de Piedra, paraje, que a la venida habíamos transitado de noche.

Evadida en la punta de Piedras la fuerza de la marea contraria con algunas horas de ancladero, pude finalmente a las tres de la mañana verme nuevamente a bordo de la corbeta.

20 octubre.

Don Dionisio Galiano me informó a la mañana siguiente, que la tarde del 18 había sido sumamente favorable, en cuanto que la vista muy bien determinada del monte Chimborazo; ya no dejaba la menor duda, ni sobre su elevación, ni sobre nuestra Longitud dimanada de las de Quito, o bien por las observaciones de los Excmos. Juan, y Ulloa, o por las de los Sres. Bouguer, y la Condamine. La elevación se midió con ambos cuartos de círculo. La posición verdadera se dedujo del ángulo medido entre la cúspide, y un objeto no distante, referido este en la mañana siguiente al Sol, cuyos azimutes se calcularon y dieron exactamente el mismo resultado. Su resultado fue el siguiente medido en Toesas.


Por Juan, y Ulloa: 3380.

Por Bouguer, y la Condamine: 3217.

La nuestra:3161,7



No parecería inoportuno en esta ocasión el hacer también un breve recuerdo del estado de nuestra marinería; y tropa. Veíamos con mucha complacencia, que nuestro ejemplo, cada día los inclinaba más, y más a huir del desorden; y desde luego nos parecía ya próximo un regular sosiego en este asunto, cuando considerábamos, que no solo no faltaba nadie de los que nos seguían desde Lima, si también que habíamos completado en este puerto, con otros cuatro, o seis hombres, nuestra dotación, sobrepujándola aún con un exceso no indiferente. Ningún alboroto en un país de esta especie, casi ninguna falta al trabajo, ni a las listas diarias, una subordinación, un aseo, y una robustez poco comunes, eran objetos, que debíamos mirar con la mayor complacencia, bien sea, que escuchásemos los dictados de la unanimidad, o recordásemos las pasadas zozobras, y deserciones.

Para conservar la conservación de esta quietud, castigamos, aunque levemente las faltas de una sola noche; al mismo tiempo, se ascendieron a Guardianes Habilitados ambos patrones de lancha, y el guardián palmero, que había servido de patrón en la lancha de la Atrevida al tiempo de reconocer la parte exterior de la Puna, se concedió de nuevo su plaza primitiva, ya bien convencido, y arrepentido de sus deslices pasados bien reprensibles en un oficial de mar, particularmente destinado a esta expedición.

21 0ctubre.

El Tungurahua -Malaspina usa el vocablo “Tuncuragua”, al referirse al volcán situado unos 40 Km al Este del Chimborazo- cuyas faldas, con producir abundantes los dones de la naturaleza abrigan, y mantienen un número considerable de familias indias, y mestizas, arroja aún por diferentes bocas, o cráteres un humo espeso, compuesto por la mayor parte de vapor acuoso. Don Antonio Pineda examinó la boca inmediata a la línea de nieve, hallando que por unas grietas de un palmo de ancho, y a veces de seis u ocho varas de largo, es por donde el volcán arroja flores de antimonio, y otras sustancias metálicas, que se pegan a las piedras inmediatas.

En el año 1772 la erupción había sido temible, y a primera vista se dejaban ver también los rastros de otra mayor, y más antigua. No quedaba tampoco duda que el Chimborazo era un volcán extinguido tanto abundaban en él las piedras pómez, las lavas, las piedras alteradas por el fuego, y las tierras puzolanicas, bien que estas con color ceniza. Ambos viajeros -Aunque en esta parte del texto no son mencionados conjunta y expresamente, Malaspina se está refiriendo a Don Antonio Pineda y Don Luis Neé, los dos naturalistas que compartieron las tareas y trabajos científicos realizados durante la visita al Tungurahua y al Chimborazo-. Alababan mucho la hospitalidad de todos los moradores del país, por donde habían transitado, y en particular de don Baltasar Carriedo, vecino de Quito, y dueño de la mayor parte de las tierras, que rodean el Tungurahua.

...


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04 Sep 2014 18:08
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
24 y 25 octubre.

Ya para que verificásemos la salida en la tarde del 28, como lo deseaba, fue preciso acelerar con exceso la construcción de la lancha, omitiendo aún para un mayor despacio la perfección de la arboladura, aparejo, velamen, y varios utensilios; se encargó a todos los que componían el ramo de la historia natural, que pusiesen término a sus indagaciones científicas. Los objetos de astronomía, debían ceñirse ya a la sola conclusión de la marcha de los relojes, ni los cielos por lo común nublados hubieran permitido mayores progresos en esta parte.

En cuanto a la habilitación de las camaritas altas, en ambas corbetas, que como ya se dijo, habíamos dejado al albedrío del Regente de Guatemala, para que las habitase, fue preciso también dejar imperfecta la de la Descubierta, que no se hubiera concluido en mucho tiempo, y que yo pudiera habitar interinamente en estos climas templados, cediendo el camarote, y parte de la cámara baja en su remplazo.

A la sazón había fondeado en el río un paquebot costanero procedente de Panamá, el cual en una travesía anterior alucinado en mucha parte por los corrientes, y en mucha por la impericia del piloto, había recalado a los Galápagos y navegado entre ellos, creyendo al principio estar sobre la costa firme. Varias razones del resguardo de rentas reales habían precisado al Gobernador de Panamá a detener el piloto, y su diario; remplazándole para la seguridad del regreso con otro natural de Panamá, y sumamente practico de las costas del Chocó, en las cuales había navegado desde su edad más tierna. La adquisición de este práctico me pareció pues un objeto de no poca monta para la mayor perfección de nuestra obra. Y así inmediatamente le contraje a la dotación de la Descubierta.

En cuanto al diario, e informes del piloto sobre la navegación de Copacabana a los Galápagos; se dejó el encargo a Don Josef Aguirre, para que nos lo remitiese a Madrid, como parte de los documentos relativos a nuestra comisión…

Unánimes avisaban la duración constante de calmas, y chubascos, en la inmediación de aquellas islas, y su distancia de la costa en 160 leguas, siendo su Latitud entre un grado Sur y un grado al Norte de la Equinoccial.

Estas noticias y una voz envejecida entre los prácticos, de que los Galápagos se extendían muy al E. debieron precisamente hacerme cauto sobre el partido más oportuno, para que ni el tiempo dejase de aprovecharse cuanto fuese posible, ni bien comprometiésemos por cosas de muy poca monta, los plazos, y destinos, que nos habíamos propuesto en los puntos importantes de la costa siguiente al N.

Los vientos que encontrásemos hasta la isla de la Plata dictarían pues últimamente el partido más prudente, y así previne al comandante de la Atrevida, que en las provisiones embarcadas, y en la distribución misma del agua, hubiese todas las precauciones que exige un viaje largo, y desposeído de toda especie de auxilios.

De ningún modo podía determinarme a separar las corbetas, cuando nuestras tareas en Panamá (extendidas esta vez hasta Portobelo) serían muchas, penosas, y delicadas; y cuando sería aquel partido probablemente en las costas de Nueva España, cuyos productos, y situación debían mirarse como muy interesantes para la monarquía; finalmente cuando toda anticipación en nuestra llegada a San Blas arrastraría precisamente grandes utilidades para la próxima campaña al N.

26 y 27 octubre.

En tanta inmediación a la ciudad, y favorecidos desde el primer día del Sr. Gobernador, y a su imitación de todos los principales del vecindario, así en los objetos científicos, como en los sociales, no pudimos omitir el comandante de la Atrevida y yo, de manifestarles nuestro agradecimiento invitándolo a comer a bordo en estos dos días con los Sres. Gobernador y Gobernadora todas aquellas personas, que más habíamos frecuentado. Las corbetas se habían pintado, y aseado, de antemano. Su adorno interior, y el mismo convite, manifestaban sin pompa el agradecimiento que nos penetraba.

En la misma tarde del 27, deducido el medio día por las alturas correspondientes, y cerrada la cuenta de los relojes, se embarcaron todos los instrumentos astronómicos, y geodésicos; se habían encajonado todas las aves, y cuadrúpedos disecados, y los herbarios de los Sres. Haenke, y Neé; finalmente se boto al agua, la lancha ya casi concluida, y se condujo a bordo poco después de la oración…

La lista de la mañana del 28, en la cual ya se empezó a suministrar ración de Armada, nos manifestó únicamente faltos en esta corbeta un soldado, y un marinero, ambos recibidos en Lima. La Atrevida echaba de menos unos seis marineros, bien que les había remplazado de antemano con otros voluntarios. Importaba tanto más en esta ocasión el asegurarnos de la verdadera existencia de gente, cuanto que debíamos remitir a Lima por manos del comisionado de guerra, y marina Don Josef de Tagle el pago de las deudas contraídas por ambos armamentos en el Callao.

Así sin recelo ya de nuevas pérdidas, o ardiles, pudimos entregar al Sr. Gobernador, para que se sirviese hacerla pasar a Lima, la cantidad correspondiente a dichas deudas. Al mismo tiempo yo le supliqué hiciese llegar a manos del Excmo. Sr. Ministro de Marina el plano del Callao, e inmediaciones de Lima, y la carta de la última navegación nuestra desde el Callao hasta el cabo Blanco, que la suma estrechez de tiempo no había permitido copiar a limpio; y que por consiguiente dejaba en borrador más bien por precaución, que como una remesa formal; acompañaba a la carta un papel extendido por los oficiales astrónomos, todos los elementos, que podían conducir a su mayor perfección, luego que se despejasen por medio de las tareas de algún observatorio de Europa, de aquellos errores, de que a la sazón las veíamos afectadas. Con esto ya veía agregado este nuevo trabajo a la remesa de Lima.

Fin de estada en Guayaquil.


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05 Sep 2014 19:12
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Navegación desde Guayaquil hasta Panamá.

28 octubre.

La marea este día no debía declararse a la vaciante, sino al medio día; por consiguiente solo a las diez de la mañana, cedía algún tanto la fuerza de la entrante, suspendimos ambas corbetas la amarra del N, y quedamos a pique de la otra; y últimamente a la una de la tarde con prácticos del río en uno y otro buque, dimos la vela con las solas gavias.

Como el viento por lo común sea del SO y muy estrecha y aún sembrada de bajos la canal navegable, es costumbre (casi siempre precisa) el entregarse a la marea para entregarse a la Puna; paireando siempre que se está a media canal, y valiéndose de las gavias únicamente para arrimarse a una, u otra orilla, según el caso lo requiera. A veces es oportuno el navegar a popa, para que el plazo en que se pueda buscar la canal, sea algo más largo; y entonces la inmediación de los arboles, reunida a la mayor actividad de la marea, presenta el espectáculo divertido de una navegación de retroceso.

La tranquilidad el agua, la amenidad de los contornos, el vientecito contrario sí; pero templado; la seguridad misma de poder con un anclote evadir cualquier peligro, hacen este tránsito a lo menos divertido, ya que debe ser muy lento. En algunas partes, el fondo disminuye de tal modo en la bajamar, que ya no son navegables; y en este caso, es preciso, aún sacrificando una parte de la marea favorable dar fondo para esperar el paso con el agua alta al principio de la vaciante. El estar la Luna en el cuarto menguante hacía, que las mareas a la sazón fuesen sumamente endebles.

Todas estas causas, y principalmente la del poco fondo entre la punta de S. de Santay, y la punta Gorda sobre la isla Lobo, nos obligaron a fondear como a las 4 ½ de la tarde, andadas solo dos leguas.
No obstante se malogró el tiempo de un todo, pues Don Felipe Bouzá con el práctico se dirigió en lo que quedaba de tarde a reconocer algunos bajos distantes, y marcar en una punta de la costa del O.

Luego que se declaró a las 10 ½ de la noche la otra marea favorable, nos levamos de nuevo, y favorecidos algún tanto del viento, a veces con bordos cortos, a veces con otros más largos alcanzamos a fondear entre la punta Miel, y la punta León, no distantes de la boca de Taura.

29 octubre.

Como la creciente debiese continuar casi toda la mañana la aprovechamos para que los carpinteros fuesen a la orilla inmediata a cortar algunos mangles; Don Felipe Bouzá en el bote examinase algunos bajos, e hiciese algunas marcaciones; finalmente nosotros mismos trabajásemos en meter la lancha, cuyo peso, y acomodo con las otras embarcaciones menores, ocupaba algún tanto nuestros ánimos.
Al tiempo de levarnos desde Guayaquil me había avisado el comandante de la Atrevida por medio de un oficial, que el total de su marinería no excedía de 43 hombres. Con este mismo motivo en la misma mañana llamamos el bote de aquella corbeta, y se le remitieron dos hombres sobrantes de esta dotación, de los cuales el uno, reclutado últimamente en Guayaquil era muy práctico en toda la costa de Santa Fe, y de Nueva España.

Ya a las once, declarada con alguna fuerza la vaciante, y regresado el bombo con los carpinteros, pudimos levar nuevamente el ancla, y continuar paulatinamente nuestra derrota. Esta nos llevó ya al S. de la punta de Piedras, proporcionándose también a Don Felipe Bouzá, el salir con el bote a recorrer la piedra sola, que angosta mucho el canal en esta parte, bien que le compensa ventajosamente el mucho fondo, que hay así a pique de la misma piedra, como de los arboles de la costa.

...

Comentario:
A pesar de la abundante cartografía que disponía la expedición, tal y como lo muestran los planos que se adjuntan, que a buen seguro estaban a disposición de Malaspina - sobre todo el de D-. Juan de Hervle- el comandante no desaprovechaba los más mínimos avatares que nos cuenta en su salida a la mar, para comisionar a Don Felipe Bouzá a que sondara y reflejara los accidentes más singulares y peligrosos a la navegación de este puerto de Guayaquil.
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25 Sep 2014 17:51
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
30 octubre.

No malogramos tampoco la siguiente mañana, pues que la marea nos obligaba a permanecer fondeados. Fue una embarcación de cada corbeta a cortar leña de la orilla cercana, y Don Felipe Bouzá, medida una base en la punta de Alcatraces ligó oportunamente con las marcaciones hechas en Guayaquil los diferentes puntos importantes, a la vista, que ceñían esta parte exterior del río.

Ya al medio día pudimos dar la vela, y antes buscando la mediana de la canal, y conservándola después, vernos finalmente como a las 4 ½ de la tarde casi franqueados de la isla Verde. Sucesivamente con el auxilio de la virazón, y ya con todo el aparejo pudimos dar un bordo con las amuras de estribor, del cual revirando últimamente a las cinco, alcanzamos al ponerse el sol el fondeadero de la Puna, a donde dejamos caer el ancla algo distantes de la población así por el efecto ya sensible de la marea contraria, como por la mejor disposición de continuar en la siguiente noche nuestra derrota.


31 octubre

Treinta series observadas poco antes del medio día y calculadas con la mayor prolijidad, no solo con las tablas de refracción, y paralaje, si también por el método del caballero Bordá, dieron una Longitud de 30º 26’ más oriental, que la de los relojes; por consiguiente muy aproximada a nuestras deducciones por las observaciones hechas en Guayaquil.

La poca exactitud en la marcha de nuestros relojes, que no podíamos dudar por las comprobaciones diarias, nos precisó también a este medio día a comprobarlos por medio de pistoletazos a los de la Atrevida, cuyos oficiales nos aseguraban, que su marcha se conservaba sumamente exacta. Esta precaución nos manifestó, que debíamos atenernos a los resultados muy exactos del cronómetro 72, habiendo variado considerablemente los movimientos del 61, y el 13. Fue nuestra Latitud observada de 3º 2’ al S. de la equinoccial.


La noche siguiente fue más penosa por la necesidad continua de maniobrar, con el fin de conservar sobre bordos el canal, entre la costa de Tumbes y la Puna. Preferimos este partido al de dar fondo, como por lo común debe verificarse en este tránsito, porque no temiendo ya los efectos de la marea, deseábamos no perder momento, de los que pudiésemos granjear a pesar de ser el viento algo flojo, y vario.

Nuestros bordos fueron por consiguiente repetidos, y siempre con atención a que nos encontrásemos sobre la costa de la Puna, antes del amanecer para aprovechar con más ventaja los terrales del NO. Conservábamos el fondo lama, y alcanzábamos por lo común las diez brazas en uno y otro extremo, no extendiéndose los bordos más de dos leguas, y viéndonos muchas veces precisados a virar rápidamente, porque pocos minutos nos hacían caer de las 15 a las nueve brazas.

1 noviembre de 1790.

Al amanecer vimos con mucho agrado, que nuestros esfuerzos no habían sido infructuosos. Por fondos de 17 brazas lama nos hallábamos entre el Amortajado, y los islotes de Payana, que luego conducen a Tumbes; y a la vista el alto de las Salinas, nos proporcionaba un nuevo enlace de marcaciones con nuestra posición de Guayaquil. Demoraba el Amortajado al N. 70º O de la aguja 3 a 4 leguas.

A la sazón calmó enteramente el viento, y creímos vernos precisados en dejar caer un anclote, pues la marea nos arrastraba considerablemente sobre la Punta de los Manglares, pero por ventura no bien habían llegado las ocho de la mañana, cuando un viento galeno del NNO, nos dio lugar a ceñir al O. y apartarnos algún tanto de la costa de Payana. Las bases corridas en esta ocasión debían destruir por medio de la Latitud observada algunas dudas sobre la verdadera Latitud del Amortajado, que se habían originado por la demasiada proximidad del O. al zenit, al tiempo de nuestras primeras observaciones con las corbetas.

En efecto observada al medio día la Latitud de 3º 20’ 30’’ y tomados de antemano diferentes horarios, nos cercioramos que la Latitud del extremo S. del Amortajado era de 3º 14’, cuando antes la suponíamos de 3º 18’ y su Longitud de 0º 32’ 40’’ al O de Guayaquil.


Después de puesto el Sol ya la virazón empezó a calmar; amenazándonos por consiguiente de un arrimo inoportuno, a las costas del O. de la Puna que sabíamos estar rodeadas de escollo; si nos descuidásemos en conservar una posición ventajosa. Así no tardamos en tomar las muras de estribor, las que luego con llamarse el viento al ONO. NO. flojo, se nos hicieron más favorables, proporcionándonos al mismo tiempo una mayor seguridad, y una posición mejor para aprovechar la virazón del día siguiente. Las sondas llegaron hasta 32 brazas arena.

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27 Sep 2014 18:16
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2 noviembre.

En toda la siguiente mañana no nos fue posible variar la derrota pues el viento se mantenía calmoso del cuarto cuadrante, y nos precisaba conservar las muras a estribor. Se veían claras las costas comprendidas entre Tumbes y el cabo Blanco; pero no nos era fácil distinguir precisamente el paraje, tanto más, que no extendida aún esta parte de la tierra en nuestras cartas, que veníamos ligando desde Guayaquil a fuerza de un trabajo diario no interrumpido, la misma Latitud y Longitud no alcanzaban a designarlas. Al medio día la primera era de 3º 28’ y la segunda en el número 72 de 53’ 24’’ al occidente de Guayaquil.


3 noviembre.

Desde luego el tiempo, placentero, que se nos declaró en la mañana siguiente, y nos dio lugar a gobernar al NE con todo aparejo, en demanda de la costa de Handuy, nos manifestaba claramente, que la tal cual revolución de la noche anterior había sido más bien efecto del novilunio, que de un paraje, que desmintiese las tranquilas ideas de más Pacífico. Ya al medio día con carecer aún de la vista de la tierra a pesar que se alcanzase un mediano horizonte nos convencía, que no salía tan al Oeste la puta de Santa Elena, como lo indicaban las cartas, sin dudas precavidas en esta parte del natural horror que infundían sus peligros. Era nuestra Latitud de 2º 37’, y la Longitud de 1º 14’.

Continuamos por consiguiente con todo aparejo al NE precavido con guardia al tope, y con la sonda; pues la parte del horizonte hacia donde demoraba la costa, se había cerrado algún tanto con calima, y el día sumamente corto hacía desear el no malograr el que nos quedaba.


A las dos de la tarde aún no podíamos avistar la tierra; y ya se nos hacía temible por la calma de la noche, y mareta gruesa el internarnos con exceso de suerte que no pudiésemos luego montar la punta Santa Elena. Así pareció prudente el orzar al NE para que este rumbo nos empeñase menos, sin distraernos de la mejor dirección hacia la costa, que deseábamos reconocer; y en efecto poco después de las tres, disipada la calima, vimos por la proa a no mucha distancia la punta del Carnero, y a una, y otra parte tendida la costa desde la punta de Santa Elena hasta Chanduy, y las sierras del Tambo.


Referida la posición astronómica a las sierras del Tambo, que ahora resultaba de nuestros datos, aún combinados con operaciones del día siguiente, a la que yo había determinado en la última excursión al Morro veíamos, que Latitud y Longitud no discrepaba ni en un minuto; y esto al paso de ligar nuestras tareas, sin la menor desconfianza, destruía, cualesquiera sospecha pudiese infundirnos la suma diferencia, que hallábamos con la carta del ingeniero Requena. Este individuo merece no obstante que tributemos a sus tareas hidrográficas, todo el aprecio, y aún diré, agradecimiento, a que son acreedoras. En el año 1770, sin instrumentos exactos, sin aquellos auxilios, que más necesarios en un trabajo de esta especie parecen por lo común tan inútiles, como costosos; finalmente con aquella natural inercia, que inspiran estos climas, y estas situaciones, recorrió por si mismo todas estas inmediaciones, hizo algunas observaciones de Latitud, en las sondas puso un cuidado especial, y no contento con satisfacer en las proximidades de Guayaquil, a la comisión, que en nombre del rey, se le había confiado, extendió sus pesquisas, hasta aprovechar todas las tareas de los Sres. Bouguer, y La Condamine en las inmediaciones del cabo Pasado, haciendo llegar una carta esférica, que construye, hasta el mismo río de las Esmeraldas.

Ya al ponerse el Sol habíamos acortado mucho la distancia a la punta de Santa Elena, y casi asegurado, a pesar de la contrariedad considerable de las aguas, el pararla del mismo bordo…


4 noviembre.

Siendo los días de nuestro augusto soberano, mantuvimos largas las insignias, en ambas corbetas, y se proporcionó a las tripulaciones, con un aumento de la ración de coles agrias, y vino, un nuevo oportuno motivo de regocijo.
Favorecidos por el viento pero no permitiéndonos la cerrazón, sino observar dos series de horarios por la mañana, y la Latitud al medio día, pudimos ver agradablemente ligadas nuestras tareas, extendiéndose por Colonche, y la islita Santiago, hasta la isla de la Plata, y el cabo San Lorenzo. Al ponerse el Sol nos demoraba la primera al N 63º O, distante una y media a dos leguas, y el segundo al N 7º E corregido.


Preferimos el pasar entre la isla de Plata y la costa, así porque no manifestaba algún peligro, como porque lográbamos de este modo no alejarnos de la costa; y andada la noche una distancia proporcionaba a nuestro intento pairearnos de una, y otra vuelta hasta la mañana siguiente.

Era esta próximamente la posición, desde donde era mi ánimo atravesar a las Galápagos, pero a medida, que se nos había aproximado este momento habían preponderado más, en mi concepto las razones para abandonar aquella primer idea. Los vientos se inclinaban demasiado al O, el práctico me amenazaba de unas calmas tan temibles en este mes sobre los Galápagos, como en el siguiente sobre las costas de la Gorgona; los plazos para nuestra llegada a San Blas eran sumamente cortos, nuestras tareas en Panamá, precisamente dilatadas; últimamente no correspondientes las ventajas e situar dichas islas, con las desventajas a que nos exponíamos, tanto más, que el tiempo ya asentado, y favorable del SO después del novilunio parecía inclinarnos casi violentamente a aprovecharlo para el trabajo mucho más importante de las costas algo temibles del Chocó.


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08 Oct 2014 19:19
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Ni abandonábamos con este partido toda esperanza de ver Galápagos, los cuales distan de la costa de la Nueva España al S. tanto como ahora distaban del O, y por consiguiente sin mayores sacrificios, y solo sí con la espera de una ocasión más favorable, pudiéramos lograr el proyectado reconocimiento.

5 noviembre.

Nos hallábamos cerca del fondeadero de Manta, paraje frecuentado así por algún leve comercio de comestibles, y de manufacturas, particularmente sombreros de jipijapa -Malaspina utiliza el vocablo hipixapa-, como por las muchas arribadas, de las embarcaciones, que navegando desde las costas del N, al Puna, o a Guayaquil, se ven al mismo tiempo contrariadas del viento de la marea, y de la corriente, muy luego carecer de agua, y víveres cuyo remplazo es aquí más fácil, que en cualquiera otros países de la costa.

Navegando al N, para aproximarnos a la costa, que después de Manta, recorre a rumbos bastantemente abiertos del primer cuadrante, alcanzamos a las 10 el meridiano del Monte Christi, -Malaspina se está refiriendo a la actual población de Montecristi, situada a unos 12 kilómetros al Sur de la costa de Manta- pueblo en el que observamos longitudes, con tanto mayor empeño, y satisfacción, cuanto que podíamos por medio de él referir nuestra Longitud actual a la que había observado Mr. Bouger por el eclipse de Luna de 1736.

Ninguna equivocación podía originarse, de no anotarla dicho astrónomo directamente en su Tratado de la Figura de la Tierra; pues indicando, que resultaba Monte Christi de 13, o 14 leguas más occidental de Portobelo, o Panamá, cuya Longitud suponen de 82º 50’, y la del cabo de San Lorenzo por las diferencias de 13’15’’, que manifestaban nuestros relojes de 83º 15’ 10’’ supuesta la Longitud de Guayaquil de 82º 13’ según las series de nuestras longitudes independientes de las deducciones hechas en el mismo Guayaquil bien sea por las observaciones de la Luna, o bien por las diferentes determinaciones hechas al Chimborazo por los Excmos. Juan y Ulloa de suerte que podíamos afianzar nuestras primeras conjeturas, que la mitad de la diferencia hallada en Guayaquil entre los relojes y las observaciones directas, sería naturalmente un efecto no extraño de errores casi diarios en las tablas de Luna, agregándoles, como ya se indicó, también alguna parte de la estrella ocultada.

Son estas costas por lo común desiertas, si se exceptúa tal o cual ranchería en las inmediaciones de los ríos; sujetas casi todo el año, particularmente desde el cabo San Francisco, a turbonadas fuertes, y frecuentes a las que se agregan las corrientes bastantemente rápidas o al N, o al S, según rija la estación de las brisas, o vendavales. En la primera, es cuando por lo común se hace la navegación desde las costas de México, Guatemala, y Panamá, a Guayaquil y Payta -Malaspina se está refiriendo aquí al actual puerto de Paita, situado en la costa norte del Perú a unas 150 millas náuticas de la frontera litoral con Ecuador- . Y por otra parte como es natural, se prefieren los vendavales para navegar desde el Perú a los puertos indicados, más septentrionales.

No comprendiéndose en esta narración, ni la descripción de la costa, que es propia del derrotero; ni la del estado político, que no puede abrazarse sino bajo unos principios generales, referidos a una provincia o a un reino entero, de los muchos, que componen la extensa monarquía española, nos contentaremos aquí con aventurar, que estas costas pudieron ser algo importantes cuando los conquistadores de Perú, las frecuentaban en su navegación cansada, peligrosa, y costanera; pero que a medida, que la navegación ha franqueado, y hechos casi despreciables los obstáculos del cabo de Hornos haciendo inútiles las ferias de galeones el Portobelo, debe creerse, que cada día serán más pobres, y desiertas, no siendo bastante cebo para frecuentarlas el poco oro, que suministran los ríso del Chocó.


Parece que en estas costas (según lo experimentábamos continuamente) muy pocas millas, a veces una sola legua hacen, que el fondo de 30 pase a 60, y 70 brazas.

6 noviembre

La costa que actualmente teníamos a la vista era la que por la punta de Portero, y la ensenada de Punche conduce al cabo de San Francisco, que ya desde las 10 de la mañana marcábamos al N 46º E de la aguja. Éste punto (…) merece la atención entre los que navegan desde Acapulco o Panamá, a Paita; pues como desde él las corrientes sean considerables al N; mientras los terrales pierden en mucha parte su fuerza, el recalar o no al S. de él, decide la felicidad del viaje, y liberta al navegante de engorgonarse, o ser arrastrado por las corrientes, y las bonanzas hacia la Gorgona en cuyo caso es el partido más breve de reconocer a Panamá, y emprender nuevamente el viaje de altura, oportuno y aún necesario en tiempo de vendavales.


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12 Oct 2014 13:28
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Al medio día fue nuestra Latitud de 49’ 29’’ al N de la equinoccial y la Longitud de 15’ occidental de Guayaquil.

No era fácil con este motivo la ensenada, que desde el río de las Esmeraldas conduce a la costa de Mangles toda anegadiza, sembrada de ríos, y por todas partes inaccesible, nos pareció no obstante, que debíamos a lo menos procurar el conseguirlo; y así nos mantuvimos casi toda la noche paireando, mientras la llovizna, y el tiempo constantemente nublado nos amenazaban de una dificultad grande en conseguir lo que nos habíamos propuesto.

7 noviembre.

Esto no obstante con mucha satisfacción nuestra, a medida, a medida que el Sol iba explayando su luz benéfica, vimos, que se iban disipando las nubes, y la calima, y finalmente poco después de salir el mismo astro, no solo se nos presentaron con un tiempo bastantemente hermoso los extremos situados en la tarde anterior, sino que conseguimos la vista de toda la ensenada hasta la punta Manglares…

Desde la Gorgona la costa interna considerablemente hasta la bahía de San Buenaventura, la cual es el verdadero término oriental del mar Pacífico, y proporciona una comunicación breve, y tal vez no difícil con la ciudad de Santa Fe capital del virreinato de este nombre. Esta parte de la costa además de estar sujeta, casi todo el año a aguaceros, y turbonadas casi continuas reúne la contrariedad de corrientes, que hace por lo común tan forzosa la entrada, como difícil la salida…

Nos importaba mucho en este caso en este caso amanecer bastantemente internados, para que, sin carecer de la vista de la Gorgona, nos quedase no mucha distancia al E., que pudiéramos correr con fuerza e vela, hasta el medio día aprovechando después la virazón algo más fresca, y larga la tarde ( según nos prometían la experiencia de los días anteriores) para retroceder el O. hacia el cabo o punta Chiramiran, que últimamente liga con el cabo Corrientes al N.


8 noviembre.

Orzando al NE, y no navegando distantes de la costa sino tres a cuatro leguas muy luego perdimos la sonda, que debía ser mayor de 70 brazas. Repetimos después el observar horarios; finalmente al medio día favorecidos más bien de la corriente, que del viento, conseguimos clara la vista del fondo de la bahía, y del desembocadero de algunos ríos, que la rodean, los extremos de la isla de Palmas… Fue nuestra Latitud de 3º 33’, 18 minutos más N que la estima; y la Longitud de 2º 20’; por consiguiente 24 minutos más E, que l estima.

9 noviembre.

Desde el cabo Chiramirá hasta el de Corrientes, continúa la costa toda de Mangles por largo trecho; sobresaliendo si a ratos algunos altitos, los cuales ven luego aumentando su descuello a medida, que se aproximan al mismo cabo Corrientes. La sonda con 100 brazas no da fondo a tres leguas de la costa, y continúan aunque menos frecuentes, que en las costas del Palmar, y la Gorgona, a desembocar en el mar varios de los muchos ríos, que inundan al Chocó.

El cabo Corrientes se eleva considerablemente sobre el mar, y parece una isla con un solo pico a mucha distancia, aunque después, se le vean agregados algunos farallones, y aún no disten mucho de las demás sierras algo internas. Es temible a los navegantes por las corrientes y las turbonadas muy recias, que casi diariamente le acompañan; y proyecta al S. una grande ensenada con regular fondo, que sirve de abrigo en 6, y 8 brazas lama hasta los barquichuelos, que montado finalmente el cabo en sus navegaciones al Chocó, temen, calmado el viento en un momento esta ventaja considerable.


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13 Oct 2014 17:57
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Continuamos en toda la tarde la derrota hacia el cabo indicado, navegando a unas tres leguas de la costa sin encontrar fondo con 60 brazas de sondaleza; se repitieron las observaciones de Longitud, y como el viento estuviese algo flojo, aún distábamos al anochecer considerablemente del mismo cabo, que ya nos demoraba al N 7º E de la aguja.

Al medio día último, igualmente que el día 6 no habíamos omitido de repetir por medio de pistoletazos las comparaciones de nuestros relojes a los de la Atrevida. Una variación tan considerable de temperamento debía precisamente causar en ellos muchas alteraciones diarias, que difícilmente descubriría el primer examen de sus marchas, y que no obstante pudiera arrastrarnos errores de mucha monta. En la Atrevida habían notado alteraciones considerables en el cronómetro 71, y en el reloj 105; nosotros también las notábamos en los nuestros, y la proporción diaria nos indicaba, que debían más bien atribuirse al 72, que al 61; tanto más que este con la nueva marcha reunía sus resultados a los del número 10. Con que se nos hacía más evidente a cada paso la necesidad de estas comprobaciones con tal frecuencia, que o nos libertasen de todo error de monta, o a lo menos nos dejasen libres de la acusación de no emplear, cuantos medios estuviesen en nuestro arbitrio para mejor averiguación de la verdad.

Si en las noches anteriores las aguas habían sido fuertes, y repetidas, lo fueron aun mucho más en esta, particularmente desde las 10 de la noche, en cuya hora próximamente nos considerábamos por el través del cabo Corrientes a distancia de cuatro leguas, y la misma sombra de la tierra parecía indicárnoslo.

Con la fuerza e la lluvia fue calmando el viento, que ya habíamos aprovechado con gavias, y trinquete en vuelta del NO, y finalmente poco antes del amanecer, sucedió a varias ventolinas acompañadas de varios aguaceros, fuertes alguna turbonada con algunos rayos, cuyos relámpagos, estallidos, y el mismo olor de azufre, indicaban su mucha proximidad a las corbetas.

10 noviembre.

No bien hubo pasado el Sol el meridiano, cuando empezó de nuevo a asentarse el tiempo con agua, de modo, que se nos hacía imposible un cabal reconocimiento de la costa, tanto más que desde las mismas anegadas era esta baja, y muy ensenada hasta el morro Quemado. Por otra parte siendo en estas costas más bien comunes las aguas, que el tiempo sereno, nada podía persuadirnos esperar por largo tiempo una cosa, que probablemente no podíamos alcanzar abatiéndonos las corrientes, aún cuando nos empeñásemos en conservar un paralelo cualquiera. Así ya nuestro plan debió ceñirse a aproximarnos a la punta Garachiné, procurando con bordos en la noche descaecer lo menos, que fuese posible, y navegando de día a tal distancia de la costa, que sin comprometer nuestra seguridad, y aprovechásemos cualesquiera claras para colocación de uno u otro punto.

11 noviembre.
Ni con la mucha lluvia, que había caído en la noche, y tarde anteriores, pudimos conseguir que aminorase esta en la mañana siguiente. Navegábamos ya con mucho, ya con poco aparejo, ya al NE, ya al NO, según parecían dictarlo las circunstancias, y los carices; y desde las ocho de la mañana rolando el viento más bien al O, y ONO, después de una hora de calma, preferimos la vuelta del tercer cuadrante, que al mismo tiempo nos conservase a una regular distancia de la costa, y detuviese algún tanto nuestra aproximación a Garachiné.

Con estas precauciones a las 7 ½ a las nueve, y a las once logramos la vista de tierra a distancia de cuatro a cinco leguas, y nos pareció ser la que desde el morro Quemado conduce a los altos de San Francisco Solano. Pero al medio día aún no había cesado la lluvia, y así crecimos tanto la Latitud como la Longitud observadas.

Fuimos felices a pesar de esto en la siguiente tarde. Después de alguna calma, y ventolinas del O, roló el viento bonancible al SO, con el cual despejaron muchos horizontes, y la misma costa, manifestándose bien distinta de la que desde el puerto de Piñas conduce a la punta de Garachiné. A la verdad no nos fue posible hacer observación alguna siquiera de Longitud; pero como pudiésemos determinar con mucha aproximación la distancia a los diferentes puntos, que teníamos a la vista, y aún corrida una base pudiésemos ligar los más meridionales con la punta Garachiné, cuya posición astronómica determinaríamos positivamente, ya consideramos con mucho agrado, que no se nos había pasado infructuosamente ese día…

Se previno a la Atrevida, que preparase sus anclas; y con el deseo de precavernos del efecto de las corrientes, paireamos desde el principio de la noche ya de una, ya de otra vuelta, logrando solo a las cuatro de la mañana encontrar fondo con 60 brazas lama.

En la misma noche, como estuviese a ratos bien despejada, Don Dionisio Alcalá Galiano había deducido de las alturas meridianas de β de Andrómeda, y de Archenar a las 10h 50’ las latitudes de 7º 49’ y 7º 46’ N que ya afianzaban en cierto modo nuestras tareas en días anteriores.

12 noviembre.
…pudimos observar una serie de horarios, y después la Latitud de 7º 54’ 30’’demorando a la sazón la punta al Garachiné al N 41º E, y la isla Galera al N 35º O.

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15 Oct 2014 19:37
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina


Cambiada en la tarde la marea, aunque el viento disminuyese más bien su fuerza ya casi insensible adelantamos considerablemente, y a el procede el Sol nos demoraba la punta Garachiné al E. de la aguja, viéndose al mismo tiempo una parte considerable de la costa de Darien, y parte de las islas de Perlas, de la Galera, y la de Santelmo.

La entrada del golfo de Panamá se hace algo cuidadosa por una laja, llamada bajo de San Josef, la cual media casi entre la punta de Garachiné, y la isla Galera. Las vaciantes llevan así a ella con bastante rapidez; así como las entrantes arrastran hacia el golfo de Darien también, sembrado de bajos; y con estas atenciones si el viento calma, parece el partido más preferente el fondear.

Nosotros mismos lo verificamos hacia las ocho de la noche fondeando en veinte cuatro brazas lama; ya que la marea contraria se reunían el viento muy flojo, y directamente opuesto a la derrota.

La noche fue casi calmosa; y solo a las tres de la mañana al tiempo de declararse la marea entrante se dejaron sentir algunas ventolinas del NNE, que a pesar de ser escasas no tardamos en aprovechar dando la vela inmediatamente, y previniendo a la Atrevida, que lo verificase con alguna anticipación pues que le teníamos muy inmediata a sotavento.

13 noviembre.

Dos veces el tiempo antes, y después del amanecer con una calma total nos amenazó de obligarnos a dar fondo, pero resistimos, conservando sondas de 30 brazas fango; y finalmente como volviese a tomar alguna fuerza, por el NE, reviramos al NNO, y seguimos internándonos de tal modo, que ya la punta Garachiné a las nueve nos demoraba al SE ¼ E, y veíamos claramente la isla del Rey los farallones opuestos del Pelado, y Masagual, y toda la costa septentrional del golfo.

Aproximándose ya la virazón a las 10, calmó enteramente el terral, y por algún tiempo quedamos entregados a la vaciante, que nos aconchaba considerablemente sobre las islas; pero no tardaron en hacerse sentir ventolinas del NO, que ceñimos inmediatamente al NE, orzando luego al N, así que el viento ya algo más fresquito rolaba al ONO.

Fue nuestra latitud observada de 8º 24’, y la Longitud por horarios observados en la mañana de 1º 9’ 30’’. Los que observamos por la tarde en meridianos del farallón Pelado le determinaban 1º 14 al E de Guayaquil.


Ya próximos a las tres de la tarde al farallón Pelado, y por sondas de 17 a 18 brazas lama, reviramos al S, para conservar el canal entre este farallón, y las islas de las Perlas, debiendo ser la derrota para Panamá el atracarse al extremo N. de dichas islas, que es la isla Pacheca, con el fin de evitar un banco, que sale muy afuera de la punta de Mangles.

Favorecidos por la marea, y siguiendo rumbos del S. muy luego atracamos la isla Pacheca, que ya al ponerse el Sol nos demoraba al O. a distancia de dos millas. Reviramos por consiguiente al cuarto cuadrante.

La noche fue a lo sumo hermosa, y apacible. Continuamos de una, y otra vuelta conservando sondas de 19 a veinte brazas lama, y como la Atrevida, o por efecto de corrientes o por alguna señal no bien distinguida se nos atrasase considerablemente arribamos a la media noche para incorporarnos; y luego paireamos con el velacho en facha hasta el día, con ánimo de evitar el fondo, si nos cogiese la calma en las inmediaciones de uno, u otro extremo del canal navegable.

14 noviembre.

Al salir el Sol hallamos, como era natural, que nuestros progresos en la noche habían sido muy cortos. El islote Pelado nos demoraba al E. aún no podíamos considerar franqueada la Pacheca; y el viento flojo, y directamente opuesto a nuestra demora no nos permitía bordos favorables ni de una ni de otra vuelta…

Navegamos, como ya se indicó con las muras babor, en demanda de la costa firme, cuando a las cuatro de la tarde caímos repentinamente de las 17 a las 10 brazas, lo que nos convenció que estábamos muy próximos al banco de Punta Manglares. Viramos inmediatamente, y rendimos nuevo bordo sobre la isla Pacheca, revirando últimamente al ponerse el Sol en demanda de la costa.

Quien conozca la languidez natural de estos navegantes, y la clase de sus buques, no extrañará, no extrañará, que muchas veces la sola navegación desde la punta Garachiné a las islas de Perico les ocupe, y detenga no sin muchos riesgos hasta un plazo de diez y doce días.


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18 Oct 2014 13:05
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Con el anochecer el viento, que había estado casi toda la tarde calmoso perdió su fuerza aún más, se fueron aturbonando los horizontes, y últimamente a las ocho se nos declaró turbonada del NO, con muchos relámpagos, algunos truenos, y agua, y ráfagas algo fuertes. Arriamos las gavias a medio mastelero, y estando a la sazón en fonde de 15 brazas viramos en redondo, ciñendo a estribor.

No bien había pasado una hora, cuando empezó a despejar el tiempo y aún a llamarse el viento algo más al N, proporcionándonos al mismo tiempo hacer rumbos del O, y navegar con todo aparejo. A las once, ya teníamos la Pacheca al través de sotavento por sondas de 16, y 17 brazas.

15 noviembre.

Y al amanecer del día siguiente bien unidos a la Atrevida ya veíamos al ENE el islote Chepelillo distante una, y media a dos leguas. Las islas de Perico, las de Taboga todos los altos de Panamá varias islas de las Perlas, finalmente toda la costa siguiente desde Panamá a Chepillo formaban una reunión de objetos tanto más amena, y agradable, cuanto que, reuniéndose a la variedad de elevación, y a la frondosidad casi general, unos cielos, y horizontes sumamente despejados, aumentaban mucho el brillo de la escena, que Don Felipe Bouzá no dejó de sujetar una bien ordenada perspectiva.

Fue nuestra Latitud al medio día de 8º 40’. Por una equivocación no pudimos deducir la Longitud de los relojes marinos. Otras 52 series de distancias lunares referidas al meridiano de los relojes en el día anterior solo se apartaban de su resultado en un minuto al Este.

La virazón no se declaró hasta las cuatro de la tarde; por consiguiente fueron muy lentos hasta entonces nuestros progresos; pero a esta hora emprendimos con fuerza de vela el acercarnos al fondeadero, y continuando los bordos, según lo exigiese nuestra situación, que nos aseguraban al mismo tiempo la sonda, y la suma claridad de la noche, finalmente a las dos de la mañana dimos fondo a un ancla en ocho brazas lama, y dos millas al NE de la isla Perico.

Los escollos, y poco fondo, que rodean las orillas de Panamá, y su mismo desabrigo con vientos del SO, han hecho determinar todos los buques a preferir fondear la parte NE de las dos islitas de Perico, y Flamencas, faltas a la verdad de agua y leña pero bastantemente cultivadas; muy acantiladas, y sobre todo no distantes de Panamá sino una legua escasa.

16 noviembre.

No bien hubo amanecido; cuando manteniéndose aún el viento bonancible del NO, ambas corbetas dieron nuevamente a la vela para aproximarse a las islitas indicadas, y finalmente a las 10 consiguieron dar fondo en paraje oportuno, y amarrarse luego NO SE, la isla Perico en esta situación nos demoraba, al SO a distancia de tres a cuatro cables, y teníamos fondo de cinco brazas lama bajamar.


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19 Oct 2014 00:26
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estada en Panamá, y ocurrencias en este tiempo.

Como al tiempo de nuestra salida de Guayaquil, ocurriesen todas las noticias bastantemente recientes de Europa a convencernos que las actuales desavenencias del Norte, y los crecidos armamentos marinos de Inglaterra pudieron llevar a nuestra corte al rompimiento, que pareció oportuno no tomar medida alguna relativa a nuestras operaciones científicas, hasta saber con certeza el verdadero estado actual de Europa, que desde luego pudieran indicarme con grande probabilidad, en este país, en donde por Portobelo solían no retardarse las cartas, sino cincuenta a sesenta días.

En este concepto ya desde el salir el Sol (confiando a Don Dionisio Galiano el cuidado de llevar la corbeta al fondeadero oportuno) había pasado en el bote a ver al gobernador, y Capitán General de la provincia el Brigadier de la Real Armada Don José Domas y Valle.
Muy luego disipadas por este oficial cualesquiera sorpresas, sobre un próximo rompimiento de nuestras armas, y al contrario, facilitándonos, cuantos auxilios estaban en su mano, para la continuación de nuestras tareas pude en muy breve tiempo, sistemar para el observatorio la sala de armas de Cheriquí, cuyos bastiones inmediatos proporcionaban al mismo tiempo un alcance de casi todo el horizonte, y la vista -En el texto de Malaspina aparece la palabra vida- de las corbetas para las precisas señales de comprobación de los relojes con el péndulo.
Otras dos casas no distantes, fueron destinadas para la disecación, pintura y demás operaciones inseparables del cuidado de la historia natural. Finalmente al medio día pude ya regresar a bordo, para que en la misma tarde se transfiriese a la ciudad a lo menos todas las cosas relativas a la astronomía.

Por un raro caso, la Longitud de Panamá había quedado hasta aquí sumamente incierta a pesar de que la habían visitado los astrónomos españoles y franceses que en el año 1743 pasaban a Quito al examen de la figura de la tierra con la medida del grado terrestre. Unos y otros, hacían depender dicha Longitud de la de Portobelo observada al principio del siglo por el padre Feuillé, pero discordes los señores Bouguer, y La Condamine de los Excmos. Juan y Ulloa, suponían que ninguna diferencia de meridianos hubiese entre Panamá y Portobelo cuando los dos últimos con una bien detallada estima, inferían que Panamá fuese treinta y un minutos más occidental que Portobelo…

17 noviembre.

Ya en este día mismo toda la oficialidad reunida había pasado a Panamá a presentarse al Sr. Gobernador, cuya afabilidad no nos era extraña, pues que muchos de nosotros le conocíamos al tiempo de haber mandado un navío en la escuadra del General Don Josef Solano o antes siendo Mayor del Departamento del Ferrol.

18 noviembre
Con el medio día del 18 referido a nuestros relojes con las señales correspondientes pudimos ya deducir la Longitud de Panamá… daban finalmente a Panamá la Longitud occidental de Paris de 81º 41’ 16’’…
Por consiguiente como nuestras observaciones de Guayaquil nos dieran lugar a creer, que las longitudes tenidas desde Lima, más bien estaban afectadas de algún error al Oeste, pudimos ya sin ningún recelo de temeridad admitir nuestra sospecha, que los resultados del padre Feuillé eran igualmente dudosos en Portobelo como lo habían sido en Valparaíso, Coquimbo y Arica.


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13 Jun 2015 08:01
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...17 noviembre.

Ya instalado -En el texto, Malaspina utiliza el vocablo “asistemado”- y emprendida desde el primer momento las excursiones botánicas de los Sres. Neé y Haenke, se proporcionó a Don Antonio Pineda, el que ventilase y asegurase de nuevo la preciosa colección de aves y cuadrúpedos disecados que había hecho en Guayaquil, por el recelo de que aún no bien despojados de las partículas infectas, no sufriesen algún deterioro notable en los calores de la navegación pasada. -Razón por la cual- había procurado acomodar las cajas en la camareta alta a fin de que disfrutasen de aire libre y sano. Puede imaginarse por consiguiente cual fue su sorpresa, cuando abiertas las cajas, vimos que a pesar de tantas precauciones, aquella colección, quedaba inservible y malograda aunque se compusiese de unas ochenta piezas chicas y grandes.

Análogo sistema propuesto de economizar cuanto fuese posible, los víveres, y al mismo tiempo procurar a ambas tripulaciones cuantos alivios pudiesen conducirlos a un mayor amor al servicio y a la expedición…

Muy luego se dejó ver, que era imposible el adaptarse a las circunstancias presentes, el pan fresco era muy caro y malo, ni abundantes ni sustanciosas las carnes, escasas las verduras, y últimamente el preciso envío diario de un bote a Panamá, sin que lucro alguno o la menor ventaja pudiesen resultar al marinero con este partido así desde luego, quedó resuelto en aquella misma noche, que se continuase la ración diaria a bordo, y que en el desquite la pesca, y que las adquisiciones accidentales de frutos o raíces, satisficiesen diariamente al paladar, que a la salud, puesto que ésta en ambas tripulaciones se consideraba robusta a lo menos en cuanto el mayor número.

Acababan ya casi de extinguirse las tercianas en la corbeta Descubierta, que desde Lima habían infectado -a- carpinteros, calafates, y uno u otro marinero. Don Fernando Quintano parecía haber hallado mucho alivio en su vicio ya algo peligroso del estómago; del ejercicio a caballo, del esparcimiento y la dieta que se proponía seguir en Panamá, y así el único enfermo que debía ocupar la atención del cirujano, era un marinero de esta corbeta al cual declarándose una obstrucción a la salida de Guayaquil, particularmente en el hígado, no había cedido ni al uso de los emolientes, ni de los aperitivos. Don Francisco Flores hallaba tan útil en estos climas, como lo había sido en los fríos de Chile, y las costas patagónicas, la mixtura del doctor Masdebal, luego le hacía suceder oportunamente la Quina en Rama, y muy luego veíamos disiparse las indigestiones y calenturas inflamatorias inseparables del navegante de la zona tórrida.

La ocupación diaria como ya se insinuó en Guayaquil, debía ser uno de los agentes principales de la salud; usada con moderación atemperada con medio cuartillo de vino y entre sembrada con el descanso, y el paseo de los días de fiesta, al mismo tiempo los distraería de las conexiones viciosas de tierra, y les mantendría aquella útil tripulación, apetito y necesidad de descanso, que deben mirarse como el verdadero principio de la conservación de marinero en estos climas.
Así las ocupaciones en este puerto pudieron referirse a los objetos siguientes:

1º A las excursiones de ambas lanchas con los precisos objetos hidrográficos, que en esta grande extensión de golfos y número crecido de islas, debía naturalmente ser largos y complicados.

2º A la comunicación diaria de los botes con el observatorio y las oficinas de la historia natural de Panamá.

3º A un buen acopio de leña con los bombos, que era preciso cortar en una punta de tierra firme, distante de las corbetas una legua larga y situada al OSO de la punta más al N de la isla de los Flamencos -En el texto de Malaspina aparece: pospuesto al OSO a la punta más al N de la isla de los Flamencos-

4º A un cuidado semanal -En el texto de Malaspina aparece el vocablo semanario- de los cosederos de la corbetas del riesgo de la broma, dándoles unos pendoles, que proporcionasen limpiar y asolear muy bien toda la parte no abrigada del forro de cobre.

5º Finalmente a la pesca, caza, nadar, lavar la ropa etc. A cuyos útiles entretenimientos se les procuraba inclinar no solo con halagos e insinuaciones si también con el excelente ejemplo de la oficialidad de guerra.


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14 Jun 2015 08:57
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23 noviembre.
Desde el 19 al 23 se dispusieron, y emprendieron todas las excursiones científicas, de cuyo regreso dependería únicamente el plazo de nuestra demora en puerto. Al cargo de Don Secundino Salamanca, iba la lancha de la Atrevida con un buen práctico natural y un pilotín, Delgado Cuyas y sus operaciones debían limitarse a determinar con buenas sondas el fondo de res brazas, el andar desde la costa de Panamás la Vieja hasta las islas de Majaguar, y el pelado. Debía particularmente determinar la verdadera extensión del bajo de la punta Manglares, hacer en los puntos más altos, marcaciones con el teodolito que reuniesen el por menor de toda aquella costa con las tareas que se emprendieran en el puerto, y se le encargaba, que observase algunas latitudes, ligándolas si fuese posible con el extremo de una y otra base.

Don Juan Vernaci con el piloto Sánchez un pilotín de la Descubierta, provistos del cuarto de circulo de Ramsdem, el reloj 105 de Arnold y un teodolito, tuvo orden de dirigirse a Cruces y de allí por el río hasta Chagres, con objeto de referir la orilla del otro mar…

Finalmente la Lancha de la Descubierta con el otro pilotín, un práctico natural, el cronómetro 71, dos sextantes y un teodolito, se puso a cargo del Teniente de Navío Novales, para que recorriese y trazase cuidadosamente todas las islas, que bajo el nombre de Las Perlas y del Rey, componen aquel archipiélago. Debía examinar el bajo de San José, medio entre la punta Garachiné y la isla San Telmo…

Mientras así íbamos acopiando todos los materiales necesarios para la continuación de nuestras tareas, no habían perdido un instante Don Felipe Bouza y Don Juan Maqueda, en continuar la ordenación bien complicada de las tareas anteriores. Estaba a cargo del primero la carga esférica de Guayaquil a este puerto. Todo el plano de las inmediaciones de Guayaquil desde el cabo Blanco hasta la punta Elena estaba confiado al segundo, las diferentes tareas, o mías, o de los Sres. Murphy Vernaci, Tova, y Robredo o últimamente de las mismas corbetas a la ida y a la vuelta.

El Pintor Josef Cardero, había ya tomado algunas vistas del fondeadero y de la ciudad, y se ocupaba de representar al vivo a objetos interesantes de la historia natural; finalmente los Sres. Heanke y Neé aumentaban con nuestras adquisiciones importantes sus herbarios extremadamente ricos, ni les había escarmentado los fatales efectos de la inmediación y sombra del manzanillo.
Este árbol cuya descripción científica han dado ya los botánicos, y cuya madera se aprovecha para diferentes usos de la vida civil, aunque el arrimo de sus hojas sea realmente medicinal, excitó desde luego la curiosidad y el pundonor de nuestros botánicos y tuvo en sus inmediaciones algunos de nuestros marineros, que destinados al corte de leña, inconsideradamente se le arrimaban. La hinchazón en diferentes partes del cuerpo fueron consecuencias inmediatas de su fatal sombra, que no se disiparon sino después de muchas horas y después de haberles atormentado considerablemente.

Desde el día 21, ya pasado el plenilunio, empezaron los tiempos de nuevo a inclinarse a las lluvias, y en algunos días fueron estas tan copiosas, y dimanadas ya de uno, ya de otro viento, por lo común calmoso en toda la aguja, que a veces nos interrumpieron toda la comunicación por tierra, e hicieron malograr a los oficiales astrónomos un número no indiferente de observaciones de la mayor importancia, que, según había calculado debía proporcionarles la Luna en su ruta.
No obstante me avisó Don Dionisio Galiano en la tarde del 25, que habiendo en las noches anteriores pudiendo conseguir el observar las ocultaciones de la 88 y 243 del catálogo de Mayer por la Luna, deducía del cálculo la Longitud del observatorio.

Por la 1ª en 81º44’32’’ de Paris
Por la 2ª en 81º57’15’’ (no de la mayor confianza) -Se entiende también de Paris-

La ausencia de nuestras lanchas, la ocupación de ambos bombos en la leña, y de los botes en la comunicación diaria de la ciudad, me animó a solicitar una de las falúas de la dotación de la plaza, que esquifada con nuestra marinería y tropa libres, sirviera al mismo tiempo para conducirlos a la ciudad en los días de paseo y para facilitar la conducción de la leña en los días de trabajo. El Sr. Gobernador concurrió desde luego pronto a facilitárnosla; pero, como hallábase al sumo desprovisto de maestranza, de pertrechos y de dinero para la habilitación de otra, que en el día estaba parada, debí acceder, a que nuestros carpinteros y calafates trabajasen en ella, y franquearle alguna que otra jarcia nueva y estopa, sin lo cual de ningún modo pudiera conducirse su habilitación.


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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
30 noviembre.

Hasta el último día del mes ya no tuvimos acaecimiento alguno, que merezca el referirse. En la Descubierta se concluyó por medio de la falúa el abasto de leña, destinándose también la tropa libre a este servicio. No fue tan feliz la Atrevida, pues deseando en la mañana del 29 aprovechar con igual intento y el posible número de gentes, la falúa de la plaza, tuvo la desgracia de perder la amarra, estando ya casi cargada, y aconchada contra las piedras por una rasca fresca fuerte, y extraordinaria, abrirse y naufragar. La gente que había antes trabajado con ardor para evitar el naufragio de la falúa, debió por consiguiente pasar una noche bien desagradable, en aquella costa desierta, a donde le faltaban al mismo tiempo la comida, el abrigo y alguna ropa enjuta, y no dejó de ser comprendida en esta desgracia una partida nuestra de cazadores, que dirigida por el primer cirujano de la Atrevida Don Pedro González, había hecho un acopio interesante de aves para la historia Natural, malogrado también en este trance.

Extrañada la falta de la falúa en la noche siguiente, Don Josef Bustamante, destacó para la mañanita siguiente la lancha de la Atrevida a las órdenes del Teniente de Navío Tova; llevaba raciones correspondientes y así puede imaginarse, que fue muy bien recibida, de los náufragos, los cuales después pudieron trabajar, en poner nuevamente la lancha a flote, y amarrarle, aunque anegada, con bastante distancia de las piedras, se restituyeron todos a bordo en la tarde misma, y últimamente al medio día siguiente pudo Don Josef Robredo con maniobrasbien ejecutadas traer la misma falúa a la isla de las Naos, en cuyo arenal se varó para repararla.

2 diciembre.

Aunque además de las observaciones ya iniciadas, hubiese también Don Dionisio Galiano tenido la precaución en la noche del 27 último de comparar la Luna a Regulus , y al corazón de Hydra por medio del Cuarto de Círculo, deduciendo de este modo la Longitud del observatorio de 81º 43’ 21’’ de Paris esperábamos con ansia la noche del 2 de diciembre, que con la inmersión del primer satélite de Júpiter y la ocultación de λ (Lambda) de Virgo por la Luna, debía poner el sello a nuestros resultados en este punto importante. La fortuna no quiso abandonarnos en esta ocasión, y así, pudieron conseguirse con la mayor seguridad los resultados siguientes:

Por el primer satélite (según Don Dionisio Galiano) 81º53’15’’
Por la inmersión y la emersión de λ de Virgo 81º46’21’’



4 diciembre.

Por este tiempo ya también Don Felipe Bouzá, medida una base en las playas inmediatas, y al N de la ciudad; había extendido sus marcaciones desde el alto de la Vigía, y desde un cerro redondo algo interno, hacia los puntos más distantes al E, y al O. La isla del Chepillo, y la punta de (…) eran los dos extremos, hasta donde podíamos ligar con esta base, la que no obstante se extendía después hacia La Pacheca, Taboga y Otoque, y se reunía de este modo a las tareas de ambas lanchas. Se sujetó a nueva base para mayor exactitud el fondeadero de Perico, se hicieron nuevas marcaciones en el alto de esta isla, y al cargo ya de uno, ya de otro oficial de la Atrevida, no se omitió el sondar paraje alguno de los que desde el fondeadero hasta Panamá Viejo pudiesen en lo venidero interesar a la navegación nacional.

Ya no dudábamos, que la detención extraordinaria de Don Manuel Novales dependería en mucha parte de la constancia de vientos contrarios, los cuales, declarados ya al N y NO, al aproximarse el término de la lunación, cada día habían tomado mayor incremento, y despejado considerablemente el tiempo. Podíamos por consiguiente emprender el viaje a la isla Taboga, en donde era mi ánimo renovar toda la aguada facilitando tal vez de éste modo la reunión de la misma lancha. Sin embargo pareció más prudente el esperarle, tanto más, que, como verá, se reunían otras muchas causas a exigir esta pequeña demora.

En efecto, ya en la tarde del 7, logramos ver nuestra lancha de regreso, y pudimos disponer la salida para la mañana del 12. Don Manuel Novales, como habíamos sospechado, desde el día 2 estaba detenido en La Pacheca, acosado de los vientos contrarios, los cuales una vez le habían rendido el palo mayor, y la otra le hizo (Malaspina utiliza el vocablo echole) peligrar en el mismo fondeadero. Últimamente recalmado hacia Taboga había podido con los remos, y las mareas, aproximarse a estas islas, a donde Don Cayetano Valdés fue a remolcarles inmediatamente con un bote. Eran frutos de ésta excursión, el prolijo reconocimiento de todas las islas, y del bajo de San Josef, una multiplicidad grande de marcaciones a las puntas más distantes de ambas costas y una serie de observaciones de Latitud y Longitud (Estas en el cronómetro 71) que desde luego no dejarían la menor duda de la verdadera posición de cada punto.

Se insinuó de antemano que se reunían algunos otros objetos en aconsejarme una breve demora para la salida. El Sr. Gobernador, había querido, que asistiese a una Junta de Guerra, en la cual debía decidirse el partido preferente en las circunstancias poco agradables, en las que se hallaban actualmente estas provincias, por haberles el Sr. Virrey del Perú negado el Situado Anuo que solía mantenerlas. El parecer mío, unánime con los demás había sido el de despachar a Paita (El Perú) una de las falúas con un oficial de esta guarnición, que hiciese presente al Sr. Virrey las actuales urgencias de estas provincias, y consiguiese a lo menos una aseguración de prontas remesas, con la cual ni el crédito público, ni la circulación tuviesen un trastorno considerable; fue por consiguiente preciso, que nuestras maestranzas se ocupasen del reparo de aquella falúa y descuidasen algún tanto las atenciones diarias, que trae consigo un buque armado.

Además el mismo gobernador me había hecho presente, que había un servicio considerable a la corona, si pudiese conducir a los puertos de Nicaragua al Coronel Don Roberto Hogdson, que últimamente acosado de los indios Mosquitos, aún con riesgo de perder la vida, se había visto precisado a venir con su familia a Chagres cuando las órdenes de S.M. le precisaban el presentarse al Presidente de Guatemala con la mayor brevedad.

Respondí inmediatamente accediendo a este transporte hasta Realejo, y como fuese preciso dar algún tiempo para que el Coronel verificase el viaje desde Chagres, me pareció debido prescribirle la mañana del 12 para último término de mi demora en Perico.

Ésta al mismo tiempo me proporcionaba el atender al remplazo de algunos marineros desertores, a las diligencias continuas para encontrar un buen práctico de la costa siguiente hasta Realejo o Acapulco; finalmente para poner en orden una remesa de seis cajas las cinco de historia natural y la otra con el Nº 13 (Se refiere al cronómetro nº 13) descompuesto, para que, recomendada al Jefe de Escuadra Don Joaquín Cañaveral, Comandante General de Cartagena de Indias llegase al Sr. Intendente de Cádiz, a quien avisaba el paradero del reloj y de las cajas.

No fue posible alcanzar los remplazos de marinería en lugar de los seis, que habían desertado de las corbetas, y eran todos de los recién admitidos en Lima o Guayaquil. Fue encargado de la falúa que navegara a Paita, el único practico que hubiera podido sernos útil hasta Realejo, y por lo que toca a la remesa de los seis cajones, a Cartagena de Indias, quedó a al cargo Don Agustín Gana, vecino y del comercio de esta ciudad, anticipándole yo, por cuenta de S.M. la cantidad de 80 pesos fuertes, para que de ningún modo fuese la conducción gravosa a estas cajas reales, todas exhaustas de dinero.

Comentario:
Malaspina refleja con sencillez -Diría que con prudencia y sin querer hacer leña- cuál es la situación de penuria en la que encuentra la expedición a la Hacienda Real y a la economía en las provincias de Panamá: esperando por un lado su Gobernador el Maná anuo que le llegaba del Virrey del Perú para sostener siquiera la estructura administrativa de la corona allí, a poco más de 30 millas de la isla Contadora y en las mismísimas puertas del camino de la plata hacia la metrópoli, mientras en la costa, como ocurriera en Chile, no existían calafates ni carpinteros de ribera para reparar una falúa, y ni siquiera había liquidez suficiente en las arcas reales para hacer llegar a Cádiz, seis cajas con material valioso de la expedición.

[i]Malaspina -Al menos en su diario- no dice nada sobre cómo encontró la expedición la estructura económica de la provincia de Panamá. De su pluma no han llegado hasta mí sus impresiones sobre el desarrollo de la pesca y la agricultura en la colonia, la existencia o no de algún tipo de industria, el mercado interior y las conexiones externas, aunque de esto último son muy reveladores los datos sobe las exportaciones inglesas a la América del Sur al final del Siglo XVIII que señalan que el 25% de las exportaciones británicas de aquella época tenían como destino precisamente la América española del sur.

Fuente: Historia del Mundo Contemporaneo. Editorial Anaya 1978, citando fuentes de de P. Goubert. El Antiguo Régimen, Buenos Aires 1971. P. León. Economies et Societeis Preindustrialles 1650-1780, París 1970. B. A. Holderness, Pre Industrial England. Londres 1976.


Entre tanto, tal vez recordar que este año de 1790 que acaba, es el año del destierro de Jovellanos, el de la prohibición en España de la Enciclopedia y que faltan solo dos meses para el nombramiento de Godoy como Mariscal de Campo.


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19 Jul 2015 00:09
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
… 4 diciembre.

No debí olvidar al mismo tiempo, cuanto sería preciso un buen acopio de tabaco para la marinería, en un paraje, donde lo había bueno, y que debíamos considerar como el último abastecido de ese fruto indispensable para el marinero…

Adolecía ya desde algún tiempo de males habituales, el primer calafate Pedro de Lamas y el artillero de mar Francisco Ximeno ambos de esta corbeta, el primero de resultas de unas fiebres intermitentes inveteradas, tenía una obstrucción en el hígado, y bazo con un principio de derramen seroso en el bajo vientre, que denotaba muy próxima la hidropesía, el segundo con una hepatitis o inflamación del hígado, que había terminado por supuración en la misma víscera, necesitaba una operación tan penosa, y difícil en sí, como después necesitada de una convalecencia casi inasequible a bordo.

Pareció pues prudente el desprender uno, y otro del buque de su destino para que únicamente se ocupasen de su salud, y además de los auxilios en dinero, que se les concedieron hasta completar sus alcances, tuvieron las certificaciones, y pasaportes correspondientes, para que pudiesen al momento de su restablecimiento pasar a Cartagena de Indias y continuar el Real Servicio.

11 diciembre.

Ya todo dispuesto, recibidas las ordenes generales del Gobernador de Panamá, particularmente por lo que toca al embarque del Coronel Hogdson, que ya en la noche del 8 había llegado a la ciudad, levamos el ancla del SE, así el anochecer, y quedamos casi a pique de la del NO…

12 diciembre.

No diferente de los demás anteriores, amaneció el 12 sumamente placentero, y con viento galeno del NO. como nuestro ánimo fue dirigirnos a Taboga para reemplazar en aquel fondeadero toda el agua, y al mismo tiempo precaver su putrefacción con cal, que de ante mano habíamos pedido prevenir, embarcándose en las lanchas diferentes vasijas “Malaspina usa el vocablo vacijería” para que a la vela alcanzasen aquella rada, y le siguieron ambas corbetas luego con gavias y juanetes.


Es este fondeadero de los que con más atractivos deben convidar al navegante, particularmente en la estación de brisas, de las cuales está bien abrigado. A un medio cable de la playa se encuentran aún seis y siete brazas y un riachuelo que por allí lleva al mar aguas cristalinas las ofrece sin la menor incomodidad y del mejor gusto, y duración al navegante. Entre un ameno bosque de plantas útiles: plátanos, cocos, nísperos, aguacates, piñas, y tamarindos, habitan unas cien familias de gente pacífica, y feliz, que reúne a un regular parecer, un semblante de opulencia, no frecuente en esto parajes y mucho menos en las inmediaciones de Panamá. El aseo de las casas, el aseo de los trajes, particularmente de las mujeres, sus danzas casi continuas presentan un nuevo resalte a la escena. Finalmente a no mayor distancia de una milla es leña abundante y las playas frecuentadas con peces bastantemente sabrosos.


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02 Ago 2015 12:09
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
… 12 diciembre.

Antes del medio día (dirigida para el mejor orden la aguada por Don Manuel Novales) recibimos ya en una, y otra corbeta una lancha con agua y mediante el vigor y la comodidad con que se trabajaba, a las ocho de la noche eran ya considerables nuestro acopios, aunque vaciásemos en bodega un número no indiferente de pipas con el objeto de ventilar la bodega y limpiar la sentina, y de sustituir una mejor agua, que teníamos de Lima y Guayaquil.

Dueños de todas las horas de la tarde, y aún de una parte de la noche, mediante el beneficio resplandor de la Luna, no omitieron nuestros naturalistas en emprender sus excursiones botánicas y litológicas…
Según el Sr. Heanke, el terreno bajo y cultivado, no manifestaba la menor diferencia del que habían visitado en Panamá, pero la parte alta y no cultivada, manifestando otras plantas, bien diferentes de las que habían hallado hasta aquí…

13 diciembre.

Don Felipe Bouza con este intento, subió desde el amanecer la cúspide del monte, desde donde le sería fácil continuar sus bases a puntos distantes de la costa firme al Oeste, y de las islas del Rey. En el bote de la Atrevida Don Jacobo Murphy, sondó las inmediaciones del islote del Fondeadero, y la parte N. del canal entre Taboga, y Tabaquilla; y el piloto Maqueda en el bote de la Descubierta se dirigió a sondar la parte S. del mismo canal, en donde además de algunas piedras anegadas entre Tabaquilla y el islote Sube la Vaca, había una sumamente peligrosa, y media entre dicho islote y la isla Uraba, descubierta solo en bajamar, de suerte, que el paso tan útil entre estas islas, se hiciese algo temible con este motivo.


El calor del día, y mucho más la amenidad y comodidad del sitio distante como media milla de la aguada hacia la parte alta, habían persuadido a casi toda la oficialidad a bañarse en unas pozas, dispuestas anteriormente para el obispo de Panamá. La marinería y tropa lo verificaron al mismo tiempo o en la playa del Mar o en las inmediaciones de la aguada; y como toda la isla abundase en frutas extraordinariamente, y en particular naranjas, plátanos, cocos y limas, nadie careció de estos refrescos en toda la cantidad que pudiesen resistir sus estómagos; y pudieron así contrarrestarse en mucha parte los efectos temibles del calor.

14 diciembre.

Varios motivos de no poca monta no nos permitieron dar la vela en el día siguiente. Además que Don Felipe Bouza debía subir nuevamente a la cima del monte, y que era preciso dar a la gente algún leve descanso, que empezaban a declararse en algunos calenturas -Malaspina usa el vocablo “o uno o otro” l- ardientes. Insistían los naturalistas en un examen prolijo de los peces de estas inmediaciones, cuyas especies, tan varias, y agradables eran muy desconocidas en Europa.

De una y otra corbeta, se destacaron por consiguiente en la misma noche los dos botes, que puesta la Luna bajo el horizonte, y en las inmediaciones de la bajamar, cuanto fuese posible cuanto fuese posible al mismo tiempo cumpliesen los justos deseos de as investigaciones de la Historia Natural, y proporcionasen a los demás un nuevo refresco sumamente agradable. Fueron copiosas las adquisiciones, y en su variedad y novedad hallaron efectivamente los Sres. Pineda y Heanke mucho que añadir a los limitados conocimientos de la Historia Natural.

Fue también algo más feliz Don Felipe Bouza en la mañana de este día. Se apreciaban desde la cima y pudieron sujetarse por consiguiente a buenas marcaciones con el teodolito -Malaspina siempre usa el vocablo “Teodolite” para referirse al instrumento óptico- , la isla Pacheca, las de Oteque y toda la costa hasta la punta de Chame cuya ensenada con las inmediaciones de Panamá es bastantemente considerable. De este modo lográbamos que entre las muchedumbres de las islas, que forman este archipiélago verdaderamente complicado, no admitiesen nuestras tareas el menor error ni en la parte astronómica ni en la geodésica.

Atento también, al objeto que nos habíamos propuesto de permitir a la gente que por un día entero fuese a tierra a gozar de su libertad, en cuanto no le arrastrase a ningún desorden, fueron en este día generales no solo los permisos, si también los estímulos, después que por la mañanita, recibida la última lanchada de agua, se concluyeron los trabajos de bodega. Todos lavaron su ropa y con este motivo pasaron la mitad del día agradablemente en el agua ni en su conducta de todo el día, dieron el menor motivo para afianzar las voces esparcidas entre el vulgo de Panamá de ser nuestras tripulaciones díscolas y realmente terribles.

Ya concluidos de este modo todos los objetos, que podían detenernos en esta aguada, solo nos ocupamos en la restante tarde del arreglo de nuestros relojes para dar la vela en la mañanita siguiente. El número 71 de la Atrevida se había traído a esta corbeta desde el regreso de Don Manuel Novales, para que con esta precaución los tres cronómetros se afianzasen recíprocamente con las comprobaciones diarias y mediante el excelente número 10, que no debíamos mover de su sitio, tuviese la Atrevida sus longitudes con igual seguridad. Habíamos tenido también la precaución de agregar a las observaciones hechas en Panamá para el arreglo de su marcha, los medios días de éste, y del anterior observados en la playa con el Cuarto de círculo por Don Juan Vernaci.

Al anochecer ya conseguimos ver a bordo de ambas corbetas toda la gente, que había estado en tierra, y como al excesivo calor del día sucediese con el esplendor de la Luna una noche suavemente fresquita, preferimos esta hora para nuestras faenas de anclas, y así a las nueve, ya prontos para dar la vela dimos a la gente un descanso completo.

Comentario:
A notar que Malaspina no desaprovecha la oportunidad de elogiar a las tripulaciones cuando su comportamiento así lo merece, como es este el caso de la estancia de las corbetas en el fondeadero de Panamá.



Fin de estada en Panamá


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08 Ago 2015 13:59
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Navegación desde Panamá a Realejo. (*)

(*) En la actualidad, la población de Corinto, El Realejo ( 12º 28’N 87º 10’N) es un municipio perteneciente al departamento de Chinandega, en la República de Nicaragua. Durante la dominación española, fue sede del puerto de La Posesión y del Corregimiento de El Realejo, en la división territorial y administrativa de la Capitanía General de Guatemala en la que hubo un importante astillero y fue puerto utilizado por la corona española como puerta de salida al Océano Pacífico.

Ti-mon1

15 diciembre.

Al atardecer del día siguiente pudimos así emprender con vigor nuestra faenas de meter las embarcaciones menores, que el excesivo peso de la lancha hizo algo agitadas, y finalmente dar la vela hacia las siete navegando antes con gavias y juanetes y luego con todo el aparejo hacia las islas de Otoque…con objeto de evitar el bajo reconocido en los días anteriores nos aproximamos a pasar como a tres cables de distancia del extremo de la isla de Urabá.

…luego que terminadas por la tarde nuestras tareas, pudimos extenderlas desde la punta de Chame y la punta Mala, interna mucho más de lo que aquellas expresan, pero es al contrario mucho menos hondo de lo que manifiesta la carta inglesa de Jefferis con el nombre de golfo de Natá.

A la verdad, examinadas a la sazón las cartas indicadas, nunca fue posible combinarlas con los extremos que alcanzábamos a la vista, y temerosos por consiguiente de una equivocación considerable así en las tareas del día fuese necesario para franquearnos y luego no desamparar la costa para examinarla con toda seguridad al día siguiente. Así desde las 10 de la noche, y ya por el fondo de 35 razas paireamos mura de babor sobre las gavias continuando viento bien fresco del NNO y mar bastantemente picada del mismo.


17 diciembre.

Solo al anochecer logramos ver entablado nuevamente viento fresco del N que ceñimos inmediatamente al ONO, para aproximarnos a la punta Mariato y a las islas contiguas cuyo conocimiento debíamos mirar como xe la mayor importancia, pues que, después de haber sido escala de muchos piratas filibusteros -Malaspina utiliza el vocablo Filibusteres- , y luego del comodoro Anson, causaban aún continuos proyectos de establecimiento de naciones rivales y no pocos recelos en la nuestra, cuando la guerra o intereses particulares arrayasen al mar Pacífico otras naciones que la española.


18 diciembre.

Inmediatamente hicimos fuerza de vela, ceñimos al NO ¼ O emprendiendo las bases, que luego, así el Sol estuvo algo elevado, procuramos sujetar a las observaciones de Longitud, y nos fuimos aproximando así al extremo N de Coiba. Después como a las nueve ya no distantes sino muy poco de la costa de aquella isla, en donde está el fondeadero, arribamos reconociéndose de cerca, y navegamos al SSO pasando a una legua escasa de la punta del SE a donde hallábamos treinta y ocho brazas arena fina, y pudimos advertir que el bajo indicado por Anson está mucho más próximo a la costa de lo que parecían indicarlo las noticias anteriores.

Debía parecernos preferente a primera vista el pasar por el canal que forma la tierra firme con el extremo NO de Quibo, así porque el reconocimiento de la costa siguiente sería mucho más fácil, como porque el tiempo y nuestra posición parecían convidarnos a este paso, que por otra parte, proyectaba bastantemente limpio, pero considerando, que las islas Coiba y Quicara habían sido y serían nuevamente un cebo para los que visitasen estos mares con otra bandera que la nacional, y también recelosos algún tanto de las calmas que nos dejasen al albedrío de las corrientes, inclinándonos como era natural hacia la costa, e islas inmediatas, preferimos últimamente el costear de cerca también la isla Quicara, y el islote inmediato y pasar al sur de todas las islas.


19 diciembre.

La noche fue calmosa, y tan despejada como las anteriores. Aprovechamos con proa al O algunas ventolinas del E y al amanecer ya marcábamos la Montuosa al N 40º O, distancia de tres a cuatro leguas.
Fueron luego muy cortos nuestros progresos en toda la mañana, pues aún aprovechando con todo el aparejo las ventolinas del NE, apenas al medio día habíamos conseguido aproximarnos a la isla más de dos leguas y media.


20 diciembre.

A las 3 ½ de la mañana ya veíamos con el resplandor de la Luna los dos islotes Ladrones a distancia de tres leguas al N. era una baliza demasiado importante para la segura colocación de los islotes adyacentes a la punta de Buricas para que pensásemos en separarnos de ella. Así aunque el viento continuase fresquito y favorable, capeamos de la vuelta del NO con las mayores y las gavias arriadas, esperando con ansia el día, que debía proporcionarnos la vista de objetos muy interesantes.


22 diciembre.

Para que no obstante se desquitasen en cierto modo los atrasos considerables, que de esta inacción resultaban al viaje. La historia natural logró en estos días nuevos objetos curiosos para sus pesquisas incesantes entre unas bandadas (bancos) casi innumerables de peces, que rodeaban la corbeta, y que a veces con alboroto general, y repentino presentaban en sus saltos y en el hervidero del mar, un -espectáculo agradable, se cogieron o bien con la fisga -Malaspina utiliza el vocablo Fizga- o con el anzuelo, diferentes dardos, atunes y bonitos, se logró la vista de una manta a la cual estaban agarrados tres peces del largo de un codo; la lucha de un taurón con una tortuga y el destrozo instantáneo que hicieron dos taurones de una tonina herida con nuestras fisgas; ofrecieron nuevos objetos curiosos y finalmente se logró coger un pez atigrado, que nuestros naturalistas hallaron ser de la clase anfibia de los Balistes y parecido a los Guapervas de Brasil, ya descritos por Linneo.

Las moluscas en sus combinaciones diferentes, y multiplicadas, habían sido también un objeto digno de un examen repetido y nuevo para Don Antonio Pineda; y entre las aves, se consiguieron coger vivos dos pájaros bobos y una especie de golondrina de mar.

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17 Ago 2015 07:17
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Inciso necesario.

El Tomo III de “La Expedición Malaspina 1798-1794” está dedicado íntegramente a los “Diarios y Trabajos Botánicos de Luis Nee”, volumen editado en 1992 por el Ministerio de Defensa, el Museo Naval y Lunwerg Editores.

El mencionado volumen pertenece a una colección mucho más amplia que abarca otros diez tomos que componen una excelsa obra en la que no cabe desperdicio alguno, y donde, además de la propia autoría del excelente botánico Luis Nee, autor de los trabajos referidos realizados durante todo el tiempo que duró la expedición embarcado en la corbeta Atrevida; cuenta también entre sus títulos de crédito con personas de nuestro tiempo que hicieron posible la publicación de tan sobresaliente trabajo con el que se saca a la luz, siquiera en una infinitésima parte de la ingente y nunca bien ponderada documentación generada por nuestros expedicionarios, ya que por avatares de (la historia ¿?) en su tiempo, el fruto de sus esfuerzos fue decretado a la postergación, el olvido y a la diáspora, en aras al extremo egoísmo que supone sacar provechos privativos de los actos de gobierno, pasando por encima del bien común, la utilidad pública y el interés general de la nación, esta nación llamada España, ejercitando en aquel modo de proceder una acción más entre las muchas, con las que se evidenciaron las inmensas felonías que de tapadillo, circularon por los fangales del orden político en el que se estancó la España de aquel entonces.

En la España de hoy, aún tenemos la inmensa fortuna de disponer de esta obra y por ello, es de justicia mencionar aquí a los españoles que la han hecho posible:


José González–Aller Hierro, Director del Museo Naval de Madrid como responsable de la Dirección Científica.
Mª Dolores Higueras Rodríguez. Jefa del Área d Investigación, Conservación y Exposición del Museo Naval de Madrid.
Ricardo Cerezo Martínez.
Mª Dolores Higueras Rodríguez.
Mª Victoria Ibáñez Montoya.
Rafael Martínez Cañavate.
Feliz Muñoz Garmendia.
Juan Pimentel Igea.
Carmen Sotos Serrano.
Julián de Zulueta Cebrián.
Carmen Sanz Álvarez.
Alicia Fernández.


De la introducción del referido Tomo III de “La Expedición Malaspina 1798-1794. Diarios y Trabajos Botánicos de Luis Nee” recopilamos los siguientes párrafos suficientemente indicativos de la importancia que tiene o ha de tener la Historia Natural en la Historia General de un país. Son por ello fuente de sabiduría:

“Parece que los estudiosos están de acuerdo en suponer que desde comienzos del siglo XVIII, y durante todo él, se produce un proceso en el que coinciden dos corrientes renovadoras, la una de carácter económico, con la implantación del capitalismo y sus ideas de “modernización”, “progreso”, “crecimiento”, “eficacia”, etc.; la otra, de índole cultural o científica, ciertamente unida o causa de la anterior, que impone progresivamente el culto a la razón, a la tolerancia, al enciclopedismo y al concepto de lo útil, anteponiendo la observación y la experimentación a la autoridad…”

“La Botánica en el siglo XVIII y las expediciones científicas.

Dentro de la nueva concepción de la botánica resurge como ciencia de moda, a partir de la segunda mitad de dicho siglo, precisamente porque reunía de forma ejemplar todos los elementos de la “ciencia ideal”: sistema racional, afán de catalogación enciclopédico, utilidad, y buena disposición para poder ser cultivada con relativo éxito por cualquier ilustrado diletante. Lineo, con la creación e su Sistema Sexual, posibilitó, en apariencia, la clasificación y la fácil determinación de las plantas -“Deus creavit; Linneus disposuit” decía con modestia- lo que permitió un mejor conocimiento de las que aún no estaban descritas y, en consecuencia, su descripción y representación a la comunidad científica…respecto a su utilidad, hasta hoy se la reconoce como medio de diferenciación e identificación de las plantas “útiles” pero más en el siglo XVIII cundo se produjo una revolución agrícola, y farmacéutica con la introducción en Europa de los nuevos cultivos y drogas de plantas de origen fundamentalmente americano -maíz, patata, tomate, cacahuete, etc., entre los primeros, y la quina, coca, calahuala, etc. entre las segundas. Copiamos de Linneo al respecto.”

“De las plantas hay unas que los hombres han preferido para su propio uso, otras que han dexado para el sustento de los animales, y otras que han atendido a la conservación del equilibrio en el mundo político, se cultivan en determinadas partes; así vemos que jamás se han plantado las especias en América, ni el té en Europa, a fin de que los Chinos no carezcan de este ramo lucrativo de comercio. Por esta razón es máxima sentada entre las naciones europeas de ocultar y hacer privativas aquellas producciones que son particulares de sus colonias.”

“El Sr Carvajal -Se refiere a José Carvajal y Lancaster, Secretario de Estado desde el 13 de diciembre de 1746- era muy gran ministro para dejarse engañar de tan errónea máxima. Sabía muy bien que los manantiales de la naturaleza son inagotables y que de su conocimiento y uso no pueden resultar inconvenientes ni perjuicio alguno -Es bastante obvio que en siglo XVIII ni siquiera el propio Linneo podía aventurar que en el siglo XXI, la expansión exponencial de los medios de producción industriales y el consumo a gran escala de los recursos naturales, tuvieran como consecuencia en envenenamiento de la naturaleza a una escala global. La contaminación ambiental- . Sabía así mismo cuan multiplicados provechos sacan de sus colonias los ingleses y franceses después que han conocido las propiedades y frutos del suelo. (*) ”

“(*) Cf. I. de Asso, Observaciones de Historia Natural…In: Anales de Ciencia Naturales, tomo 3, nº 9, páginas 288-289 (1801)”

En 1811 Mariano Lagasca, discípulo de Cavanilles y en su día Director del Real Jardín Botánico de Madrid exponía su opinión en las “Amenidades naturales de las Españas” páginas VIII-IX (1811)

“Conocimientos tan preciosos (Aquellos sobre los seres naturales) como indebidamente olvidados, despreciados o al menos habidos en poco, singularmente por el gobierno; pues rara vez los promovió lo bastante para que diesen el colmado fruto que prometían, y antes bien los sofocó repetidas veces, en la propia cuna que él había preparado.

¡Tales son los efectos del descuido y la poca ilustración de un gobierno, malograr el fruto de las infinitas expediciones, después de haber gastado en ellas más caudales que todas las naciones juntas!

Dígalo el Gabinete de la Historia Natural de Madrid, que era la diversión de los que nada entendían, y un motivo justo de dolor para los inteligentes. Minerales hacinados sin denominación; animales sin clasificar y siempre con un nombre vulgar, recogido de cualquier modo; poquísimos insectos y con el mismo desorden; muchas conchas raras algunas, pero inútiles todas para el estudio, por reinar en ellas la misma confusión; innumerables caxones de preciosidades infinitas, aglomerados en las guardillas; una biblioteca pobre y de plataforma; ninguna enseñanza; prohibición de que se entrase allí con el fin de instruirse; grandes sueldos y consideraciones a los Directores y otros Dependientes, más o menos legos todos: tal era el triste cuadro, que presentaba este Gabinete de Historia Natural de la nación entera; y establecimiento por fin, en que debían haberse formado profesores, que honrasen a la nación con sus estudios, haciéndola conocer en cuanto posee en todos sus dominios. Si reflexionamos un momento sobre las causas del mal estado de este y otros establecimientos (cuyos objetos presentaban ideas grandiosas de bien y de utilidad); las encontraríamos en la elección de jefes ineptos para semejantes destinos; y si llevamos más allá nuestra consideración veremos que la causa de tales elecciones existía en la ignorancia de los que la hacían. Desengañémonos: mientras la sabiduría no presida en la elección de todos los jefes de los establecimientos científicos; la protección que el gobierno les dispense, será de poca o ninguna utilidad, y perjudicial las más de las veces a las ciencias, a los que de veras la profesan y al interés propio de la nación. No basta para conseguir el acierto en esta materia, la sabiduría y el buen corazón de un Ministro: es absolutamente necesario estén dotados de las mismas prendas, los demás Secretarios que le auxilian, al menos en los ramos, de que están encargados.”

De las desnudas palabras de Mariano Lagasca se pueden sacar muchas conclusiones: entre otras, lo poco que hemos aprendido de nosotros mismos desde aquel entonces hasta ahora. Lagasca parece hacer la crónica de actualidad de cualquier partido o incluso gobierno de los de hoy; y es por ello que la traigo aquí a este “Inciso necesario” en la convicción de que nada está perdido aún, mucho más si al fin y a la postre, somos realmente capaces de analizar y entender nuestra propia historia, con el ánimo de superar abiertamente y sin complejos nuestros errores ya la vez felicitarnos con modestia de los aciertos, alejándonos en lo posible de cualquier análisis histórico que se limite a la retención o el aprendizaje de nombres, datos y fechas, sin afrontarlos previamente mediante una batería descarada de preguntas que nos hablen de los contextos, las circunstancias las opciones barajadas y barajables, las ejecutorias, y las consecuencias.
Todo contra el Gran Tapete que Todo lo Tapa a la hora de examinar los errores y las derrotas, ¡Así no se aprende! Y todo a favor del análisis riguroso y sistemático con el que extraer conclusiones útiles para la nación hoy. Exactamente igual que nuestros ilustrados que se acercaron a la naturaleza desde el conocimiento y nos enseñaron a mirar la Historia General desde la óptica de la Historia Natural, armados de sus zurrones y cuadernos de campo a lomos de la ciencia de la botánica.
Por ello y porque observar el dibujo botánico de una planta, no es como mirar un cuadro o el plano de una bombarda y porque en el conocimiento de la naturaleza se sitúa el porvenir de cualquier pueblo hoy en el siglo XXI, por ello me permito hacer este humilde alegato a favor de la naturaleza en la historia de nuestra nación, de sus hombres, sus trabajos y por supuesto sus dibujos.


Si desde el presente sabemos guardar el debido respeto a nuestra Historia Natural, aprenderemos a manejarnos como pueblo en las incertidumbres de un futuro en el que los recursos naturales serán la clave de cualquier supervivencia, no digamos ya liderato. ¡Brindo por ello!


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18 Ago 2015 21:26
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Continuación singladura entre Panamá y Realejo

25 diciembre.

…Nos hallábamos a la sazón en Latitud 7º38’y Longitud occidente de Panamá 3º26’ por los relojes marinos.

Por tercera vez se comprobaron éstos con los de la Atrevida; resultándonos con mucho agrado el ver, que eran casi insensibles las diferencias por tanto más segura la deducción de las longitudes, que diariamente asignábamos a uno, u otro punto de la costa.

No debíamos olvidad para el justo recreo de nuestra oficialidad de mar, tropa y marinería, que el día de Navidad, solía en tierra celebrarse por lo común con algún exceso de comida, y así no solo cuidamos de mezclar las coles agrias, y un cuartillo, y medio de vino a la ración diaria, si también de agregar alguna arina, azúcar, y carne fresca de nuestras provisiones, procuramos, que se aproximasen a nuestro trato, con una variedad, y agrado al paladar, que desde luego debía infundirles tal cual alegría, y amor al servicio.


26 diciembre.

Emprendimos de nuevo nuestras tareas de luchar con una variedad continua de ventolinas casi imperceptibles; o más bien aprovechar estas para luchar con la corriente contraria. A ratos vencíamos, otras veces perdíamos considerablemente, pero siempre al amanecer el primero, y por lo común, el único objeto que se nos presentaba a la vista, era la isla Montuosa, que veíamos del NE al ENE, según se inclinasen más o menos las corrientes al S. por ventura no nos abandonaron los peces, y unas veces su mucho número en el mar, bien perseguidores o perseguidos, otras su utilidad para nuestra comida, y otras su novedad para la historia natural, tranquilizaban, o distraían a lo menos el natural enfado de verse ya por tantos días en un mismo paraje.

Los dorados, y los turones se inclinaban al anzuelo. Era preciso acechar con la fisga a las toninas, de entre las cuales Don Antonio Pineda examinó una con toda prolijidad anatómica. Vieronse además algunas tortugas, pocas ballenas, y voladores, un pez espada, y una infinidad de pececitos que acompañaban a poca distancia a la corbeta.

Solo en la mañanita del 28, ayudados de una turbonada del SE, con bastante agua, pudimos perder de vista la Montuosa, y aproximarnos a la del caño, que ya al medio día marcábamos al N 20º O a distancia de 8 leguas. Habíamos preferido en esta ocasión hacer rumbos algo más al O, para que, algo más distantes de tierra, experimentásemos menos el efecto de las corrientes contrarias. La calma y las virazones sumamente flojas, que ya teníamos al medio día no nos permitieron adelantar un paso, ni en este, ni en el día siguiente, tanto que no nos parecía difícil avistar por tercera vez la Montuosa en la mañanita del 30, pues que una calma sin gobierno de toda la noche anterior nos había dejado enteramente entregados al albedrío de las corrientes.

30 diciembre.

…No nos habíamos tampoco descuidado en todo este tiempo, en abrigar del Sol pernicioso y directo, las tripulaciones de ambas corbetas, cubriendo desde su salir hasta el ponerse, todas las partes de la cubierta, con toldos, usando del vinagre para los zafarranchos; no permitiendo a nadie que estuviera al Sol a pie firme, ni aún con objetos de pesca; finalmente, añadiendo a la ración diaria medio cuartillo de vino. Con estas precauciones y particularmente con la felicidad de que a estas calmas no acompañasen como es común unos aguaceros frecuentes, pudimos conseguir que no se extendiesen, antes bien que se extinguiesen, de un todo las calenturas, ya introducidas en ambas tripulaciones por los calores excesivos de Panamá. En una y otra corbeta llegó el número de enfermos a 13 y 14; y en la Atrevida complicándose en uno de sus marineros esta enfermedad, con una rotura de vasos, procedida de un violento culatazo de fusil en el pecho, ocultado al cirujano hasta los últimos días, tuvieron la desgracia de que no alcanzasen los remedios a salvarle, y pagase en la misma tarde del 28 el último tributo a la naturaleza.

Don Francísco Flores, conoció desde el principio, que las calenturas, de las cuales adolecían varios en la Descubierta, (y entre ellos el Alférez de Fragata Don Felipe Bouzá) eran unas sinocales o simples pútridas, dominando en todas la plétora sanguínea, y el humor bilioso, dimanadas sin duda, la primera de los efectos del Sol, y el segundo, del exceso de comida, particularmente los plátanos, y otras frutas no bien maduras. En algunos se complicaron con malignidad, pero adoptando a estos la Quina, y por lo común las sangrías y los antimoniales, y los ácidos vegetales, no tardaron a detenerse de un todo, bien que con una debilidad considerable en la convalecencia, que sería difícil reparar en el mar. Merecen en esta ocasión particular memoria, la mixtura antimonial, para excitar el vómito, y la secreción de las materias biliosas, así como el uso de la Rosella para convalecientes ambas cosas propuestas por el Doctor Masdeval y usados ahora con el mayor acierto por el Doctor Flores. El termómetro de Farenheit puesto a la sazón al aire libre, y a la sombra, solia no pocas veces llegar a los 90º.


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20 Ago 2015 07:13
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
31 diciembre.
…El último día del año fue finalmente la época en la que debían terminar al menos en mucha parte los enfados de una calma de quince días, que hubiera merecido sin dula la pintura de un historiador elocuente del viaje de lord Anson, pues que había descrito con tan vivos colores, el malogro de un viaje feliz a Acapulco con la demora de los solos cinco días a la vista de la isla de los Cocos.

Al anochecer empezaron a entablar ventolinas del ESE y ENE, con mar algo gruesa de la misma parte; y como en esta ocasión las corrientes fuesen más bien favorables, que adversas pudimos conservando la proa al ONO, aprovechar la mareta favorable, y finalmente por la mañana, marcar la isla del Caño punta Buricas al N 20º E, logrando la vista de un trozo nuevo de costa, que por tanto tiempo habíamos deseado.


1 enero 1791.

Era este nuestro entender (puesto que parecía imposible el combinar con alguna probabilidad las cartas, con lo que veíamos) el trozo de costa que en la carta de Jefferis corre desde la isla del Caño y punta Mala hacia el puerto del Inglés,. Las tierras eran por lo común bastantemente altas, y abrían una ensenada considerable; cuyos términos apenas podíamos alcanzar, no tanto por lo mucho que se internase, como por la tierra baja que le rodeaba, y estaba antepuesta a otra más alta y bien confusa.

4 enero.

Así al medio día del 4 por Latitud de 7º 54’, apenas conseguimos haber logrado una cuarta de marcación a la puta Gorda; solo si, que por ventura se alcanzaba desde el tope y próximamente al NO, la vista de una isla que creíamos la del Caño.


Ya pues no podía ocultársenos, que nuestra situación desde el día 1º no era muy diferente a la que por tantos días nos había detenido a la vista de la Montuosa. En tres días apenas habíamos ganado unos dieciséis minutos de Longitud, la Latitud era la misma, y el semblante del tiempo no nos anunciaba sino calmas, tanto más temibles cuanto que las inmediaciones del novilunio, parecían más bien conformarlas que disiparlas. Hubiera por consiguiente sido reprensible el sacrificar un tiempo preciosos perseverando en la empresa de no abandonar la costa, cuando la navegación de lord Anson desde Coiba a Acapulco, próximamente en una estación igual a esta, nos hacía creer, que por los cinco o seis grados, encontraríamos probablemente vientos favorables.

6 enero.

Así como en la siguiente noche; solo resultasen de la revolución deseada del tiempo, algunos aguaceros fuertes, y el refrescar nuevamente el viento por el ONO. Con mar algo gruesa, y semblante de duración, no titubeé un instante en la mañanita siguiente en enviar instrucciones al comandante de la Atrevida, relativas al nuevo plan que me había propuesto.

Antes de especificarlo, no será inútil un examen de nuestro plan primitivo, y de nuestras circunstancias actuales que dieron lugar a esta alteración.

Al tiempo de nuestra salida de Panamá concurrían unánimes las noticias de los derroteros, los informes de los prácticos y los vientos reinantes desde los últimos de noviembre a asegurarnos, que las brisas o vientos del N estaban completamente entablados. Dimos la vela desde Taboga en la mañana del 15 de diciembre, y así en este, como en el día siguiente fuimos bastantemente felices para contemplar el reconocimiento de la costa hasta el morro de Puercos, lo que apenas estaba al alcance de nuestros deseos. En los días calmosos que le siguieron hasta el 21 dos noches tuvimos viento fresco de la misma brisa, que, conformando en mucha parte nuestro primer concepto, solo nos persuadía que hasta el novilunio próximo, no echarían raíces, pero sí continuarían, interrumpidos con tal cual calma a favorecer nuestra derrota.

Bajo estos antecedentes no debía parecer temeraria nuestra esperanza de poder alcanzar el Realejo hacia el último del año, trabajando como hasta aquí la costa por bases, bien que sin internarse en los golfos de Nicoya y del Papagayo; luego en unos siete días completar dicho puerto nuestras tareas incluso el reconocimiento por tierra del golfo de Fonseca, o Ampala; finalmente en el último restante hasta mediado febrero continuar, o divididos o separados de la Atrevida, según lo exigiesen las circunstancias, toda la costa hasta Acapulco; para reunirnos de nuevo, o allí o en San Blas, y a medida de las ordenes soberanas, halláramos en estación oportuna el navegar al Norte.

Con las maderas del Realejo, y los obreros de San Blas, si fuesen necesarios completaríamos nuestras obras de refuerzo, y renovaríamos la lancha de la Atrevida; la nao de Acapulco, contando con una natural escasez de gente en San Blas, nos daría la marinería voluntaria, que necesitásemos, finalmente lograríamos antes de envolvernos en nuevos riesgos, ver afianzada una parte esencial de nuestra comisión, esto es las cartas hidrográficas de nuestras costas en el océano Pacífico. Nunca debíamos imaginar, que hubiese contra todas las noticias adquiridas, una corriente al ESE, bastantemente fuerte y constante.


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20 Ago 2015 18:02
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
…6 enero.

Puede juzgarse por consiguiente, cuales debían ser a esta época mis recelos de un total malogro en el plan indicado. Desde el 28 de diciembre hasta el 6 de enero, estoes, en el espacio de veinte singladuras, habíamos ganado unas treinta leguas al Oeste, y sacrificadas pocas menos al Sur.

En este plazo, las corrientes habían trastornado nuestra estima en 97 leguas al E., y en 45 al S., con una fuerza media de 16 1/5 millas al ESE por singladura, cantidad que apenas podíamos contrarrestar diariamente rodeadas o de calmas, o de virazones con exceso flojas y variables.
Si desde el día 4, estimando la derrota del almirante Anson desde Coiba a Acapulco, habíamos abandonado la costa, que a la sazón ya teníamos distante en más de cuarenta leguas, no por esto había variado nuestra suerte; pues aumentando las corrientes contrarias, y más tenaces aún los vientos al Oeste con mar gruesa, que aumentaba el abatimiento en los últimos tres días, veíamos como único fruto de nuestras maniobras y discursos, el haber perdido dos grados de Latitud, sin ganar más que diez u ocho minutos en Longitud.

Atento a estas reflexiones, y no permitiéndome la demasiado próxima alteración del tiempo, consultarlas con el comandante de la Atrevida, que por otra parte suponía de mi mismo sentir, le insté al tiempo de enviarle la instrucción de sus pasos venideros, que aprovechando el bote de esta corbeta, y sus embarcaciones menores, transfiriese luego luego a este bordo el equipaje, y familia del Regente de Guatemala, y comparados los relojes, se considerase independiente a esta corbeta para sus pasos venideros. La instrucción prescribía principalmente que la Atrevida se dirigiese con la posible brevedad a Acapulco; y allí se enterase su comandante por los Oficios del Excmo. Sr. Ministro de Marina, o por las órdenes del Excmo. Sr. Virrey de México, del real ánimo de nuestra campaña del Norte en el verano próximo. Si hubiésemos de ejecutarla que dejase encargados en Acapulco aquellos efectos bien sean comestibles, o de pertrechos que hallase, o útiles, o necesarios, para que yo al paso lo recibiese, y que inmediatamente diese la vela para el puerto de San Blas, y allí acorde con el Capitán de Navío Don Juan de la Bodega y Quadra emprendiese la construcción de una lancha nuevaque pudiese navegar sola y armada por largo tiempo. Debía al mismo tiempo, si encontrase la Nao de Manila en Acapulco reclutar unos veinte marineros escogidos evitar toda clase de comercio, y enterar al Ministro de Marina, de las causas inopinadas, que habían trastornado nuestro plan primitivo, y sugerido la actual separación, finalmente, si en último de marzo no se hubiese verificado la reincorporación de esta corbeta, o no hubiese noticias de ella, debía emprender aquel destino, que las Reales Órdenes, sus actuales circunstancias, y sobre todo el parecer del Capitán de Navío Quadra dictasen por más prudentes, y adecuado. Le insinuaba que prefiriese la derrota de Anson con atenciones no obstante al efecto de las corrientes, que sin duda le arrastrarían hacia las Galápagos; le recomendaba el dar visita a la isla de Cocos, pero sin que esto influyese el menor retardo, en el viaje; finalmente avisaba de oficio al Excmo. Sr. Virrey de México, el extracto de estas medidas, y sobre todo mis súplicas eficaces, para que facilitasen al Comandante de la Atrevida, todas las órdenes que me fuesen dirigidas , y yo hallase en Acapulco así los diez mil pesos, que había solicitado de antemano, como cualquiera otras órdenes S.E hubiese tenido a bien comunicarme.

Eran las 7 ½ de la mañana cuando quedaron ya transbordados los equipajes, y servidumbre, comparados los relojes marinos y metidos los botes en una y otra corbeta. Despidióse por consiguiente la Atrevida continuando con todo el aparejo al SO. Nosotros tomamos las muras de babor, con ánimo de arrimarnos de nuevo a la costa, siempre que se nos proporcionase recalar hacia el cabo Blanco, en el extremo Oeste del golfo de Nicoya; logrando también con este partido el dividir los trances para el encuentro más breve de vientos favorables, y el hacer la navegación más libre e independiente.

Antes del medio día ya nos perdimos de vista, aunque el viento fuese bastantemente flojo. Orzamos a la sazón hasta el NNO, los carices continuaban aturbonados, el viento y la mar picada del ONO al O.

8 enero.

Por ventura en todo este tiempo no habíamos carecido de una pesca diaria abundante de dorados y bonitos a la cual habíamos ahora agregado otra muy entretenida de pescados chicos, que en muy crecido número seguía la popa, y caía con mucha facilidad en el anzuelo.

Eran estos según los Sres. Pineda y Heaenke de la especie de los Gasterosteos o Pilotos, de muy buen sabor para la mesa, y en tanto número, que desde la santabárbara en una hora se cogían 70 u 80..


12 enero

Hallamos en esta ocasión, no sin mucha complacencia, que las corrientes habían cedido enteramente, y por consiguiente pudimos lisonjearnos, que se acelelaría ya el plazo de nuestra llegada a Realejo tanto más, que todo anunciaba la próxima entrada de terrales fresquitos del NE y N


13 enero.

...

En todo el dia fueron más bien lentos nuestros progresos, conservándose ventolinas flojas del SSO, no obstante ya al ponerse el Sol veíamos continuar la costa del cabo Blanco hacia el Oeste, semejante a muchas islas y otros quebrados de los cuales distábamos 7 a 8 leguas.
Este acaso el paso, que ratificaba las posiciones del Excmo. Ulloa, contra todo lo que indicaba la carta inglesa de Jeffris, relativamente la los extremos del golfo de Nicoya, suministraba ya un grado de confianza a nuestra carta, que no debíamos esperar.

La costa desde la punta de la Herradura hasta la del Caño, era según todos los derroteros, bastantemente seguida, de suerte que situados ambos extremos por nuestras marcaciones, ninguna duda podía quedarnos de errores considerables; a menos que no vistos los farallones de Quipo, interpretásemos para su posición los derroteros con algún error, que siempre sería de muy poca monta.


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06 Sep 2015 12:23
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
14 enero.
Por cuanto fuese contradictorio así en las latitudes, y arrumbamientos, como en las señas de estas costas los diferentes derroteros y cartas que teníamos entre manos, no parecía caber duda, en que las costas actualmente a la vista eran las que se extienden desde cabo Blanco por la punta Guiones hasta el Morro Hermoso; aunque careciésemos, tal vez, por la mucha distancia de la vista de algunos islotillos, que pudieran caracterizarlas con mayor seguridad.


La tripulación tuvo diariamente dos comidas de pescado fresco. Sobró mucho para salarse, y aún tuvimos la agradable variedad de algunas tortugas, en las cuales, siendo de una especie nueva, aunque no lo advirtiese el almirante Anson, halló Don Antonio Pineda en que explayar su curiosidad anatómica.

Una calma casi constante de toda la tarde y noche siguiente, nos hacía temer las marcaciones de la mañanita del 15; pues debía al parecer el demostrarnos considerables pérdidas, si combinásemos los muchos hileros de corrientes, que veíamos con las corrientes al S y E que en los días anteriores nos habían arrastrado.

Pero por ventura hallamos deshechos (Malaspina utiliza el vocablo “dehesos”) nuestros recelos cuando vimos ya el Morro Hermoso al N 11º E, y luego siguiente a él, la costa, que tira hacia la punta Santa Catalina, conformándose aún más con la Latitud del medio día, la vista de una corriente bastantemente fuerte al N, que ya nos daba unos diez y siete minutos de diferencia con la estima.
Hubiese sido imprudencia, en la suma estrechez del tiempo en que nos hallábamos, el aspirar a un reconocimiento más prolijo de la costa en que nos hallábamos, la cual siendo bastantemente alta, y con puntos bien determinados, (Malaspina utiliza el vocablo ”terminados”) ya nos presentaba bastantes datos para prefijarle buenas latitudes y longitudes, tanto más suficientes cuanto que los antiguos derroteros daban de estos trozos de costa una descripción bien clara e individual.

16 enero.

…Al medio día fue nuestra Longitud de 7º 24’ y la Latitud 10º 20’ N; también considerablemente diferente de la estima.

La posición indicada, el perderse la costa de vista, desde el extremo que creíamos punta de Santa Catalina, y las mismas señales, que nos manifestaban los derroteros, todo concluía a hacernos creer que estábamos delante del golfo del Papagayo, cuya comunicación con Nicaragua y de allí por el río de San Juan con el mar Atlántico, se ha mirado siempre como un punto de la mayor importancia para la Geografía General del globo, que para los intereses nacionales...


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12 Sep 2015 18:03
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Navegamos por algún tiempo algo precavidos con los juanetes; pues que parecían realmente querer acrecentar las ráfagas ya del NE; pero luego las aprovechamos con toda fuerza de vela en vuelta del NNO.

17 enero.

De suerte que aún con la mañanita calmando casi de un todo el viento, eran ya considerables nuestro progresos de Latitud; y marcábamos al NE. ¼ N, el cerro al parecer avistado en la tarde anterior, viéndose otros dos bien notables al N y NNO; solo si, que en parte la distancia, y mucho más la calima, obligaban a marcar desde el tope no siendo posible conseguirlo desde abajo, si no al medio día, a cuyo tiempo era nuestra Latitud de 11º 30’, y la Longitud de 8º 20’al occidente de Panamá.

La sonda aún no daba fondo con 85 brazas, el viento, que había estado calmoso toda la mañana empezaba a declararse a virazón floja, y parecían habernos abandonado los peces, que en cantidades casi innumerables, habían acompañado a la corbeta particularmente la noche anterior
Como la virazón se mantuviese floja en toda la tarde, nada pudimos adelantar al ponerse el Sol sobre el verdadero conocimiento de las sierras, que aún hoy calimosas teníamos a la vista desde el N 5º O al N ¼ N; bien que no nos quedaba la menor duda, que desde la punta Santa Catalina la costa, casi seguía la dirección del N, contra lo que hasta aquí indicaban las cartas y derroteros.
…a las tres de la mañana con el auxilio de la Luna ya veíamos claramente toda la costa; y habiendo entrado a la sazón viento fresquito del NE, le ceñimos con todo aparejo a estribor, para amanecer cuanto fuese posible, inmediatos a tierra.

Proyectaba ésta, luego que amaneció, el semblante más noble y grandioso. Desde el volcán de León por el de Telica hasta el del Viejo, erigían sus cabezas puntiagudas diferentes montes, ya más, ya menos elevados. Seguían al NO, después de un terreno bastantemente bajo, las sierras de La Cosivina, la Mesa de Roldan y los motes de Peltacartepe a la Conchagua.

Para mayor variedad de la escena, creíamos humo de los volcanes, lo que después supimos quema de rastrojos; y el día sumamente placentero prometiéndonos no distante la virazón, nos indicaba ya muy próximo el término de nuestras tareas para alcanzar un puerto tan deseado.

No habíamos a la verdad dejado de tener al principio del día algunas equivocaciones sobre el recto conocimiento de estas costas, precedidas en mucha parte de las noticias hasta aquí sumamente confusas, y en mucho del considerable aumento de latitud, que nos habían causado las corrientes. Pero se disiparon muy luego las dudas con la consideración de ser el volcán del Viejo, el que más sobresalía en altura, y particularmente que la Latitud nuestra al medio día de 12º 19’convenía perfectamente con la que había observado el piloto Mestre en estas inmediaciones y nos había comunicado en Lima con otras muchas noticias del fondeadero tan exactas como importantes.
Hasta las dos de la tarde no se declararon las primeras ventolinas de la virazón, las cuales aprovechamos inmediatamente con toda la fuerza de vela gobernando al NE 5º N, rumbo a que nos demoraba el volcán del Viejo, única marca segura para el reconocimiento de la ría o entrada al puerto. A las cinco de la tarde aunque no distásemos sino dos leguas escasas de la costa baja antepuesta al volcán, aún no podíamos distinguir ni desde los topes, la menor abra que indicase una entrada, pero finalmente al ponerse el Sol, vimos ya la boca falsa o ciega, y a las siete con auxilio de la Luna; y de algunas ventolinas; que habían quedado después de puesto el Sol, veíamos también la verdadera, cogiendo tendida toda la isla del Cardon; y estando el pico del volcán del Viejo al NE ¼ N de la aguja.

Ya desde ponerse el Sol, así porque el viento había caído de un todo, como porque eran bastantemente confusas las noticias, que yo tenía del fondeadero; había determinado dejar caer un ancla, para esperar el día siguiente; y pues que la suma claridad de la noche, convidaba a un reconocimiento exacto de la boca, y entrada tanto más cómodo, cuanto no se expondría la marinería a los efectos demasiado temibles del Sol; se encargó al piloto Sánchez que lo verificase en el bote; y últimamente poco antes de las ocho dimos fondo en 14 brazas lama a distancia de dos millas de la boca, habiéndonos ya la corriente abatido considerablemente para el S. Ésta corriente que continuó constante toda la noche, con fuerza de una, a una, y media millas, parece correr hacia el SSE inmediata a la isla, y hacia la boca falsa, siendo independiente de la marea, la cual se declara luego, que se marca al ENE, y E y a poca distancia del extremo NO de la isla del Cardon.


19enero.

Al rayar el día ya vimos regresar el bote, el cual según nos informó el piloto Sánchez había entrado por la boca falsa, errado algún tanto por canales ciegos hacia el E y finalmente cogido el verdadero canal, internado en el cual con el auxilio de la marea, había últimamente visto una embarcación grande, a la cual se aproximó muy luego, y hallando que estaba a su bordo un práctico, dispuesto a venir a la corbeta con las primeras claras del día (pues los vigías nos habían avistado en la tarde anterior) le recibió y trajo inmediatamente en el bote, omitiendo por consiguiente el sondar la verdadera boca por donde habíamos de entrar.

Mientras se declarasen ventolinas favorables de la virazón, y cesase la vaciante, que debía durar hasta las nueve y media, se ocupó el dibujante Cardero en tomar una vista marítima de estas orillas, y con el auxilio del práctico averiguados con exactitud los nombres de los diferentes puntos, que teníamos a la vista, se marcaron con prolijidad, para que sujeto este punto del fondeadero con dos o tres marcaciones seguras, y con la determinación de su Longitud que inferimos de los relojes marinos, sirviese de un nuevo centro de nuestras tareas, si o el poco tiempo, o algún otro tropiezo nos quitasen el renovar las marcaciones en los puntos altos, y distantes, al mismo tiempo que el Teniente de Navío Valdés y los señores Pineda y Heanke se dirigieron en el bote al Realejo, el primero para diferentes objetos del servicio y los otros para resarcir en parte con nuevas excursiones científicas, el largo tiempo, que habían permanecido en la última navegación. Tantos volcanes a la vista, un país aún no trillado por personas inteligentes, la misma escasez de tiempo, con la cual nos hallábamos, eran otros tantos cabos, que animaban más y más, su amor ardiente por la historia natural.


Nuestras sondas fueron al principio 14, 10 y 8 brazas lama, dimos resguardo a un arrecife que sale medio cable al N del extremo de la isla del Cardon, luego orzamos al E para atracar bien de cerca y a menos de medio cable de la parte inferior de la misma isla, con el fin de huir de los bajos que salen de la parte de tierra firme, y que estrechan la canal poco más de un cable (En el texto de Malaspina aparece “Poco más de con cable”) cayendo entonces repentinamente de las cuatro a las 10 brazas arena, y lama, cuyo fondo se encuentra hasta tocar con los penoles en la punta ya rebosado este paso, y favorecidos más del viento, y la corriente fuimos por media canal dando resguardo a algunos peligros, y comúnmente por sondas de 8,7,6 y 5 brazas hasta que a las 11 de la mañana ya en el fondeadero de Xagués, y por la popa la fragata Belén del comercio de Lima, única surta en este puerto, dimos fondo a un ancla de cinco brazas pleamar, demorándonos la cima del volcán al N 25º E y la punta de Icacos al S 10º O de la aguja. Dejamos solo y como éste puerto mantuviese la mayor seguridad, nuestras amarras fondeadas como era natural en son de marea se compusieron para la preciosa economía; de un medio cable muy usado al S y de un calabrote algo grueso al N.


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19 Sep 2015 19:25
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estancia en el puerto del Realejo.

Como fuese mi ánimo permanecer en este puerto, sino hasta los últimos días de este mes, y al mismo tiempo fuesen muchos los objetos que debíamos abrazar en tan corto plazo, cualesquiera sacrificios de tiempo, hubieran sido culpables, cuando no fuesen absolutamente necesarios.
Las inmediaciones del fondeadero no brindaban a primera vista así por el espesor de los manglares, como por el terreno comúnmente anegadizo, un paisaje cómodo para el establecimiento del observatorio.

No obstante recorriéndole atentamente en un bosquecillo Don Antonio Alcalá Galiano, y yo hallamos en la costa del E. y a tan poca distancia que podía usarse recíprocamente de la bocina, un pequeño espacio al parecer libre del alcance de las mareas y fácil de despejarse de árboles inmediatos que ocupaban una parte considerable de horizontes. Antes del anochecer, quedaron por consiguiente armados en tierra la tienda, el péndulo, y el cuarto de círculo, para que al día siguiente pudiesen tomarse alturas correspondientes, y examinar la marcha de los relojes disponiéndose al mismo tiempo para las muchas observaciones importantes, que habían de proporcionarse en los días siguientes.


20 enero.

…sin la menor demora, emprendió viaje a León el mismo Valdés para enterarse del estado político de la provincia y particularmente del ramo de la construcción, en cuanto a obreros, costos, y efectos. El primer carpintero se encargó del acopio de maderas, particularmente las que habían de aserrarse, yo tome a mi cargo las operaciones geodésicas, y mientras los oficiales Galiano y Vernaci, continuasen una serie no interrumpida de observaciones, quedaba a cargo de los ocos restantes del servicio de a bordo, y el navegar, ya a una, ya a otra parte de los canales internos.

Nuestra pesca dirigida por Don Fernando Quintano, fue en la primera tarde bastantemente feliz; no solo en su cantidad, si también en la variedad que suministró a la historia Natural nuevas indagaciones científicas; se destinó un destacamento de tropa, y brigada a las ordenes del Sargento de Marina, para que se ocupase en cortar leña en las inmediaciones del observatorio, se hizo limpiar un pozo no distante en el Xagués, y se envió ya la tonelería vacía para empezarla a rellenar; atendiendo no obstante con estas faenas secundarias, con el escarmiento de Panamá, que solo se aprovechasen las horas desde el amanecer hasta las 10 de la mañana, abandonando las demás horas hasta la tarde como excesivamente arriesgadas para las tercianas de las cuales aún adolecía uno u otro marinero.

21 enero.

Acompañado del Teniente de Navío Valdés y del piloto Sánchez, emprendí yo mismo en la siguiente mañana las tareas meditadas. Llevaba el bote y el bombo con dos prácticos de estos esteros. El cronómetro 71 debía ratificar en los aserradores la diferencia de meridianos, que asignasen las operaciones geodésicas, mientras la altura meridiana del Sol diese iguales resultados para la Latitud…


El canal interno, que bastantemente torcido llega hasta los aserradores divide, una isla de muy poco anchura (Malaspina utiliza el vocablo “anchor”) particularmente en varios parajes, que desde la punta de Icacos inmediata al fondeadero, sigue continua hasta el extremo S de los Aserradores, los cuales diferentemente de lo que proyectan a la vista, y hasta ahora manifestaban las cartas, están unidos a esta misma costa aislada con una lengua de arena difícil de apercibirse a larga distancia…
Las mareas entran al mismo tiempo por los Aserraderos y por el Xagueí, se reúnen casi a la mitad de un paraje, que llaman Las dos Aguas, y desde allí nuevamente reunidas, internan con rapidez hacia el estero (*) (Malaspina deja en blanco el nombre del estero al que se refiere).

Un bosque sumamente espeso, y casi impenetrable de mangles guarnece todas las orillas internas. Son los Icacos, arbustos cuta fruta es de un sabor y calidades muy buenas, los que hacen verdear la orilla inmediata al mar, y terminada en un arenal muy cómodo a transitarse desde la media vaciante. Y pueden los tigres llamarse justamente los únicos habitadores de este terreno anegadizo.
Como a tres leguas de él, se eleva majestuosamente del ONO al ESE una cordillera de volcanes, entre los cuales el del Viejo se señorea notablemente. El tiempo sumamente despejado en la estación seca del NE, da un nuevo brilla a esta escena, ya por sí misma bien agradable.


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Segundo comandante de la corbeta: Descubierta R. O. del 15 de Julio de 2014.


18 Oct 2015 16:51
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com