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 Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina 
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Capitán de Corbeta
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Sin embargo, estos datos no bastaban en Madrid para que se admitiese por verídica la navegación de Maldonado. Malo de Luque veía crecer a tan punto las dificultades entre la autenticidad de la Memoria y la evidencia de las pruebas contrarias, que no pudo decidirse a admitirla, y en el plan de viaje que debían seguir las corbetas Descubierta y Atrevida, las Ordenes de S.M., solo indicaban que se emprendiese esa averiguación en caso que la apoyasen las noticias adquiridas en la continuación del mismo viaje.
Entre tanto, un examen de la relación de este viaje, hecho con tanta mayor atención, cuanto más se acercaba el tiempo de deberle caracterizar a los ojos de la nación o como verídico y glorioso, o como apócrifo e infundado, descubriría un número crecido de incompatibilidades que se exponen ahora con la mayor brevedad, y que no sabemos cómo podían ocultarse al Sr. Buache.

Comentario:
Parece decir…, y a los cortesanos de Madrid que escuchan al marino francés.


1º. Es bien extraño, que no se presentase a S.M., sino en 1609 la noticia de un descubrimiento: el más importante para la Monarquía, que había tenido lugar en 1588…
2º. Reducidas las derrotas por rumbos y distancias, no resultaba sino la Latitud de 68º39’ al extremo de la isla del Labrador, que Maldonado hacía alcanzar al grado 75
3º. Mal podía combinarse la situación del navegante buscando víveres en las Zelandilla, después de haberse ocupado en la costa con la pesca de bacalaos y su pronta determinación, o más bien, inspiración de navegar para el mar Pacífico a costa de infinitos trabajos, y en la dura estación del invierno, a lo cual tampoco accederían fácilmente sus marineros, no presentándoseles objeto alguno de utilidad.
4º. No sería tampoco fácil de averiguar, cuál sería el Puerto de San Miguel o la bahía de San Nicolás, donde según nuestro viajero, entran todos los años casi mil naves de trato, las cuales han de subir a los 75º para pasar el mar de Flandes, para dar la vuelta sobre Dinamarca.
5º. En un canal no menos ancho de 40 a 20 leguas, se veían ahora fuegos, pueblos, calas y abrigos a una y otra costa, y al mismo tiempo, nuestro navegante, ignoraba si se helaría el mar en las orillas, siendo así, que se helaba el agua que salpicaba alrededor del buque, y las velas, tenían un palmo de espesor por efecto del mismo hielo.
6º. Como a la ida para el mar Pacífico, los vientos reinantes fuesen del N, contrarios del N, y fuese preciso valerse de las mareas, debe creerse que siguió la costumbre de fondear y levar al principio y final de cada marea, según que fuese contraria o favorable. Lo cual no solo se debió hacer difícil por la maniobra en sí, sino también por la precisión de navegar a medio canal con motivo de los hielos a la vista de las costas.
7º. Se percibe una contradicción bien clara entre la práctica del piloto portugués, y su ignorancia en el solo paraje donde la necesitaba, entre la casualidad del beneficio de las mareas para mantener el bajel por unos días a la vista del estrecho de Anian. Ensenando el bote luego que se echó al agua y la consecuencia de Ferrer Maldonado que no hubiese otro estrecho.
8º. Admiramos también la felicidad con la cual este navegante, había logrado siempre unos vientos sumamente favorables…
9º. No era posible combinar esta misma navegación en el mar Pacífico con las costas reconocidas por el capitán Cook de cuya posición segura nadie puede dudar.
10º. No es fácil de comprender, la demasiada poca cordura de Maldonado en apropiar por suyo el descubrimiento de un estrecho, por el cual, no solo navegaba ya descuidadamente una embarcación hanseática de 800 toneladas cargada de brocados y sedas, porcelanas, plumas, cajones, piedras, perlas y oro, y cuyos navegantes eran luteranos y hablaban latín, sino que, había de seguirle otra muy luego y ambas procedentes de una ciudad muy grande, al parecer llamada Roba sujeta al Gran Can de Tartaria.
11º. En estas circunstancias, era mucho más de enseñarse, que nuestro navegante encargarse repetidamente el sigilo y la celeridad en el proyecto que proponía y, sobre todo, que imaginase la construcción tosca y el tamaño reducido de los buques que proponía exploradores, cuando ni eran necesarios semejantes descubrimientos, habiendo ya sido reconocidos, ni podía haber el menor riesgo adonde él mismo había navegado en invierno, y las embarcaciones Hanseáticas transitaban ricamente cargadas.
12. Dejábamos aparte la probabilidad del terreno, de las frutas, de los animales, y de los pájaros que describía. El calor que experimentaba al regreso, mayor que el del verano en España.

Comentario.
Malaspina levó anclas de Acapulco. Se fue en busca de la ensoñación imaginada —o quién sabe qué cosas peores—, por los cortesanos de la corte de S.M. Carlos IV. A pesar de todo, esta vez, no consiguieron arruinar la expedición. Lo harían después, a la vuelta. La razón: la ausencia de razón. No podían soportar al de Mulazzo. Pensaba diferente y, “lidiar con ese toro” era mucho trabajo para sus cabezas de cortesanos adormilados, indolentes, autocomplacidos... etc. etc. etc.
Lo esperaron a la vuelta a España. Fue entonces cuando intentaron eliminar por cualquier medio todo lo aprendido, y toda la documentación científica elaborada. Elaborada para España por científicos de primer orden en la época. Afortunadamente no lo lograron —en parte— para la historia, aunque sí para el provecho de aquella España.
Malaspina siguió adelante hasta el final porque era un hombre extraordinario. Porque estaba empeñado en la regeneración de la corona(*). No lo consiguió. Lo que vino después, es una historia de terror: el Siglo XIX en España. Para no olvidar. Para aprender.
Por mi parte, no soy digno de la sombra de Malaspina. Por eso dejo la transcripción de este diario aquí, en Acapulco. Al borde de la ensoñación de los mediocres al mando y al mango de España. Ellos los líderes de la fabulosa estirpe de Caín.

(*) Ciencia y Política en el Pensamiento Colonial de Alejandro Malaspina (1754-1794) Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Geografía e Historia. Tesis Doctoral de Juan Pimentel Igea. Madrid 2002.

Qu-te1


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Segundo comandante de la corbeta: Descubierta R. O. del 15 de Julio de 2014.


17 Jun 2020 00:38
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com