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 Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina 
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
2 noviembre, 1789.

En la noche del día 2, que fue profusamente clara, pudo observarse el eclipse parcial de Luna: empezó a las 7h 41’ tiempo verdadero, y el fin del eclipse fue a las 9h 48’. Ya a esta hora habíamos observado la ocultación de la 90ª de Mayer: por la Luna: su emersión acaeció a las 10h 18’. Tuvimos luego la ocultación de la 93 del mismo catálogo a las 2h 14’. Su emersión que debía acaecer a las 3h 30’ próximamente no pudo observarse, como se había intentado por la excesiva claridad de luz.
Asistieron a estas observaciones todos los oficiales libres, y en los intervalos que dejaban nos ocupamos de observar Distancias Lunares con los sextantes: sus resultados se agregaron a las que se habían observado anteriormente.

5 noviembre.

Amaneció el día 5 con no poco sobresalto por nuestra parte: una porción grande de celajería parecía querer inutilizar nuestros esfuerzos y Don Dionisio Galiano, no podía conseguir ni dos alturas seguidas en el Cuarto de Círculo para las correspondientes de la tarde: se habían preparado los heliómetros: nos fue muy útil para esta ocasión la graduación, determinada por el cabo Dalrymple a los que habían venido últimamente de Inglaterra. En efecto, una porción grande de la celajería gruesa nos quitó absolutamente de ver el ingreso del planeta; – parece referirse al planeta Júpiter- pero luego habiendo aclarado, pudo observarse su ruta por Galiano en el Cuarto de Círculo, y por Vernaci en el Heliómetro: la emersión se observó con entera satisfacción de ambos.

9 noviembre.

En los días 8, y 9, recibimos la pólvora y nos espiamos hasta quedar en franquía.
Se embarcaron los instrumentos, las fraguas, y los restantes utensilios, guindamos, y tensamos las jarcias. Éste último día conocido ya el desorden de nuestra marinería, que de ningún modo quería aún regresar a bordo, viviendo encenagada en los vicios, hicimos patrulla en la noche algunas partidas, de tropa d tierra, que cogieron hasta doce marineros, y acosaron otros muchos, que se presentaron inmediatamente a bordo.


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19 Abr 2014 21:51
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11 noviembre.

Solo el día 11, en que sopló viento fresco del SO, pudios concluir nuestras cartas, y demás papeles y documentos relativos a la expedición; que con el primer correo, que saliese para España, remitíamos a S.M. como primicias de nuestro destino: se componían esta remesa de cinco cajones, Número 1, y hasta 5, y marca Dª Aª rotulados al Excmo. Sr. Bailío Don Antonio Valdés.

En el número 1 iban los papeles originales de nuestra travesía hasta Montevideo; que abrazaban en el paquete de cada corbeta los pliegos Diarios de Bitácora, Cuenta de Relojes, Diario Meteorológico, Diario del Comandante, y Cirujano, y los cálculos originales de Distancias, Horarios y Variaciones.
Los papeles relativos a la parte marítima del puerto de Montevideo, que componían Diarios Astronómico y meteorológico, mío, y de los oficiales destinados al cabo San Antonio; la nueva marcha de los relojes de ambas corbetas; la lista de Latitudes y Longitudes para determinación de la Carta Esférica de este río: los cálculos originales de las Distancias Lunares y el paquete de las operaciones gráficas para las observaciones astronómicas, que o se habían hecho o se intentaron hacer. Otro paquete llevaba los diarios y explicaciones instructivas de Don Antonio Pineda y Don Luis Nee, en todos los ramos de la Historia Natural.

Dos legajos contenían el herbario compuesto de cerca de 300 plantas. Una cajita llevaba una muestra de cera del Paraná, y algunos pájaros mal disecados, pero de pluma hermosa oferta del Excmo. Sr. Virrey.
Finalmente en otra cajita iba la seda de araña, parte en rama y parte tejida: Doña Tomasa Altolaguirre vecina de Buenos Aires había fomentado este ramo industrial en una hacienda suya cerca de las Conchas, que Pineda había visitado personalmente.

En el cajón número 2 iban hasta cincuenta especies de aves disecadas, algunos peces, e insectos: las plumas, las propiedades descritas, la preparación misma de esta parte del Reino Animal debían mirarse como progresos no indiferentes en la Historia Natural.

No eran menos las cosas continentes en el número 3 correspondientes a la Litología y a la Mineralogía.

El número 4 solo contenía una colmena de abejas del Paraná.

El número 5 en dos cajones de hoja de lata contenía 1º los planos marítimos, esto es la Carta Esférica del Río, y los Planos de Montevideo y Maldonado; 2º todas las pinturas de Historia Natural así del reino vegetal, como del Animal; trabajo de los Sres. Pozo y Guío.

Entregada la remesa al comandante de Marina Don José Orozco, según lo había advertido de ante mano al Excmo. Sr, Virrey, para el primer correo los condujese a España: me pareció debido, y correspondiente al ánimo de S.M. en esta expedición, el flanquear inmediatamente a esta navegación mercantil, y de guerra todos los conocimientos nuevamente adquiridos: así envié al mismo tiempo a dicho comandante los planos que habían de remitirse como duplicados a la corte encargándole, hiciese antes sacar copias para la Comandancia de Marina, y para remitir una al Sr. Virrey, como lo había prometido en obsequio de su persona, a quien habíamos merecido en todo el tiempo de nuestra demora las más activas providencias; y que acababa de remitirse un microscopio de Dollond confiscado últimamente por S.M. a particulares y agregado con una sola instancia mía a nuestra colección de instrumentos.
...

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19 Abr 2014 21:55
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12 noviembre.

Concluidos así todos los objetos, que podíamos abrazar en esta parte de los dominios de S.M., metidas las embarcaciones menores, y ya desamarrados creímos poder dar la vela en la mañana del 12; pero ni el viento fue favorable, ni dejaba de sernos sensible la nueva deserción de algunos individuos de ambos buques: lo había avisado la noche antes al Mayor de la Armadilla, para que trajese algunos remplazos voluntarios: fue preciso traerlos violentos, y entre ellos algunos inútiles, apenas la Atrevida pudo completar su dotación, faltaban aun cuatro hombres en esta corbeta: viendo ya que no era posible verificar la salida en este día, pedí al Comandante de Marina (con esperanza de coger algunos de nuestros desertores) que por el Sr. Gobernador se hiciese una leva de gente vaga: a las seis de la tarde tuvimos a bordo los cinco hombres que nos faltaban, desechado un inútil: la Atrevida completó y mejoró su gente.

El viento en la tarde, refrescó mucho al E y ESE: el agua bajaba con rapidez y la Atrevida tuvo que mejorarse algo fuera, pues quedaba ya varada: tuvimos la noche bastante apacible.

13 noviembre.

Amaneció con viento NNE, al NE, fresco y algo arrafagado: emprendí inmediatamente el dar la vela., hecha la señal a la Atrevida, y al bergantín; y casi a pique estaba a punto de verificarlo, cuando el comandante del bergantín vino personalmente a avisarme, que el agua extraordinariamente baja, y los mismos horizontes muy cargados al SO, le hacían creer, no tardaría el tiempo, sino muy pocas horas, en declararse contrario, y tempestuoso: desistí inmediatamente de la idea de dar la vela: lo avisé a la Atrevida, previniéndole al mismo tiempo por señal que cortase toda comunicación por tierra para evitar ulteriores abusos, y deserciones. Y no bien habíamos echado a bajo las vergas de juanetes, y calado sus masteleros, cuando el viento se declaró del NO, NE y E, tempestuoso. Con haber bajado el agua aún más, que el día anterior, ambas corbetas quedaron varadas, proa al NE: nada por consiguiente debimos recelar de nuestro cable, del que teníamos fuera solas veinte, y cinco brazas. A la fuerza del viento, que ya en la tarde podía llamarse verdadero huracán, acompañaron una abundante lluvia, y no pocos truenos, y relámpagos: solo a las dos de la mañana cesó la fuerza del huracán y

14 noviembre.

Amaneció con ventolinas del cuarto cuadrante, que pero muy luego cedieron al SE, fresquito, que reinó en la tarde siguiente con muy buenas apariencias: se permitió a la oficialidad mayor el ir por la tarde a tierra: la embarcación de la Sabina: la lancha de esta fragata nos remplazó al mismo tiempo la aguada que habíamos consumido.

En esta tarde misma, convencida la oficialidad de ambas corbetas del poco espacio que dejaba para la comodidad de la gente el mucho ganado, que habíamos embarcado, pidió, se desechase la mayor parte, quedando solo a bordo de cada buque seis terneras, y sacrificando así unánimes, el único alivio de los próximos trabajos, a la mejor conservación y comodidad de la tripulación: lo verificamos luego en la lancha de la Sabina dejando dos terneras para las tripulaciones en los primeros días.

15 noviembre.

La noche fue tranquila, amaneció hermoso, y con viento bonancible del NE, y N, con el cual emprendimos inmediatamente el dar la vela: a las seis ya lo habíamos conseguido las tres embarcaciones, que poco después reunidas, hicimos rumbos del S, en demanda del cabo San Antonio.

Fin de la estancia en Montevideo.

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20 Abr 2014 12:21
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Navegación desde Montevideo a la costa Patagónica, Tierra de Fuego y estada en Puerto Deseado.

Ti-mon1

… 15 noviembre.

Era voz común que siguiendo el S. de la aguja desde Montevideo, se hallaba poco fondo en las inmediaciones del Banco Inglés: gobernamos pues en su demanda: el bergantín según le había prevenido antes, debía navegar más hacia el banco: dije a la voz a la Atrevida, que apartándose algún tanto por nuestro estribor emprendiese otra línea de sonda: las marcaciones a diferentes puntos de la costa nos cercioraban a cada paso de su exacta posición en la nueva carta; pero advirtiéndonos al mismo tiempo, que la corriente nos llevaba algo para el Oeste, orzamos al S. ¼ SE, y al SSE, con objeto de alcanzar el término del banco; y en efecto poco antes del medio día de las 6 brazas lama, caímos en cinco y media arena cascajo, y conchuela; y en este mismo fondo observamos la Latitud de 35º13’20’’: marcándose el monte al N. 2º E, y corregido distancia 20 millas.

Como el viento hasta esta hora se había conservado bonancible del NNE al NNO, no habíamos hecho fuerza de vela contando en su continuación con ánimo de esperar la incorporación del bergantín, que ya manifestaba una conocida inferioridad de andar; pero indicándonos las ventolinas variables y el calor excesivo, que muy poco durarían los vientos favorables, hicimos ambas corbetas fuerza de vela antes con Alas y Rastreras; y luego así, que entabló viento galeno, del E, con todo aparejo de bolina menos la mayor en la vuelta del SSE…

A las cuatro de la tarde vimos con harta desazón, que el bergantín no solo quedaba cerca de dos y media leguas por nuestra popa, sino que iba considerablemente a sotavento, y aunque en la restante tarde nos mantuviésemos con las solas gavias, y el trinquete, al ponerse el Sol apenas nos había ganado una milla, nuestras sondas a ese tiempo eran de 10 brazas arena negra: con el anochecer se puso el tiempo de tan feo semblante, que ya no nos era posible ocuparnos del bergantín.

El viento era del NE, al ENE arrafagado: los relámpagos sumamente vivos por los cuatro cuadrantes, no pocos truenos hacia el norte, y el NO, y los cielos tan excesivamente cargados, que amenazaban un huracán. Nos pareció en este trance el mejor partido ceñir al SE con trinquete y gavias; para franquearnos al mismo tiempo del banco Inglés y de las inmediaciones del cabo de San Antonio. Solo aferrarnos la sobremesana para ser más dueños del aparejo en caso de un contraste: por ventura el viento fue conservándose hasta las 10 al NE: cayeron algunos leves aguacerillos: el cielo despejó algún tanto; y los relámpagos ya no eran tan frecuentes: sondábamos constantemente doce brazas de arena negra. A la sazón roló el viento al ESE fresco. Hechas las correspondientes señales a la Atrevida, que se había conservado bien unida, viramos en redondo al primer cuadrante, y tomamos dos rizos en las gavias. El viento fue cediendo poco a poco en su primer fuerza: al amanecer

16 noviembre.

Calmó en un todo; aclararon los cielos, y horizontes; pero no fue posible descubrir al bergantín Carmen…

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20 Abr 2014 17:56
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18 noviembre.

Amaneció con mejor semblante; y al mismo tiempo se vio como al Este, y capeando de la misma vuelta nuestra una fragata, que distaría de nosotros unas dos leguas escasas: no cabía duda, en que este era un ballenero de los muchos que frecuentan estos mares; correspondimos con la inteligencia a la Atrevida, que nos la había señalado; y cazamos el velacho, dejando no obstante las gavias arriadas, pues la embarcación había tomado la mura de babor, y hecha fuerza de vela, tal vez con ánimo de hablarnos.

Ya próxima a las 7, largó bandera inglesa: le correspondimos con nuestras insignias, pero determinamos no esperarla así, porque siendo muy difícil comunicarse por medio de botes con la mar gruesa que había, solo conseguiríamos el escamarla, sin poder cerciorarnos de sus verdaderos designios; como porque sacrificaríamos inútilmente otras tres o cuatro horas, descendiendo considerablemente a sotavento: hicimos –En el texto de Malaspina, aparece el vocablo “hizose” – pues señal a la Atrevida de forzar la vela: amuramos la mayor, izamos las gavias, y se cazaron sobremesana, y vela de estay de gavia, ciñendo al SSE, el viento a la sazón fresco del SO, no tardó en perder de vista la fragata inglesa, que seguía la otra vuelta. Al medio día observamos la Latitud de 36º 49’. Longitud al Oeste de Cádiz, y por el reloj 61 47º 8’…

24 noviembre.

Amaneció con semblantes no malos: nuestras sondas eran de 32 a treinta brazas arena, y conchuela; y como a las 7 habiéndose declarado viento galeno del SE, hicimos fuerza de vela y navegamos al Oeste corregido…Tuvimos la Latitud de 41º 24’; y la Longitud por el número 61 de 5º 59’- Se refiere al O del meridiano de Montevideo-. No distábamos por consiguiente sino pocas millas de la costa, y los horizontes sumamente despejados nos prometían el avistarla muy luego.

… Arribamos inmediatamente al NO ¼ O, y como a las tres y media no distando sino dos a tres leguas tomamos horarios y comenzamos a tomar bases con la corredera para determinar con más exactitud la longitud de la costa.
No quedaba duda que era la que el río Negro corre a la punta de Belén: el fondo de 24, 24, hasta diez y nueve brazas cascajo y chinitos, nos indicaba próximamente al Sur de la boca de río Negro…

La costa a la vista parecía formada de capas horizontales de tierra franca algo negra de capas delgadas perfectamente horizontales, blanquizcas, enrojecidas –El vocablo utilizado por Malaspina es el de “rojecinas”-; y el número de estas capas podía ser algo mayor de veinte, probablemente arenas magras, arcillas, etcétera. La parte de la superficie del suelo visible estaba sembrada de pocas plantas, entre las cuales dejaba de verse el terreno.


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21 Abr 2014 01:20
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... 24 noviembre.

Entre los chinitos, que traía el escandallo halló Don Antonio Pineda en que pacer su curiosidad prolija e instructiva: las bellotas de mar, o Balanos marinos, de la especie más pequeña pegadas a una conchuela, y reservada con agua salada a un vaso de cristal presentaban un conjunto de plumitas, o pinceles, ya tendidos, ya recogidos exactamente en la forma de un parasol, estructura dispuesta sin duda por la naturaleza para alimentar a estos insectos con otros menores.


Determiné pues (sacrificando algunas horas de viento favorable) que nos mantuviésemos de uno y otro bordo sobre las gavias, hasta la una de la mañana, y que navegando desde aquella hora, amaneciéramos N.S. con la punta de Belén para pasar inmediatamente a la península de San José; y si consiguiese a su vista buenas Latitudes, determinar exactamente la abertura de la bahía y sus sondas para la comodidad de los navegantes venideros: de la exactitud que hallase en los planos de Tafor, y Villarino dependía la más o menos escrupulosidad de mis tareas en lo sucesivo, las que pero siempre me costarían el sacrificio de un tiempo sumamente precioso, particularmente con una Luna tan benigna como esta aparentaba.

Ya desde media tarde el viento había rolado al E, fresquito con buenos carices, y la mar llana: se mantuvo así hasta la media noche, pero luego pasó al S. y volvió después al E. achubascándose los cielos y horizontes.

25 noviembre.

Pudimos no obstante avistar la costa bien temprano, y entre chubascos aprovechar un instante para observar Latitudes y otros para marcar la punta de Belén y situarla a satisfacción con las marcaciones de la tarde anterior: nuestras sondas eran de 30, 35 y 32 brazas cascajo, y conchuela: el semblante, y elevación de la costa eran los mismos que los del día anterior.

… los carices indicaban para la noche nuevos embates de vientos, que, si nos engolfásemos en la ensenada podían precisarnos a dar fondo en 60 o 70 brazas: la costa no avistada por nosotros había sido trazada por tierra por el piloto Villarino; el mismo puerto de San José visitado por Tafor, y Peña, de suerte que un trabajo probablemente inútil nos exponía a pérdidas de anclas y tal vez al sacrificio de mucho tiempo: con estas reflexiones hice señal a la atrevida, que ya no daría fondo en el río San José; y con trinquete y gavias algo arrizadas hice derrota al SE, y al E con ánimo de recalar la siguiente mañana a la parte exterior de la península por su punta N.

El bajo extendido a lo largo de esta costa merecía un examen serio, nunca podía examinarse con mayor certeza; pues al paso, que los planos últimos lo señalaban, veíamos que Tafor lo había omitido.

Al ponerse el Sol, aclarados ya mucho los horizontes, tuvimos la fortuna de marcar al O corregido las sierras altas del fondo de la bahía. Comparadas a nuestro punto apoyaban más, y más la exactitud de las tareas de Tafor y Peña, y Villarino: la Atrevida había sondado 70 brazas lama.

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21 Abr 2014 10:26
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27 noviembre.

Paireando un par de horas hasta el amanecer, logramos hallarnos a distancia de dos leguas de tierra; y a las cinco de la mañana ya pudimos empezar nuestras tareas geodésicas, midiendo alturas de los topes; repetimos esta misma operación a las 7 a las 10 y a las 12: los intervalos se ligaban, en una y otra corbeta con bases medidas por Corredera, no omitíamos al mismo tiempo todas las enfilaciones que nos proporcionasen para sujetar los arrumbamientos a la costa.


28 noviembre.

Desde la boca del Puerto Nuevo la costa se inclinaba considerablemente hacia el Oeste, hasta formar un saco considerable, cuya mayor internación formada por una tierra sumamente baja se hace difícil reconocimiento: con las solas gavias, llevamos un andar de siete a ocho millas: la necesidad de sondar a cada paso, y el deseo de examinar prolijamente la costa, nos hacían preciso el navegar con tampoco aparejo. Ceñimos pues al SO ¼ al O, y al SO costeando a distancia de una y media a dos leguas y las sondas fueron puntualmente disminuyendo desde 35 a 27 brazas arena, cascajo y chinitos.


La costa a la vista era igual que la de San José, hasta que disminuyendo considerablemente se hacía tan baja, que parecía terreno anegadizo. Tras de este se elevaban no obstante como al O, y al SO. Tierras bastante altas, y aún las que teníamos al O, presentaban un canal o puerto grande formado con la tierra baja que se anteponía, cuya abertura parecía dirigida al ESE, y la profundidad o internación bastante considerables.

Reconocida prolijamente esta parte de la costa y medidas a las seis nuevas bases, y Longitudes, navegamos al SE, con ánimo de coger para extremos de nuestras tareas al N los que actualmente lo eran al Sur...

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21 Abr 2014 10:40
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29 noviembre.

… La tierra actualmente a la vista no era más alta, ni diferenciaba en aspecto la que habíamos visto en los tres días anteriores: era alomada y con un semblante estéril; terminaba si solo en mejor modo una u otra punta; y finalmente descubría a lo lejos hacia el S. las tierras altas de las inmediaciones del puerto de Santa Elena, paraje ya frecuentado por nuestros navegantes, desde que se emprendiera las poblaciones de la costa Patagónica…

30 noviembre.

Seguimos por consiguiente el reconocimiento de la costa, que conduce por la bahía de Camarones al puerto de San Gregorio, y como el tiempo se nos proporcionarse sumamente favorable, y despejado medimos diferentes veces las bases por alturas de topes, y al medio día dada ya vuelta casi completamente a la bahía de Camarones, descubríamos por la proa las islas de Arece y Flores, y la Rasa, que formaban el término de las tierras al N. del golfo de San Jorge: nuestra Latitud fue de 44º 50’: la Longitud de 9º17’, y las sondas de 47 brazas lama, habiendo encontrado 37 hacia el medio de la bahía, y distancia de una legua larga a la costa del través.

… Al aproximarnos al paso, o “freu” que forman dichas islas, empezaron a experimentarse tan fuertes remolinos, o embates de corrientes, que al principio a todos parecían rompientes de arrecifes, y luego nos hacían sumamente desarreglados el gobierno del buque, y los rumbos y distancias…

Reconocidas las inmediaciones de los puertos de San Gregorio, y San Sebastián con aquella exactitud que estuviese a nuestro alcance, nos dirigimos a la isla Cordero de la cual veíamos salir a bastante distancia un arrecife, se determinó su exactitud con nuevos horarios, se corrió una base como a distancia de dos millas de ella para determinar la extensión del arrecife, que corre hacia el SO de ella finalmente se hicieron precisas mediciones para entrada al canal de San Jorge: esta canal aunque conocido por nuestros pilotos del Río de la Plata desde que empezaron a recorrer la costa Patagónica, se ocultaba enteramente a los hidrógrafos europeos incluso a los – Malaspina adopta el vocablo “inclusos los ”- españoles. Nuestra navegación a Lima se seguía en la carta de Mr Bellin, en la cual, como tampoco en la de Anson, había el menor rastro de semejante canal.

Solo en el Río de la Plata, llegó a mí la noticia, que el piloto Tafor, con una chalupa había salido del puerto de San Gregorio, y reconocidas unas treinta leguas de la costa septentrional de este golfo, la había encontrado sembrada de islas, y así estas, como la costa de muy difícil acceso por los muchos arrecifes que la rodean: era no obstante voz común en Buenos Aires (sin que se alcanzase a averiguar su origen) que unánimes los patagones aseguraban la internación de este golfo hasta la cordillera, y sobre esta noticia, cada imaginación fabricaba a su albedrío el depósito de nuevas riquezas.


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24 Abr 2014 19:43
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
…30 noviembre.

Ni la comisión a que yo estaba contraído, ni la clase de embarcaciones menores, que tenía, me parecían dar la menor duda, sobre el partido preferente en la alternativa de emprender, o no, el reconocimiento del golfo: por otra parte no lo hallaba ni remotamente útil para la navegación nacional, podría emprenderse desde Buenos Aires con embarcaciones más oportunas, o bien, si fuese el ánimo de S.M., que nosotros mismos lo ejecutásemos; desde luego la mayor seguridad, y el mayor aprovechamiento de tiempo en la expedición actual parecían apoyar el partido de que tuviese lugar más bien el último año, y al tiempo de restituirnos al océano Atlántico. En este caso las órdenes de S.M. serían decisivas, y con los auxilios proporcionados; y entretanto yo lograría no comprometer la expedición en otros objetos, que los prefijados al tiempo de mi salida.

Abandoné con estas ideas todo pensamiento de internar en el golfo, y desde la misma tarde, concluidas ya las tareas hidrográficas en su extremo septentrional, determiné hacer derrota directa al Meridional, y de allí por el Cabo Blanco internar en el Puerto Deseado, en donde era mi ánimo procurar la reunión del bergantín Carmen y examinar la marcha de los relojes.

Nota:
De esta manera Malaspina nos hace llegar a través de su diario, las razones por las cuales tomó la decisión de no acometer el reconocimiento del amplísimo golfo de San Jorge, cuya consecuencia fue que Felipe Bouza hubiera de posponer el trazado de su costa, que posteriormente y por otros motivos, tampoco pudiera reconocer en la fase final de la expedición, de regreso a España ya en 1794-


1 diciembre, 1789.

La noche fue clara, y el viento galeno abonanzando este en la siguiente mañana y estando la mar bastante llana hice la señal a la Atrevida de aproximarse, y pairear, ejecutándolo al mismo tiempo esta corbeta, y aproveché la ocasión para que Don Felipe Bouza pasase a la Atrevida a confrontar los muchos puntos a que se habían obligado las marcaciones en las ocasiones de medir bases por alturas angulares de topes. Era tanto más precisa esta precaución, que ya habíamos tomado otra vez sobre la península de San José, que cuanto que, ni la costa últimamente reconocida, tenía puntos fáciles a distinguirse uno de otro, ni dejaban ya de atropellarse los materiales en una continuación de tareas tan favorecida de los vientos.

Regresado Bouza a las ocho, y metido el bote, que le había conducido mareamos con todo el aparejo al S ¼ SE, viento OSO, y O, galeno y horizontes calimosos. Contábamos muy luego de avistar la tierra llevando un andar de cinco millas, y viendo que la sonda aumentaba ya a las 60 y 63 brazas: en efecto poco antes del medio día señaló la Atrevida del S al SSO. Distancia de seis a siete leguas y fondo 65 brazas: era a sazón nuestra Latitud de 46º 33’, y la Longitud de 9º 20’.

Adjunto:
La Patagonia por Felipe Bouza.jpg


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25 Abr 2014 19:27
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
…1 diciembre, 1789.

Una extraña ilusión semejante a la que tuvo Biron en estos mismos mares nos hizo creer poco después del medio día que veíamos tierra al ONO, al punto la señalamos a la Atrevida, cuyos oficiales al mismo tiempo, seducidos de igual apariencia de la calima, creían verla correr hasta el Norte, próximamente ceñímosla luego al SO con viento ya galeno del ONO, y la sola proximidad pudo desengañarnos a las tres de la tarde, de una ilusión, en la cual habían preservado constantes casi todos los individuos de una y otra corbeta.

Ya desengañados, y no distando más de tres o cuatro leguas de la costa verdadera: arribamos a reconocerla, disipada finalmente esta ilusión a las tres de la tarde pudimos dar nuevamente principio a nuestras tareas acostumbradas. La costa era la misma, que había señalado al medio día la Atrevida y la que Ansón llamaba cabo Blanco… bien que fuese en realidad el cabo de las Tres Puntas: desde el verdadero cabo Blanco, fácil de reconocerse por un islote, que tiene inmediato, y que teníamos a la vista corre como al ENE. Así el cabo ya dicho de las Tres Puntas, desde donde sigue luego la costa hacia el E, y forma la parte meridional del cabo de San Jorge: convenía con bastante exactitud una vista de este trozo de costa inserto en el viaje del Lord Anson, y no quedaba ya duda, que el comodoro Biron había llamado cabo Blanco al mismo punto que el almirante distinguía con aquel nombre.

…Observados acimuts magnéticos; como quedase aún poco más de una hora del día, pareció lo más oportuno el emplearla en el examen del bajo hallado por el comodoro Biron, en cuyo arrumbamiento con el cabo Blanco nos hallábamos próximamente a la sazón. Hecha por consiguiente la señal a la Atrevida de navegar por la popa, y con mucho cuidado en el aparejo, nos dirigimos a conservar la misma marcación, alargando la distancia hasta las cinco leguas, que señala el comodoro: navegábamos sobre la Gavia, y sin dejar el escandallo: la mar excesivamente llana debía hacernos desconfiados sobre cualquier peligro, que no descubrían en la costa las rompientes.

No tardamos de las 20 brazas en caer en 16, 14, y 13 chinitos de una y otra escandallada: el rumbo del NE, nos apartaba de la costa, y por consiguiente todo contribuía a confirmar la existencia del bajo hacia aquella parte. Era demasiado tarde para destinar embarcación menor a un examen más prolijo y era temerario emprenderlo con la corbeta, tanto más que según Biron el peligro era oculto, y la sonda no indicaba su proximidad. Así persuadidos, no sin razón de su existencia, hice que se siguiese nuevamente rumbo del E y del SE, y muy luego caímos en 18 y 20 brazas…

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26 Abr 2014 20:27
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
2 diciembre.

No podíamos desear situación más agradable de la en que nos hallamos a la siguiente mañanita: el tiempo sumamente claro, la costa y el mismo cabo Blanco a la vista, y a no mayor distancia de tres leguas, la mar agradablemente llana y muchos ballenatos, que surcaban el agua con tanta tranquilidad, como majestad, todo anunciaba, que aún en estos climas desiertos alcanzaban los benignos efectos de la primavera.

Pasado el sol al meridiano, el viento tomó algún leve incremento, y se declaró favorablemente al N. con el cual navegamos a una distancia de una y media leguas de la costa, conservando un fondo igual de 22, 20, y 18 brazas chinitos (Contra la experiencia del comodoro Biron, que muchas veces en este mismo transito, y a mayor distancia de la costa de la que nosotros conservábamos había caído repentinamente en poco fondo de 7 a 8 brazas)

A las tres de la tarde se declaró virazón fresquita del E y con ella pudimos ya navegar en demanda del Puerto Deseado, cual no debía estar distante, cuando ya veíamos clara la isla de Reyes, acechada por la misma razón la piedra en forma de torre (Steeple de los ingleses) que sirve de marca para hallar la entrada algo difícil del puerto; logramos avistarla como a las cuatro, luego que la vimos demorar próximamente al Oeste, arribamos sobre la costa.

… La marea del puerto, y particularmente en su boca, corre con una velocidad difícil de imaginarse, a lo cual, si se agregan los muchos escollos, y el pequeño distrito que hay para fondear; debe seguramente considerársele como uno de los de más difícil acceso.
Pero en estos paralelos el tiempo favorable era un don, con el cual no debía contarse por mucho tiempo, no titubeamos pues un momento en dar la vela, manifestándolo así a la Atrevida, la cual se dispuso luego luego a seguirnos pero; sin poderlo últimamente verificar por habérsele corrido el cable, ya suspendida el ancla.

Eran ya las nueve cuando la Descubierta estuvo a la vela con Velacho, Sobremesana, y Foques: el viento se conservaba bonancible del ENE, la mar era llana y la marea entraba ya con alguna fuerza: antes ceñimos al N. para atracarnos a aquella costa, y franquear la boca, huyendo de los arrecifes que salen de la punta S. del puerto: luego arribamos en busca de las piedras del Medio, y avistadas estas, las dejamos por estribor, penetrando así muy luego en paraje oportuno para dar fondo: como a las 9 ½ dejase caer el ancla de estribor en 6 brazas ; y arriando del ayuste para resistir el impulso fuerte de la ciaboga por la marea que a la sazón entraba con mucha fuerza, fuimos después poco a poco arriándonos al son de marea para dejar caer el ancla del O; y finalmente a las dos de la mañana con vaciante, que ya empezaba a declararse, volvimos a cobrar el ayuste, quedando así bien amarrados. Y combinadas después las horas de la marea para las diferentes faenas de amarrarnos, conseguimos -Malaspina usa el vocablo “consuguíose”- , que para el amanecer ya estuviese la corbeta bien segura, sobre dos anclas.

Adjunto:
Entrada a Puerto Deseado.jpg


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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
-Sobre las circunstancias por las que atravesó la Atrevida durante la maniobra de entrada a puerto Deseado, en el “ Diario General del Viaje; Diario por José Bustamante y Guerra”, el comandante de la Atrevida escribe lo siguiente:-.

“Diario de la Atrevida, en demanda de Puerto Deseado”


2 diciembre.

Entablóse el viento muy suave y la mar apacible. Estando al medio día a la vista el cabo Blanco interesaba una latitud exacta y el promedio de la observada por todos los oficiales y por mí fue de 47º 29’ 30’. La sonda no excedía de 25 brazas ni bajó de 19 hasta llegar al paralelo del puerto Deseado navegando muy cercanos a tierra.

Puestos en él divisamos muy presto la piedra notable de figura piramidal que está en la costa del S. del puerto, que Biron la distingue con la de un campanario y sirve de guía para buscar su fondeadero. A las 7 dimos fondo al costado de la Descubierta en 9 brazas chinos, a la boca porque así aquel viajero, como Taforo aconsejan se espere marea oportuna para entrar por velocidad de sus corrientes…

Al poco rato vimos salir del puerto una lancha con el capitán y piloto del bergantín Belén que con diligencia se acercaba a la Descubierta. Llegó a su bordo poco antes de las ocho y seguidamente puso aquella la señal de dar la vela. Empezóse la faena con viveza para aprovechar el corto tiempo que restaba del día. En el momento de estar a pique y de mandar hacer forte para dar tiempo a que fuese por la proa la otra corbeta, se notó que hacíamos cabeza: se cazó luego el velacho, e izaron los foques y justamente a este tiempo correse el lanteón que se estaba enmendando, cogió fondo el ancla y fue forzoso suspender la maniobra, y también seguir a la Descubierta que iba distante, siendo un puerto cuya estrechez, bajos y rapidez de sus corrientes no permiten sin necesidad urgente hacer de noche unos arrestos inoportunos.

Determiné pues hacer fuera en la noche, que aparentaba bonancible, y el viento poco, teniendo enjuncadas e izadas las gavias para ir hacia donde las circunstancias lo exigiesen. Mandé que durante la noche se sondase a menudo y midiese por corredera la fuerza y dirección de la corriente la cual no concordaba en la hora con la que deducíamos su curso por las noticias de Taforo que establece la pleamar en la conjunción a las 10 ½ de la mañana.

3 diciembre.

A la 1 cesó un poquito el viento, se arrió el cable porque garraba el ancla y nos acercamos al arrecife próximo a la playa. A las 3 ½ de la mañana llegó a bordo el piloto del bergantín para como práctico del puerto conducirnos a él; y dijo que la cuenta de las mareas según Taforo estaba equivocada, debiendo cortarse la pleamar a la 1 ½ de la tarde y no a las 10 ½ de la mañana como supone, cuyo error pudo atribuirse a descuido involuntario del que copió sus planos pues se notan cambiadas en ellos mutuamente las mareas de este puerto con las de la bahía de San Julián.

El viento en la mañana llamó al SO, fresco, después fue rolando para el S y SE. Con este fresquito dimos la vela a las 3 de la tarde suponiendo vencer la corriente que aún venía con fuerza para afuera. Abonanzó el viento estando en la desembocadura que es donde tiene mayor y aún controlada diagonalmente con la vela posible, solo pudimos llegar a la medianía de la distancia de la entrada donde se dio fondo hasta que entrase el viento superior al ímpetu de la marea. Muy breve se entabó bonancible por el N. se levó el ancla, y a las 8 ½ se dio fondo dentro del puerto por la popa de la Descubierta, arriando de este cable para dejar caer la otra ancla al O. Aquí son precisas las dos anclas y estas sin boyas, porque la pequeñez del puerto y violencia de las aguas no permite sin riesgo omitir ambas precauciones.

Por la noche pasé a ver a Don Alexandro Malaspina...

Fin de la navegación desde Montevideo a Puerto Deseado.
br-i4


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26 Abr 2014 20:38
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Estada en Puerto Deseado

3 diciembre.

El bergantín Carmen para lograr menor fuerza de las mareas estaba fondeado, como a una milla más adentro: su capitán me informó, que en la noche de nuestra separación en el ´río de la Plata, había arribado a la costa de Samborombón, a cuyo abrigo había permanecido cuatro días: de allí abonanzado el tiempo había hecho derrota directa a cabo Blanco, y abierto el pliego de reunión, que fijaba este cabo por primer puerto de crucero, había creído prudente no exponer su débil embarcación a nuevos riesgos, y entrar en el puerto; para esperarnos, lo que había conseguido dos días antes.

Me informó también, que en la misma tarde de nuestra llegada a la boca del puerto, había tenido a su bordo el cacique, y algunas otras personas la mayor parte conocidas suyas de una corta tribu de patagones, que en el día erraba en aquellos contornos: la componían precisamente muchos así hombres, como mujeres, que al tiempo de nuestro desgraciado establecimiento en este puerto, habían vivido en la mejor armonía con los nuestros, y aún sabían no de pocas palabras y costumbres.

Peña había tenido también la precaución de enviar por tierra a la costa inmediata a la isla de Reyes dos hombres de su bordo que examinasen si desde su última entrada en aquel paraje con la lancha de la corbeta Santa Elena había nuevos rastros de establecimiento extranjeros: regresaron ambos en este día declarando unánimes, que todo estaba en el mismo estado de entonces, si se exceptúa una canoa en la isla de Reyes que les pareció nuevamente dejada.

El tiempo parecía deber continuar placentero y nuestra posición en el fondeadero era tal, que descubríamos un muy buen horizonte hacia el Este, precisamente donde las verticales del Sol eran los más oportunos para valernos de sus alturas absolutas medidas con el sextante, en el examen de la marcha de los relojes, y en la deducción por ellos de la Longitud del puerto. Este método en sí bastante exacto evitaba la necesidad de tener un establecimiento fijo en tierra, del cual podían dimanar dos graves inconvenientes, el roce de nuestra gente con los naturales patagones, y el riesgo de los repetidos viajes de las embarcaciones menores, en un paraje de corrientes tan tupidas, y tan continúas.


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27 Abr 2014 13:20
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… 3 diciembre.

Se calaron después las vergas mayores, y los masteleros de juanetes, se echaron todas las embarcaciones menores al agua, y quedó al cargo de Don Juan d Vernaci el emprender desde aquella misma mañana el examen de la marea, que miraba a este puerto como de la mayor importancia.

Cambiada ya la marea, desistiendo por consiguiente de la esperanza, de que la Atrevida fondease antes de la noche, pensé aprovechar el día en el examen del puerto: cuyo objeto se reunía naturalmente el deseo de trabar, si fuera posible, una animosa correspondencia con los patagones.

Me acompañaron en el bote Don Antonio Pineda y Don Cayetano Valdés; llevé al mismo tiempo a dos soldados, armados, tanto con el objeto de que cazasen, como por el de prevenirnos para la seguridad propia, a cuyo fin, nosotros íbamos también armados. Nos previnimos también con algunas bagatelas de regalo, que pudiesen ser gratas a los patagones.

Aún no habían aparecido en la orilla opuesta, cuando llegamos a bordo del bergantín, cazamos con mediano éxito en la costa del S. y luego como a medio día regresamos al mismo buque, del cual nos informaron, que uno o dos naturales tan solamente se habían dejado ver por aquellas inmediaciones.

Nos dirigimos inmediatamente hacia aquel paraje; y en efecto se dejó ver sobre aquel alto no distante un patagón montado a caballo, el cual al parecer examinaba nuestros movimientos, las señales de amistad que le hicimos y el acercarme hacia él, yo solo sin escopeta le persuadieron a esperarme y últimamente en recibir algunas bagatelas, lo cual visto por los demás de la tribu, que a muy corta distancia estaban en espera detrás de un montecito fuesen poco a poco aproximándose todos a caballo, y últimamente apeándose, enviaron en busca de sus mujeres, que no tardaron en reunirse y echar pie a tierra.

Toda la tribu actualmente se componía e unas cuarenta personas, de las cuales eran unas diez mujeres y doce niños; entre ellos tres o cuatro de pecho. Solo dos mujeres eran ancianas, y a pesar de esto sumamente ágiles. Entre el restante número de hombres, el cacique y otro eran ancianos; y habría otros cinco cuyos años podían más bien corresponder a la pubertad, que a la virilidad. En general eran todos (inclusas mujeres y niños) de una cuadratura agigantada: la talla era inferior a aquella proporción; pero naturalmente alta, el cacique Junchar medido escrupulosamente por Don Antonio Pineda tenía de alto seis pies, y diez pulgadas de Burgos, la anchura de hombro a hombro era de veinte y dos pulgadas, y diez líneas.

Sentados ya todos en cerco y desechada por una y otra parte toda desconfianza empezó a explayarse el deseo, innato del hombre de conocer de cerca a su semejante. En esta escena compuesta naturalmente más bien de gentes, que de palabras, las mujeres patagonas no tardaron en abrogarse la principal parte: o fuese curiosidad o una mayor propensión al discurso, muy luego se hicieron cargo de nuestras preguntas, y no faltó entre ellas quien esforzándose en usar palabras españolas con aquella volubilidad de lengua que siempre han admirado los viajeros, añadiese a este nuevo cabo de la conversación, un cierto agrado, que aún entre un traje, y unas costumbres silvestres dejaba traslucir esta característica principal del sexo…


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27 Abr 2014 19:04
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…3 diciembre.

Se dirigían particularmente sus preguntas al conocimiento de su idioma, y costumbres: convenimos Don Antonio Pineda y yo, en cuento al idioma que trabajaríamos separados; que hecho un pequeño acopio de palabras en una sesión, procuraríamos confrontarlas todas en la sesión siguiente, antes de emprender otra, finalmente que siendo sumamente equivoco el enterarse de las costumbres, mientras no se tuviese la menor idea del idioma, dejaríamos en mucha parte este objeto, para las visitas sucesivas en las cuales nos acompañase el piloto Peña. Así lo hicimos y como ya se ha indicado, nos fueron particularmente útiles en esta parte dos mujeres, que sabían no pocas palabras castellanas, y conocían a los pilotes Tafor y Peña…

Ya eran las dos y media de la tarde, cuando pensamos en separarnos no sin nuevas aseguraciones por una y otra parte de la más estrecha amistad, y con la esperanza en nosotros de que estuvieran al día siguiente a bordo, donde los habíamos convidado y prometiéndoles crecidos regalos. Fueronse todos a caballo nosotros con la marea ya favorable no tardamos en regresar a bordo siempre ocupándonos de buscar entre las muchas aves, que nos pasaban a tiro, aquellas que pudiesen suministrar pasto a la Historia Natural.

Fondeada la Atrevida, solo nos preocupamos a que desde el día siguiente se aprovechasen todos los instantes, para hacer esta escala de no mucha duración, y de la mayor utilidad…

Hubiera sido omisión grave el no ocuparse en este puerto de la pesca, y de la caza. Así se estableció que diariamente fuese un bote de uno de los dos buques a pescar bajo la dirección de un Guardiamarina, muy luego la caza que por su abundancia cebaba aún a los más inexpertos, fue entretenimiento diario de toda la oficialidad en sus horas de recreo. Nuestra mesa ya no se cubrió diariamente, sino con el fruto de nuestras excursiones, y pudo la marinería hallar en el marisco, el pescado, y las muchas aves acuáticas de buen gusto, una variedad de comida tan agradable como abundante.

8 diciembre.

Hasta la tarde del día 8 no conseguimos nueva sesión con los patagones. Después del medio día hizo señal el bergantín, que los patagones estaban a la vista y; con esta noticia, no tardamos Pineda, y yo en ir a su encuentro, y nos acompañó con el fin de retratarlos, el pintor Don Josef del Pozo. Cuando llegamos al bergantín ya estaba allí desde hacía algún tiempo el cacique, y otros parientes suyos, y tres o cuatro mujeres con algunos niños de pecho. Estos estaban acostados durmiendo no desviados de la camarita: los demás (según nos dijo Peña) no habían cesado de comer galleta, y menestras así crudas, como cocidas, mezclándola repetidas veces con el uso del cigarro, y del vino…Nosotros mismos los vimos fumar, y beber otra vez y últimamente vimos por experiencia, que el uso del aguardiente, ni les era nuevo ni dejaba de serles agradable. Atribuían la causa de no haber vuelto inmediatamente a que se les había desbandado la caballada, viéndose así precisados a destinar los muchachos a buscarla, sin que les fuese posible encontrarla hasta el tercer día de su comisión.

… Algunos adornos que presentamos a las mujeres, arraigaron de tal modo nuestra amistad reciproca, que fue fácil sacar sus relatos, y la conversación se trabó larga, e interesante: ratificamos las palabras aprendidas en la primera sesión; a estas se agregaron muchas nuevas; pudieron adquirirse ideas claras de algunas de sus costumbres y en particular de sus enlaces de parentesco, y del amor hacia sus padres y sus hijos; finalmente como procurásemos con el auxilio de Peña, de adquirir algunas nociones de su religión, esto nos fue llevado poco a poco en hablarles de su morada actual; distante como tres leguas de la playa, a la cual nos brindamos en ir al día siguiente, si tarjesen para nosotros algunos caballos.

Una joven patagona de edad de catorce años aproximadamente, cuyo regular parecer mucho agrado, y singular locuacidad habían hecho que se le prefiriese a las demás para retratarla, llamó aún más nuestra atención al tiempo de regresar a tierra. Peña les había dado para llevar a sus rancherías algunas galletas, y menestras, de las cuales habían guardado una porción en cuantos modos podía combinar su limitado traje; pero quedaba aún que guardar, y la joven patagona, que los había pedido para llevarlos a sus padres, ya no tenía donde reservarlos: aconsejada de los demás, determinó, quitarse un poncho, que luego pudiese servirle de saco.

Este Poncho, que componía parte de su traje estaba inferior a una piel de Guanaco, que con otras le cubría enteramente: le era preciso por consiguiente para quitarle, el aventurarse a manifestar desnuda la espalda. Esta reflexión le mantuvo por algún tiempo indecisa; y solo el instarle los demás le determinó a quitar el poncho, lo que ejecutó en fin con tal maña, que le dio nuevo brillo a su honestidad.


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27 Abr 2014 19:08
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
9 diciembre.

Prefiriose … la aguada de la población de Antigua, la cual aunque distante de las corbetas como tres leguas, debió parecernos más cómoda porque las lanchas podían ir directamente a ella, y una marea las llevaría y otra las devolvería a traer sin atención al viento reinante, bien que siempre sería inconveniente de alguna entidad el que a media marea, no se pudiese entrar o salir lancha alguna del estero; y que la misma escasez de agua no permitiese llenar entre las dos lanchas sino unas doce pipas en veinte y cuatro horas.

El viaje además era peligroso por las revesas o remolinos, que en diferentes recodos formaba la marea, a veces por sí misma a veces en contraposición al impulso del viento, de suerte que para la seguridad de ambas lanchas, las cuales navegasen juntas, y en nada sobrecargadas, se destinaba un tercer bote con un oficial, de una u otra corbeta, encargado solo de dirigir, y ayudarlas siempre que el caso lo pidiese.

Con esta precaución había ya conseguido el día 6 dos viajes de cada lancha, dirigidos con mucha inteligencia por los tenientes de Navío Valdés, y Tova, cuando en esa misma tarde nos obligó un nuevo caso a dar otro destino a las embarcaciones menores.
Con una ráfaga fuerte del NNO, y la marea vaciante había faltado a la Atrevida el cable del O; y aunque sus maniobras fuesen sumamente vivas, y acertadas no había podido evitar el que su esperanza en lugar de fondo agarrase nuestro cable del O, y ella mimas nos abordase por babor, sin causar sin embargo daño alguno considerable.

No fuimos poco felices al suspender el ancla agarrada a nuestro cable antes que lo rozase, o rompiese. Después por medio de calabrotes devolverla a la Atrevida sin desentalingarla ni echarla al fondo; y sin valernos de lanchas, todos partidos en aquel momento o perniciosos o imposibles: finalmente cambiando la marea a las nueve, pudo dicha corbeta volverse a amarrar, bien que con inmediación de algunas piedras.

Como en un paraje de mareas tan vivas no fuese posible el uso de las boyas y de los orinques, el ancla de la Atrevida carecía de éste medio de recobrarle. Fue pues preciso emplear las dos lanchas en rastrearla, maniobra muy difícil por los pocos instantes, en que está la marea parada, únicos por otra parte para que un buzo pudiese pasar el orinque. Se trabajó inútilmente en la mañana del 8 pero en la del 9 tuvimos la felicidad de encontrarla: y pasado un orinque por el buzo de la Atrevida, se levó la misma tarde y se restituyó a bordo.


Cada día que pasaba en puerto me convencía más y más de las consecuencias que podía arrastrar, o a nuestras anclas o a nuestras embarcaciones menores o a la misma utilidad del viaje el emplear aún mucho el fondeadero: el agua era poca y mala: no había leña; y el deberse combinar para la salida el viento, la claridad y la marea oportunas, hacía, que no todos los días pudiésemos verificar el dar la vela:

Con estas reflexiones desistí de la idea, de que se esperase ocasión oportuna para observar algunos pasos de la Luna al meridiano, y retirados esa misma mañana los instrumentos y utensilios del observatorio solo pensamos en disponernos para la siguiente campaña. Dejaba para el puerto de Egmont el completar la aguada: algunas observaciones en él nos darían nuevas luces sobre el verdadero estado de los relojes, si también de la posición astronómica de este puerto.


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02 May 2014 15:11
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…9 diciembre.

Muy felices en sus tareas los Sres. Pineda y Nee desde nuestras primer entrada en el puerto habían aprovechado todos los instantes para aumentar sus respectivas colecciones científicas; el primero adicto particularmente al examen de las piedras, de las conchas de los cuadrúpedos, y de las aves, encontró tan crecido número de curiosidades, que podían muy bien suministrarle material de estudio en la siguiente campaña algo dilatada alrededor del cabo de Hornos. Don Luís Nee, con su acostumbrada perspicacia, constancia y asiduidad logró a pesar del semblante árido, que tenían estos contornos recoger muchas plantas, de una rareza y merito singulares.


En cuanto a los cazadores no se puede juzgar en su habilidad por la felicidad que aquí tuvieron. El guardiamarina Ali, acechando a un guanaco en las inmediaciones de la aguada del S. logró matarle de un tiro con bala, y traído a bordo pesó 195 libras: una liebre de las excelentes que se encuentran en estas inmediaciones pesó 18 ½ libras. Se cogieron zorros, cuya fetidez nos obligó a abandonarlos; y en una excursión del teniente de navío Valdés hacia las islas interiores, logró encontrar en una a la sazón aislada por la marea, quince guanacos de regular tamaño, a los que hubiera sido fácil cortar toda retirada, si los que le seguían, hubiesen sido diestros en acosarlos, así donde esperaba, sin dejarles coger casi a nado la tierra firme como lo consiguieron.

Ya próximos a dar la vela, y conociendo por experiencia, cuanto se diferenciaba del nuestro el andar del bergantín, determiné, que las siguientes tareas, se emprendieran separadas, en lo cual no solo se aventajaba un tiempo considerable, sino que en la utilidad de la navegación, y la misma seguridad nuestra y suya podía así afianzarse sobre cimientos más ciertos.

Di pues instrucciones a su capitán “del bergantín Carmen” para que nos acompañase hasta la vista del puerto San Julián, desde donde las corbetas atravesarían hasta puerto Egmont; en las Malvinas y él seguiría costeando para entrar en los ríos de Santa Cruz, y Gallegos; desde éste último puerto se le encargaba que procurase hacer derrota al puerto de Año Nuevo en la isla de los Estados, si la prudencia, y su situación se lo aconsejaban. Allí o nos encontraría o hallaría por medio de botellas las noticias, que fuese preciso comunicar al Excmo. Sr. Virrey de Buenos Aires.

Di al mismo capitán los pocos auxilios que me pidió y le pedí que estuviese pronto para dar la vela en la mañana del 13:
Así en la noche del 10, ya todo estaba reunido en las embarcaciones, si se exceptúan los Sres. Bouza y Quintano que no habían vuelto de su excursión hacia lo interior del puerto con la lancha del bergantín Carmen.

Fin de la estada en Puerto Deseado

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02 May 2014 16:11
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Salida de Puerto Deseado, y viaje sucesivo a Puerto Egmont.

Ti-mon1

11 diciembre.

No regresaron hasta la noche los oficiales Quintano y Bouza, que con el capitán del bergantín Carmen y Don Antonio Pineda habían ido río adentro desde la mañana con el fin los unos de hacer varias marcaciones con el teodolito, y ligar los triángulos, los otros de explorar el país y sus habitantes de cualquier especie que fuese.

12 diciembre.

El viento al norte que había soplado con mucha violencia en toda la tarde nos había persuadido a meter dentro todos los botes: y después que en el día siguiente la continuación del mismo viento muy fresco, que aún roló al NE, no nos daba lugar a desamarrarnos, lo empleamos todo en comprobar – Malaspina utiliza el vocablo “sistemar”- la marcha de nuestros relojes y en trazar la carta de la costa entre río negro y Puerto Deseado, para que entregada luego al capitán del bergantín Carmen evitase el riesgo de una nueva separación con dicho buque para llegar con ocasión pronta, y segura a manos del Sr. Ministro de Marina: le acompañé una breve explicación manifestando que el poco tiempo no daba aún lugar a aquella perfección, que podían suministrar combinados con prolijidad los elementos acopiados de ambas corbetas.

Escribí al mismo tiempo al Virrey de Buenos Aires, dándole parte del encuentro con la embarcación inglesa en los paralelos del cabo de San Antonio, y de no haber hallado aquí el menor rastro de nuevos establecimientos extranjeros para la pesca, desde lo ejecutado en la isla de Reyes por la corbeta de S.M. Santa Elena, de los cual el piloto Peña me había enterado a fondo.

Este plano, y cartas, y un cajoncito, en el cual Don Antonio Pineda remitía veinte y dos aves disecadas, casi todas las especies no conocidas, no pudieron entregarse hasta el amanecer del 13, a cuyo tiempo ya había dado nuevas instrucciones al comandante de la Atrevida, y al capitán del bergantín para nuestro destino inmediato.

13 diciembre.

Poco después de salir el sol pareció entablar en viento bonancible del S. y NO; la marea debía cambiar a la vaciante hacia las 10 de la mañana, y como por la proximidad de la Atrevida a la piedra, no era posible quedarse sobre su ancla del O, aprovechamos entre ambas la marea entrante para levar el ancla: A las 10 de la mañana ya estábamos a pique de la otra, y enteramente prontas a dar la vela. El bergantín que según las señales hechas de antemano había dado la vela, vio imposible remontar unas islitas, que mediaban entre él y nosotros y volvió inmediatamente a dar fondo.

El viento que a la sazón roló al E, y ESE flojo, obligó a esta corbeta a igual maniobra, apenas había suspendido el ancla un par de brazas; la volvimos a dejar caer, y sobre treinta brazas de cable, así la Atrevida, como nosotros, pasamos el restante día, en el que el viento se mantuvo flojo del E, al NE, la marea con velocidad de tres a cuatro millas; y el tiempo muy neblinoso, y aún por la tarde algo aturbonado con truenos distantes.

Los chubasquillos, que hubo en la noche siguiente me persuadieron, a que habría por la mañana algún soplo de terral; y pues acabaría la vaciante a las cuatro y media de la mañana, me pareció esta la hora más oportuna de verificar la salida de esta angostura; pues que debía recelarse estuviese ya entablada la virazón a las once, hora, en que paraba nuevamente la marea.


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03 May 2014 19:26
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14 diciembre.

Las ventolinas del O, no se declararon hasta las cuatro, no obstante ambas corbetas estuvimos a la vela con la mayor rapidez, al tiempo de repuntar la entrante; ya nosotros habíamos propasado las piedras del medio y la Atrevida estaba en sus inmediaciones. Para el bergantín ni el viento ni la marea eran ya oportunas para que verificase la salida. No tardaron en declararse ventolinas del S, y SSE, las que a ratos nos hacían imposible contrarrestar la marea; pusieron por dos veces la Atrevida en la necesidad de dar fondo, y nos arrastraban ambas rápidamente hacia la costa del N.

Pero a las ocho, como entablado viento galeno del SSE, mismo segundo cuadrante, pudimos considerarnos ambas libres de la costa, de la cual estaríamos como una y media leguas. Poco después se cerró el tiempo con neblina y el viento calmó mucho. Nosotros navegábamos con poca vela para proporcionar la reunión de la Atrevida, y a las once, declarado nuevamente viento galeno, y pareciéndonos, que al medio día, tendríamos buenas marcaciones a la tierra inmediata, observaciones satisfactorias de Latitud y Longitud, reviramos al SO 5º S.


Era mi primera idea, el fijar inmediatamente con buenas observaciones la entrada del Puerto de San Julián, y con vistas oportunas dirigir con mayor seguridad hacia estos parajes la navegación nacional; pero en oposición a esta idea militaban la mayor necesidad de determinar la verdadera posición en Longitud de Las Malvinas, los trabajos ya hechos en esta parte de la costa por los Sres. Churruca y Cevallos, la misma frecuencia de las embarcaciones nuestras a aquel puerto con motivo de los establecimientos intentados o de las pescas, o de la adquisición de sal; finalmente nuestra necesidad de navegar cuanto antes a las tierras del Fuego , según las primeras intenciones de S.M.

Amaneció con semblante sumamente hermoso. Nuestras sondas eran de cincuenta brazas arena negra. El viento ya del O. nos proporcionaba un andar de cinco, a seis millas habíamos perdido tierra a la vista y decididos a navegar hacia las Malvinas (tal vez para fondear en Puerto Egmont) continuábamos rumbo del SSE, dueños por consiguiente de adelantar con cualquier viento del Sur.


Ya a esta hora el viento se había declarado del NO y del NNO, galeno, que pensé inmediatamente aprovechar con todo el aparejo haciendo una señal a la Atrevida de omitir en adelante el sondar. A las cuatro pareció prudente emprender el rumbo directo a los Salvajes, navegamos al SE corregido con fuerza de vela, lisonjeandonos de poderlos avistar tal vez a la tarde del día siguiente, si el viento, la mar, y los carices se mantuviesen tan favorables, como a la sazón lo eran, proporcionándonos un andar de siete a ocho millas.

En la determinación de la recalada a las inmediaciones del Puerto Egmont, nos había parecido preferente el referir la longitud de nuestros relojes a la carta de los tenientes de navío Galeano y Belmomte, cuya diferencia de meridianos entre la isla Rasa y el cabo Blanco (Enmendado este en Longitud por nuestra observaciones) era de 3º 25’ igual casi a las cartas bastantemente exactas, que dirigen actualmente la navegación entre el Río de la Plata y las Malvinas. Varios errores que después indicaré con mayor claridad hacían perniciosa la del segundo viaje de Cook...

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03 May 2014 19:41
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16 diciembre.

Con la fuerza del sol se fue disipando algún tanto la calima, de que estaban llenos los horizontes: pero la mar gruesa del SO no cedía y acusábamos un abatimiento considerable que nos aconchaba demasiado al Este. el viento había cedido mucho: la Atrevida se conservaba en buena unión, aunque parecía haber perdido la poca ventaja de andar, que manifestaba a ratos en la tarde y mañana anteriores.


Los barómetros en esa misma tarde manifestaron una próxima alteración contraria del tiempo, y como quiera que ya ni la hora ni los carices convidaban a reconocer tierra, desistimos del rumbo emprendido a las ocho del E ¼ SE de la aguja, y tomando un rizo en las gavias, y echada la verga de juanete abajo, ceñimos con las gavias al ONO; la mar ya había engruesado mucho, se había cerrado el tiempo con llovizna y el viento ya arrafagado del ONO, y O nos indujo a virar al Norte, arribando después como a las cuatro de la mañana al E ¼ SE en demanda de tierra, viento SSO fresco.

17 diciembre.

El tiempo se conservaba muy cerrado a las seis de la mañana. Nos debíamos considerar inmediatos al Salvaje, y a la isla Rasa; y se hacía tan peligroso el navegar hacia ella, con vientos y carices poco oportunos, como preciso el no propasarla sin un cabal reconocimiento que sirviese en delante de base para las recaladas al puerto de Egmont. Pareció lo más prudente ceñir al NNO. El viento a la sazón del SO: tomamos segundo rizo en la gavias, se echó abajo el mastelero de juanete mayor y persuadidos por estar el viento declarado al SO, que aclararía muy luego, no titubeamos en el partido de aguantarnos con poca vela hacia el O.


No tardamos en arribar al NE ¼ E con ánimo de buscar la isla Rasa; la que efectivamente descubrimos a la una y media, y poco después estando en su meridiano observamos Longitudes por los relojes marinos.

La distancia que nos quedaba para puerto Egmont (diez y seis leguas aproximadamente) era demasiado crecida para que intentáramos andarla en lo que quedaba de tarde: así asegurada nueva posición con la vista de las muchas islas inmediatas, medido nuevamente horarios en el meridiano de uno de los Salvajes, y hechas en toda la tarde las posibles marcaciones y enfilaciones con bases corridas y medidas por corredera, ceñimos sobre las gavias largando el segundo rizo, pues que el viento demasiado bonancible apenas nos dejaba lugar a contrarrestar la corriente, que parecía dirigida antes hacia las islas inmediatas, y luego hacia el NE.


18 diciembre.


A las siete ya pudimos arribar al ESE y E de la aguja dejando a la derecha y a distancia de dos millas las cinco islas “ Low Green de la carta de Mcbride” y atracando luego muy cerca de la costa que conduce al puerto. Se midieron horarios en los meridianos de los puntos principales, y la sonda a una milla de la punta Bluff daba catorce a diez brazas conchuela cascajo.


El blanquizal de arena de que hace memoria Biron, para fondear en caso oportuno, es realmente un paraje muy bueno; pues en un fondo de doce a veinte brazas, se está muy cerca de tierra, y abrigado de todos los vientos que puedan impedir la entrada del puerto, al cual así por las dos bahías que están en la boca como por lo interior de él, podemos justamente apellidar con Biron de los puertos más hermosos del mundo.

Ya próximos al fondeadero señalamos a la Atrevida nuestro ánimo de hacer agua con preferencia a todo, y nuestro deseo de fondear muy próximos; y con gavias, foques, y vela de estay de gavia, seguimos ciñendo el viento costeando como a un tiro de fusil largo…
Finalmente a las doce avistada el abra de un riachuelo y los rastros de establecimiento antiguo, dimos fondo en sus inmediaciones y en ocho brazas amarrándonos sucesivamente OSO, ESE, y el ajuste al Este y a distancia de la playa una media milla escasa, demoraban la Vigía 3º E, la punta N de la boca a la vista al N 10º y el caño de la aguada al S 80º todo de aguja.

Fondeó no distante de nosotros al N la Atrevida, y al S. estaba una Chumaca de S.M. procedente del Puerto de la Soledad seis días antes, cuyo capitán era un pilotín de la armada, había ya ido con un practico inglés y seis caballos al reconocimiento de algunas calas y costas en donde pudieran anidarse embarcaciones extranjeras y cuyo conocimiento fuera útil para nuestras pescas y corso.

Fin de la navegación desde el Puerto Deseado a Puerto Egmont.
br-i4


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03 May 2014 21:05
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Estada en Puerto Egmont.


...18 diciembre.

Inmediatamente fui en un bote con el teniente de navío Valdés a examinar el sitio de la aguada, el que hallé sumamente oportuno para nuestro intento. Era un riachuelo que descendiendo de los montes inmediatos y fertilizando, con mucha amenidad el suelo por una y otra parte, paraba en una especie de estanque inmediato a la playa, en donde un abundante depósito de agua, proporcionaba con el auxilio de la marea el llenar y transportar la vasijera; el paraje sumamente abrigado, los restos de un muelle, el mismo fondo del estanque de muchas piedras anchas de afilar; y todos los contornos hasta una regular distancia llenos de apio, y de cloquearía, mientras los pedruscos de la playa nos convidaban con mucho marisco, nidos de pato ya polluelos, nos representaron como sumamente ameno el paisaje.

Regresamos inmediatamente a bordo, y prevenidos las correspondientes órdenes a la Atrevida se ocuparon desde las dos de la tarde ambas lanchas a conducir vacío a tierra, y rellenarlo. Al mismo tiempo nos ocupamos a bordo de envergar un juego nuevo de velas; y los cazadores por una parte, y los naturalistas por otra, recorrieron desde la misma tarde todas las inmediaciones con notable ventaja, y satisfacción de todos.

No debía merecernos en este día menor intención la astronomía en una Latitud tan crecida y en tan pocas horas de noche se nos proporcionaba no obstante el poder observar la emersión del 2º satélite de Júpiter, y la tarde, particularmente desde las seis, prometía ser clara, y apacible soplando a la sazón vientos galenos del SSO.

Inmediatamente pues se armó una pequeña tienda en un altito inmediato a la aguada, y el cuarto de círculo de Ramsden para las alturas meridianas, el cronómetro 72 para remplazo del péndulo; y todos los acromáticos de la Descubierta fueron a tierra con los Sres. Galiano, Concha y Bernaci. Un pilotín y un soldado igualmente de la Descubierta; debían cuidar del servicio, y seguridad del observatorio.

No bien habían concluido todas las disposiciones preliminares, y comprobado desde tierra el cronómetro, con los relojes de ambas corbetas, cuando el cielo empezó a toldarse, y los oficiales astrónomos a desconfiar del buen éxito de las observaciones intentadas: malogróse efectivamente el satélite y se malograron varias alturas meridianas, y apenas a la costa de una ardua vigilancia pudo conseguirse la altura meridiana de Sirio, la cual luego por el desnivel del cuarto de circulo resultaba muy distante de la verdadera.

19 diciembre.


Nuestra gente trabajó en la aguada todo este día, y en ambas corbetas quedó concluida al anochecer. Los Sres. Pineda, Bouza y Pozo, que desde la mañanita habían ido al cerro de la Vigía en la isla opuesta, cada uno con los objetos de su facultad regresaron tan contentos como cansados antes del anochecer. Ni habíamos descuidado la parte astronómica pues a demás de las alturas correspondientes a la marcha de los relojes, habíamos observado unidos los oficiales de ambas corbetas varias distancias del Sol a la Luna, y al principio de la noche Don Dionisio Galiano había observado la ocultación de O. de Acuario por la parte oscura de la Luna.

Desde los primeros días de nuestra salida de Cádiz, se había conocido la dificultad de usar con ventaja el cabestrante mayor, mientras que estuviese en el combes: aprovechamos la quietud de éste puerto para pasarlo al alcázar y armada al mismo tiempo la fragua de a bordo, hicimos así para aquel intento, como para otros fines todas las piezas que fuesen necesarias. La noche fue nublada y oscura.

20 diciembre.

Amaneció con semblante sumamente hermoso, y la finalización de nuestros trabajos, y el combinarse ser este día domingo, dieron lugar a que la mayor parte de estas tripulaciones (dándoles de antemano algún jabón) fuese a tierra a esparcirse y a lavar su ropa. Enviamos un bote de pesca, que no fue feliz, aunque lo intentase en tres parajes diferentes, pues solo trajo pocos peces del género Mulus de Linneo. Es precisa la calma, para que los peces en este paraje se aproximen a la playa.

La parte astronómica ocupó en este día casi todo nuestro tiempo. Las alturas correspondientes observadas en el cuarto, el paso del Sol al meridiano, el de la Luna, y algunas alturas absolutas para deducir la Longitud por medio del movimiento horario, la variación magnética en el teodolito, y muchas distancias del Sol a la Luna, fueron otros tantos objetos a los que atendieron Galiano y Bernaci, como astrónomos, y como agregados los demás oficiales. Resultaban ya de las operaciones antecedentes las siguientes Longitudes para el paraje del observatorio portátil que habíamos establecido desde el día anterior.

Occidente de Montevideo:
Referidos al medio día del 20.

Nº 61: 3º 53’ 28’’
Nº 72: 3º 51’ 25’’

Promedio de 155 series de distancias observadas en este, y en el día anterior: 3º 49’ 15’’

Los tres relojes de la Atrevida daban un promedio de: 3º 59’ 30’’.

No había faltado para enturbiar este día, y aún para malograr parte de nuestras tareas astronómicas uno de aquellos incidentes, que aunque inseparables de la concurrencia de la marinería, son bien sensibles y molestos. O fuese de la Descubierta o de la Atrevida (pues se hizo imposible averiguarlo) algunos de los que estaban en tierra, prendieron fuego a un montón de turba, y en un momento, no solo vimos arder por diferentes partes el monte inmediato, sino que el humo, que salía del incendio ocultaba los objetos aún más cercanos: fueron a las seis de la tarde utensilios de la Descubierta, para que toda la gente se ocupase en cortar los progresos del fuego, y la actividad de los oficiales, y de los contramaestres, que a la sazón se hallaban en tierra, al parecer lo habían conseguido como a las nueve, permaneciendo aún ocho o diez hombres en el paraje más sospechoso para ocurrir inmediatamente hacia donde se manifestase el fuego, que podía estar reconcentrado en una u otra parte.

Nota:
-Es opinión de este que transcribe, percibir el tono de amargura que aflora de las palabras de Malaspina cuando describe este episodio, a pesar de notarse sus intentos por no hacer juicios de valor más allá de los necesarios en un diario oficial. El pensamiento que parece inundar la mente del comandante es claro: el contraste entre los que se dedican a comprender la naturaleza desde el respeto, el cariño y el saber científico, y el de aquellos otros, que la maltratan, desprecian con indolencia y vierten contra ella su saña de seres despreciables, y que, con su comportamiento le prestan sentido a los versos del poeta que naciera en España dos siglos después cuando hablaba de:

“ El hombre de estas tierras que incendia los pinares
y su despojo aguarda como botin de guerra..."

fuera cual fuera el origen del incidente, el incidente mismo no deja de ser un retrato. Para reflexionar y, en el mejor de los casos para aprender y superarnos a nosotros mismos como pueblo.


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04 May 2014 12:30
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21 diciembre.

Desde la mañanita habíamos empleado las lanchas de ambas corbetas en hacer un buen acopio de apio silvestre y cloquearía; y los cazadores, aunque no muy expertos se habían encargado por su parte de hacer más agradable y copiosa la comida, con el fruto de sus excursiones, no correspondiente a la verdad ni al tamaño, ni a la cantidad de aves, que frecuentan este distrito, entre las cuales merecen sin duda particular aprecio, las que en el puerto nuestro de la Soledad llaman avutardas, y becacinas.


A pesar que el día no convidaba a excursiones marítimas, yo pasé con Bouza a sondar, y marcar lo interior del puerto. No fue fácil por la mar algo gruesa conseguir muchas sondas, pero el arrumbamiento de varios puntos salientes, la dirección de muchos arrecifes, y la salida de diferentes canales, fueron objetos, de que pudimos enterarnos prolijamente, tanto más, que había tenido la precaución de llevar en el bote al contramaestre de la Chumaca, que desde algunos años navegaba en estas inmediaciones.

El fuego de la turba había hecho en este tiempo muy rápidos progresos; y el humo nos incomodaba a tal extremo, que el comandante, y oficiales de la Atrevida para regresar a su bordo desde esta corbeta a donde habían pasado la tarde, necesitaron valerse de una aguja, y un farol: todo el que frecuente éstos parajes, debe tomar posibles precauciones, contra este inconveniente, que además de ser destructor por sí mismo, aleja inmediatamente la caza, y oculta con el humo la vista de los objetos más preciosos para una navegación cómoda, y segura.

Antes de anochecer metimos los botes, y retirado ya cuanto había en tierra, quedamos dispuestos para dar la vela en la siguiente mañana: remplacé en la Descubierta con un marinero voluntario de la Chumaca, un hombre hacendado de Montevideo, que me había traído de leva, y yo había pasado al bergantín Carmen en Puerto deseado para que cuanto antes volviese a su hogar y familia en donde sería más útil, que a bordo; finalmente di al comandante de la Chumaca una carta de Buenos Aires, dirigida al Sr. Ministro de Marina, en donde le avisaba del estado de la comisión y los principales resultados de nuestras observaciones para la posición astronómica del puerto…

22 diciembre.

La noche fue apacible, y amaneció con viento del OSO el SO, el cual pensamos aprovechar para dar la vela, y hecha la correspondiente señal a la Atrevida, emprendimos luego el desamarrarnos. A las seis ya estaba levada el ancla del cable sencillo; pero habiendo a la sazón arreciado mucho el viento del SO, con mar algo gruesa y haciéndose tan penoso el ir a pique, como expuesto el montar islitas, y así nos mantuvimos sobre un ancla, metiendo la lancha, y echando abajo el mastelero de juanete mayor, que habíamos guindado para medir alturas de topes.

… Aprovechamos la necesidad de permanecer este día en el puerto, para que Don Felipe Bouza fuese con un bote a medir una pequeña base de las inmediaciones de la aguada, que sirviese de confrontación a nuestros puntos anteriores y de principio seguro para el plano importante de este puerto. Se concluyó felizmente esta operación y el bote regresó a las cinco de la tarde; a cuya hora el viento había cedido mucho, el tiempo estaba calimoso, y el humo bastantemente espeso: aprovechamos esta bonanza para cobrar el ayuste que teníamos casi todo fuera; y así anochecimos sobre unas cuarenta brazas de cable.


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04 May 2014 12:31
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23 diciembre.

No habiendo amanecido cuando entabló en viento del N, que con el sol fue luego tomando mucho incremento. Nos mantuvimos en la misma posición del día anterior; y no siendo la mar muy gruesa, enviamos el bote para remplazar el agua consumida.

Ya al medio día, aunque el viento hubiera rolado al NNO, y aún al NO, conocimos imposible el verificar la salida aquella tarde, y habiendo a la sazón cedido algún tanto el viento, se emprendió en la Descubierta segundo viaje del bote para llenar alguna agua, y se hizo a la Atrevida la correspondiente señal para que lo verificase. Don Antonio Pineda aprovechó este segundo viaje para recoger algunas piedras y un esqueleto de pinguancho; dirigió al mismo tiempo un nuevo y abundante acopio de apio y cloquearía, y como a las tres y media regresó a bordo.

Apaciguado algo más el viento en la siguiente tarde, y abandonada la idea de visitar una vez aún estas orillas, se permitió a los guardiamarinas de ambas corbetas que saliesen voltejeando a probar el andar de los botes. El viento unas veces más fresco, y otras veces bonancible, dio lugar a como era natural, a que ambos creyesen haber ganado en el andar, y quedasen pagados de la victoria.

Anocheció con carices calimosos, y el viento ya del NO; el cual habiendo cedido en un todo a la media noche, sobre una leve garua, se declaró finalmente como a las dos de la mañana del NO calmoso. No perdimos un instante ambas corbetas en meter el bote, izar vergas mayores y virarnos a pique. A las tres y media dimos la vela, y a las cinco aprovechamos todas las ventolinas, ya del tercer, ya del segundo cuadrante. Nos hallamos fuera del puerto, y emprendimos derrota a pasar entre la isla Rasa y los dos islotes que están en el NE de la entrada del puerto.

A este tiempo con haber hecho cuantas marcaciones, y enfilaciones pudiesen proporcionarse, se había también ligado todo el plano interior del puerto, con las bahías exteriores, y con muchas islas, que se dejan ver en estas inmediaciones.
na-veg1


Fin de estada en Puerto Egmont.


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04 May 2014 20:59
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Navegación desde el Puerto Egmont al de San Carlos de Chiloé.

Ti-mon1

…22 diciembre.

Nuestra Latitud al medio día fue de 51º 2’ 21’’, y la Longitud en los relojes marinos de 4º 2’ al Oeste de Montevideo (marcado a la sazón la isla Rasa al S. corregido) y habiéndola situado en la misma Longitud a la entrada fue una prueba tan agradable como cierta, no menos de la buena marcha de los relojes, que de la exactitud nada dudosa de nuestras determinaciones astronómicas.


25 diciembre.

A las nueve ya nos fue preciso echar abajo verga, y mastelero de juanete mayor, aferrar la sobremesana, y tomar dos rizos a la gavia y velacho: nuestro rumbo continuó del O corregido para aproximarnos a la costa, y continuar su situación prolija, como lo habíamos hecho hasta aquí.

Fue ya muy dudosa la Latitud por la altura meridiana del Sol: la Longitud, para la que habíamos tomado horarios a las 10 de la mañana, y con mar menos gruesa fue el nº 61 de 6º 47’ 32’’. Discrepaban entre sí algún tanto los 13 y 72, en los cuales la comparación del medio día indicaba una alteración no indiferente.

Tuvimos la restante tarde bastantemente lóbrega; y como a las siete, sobre algunos chubasquillos el viento fue rolando al OSO; y como al mismo tiempo cediese casi de un todo su fuerza, los balances nos incomodaron mucho, en la restante noche, en la cual nos quedamos sobre las gavias y sin gobierno.


26 diciembre.

…El viento estuvo variable en la siguiente tarde y como a las tres de la tarde habiéndose declarado del ONO, y NO fresquito, pudimos aprovecharlo con toda vela, y un andar de siete u ocho millas, haciendo rumbos del O, algunos grados al S.


28 diciembre.

…Quiso no obstante el tiempo por la tarde coadyuvar de tal modo a nuestros deseos, que rolando poco a poco el viento al NO galeno, nos proporcionó navegar desde las tres al O corregido, y así avistar como a las cinco y media el cabo las Vírgenes al O ¼ SO verdadero: arribamos inmediatamente a aproximarnos, y poco después estando en buena marcación, medimos horarios por los cuales referidos al nº 61, resultó la Longitud de dicho cabo en 62º 18’ 48’’. Era de 62º 9’ 43’’ la que habían determinado en la fragata Cabeza los Sres. Belmonte, y Galiano.

Ya a las ocho de la tarde no distábamos sino tres leguas del cabo de las Vírgenes, pues mi ánimo era atracar a la costa del Fuego desde el cabo Espíritu Santo, hicimos la señal a la Atrevida de pasarse a la voz, y dije a la Atrevida, que pues que tenía a su bordo el viaje de Sarmiento, quien daba noticias del bajo de cuatro brazas situado en frente de la boca del estrecho – Malaspina se refiere aquí al estrecho de Magallanes- levase aquella noche la derrota, y se dirigiese a pasar entre el bajo de las cuatro brazas y la costa, y con un andar de diez leguas hasta las cuatro de la mañana a la vista del cabo Espíritu Santo.
La Atrevida pasó por nuestra proa, y aunque el viento estuviese galeno, pues que nuestro andar había de ser tan corto, tomamos dos rizos a las gavias: el viento a la sazón era del N, los horizontes cerrados con garua y los rumbos que seguía la Atrevida, gobernada de la sonda eran del ESE al SE ¼ E, variándolos hasta el SE siempre que fuese preciso.

29 diciembre.

Fueron pues estos rumbos tan acertados, que a las cuatro de la mañana pudimos avistar las tierras inmediatas al cabo Espíritu Santo a pesar de una densa garua que ofuscaba los horizontes: y como pasásemos poco después inmediatos a la Atrevida, nos dijo que habían sondado en la noche catorce brazas, y que a aquella hora tenía cuarenta y cinco.
El viento no tardó en rolar al NE. Pero declarado poco después viento bonancible, del NE y habiendo al mismo tiempo despejada algún tanto la tierra, pudimos dirigirnos inmediatamente a reconocer su verdadera posición, precavidos si en cierto modo en los rumbos, pues que el viento parecía quererse mantener fresco, del NE y la dirección de la costa se inclinaba más al E de lo que indicasen las cartas de Cook, y del viaje de Magallanes.

Adjunto:
Carta esferica de las costas de America meridional.jpg


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06 May 2014 20:52
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…29 diciembre.

Desde luego guiados del derrotero, de los Nodales aunque más bien confuso pudimos reconocer la costa inmediata al cabo del Espíritu Santo, dejamos con Anson el nombre del cabo de la reina Catalina – La actual punta Catalina- a la punta más S. de la tierra inmediatamente alta, que es contigua a aquel cabo, y ya nuestro principal deseo se dirigía a fijar los términos del canal de San Sebastián, con cuyo objeto costeábamos la tierra baja a distancia de dos a tres leguas: pero, como el tiempo volviese a ser bastante calimoso; y el viento ya fresco del ENE, hiciese más prudente el descaecer demasiado sobre aquellas costas, quedó finalmente alguna duda sobre el extremo sur de dicho canal, cuya Latitud por nuestras observaciones de Longitud; y sucesiva posición de medio día discrepaba considerablemente de la de los Nodales no a la verdad porque careciéramos de muchos datos bien probables para determinarla; sino porque no era posible combinar su Latitud con la que habían indicado los Nodales. Convenía en general su configuración, particularmente la señal de empezar las tierras altas, y nevadas desde el extremo S. del canal de San Sebastián, y desde el cabo de Penas, nos hallábamos al medio día. Era nuestra Latitud de 53º 23’, y la Longitud al Oeste de Montevideo de 11º 14’ 30’’, deducida esta de un promedio de observaciones de la mañana a la tarde, y traídas con estima en la cual no se hacía visible efecto alguno de corrientes.

… Viramos un poco al N; y poco después rolando el viento al E, y ESE lo ceñimos al primer cuadrante aumentando las sondas a 44, 42 y 4º brazas… Se había cubierto enteramente la tierra con calima; y el viento iba perdiendo considerablemente su fuerza, tanto que a las 10 había calmado casi de un todo. Ya no se descubría la costa y aún a ratos se nos hacía difícil la conserva de la Atrevida. Calmó luego en un todo el NE. Hacia las 10 y a la media noche ya se había declarado al S. y SSE bonancible.

30 diciembre.

Amaneció con tiempo hermoso… a las cuatro de la mañana vimos la costa a distancia como de cinco leguas, y como en todo tiempo al salir el Sol fuere tomando el más hermosos semblante nos convidaba a dirigirnos inmediatamente a su reconocimiento, y situación tanto más, que alcanzábamos en las tareas de este día la visita de cabo de Penas, en el que habían concluido las bases del día anterior.

En efecto la costa desde este paraje empieza a ser alta, y nevada; pero no con tal horror que no descubra en las inmediaciones del mar diferentes valles, y llanuras, en donde la vegetación parece explayar todo su verdor y la hermosura de la nieve o hielo, solo dejaba verse en las cimas más agudas de los montes, hacia la parte del Sur; y como fuese sembrada digámoslo sí como en pequeños montones, en los cuales brillaba el sol; representa un contraste más bien agradable de las dos estaciones más opuestas entre sí. Esto nos dio lugar a conjeturar, que el verano estaba bien adelantado, concurriendo unánimes a apoyar aquella idea los tiempos apacibles, que habíamos disfrutado a lo largo de la costa Patagónica y la serenidad y temple agradable que experimentábamos aquel día.


Navegamos con fuerza de vela hasta las tres de la tarde, que apareciendo mucho viento del ONO, y cerrándose con carices muy cargados los cielos, y horizontes, aferramos las velas menores, y con las gavias, y trinquete, seguimos costeando de modo que no se ocultasen ni la configuración de la costa, ni las Longitudes de los puntos salientes, ni finalmente aquellas vistas de los puntos, que sirviesen de guía para las recaladas venideras. Entre las últimas merecen el primer lugar los Tres Hermanos, y el Pan de Azúcar. La posición que les da Freizer, nos ha parecido equivocada, aunque merezca los elogios de Lord Anson. Es sumamente exacta la que indica en su carta el capitán Cook.


Desde las cuatro de la tarde había desistido de la idea de atravesar el estrecho de Maire, y fondear en la bahía del Buen Suceso a cuyo partido me representaban como preferente, y aún necesario, las reflexiones siguientes:
- 1º Que su reconocimiento podía mirarse como superfluo, después del que había publicado con tanta exactitud, y por menos el capitán inglés.
- 2º Que no teniendo las corbetas la menor falta, y no pudiendo llenarse de objetos de historia natural, sino con una morada a lo menos de cinco o seis días; el entrar en dicha bahía por dos o tres días fuera sacrificar únicamente tiempo precioso.
- 3º Que habiendo nosotros recalado a la boca del estrecho como a las seis de la tarde, era ésta precisamente la hora en la que empezaba la marea contraria, no faltando sino dos días al plenilunio, en cuya época comienza la entrante de una o dos de la tarde.
- 4º Finalmente que manifestando el aspecto de las tierras, el temperamento que experimentábamos, y los tiempos que habíamos gozado hasta ahora cuanto se había adelantado el verano en este año en el Hemisferio Sur podíamos prometernos tiempos tan apacibles y buenos para el reconocimiento de la costa occidental entre el cabo Victoria Chiloé, como contrarios debíamos esperarlos, adelantada mucho la estación, y aproximándose el otoño:

Se me hacía por otra parte tanto más agradable , y justo el partido del pasar al Este de la isla de los Estados, moviéndome a esto no solo la prolija descripción de que ella había dado el capitán Cook, si también de mirar como muy importante para la navegación nacional, la determinación segura de la Longitud del cabo San Juan y algunas vistas de sus inmediaciones, que asegurasen con más evidencia la recalada.

Adjunto:
faro Espíritu Santo 2.jpg


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com