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 Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina 
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estada en Valparaíso: viaje de algunos oficiales a Santiago y ocurrencias en aquella capital.

... 17 marzo.

Hallábase ya fondeada en el puerto desde el día 11 la corbeta Atrevida, cuyo comandante me informó luego de oficio; que las calmas, y la mala posición de la costa en la carta de Moraleda habían hecho su navegación algo más dilatada, de lo que habíamos imaginado. Que le molestaron mucho las neblinas, y la mar gruesa del SO, haciéndole no solo imposible el que conservase siempre la vista de la costa; si también viéndose por dos veces casi precisado a dar fondo a un anclote por descaecer excesivamente sobre tierra que a pesar de esto había conseguido trazar con toda la confianza la costa de la Quiriquina por las bocas del río Itata a la ensenada de Serro; las inmediaciones del morro de Topocalma, este mismo morro, y los bajos de Rapel; las playas de Cartagena, y finalmente el trozo comprendido entre las puntas de la Coroumilla, y los Ángeles; todas operaciones sumamente interesantes, que hacían tanto más honor al comandante de la Atrevida, cuanto mayores habían sido las dificultades, que debía allanar, respecto a los tiempos.

Ya estaba el observatorio perfectamente establecido en el ángulo N. del castillo del Rosario, a cuyo fin el gobernador, y coronel Don Josef Salvador había suministrado cuantos auxilios pudiesen contribuir al mejor éxito. Los Sres. Galiano, Concha y Vernaci alojaban en un cuarto, que antes era sala de armas; y se les había agregado para el servicio del observatorio un pilotín, y un soldado. El péndulo ya estaba en movimiento desde los primeros días, y el cuarto de círculo armado. Las solas cerrazones, y neblinas, eran ya obstáculo para que no se hubiese ya emprendido el proyectado catálogo de ascensiones y rectas, y declinaciones de las estrellas meridionales, que la suerte deparase al alcance de nuestras tareas.

Bustamante tenía también aviso de la feliz llegada a Santiago del Teniente de Navío Valdés, y de la bondad con que el Sr. Capitán general y Presidente del Reino, el Mariscal de Campo Don Ambrosio Higgins, pensaba pasar inmediatamente a la capital, abandonando los baños, que a la sazón estaba, para ocurrir más de cerca a cualesquiera auxilios necesitase nuestra comisión.

En cuanto a la fábrica de alguna galleta, que había igualmente encargado a Bustamante en atención a los precios, y comodidad, con que había sido informado, pudieran adquirirse en Valparaíso, me informó dicho comandante, que aún ocupando todo el vecindario, no pudiera adquirirse, sino dos quintales diarios, de suerte que había desistido en atención a esta corta cantidad, de encargar dicha fábrica; medida tanto más acertada, cuanto que no necesitábamos víveres hasta Lima, ni los caudales eran abundantes en las Cajas Reales de Santiago para sufragar gastos no necesarios.

Pocos días antes habían dado la vela con carga de trigo para Lima los navíos de aquel comercio el Valdiviano y San Miguel, y aprestaban a verificarlo con igual carga los nombrados Águila y Hércules actualmente surtos en la bahía, cuyos capitanes, y maestres vinieron inmediatamente a bordo a presentarse.

En esta ocasión, que aguardaba, para cortar un tanto el desorden de la marina mercante por medio de los desertores, que se me habían entregado en Talcahuano.


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Segundo comandante de la corbeta: Descubierta R. O. del 15 de Julio de 2014.


13 Jun 2014 18:34
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18 Jun 2014 17:59
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
18 marzo.

En la mañana siguiente, puesta la tropa sobre las armas, y enviados oficiales a ambos buques mercantes a bordo las tripulaciones, y los pilotos o los contramaestres, se dieron por manos de los mismos marineros mercantes cincuenta azotes a uno de los desertores, pues cabía alguna duda sobre la realidad de la deserción del otro. Se les amonestó al mismo tiempo a todos de no entregarse al desorden y de ser subordinados, y puntuales a su deber, si no querían ser severamente castigados en nuestros buques.

El día estuvo calimoso. Ambos buques trabajamos para mejorar nuestros amarraderos. A cuyo fin esta corbeta abatió ambas amarras del N. y S. quedando a cien brazas del ayuste al N, y el sencillo sobre un ancla al S, engalgada es ta con un anclote estacado en la playa. Tantas precauciones son necesarias, y a veces poco útiles en un paraje, que la sola necesidad ha hecho llamar puerto. La Atrevida tenía su cable del S. amarrado a tierra, y al N. un ancla, y un anclote; este con objeto de tender la segunda ancla, siempre que el viento lo exigiese. Los buques estaban en nueve o diez brazas. Las anclas de fuera en veinte a veinte y dos.

No eran muy lisonjeras las noticias, que había adquirido Bustamante sobre la idea, también prescrita en las instrucciones de llevar una serie de triángulos hasta Santiago, pues a tan corta distancia, merecía una colocación distinguida la amena, capital de un reino floreciente, como el de Chiloé. No desmayamos no obstante ni uno, ni otro en la esperanza de conseguirlo; y como varios asuntos del servicio, y entre ellos principalmente el estudiar de cerca el estado político del reino; y cumplimentar, y recibir las ordenes del Sr. Capitán General nos persuadiesen a pasar a la capital, dejamos al mismo examen local del terreno el decidir, si aquella empresa sería o no asequible.

19 marzo.

Dejado pues el cargo de las corbetas a los Tenientes de Navío Tova y Novales, y a Don Dionisio Galiano el del observatorio me dispuse en la mañanita siguiente el transferirme a Santiago en compañía de Bustamante. Había logrado en ese día, que fue hermoso, y apacible ver los resultados de nuestros relojes, de los de la Atrevida, y de dos observaciones de los satélites de Júpiter, que conseguidos al principio de la noche, podrían tal vez tener las correspondientes en algún observatorio de Europa.

El camino desde Valparaíso a Santiago, casi todo pedregoso, y lleno de vueltas, atraviesa tres hileras, de montes, que aumentan considerablemente su elevación, a medida, que se aproximan al pie de la cordillera. La primera hilera es de bastante extensión, y algún tanto aprovechada o en pastos o en siembra. El lugar de Casablanca, hace más amena, y útil la segunda. Si se exceptúan los valles de la Viñilla, y Puanghi, ambos de muy corta extensión, el tercer llano es el hermoso valle, que baña el Mapocho, y en donde a las espaldas de la cordillera, está situada la ciudad de Santiago.

No excede todo el camino de 24 a 26 leguas, aunque los naturales las supongan 36. Su dirección es del ESE al SE1/4 E, inclinándose no obstante algunas veces al E. Los particulares, que tienen hacienda en este tránsito, suelen alojar a los pasajeros con aquel espíritu de hospitalidad, que tan preciosas raíces ha echado entre los habitantes de estas regiones. El suelo cuya fertilidad no es fácil a ser descrita, contribuye mucho, a que el pasajero disfrute de aquella abundancia, que tantas veces inútilmente anhela.

Dejado Valparaíso a las cinco de la mañana, descansadas algunas horas de la siesta en la Viñilla, hacienda de los Señores Azagra, y toda la noche en Puaghi perteneciente a Don Xavier Bustamante, llegamos a Santiago al medio día siguiente. Había ya alcanzado la capital desde el día anterior el Sr. Capitán General, cuya bondad activa no solo hacia nosotros, si también a todo lo relativo a la comisión, quedará siempre tanto más impresa en nuestros corazones, como más difícil nos fuera describirla con la extensión correspondiente.

Don Cayetano Valdés ya se había entrado con mucha individualidad no solo de todo lo existente en el archivo de Temporalidades; si también de las noticias peculiares del reino, que pudiesen ser conducentes o al mayor acopio de asuntos útiles, y amenos a nuestra obra, o al conocimiento más cabal del suelo interesante, que a la sazón trillábamos.
Desde luego dudé mucho, que sin grandes sacrificios de tiempo y de dinero pudiese conseguirse la conducción proyectada de los triángulos.

Eran de la misma opinión los Sres. Bustamante y Valdés; pero también convenían, que de ningún modo debía omitirse una exacta determinación de la posición geográfica de esta capital. No titubeé pues un instante pues un instante en tomar todas las medidas, para que, ejecutando los métodos más seguros, no omitiésemos tampoco ( si la ocasión lo aconsejase) aquellas operaciones, que tenían en sí a primera vista el semblante de imposibles. Despaché orden a bordo para que con una buena colección de instrumentos astronómicos, y geodésicos, varias banderas, y el reloj 105 de Arnold del comandante de la Atrevida, viniesen a la mayor prontitud a la capital los Sres. Quintano, Viana, Vernaci, y Bouzá; al piloto Sánchez quedaba encargada la custodia de los instrumentos; y para combinar mejor nuestras tareas sucesivas debían medirse horarios, y observase la Latitud de Casablanca.

Con estas medidas conseguía desde luego ocurrir a todas las operaciones asequibles en el corto tiempo de nuestra demora en Santiago, y si pudiesen verificarse los triángulos, emprenderlos en dos cuadrillas, y determinadas de antemano las estaciones a una, y otra parte, con palos altos y banderas de seña.

El preciso desarreglo de horas de comer, y dormir, que debía naturalmente derivar de estas operaciones precipitadas, y la indispensable necesidad de habitar todos juntos para combinar mejor los trabajos me persuadió desde luego acorde con los Sres. Bustamante y Valdés, a no aceptar los ofrecimientos generosos así del Sr. Capitán General, como de algunos de los vecinos principales, para hospedar en sus casas. Tomamos una vivienda hacia el centro de la ciudad, y con patio suficiente para alcanzar la mayor parte del cielo. Nuestro método de comida, y la vida interior se adaptó a la que solíamos llevar a bordo.

El jueves Santo se concluyeron nuestras operaciones geodésicas, observamos las emersiones del primer satélite de Júpiter en las dos noches del 2 y 4 de abril, y en la mañana del 7 salimos de nuevo para Valparaíso a donde llegamos al siguiente día.

8 abril, 1790.

Con la llegada del correo de Buenos Aires al tiempo de hallarnos en Santiago había tenido la noticia agradable y feliz del regreso a Montevideo del bergantín Carmen; y el Excmo. Sr. Virrey de Buenos Aires tenía la bondad de remitirme el extracto del diario del piloto Don Josef de la Peña, cuyos accidentes después de nuestra separación en Puerto deseado habían sido sumamente interesantes, y útiles a esta expedición nuestra. Había fondeado en el puerto de San Julián, y en el río de Santa Cruz. Desde este último paraje había enviado por tierra a reconocer el río Gallegos; y en todos aquellos puertos había logrado una continua y estrecha comunicación con los patagones, poniéndose así en situación de cerciorarse, que no había establecimiento alguno extranjero en aquellas costas; solo si, que existía entre una tribu de patagones un joven inglés al parecer fugitivo; y que esta nación había intentado, años antes, aunque infructuosamente establecerse, en el río de Santa Cruz.

Reconoció al regreso el bajo Vellaco, y muchos balleneros ingleses y franceses, y realistas americanos, y solo con algunas averías en el palo mayo, y no pocos riesgos alcanzó el puerto de Montevideo.

El Sr. Virrey me avisaba al mismo tiempo de las medidas tomadas para que Don Tadeo Haenekè, naturalista botánico agregado a esta expedición de orden de S.M. y que no había podido alcanzarnos ni en Cádiz ni en Montevideo pasase a Valparaíso, para donde le había prefijado de antemano, el plazo desde el 15 de mayo al 15 de abril.

No tardó en llegar a Santiago este digno sujeto, y en reunirse a nosotros. S.M. en la Real Orden, que le hizo entregar, prevenía el sueldo, que había de gozar, y manifestaba, cuanto le eran gratos los servicios de una persona, que reunía a una habilidad verdaderamente singular en varias ciencias las recomendaciones del Co: Granieri embajador del rey de Cerdeña en Madrid, del consejero Born, y del botánico Joaquín de Viena.

Don Tadeo Haenekè, habiendo tenido la mortificación de llegar a la Isla de León solas dos horas después, que las corbetas habían salido de la bahía de Cádiz, debió embarcarse para Montevideo en una embarcación del comercio, en la cual, próximo ya al puerto, tuvo la desgracia de naufragar hacia la punta de las Carretas únicamente por la impericia del capitán o piloto.

Ocho días antes habían dejado las corbetas aquel puerto. Así fue preciso presentarse al Sr. Virrey, pidiendo las ordenes, y auxilios necesarios para continuar su camino en busca nuestra; y habiendo conseguido ponerse en marcha el 24 de febrero por el camino de las pampas, y la cordillera logró en fin incorporársenos, después de errar ocho meses, por un irremediable retardo de pocas horas en su llegada a Cádiz.


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18 Jun 2014 18:05
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… 8 abril.

Estos incidentes verdaderamente molestos al que los sufría habían sido muy útiles al progreso de la botánica y al mayor lustre de la expedición. Pues el Sr. Haenekè había empleado toda su actividad en recorrer las inmediaciones del río de la Plata, particularmente interesándose hacia las Conchas, y el Paraná; parajes a donde no había penetrado por falta de tiempo el Sr. Neé. Luego en las pampas, en las sierras de Mendoza, y últimamente en las cimas de las cordilleras había recogido un número de plantas, o nuevas o mal caracterizadas que llegarían próximamente al as 1400, además de diferentes investigaciones en los otros ramos de la historia natural.

Se le formó su asiento, en los términos que prescribía la Real Orden, y quedó desde luego embarcado con fecha de primero de abril.
En cuanto a la idea de los triángulos, últimamente me había sido preciso abandonarla, así porque la casualidad de combinarse la Semana Santa; y semana de Pascua en el término de nuestra demora a Valparaíso, distraía mucho a la gente de todo trabajo, como porque no era posible indagar noticias seguras de los montes de mayor elevación, en los cuales pudiesen fijarse estaciones, y señales convenientes. El averiguarlo por nosotros mismos nos exponía a nuevos sacrificios de tiempo, y tal vez a un riesgo inoportuno de la salud del mayor número.

9 abril.

A nuestro regreso a Valparaíso encontré, que los oficiales comandantes Tova y Nogales habían desempeñado con la mayor eficacia el cargo, que les había confiado. La aguada en ambos buques estaba completa, el puerto sondado con la mayor escrupulosidad, acopiado el posible carbón, de que carecíamos absolutamente, y recompuestas casi de un todo las pequeñas averías en los zunchos de botalones de la Descubierta, que había producido en la tarde del Jueves Santo un abordaje de la Atrevida, rota su amarra del S. con la excesiva fuerza de las ráfagas de aquella parte.


Un objeto, que en este puerto, más que en ningún otro alguno, debió amargar, y trastornar nuestros pasos, fue el desorden constante de la tropa, y marinería. No era posible por mi parte enfrenarlos con la fuerza.

Los débiles auxilios de la plaza, y particularmente el corto número de tropa, que teníamos en ambos buques, siendo además de muy poca confianza me precisaban a no comprometer el decoro de la autoridad, descubriendo la debilidad de los resortes. Desertaron al principio pocos marineros. Hubo entre algunos de estos, y un soldado de la Atrevida algunos desafíos, con puñales, de los cuales finalmente resultó un marinero mortalmente herido. Últimamente desertaron ambos buzos y un cabo de la Descubierta, y en la noche del 12 dos soldados de la Atrevida, de los cuales uno estaba de centinela tuvieron la audacia de aprovechar un instante de descanso del oficial de guardia para evadirse en uno de los botes, siendo infructuosas, las medidas que se tomaron luego luego de enviar en su seguimiento un sargento y cuatro soldados.

Conforme al sistema adoptado en Talcahuano de dejar alguna libertad a los que no faltasen al servicio, de disimular las primeras faltas de los buenos; y además de confundir las acciones de los unos con los otros, toleré con tanta paciencia, como enojo, este desorden irremediable, y solo fié el castigo de los que pudiera aprehender, el justo escarmiento de aquellos delitos…


Al Teniente de Navío Don Josef Robredo se encargó el sustanciar el proceso contra el soldado agresor del marinero de la Atrevida, cuya vida estaba aún en sumo peligro. Se fió su defensa al Teniente de Fragata Don Secundino Salamanca.

… No omitimos comprar adquirir algunos quintales de estopa fina para la disecación de aves; y alguna grasa para la pintura de los costados. Finalmente ya el día 13 pudimos considerarnos enteramente prestos para dar la vela. A la sazón faltaban a la Atrevida veinte y un hombres de su armamento, y quince a esta corbeta, todos desertores en Chiloé; Talcahuano y Valparaíso, si se exceptúa un soldado muerto en la Atrevida, y el marinero últimamente herido.

En la costa siguiente hasta Lima cuyo reconocimiento miraba importante al sumo para la navegación nacional, sabía que las neblinas muy comunes en esta estación podrían atrasar mucho el viaje, y sobre todo exponernos a errores considerables, particularmente en las entradas de los puertos, de los cuales era muy fácil sotaventarse, con el impulso constante de las aguas hacia el Norte. Con esta mira y no dudando, que en Valparaíso, cuyos pobladores eran casi todos navegantes, se encontraría algún practico e la costa siguiente al N. Había encargado a Bustamante, que hiciese en esto algunas pesquisas. En efecto pudo encontrar persona, que llenaba perfectamente todas mis ideas, y al tiempo de mi llegada a Valparaíso me le presentó; teniendo a su favor los mejores informes.

Era este sujeto Don Domingo Velázquez, quien por mucho tiempo había navegado por estas costas en clase de capitán de buques mercantes, y tal vez no tenía igual en el conocimiento de la costa desde Chiloé hasta Acapulco. Se convino en servir en clase de práctico a bordo de esta corbeta todo el tiempo, que se le ocupó y se le formó su asiento asignándole el sueldo, que le correspondía según reglamento del Perú. Se le alojó en paraje decente.

13 abril.

Hasta después del medio día del 13 no regresó Don Antonio Pineda, quien había emprendido antes un viaje litológico a todas las inmediaciones de la ciudad de Santiago, y últimamente una excursión a las minas de San Pedro Nolasco, y al volcán inmediato. Sus observaciones físicas, y adquisiciones de historia natural acreditan su actividad, e inteligencia en esta ocasión, con el mismo celo, que había acreditado en las demás tierras, que hasta aquí había reconocido.

Como tal vez la quietud de nuestro viaje sucesivo hasta Lima nos proporcionaría el poder coordinar una parte considerable del trabajo hecho hasta aquí, me pareció oportuno el reconcentrar en esta corbeta todos los documentos relativos a planos que dimanasen del trabajo de ambos buques, y a este fin dispuse, que con todos los diarios, y observaciones de la corbeta Atrevida trasbordase a esta el Teniente de Navío Galiano, remplazándole en aquel buque el de fragata Don Francisco Viana. Y el preciso arreglo de alojamientos me obligó también a pasar a la Atrevida el Guardia marina Ali Ponzoni, aumentados en la Descubierta el naturalista Haenekè y el práctico Vázquez.


14 abril.

Aprovechada finalmente toda la noche del 13 para las observaciones celestes, y embarcados por la mañanita siguiente la tienda, el cuarto de círculo, y el péndulo, únicos efectos, que habíamos dejado en tierra, levamos la amarra de tierra, dejando en su lugar un solo calabrote, y nos dispusimos a dar la vela al primer soplo de viento favorable. Las cuentas de los relojes marinos se habían cerrado para el medio día del 12; y desde el 7 se había colocado sobre esferas el cronómetro 72, para ver, si esta situación le era efectivamente tan ventajosa como lo había sido al número 71 de la Atrevida.

Fin de estada en Valparaíso y viaje a Santiago.


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19 Jun 2014 17:40
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Navegación de Valparaíso a Coquimbo.

Ti-mon1

… 14 abril.

En lugar de suceder el viento del S. a las horas comunes al principio de la mañana, se declarose una neblina espesa procedente del N, que imposibilitaba la vista de objetos aún más cercanos; y manteniéndose sin asomo de viento hasta las cuatro de la tarde ya casi nos había precisado a desistir de la esperanza de dar la vela en aquel mismo día. Pero en fin habiéndose disipado la neblina con algunas ventolinas del S, pareció que el buen andar de las corbetas, el auxilio de los remolques, y de la misma corriente, y la muy corta distancia que era preciso navegar para considerarnos libres de todo peligro, nos proporcionarían el verificar la salida en el plazo prefijado, sin exponernos a que las ventolinas del N. bastantemente comunes en el mes de abril nos detuviesen algunos más días en el puerto.

Así ambos buques emprendimos luego el cobrar el cable del N, recogiendo el calabrote de tierra. A las 4 ½ levamos el ancla, y remolcados de la lancha procuramos con gavias, juanetes y estays aprovechar las ventolinas favorables del Sur. Al principio fueron lentos nuestros progresos, y estuvimos algo aconchados sobre las piedras de la entrada; luego fue mejorando nuestra situación. Al anochecer ya habíamos ganado dos millas al N. de la punta de la Batería, y las ventolinas aún nos permitían gobernar.

Era nuestro primer ánimo el haber fondeado en el puerto del Papudo, distante una diez leguas del puerto de Valparaíso; porque me habían persuadido, que tendría algún abrigo; como porque me inducía a hacerlo el haber sido frecuentado por buques franceses, cuando al principio del siglo concurrían en tanto número a las costas de Perú y Chile. Tuvieron allí muchas bodegas de las cuales aún subsistían en las ruinas bien que siempre fue el comercio ilícito, que otra causa cualquiera, las que los guiaba hacia aquellos parajes menos habitados…

… Pero en fin debimos desistir de aquella idea no solo por la escasez del tiempo por los nuevos riesgos de la deserción, y el actual semblante calmoso, y oscuro de los horizontes; si también porque el año anterior, el ingeniero Don Pedro Rico había levantado el plano de aquella rada, como de la siguiente de Pichichanque. El ingeniero a la verdad celebraba por abrigado este segundo puerto; pero el práctico Vázquez insistía, en que ni abrigo ni agua encontrarían en él.

La mayor parte de la noche, en calma sin gobierno y rodeados de una densa neblina.

15 abril.

Al amanecer, se declaró viento favorable del SSE, y SE, con el cual, aunque flojo, gobernamos al NNE, y NE, para atracar a la costa; la cual a la sazón se nos presentaba confusa, y cargada de neblina, aunque no distásemos de ella sino unas tres leguas.

No nos quedaba duda, que las corrientes, o la marejada algo fuerte del S. nos había arrastrado considerablemente al N; pero sin el auxilio del práctico nos hubiera sido difícil reconocer distintamente la costa, pues.

Las latitudes estaban considerablemente erradas en las tres cartas de Ulloa, Moraleda y Hervé, que teníamos entre manos.

… La costa avistada hasta entonces parecía baja, con algunos playazos, particularmente hacia la ligua; y tal cual islote entre el Papudo, y el puerto del Quintero. Se veían algunos arrecifes en las instalaciones del segundo. Al N. del Papudo se presentaba un monte aislado, que podía servir de reconocimiento para buscarle.

En un paraje, en el cual no debíamos dudar de un efecto considerable de las corrientes; y en donde la dirección de la costa no variaba del S. al N. puede imaginarse cuanto nos era sensible el no poder deducir de ningún modo la Latitud por el tiempo constantemente neblinoso. La falta de Latitud observada era precisamente un mal, que debía alarmarnos para la exactitud de las tareas emprendidas, Acechamos dos alturas del Sol, en cualesquiera claras, aunque momentáneas, que se nos presentasen. Pero no nos fue posible alcanzar sino la una a las 2 ¼ de la tarde, de la cual, sin Latitud, no deduciríamos, una Longitud sumamente dudosa. Ya a las 1 ½ hecha la señal de sondar a la Atrevida, había ya sondado 85 brazas; y como el viento tomado algún vigor , y conservase su dirección del S. al SSO, nos proporcionaba continuar nuestro reconocimiento.

Me pareció imprudencia el esperar alguna observación sobre este trozo de costa, en el que no ignoraba, que por la mayor parte del año tiempo se mantenía oscuro y calimoso. Nos parecía preferente el continuar la derrota, siendo así que ya sabíamos, por una tradición envejecida, que los tiempos sobre aquella costa, eran por lo común oscuros y calimosos…

La noche fue apacible, pero continuamente calimosa igualmente cerrada con calima. Navegamos hasta la media noche al NNO; luego paireamos sobre las gavias en la vuelta de tierras; y a las cuatro de la mañana mareamos con el mismo aparejo para amanecer próximos a la costa , de la cual no obstante hallándonos demasiado inmediatos a las 5 ½ nos mantuvimos hasta la vuelta de fuera.

16 abril.

Al principio de la noche vieronse en tierra algunas candeladas. A la una de la mañana se encontró fondo con 120 brazas todo el largo del cordel.

… Pero acechando las claras, aunque repentinas, por ventura fuimos algo más felices, que en el día anterior. Tuvimos varias alturas del Sol con algunos intervalos y algunos no distanters del medio día; cuyos resultados nos prometían una Latitud bastantemente aproximada a la verdadera: Finalmente despejado por la tarde el cielo, pudimos a las tres, y a las cuatro de la tarde observar dos series de alturas satisfactorias, las cuales multiplicando las combinaciones con las de la mañana afianzaban con myor probabilidad nuestras pesquisas sobre la Latitud, al paso que daban la verdadera Longitud según el útil método hallado por Don Dionisio Galiano.

En las horas del pairo que debíamos mantener en la noche siguiente se conoció claramente el efecto de la corriente al N, en la dificultad de orzar, que tenía la corbeta. Conjeturamos desde luego, que debeían atribuirse a aquellas horas la mayor parte de los errores, que encontrásemos en la Latitud del día siguiente. Amanecíamos en efecto algo más al N. de lo que debía suponerse. El río Chuapa, y la quebrada de Limarí punto de tierra bien notable eran los parajes que teníamos más inmediatos. No distaríamos sino unas cuatro millas de la costa.


17 abril.

La quebrada de Limarí demoraba al SE corregido la distancia de 3 a 4 leguas, y parecía la lengua de vaca la última tierra, que se alcanzaba a la vista distante unas seis leguas al NNE. Con mucha propiedad a la navegación costanera, se ha dado este nombre, a la punta de tierra baja más saliente al mar, desde donde empieza hacia el N, la grande ensenada, La cual conduce hacia el puerto de Coquimbo, y Freizer llama de Tongoy.

Después del medio día fue entablando la brisa con mucha fuerza. Navegamos al N, y al NNE 5º de la aguja. Nuestro andar fue de 5 a 6 millas por hora; y se aprovechó la calidad, y hermosura del tiempo para observar azimutes y horarios.

…Navegamos desde las cuatro de la tarde con trinquete y gavia pues que ya nos era imposible alcanzar el puerto en la misma tarde. Con las solas gavias, montada la punta de la lengua de Vaca, orzamos al NE y al NE 5º E. para entrar en la ensenada, que Freizer llama Tongoy, últimamente para la mayor exactitud en la colocación de los puntos inmediatos, aprovechamos el corto rato, que aún nos quedaba de crepúsculo para correr la base al N ¼ NE, con la cual poco después de la oración nos hallábamos al pie del cerro Guanaquero, que determina el extremo norte de la bahía de Tongoy. No habíamos hallado fondo con cien brazas de sondaleza.


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22 Jun 2014 12:14
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… 17 abril.

La brisa a la sazón había perdido mucho su fuerza, lo que antes de ponerse el Sol nos había hecho andar con las solas gavias hasta las nueve millas de nuestra corredera. Habíamos ya avistado todas las inmediaciones del puerto, del cual distaríamos a las 6 ½ como unas cinco leguas.

Para evitar todo peligro de sotaventarnos en la noche, ya bastantemente larga me pareció pues más oportuno, no solo pairear en el paraje, en el que nos hallábamos; si también el conservarnos tan próximos a tierra que las mismas marcaciones nos indicasen los que descendíamos. A éste fin emprendimos pairear en la vuelta de tierra.

18 abril.

A las 4 ya conocíamos evidentemente que la corrientes nos habían arrastrado más de dos leguas al N; pero como mantuviésemos la costa bien asegurada, y el viento estuviese bonancible no encontrando fondo con 120 brazas; mareamos al NE sobre las gavias para aproximarnos al fondeadero.

Fue luego más feliz, y más acelerada nuestra navegación en aquella tarde habiendo refrescado mucho la brisa, sin que aclarasen los cielos, y horizontes. Así para el anochecer ya habíamos propasado la punta indicada de la Lengua de Vaca, sobre la cual sondamos 71 brazas arena blanca y veíamos como a unas seis leguas de distancia la entrada del puerto de Coquimbo de suerte que Paireando en la noche inmediata, nos fuese fácil el alcanzarle al otro día con los primeros soplos de brisa.

Descaecimos de tal modo en las horas del pairo, especialmente por el efecto de las corrientes del Norte, que al amanecer del 18, apenas distaríamos una legua de la entrada del puertecito de la Herradura.

Al amanecer distaríamos una legua del puertecito de la Herradura; el viento del S. a la sazón parecía deber tomar algún incremento lo que me pareció ya no cedería después de salido el Sol, y que no habría que temer ni calma ni terral. Luego que saliese el Sol, lo cual combinado con el natural deseo de reconocer de carca las inmediaciones de un puerto importante nos indujo a atracar a la costa a distancia de una milla escasa, con tanto más razón, cuanto que la Atrevida a las 7 ½ había sondado 80 brazas. Así hicimos rumbo del E. en vuelta de la punta de Lobo, de la cual ya no distábamos a las ocho sino la milla prefijada.

Pero en aquel momento, y en aquella situación contra todas nuestras expectativas dieron algunas ventolinas del NE; las cuales, y la marea gruesa del S. nos hicieron al mismo tiempo imposible el gobierno por cuanto intentásemos auxiliarle con la maniobra; y fueron causa para que entregados a la reserva, nos viéramos arrastrados con rapidez hacia la costa inmediata de la cual ya a las nueve y media no distaríamos sino unos cuatro cables.

Ni el bote que habíamos echado de antemano al agua; ni la lancha, que echamos a la sazón podían vencer el embate de la ola para ponernos en dirección de aprovechar las ventolinas de la virazón, que ya empezaban a dejarse sentir. Finalmente halando al mismo tiempo la lancha por la proa y el bote por la popa en sentido contrario, conseguimos caer de la vuelta de tierra, y poner la proa al NNE, largando toda la vela, y haciéndonos remolcar al mismo tiempo de las embarcaciones menores.

La Atrevida, que había podido mantenerse algo distante del peligro, se había valido de los remos, aunque con la mortificación de romper el mayor número de ellos; envió inmediatamente su lancha a auxiliarnos. Se mantuvo este rato por la proa hasta que empezando a tomar vigor la virazón, la devolvimos a su bordo, y metidos la nuestra, dejando solo el bote en el agua al remolque, y ayudado de sus velas.

A las doce ya habíamos pasado la boca de la Herradura; y pues el viento se mantenía flojo, al SO ¼ O, me pareció tan aventurado como inútil el entrar en el puerto por el canal, que forma el islote de adentro con la tierra firme. Se hizo rumbo a dejar por estribor el Pájaro Niño de fuera; y antes de la una pudimos atracarle y costearlo a tiro de pistola. Ceñimos luego por estribor, y sobre el mismo bordo acercándonos mucho a las piedras sumamente acantiladas, conseguimos alcanzar el fondeadero.

Era mi ánimo sobre las gavias, y con la mura de babor, conducir la corbeta al paraje, en donde debía caer el ancla del N; pero habiéndose roto el copón al tiempo de apear el ancla, -se refiere a la boza: un calabrote o cable grueso que una vez entalingado al arganeo del ancla, sirve para suspender ésta por el costado del buque momentos antes de comenzar la maniobra de fondeo- cogió ésta fondo antes de llegar a paraje oportuno, y nos obligó a aferrar luego las velas.

La situación del puerto, y el tiempo apacible, que allí experimentase constantemente me persuadieron a economizar los cables del ayuste, dando fondo al cable sencillo viejo, y amarrándonos al S. con dos calabrotes hechos firmes en una piedra aislada inmediata a la playa que llaman de la Tortuga. Todo quedó hecho inmediatamente. Algunos espías -se refiere a los cabos que se largan normalmente a proa o a popa de un navío con la intención de tirar o cobrar de ellos, para cambiar el lugar del fondeo- nos internaron después en paraje oportuno, y la corbeta quedó amarrada a distancia de un cable de tierra en fondo de cinco brazas bajamar demorando la punta de la boca del puerto N8º O. La torre de Santo Domingo de Coquimbo al NE.

La Atrevida fondeó como cable y medio al N, y quedó amarrada casi en la misma disposición, que esta corbeta.

br-i4
Fin de navegación de Valparaíso a Coquimbo.


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23 Jun 2014 19:17
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estada en el puerto de Coquimbo.

…18 abril.

No tardó en llegar a bordo un ayudante a cumplimentarnos de parte del subdelegado del partido y el mismo subdelegado le siguió, acompañandole varios de los principales de la ciudad... y supe de la bondad, con que el presidente de Chile por medio de su expreso les había prevenido nuestra llegada, y mandado, que nos auxiliasen con la posible eficacia, en nuestras operaciones algo precipitadas.


En la orilla inmediata a las corbetas había unos almacenes bien acondicionados, y perteneciemntes a un vecino de Coquimbo, los cuales se nos franquearon inmediatamente para que allí instalásemos el observatorio.

Aquella noche, por medio del cronómetro 71 de la Atrevida, comparando luego con señales a los relojes de una y otra corbeta se observaron con las mejores circunstancias dos emersiones del segundo y primer satélite de Júpiter, con toda confianza.

Mientras así procedían con la actividad, las diferentes tareas, que debíamos abrazar en el puerto, emprendimos la mayor parte de los oficiales una excursión a la ciudad no distante de Coquimbo, o la Serena.

19 abril.

A las nueve de la mañana de este mismo día fuimos casi todos los oficiales a la ciudad de Coquimbo, en caballos, que tuvieron la bondad de remitirnos los principales del pueblo. El camino es en mucha parte por la playa, muy agradable al tiempo de la bajamar; si bien algo molesto, cuando la marea es alta. Luego interna para huir del terreno pantanoso, que media entre el mar, y el terreno algo más elevado, en el cual está situada la ciudad. Según los naturales son tres leguas, las que comprende; pero pueden andarse con comodidad en 45 o 50 minutos.

La situación de la ciudad no puede ser ni más amena, ni más cómoda. La vista de la marina; la abundancia de aguas cristalinas; las llanuras inmediatas todas capaces de de riego, un río constantemente caudaloso, aunque sin riesgo de inundaciones; el cual al mismo tiempo fecundiza los campos, y de varias acequias para molinos, y trapiches; las minas no distantes, y ricas; el puerto excelente, la mar abundante de peces, los alimentos sabrosos, y baratos, y el clima agradablemente templado, y uniforme todo el año, forman uno de aquellos enlaces maravillosos de la naturaleza, que parecían más bien ficciones poéticas, que realidad, a los que ciñan sus combinaciones al solo examen de una parte no la más feliz del globo.

Contribuyen a la labor de las minas, y la fertilidad de los campos, a que la ciudad parezca desierta. Ambas orillas del río siguen pobladas hasta la cordillera. Hasta donde llegan también las pesquerías -Malaspina usa el vocablo “pezquizas”- y el beneficio de las minas, aunque disten del mar unas 40 o 50 leguas. Así la población de Coquimbo puede considerarse compuesta de unos quince o veinte mercaderes, que habilitan a los mineros; de seis, u ocho familias de conquistadores, bien acaudaladas, de algunos empleados por el rey, y de un número crecido de religiosos de San Francisco, Santo Domingo, La Merced, San Agustín, y San Juan de Dios; los agustinos ocupan la casa de los expulsos jesuitas.

El subdelegado Don Josef Antonio Corvera nos había prevenido una abundante comida, igualmente sabrosa pero como el día se mantuviese despejado, lo que no es frecuente en aquellos parajes, nos pareció preciso el restituirnos casi todos inmediatamente al observatorio para medir algunas distancias de la Luna al Sol.


A la sazón habían ya regresado a bordo los Sres. Bouzá y Maqueda, que, medida una excelente base en el fondo del puerto, habían hecho marcaciones con el teodolito en sus extremos, y en un cerrito inmediato; y el Guardia Marina Ali, que con la lancha de la Atrevida había sondado una parte considerable del puerto; pudimos por consiguiente comer a las 3 ½ con la satisfacción de ver bastantemente adelantadas nuestras tareas; a lo que contribuyó luego muy mucho a fomentarla, el que en la misma noche los Sres. Galiano y Vernaci. Consiguiesen deducir con toda satisfacción por medio de alturas meridianas de estrellas al S, y al N, la Latitud del observatorio que resultó de 29º 56’ 40’’


Ya desde el primer momento de nuestra llegadalos Sres. Pineda, Haenke, y Neé habían emprendido sus excursiones de Historia Natural herborizando el último, y reconociendo los otros, algunas canteras no distantes de conchas petrificadas, semejantes en un todo a las de la Isla de León.

Comentario:
Por su descripción, Malaspina parece referirse a la piedra ostionera, vocablo muy utilizado en toda la bahía de Cádiz para denominar a un conglomerado sedimentario con ostreas y pectínidos cuya formación se remonta al plioceno superior. Fuente: Instituto Geológico y Minero de España. Mapa geológico de España.

Si Malaspina menciona a las conchas petrificadas de la Isla de león -la actual ciudad de San Fernando- es precisamente porque esta formación rocosa es muy abundante en esa zona, también en la ciudad de Cádiz. Ambas ciudades pertenecientes a la misma isla.

Por otro lado, en la Versión digital del Mapa Geológico de Chile podemos encontrar que en la zona de Coquimbo existen secuencias sedimentarias marinas transgresivas pertenecientes al Mioceno Superior- Plioceno compuestas por areniscas limolitas, coquinas, conglomerados, calizas y fangolitas.

También citar una referencia de la publicación “Pingüinos (Aves, Spheniscidae) en Coquimbo (Mioceno Medio-Plioceno Tardío), Chile y su Vinculación con las Corrientes Oceánicas” de Carolina Acosta Hospitaleche, Jhoann Canto y Claudia P. Tambussi en la que se estudian unos sedimentos portadores de los restos asignados a la Formación Coquimbo descrita por Moscoso et al. (1982) que se extienden en la zona costera de Chile, entre los 28° y 30°latitud Sur. Zona que precisamente coincide con el área visitada por los naturalistas Pineda y Haenke durante su estancia en Coquimbo a bordo de la descubierta y Atrevida.

Parece evidente que el parecido entre ambas formaciones rocosas trajo a la mente de Malaspina el recuerdo de la piedra ostionera que él mismo debió conocer durante su amplia etapa de formación en la bahía de Cádiz.


Pero estas inmediaciones ricas de minas de todas especies, y en especial y en particular de de azogue de Punitaqui, que nos distaría del puerto, sino unas treinta leguas exigían un reconocimiento tan prolijo, cuanto fuese dable su abundancia, y método de beneficiarlas, objetos no menos importantes al Real Erario, que a los progresos de las ciencias y de la opulencia nacional.

La mina de Punitaqui se beneficiaba por cuenta de S.M. y estaba por consiguiente a cargo de un administrador superintendente Don Josef Lastarria, quien vino con los demás Señores a la orilla en la misma tarde de nuestra llegada; y a mis instancias quedó dispuesto en acompañar a los Sres. Pineda, Y Haenke a la excursión proyectada.

Saliendo en este día debían reunirse en el paraje, en donde está la piedra Mestruante, de que hace memoria Freizer; pasarían por las minas de oro de Andacollo, y se dirigirían a Punitaqui, cuyo examen les estaba particularmente encargado. Por otro camino, debían al regreso reconocer algunas minas de cobre, y estar a bordo precisamente al medio día del 28, hasta cuya época nuestra demora en este puerto se combinaba también con los objetos de astronomía; pues en la misma noche había un eclipse de Luna que en nosotros fuera culpable el no observar.


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25 Jun 2014 19:56
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
…19 abril.

El Teniente de Navío Quintano se encargó de acompañar a los naturalistas en esta excursión. Me fue tanto más agradable este partido, cuanto que a un mismo tiempo, que con su actividad vigilase sobre el buen orden de todas las cosas podría con tanta perspicacia, como verdad entrase a fondo del país, y sobre todo el gobierno económico de las minas, así de particulares como del rey. Abastecidos pues de cuanto les fue necesario se pusieron en marcha a este medio día, informados de antemano por el Teniente Coronel Don Tomás Sheè, hombre bien instruido de estos contornos, de todas las noticias, que pudiesen coadyuvar a hacer su viaje más útil y expedito.

…Don Felipe Bouzá hizo marcaciones en la torre de San Francisco de la ciudad, para ligar más, y más el puerto; se concluyó sondar el puerto y se observaron cuidadosamente las mareas. Varios se dedicaron a la caza, útil en estos parajes…; no se omitió la pesca; y se dedicaron algunas mañanas a la disciplina de la tropa reunida de ambos buques, haciendo que pasase a tierra con los Sargentos y Guardias Marinas, para que el teniente de Fragata Don Secundino Salamanca cuidase de instruirlos en el ejercicio del fusil, en las marchas y evoluciones.

Finalmente en la mañana del 27 hicieron ejercicio de fuego disparando seis cartuchos, los tres en evoluciones, y los tres con bala al blanco. Con estas medidas, que tiraban a distraerlos de la ociosidad, y con el excelente ejemplo de la oficialidad, la cual en este puerto, aún más, que en los anteriores, manifestó su amor al trabajo, y al recogimiento, pudimos conservar quiera, y reunida toda la gente, a la cual en correspondencia tratamos con el posible cariño.

Al tiempo de ausentarme de Santiago el Sr. Presidente, y Capitán General me había manifestado las excelentes medidas, que al tiempo de su visita a Coquimbo había tomado a favor de la pesca, particularmente del congrio, que al mismo tiempo adquiría mucho valor salado, y no necesitaba grandes fondos. Atento a estas medidas sumamente cuerdas, me ofrecía a coadyuvarlas por mi parte, con cuanto estuviese en nuestro alcance; y sin duda alguna, aún cuando no me hubiese comprometido a ello, me hubiera incitado el celo, los conocimientos y los buenos modales del Teniente Coronel Don Thomas Sheè, quien unánime con el Sr. Subdelegado Don Víctor Ibáñez, y Corvera, entendía en la construcción de la lancha pescadora .

El primer carpintero de este buque Don Juan del Río Miranda fue enviado desde los primeros días a la ciudad, a disposición de aquel cabildo, y de Don Thomas Sheè, y llegó tan oportunamente, que la construcción de la lancha pudo arreglarse sobre principios mejores, y manifestares varias máquinas de molinos, y prensas, de cuyas ideas carecían absolutamente con notable deterioro de la economía rustica.

Comentario:
De la frase anterior se debe deducir la inexistencia de cualquier estructura administrativa que a impulsos de la corona, estuviera dedicada a la difusión o fomento de la tecnología en favor del desarrollo económico en la colonia. Se hace muy duro pensar que fuese así hasta el punto que los habitantes de una zona tan rica y asomada al mar como la de Coquimbo, no tuvieran en 1790 oficio suficiente como para diseñar y construir una buena lancha de pesca.


Debieron conjugarse la llegada de funcionarios proactivos y el paso por allí de Malaspina, para que al menos se subsanara aún de forma coyuntural esta deficiencia, que también debió incluir la formación a los colonos sobre varias máquinas de molinos, y prensas...

Parece evidente que tanto entonces como ahora, -más de doscientos años nos separan- las carencias de una adecuada instrucción pública tengan su importante repercusión en el empobrecimiento de la economía a largo plazo. ¿Eran las minas para la economía de entonces, lo que la construcción para la economía de ahora? Y todo ello, no se nos puede olvidar, siguiendo al día de hoy los dicterios de nuestros gobiernos que nos obligan a abandonar a golpe de BOE: la investigación, la industria y las inversiones públicas para el desarrollo de las energías autóctonas…


La lancha debía ser de once remos, y dos palos, imitando con exactitud las de la costa de Cantabria. El cabildo sucesivamente me pidió algunos efectos, que les hiciesen notable falta para hacerla navegar; y comprendí muy gustoso en ello, mandándoles entregar de los pertrechos de este buque el lienzo vitre, agujas, rempujos, relinga, e hilo, que fuesen necesarios para sus velas, algún alquitrán, y grasa, y una aguja de lancha.

En cuanto al reintegro de su valor por la Real Hacienda después de haber sido aquel determinado por ambos contadores, avisé al cabildo, que se sirviesen de hacerlo pagar a la orden del Sr. Capitán General del reino de Santiago, a quien avisé con los correspondientes documentos, que podía servir como parte del fondo para aprehensión de desertores, suplicándole si, que tuviese a bien, avisarme a Lima del recibo, o distribución sucesiva de aquel dinero.

Comentario:
Malaspina exhibe aquí su capacidad para la resolución de los pequeños problemas cotidianos y no por ello menos importantes, su sentido práctico de las cosas, y sobre todo, su honestidad como servidor público de la corona.


28 abril.

Habían regresado desde la noche anterior los Sres. Pineda, Haenke y Quintano. Los progresos de la botánica, mineralogía, y conocimiento interno del país eran frutos óptimos de esta excursión, en la cual habían tenido también la casual fortuna de encontrar en la mina de Punitaqui al ingeniero, y comisario del Almadén, que por orden su S.M. pasaban al reconocimiento de la misma mina, y había navegado con nosotros a Buenos Aires…

En este día era de mayor importancia la serenidad del cielo, pues además, que se aproximaba ya el momento de nuestra salida para cerrar la cuenta de los relojes, la siguiente noche, si fuese serena, nos proporcionaría observaciones de la mayor importancia, en el eclipse de Luna en la ocultación de a de Libra por la Luna, y en la inmersión del cuarto satélite de Júpiter.

… Nuestros oficiales astrónomos, y cuantos pudieron proveerse de anteojos, estaban dispuestos a las observaciones, con cuantos cálculos pudiesen hacerlas más firmes, e importantes. La sola calima hacia la parte del E. parecía querer contrarrestar todas las otras medidas.

Contra todas nuestras expectativas pudo ya al principio de la noche en una clara muy feliz determinarse el momento del eclipse, u oscuridad total por los Sres. Galiano, Concha, Vernaci, y Valdés. Continuó luego la calima hasta cerca de las siete; pero a la sazón una ventolina del SO, despejó tan oportunamente el cielo que las observaciones correspondientes a la salida del eclipse se consiguieron muchas, y sumamente satisfactorias. Fue el fin del eclipse a las 8h 56’ 20’’, tiempo verdadero. A las 9h 12’ 34’’ se ocultó el cuarto satélite de Júpiter, y finalmente entre las doce, y dos de la mañana se observaron las inmersiones, y emersiones por la Luna de las dos estrellas de Libra 1a, y 2a. siguió luego la noche sumamente hermosa y apacible, y amaneció con el semblante más risueño.

29 abril.

Uno de aquellos momentos poco favorables, que llevan a su albedrio el ánimo de la gente de mar, exactamente como las olas impedidas del viento debió causarme este día una desazón tanto más considerable, cuanto que influía muy de cerca, sobre el buen servicio del rey, en la seguridad, y celeridad de la comisión. Se echaron de menos en la lista de la noche tres soldados, de seis, a quienes en la tarde anterior, se había permitido ir a lavar su ropa a una lagunilla inmediata.

Faltaba desde dos días un Artillero de brigada, se ausentó al anochecer un marinero, que en la tarde anterior por mi elección misma, había llevado una aguja, a un cerro inmediato, en donde Don Felipe Bouzá iba hacer algunas enfilaciones; en la misma noche tres marineros de la embarcación menor, en la cual fuimos a observar a tierra, abandonaron del mismo modo su destino; finalmente un accidente apoplético acababa de amenazarme por instantes de la pérdida del mejor marinero, que tuviese. No se me hacía extraña ni de mucha monta la pérdida del artillero, ni de los tres soldados; pero la de los cinco marineros, que además de ser accidental, recaía en los mejores, más contentos, y más quietos, debía precisamente serme sensible, tanto más, cuanto que ya disminuya demasiado el número de gente útil.

Desde la mañana Don Fernando Quintano con su acostumbrada actividad, y conocimiento del país, recorrió a caballo todas las chozas inmediatas; por si algunos de los fugitivos, hubiese quedado en ellas durmiendo por exceso de vino, o cansancio. Todo fue infructuoso, y su regreso a las dos y media de la tarde solo sirvió para convencernos, mediante las noticias, que habían adquirido, que la fuga era efectiva; los soldados habían tomado dos mulas violentamente, con las cuales procuraban hacer su fuga más expedita. Los marineros iban aún a pie, cuando fueron vistos.

Con dos marineros, que habían desertado de la Atrevida, y con el mayor número, que les faltaba en Valparaíso, ya quedaban ambos armamentos disminuidos próximamente de la mitad de la tropa, y marinería; con cuyo motivo las faenas de aparejo, y mucho más las de anclas de harían difíciles y aún algo peligrosas en lo venidero, si hubiésemos de navegar próximos a las costas, como hasta aquí se había hecho.

Notifiqué al Subdelegado los nombres y señales de los ausentados, con copia de las mismas condiciones que se habían indicado para su aprehensión en Valparaíso, Talcahuano, y Chiloé; y abandonando la esperanza de cogerlos, solo pensé en asegurar los que quedaban, y en verificar la salida al día siguiente.

Se cortó casi de un todo la comunicación con tierra; y para lo venidero , se dio orden, que las pocas embarcaciones menores, que por precisión hubiesen de atracar a tierra, aún en las playas más desiertas, siempre llevasen a un oficial o guardia marina a su bordo, y dos soldados armados, que tirasen con bala, al que intentase evadirse. La aguada, la leña, los refrescos, y nuestros propios ranchos nos ponían al abrigo de cualquiera necesidad en los puertos siguientes, de suerte que pudiéramos, interceptando toda comunicación por tierra, asegurarnos que ninguno faltaría de los pocos, que aún quedaban. Despidiose al mismo tiempo todo extraño de a bordo; pues ya cualquiera persona nos parecía sospechosa; finalmente al anochecer se metieron tres de las cinco embarcaciones menores; y quedamos todos reunidos para dar la vela al primer momento favorable.

Como a las nueve falleció del accidente apoplético ya indicado el Artillero de Mar Francisco García. Había navegado conmigo en sus primeros años, había merecido después en los buques del rey la clase de Artillero de Preferencia. Era un regular carpintero. Había venido de Cartagena de Levante solo con el objeto de seguir el viaje y reunía a su regular viveza, un idioma y unas costumbres buenas, calidades poco comunes entre los marineros. Puede imaginarse que la desgraciada perdida de un hombre de esta especie, debió ser sensible no menos a mí, que a todos los demás oficiales.

A las tres de la mañana se avisó a la Atrevida, que se desamarrase, y se pusiese a pique. Lo verificó poco después también esta corbeta, enviando el bote a desamarrar los calabrotes de tierra con las precauciones indicadas. Al salir el Sol el tiempo estaba despejado, pero sin viento, diferimos el velacho y largamos las insignias. Y como se presentasen en la playa tres jóvenes naturales, que al parecer pedían plaza, envié a Don Juan Manuel Novales, para que en el bote los recibiese, y efectivamente quedaron agregados a esta tripulación, aunque absolutamente inexpertos en el arte marinera. Había solicitado del alcalde de la Serena, otros dos marineros, actualmente detenidos en la cárcel por delitos de poca entidad. Accedió a mi propuesta, pero aún no habían llegado a las 9 ½.

Comentario:
“… y reunía a su regular viveza, un idioma y unas costumbres buenas, calidades poco comunes entre los marineros”.

Eran las palabras de Malaspina, al describir la pérdida desgraciada de un buen marinero, al parecer una persona muy poco corriente en comparación con sus compañeros. Pero…

¿Cómo eran los demás marineros y por qué? ¿Cuáles sus orígenes y procedencias? ¿Cómo habían llegado a la marina? ¿Cuál era su formación previa antes de ser enrolados? ¿Qué se esperaba de cada uno ellos en la armada y que esperaban ellos de sí mismos? ¿Qué oportunidades tendrían en el futuro dentro o fuera de la marina?

¿Acaso en las posibles respuestas a estas preguntas radicaba la razón de su desordenado e indómito comportamiento?

Al igual que Malaspina, me resisto a pensar que la solución a la áspera realidad descrita por él mismo, pasase solo por la clásica receta del “palo largo y la mano dura”.

Y sinceramente, no parece desacierto pretender que atendiendo a los mismos principios filosóficos que impulsaban la expedición “la Razón” también fuese la razón la que se ocupara de analizar y superar la situación que envolvía a la marinería en toda España, una de cuyas expresiones más perniciosas y escandalosas, eran precisamente las deserciones a las primeras de cambios. ¿Qué impulsaba a estos hombres a emprender una peligrosa huída a la primera oportunidad? ¿Qué esperaban encontrar detrás de su desesperado intento, si es que esperaban algo...? Y otra cosa: ¿Qué eficacia se esperaba de unas tripulaciones descontentas y descreídas?

Parece bastante evidente que el problema no era coyuntural ni específico de la expedición. Por muchas que fueran las exigencias y duras las maniobras que los marineros debieran realizar durante la larguísima navegación costera.

La cuestión creo que radicaba más bien en la falta de oportunidades a la que con certeza debía enfrentase el marinero a su regreso a la península, y en el contrapunto que les ofrecía América, aún entonces una tierra donde se mitificaban y engrandecían esas mismas oportunidades que por lo común, les habían sido hurtadas desde generaciones y que en el nuevo mundo, parecían quedar como al alcance de la mano con tal que se estuviese dispuesto a apostar por un incierto futuro.


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28 Jun 2014 22:14
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Descripciones y reflexiones políticas III.

Abandonada Valdivia y reducidas todas nuestras combinaciones políticas del S. a no salir de Chiloé sino como comerciantes, olvidando ya el carácter de conquistadores y el de introductores del Evangelio, no debíamos a la sazón considerar los naturales habitadores de la tierra firme sino como personas a quienes arrimásemos o apartásemos de nuestra colonia según nos conviniese; pero examinando el Chile, ya se nos presenta la cuestión bajo otro semblante, bien por ventura puesto en toda su ley por la historia civil de Molina.


Comentario:
Malaspina se está refiriendo a la obra del jesuita Juan Ignacio Molina y más concretamente a dos compendios:
 Compendio de la Historia Geográfica, Natural y Civil deI Reyno de Chile(1776).
 Compendio de la Historia Civil del Reyno de Chile (1787)


En estas obras Molina se ocupa de la civilidad, o del tránsito de los mapuches desde un estado “salvaje” al de civilizados, lo que entronca directamente con la idea central con que el autor percibe el progreso. Idea que gira en torno una finalidad primordial que no es otra que la consecución de la felicidad. La felicidad que en palabras de Molina: “se convierte en el derecho de todos: la mayor felicidad posible para el mayor número posible”. Es decir, una felicidad buscada y en todo acaso fomentada y protegida por el estado mediante dos instrumentos: el derecho y la justicia.

Molina como hombre ilustrado de su tiempo que buscaba el conocimiento científico, era contrario a los argumentos de la autoridad por la autoridad, y su afán está empeñado en la búsqueda del provecho económico y social, aspectos que se manifiestan claramente cuando analiza los recursos de la naturaleza y las personas, especialmente de los indígenas.

También era un hombre de fe, y por ello no debían quedarle lejos las palabras del Papa Francisco:

“La fe despierta el sentido crítico, en cuanto que no permite que la investigación se conforme con sus fórmulas y la ayude a dar cuenta de que la naturaleza no se reduce a ellas. Invitando a maravillarse ante el misterio de la creación, la fe ensancha los horizontes de la razón para iluminar mejor el mundo que se presenta a los estudios de la ciencia” (Lumen Fidei 2013, n.34)


Fuentes:
• Compendio de la Historia Civil del Reyno de Chile. Don Juan Ignacio Molina. Traducción al castellano por Don Nicolás de la Cruz y Bahamonde. Madrid 1795.
• Razón Ilustrada y Fe en la Obra Historica de Juan Ignacio Molina. Diego Leonardo Mundaca Machuca. Universidad de Concepción. Departamento de Ciencias Históricas y Sociales. Concepción, Chile.



Empero el Chile es un país cuyos vecinos no son temibles, cuyos montes y orillas abundan en minas, cuyo suelo y clima son tal vez los más fértiles y favorables a una población crecida, finalmente cuyas costas, guarnecidas de buenos puertos, abren al mismo tiempo su seno a una defensa marítima, a un comercio fácil y directo y a unas pescas tan lucrosas como abundantes.

¡Oh! Cuanto esta pintura nada exagerada ha de incitarnos a examinar de cerca los defectos constitucionales, cuya enmienda, en que ya la ilustración no pende de un ánimo servil a los preceptos antiguos, guíe la nación a aquel próspero renacimiento en el cual únicamente estriba su verdadera robustez.

Desde el reinado del Sr. Felipe II nuestro sistema de la América se estableció sobe unos principios tan naturales entonces como violentos ahora. La monarquía era semejante al minero. Abandonaba un objeto de mediana riqueza por un hallazgo imaginario de otras inagotables. Cada palmo de un terreno que absorbía más sangre y sudores de lo que produjesen o metales u otras labores, parecía el cebo de todas las naciones europeas y el objeto de una guerra perenne de parte de los naturales, cuando los europeos solo codiciaban robarnos en un momento nuestros acopios de muchos años, y los naturales hubieran cedido inmensos terrenos y particularmente los montes por la sola libertad de vivir y trabajar a su albedrío. Hubieran -tal vez a la sombra de unos cambios pacíficos y sociables- beneficiado aquellas mismas minas que arrastraron nuestra ruina política y la suya natural (1).

(1) Nota de Malaspina: Sea permitida esta reflexión filosófica a quien mira desde algún tiempo con atención la constitución de la América, y ve cuanto es fácil combinar la opulencia de la monarquía con la felicidad de los vasallos que la forman.

Comentario:
Para Malaspina parece evidente que las recetas del pasado -por muy glorioso que hubiese sido al remontarse a tiempos de Felipe II- no son validas en el presente y aún menos para afrontar el futuro. Y en este punto, el comandante de la Atrevida no se siente solo en sus reflexiones de las que sabe partícipes a muchos de sus ilustres superiores y casi todos sus compañeros.


Todos ellos eran perfectamente conscientes que su tiempo era un tiempo de cambios profundos. Y es aquí donde Malaspina aporta su visión, su granito de arena, esgrimiendo la idea de que la única manera de ganar ese futuro para España, es afrontando una profunda, directa e incómoda renovación en la manera de hacer política desde las más altas instancias de la monarquía. Es el hilo conductor que guía el pensamiento de Malaspina: la renovación de la monarquía en la que el comandante deposita todas sus esperanzas para España.

Las ideas de espada y Evangelio han tenido su tiempo en el pasado, ahora la política de la corona en América debe centrarse en la verdadera fortaleza de la nación: la prosperidad de sus súbditos basada no tanto en la alucinación que produce el brillo de los metales con los que se enriquecen unos pocos y empobrecen la mayoría, como en una economía basada en el comercio, en la agricultura y en la pesca. Economías consideradas incuso de mediana riqueza que sin embargo, eran capaces de beneficiar a muchos fortaleciendo y cohesionando con ello a la propia nación.


Se fortalecía por consiguiente un terreno que al día siguiente debía propasar en ansia constante de la conquista y de la riqueza. Una nación belicosa, viva, que seguía sus propios impulsos en lo primero y en lo segundo coadyuvaba a la complicada situación política de la España relativamente a la Europa, debió precisamente encenagarse en la idea harto fatal de la extensión. Muy luego el español, con el auxilio de unas marchas inauditas o de unas navegaciones que admiran aún en el día, vio suyas unas provincias cuya extensión, riquezas y productos aún no alcanza a comprender; y confundido ya con el cebo de despojarlas, ya con la precisión de aumentarlas, (2) ya con el objeto de defenderlas…

(2) Nota de Malaspina: Las marchas e invasiones dimanadas de los intereses particulares y guerras civiles nunca se combinaron con los intereses nacionales, que aún entonces se hubieran hallado en una contradicción constante.

Concurrían las descripciones de cada conquista recién hecha a alucinar al monarca y al cuerpo legislativo semejante a la piedra rica que el minero presenta al que ha de habilitarle para la continuación de su juego aventurado. Cada descubridor forjaba a su albedrío un semblante halagüeño del nuevo descubrimiento; se prometían las riquezas y se pedían los socorros; se prometía la felicidad de los pueblos y se notaba la disminución de su número (3).

(3) Nota de Malaspina: Es preciso rebatir este sistema con alguna energía, porque aún en estos años el gobernador pasado de Filipinas ha llamado conquista la posesión inútil de las islas Batanes, ha enviado tropa donde pedían misioneros, y ha recargado el erario con 14.000 pesos de gasto para unas islas que solo producirán la pérdida de algunas embarcaciones.

Pero el día, en que ha variado de un todo nuestra situación, y que ya no temidos, o por tal o cual grado de civilización o por su aniquilación política, los diferentes pueblos no conquistados que rodean nuestras provincias, debemos al estado de nuestra marina la seguridad de nuestras costas; ya debemos subsanar aquellos males con el sistema político que exige nuestra situación. Los fondos nacionales ya nos permiten una circulación periódica, en la cual el producto de la mina se mire con igual valor que el cacao, la cochinilla, el añil, la cascarilla, etc. Un escarmiento harto dilatado nos convence que no son las mismas minas las que constituyen nuestra riqueza, sino en cuanto la plata y el oro son efectos de venta mucho más pronta y segura que los demás frutos, y que solo el agua, el viento, la mecánica y la moderación deben emplearse en su beneficio, más bien que los brazos del hombre, destinados a la agricultura y a la industria.

Comentario:
Malaspina apela al sentido común y a la moderación tanto a la hora de trazar las políticas económicas, como al fomentar desde las altas instancias costumbres sanas en el cuerpo de la nación. Y su posición no puede ser otra que la que dicta el propio sentido común: una clara apuesta por la economía real que en este caso viene determinada por el dominio del viento, la mecánica -o lo que es lo mismo la investigación y el desarrollo de las entonces nuevas tecnologías ¿Nos suena, verdad?- la agricultura y la industria.


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02 Jul 2014 18:02
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...Descripciones y Reflexiones Políticas III

Estas reflexiones eran precisas para el examen del Chile, en cuya conquista tanto sobresalieron el valor y la constancia de los guerreros y de su primer caudillo Pedro Valdivia, como eran frívolos los objetos que podían moverlos a unas guerras tan reñidas y sangrientas.

Luego ese suelo de la Concepción, distante de la cordillera de modo que ni se conoce si hay minas, ni aún que las halla pueden labrarse ¿Por qué hubo de disputarse con tanta sangre? ¿Por qué las siete ciudades, tan prósperas antes y luego tan ignominiosas para el nombre español, se establecieron en parajes rodeados de un enemigo indómito, de modo que pocas minas costasen una emigración funesta de españoles? ¿Por qué finalmente aun en el día se proponen al gobierno la reconquista de Osorno y demás tierras al S., cuando la supuesta conservación de las tierras orientales a la concepción nos cuesta la manutención de un ejército y de muchos fuertes en desquite de unos frutos cuya abundancia los hace perniciosos al mismo colono?

El Chile considerado como colonia española se asemeja mucho a las provincias del Río de la Plata y enteramente a las colonias americanas. Es un país de una fertilidad extrema, de un suelo casi inagotable, de un clima verdaderamente análogo al europeo y de una posición ventajosa para su defensa, pues le abrigan la cordillera al E. y el mar al O. Raya al N. con nuestras provincias del Perú, y al S. con las tierras de Wilches, Araucanos, Puelches y Pehuenches, pueblos ya poco temibles para invasores, no solo por su corto número, sino también por los muchos progresos que ha hecho en estos últimos años su inclinación a la labranza y al nombre español…

Mas diremos aún si en el espacio de unos treinta años la España quisiese ver duplicar -Malaspina usa la expresión “duplar”- la población europea en Chile, pudiera conseguirlo demostrativamente sólo con la introducción de una libertad que influyese directamente en el ciudadano la idea de su sola prosperidad y reproducción.

Comentario:

Prosperidad y reproducción. Interesante binomio sobre el que Malaspina hace una reflexión inquietante en torno a la demografía y su relación con las políticas económicas y el número de habitantes del país. Lo que por otro lado, resulta de lo más lógico.

Entonces me viene a la mente la despoblación que sufre actualmente gran parte del territorio español -el campo español- y más concretamente las inmensas extensiones que sufren de abandono en Castilla, León y también Aragón. ¿Realmente es inevitable esa despoblación, ese abandono? ¿Cuáles son sus causas? ¿Interviene la política en ellas? ¿Existen otras políticas a través de las cuales pudiesen repoblarse nuestros pueblos y nuestros campos abandonados?

Y en términos más generales podríamos seguir preguntándonos:

¿Es España un país que infrautiliza hoy sus recursos y potencialidades, por ejemplo en materia de industria, investigación en nuevas tecnologías y nuevas energías? ¿Por qué? ¿Es esta la realidad que queremos para nuestra España? ¿De verdad que nos resignamos a contemplar como a causa de decisiones políticas estructurales, nuestros hijos se ven en la necesidad de emigrar a otros países, mientras son infrautilizados los recursos de nuestro país y se convierte en un desierto el campo de las oportunidades para los jóvenes?

Y dado que la casualidad no existe y que todo en la vida es causal, también podemos hacernos una doble pregunta ¿A quién o quienes beneficia esta situación en España? y ¿Quiénes son sus cómplices?

Por último:
¿Recordamos cuál fue el resultado histórico que cosechó la España de finales de XVIII y principios del XIX, al quemar la cosecha de la ilustración y rendirse adormecida por unos idearios políticos tan peligrosamente semejantes a los actualmente predominantes?



A estos objetos debe por consiguiente inclinarse la legislación, favoreciendo inmediatamente la agricultura con la multiplicación de villas esparcidas en lo interior, de modo no obstante que la conducción de frutos sea fácil y barata...

Bien lo conoce el actual Presidente y Capitán General de este reino, el Mariscal Don Ambrosio Higgins. Bien lo percibe ya en lo pocos meses de su gobierno e intendencia el Brigadier Gobernador de la Concepción Don Francisco Mata Linares. Entre ambos protegen naturalmente la agricultura. Entre ambos en sus últimas visitas, reuniendo la equidad y la dulzura a otras muchas cualidades admirables que los caracterizan, han fundado nuevas villas, han propuesto mercados públicos y pósitos, y con medidas de esta especie harán progresar considerablemente la población.


Pero es tiempo de abandonar las ideas económicas, en las cuales hemos procurado demostrar: que Chile espera su incremento de la agricultura y la pesca más que de las minas.


Examinemos ya el estado militar…

Si debemos creer en nuestra propia experiencia, y particularmente a todo lo que pasó en el último parlamento de 1784 en el valle de Lonquilmo -Acuerdo con los Pehuenches- …
…¿A qué engañarnos aún en nuestros cálculos políticos con una dominación imaginaria? ¿Por qué intentaremos suponer que los indios comarcanes sean súbditos de la monarquía, cuando la manutención de fuertes y tropas en la frontera denota que los tememos, cuando los regalos casi diarios, las súplicas los sufrimientos y los honores que les tributamos, todo convence que su amistad nos es necesaria?

Comentario:

Malaspina pone en evidencia lo desacertadas que eran ya para entonces, las mentalidades y actitudes que añoraban las antiguas formas de gobernar en el viejo imperio. Y es que, en España siempre hubo -hoy también los hay- gobernantes y políticos atacados por el vértigo que padecen al encarar el futuro, razón por la cual, se convierten en acérrimos defensores del inmovilismo en la esperanza vana de no marearse al mirar hacia adelante.


Es difícil indagar el verdadero plan que se propuso el gobierno en el establecimiento de los diferentes fuertes que en el día forman las fronteras. Parece increíble que intentasen cubrir con ellos pocos campos sembrados, que no ofrecían al indio invasor otros productos de los que él tenía en sus campos. No parece tampoco probable que esperasen de los indios más que correrías, las cuales de ningún modo pudieran cortarse ni con una doble línea de fuertes. Estos mismos necesitaban un continuo gasto para su manutención, y los temblores -Se refiere a los movimientos sísmicos- los amenazaban cada día de una ruina irremediable…

Pero en el día, en que debemos estar convencidos que la economía es el brazo principal de nuestro sistema, hemos de graduar precisamente nuestras fuerzas con lo que hayamos de conservar, y no empeñarnos en la defensa de unos terrenos que nada valen sólo porque fueron nuestros y pudieran quitárnoslos de nuevo…

No obstante no aconsejamos que esta novedad o abandono se haga en modo alguno que llame la atención de los vecinos. Creemos inútil pactarlo, a menos que algún parlamento casualmente no lo proporcione. Parece pernicioso hacerlo de un golpe, pues en tal caso pudiera infundir en los vecinos, siempre atentos a nuestros pasos, ideas o de temor o de ansia por nuestra parte.


No es nuestro ánimo, hablando de las reformas oportunas y casi necesarias, hacer penetrar la pluma al examen del sistema legislativo, el cual nos gustaría tal vez a demostrar que la extensión y multiplicación de audiencias tuvo la legislación más bien por objeto el contrarrestar la autoridad militar, que el administrar una justicia fundada. La historia interna de nuestras Américas, la sola parte de las últimas revoluciones de la América Meridional que ha podido alcanzar el público, tal vez lo evidenciaran más bien cualesquiera razonamientos. Nos contentaremos ahora en manifestar que caben muchas reformas en la administración del Chile, sin que mengüe la autoridad real, y al contrario, aumentando considerablemente la prosperidad y el envío de los vasallos y su amor al soberano y a la constitución que los gobierna.

Fin de Descripciones y Reflexiones Políticas III.


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17 Jul 2014 12:26
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Navegación desde Coquimbo a Lima.

Ti-mon1

…30 abril.

A las 9 ½ de la mañana entabló viento bonancible del ONO, y con él dimos la vela ambas corbetas para franquear el puerto sobre bordos pasando al N. del Pájaro Niño de fuera.

El viento hasta el medio día estaba calmoso, y del NO; pero con apariencias de para luego al O. algo más fresquito. Con este motivo nuestros bordos fueron algo cortos, y siempre arrimados a la costa del S. más bien que a la del N. Al medio día nos demoraba el Pájaro Niño de fuera al OSO. distancia de media legua y navegábamos al N. con ánimo de franquearnos del otro bordo. En efecto, tomadas poco después las muras a estribor, conseguimos, que a la una y 36’ de la tarde nos demorase al Sur corregido distancia de dos cables.

No bien habían ambas corbetas propasado del través del Pájaro Niño, cuando empezó el viento a abonanzar, y a llamarse más escaso. No obstante siguiendo el mismo bordo hasta el anochecer, pudieron ya verse considerablemente aventajados en distancia, y libres de todo riesgo, aún en caso de una calma, que aparentaba bastantemente duradera. Nos demoraba al ponerse el Sol la boca del puerto al N. 43º E. de la aguja distancia de 3 leguas, y veíamos claras la costa hacia la Lengua de Vaca. Fue la variación magnética por diferentes acimutes de 12º 59’ al NE

1 mayo 1790.

Eran ya las diez de la mañana, y aún no se había declarado viento alguno que nos diese esperanzas de continuar nuestras tareas. Solo sí entre la celajería neblinosa, y casi parada de la que estaba cubierto el cielo, habíamos logrado Don Dionisio Galiano, y yo de tomar acordes algunas alturas del Sol, que con la Latitud segura de las marcaciones, nos determinasen la Longitud de los relojes marinos.
Pero en fin hacia las 10 ½ se declaró virazón bonancible del SEE que despejó muy luego la neblina, y nos dio lugar a navegar con todo el aparejo antes al NNO, y luego al N. Nuestra Latitud al medio día fue de 29º 53’ 30’’. Acordes los tres relojes dieron una Longitud Occidental del Observatorio de Coquimbo de 21’ 49’’.


2 mayo.
Amanecimos a la vista de la costa, y a no mayor distancia de tres leguas de la del través; pero estaba el tiempo tan calimoso, y tan flojo el viento, que aún continuaba del S. que nos era imposible el dar principio a las tareas hidrográficas…
A la sazón por ventura comenzó a declararse la virazón, que disipando la neblina, y dándonos lugar a llevar con todo el aparejo un andar de cinco a seis millas…

Creíamos al principio estar en frete de la bahía del Huasco, por noticias de su Latitud, y posición, que antes tuvimos, pero navegando a una legua escasa de la costa pudimos muy luego desengañarnos, y conocer equivocada su Latitud, que le determinaba. La nuestra al medio día era de 28º 31’ 40’. La Longitud resultaba de 29’’ al Oeste de Coquimbo.’

La hermosura de la tarde, y la virazón fresquita se brindaban a un reconocimiento prolijo de la costa siguiente, que conduce hacia el Totoral. La seguimos por consiguiente a distancia de una a dos leguas, proyectando toda ela de una altura regular, y con el semblante árido, y triste, que suele acompañar las inmediaciones de las minas. En estos parajes las hay muy abundantes de cobre, y algunas de oro, cuyo beneficio de transporta por tierra a Coquimbo, igualmente que el producto de las abundantes minas de Copiapó.

El viento al ponerse el Sol parecía querer desmayar muy luego. Así se hicieron rumbos para separarse algo de la costa; y se mantuvo toda vela, llevando un andar de cinco a seis millas. Pero entrada la noche, y cerciorados, que del mismo modo, que en la noche anterior, subsistiría hasta la mañanita virazón fresca, nos quedamos con trinquete y gavias hasta completar una distancia de seis leguas al N ¼ NO. Luego navegamos dos leguas al N ¼ NE y últimamente paireamos de la vuelta de tierra.

3 mayo.

Continuaba aún la calma, y por consiguiente entregados al albedrío de la corriente podíamos, si permaneciese en la siguiente noche, sotaventarnos a los puertos de Copiapó a donde era mi ánimo dejar caer un ancla no tanto para su examen prolijo, como para disponer en él los trasbordos, y demás medidas necesarias a fin de que las corbetas completasen separadas los reconocimientos que aún quedaban por hacer hasta Lima.

Este partido era al mimo tiempo el más natural, y expedito para la Comisión, y ya el más necesario por el débil estado de ambos armamentos después de las repetidas bajas que habían sufrido desde Chiloé. Una de las dos corbetas debía reconocer las islas de San Félix, recalar nuevamente hacia la costa del Perú sobre el cabo San Juan por los 15º 30’ de Latitud, y ratificando en esta costa la carta de Moraleda dirigirse a Lima con alguna anticipación a la otra, para atender a la fábrica de víveres, orden de tareas, y adquisición de noticias preliminares para sistemar los resultados de la campaña pasada. Quedaba a la otra el cuidado de de recorrer la costa desde Copiapó hasta la Latitud indicada del cabo San Juan. Y como las tareas de ésta fuesen necesariamente más largas, y complicadas debía reforzarse su armamento con alguna gente de la que siguiese a las islas de San Félix.

Comunicadas estas ideas al comandante de de la Atrevida pocas horas antes de la salida de Coquimbo; y manifestándole yo que seguiría el trabajo de la costa con mucho gusto, insistió, despreciando el descanso; y los halagos ponderados de Lima, a que fuese la Descubierta la que anticipase en llegar a Lima, y quedamos acordes, sobre las demás medidas análogas a este partido.

Como pues el descaecer más al N. podía influir en la ventaja de coger del mismo bordo las islas de San Félix, y ya pasado el Sol el meridiano no había ni la menor apariencia de viento, determinamos aprovechar la tarde en unificar las medidas de esta separación. Echamos la lancha al agua; y hecha la señal a la Atrevida de estar unida, pues las ventolinas a la sazón le daban lugar a verificarlo, trasbordaron en ella a la otra corbeta Don Felipe Bouzá, y Don Domingo Velázquez, con seis hombres de mar, y dos de tropa. La instrucción comunicada en esta ocasión al comandante de la Atrevida fue la siguiente:


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05 Ago 2014 18:54
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... 3 mayo.

La instrucción comunicada en esta ocasión al comandante de la Atrevida fue la siguiente:

La mayor aceleración de nuestros pasos venideros, y el estado actual de entrambos armamentos exigen ya una nueva separación de las corbetas, en la cual será preciso, que vuestra merced tome la parte principal.

Desde el puerto de Copiapó, o desde su vista, esta corbeta atravesará las islas de San Félix, y examinará a su vista la marcha de los relojes, recalará de nuevo en las costas del Perú sobre el cabo de San Juan por los 15º 30’ de Latitud, para seguir luego hacia Lima a examen de la costa.

Queda por consiguiente a la Atrevida el cuidado de trazar toda la costa intermedia entre Copiapó y el cabo San Juan; pero este trabajo debe ceñirse a pocos objetos, y son los siguientes:

1º No tendrá vuestra merced precisión de entrar en otro puerto que el de Arica, cuyo plano se ha de levantar con exactitud. Su posición hidrográfica la determinarán los sextantes, y los relojes con preferencia a cualquiera otros métodos. Se deja ver, que en este caso, será necesaria la mayor frecuencia de observaciones por distancias lunares.

2º procurará vuestra merced pasar de día, y con aquella inmediación, que dicte la prudencia a la vista de los fondeaderos del General, Nuestra Señora, Mejillones Iquique, Ilo, y Quilca, y últimamente al cabo San Juan. Si los vientos y la no mucha dilación del viaje convidasen a ello, pudiera vuestra merced dejar caer un ancla en las bahías de Iquique, y Quilca, esta no distante de Arequipa, para examinar mejor desde adentro la disposición, y en particular el fondo de uno, y otro fondeadero.

3º en general el método de reconocimiento de la costa se hará con el método que se ha seguido hasta aquí de pairear parte de la noche con atención a amanecer al día siguiente al N. de los extremos de la costa que en la tarde anterior se alcanzaban a la vista por dicho rumbo. Será preciso precaverse mucho de las corrientes, que parecen dirigirse aún al N. según la experiencia de los días anteriores.

4º para que el reconocimiento, y en la misma descripción hidrográfica de la costa haya igual aprovechamiento al que se ha podido conseguir hasta aquí en esta corbeta he dispuesto transborden a la del mando de vuestra merced el Alférez de Fragata Don Felipe Bouzá, y el practico Don Domingo Velázquez. Uno y otro me han sido sumamente útiles, y los recomiendo a vuestra merced encarecidamente.

5º para no trastornar los alojamientos, dispondrá vuestra merced, que pasen a este bordo el Alférez de Navío Don Martín de Olavide, y el Guardiamarina Ali. Uno y otro para mayor prontitud podrán dejar la parte de su equipaje, que no les haga precisa falta, como lo ejecuta aquí Don Felipe Bouzá.

6º Remito al mismo tiempo para refuerzo del armamento de vuestra merced, cuatro marineros buenos, dos soldados, y dos indios reclutados en Coquimbo, que componen en todo ocho personas. Irán todos como depósito hasta nuestra reincorporación en Lima.

7º Procurará vuestra merced evitar toda comunicación con tierra hasta Lima, y en toda ocasión, en que o por medir bases, o por hacer marcaciones o por cualquier otro motivo haya de enviarse embarcación menor a tierra, la pondrá vuestra merced a cargo de un oficial armado, y dos soldados que deberán tirar con bala al primero que se ausentase de su puesto; y con este método único para evitar la deserción, se hace sumamente molesto el tráfico de embarcaciones menores, evitará vuestra merced que persona alguna vaya a tierra, de cualquier clase, que sea, como no medie un motivo urgente del real servicio.

8º Procurará vuestra merced finalmente combinar todos los objetos indicados con no retardar la llegada a el Callao hacia finales de mayo, o mediado junio.

Nuestro Señor guarde a usted muchos años, etcétera; etcétera.

A las tres de la tarde regresó la lancha con Olavide, y el Guardia Marina Ali. El comandante de la Atrevida en respuesta de oficio me manifestaba quedar hecho cargo de la comisión, que le había confiado; y al mismo tiempo me remitía el soldado procesado de su guarnición, para que le fuese menos molesta su custodia; y pudiese llegar cuanto antes, a paraje, en donde se le formase consejo de guerra. Indicándome que le manifestase con una señal, si debía separarse inmediatamente, le hice la señal; en cuyo tiempo, empezando a declararse virazón bonancible del S, que despejó cielos y horizontes mareó la Atrevida a toda vela en demanda de la costa al N del Morro de Copiapó, empezó a correr bases.

Poco antes había tenido el cuidado de comparar por medio de señales nuestros relojes a los de la Atrevida. Nos remitimos recíprocamente las horas de las comparaciones, y el arreglo, y marcha de los relojes de mayor confianza. Sirvieron para afianzarnos, en la marcha determinada en Coquimbo.

Despedida la Atrevida, y metida la lancha mareamos todo aparejo de bolina haciendo rumbo O ¼ SO de la aguja. La virazón era floja y aún a veces algo escasa…

Determinamos para el punto salido la Latitud de 27º 14’ 44’’ y la Longitud de 12’ 22’’…

Con la entrada de la noche se perdió de vista la Atrevida, de la cual distábamos ya unas tres o cuatro leguas…

4 mayo.

En la elección de la derrota más oportuna para las islas de San Félix había determinado valerme de la posición, que determinaba el Excmo. Ulloa; cuyas pesquisas en cuanto a la situación exacta de los puntos comprendidos en su carta, bien sabía, debía mirarse, como hechas con igual tino, y prolijidad. Su Latitud en dicha carta era de 26º 0’; y la Longitud de 8º 52’ al occidente de Coquimbo. Variaban mucho las demás cartas; y aún más las relaciones que había podido tomar de diferentes navegantes, que decían haberlas visto; y además unos las describían como pequeñas, y formadas de solos arenales; otros, como alomadas, y visibles en tiempo claro a 7, u ocho leguas de distancia.

El combinar a están noticias era aún más difícil. Las suponían N.S. con las islas de Juan Fernández, y distantes de la costa unas cien leguas; lo que solo podían tener lugar, si, colocadas con el Excmo Ulloa próximamente en el meridiano de Masfuera, los navegantes procedentes de Guayaquil, que solían por lo común hacer la recalada; con un error de la estima al O. de éste error podría también derivar, que estas mismas islas no estuviesen tan occidentales, como las suponían; y por consiguiente debía precaverme , en entrar en el paralelo 26º, tan temprano, cuanto lo permitiese la seguridad, de no descender en menor Latitud, con los vientos del SSO, bastantemente frecuentes en las inmediaciones de la costa. En vista de estos se adoptó el partido de entrar en el paralelo 26º 0’, navegados cinco grados al occidente de Coquimbo. Luego observar esa Latitud hasta pasar el meridiano de Masfuera de cincuenta leguas, y si no se hallasen, mantenerse por otras cien leguas al E. en los paralelos 25º 40’, hacia donde, podía tal vez inclinarlas el error de Latitud, procedente del uso errado de las declinaciones, que se advertía en estos mares.


6 y 7 mayo.

A medida, que nos separábamos de la costa los tiempos iban tomando el más hermoso semblante, y los vientos aunque calmosos, inclinándose más, y más al S y SE, nos daban lugar a progresar en nuestra derrota. Dejaba verse palpablemente un efecto de corriente como al ONO deducida de las observaciones diarias; y como ya en la tarde del 7, avistásemos un lobo marino, y algunos pelícanos, hallándonos aún el Latitud fr 26º 25’ arribamos en aquella misma noche al NO ¼ N…

8 mayo.

Como es natural, habíamos aprovechado el actual cuarto menguante de la Luna para observar distancias lunares…

Así las emprendimos desde la mañana del 5, y en los siguientes días 6, 7 y 8, nos esforzamos en aplicar toda la exactitud, que estuviese a nuestro alcance así en cuanto a las observaciones, como a los cálculos, para no destruir las circunstancias excelentes, en que nos hallábamos de posición cómoda, más tranquila y sextantes de los mejores autores ingleses.


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09 Ago 2014 18:13
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9 mayo.

Ya desde el amanecer del 9 habíamos arribado nuevamente en derrota, lisonjeándonos de avistar las islas en este, así por el viento fresquito, y claro, que a la sazón se había levantado como por el mayor número de aves, que advertíamos todas procedentes del O.
Nuestra Latitud al medio día fue de 26º 6’. La Longitud 7º 24’ 30’’. En efecto las tres de la tarde se dejó ver desde los topes una isla regularmente alta, que demoramos al OSO 5º N de la aguja, hizo que inmediatamente gobernásemos a este rumbo, a las 4 ½, que ya se distinguía bien clara dese abajo se observaron azimutes y horarios; y continuamos en su demanda con fuerza de vela hasta ponerse el Sol, en cuya hora aún la veíamos distante unas ocho leguas, ni podían distinguirse en sus inmediaciones otra isla alguna.

Esto me persuadió de, a navegar en la siguiente noche, de modo que pudiese amanecer al S, y O de la isla avistada, para conservar algún barlovento si las otras estuviesen algo más meridionales, y al mismo tiempo emplear en su reconocimiento las primeras horas del día poco favorables a las observaciones celestes.

Ceñimos por consiguiente desde el anochecer al SSO, con las principales; viento SE fresquito, y como la noche al principio fuese más bien despejada, muy luego volvimos a ver la isla, que después se conservó siempre a la vista. Ni a las 2 se encontró fondo con 100 brazas de sondaleza.

10 mayo.

Des de esta hora nos conservamos sobre las gavias; y casi aunque amaneciese con tiempo neblinoso, y cargado, veíamos clara la isla grande al N 17º NO. Distancia de tres leguas, y del NO 2º n, al NO 2º O. otros dos islotes, que ya no dudábamos ser o todos o la mayor parte de los que componían las islas de San Félix.

Ya en esta situación; pero amenazándonos el tiempo de querernos imposibilitar toda observación, fue nuestro partido, el no dividir las atenciones, conservándonos algo más distantes de las islas chicas; y en disposición, de que ni maniobras, ni otro cuidado nos distrajese de acechar cualquiera claras para la Longitud, y Latitud. Por ventura el rumbo del N ¼ NE, que corríamos como base sobre las gavias al mismo tiempo, que nos llevaba a pasar como a dos millas de los islotes del E de la isla grande, nos proporcionaba enfile de las islas chicas entre sí, y luego de los dos extremos de la isla grande con las tres chicas, de surte, que se eludían de este modo, cualesquiera riesgos de un considerable error en las bases, muy temible en la dirección constante de las aguas hacia el O, que habíamos experimentado todos los días, desde que abandonamos la costa.

Concluidas como a las 10 ½ las enfilaciones, nos atravesamos muy próximos a la isla grande, y con meridianos de las otras chicas para esperar en esta posición al medio día.

No tardó después el tiempo a cerrarse de nuevo, y a obligarnos de conservar próximamente la misma posición del medio día; pero como a la una, y media, manifestando los carices, que probablemente daría muy luego alguna clara, determiné aprovecharla para reconocer más de cerca la Isla Grande.

Arribamos sobre ella, y a distancia de dos cables de uno de los tres islotes, que notábamos horadado, empezamos a costear a distancia de tres o cuatro cables. En esta posición, que nos dejó observar horarios, y azimutes, proporcionando al mismo tiempo a Don José del Pozo el sacar una vista al natural así de esta, como de las otras tres islas menores, y de un singular pedrusco, aislado algo distante al N. de aquellas, muy parecido a una embarcación de velas latinas.

Reconocido como a las tres de la tarde este único lado algo abrigado de la isla grande, hicimos rumbo hacia las otras, con ánimo de reconocerlas algo más de cerca en lo que quedaba de día. Pero como el viento luego diese alguna sospecha de querer calmar, y aproximándose la noche, no fue mi ánimo el exponerme a dejar caer un ancla, en el actual estrecho del armamento de la corbeta, hallé suficiente para la navegación el reconocimiento hecho tanto más, que la estructura, y disposición de las islas menores, que ya se dejaba ver con bastante individualidad las representaba tan inaccesibles al navegante, como la que acabábamos de examinar muy de cerca.

Este pequeño archipiélago, se compone de una isla grande, tres medianas, y el islote navío; además de tres mogotes aislados, que están inmediatos al extremo E. de la isla grande, y otro que se halla a igual distancia en el extremo O. todos presentan igual semblante horrido, y escarpado a pique; y en dos especies de capas, de que se compone su masa, parece por cuento puedan extenderse las conjeturas que contienen muchas partículas férreas. Las capas son algo inclinadas al horizonte, y las negras o ferruginosas, mucho más espesas, que las coloradas, o de una sustancia cornea.

La isla grande es seguramente inaccesible por todas partes; pues desde la superficie del agua hasta lo menos las dos terceras partes de su elevación, está por todas partes tan a pique, que más bien la inclinación del extremo alto es para afuera, que para adentro. En su superficie pudimos discernir no obstante los rastros de la vegetación aunque mezquina…

Ningún rastro de agua, ningún semblante de abrigo, que pueda llamar al navegante hacia estos parajes… Ni en toda la cara del N. de la isla grande, ni en los islotes del E, notamos el menor rastro de existencia de aves o de lobos marinos. Voleteaban si alrededor de la corbeta unas diez o quince procelarias, las cuales nos abandonaron, cuando nos aproximamos más a los islotes y descubrimos luego el escape del Norte.

Ninguna duda nos queda, que no solo el canal entre la isla grande, y las tres chicas sea por todas parte navegable, sino que lo sea también los que forman parte entre sí de las islitas, y el otro mayor, que está entre estas, y el pedrusco, que llamaremos el Canario, por parecerse mucho a las embarcaciones de este nombre, que navegan los valencianos en las costas del Mediterráneo.


Según el plan combinado con Don José Bustamante y Guerra debían dirigirse las tareas sucesivas de esta corbeta al reconocimiento hidrográfico de la costa comprendida entre el cabo San Juan, y Lima. Adoptada la Latitud del cabo próximamente en 15º 30’; y su Longitud de 4º al E de San Ambrosio según las diferencias de meridianos advertidas en mi viaje pasado con el rejor 71 del faldriquera entre las Tetas de Bio Bio y la punta de Nasca, resultaba que el rumbo del NNE, nos llevaría directamente hacia aquella parte. Incliné no obstante la navegación algo más al E para precaverme de las corrientes al O, las cuales si se combinasen con algunas calmas, y vientos escasos, podían atrasar considerablemente la navegación…


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10 Ago 2014 01:12
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11 mayo.

Ya al amanecer del día siguiente no teníamos el menor rastro de las tierras inmediatas…Don Dionisio Galiano, que se había precavido con algunas aturas de Sol, determinó luego deducir por ellas la Latitud, no tanto porque fuese necesario, habiéndose conseguido la altura del Sol solo cinco minutos antes de estar en el meridiano, cuanto porque, aproximándonos ya considerablemente a la equinoccial, el examen de la exactitud de su método podría acrisolarse con pruebas mucho más rigurosas…


12, 13 y 14 mayo.

En los siguientes días carecimos de todo medio de observaciones, si se exceptúan algunas claras momentáneas, que era preciso echar por turnos a veces con el sacrificio de una hora de espera. Nuestra Latitud al medio día del 14, deducida de las dos alturas de 18º 42’ 37’’ y la Longitud de 3º 9’ al O. de Coquimbo.

Remediamos en éste último día con algunas reatas un daño descubierto a la sazón en el mastelero mayor; y era de varias rajaduras, y tronchaduras desde la roldana del virador hasta tres pies del tamborete. Le atribuimos luego a la braveza de la madera, y no de la mucha entidad, particularmente en los mares, en que nos hallábamos.

17 mayo.

El viento por la tarde fue tomando por la tarde algún incremento, y nos proporcionó alcanzar la Nasca, en cuyo través anochecimos. El reconocimiento de la costa se iba haciendo a cada paso más importante, pues le mirábamos como punto de recalada, de los que desde el S. navegan directamente a Lima. Así fue poco lo que navegamos en la noche inmediata, en la cual el viento se mantuvo fresco al SE, y nosotros le paireamos ya de de una, ya de otra vuelta.

18 mayo.

Al amanecer una densa calima nos ocultaba casi de un todo la configuración de la costa, aunque de ella distásemos solas cuatro leguas. Navegamos inmediatamente a atracarla, y reconocimos a las seis y media los infernillos y las tierras inmediatas a la punta de los Olleros de los cuales distábamos unas cuatro millas, arribamos en demanda del morro Quemado, que ya teníamos a la vista.

Con la mayor altura del Sol sobre el horizonte se fue disipando la calima, y como el viento se mantuviese favorable, y aún se nos declarase de nuevo una corriente bastantemente rápida al N; nuestras tareas pudieron seguir con igual celeridad, y exactitud; particularmente por lo que toca al morro Quemado del cual distábamos al medio día una legua.

Así tomadas en él diferentes vistas, observado por dos veces la Longitud en su meridiano, y a tan poca distancia de él al medio día, pudimos creer, que los navegantes venideros no nos tacharían en esta parte de omisos, o, o poco exactos. Se combinaban en la importante determinación de Longitud de este punto, el que le fijaba la misma el reloj 71 de Arnold, que yo había usado en la Astrea, y que refería a la Longitud de nuestra Concepción de Chile; y también de las distancias lunares observadas en éste, y en el día anterior convenía exactamente con los relojes marinos.

Fue nuestra Latitud 14º 19’ 30’’, y la Longitud de 5º 2’. Favoreciéndonos la brisa, según costumbre, algo más por la tarde, pudimos reconocer de cerca no solo las pequeñas islas, que se siguen al N. del morro Quemado; si también los tres morros hasta el de la Lechuza, las islas de San Gallan, y las otras pequeñas que le siguen pero aún con el auxilio de la corriente no pudimos avistar como lo deseábamos, las islas de Chincha…


19 mayo.

Pero como amaneciese el tiempo sumamente calmoso, y cerrado con calima, y una equivocación en los cálculos de la Longitud observada por la mañana nos ocultase el efecto considerable de las corrientes al Oeste, navegamos hasta las cuatro de la tarde, engañados de las apariencias de la costa; y últimamente a esta hora navegando en demanda de la costa con viento algo más entablado al SE, bien que sin poder disipar la mucha calima, conocimos nuestro error, y nos fue preciso sacrificar a la situación, en que nos hallábamos, este pequeño trozo de costa. Al medio día había sido nuestra Latitud 13º 21’ y la Longitud de 5º 36’ más occidental, que la estima en 17’.

20 mayo.

En efecto al amanecer del 20 nos encontrábamos bien inmediatos a tierra, y sondadas 76 brazas fango, y chinitos, se hizo derrota con las pocas ventolinas, que se nos presentase, a reconocer la isla de Asia, que creíamos tener a la vista…


Finalmente como a la una de la tarde empezó la brisa a tomar alguna fuerza. No tardamos en seguir el reconocimiento de la costa; y ya al anochecer no distábamos sino cuatro leguas de la punta de la Chilca, habiendo conseguido en la tarde avistar distintamente el río, y pueblo de Mala.

Navegamos por consiguiente con poca vela al principio de la noche solas cinco leguas, conservada la vista de la misma punta, y observada la altura meridiana del Centauro, paireamos de una, y otra vuelta con ánimo de trabajar en la mañana siguiente en la ensenada de Pachacamac, y el morro Solar, y dirigirnos últimamente al puerto.

21 mayo.

Las corrientes aún en este caso trastornaron nuestras medidas. Al amanecer nos hallábamos propasados al N. del morro Solar, y metidos entre este, y la piedra Horadada, de suerte que, prefiriendo por la incertidumbre de la duración del viento pasar al N. de la isla de San Lorenzo, debimos navegar al O. ¼ al NO hasta montar los Palominos. Luego fuimos arribando, y finalmente costeando a tiro de fusil el extremo de la isla de San Lorenzo, y precavidos algún tanto en el aparejo, entramos en la bahía, y de la misma bordada alcanzamos como a las 10 ½ el fondeadero del Callao entre los buques del comercio.

Fin de navegación desde Coquimbo a Lima.

br-i5


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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estancia en el puerto del Callao.

Ya el plan propuesto y aprobado por S.M., se envolvía en una demora el Lima que diese lugar, a un nuevo acopio de víveres, a la recorrida de las embarcaciones, y de sus pertrechos; al examen prolijo de un país de tanta importancia para la monarquía; y sobre todo a la ordenación de los muchos materiales hidrográficos, que habíamos acopiado, y que ya no sin mucha confusión, íbamos aglomerando, y en cierto modo destruyéndose en la imaginación. Se añadía, que en la costa siguiente al N. reinaría a la sazón el vendaval lluvioso, enteramente opuesto a nuestras tareas; y que por consiguiente a ninguna parte pudiéramos dirigirnos, que no envolviese a lo menos igual sacrificio de tiempo para retroceder a las costas desde Guayaquil a Acapulco, en donde solo por diciembre empiezan a entablarse las brisas.

Con estos objetos desde Chile había suplicado a al Excmo. Sr. Virrey, que tuviese a bien interponer su influjo con los padres de la Buena Muerte, para que nos dejasen establecer el Real en su casa del pueblo de la Magdalena, mientras las corbetas permanecían desarmadas en Callao.

En la Magdalena, un pueblecito de indios, como muchos, que amenizan el hermoso valle de Rimac, sito al Norte de la ciudad, y no distante de ella sino dos millas marítimas. La amenidad de su suelo, la salubridad de sus aires, y aguas, la tal cual separación del bullicioso genio de Lima; le hacen concurrido, e muchos enfermos, y convalecientes; para los cuales el cielo de la ciudad es conocidamente pernicioso, y funesto.

Muchas razones me habían demostrado la necesidad, de que nuestro Real se estableciese algo distante del Callao, y de Lima; y de modo, que se combinase la reunión necesaria de todos para las muchas tareas, a que debíamos arrostrar con aquella natural independencia, que es sola el primer móvil del descanso, y del recreo. El Callao además de ser conocidamente expuesto a unas tercianas -fiebres o calenturas con cefaleas intermitentes- constantes nos arrimaba demasiado a los armamentos, para que, ni dejasen de incomodarnos a cada paso con su método poco arreglado de vida, ni a la inversa les incomodásemos con nuestra presencia demasiado frecuente, que no nos diera lugar a disimular uno, u otro desorden. Además, distante de Lima, y precisada a unas tareas casi diarias, mal pudiera la oficialidad dedicar las pocas horas, que le quedaban para un honesto, y justo recreo, a la vida sociable, y no menos instructiva, con que le brindaba la ciudad inmediata de Lima.

Comentario:

Aquí, las reflexiones de Malaspina reflejan con exactitud la presencia de la terrible enfermedad que padecía la Armada Real en las postrimerías del siglo de las luces, y que aún persistiría un siglo después en la época de Isaac Peral. Por un lado tenemos a unos oficiales en los que no se habían escatimado ni gastos ni los medios más modernos para su preparación. La consecuencia era la que se podía esperar: una oficialidad que poseía una excelente preparación en todos los planos de su competencia profesional: oficio como marinos, preparación científica, idiomas, actitudes diplomáticas e inclinación por el trabajo inculcada por sabios profesores y atentos jefes durante largos años de estudios y prácticas a bordo.
En contraposición, tenemos una marinería que ha de compartir el mismo destino y peligros que sus jefes, sin que sin embargo nadie se hubiese planteado invertir ni el menor tiempo ni el más mínimo esfuerzo -más allá de la ejecución de las levas forzosas- por diseñar planes de formación profesional con la que suministrar armas al marinero para redimirse de los vicios y de su método desordenado de vida.

No era tampoco oportuno el establecer el Real dentro de la ciudad misma, así porque serían las distracciones, y la utilidad de reunirnos mucho más frecuentes; como porque la misma curiosidad, y ociosidad natural, arrastraría continuamente hacia el centro de nuestras tareas, un número crecido de personas, con un perjuicio notable en la mayor economía de tiempo, que nos proponíamos. En la Magdalena, además de evadir todos los inconvenientes indicados, disfrutaríamos de un cielo algo más despejado para nuestras observaciones astronómicas, de un clima mucho más sano, y particularmente de una cierta libertad campestre inseparable del sosiego, y de todo aquel ensanche de casas, que exigiese nuestra atención natural a los muchos ramos de la actual comisión.

Así desde el mismo momento en que la corbeta fondeó en el Callao, como enviase al Teniente de Navío Don Cayetano Valdés, y pasase yo mismo por la tarde con algunos oficiales y los Sres. Pineda y Haenke al mismo intento, quedó aprobado por S.E. el plan propuesto, y concediendo los religiosos de la Buena Muerte a la total cesión de la casa ya indicada, pudieron en la mañana siguiente, tomarse ya medidas muy activas para la verificación del establecimiento, y particularmente del observatorio.

Todos los instrumentos astronómicos y geodésicos, los acopios de historia natural, la mayor parte de los libros, y planos se transfirieron sin la menor demora al nuevo establecimiento; y acompañándole muy luego algunos oficiales, al paso que vigilaban sobre el buen orden, y acomodo de cada cosa, acechaban, cualesquiera momentos favorables para las observaciones astronómicas tan difíciles en el cielo continuamente nublado de aquellas inmediaciones.

No podíamos aún abrazarnos a un método constante, uniforme de tareas, así porque no llegada aún la Atrevida, cuya oficialidad debía precisamente trabajar uniformemente con nosotros, echábamos además menos la presencia de Don Felipe Bouzá, encargado del detall de las cartas y planos, como también porque estos días eran precisamente los que la ciudad de Lima había destinado para la entrada pública, del nuevo virrey del Perú Don Francisco Gil y Lemus. Este General, reunía a su alto carácter, y unos talentos y cualidades personales, dignas de admiración, la casualidad de haber servido en la Armada.


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16 Ago 2014 18:51
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
28 mayo.

Apenas habían concluido estas funciones, cuando concurrió a añadir un nuevo objeto poco común a nuestro regocijo; la llegada de la Atrevida, que en la noche del 28 fondeó inmediata a la Descubierta; y quedó inmediatamente amarrada; y desaparejada.
Don José Bustamante, con una actividad, y felicidad poco comunes había reconocido, y trazado prolijamente todas las costas desde el morro de Copiapó, punto de nuestra separación, hasta el morro de Acarí, o más bien la Nasca. Había fondeado en Arica, y determinado prolijamente su posición astronómica, por medo de relojes marinos, y del sextante; últimamente no abandonando la costa de vista, y logrando de mejores tiempos, y ninguna corriente en los trozos comprendidos entre la Nasca, y la isla de San Lorenzo, había acopiado nuevos materiales, o bien para afianzar o para corregir los resultados de las operaciones de la Descubierta.

3 junio 1790.

La comprobación de los relojes marinos, para ratificar la marcha determinada en Coquimbo, era un objeto, que ya en la Descubierta habíamos emprendido desde el momento de la llegada, prefiriendo las alturas absolutas con el sextante a los demás medios astronómicos, no solo por la mucha confianza, y la mayor felicidad, que en ellas hallábamos; si también porque gozábamos fondeados de un buen horizonte precisamente a las horas de la tarde, en las cuales era más probable, que por la mañana el lograr, la vista del Sol. Con la llegada de la Atrevida, se duplicaron -Malaspina usa el vocablo: duplaron- para mayor seguridad de las comprobaciones de unos relojes con otros.

Coadyuvaron en sumo grado al logro feliz de este objeto esencia, los cielos despejados de que logramos en la Magdalena en los primeros días de junio, tanto, tanto que pudo lograrse con la mayor satisfacción el péndulo por alturas correspondientes, y al anochecer del 5, observase con buenas circunstancias, la emersión del primer satélite de Júpiter, la cual según Don Dionisio Galiano, determinaba al observatorio la Longitud Occidental de París de 79º 28’ 30’’, bien que, pudiéndose observar al mismo tiempo en Europa, nos prometía datos aún más ciertos, y sencillos para determinarla.

El primer día de junio había sido la época, en que empezamos el método de disciplina adoptado para esta escala. Don José Bustamante con toda la oficialidad de la Atrevida se había establecido en una hermosa casa de campo del Conde de San Carlos a muy poca distancia de la Magdalena, pues que en el mimo pueblo, las casas, eran harto desabrigadas, e incómodas.

Cada oficial, tuvo muy luego un caballo, con el cual nuestras visitas al Callao, nuestra concurrencia casi diaria a Lima, y a veces nuestros paseos, eran tan fáciles, y frecuentes, como sanos, y entretenidos. La misma recopilación de los materiales acopiados, que se hacía en mancomún en ambas casas, y que trabadas precisamente entre sí las diferentes materias, exigía la solución continua de una, u otra duda, se hizo en este modo muy fácil, destacándose en el mismo traje de casa, una u otra persona a caballo, que las preguntase , y resolviese.

Muchos objetos debieron tenerse presentes para adaptar a nuestras circunstancias actuales un método oportuno de disciplina, de suerte que envolviese de parte de la oficialidad de guerra, todo aquel decoro, y aprovechamiento de tiempo, que eran indispensables de la comisión abrazada; y en las clases subalternas, la menor familiaridad entre sí, una distracción no enfadosa de los vicios, harto comunes en el Callao, una regular asistencia a sus deberes, la ninguna deserción, y si fuese posible la conservación de una salud robusta, en medio de los muchos riesgos, que la rodeaban.

Con estos objetos en el mismo día primero, pasó a acuartelarse en la Magdalena la tropa de batallones, y brigadas de ambas corbetas, haciendo que los destacamentos a bordo fuesen de cuatro hombres por corbeta, a las órdenes de un Sargento, Condestable, o Primer Cabo. Un solo oficial de guerra, alternando los de una, y otra corbeta, y los mismos Guardias Marinas, quedó encargado de la guardia de ambos buques, fondeados en una grande inmediación uno de otro; llevando sí separados los libros de guardia, el detall y acaecimientos de cada uno.

Pasaron también a la Magdalena los pilotines, y pintores; y el sangrador de la Descubierta, para encargarse de las disecaciones, y aprestos correspondientes a la historia natural. Se permitió a la oficialidad de mar vivir indistintamente a bordo, o en tierra siempre que su conducta no fuese escandalosa; solo si, que el contramaestre, y dos guardianes, debían precisamente turnar en dormir a bordo con la tercera parte de la tripulación, a cuyo cargo estarían la lancha, bote, y chinchorro, varadas en paraje oportuno, para menor distracción las otras dos embarcaciones menores. En el día de trabajo ninguno estaría exento de él, si no procediese licencia, cuyo término, se encargaba a los oficiales de guardia, no excediese de tres días, castigado por otra parte severamente los que interrumpiesen esta distribución equitativa.

Pero, aunque no hubiésemos conocido de antemano, los desordenes de la marinería en el Callao, no hubiera podido ocultar a mi mismo que semejantes providencias en poco, o nada se llevarían a efecto, sino ligasen con otros agentes mucho más poderosos, que los consejos, o el castigo; aquellos poco eficaces, cuando el alago, los ejemplos, el clima, la ociosidad, y una fácil subsistencia, convidaban al vicio; nada difíciles de realizarse -en el texto de Malaspina aparece la frase: esotros difíciles a realizarse-, cuando la fuga era tan fácil, como el delito.

El interés debió por consiguiente parecer la única arma propia en esta ocasión; y la misma necesidad en que nos hallábamos, de dar algunas pagas a la marinería, así para que no echase de menos el dinero del vino, cuyo pago solo debía verificarse en Manila como porque eran acreedores a premios los pocos, que en las costas de Chile no se habían abandonado a la deserción, o al desorden, dictó el medio más oportuno de reunir los objetos de interés, a la conservación de una disciplina tan poco molesta como lo permitiese el servicio del rey.

Bajo de esos principios se estableció, que en los meses, en que permaneciesen las corbetas en el Callao, además de los dos reales diarios, como ración, se abonaran a cada marinero, que asistiese al trabajo, cuatro reales diarios por cuenta de sus pagas; de suerte que sujetadas a listas diarias, no solo el ausente no triunfase de sus faltas, o vicios, sino que perdiese una parte correspondiente de su paga, a favor de la Real Hacienda, prefiriéndose también esta especie de castigo pecuniario a los que deslizándose en alguna falta digna de castigo quisiesen lavarla con el trabajo en lugar de vegetar ociosamente con el cepo.

A la tropa, pilotines, y oficialidad de mar, para mayor decoro, se dio la paga al principio de cada mes, reservándose no obstante el detenerla oportunamente, a los que no siguiesen un método arreglado de vida; finalmente para los enfermos se adoptó si el hospital muy bien asistido de Vella Vista; pero en una sala separada, bajo la inspección de nuestros cirujanos, y al cargo inmediato del sangrador de la Atrevida, al que por su habilidad, y caridad singulares, se abonó en esta ocasión una corta gratificación mensual.


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17 Ago 2014 18:44
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Las tareas preliminares de a bordo se dirigieron en dejar en las corbetas con el solo lastre, y artillería, almacenando oportunamente todos los víveres, y pertrechos, y emprendiendo al mismo tiempo la recorrida de la tonelería, velamen y aparejo pendiente, los dos últimos a bordo para menor distracción de la gente. No pareció necesaria obra alguna de calafates; pues se conservaban en el mejor estado, el forro de cobre, y las maderas inmediatas a los cosederos; e interiormente no se advertía en los baldeos ni la menor gotera.

Como esta especie de detall exigiese una cierta independencia de los métodos comunes de las casas reales, convino el Sr. Virrey, que a imitación de lo que habíamos practicado en Buenos Aires, se nos suministrase aquí el dinero físico, la cantidad que pareciese precisa, dejando a los contadores la intervención en la distribución diaria, y ratificando únicamente el comisario las certificaciones mensuales, que en lo venidero sirviesen de data, para el cargo, que de todo el dinero me iban formando. Pudimos de este modo ocurrir con toda la prontitud, y economía, a cuantos gastos iban diariamente exigiendo nuestras tareas, y emprender el acopio necesario de víveres sin sujeción a los asientos.


Entretanto nuestras tareas científicas, se iban emprendiendo, y llevaban adelante con todo aquel vigor, que debía exigir nuestro anhelo,… Se examinaron de nuevo, y arreglaron sobre datos más probables la marcha de los relojes marinos, particularmente en las épocas comprendidas desde Buenos Aires a Chiloé resultando con esto alterada la posición de Puerto Deseado, los diarios meteorológicos, los estados de las variaciones, y mareas, el diario astronómico, las tablas de las variaciones diarias en el movimiento de los relojes, todo recibió un nuevo orden debido a los diferentes oficiales, a cuyo cargo se puso, se repasaron, y extractaron las observaciones, o de Latitud, o de Longitud, que sirviesen de basa a las operaciones hidrográficas, se emprendieron los derroteros por los Sres. Quintano, y Vernaci, y Don Dionisio Galiano, en una bien hilada disertación, que hizo preceder a las operaciones astronómicas, explicó por extenso todos los instrumentos astronómicos, y físicos que habíamos usado, y los métodos conque hasta entonces, se habían aplicado a la hidrografía los principios más sólidos de la astronomía.

No estaban tampoco ociosos los naturalistas; antes bien encontrando, por todas partes, nuevos objetos de admiración en todos los ramos de historia natural, aprovechaban este clima uniforme para vagar a su albedrío todos los contornos del ameno valle de Rimac. Don Antonio Pineda, cuyo cargo estaban todos los ramos de la historia natural, excepto la botánica, no pudo a la verdad apartarse tan luego de la Magdalena, pero los Sres. Neé y Haenke, ya desde la mitad de junio emprendieron excursiones dilatadas, y de la mayor importancia, dirigiéndose el primero hacia las quebradas de Canta, y el segundo por Tarma al otro lado de la cordillera, hasta Guanuco…

Se prescribieron a Don Luis Neé solos treinta días de ausencias; se amplió hasta cincuenta días la de Tadeo Haenke, y les acompañaban los Sres. Tafallas y Pulgar botánicos pensionados por S.M. en Lima, y dos dragones milicianos, prácticos cuanto fuese posible del idioma indico.

Se deja ver, que estos pasos, necesitaban a cada momento, o bien la autoridad, o el influjo del Excmo. Sr. Virrey; no nos faltaron ni uno ni otro en cualquiera ocasión los solicitásemos, antes bien franqueando S.E. a Don Cayetano Valdés, a cuyo caro había puesto el examen del archivo de Temporalidades, cuantas noticias pudiesen conducir al mayor ensanche de nuestra obra…

Los armamentos de ambas corbetas harto desmembrados así en cuanto a la tropa, como a la marinería, desde que entramos en la mar Pacífico exigían de mi parte una atención tanto seria, por lo que toca a su remplazo, cuanto que debíamos temer, que las escalas siguientes de Guayaquil, Panamá, y Acapulco nos entrasen nuevas deserciones, y desordenes. Para la tropa y brigadas, supliqué desde luego al Sr. Virrey, que me permitiese completar aquella con gente voluntaria, que del regimiento fijo de Lima, o de la artillería quisiese pasar a nuestras banderas. Exigía las calidades necesarias de robustez, buena conducta, y proceder de los regimientos veteranos de Soria, y Extremadura, las cuales al tiempo de regresar a España habían completado dichos regimientos; y dejaba al arbitrio de Don Cayetano Valdés, el decidir después del más prolijo examen, cuales entre los muchos que se brindaba voluntarios fuesen; o no admisibles.

En cuanto a la marinería conociendo el genio sumamente inconstante de esta infeliz clase, y pudiendo combinar con el corto número, que a la sazón nos había quedado, así el desempeño de las faenas diarias, como una prudente economía al erario, dejé para el último mes de nuestra escala en el Callao el completarle, o bien con los muchos, que en los navíos mercantes habían venido de Europa en este mismo año, o con los que llegasen en la fragata Liebre de la Marina Real, destinada según los últimos correos a la Mar del Sur, y particularmente al puerto del Callao desde Cádiz de donde debía haber dado la vela hacia mitad del mes de mayo.


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19 Ago 2014 17:29
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
La policía de puerto, harta abandonada, desde que no frecuentaban los buques de la Marina Real, fue otro objeto; que debió precisamente ocuparnos, mientras no hubiese otra embarcación, que le tomase a su cargo; se prescribieron a este fin a todos los capitanes de los buques mercantes; las precisas instrucciones, sobre las anclas, amarradero, y número de gente a bordo particularmente de noche, para su legalidad.

Debía rondar el oficial de guardia para el exacto cumplimiento que son indispensables, aún en la me la instrucción indicada, debía examinar el estado de los buques que saliesen, para que incautos, no careciesen de aquellas precauciones, que son indispensables, aún en la más estricta economía mercantil; finalmente debían por si cortar, con igual dulzura, rectitud, y prudencia, todas aquellas quejas diarias, que ya el capitán, ya el marinero, en los buques mercantes, encuentran sus ideas harto contrarias y opuestas entre sí.

Todas estas precauciones aunque en sus principios, no alcanzaron a evitar, que en la noche del 7 de junio, incendiado un buque mercante por descuido del oficial de mar, y pocos marineros que le habían abandonado, no pusiese en evidente riesgo las mismas corbetas, y particularmente la Descubierta, a cuyo orinque del ancla del N. quedó por largo tiempo agarrado el timón el mismo buque. El Guardiamarina Don Jacobo Murphy, y los dos primeros Contramaestres de las corbetas con ambas lanchas, explayaron en esta ocasión una actividad e inteligencia poco comunes; logrando remolcar y varar en la playa del Ancón el buque incendiado, ya que se habían frustrado todos sus esfuerzos para apagarle, o aprovechar los palos o alguna otra parte de sus pertrechos.

El los buques mercantes recientemente llegados de Europa, el Intendente General de Marina en la Isla de León nos había mandado varias cosas que aún no estaban prontas al tiempo de nuestra salida. Entre ellas tuvimos la satisfacción de ver comprendidas una ecuatorial de Roland, la colección de libros acopiados en París para los objetos de la historia natural, y dos cajas de cristales, casi todos utensilios pertenecientes a las experiencias de los aires, siendo entre ellos dos máquinas de mucha importancia los eudiómetros de los Sres. Volta y Fontana; pero no pudimos a menos de extrañar, y hallar sumamente perniciosa para los objetos que nos proponíamos seguir en este viaje la falta no solo de la excelente colección de instrumentos físicos, que acopiada en París por disposición del Excmo. Sr. Conde de Fernán Núñez estaba ya embarcada en Ruan al tiempo de nuestra salida de Cádiz; si también los conductores eléctricos, y algunos otros utensilios, que del arsenal de la Carraca debían remitírsenos con las primeras ocasiones a Lima. Nos entregamos entretanto de todo lo que había llegado, y no tardó Don Antonio Pineda en examinar la salubridad de los diferentes aires atmosféricos, que se respiraban en los contornos de Lima.


… Al mismo tiempo se dio cumplimiento a diferentes órdenes del Excmo. Sr. Virrey, sobre asuntos particulares de marina; entendió Don Antonio Pineda en examinar jurídicamente las circunstancias de la pérdida del navío San Pablo cedido a S. M. por Don Juan Miguel de Castañeda para reconocer algunos buques ingleses, que se habían dejado ver por las costas de Arequipa, y naufrago en las inmediaciones de Valdivia…

Don Francisco Xavier Viana, reconoció los acopios de jarcia, que o se habían recibido de antemano, o se recibían en la actualidad en los almacenes del Rey por asiento de algunos fabricantes de Chile. El mismo oficial, y Don Juan Vernaci, examinaron el estado de la Mexicana, fragata del comercio de Cádiz, que debía verificar muy luego su salida para Europa, a pesar de la estación rigurosa del invierno, y Don Manuel Novales formó sumaria sobre el incendio accidental o malicioso de la fragata mercante, de la cual ya se hizo mención.

Comentario:

A pesar del apremio del calendario y de la amplitud de objetivos que tenía planteada la expedición; ésta, no permanecía ajena a las diferentes circunstancias que la rodeaban durante sus estancias en puerto. Recuerden los trabajos cartográficos no previstos y realizados en el Mar del Plata y ahora, de nuevo, nótese la involucración directa de los expedicionarios, en los asuntos relativos a la administración del puerto del Callao – la policía de puerto- y también afrontando cuestiones administrativas espinosas como la investigación del naufragio del navío San Pablo o del incendio de la fragata acaecido durante su estancia.

Naturalmente y como es de suponer, estas actuaciones lo eran obedeciendo las instrucciones recibidas del propio Virrey y quizá, como tributo que debían abonar por la fama que les acompañaba de oficiales competentes, lo que sin duda eran.


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20 Ago 2014 18:52
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Habían llegado por este tiempo a Lima, remitidos por los correspondientes gobernadores, casi todos los desertores de Chiloé, y entre los de Chile un marinero quedado en Coquimbo, otro, y un Cabo de Escuadra de la Descubierta desertados en Valparaíso. Se les trató con mucha menor severidad de la que debían esperar, obligándoles solo a que descontasen a bordo, con un grillete o cadena, el premio a su aprehensión, sin que se le cortase todo miedo de evadirse de nuevo; y solo al Cabo de Escuadra, se obligó, a que sirviese en la Atrevida en clase de soldado raso, hasta que manifestase en su conducta, datos tales, que pudiesen borrar el error pasado harto escandaloso.

En nuestro sistema de armamentos, en que por ningún motivo podíamos admitir gentes, cuya custodia y conducta exigiesen la ocupación contante de otros muchos, estos rasgos -Malaspina escribe la palabra “rastos”- eran bien necesarios, que oportunos, ni dejaron de influir mucho en ligar el amor de la marinería al servicio; pues que además de que los marineros apresados eran buenos, y generalmente amados de sus compañeros, no les quedó duda, que la autoridad en nuestras manos era inseparable de la compasión, y que al paso de perseguirlos con el mayor tesón a donde estuviesen, no era esto con ánimo, o de emplearlos violentamente, y casi por necesidad en la misma comisión, o de explayar sobre ellos un rigor militar intempestivo.

Al mismo tiempo se examinó en Consejo de Guerra a bordo de la Atrevida el delito cometido en Valparaíso por un soldado de marina en su guarnición, que había mal herido a un marinero; muerto después a bordo, más bien por haber ocultado por largo tiempo la herida, que por su gravedad al principio.

Don Secundino Salamanca en una defensa muy bien ordenada recordó a los jueces las circunstancias del delito, la dificultad, de resistir a unos ultrajes contra su misma clase, y servicio, en un soldado, que voluntario se había alistado en el servicio de las corbetas, cuando podía gozar quieto de una paz duradera; finalmente, la gallardía, con que solo, y con armas inferiores se había defendido de dos marineros, y el Consejo, reflexionando a estas circunstancias, le sentenció a seis meses de prisión contando la que ya había sufrido, y a un recargo de cinco años en el Servicio Militar, el que peo supliqué yo al Excmo. Sr. Virrey, tuviese lugar en la fragata Liebre para que ni los armamentos tuviesen a la vista casi impune el autor de una muerte, ni quedase en la tropa, y marinería un principio de rencor, que después de largo tiempo pudiera acrecentarse, y ser funesto.

Añadidas a estas muestras de escarmiento, la ocupación diaria, el cebo del jornal, y la natural disciplina militar, haciendo la marinería frecuentes ejercicios de cañón y los de fusil la tropa, justamente con las revistas de armas, y ropa, guardias de prevención, toques de retreta, diana etcétera, lográbamos ver no sin mucha complacencia, que el buen orden, el amor recíproco de las diferentes clases, y de los mismos individuos entre sí, finalmente que la robustez misma se iban cimentando, en el paraje, donde más bien debíamos recelar su última destrucción.

Mes de julio 1790.

El día 5 de julio logró fondear en el Callao la fragata Liebre al mando del Capitán de Navío Don Tomás Geraldino, después de una travesía tan feliz, como bien dirigida de cuatro meses, y pocos días desde el puerto de Cádiz. Quedó inmediatamente al cargo de este oficial la policía de Puerto; y en la Descubierta se puso la insignia según ordenanza.

Era nuestra ocupación incesante en poner orden a todo, y mediante la constancia, y asiduidad general, ya los trabajos hidrográficos estaban considerablemente adelantados; tanto más, que legado a Chiloé el Alférez de Fragata, y primer pilote Don Josef de Moraleda, se había encargado de poner en limpio varios planos de puertos, y presentada al Excmo. Sr. Virrey, su carta y planos de la isla de Chiloé, le habíamos podido refundir en nuestras cartas, sujetándola si en la parte exterior, y en los contornos de San Carlos, y Chacao a nuestras tareas o astronómicas o hidrográficas…


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21 Ago 2014 15:57
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Ya al concluir este mes, casi todos nuestros aprestos para las próximas campañas estaban también, digámoslo así, concluidos. Las corbetas aparejadas en un todo, la tonelería, y el velamen, recorridos con la mayor escrupulosidad reemplazados, o compuestos los diferentes pertrechos, completadas aguada, y víveres, y recibido el número de tropa, que nos faltase, aún excluido uno u otro individuo de los antiguos o como enfermos o como útil y y la estación oportuna para seguir nuestras tareas ya muy próxima, todo avisaba, que era tiempo de arrostrar de nuevo unas ocupaciones, que por tanto tiempo habían de tenernos distantes de la patria amada. Incorporados ya por otra parte los Sres. Neé y Haenke después de unas excursiones, tan útiles como penosas y no debiendo ser sino de muy pocos días la ausencia de don Antonio Pineda, que intentaba un nuevo reconocimiento de la cordillera en esas inmediaciones…

1790. Agosto 20…

Quedó por consiguiente determinado para el 20 de agosto el principio de nuestras tareas hidrográficas, y del restablecimiento de la mayor parte de la oficialidad a bordo; debía hacerse cargo de la Real de la Magdalena Don Josef Bustamante, a quien dos meses de calentura casi continua, habían hecho este clima sumamente temible, y le hacían necesaria mucha quietud y una regular convalecencia. Yo pasaría a establecerme a bordo para acelerar las últimas tareas, y disponernos a la salida, con cuyas precauciones, cada uno de los individuos de las corbetas lograría indistintamente del necesario descanso, comodidad, y acogimiento, a donde sus ocupaciones principales le detuviesen bien sea a bordo o en la Magdalena.

En esta debían permanecer particularmente todos los encargados del ramo de la historia natural. Don Felipe Bauzá, el piloto Maqueda, y los dos pilotines para continuar el trabajo de las cartas; y los Tenientes de Navío Galiano y Concha, que intentarían arreglar, antes de la salida el catálogo de estrellas observadas en Valparaíso. A cargo de Don Juan Vernaci estaría el arreglo de la marcha de los relojes marinos, formando el observatorio muy oportunamente en una de las torres de la ciudadela del el Callao, donde le encontraríamos nosotros con otra serie de triángulos comprendida sobre otra base para extenderse hacia las islas de Pachacamac.


1790. Septiembre 15…

Completamos al mimo tiempo con marineros, o de la fragata Liebre o de todos los buques que faltaban, y así para el 15 de septiembre, época en la que cerramos la cuenta de los relojes, pudimos considerar ya todo dispuesto para dar la vela.

Ya dos o tres días antes, nos habíamos despedido del Excmo. Sr. Virrey, y de los principales vecinos de Lima, los cuales en repetidas ocasiones nos habían dado pruebas, de un celo poco común por el Real Servicio; y Don Josef Bustamante y yo completada la actual remesa, la habíamos acompañado con un oficial al mismo Excmo. Para qe tuviese a bien encaminarla por manos del Sr. Ministro de Marina a los pies del Trono. Con aquellas ocasiones que S. E. hallase más oportunas, o seguras. La componían por lo que toda la parte hidrográfica, seis cartas esféricas, comprensivas las dos primeras de la costa Patagónica desde el río de la Plata, hasta el estrecho de Magallanes; la 3ª de toda la Tierra del Fuego, y costas adyacentes al E. y al O. hasta los cincuenta grados de Latitud; y las otras tres de las costas del mar Pacífico desde aquella Latitud hasta Lima, incluidas las islas de Juan Fernández, y San Ambrosio.

Los planos de los puertos Deseado, Egmont, San Carlos de Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Coquimbo, y Arica levantados por nosotros, el de Valdivia por el piloto Moraleda, y los de Copiapó por el ingeniero Don Pedro Rico, formaban un agregado sumamente importante para la navegación; pero no podían acompañarle por falta de tiempo las muchas vistas de las costas, que habíamos visitado, y Don Felipe Bouzá había representado con su habilidad natural. La colección de pinturas o de botánica o de otros ramos de historia natural, y algunas perspectivas, obra aquella del dibujante Guío, y las otras de Don Josef del Pozo, presentaban un nuevo objeto tan útil, como entretenido a la vista; finalmente en cinco tomitos, iba envuelta toda la parte manuscrita, conteniendo el primero la narración del viaje, los derroteros, y la explicación, por menor de los materiales, que habíamos empleado en la construcción de las cartas; la descripción física, y política de las costas reconocidas formaba un segundo tomito.

Era el 3º, el que incluía el diario astronómico, las variaciones de la aguja, las mareas, los arreglos y desigualdades de los relojes marinos y los elementos de las observaciones hechas en el mar, que sirviesen para colocar las costas; el cuarto y quinto comprendían las descripciones de los Sres. Pineda y Neé, no habiendo podido agregar las suyas Don Tadeo Haenke por falta de tiempo para copiarlas; S.E. tuvo a bien enviar por el primer correo todo los comprendido hasta aquí, dejando para los buques que navegasen con derechura a Europa en el próximo enero, diez y nueve cajas, que en los herbarios, disecaciones, minerales, pinturas en lienzo de Don Josef del Pozo, y manuscritos borradores nuestros, enviábamos con la posible claridad, orden y seguridad.

Dos cosas habían no obstante contribuido a la sazón a enturbiar considerablemente la natural complacencia, que debía causarnos no solo esta perspectiva de nuestras tareas del primer año, si también la aprobación de S.M. a nuestras operaciones del río de la Plata, que acababa de manifestarnos en carta de marzo el Excmo. Sr. Bailo Don Antonio Valdés Ministro de Marina; y fueron estas la separación del pintor Don Josef del Pozo del destino, a que se había contraído, no pudiendo sujetarse, ni aquella natural subordinación, que sola es el principio y cimiento del buen orden, ni aquel tesón, y asiduidad en el trabajo, que exigían así el empleo de los demás, como la armonía de los objetos, que teníamos entre manos. La segunda fue la rotura impensada del reloj Nº 13, el cual, aunque por sí no fuese de mucha exactitud, y hallásemos por otra parte en el relojero de Lima Don Pedro Pimentel una persona capaz de componerle no sin unos sacrificios considerables el erario, ya no merecía la menor confianza, ni como tercer reloj de comparación, a pesar de que le empleásemos como tal en la siguiente campaña de Guayaquil.

No faltaron en los últimos días de nuestra estancia en el Callo, algunos desordenes de ambos armamentos, inseparables a la verdad del marinero, cuando abandonando un país lleno, en su entender, de halagos, y atractivos, para arrostrar las fatigas del mar, intenta sepultar un goce momentáneo la idea, de los peligros, que le esperan. Muchas veces la dulzura, y muy pocas el rigor se emplearon para contenerlos; la oficialidad, ya casi toda reconcentrada a bordo alternó en este útil objeto; y finalmente pudo conseguirse, que se reuniesen a bordo en el día anterior a la salida casi todos los individuos de esta corbeta, echando si solo de menos un soldado de marina; y otro de los recién pasados del regimiento fijo. No fueron mayores las faltas de la Atrevida, según me avisó su comandante por medio de Don Francisco Javier Viana; y así nada oponiéndose ya en la tarde del 19 para la verificación de la salid, esperando con ansia la mañana siguiente, metidas ya dentro algunas de las embarcaciones menores, y cortada, cuanto fuese posible la comunicación con tierra.a

Fin de estada en el puerto del Callao.


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21 Ago 2014 17:43
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Nuevo mensaje Re: Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Navegación desde Lima a Guayaquil.

Ti-mon1

20 septiembre.

Parecían que con la noche se habían sosegado de un todo los desordenes de la marinería, y demás gente de las clases inferiores de ambas corbetas. En la lista de la mañanita solo faltaban dos marineros para el completo de esta corbeta. La Atrevida, según me informó su comandante por medio de un oficial echaba aún de menos unos seis marineros, y decía hacerse tanto más extrema su falta, cuando que eran precisamente, unos, y otros, de los trasbordado de la fragata Liebre, después de haber accedido voluntariamente a este transbordo.

Ya pues al amanecer se avisó a la Atrevida de levar el ancla de tierra. Lo ejecutamos ambas a un tiempo, y quedamos a pique del anclote, dispuestos a aprovechar el primer soplo de viento favorable. Pero, como no se declarasen las primeras ventolinas del S., antes de las nueve, varios particulares de Lima, que con más estrecha amistad, se habían unido o a nosotros, o a los oficiales, tuvieron la bondad, de proporcionarnos aún por una vez darles un abrazo, debiendo en nuestra memoria merecer un particular aprecio el Alférez de Fragata Moraleda, y Don Esteban Mestre Capitán de la Galga, quienes a costa de muchos desvelos, habían recopilado, y me prestaron todas las mejores noticias de la costa siguiente al norte por lo que abrazaban hasta Acapulco…

Entre los acontecimientos poco oportunos, que debían en esta ocasión enturbiar el ánimo aún más pacífico, y tranquilo, se hizo más difícil de sobrellevar el aparecimiento a bordo de unos seis pulperos -pulpero es el regente o dependiente de una pulpería, o tienda donde se sirven diferentes géneros entre ellos, vinos y licores- del Callao, acreedores a ambas tripulaciones, y aún a algunos oficiales de mar de cantidades no indiferentes en dinero, que habían gastado además de los seis reales diarios que se les daban como cantidades que habían percibido, o como sueldos o como raciones. Les había citado para esta última hora, a fin de que, se confortasen, y satisficiesen estas deudas, en el momento, en el que ni pudiese recelar nuevas deserciones, ni fuese fácil al marinero sacar nuevo partido de sus ardides casi infinitos.

La vista de seis hombres robustos, y casi sin la menor duda desertores de los buques del Rey, cuyo oficio en el día era solo el de inclinar las marinerías a nuevos desordenes, u bien a la deserción, me excitó la idea de un escarmiento ya necesario, si en lo venidero los buques del la Marina Real debiesen en algún modo conservarse en estos mares con aquella estricta disciplina, que exigen las circunstancias. Así mandé que se asegurasen en el cepo se –asegurar en el cepo se refiere al castigo que merecieron los deudores de los pulperos-. Luego se dispuso, que sorteasen para que dos en esta corbeta, y uno en la Atrevida sirviesen como de leva hasta Guayaquil.

Eran ya las diez de la mañana, cuando asegurada la brisa, pudimos dar la vela. Inmediatamente con todo el aparejo nos dirigimos a costear de cerca el extremo NO. de la isla de San Lorenzo; y al medio día, casi la teníamos al N. a distancia de media milla…


Había manifestado antes de dar la vela, al comandante de la Atrevida, que en la próxima navegación bastantemente sencilla, podrán la tropa, y la marinería dividirse en tres cuartos para las guardias; así lo verificó aquel comandante; pero trasluciéndose en la marinería de la Descubierta, poca soltura en el pronto manejo de la maniobra, me pareció últimamente preferente, el que continuasen hasta Guayaquil en dos cuartos. -Malaspina no puede ser más explícito: sin comentarios-



Ya a las 3 ½ de la tarde e logró avistar Las Hormigas desde el tope. Las marcábamos al OSO, por consiguiente orzamos inmediatamente hacia ellas. Fuimos después bastantemente felices para observar una serie de horarios, y al mismo tiempo marcar desde la cofa de la mesana la mediana de la isla de San Lorenzo aunque muy calimosa...

A las cuatro de la tarde, habíamos hecho señal de sondar a la Atrevida, la que no encontró fondo. Nosotros si encontramos a las 5h, en 49 brazas arena y conchuela.

Estos islotillos, ya bien conocidos por Don Manuel Novales´, que los había navegado en torno, y aún fondeado entre ellos, examinando sondas, sería seguramente un peligro no indiferente para la navegación así por su poca elevación, como por las restingas, que les salen por diferentes puntos. Pero por ventura, a no mayor distancia, que la de una milla, tienen buen fondo, y además, fácil es evadirlas saliendo, de la isla de San Lorenzo para el O. Viniendo a Lima siempre se costea a corta distancia de tierra firme, ni hay motivo alguno, que pueda precisar el abandonar la costa. Nuestras observaciones y estimas determinaron para el islote mayor la Latitud de 11º 54’ 40’’, y la Longitud al occidente del Callao de 34’ 00’’. Eran ya las cinco de la tarde, cuando suspendido el escandallo pudimos marcar, y considerar concluida esta parta no indiferente de nuestras tareas…


21 septiembre.

El viento fue después acrecentando algo su fuerza, tanto que al medio día, despejado también considerablemente el tiempo, no solo pudimos deducir la altura meridiana del Sol si también alcanzar la tierra firme, examinados prolijamente los farallones, cuyo número, y extensión parecían desde luego menores, que los indicados en las cartas de estas costas. Fue nuestra Latitud de 11º 23’ 30’’. La Longitud de 37’ al occidente del Callao.

… terminada la tarde sobre Supe, y con sonda de 37 brazas, lama verdosa, luego navegamos algún tanto con poca vela para desatracarnos. Últimamente paireamos sobre las gavias de la vuelta de fuera, revirando a la una la de tierra; y a las dos se sondaron 85 brazas.


22 septiembre.

La virazón se había mantenido fresquita toda la noche, pero abandonó mucho por la mañanita, y el tiempo estuvo, como en la mañana anterior; muy calimoso. Eran las costas, que teníamos a la vista las de Granchel, y del Xagueí, a las cuales seguían luego al N. las de Guarney, Culebra, y Margon, todos fondeaderos desabrigados, y por la mayor parte faltos de todo auxilio.


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24 Ago 2014 08:45
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… 22 septiembre.

Las bocas de Ferrol eran los extremos de la costa, que avistábamos claramente al N., cuando al anochecer debimos poner un término a nuestras tareas. Inmediatamente después acortamos la vela, y andadas las 10 de la noche unas cuatro leguas, paireamos las restantes horas de la vuelta de fuera, y luego la de tierra aumentando el fondo desde las 45, hasta las 82 brazas arena fina y parda, y luego disminuyéndolas de nuevo a 57, en cuyos fondos, y distantes tres o cuatro leguas de la costa, amanecimos.

23 septiembre.

Las bocas de Ferrol presentan a primera vista una muchedumbre de mogotes, que parecen islas; pero que luego dejan de verse entre sí por la mayor parte unidas o con arenales, o con restingas. Una ensenada grande, terminada por costas de arenales presenta detrás de aquellos mogotes un muy bien abrigo para la mar siempre brava del S., la isla, y embocadura del río de Santa, siguen después al N, a no mayor distancia de tres a cuatro leguas. Toda la costa igual que desde Guarura llega a estos parajes, proyecta amogotada, y con arenales de trecho en trecho. Los pocos islotes, o puntos salientes están por lo común cubiertos de guano. Se deja ver sumamente alta, y no distante, la cordillera, cargada por lo común de nubes, en uno u otro extremo nevada, y cubierta al parecer de arenas.

Reconocidas a toda satisfacción las inmediaciones de Santa, y como en los días anteriores favoreciéndonos mucho la claridad de los horizontes y la fuerza del viento favorable, continuamos nu8esrras bases, obligándonos solo a inclinar nuestros rumbos al O. el poco fondo de 12 brazas arena, que a las 10 de la mañana encontramos dos millas al N. de Saña; vimos después en el morro del Cao -Chao-, y los farallones del Corcovado, y de la Viuda. La sonda fue paulatinamente aumentando a 18 brazas arena limosa. A medio día nos hallábamos a 8º 52’ de Latitud, y 1º 40’ de Longitud avisándonos la estima de una corriente al NO bastantemente considerable.


La vista de un pico nevado en la cordillera no distante del mar, excitó poco después de este medio día en Don Dionisio Galiano, el deseo de medirle exactamente; siguiendo el método de Mr. Borda, de sujetar la base y los ángulos de aguja, a los ángulos medidos con el sextante, entre el Sol y el objeto; dedujo al mismo tiempo la variación de la aguja de 8º 50’, y la elevación del pico sobre el nivel del mar de 2273 ½ Toesas -la Toesa es una medida antigua de longitud de origen francés, que aunque no se usaba como medida náutica en la Marina Real española, aquí la utiliza Don Dionisio Alcalá Galiano para medir una altura terrestre. La Toesa equivalía a 7 pies castellanos o a 1,946m -

Las costas entre Gañupe, y morro de Carretas, ocuparon nuestras tareas de la tarde; se observaron horarios, y azimuts, y se avistó claramente la campiña de Trujillo; en cuyas inmediaciones debíamos amanecer al día siguiente, para que el puerto de Guanchaco -Huanchaco- , bastantemente frecuentado por la inmediación a Trujillo, se reconociese con bastante prolijidad…

El tránsito desde Paita a Lima, antes por la costa, luego por tierra, es quien ha dado lugar, a que en estas costas, se colocasen varias pequeñas poblaciones, a donde la naturaleza parecía escasear sus dones aún los más mezquinos. Bien que deben distinguirse de esta clase así Trujillo, como Lambeyequa -Lambayeque ¿?- cuya situación, reuniendo valles sumamente fértiles, a un clima delicioso, hacen que deban considerarse, aún como aventajados a Lima, en esta prolijidad de la naturaleza.

Al anochecer ya no distábamos sino cuatro leguas de la Campana, por consiguiente, debíamos recelar, que si nos asegurásemos a un pairo constante en las doce horas de la noche, tal vez las corriente pudieran arrastrarnos a sotavento de Guanchaco. Ceñimos con esa idea sobre las gavias al SSO, el viento del SE bonancible, y luego de la una a las cinco paireamos a la vuelta de tierra, conservando en toda la noche fondo de 40 a 50 brazas fango duro.

24 septiembre.

Amaneció con tiempo sumamente calimoso, de suerte que aún a tres leguas nonos era fácil distinguir claramente las tierras de la tarde anterior. El viento también estaba excesivamente flojo, tanto que hasta las ocho de la mañana, no pudimos reconocer la iglesia de Guanchaco, y el fondeadero inmediato, del cual no distábamos sino unas cuatro millas.


Los Excmos. Juan y Ulloa al tiempo de viajar desde Tumbes para Lima, habían estado en Trujillo, y observada su Latitud en el cuarto de círculo, como también otras muchas, de diferentes lugares, en los cuales habían hecho una, aunque corta, morada. Miramos estas observaciones, como sumamente útiles para la mayor exactitud de nuestro trabajo actual; por consiguiente procurábamos confrontarlas con las nuestras.


No tardamos en conseguir la vista de otro fenómeno tan raro, como divertido. La infinidad de Zaramagullones, estaba pastando en el mar en una dirección caso O. extendida de más de dos leguas a fuera.

Debimos por consiguiente cortar más de una vez con las corbetas estas hileras o líneas. Pero contra nuestros conceptos no los aterrorizaba este aparecimiento de dos cuerpos tamaño. Esperaban hasta el último momento tranquilos. Últimamente zambullían o volteaban muy cerca, con un ruido poco común, y no bien había pasado la popa de la corbeta, cuando estaban ya tranquilos en el mismo paraje que antes.

En cuanto al número, que pudiéramos sin ponderación llamar infinita, debió admirarnos aún más, cuando al medio día al tiempo de aproximarnos al islote de Malabrigo, le vimos enteramente cubierto de la misma especie de aves, que le hacía parecer enormemente negro, siendo toda su superficie de guano blanco.


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24 Ago 2014 17:03
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25 septiembre.


Todos los derroteros determinaban caso SO con Cherrepe, y unas diez leguas a fuera la posición de la isla Baja de Lobos; pero tan oscuras en esta parte sus expresiones, que solo la comprendimos al recelar a la tierra, hicieron, que ni aún atendiésemos a las fuertes sospechas, que hubo en ambas corbetas de verla a larga distancia al principio de la tarde.


26 septiembre.
El viento se mantenía aún fresquito; y los carices agradables. Nos aproximamos a la costa firme, y luego siguiéndola a corta distancia, nos fuimos acercando a las putas falsa y verdadera de la Auja, y luego a la de Nonura.


Alcanzábamos al ponerse el Sol desde los topes todo el fondo de la ensenada; y última tierra saliente de las inmediaciones de la Paita, se marcaba al NO. Con este motivo pareció ya inútil cualquier otro esfuerzo para internarnos, el que por otra parte hubieran también malogrado la calma y el terral que debía sucederle…

27 septiembre.

El tiempo al amanecer estaba muy calimoso, y aún con ráfagas algo fuertes. Ceñimos inmediatamente el NE; y no tardamos en atracar la costa de modo, que a las siete ya no distábamos sino una legua de la islita de Lobos. El fondear en Paita, cuando pudiésemos reconocer a la vela, toda la rada, hubiera sido un paso directamente opuesto, a la necesaria economía de tiempo, que nos habíamos propuesto; pero hacían por otra parte oportuno un cabal reconocimiento de sus inmediaciones así el ser este punto de depósito de un regular comercio particularmente de comestibles como porque, fijado allí el término de los sures, la alternativa de los terrales y las virazones, con facilitar mucho la navegación, le había hecho escala y desembarcadero, de todos los que desde las costas de México o Tierra Firme pasasen a Lima…


A las dos de la tarde ya teníamos a la vista el cabo Blanco. Navegamos hacia él con fuerza de vela, y brisa fresquita, pero no lo pudimos doblar hasta las cinco y media, orzando pues al NNE, de la aguja para no apartarnos de la costa, que ya toma mucho la dirección del E. aquel anocheció con viento galeno, y semblantes algo calimosos…


El cabo Blanco y la costa reconocida en la tarde anterior, aún estaban a la vista. Era el fondo de 60, y 65 brazas arena limosa.

28 septiembre.


No habíamos omitido al medio día del 21, y 24 el hacer comprobaciones de nuestros relojes con los de la Atrevida. Las repetimos a este medio día, y dese luego el apartarse mucho nuestros resultados de los del número 10, nos hizo sospechar, que el arreglo de los últimos días fuese defectuoso, y debiésemos más bien preferir, el que resultaba de los datos anteriores; dejamos no obstante para el próximo examen de Guayaquil la determinación de la verdadera marcha, que por otra parte no desconfiábamos de poder comparar a datos aún mucho más seguros, y multiplicados.

…A la sazón veíamos también a la distancia de dos leguas la punta de Malpaso y las rompientes inmediatas; y nos hallábamos a fondo de 20 barzas lama. Aunque la noche estuviese muy lóbrega, la marcación al Amortajado, y la sonda no dejaban sin embargo el menor recelo sobre nuestra derrota; antes bien navegábamos algo orzados, con objeto con objeto de abalizarnos de nuevo aquel islote, y evadir los bajos de Poyana que salen muy fuera del río Tumbes.

Empero contra nuestras expectativas cuando ya nos considerábamos próximos a dicho islote a las 9 ½ de la noche, y le acechábamos por entre la oscuridad de veinte brazas lama, caímos en 15 arena, y la Atrevida sondó hasta nueve brazas piedra. No nos quedaba duda de que habíamos caído sobre aquellos bajos, orzamos por consiguiente muy largo y hallamos de nuevo las veinte brazas lama, que en un momento llegaron a treinta. Por este fondo ya puesto nuevamente en derrota avistamos a las 11 por nuestro babor el Amortajado que supimos distante una media legua; y considerándonos ya en buena derrota, nos dirigimos hacia la Puná.


29 septiembre.

Este acaso en la mañanita siguiente debió parecernos bien desfavorable; pues nos hallábamos en la posición más oportuna para hacer muy buenas marcaciones a la punta de la Salina, y Arenas en la Puná, al Amortajado y a varios puntos de la costa de Tumbes, sobre la cual habíamos caído con rumbo demasiado al Este.

El entretanto, calmado enteramente el viento, o más bien declarado el terral, fue nuestro primer paso el de enviar un bote con un sargento al pueblo de la Puná a fin de que supiese el gobernador de Guayaquil nuestra llegada; y al mismo tiempo para que saliesen prácticos del río a encontrarnos en la pinta Arenas,…

Finalmente no queriendo malograr el tiempo que la brisa algo tarda nos obligase a pasar fondeados, destacamos por cada corbeta un bote con un pilotín, para que a diferentes rumbos emprendiesen dos líneas de sonda. A las diez y media empezó a declararse la virazón; llamamos luego los botes, y avisamos a la Atrevida, que se mantuviese fondeada hasta el medio día para observar la Latitud, mientras nosotros alejándonos un tanto, proporcionaríamos una regular distancia; y dirección para medir una base por alturas de topes, sobre la cual los puntos principales a la vista quedasen al mismo tiempo bien situados entre sí, y sujetos a una cabal posición astronómica.


Nos dirigimos luego con fuerza de vela a la punta de Arenas, en cuyas inmediaciones fondeamos a las tres de la tarde en 12 brazas arena, habiendo navegado por 15, y 18 brazas de igual fondo, más bien que por lama, que perdimos al aproximarnos a la isla de Puná. Luego hemos sabido, que por lo común los buques prefieren más bien el fondeadero de lama fronterizo a esta punta, pero inmediato a Tanguel, que el nuestro a la sazón, en el cual se hacía luego algo penoso el montar los bancos de Mala.

30 septiembre.

Toda la noche permanecimos en esta misma posición, y caída, según costumbre, la brisa antes del amanecer, sucedió un terral flojo, con el cual, y con carices bastantemente neblinosos, salió el Sol, dejándose ver poco después el bote, que regresaba de la Puná. Solo a las diez de la noche había alcanzado aquel pueblo, atracada por equivocación la punta Salinas, en lugar de la de Arenas, e inmediatamente embarcados los prácticos, habían emprendido el regresar a bordo. El pilotín Hurtado, que iba destinado para las sondas, las había ejecutado muy oportunamente…


El viento ya escaso en sus inmediaciones nos obligó a dar un repiquete después de la oración hasta muy cerca de los buques fondeados pero alargándose en esta ocasión el viento, hizo, después dio lugar a que nos propasase la Atrevida, cuyo comandante me dio la voz que le había alcanzado por la tarde el práctico mayor del río, y que por consiguiente, si habíamos de entrar en aquella misma noche, se encargaría de l derrota. Le seguimos inmediatamente, y favoreciéndonos la brisa, y la marea, alcanzásemos la boca del río, en cuya angostura nos dirigían unánimes la sonda, y ambas orillas que veíamos claras, aunque la noche fuese bastantemente lóbrega.

Hacia las once de la noche nos continuó navegando dentro del río casi hasta punta de Piedras. Allí dimos luego fondo cerca de la punta de Piedras en cinco brazas lama para esperar que se declarase de nuevo la otra entrante.

1 octubre 1790.

Al rayar el día echamos pues la lancha al agua, y remolcados de ésta, y del bote inmediatamente dimos la vela para aprovechar no solo la marea, que empezaba a declararse favorable, si también las ventolinas aunque flojas del SO, que aún subsistían. La Atrevida lo verificó algo más tarde que nosotros, y aún con la lancha dentro de suerte que la alcanzamos inmediatamente, y después nos mantuvimos unidas. Toda esta marea se aprovecho para internarnos, y hasta las doce no volvimos a dar fondo distantes ya de Guayaquil solas dos leguas.

Antes que perdiese toda la fuerza la entrante, envié en el bote al Guardiamarina Ali, para que en mi nombre cumplimentase al gobernador de Guayaquil, y le manifestase, cuáles eran nuestras necesidades más urgentes; y en particular la de una casa cercana al río delante de la cual fondearíamos, para atender más de cerca nuestras operaciones de astronomía, e historia natural. Era el gobernador de Guayaquil el Capitán de Fragata Don Juan de Aguirre, quien unía además la cualidad de ser de nuestro mismo cuerpo, y ligado con una estrecha amistad a casi todos los oficiales de ambas corbetas, un carácter por sí mismo amable, y sumamente celoso del Real Servicio, no debí extrañar por consiguiente, que añadiese al agasajo con que trató al Guardiamarina, la suma bondad de adelantarse en nuestro mismo bote a darnos un abrazo, cuando aún la marea no nos permitía dar la vela. Le acompañaba el vecino, y del comercio de Guayaquil Don N. Elizalde, quien con la menor insinuación del Gobernador había tenido la bondad de destinarnos cedernos una parte principal de su casa en la orilla del río, que pudiese al mismo tiempo servirnos de habitación; y de obrador para los diferentes objetos de la comisión.

Con la caída de la tarde el viento fue adquiriendo fuerza, y perdiéndole al contrario la marea, de suerte que a las cinco y media ya pudimos dar la vela, y guiados de la sonda, fondear finalmente a las siete delante de la ciudad, y precisamente inmediatos a la casa, en donde debíamos establecernos. La Atrevida, que fondeó antes que nosotros quedó delante un solo cable de la orilla nosotros distábamos como cable, y medio; y entre ambas amarradas poco después en el mismo sentido de la marea; bien que según costumbre de este país, con ambos cables de estribor abozados, para que el continuo aproar de la marea, ya creciente, y ya menguante no causase continuar vueltas a los cables. El señor Gobernador fue luego a tierra, y el Guardiamarina, que le acompañó, tuvo la agradable noticia, de haber sido, igualmente que su compañero ascendido al empleo de Alférez de Fragata.

Fin de navegación desde Lima a Guayaquil.

br-i4


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25 Ago 2014 19:23
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
Estada en Guayaquil.

No bien había amanecido, cuando se presentó a la vista de todos, y particularmente de los que aún no habían frecuentado los países amenos de la zona tórrida, un espectáculo tan nuevo como placentero. Las orillas agradablemente vestidas de varios verdes, cuyas graduaciones mismas con un nuevo contraste aumentaban el primor de la escena, muchas aves enteramente nuevas por el canto, como por los colores, las balsas, las canoas, la mezcla de casas, árboles, agua, y embarcaciones casi en un solo grupo, todo recordaba al esplendor admirado, que la naturaleza tan varia, como extendida, excede en sus primores maravillosos, a las imaginaciones aún más vivas y arrebatadas.


2 octubre 1790.


Fue al mismo tiempo muy buena precaución de los oficiales astrónomos, la de deducir la posición nuestra y la del Chimborazo en la carta del Excmo. Ulloa el rumbo y la elevación a la que debía verse, si el tiempo claro fuese en esta parte favorable a nuestros deseos. Debía demorar al N 59º 4’ E. ángulo aparente sobre la horizontal de Guayaquil, y desde luego, según los puntos, así adonde decían verle estos abatidores, confrontaba su posición en la aguja, con la que sospechábamos.

Los pasados incidentes en cuento a los desordenes, o extravíos de la tropa y marinería…

A este intento unánimes el comandante de la Atrevida, y yo, fijamos nuestro sistema para la conservación de la disciplina, y la salud, en una ocupación constante, más no violenta, en una ración diaria algo crecida de dinero, que s les franquease algún pequeño desahogo, más les sujetase a un pronto castigo, y a la lista diaria, finalmente una frecuente suministración de vino, que por vía de ración, que apagándoles un tanto el deseo innato de la bebida, los apartase insensiblemente del desorden tan opuesto a la salud, como a la disciplina.
Una idea aunque remota, de libertad, en dejarles elegir a su albedrío, la clase de comida, debía concurrir en hacerles más agradables este refresco. Nuestra intervención solo sería necesaria, cuando o el abandono, o el desorden lo requiriesen…

En cuanto al trabajo, se ciño por ahora a los dos objetos del aseo, y del servicio de embarcaciones menores. Esta segunda parte no era indiferente así por las diarias ocurrencias nuestras de observatorio; historia natural, y comunicación recíproca, como por las muchas excursiones que se requerían para el cabal reconocimiento del río, y por el remplazo mismo de la aguada, que la mucha internación de las mareas precisaba buscar a una distancia no indiferente.

Tanta individualidad en nuestras medidas para el mejor régimen de la marinería parecerá tal vez afectada, como inoportuna, si no se tienen presentes, el natural desaliño de todo marinero, las pasiones sumamente vivas, y sensibles del español, y los estragos hartos destructivos, a los que los desordenes aún de poca mona, sujetan estos ´climas al europeo transeúnte.


Las pequeñas excursiones, que los naturalistas emprendieron en este día, muy luego les dieron una idea grandiosa de la naturaleza. Todo les prometía un caudal grande de nuevas adquisiciones, y excitaba su celo ardiente para los progresos particularmente de la botánica.
Puede imaginarse, con cuanta eficacia, el Sr. Gobernador, a quien visitamos unidos en este mismo día se esmerase, en coadyuvar a nuestro plan de operaciones. Se dieron órdenes, para que o solo en estos contornos, si también en las provincias inmediatas, se esforzasen en recoger variedad de objetos para nuestro examen de la historia natural. Los vecinos principales, impelidos no menos en este ejemplo, que de su misma atención, concurrieron a franquearnos cuantas noticias estuviesen a su alcance, y aún cuantas cosas pudiesen interesar nuestra curiosidad; finalmente una concurrencia diaria a primeras horas de la noche, de las entes más distinguidas de la ciudad a casa del Sr. Gobernador, nos proporcionó aquel descanso, y trato sociable, sin el cual rara vez la vida marinera, y las ocupaciones mismas abstractas dejarían de embrutecernos.



4 y 5 octubre.

Nuestras excursiones científicas, según el plan propuesto, debían pues abarcar los objetos siguientes. Los Tenientes de Navío Tova y Robledo de la Atrevida con el piloto Sánchez de la Descubierta, se dirigieron en una pequeña balandra del río fletada para el intento de embocar por el naranjal, y costear por el Tengael, y Machala lasta la embocadura del río Tumbes. Quedó al arbitrio de dichos oficiales el internar, o no hasta Tumbes, pero se les recomendó estrechamente, que procurasen observar a la vista de los bajos de Poyana. El cronómetro 61, y los sextantes, suministrarían a esta navegación los datos principales; pues que las mareas harían por lo común muy difícil, e inexacto el método de las bases.

La lancha de la Descubierta provista con quince días de ración, y a las órdenes de Don Juan Vernaci con el pilotín Hurtado fue destinada a internar por el río hasta las bodegas de Babahoyo. A cargo de Vernaci iban el cuarto de círculo de Ramsden, y el reloj 105 de don Josef Bustamante, con los cuales no solo pudiese hacer las precisas observaciones astronómicas, si también renovar la medida geométrica del Chimborazo sobre bases exactas, para aproximarnos con estos datos a las preciosas observaciones de la meridiana de Quito. Con buenos guías Don Antonio Pineda y Don Luis Neé, que también se embarcaron en la lancha debían intentar penetrar hasta el mismo Chimborazo, y el uno con los objetos físicos el otro con los botánicos, aprovechar canto fuese posible el plazo de quince días, que les prefijaba. Estaban principalmente confiados a Don Antonio Pineda la continuación de la litología andina, y las experiencia barométricas.


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30 Ago 2014 12:28
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Nuevo mensaje Diario de la Descubierta por Alexandro Malaspina
… 4 y 5 octubre.

Estas dos expediciones dieron la vela en la mañanita del 4 con las mareas oportunas. En la del 5, lo verificó también la lancha de la Atrevida a cargo del Alférez de Fragata Murphy, y del Piloto Maqueda. Debía reconocer la isla de la Puna por las puntas de Arena y Salinas, hacer las observaciones oportunas con el cronómetro 71, y los sextantes; y finalmente determinar la extensión de los bancos de Mala. Un teodolito, una aguja, y dos escandallos eran utensilios, de que no carecía ninguna de las tres expediciones indicadas.

Quedaba a Don Tadeo Haenke el examen físico, y botánico de los contornos, y una excursión a los montes de Taura, depósito de las mejores maderas; finalmente los demás oficiales se ocuparían ya en una, ya en otra parte del río, con los objetos reunidos de la hidrografía, de la pesca, y la caza y por lo que toca a las mareas, pusimos principalmente a cargo del Teniente de Fragata Don Francisco Xavier Viana de la Atrevida

6 octubre.

Ya no nos quedaba otro cuidado, que el de la aguada, cuyo corto remplazo confiamos al bombo -embarcación pequeña, de fondo plano que suele ser chata de proa y popa y estructura similar a una pequeña patera, usada para el traslado de personas y mercancías sobre aguas muy someras- de cada corbeta, despachándoles diariamente río a dentro hasta que entrase la marea; para llenar a la bajamar siguiente. Estas precauciones, que son las acostumbradas en el país, suministran desde luego agua enteramente dulce, y de mucha duración para las embarcaciones; pero arrastran el sacrificio de tres mareas; el que nos pareció excesivo para los usos, a que esta agua debía destinarse. Así se determinó, que nuestras embarcaciones encargadas de la aguada, penetrasen río adentro en las dos últimas horas de la marea entrante; esperasen dos horas de la vaciante para llenar; y con las dos últimas horas de vaciante se restituyesen últimamente a bordo.

…También lograríamos ocupar con mucha economía de tiempo, la maestranza de ambas corbetas en un solo buque; la cantidad, y la excelencia de los cedros del Realejo, Amapala, y San Blas, nos daría lugar a innovar la de la Atrevida con igual facilidad en cualquiera de esos puertos, a donde los objetos de la hidrografía, e historia natural nos detuviesen por diez o quince días.

No se perdió pues un instante, para encargar el preciso acopio de maderas, disponer de la fragua, emplear algunos aserradores, y aún entre ellos ocupar dos marineros, que insensiblemente adquirieran la práctica precisa de ese arte. Se puso el cargo de este ramo al cargo del Teniente de Navío Valdés, y se le encargó que unánime con el contador de la Descubierta, procurase adaptar así para la lista de los operarios, cono para el empleo, y compra de maderas el método más prolojo de la ordenanza de arsenales.

7, 8 y 9 octubre.

…un temblor no indiferente que pudo percibirse aún a bordo a las tres de la arde del día 7, atemorizó algún tanto los ánimos de los pocos expertos en este azote de la naturaleza. En la mañana del 8, los Sres. Valdés, Haenke y Arias hecha con el auxilio de las mareas una excursión al río Daule, regresaron a bordo al medio día, no menos complacidos de la amenidad del sitio, que habían recorrido, que de las nuevas adquisiciones así de aves, como de plantas, que traían para la historia natural. Tuvimos también a bordo un lagarto, caimán, o cocodrilo vivo, cuya descripción, extendida también a algunos objetos astronómicos, ocupó la atención prolija del Sr. Haenke.

Se permitió a un trozo de ambas marinerías el arbolar un buque mercante, que acababa de carenar; y puesto que hasta aquí la conducta de todos había sido quieta, se les facilitaron más y más las ocasiones de esparcirse lícitamente sin alborotos u escándalos.

10 octubre.

Ya en la tarde del lunes tuvimos la satisfacción de ver reunidas ambas lanchas, que como se dijo, se habían dirigido a Babahoyo, ya la Puna. Don Juan Vernaci había observado Latitud, y Longitud de Babahoyo, había adquirido varias noticias importantes, sondado en diferentes pates del río, y auxiliado las medidas de Don Antonio Pineda, quien muy luego se había encaminado al Chimborazo. Le había sido no obstante inasequible la vista del cerro indicado, por las cerrazones continuas, a que nosotros mismos habíamos estado continuamente expuestos aquí, y por consiguiente aún no alcanzábamos la deseada reunión de nuestras tareas con las de la mediana de Quito.

11 octubre.

Fueron algo menos felices, en esta, de lo que había sido en las noches anteriores, nuestros oficiales astrónomos, pues en un corto intervalo en que los cielos, y horizontes estuvieron claros, dedujeron por diferentes alturas meridianas al N, y al S. la Latitud del observatorio de 2º 12’ 18’’ convenía exactamente con las observaciones de los Sres. Juan y Ulloa, la pequeña diferencia era exactamente la misma, que debía dar las diferentes posiciones de los observatorios, el uno en ciudad vieja, y el otro en ciudad nueva….

12 y 13 octubre.

En los siguientes días progresaron mucho nuestros acopios de historia natural. El cirujano, y algunos oficiales de la Atrevida en una canoa, Don Fernando Quintano, y yo en un bote habíamos hecho diferentes excursiones útiles, y al mismo tiempo, ya el alcalde de Bava país interno en esta provincia había hecho una remesa no indiferente así de aves como de plantas salutíferas. Procuraban sujetarse a la pintura todas las especies menos conocidas, para cuyo intento en todo lo que no se corresponde a la botánica, nos fue muy útil Josef Cardero un criado de los oficiales, quien ya también en paraje oportuno había con el auxilio de la cámara oscura tomada una vista agradable de las inmediaciones de Guayaquil.


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Segundo comandante de la corbeta: Descubierta R. O. del 15 de Julio de 2014.


30 Ago 2014 18:07
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com