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 La Hermandad de las Marismas. 
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Nuevo mensaje La Hermandad de las Marismas.
La “Hermandad de las Villas de la Costa” o Hermandad de las Marismas, como mejor se la conoce, fue, como su propio nombre indica, una gran cofradía de marinos y comerciantes de villas de la costa nororiental del Reino de Castilla (Cantabria, Vizcaya y Guipúzcoa). La fecha oficial de su fundación fue el sábado, 4 de mayo de 1296, en la villa de Castro-Urdiales , pasando ésta a ser la sede oficial de la Hermandad, y a la “Carta fundacional” se adhirieron los concejos de Santander, Laredo, Castro-Urdiales, Bermeo, Vitoria, Guetaria, San Sebastián y Fuenterrabía. Un año más tarde se integraría San Vicente de la Barquera. La participación de la villa de Vitoria se debió al hecho de ser el centro de las exportaciones e importaciones del comercio castellano a través de los puertos vascos.

Las razones de la creación de esta alianza de puertos castellanos son una serie de hechos relacionados entre sí. Por una parte, las hostilidades en curso entre Eduardo I de Inglaterra y Felipe IV de Francia iniciadas dos años antes de la creación de la Hermandad supusieron una amenaza para el tráfico y comercio marítimo entre las villas de la costa de Castilla y los puertos de Inglaterra, Flandes, Normandía y Bretaña. Un año antes, en 1295, dentro de las acciones emprendidas por Felipe IV de Francia para potenciar su fuerza naval requisa todas las naves que puede en los puertos del Condado de Flandes (feudatario del rey de Francia), incluyendo entre diez y quince castellanas. Por otra parte, la rivalidad comercial existente entre los puertos castellanos y el de Bayona, perteneciente a la región de Gascuña en el Ducado de Aquitania (posesión de Eduardo I de Inglaterra) lleva a que, en ese mismo año de 1295, naves castellanas capturasen a la bayonesa Sainte Marie, que venía de África. Temiendo represalias del rey inglés por esta acción (los bayoneses eran súbditos de Eduardo I), los puertos castellanos deciden aliarse. A estos hechos hay que sumar el que, el mismo año de la creación de la Hermandad en 1296, Felipe IV de Francia inicia el bloqueo naval de Inglaterra. Algunos autores han querido ver en la “Carta fundacional” de la Hermandad de las Marismas una declaración de neutralidad de cara a la guerra existente entre Francia e Inglaterra y con vistas a asegurarse el libre tránsito y comercio con los puertos de los dos reinos en lucha.


18 May 2008 00:41
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A las razones anteriormente descritas hay que añadir los antiguos pleitos que las villas de la costa mantenían con nobles, abades y los propios reyes de Castilla respecto a la pretensión de unos y otros de cobrar diezmos en estas villas. En 1295, con la proclamación de Fernando IV como Rey de Castilla a la edad de nueve años, la regencia del reino durante su minoría de edad ostentada por su madre, María de Molina, pretendió nuevamente que los puertos del norte de Castilla pagasen diezmos, teniendo que desistir de ello ante las protestas y rechazo de los concejos de estas villas.

Durante los 198 años de existencia de la Hermandad de las Marismas hasta su disolución en el año 1494, en el que los Reyes Católicos centralizan todo el comercio marítimo en el Consulado de Burgos el 21 de julio de ese año, las gestas protagonizadas por sus marinos son numerosas, en especial las llevadas a cabo por las villas cántabras. El peso de estas últimas en la Hermandad fue notorio ya que las distintas villas también actuaban de forma autónoma dentro de esta organización, como seguidamente relataré.


18 May 2008 00:46
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En el año 1306 las villas de Santander, Laredo y Castro-Urdiales pactan una tregua de dos años con sus rivales de Bayona. El 28 de junio, el rey Eduardo I de Inglaterra aprobaba este acuerdo y la cláusula decía así: <<Sciatis quod cum vos, propter dampnum et pericula evitanda, quae evenire posent et discordiis et contentionibus, quae fuerunt inter vos, et homines Villarum de Castro Durdiales, de Sancto Andero et de le Redo, de regno Castellae, treguas inientis cum hominibus dicti regni, duraturas a festo Nativitatis Sanctis Johannis Baptistae próximo, per duos annos próximo sequentes completos sunt per vestras litteras nobis significastis.>>

Se puede observar que las villas cántabras pactan directamente con sus rivales sin la intervención real, prueba de la gran libertad de acción que tenían con respecto a la Corona de Castilla.


18 May 2008 00:49
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Terminada la tregua de dos años entre las villas cántabras y Bayona, el día siguiente a San Bartolomé del año 1307 y en el puerto inglés de Southampton, los cántabros asaltan tres naves de Bayona, apoderándose de las mercancías que llevaban. Y no sólo esto, sino que depredaron la residencia de Guillermo Arnaldo de Campania. Los hombres que servían a éste resistieron como pudieron pero los cántabros dieron muerte a un sobrino suyo y el mismo Guillermo Arnaldo a duras penas pudo escapar, perdiendo mil libras que los cántabros encontraron en su casa. El nuevo rey inglés Eduardo II se queja, en carta fechada el 8 de enero de 1308 y dirigida al rey castellano Fernando IV, de esta osadía de los marinos cántabros: <<Cum itaque plures marinarii et piratae de villis Sante-Ander, Urdialis, de Laredo at aliunde de domino et potestate vestra, qui in crastino Sancti Bertolomei próximo praeterito, in porto nostro de marítima in terra nostra Xanton – Southampton-, ubi jurisditio omnímoda et pacis conservatio ad nos spectant, a quibusdam hominibus nostris de Baiona tres naves suas, necton bona et mercimonia sua magni pretii, in eisdem navibus inventa, nequiner abstulerant.>> Esta acción de los marinos cántabros suena parecida a las antiguas depredaciones de los vikingos en tierras sajonas.

En otra carta del 14 de mayo de ese año y también dirigida al rey castellano, Eduardo II invoca el tratado firmado entre ambos reinos, en tiempos del rey Sancho IV, para que sean indemnizados los comerciantes de Bayona perjudicados por las depredaciones de los puertos castellanos.


18 May 2008 00:53
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Hay que destacar que, en la época en la que se desarrollan estos hechos, principios del siglo XIV, tanto la monarquía inglesa como la francesa no ahorran esfuerzos para intentar atraerse a la Corona de Castilla como aliada, con la intención puesta en contar con el auxilio y apoyo de la que era, en ese tiempo, la más potente fuerza naval del Atlántico, la Marina de Castilla. Estos esfuerzos quieren culminar, finalmente, en enlazar las estirpes reales de las dos Coronas europeas con la Casa Real de Castilla. Al mismo tiempo, la monarquía castellana tiene que hacer sus propios esfuerzos para mantenerse neutral en las disputas entre Francia e Inglaterra.

Fernando IV de Castilla, en carta fechada el 15 de abril de 1309, en Toledo, y dirigida al rey inglés Eduardo II, manifiesta sus deseos de paz y argumenta que es el diablo quien enreda tales discordias entre sus respectivos súbditos. Nombra entonces, como representantes suyos, al caballero Juan Díaz de Guadalfarjara y al consejero real Fernando González de Frías, con la intención de terminar con las contiendas entre sus súbditos de los puertos del norte de Castilla y los del rey inglés de Bayona. La carta y credenciales de los embajadores castellanos estaba dirigida de esta forma: <<Hinc est quod super facto contentionis et discordie, jam aliquandin habitae diabolo iustigante inter cestros homines de Baiona et qyosdam alios de terra domini vestri ex parte una, et homines nostros de Castro, de Sancto Emeterio et de Laredo, et quosdam alios de regnis nostris discretos viros. Johannem Didaci de Guadalfaira militen et vasallum nostrum ac Fernandum Gonsalsvi de Frias familiaren nostrum, ezhibitores praesentium, voluntatis nostrae conscios; in hac parte, cum pleno mandato nostro, ad serenitatem vestram rogamus et petimus in hiis, quae super praemissis ex parte nostra referenda duxerit, fidem credutam et plenaria adhiberi>>.

Los esfuerzos de paz de Eduardo II de Inglaterra y Fernando IV de Castilla culminan en un acuerdo rubricado en Bayona el 16 de julio de 1309 entre los representantes castellanos de Fernando IV y los de esa villa, representados por los procuradores Raymundo Durandi de Villa y Arnaldo de Muta.


18 May 2008 18:46
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Pero pocos años más tarde, la rivalidad comercial entre los puertos castellanos y Bayona vuelve a aflorar. El 24 de mayo de 1317, en una carta dirigida a su senescal en Gascuña, Eduardo II de Inglaterra se vuelve a quejar por las depredaciones cometidas por los marinos cántabros contra los de Bayona.

Por esa época, la política exterior castellana estaba íntimamente ligada a la Hermandad, por lo que, en 1317, los tutores de Alfonso XI envían a Francia a don Gonzalo de Hinojosa, obispo de Burgos. El 8 de noviembre de ese año, en París, se estipulaba un pacto de amistad entre Francia y Castilla en base a un matrimonio entre el rey niño con la princesa de Francia. Aun así, el rey ingles sigue ansiando enlazar su estirpe con la castellana, deseando el matrimonio del rey niño Alfonso XI de Castilla con una de sus hijas. Así lo expresa en una carta dirigida a los tutores del castellano el 18 de enero de 1325, además de hablar de auxilio militar. El 16 de febrero siguiente, Eduardo II propone una confederación con Castilla.

Derrocado Eduardo II de Inglaterra en 1327, le sucede su hijo Eduardo III y éste, con más empeño, sigue procurando la amistad de Castilla por los acontecimientos bélicos que se prevén próximos, pues en Francia, el nuevo rey Felipe VI de Valois, sobrino de Felipe IV, inaugura una nueva dinastía al quedar extinguida la línea masculina de los Capetos y ser rechazada la candidatura de Eduardo III de Inglaterra, nieto de Felipe IV de Francia por vía materna, al estar en vigor la Ley Sálica, lo que conducirá, diez años más tarde, al inicio de lo que hoy se conoce como Guerra de los cien años.


20 May 2008 23:29
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En 1328, el mismo año en que accede al trono de Francia Felipe VI de Valois, el rey de Inglaterra se queja, el 5 de enero y el 5 de marzo, a Alfonso XI de Castilla, por las piraterías cometidas por los marinos de la Hermandad. Pero siguiendo con sus tentativas de procurar la alianza con Castilla, el 4 de junio de 1335 envía a este reino a Bernard Ezi II, señor de Albret; a Willian Fitz-Warin y al maestre Gerad du Puy con el fin de que negocien el matrimonio de la princesa Isabel, primogénita del rey inglés, con el infante don Pedro, heredero del trono de Castilla.

Como ya comenté anteriormente, las pretensiones de tener a Castilla como aliada, tanto de ingleses como de franceses, se debía al deseo de contar con la que era la más potente fuerza naval de la época, la Marina Castellana, ya que Francia no contaba con escuadra propia y tenía que recurrir a las flotas genovesas de los Doria y Grimaldi, mientras que Inglaterra, además de contar con escasas naves, también tenía un almirante genovés, Uso di Mare.

Un año después de las gestiones de Eduardo III ante Castilla, Felipe VI de Valois envía a la corte castellana al arzobispo de Reims, Jean de Vienne, consiguiendo que Alfonso XI nombre como plenipotenciario a Fernán Sánchez, su Notario Mayor, el cual se traslada a París. El 13 de diciembre de 1336 comienzan las negociaciones, que concluyen el 27 del mismo mes con un tratado de alianza. Felipe VI lo aprueba en febrero de 1337 y Alfonso XI, en Sevilla, el 18 de agosto del mismo año. Por la misma época y desde la corte castellana, Jean de Vienne hace fracasar las gestiones inglesas del 8 de marzo de 1337 y del 8 de enero de 1338.

Este tratado castellano-francés ha sido calificado de trascendental por algún historiador, como Georges Daumet, ya que, en sus líneas generales, permanecerá vigente durante más de un siglo.

Desde 1338 Felipe VI de Valois empieza a recibir contingentes armados que le llegan de Castilla, y sobre todo un socorro de navíos. Pero al año siguiente, escaso de fondos, licencia la flota castellana. Al saberlo, Eduardo III de Inglaterra ataca con su escuadra a la francesa y gana el combate de l´Ecluse o la Esclusa, el 24 de junio de 1340, una de las grandes victorias inglesas de la Guerra de los cien años.


20 May 2008 23:37
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En enero de 1347, un año después de la derrota terrestre francesa de Crécy, Felipe VI de Valois negociaba una nueva ayuda de Castilla, estipulando el número de naves, sueldo de las tripulaciones y demás gastos de la Armada. Al final, el rey francés tuvo que pagar 40.000 florines de Florencia a los patronos castellanos, pero la flota no pudo llegar a tiempo para socorrer a los sitiados habitantes de Calais por el ejército de Eduardo III, por lo que, el 3 de agosto, la ciudad terminó rindiéndose.

Tres años más tarde, el 29 de agosto de 1350, una escuadra inglesa comandada por el mismo Eduardo III, junto con su hijo el Príncipe de Gales y el conde de Richmond, intercepta a una flota mercante castellana dirigida por Carlos de la Cerda que volvía de regreso de Flandes, a la altura de Whinchelsea. Los últimos estudios cifran en unas 54 las naves inglesas de distintos tipos, mientras que las castellanas sumaban unas 40, incluidas cinco naves inglesas apresadas de camino a Flandes. A pesar de que la flota castellana va cargada de mercancías y cuenta con la ventaja de tener el barlovento, con lo que hubiese podido rehuir el combate, ésta traba combate con la escuadra inglesa. Al final, debido a la superioridad numérica inglesa, la flota castellana no tiene más remedio que abrirse paso para evitar una catástrofe completa, dejando atrás unas 14 naves capturadas más otras tres hundidas, mientras que los ingleses pierden cinco, entre ellas las dos más grandes, la Thomas, en la que embarca Eduardo III y la del Príncipe de Gales. La escuadra inglesa resultó tan dañada en el combate que desistieron en perseguir a la castellana y, de regreso a Whinchelsea, se les hunden cuatro naves propias más otras seis castellanas capturadas. Con todo, las pérdidas humanas ascienden a unos 1.100 hombres por parte inglesa y unos 1.600 por la de Castilla.

Pero este combate naval de Whinchelsea trajo aparejada una consecuencia sorprendente. El 11 de noviembre de ese mismo año Eduardo III solicita la presencia de representantes de la Hermandad de las Marismas en el puerto de Swyne con el propósito de concertar un tratado de paz. Todo un rey de Inglaterra y Gales, señor de Irlanda, duque de Aquitania y que también se auto-titula rey de Francia pactando directamente con la Hermandad, prueba del poderío y de la autonomía que llegó a alcanzar esta organización. El tratado ostenta la fecha del 1 de agosto de 1351 y lo firman, en Londres, los representantes de las villas de la Hermandad Juan López de Salcedo, Diego Sánchez de Lupart y Martín Pérez de Galdeano.


25 May 2008 22:57
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El mismo año del combate naval de Whinchelsea sube al trono castellano Pedro I, último rey de la Casa de Borgoña. Éste, al repudiar a su esposa, doña Blanca de Borbón, sobrina del rey de Francia Juan II, consigue que sus aliados franceses apoyen a su hermanastro Enrique de Trastámara en las revueltas y posterior guerra civil que se desataría en Castilla durante todo su reinado. Este apoyo se traduciría en las llamadas Compañías Blancas formadas por mercenarios y mandadas por el famoso caballero bretón Bertrand du Guesclin o Beltrán Duguesclín.

Muerto Pedro I a manos de su hermanastro Enrique de Trastámara en 1369, este último es coronado rey como Enrique II de Castilla, el cual sigue apoyado por el nuevo rey de Francia, Carlos V, en su lucha contra el pretendiente al trono castellano Fernando I de Portugal. El agradecimiento a este apoyo se traducirá, en junio de 1372, en el envío, por parte del rey de Castilla, de una escuadra formada por diez naves gruesas y doce galeras a la sitiada ciudad de La Rochelle o La Rochela en manos inglesas, con el propósito de impedir que estos últimos pudiesen abastecer y desembarcar refuerzos para rechazar el asalto de las tropas del rey de Francia.

El día 21 de junio de 1372, la flota castellana enviada en ayuda del ejército francés que sitiaba La Rochelle tuvo una escaramuza con la inglesa en el exterior de este puerto. La flota de estos últimos, además de contar con unas 14 naves de carga, estaba compuesta por unas 36 naves con gente de guerra a las órdenes del conde de Pembroke, yerno del rey de Inglaterra. En la flota castellana, comandada por el almirante genovés Ambrosio Bocanegra, se contaban los capitanes Fernán Ruiz Cabeza de Vaca y Ruy Díaz de Rojas. Después de concluida la escaramuza, y tras haber estudiado la situación, el almirante castellano da por finalizada la jornada y se retira, sabedor de su inferioridad numérica, por lo que decide esperar al día siguiente para sacar el mejor partido a sus galeras.

La verdadera batalla se libra el 22 de junio cuando, al producirse la bajamar, el almirante Bocanegra ordena lanzar brulotes contra la varada escuadra inglesa que no pudo maniobrar para evitarlos. Al mismo tiempo, las galeras castellanas, aprovechando su menor calado e independencia del viento, se introdujeron entre la escuadra inglesa lanzando artificios incendiarios y abordando las naves inglesas que no habían resultado incendiadas. La victoria castellana fue total, pues todas las naves inglesas resultaron destruidas o apresadas, además de hacer prisioneros al conde de Pembroke, 400 caballeros y 8.000 soldados. Durante el viaje de regreso a la villa de Santander con Lord Pembroke y otros setenta caballeros cautivos, aún se apresaron otras cuatro naves inglesas a la altura de Burdeos. Los prisioneros fueron llevados a Burgos, a la presencia del rey Enrique, el cual entregó al conde de Pembroke a su aliado el condestable francés Bertrand du Guesclin.


02 Jun 2008 00:13
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Carlos V de Francia solicita al rey castellano una segunda expedición para apoyar el sitio de La Rochelle. Esta vez, Enrique II de Castilla confía el mando de la escuadra a su capitán Ruy Díaz de Rojas, el cual parte rumbo a la plaza sitiada con cuarenta naves y ocho galeras. Durante el asedio es capturado Jean de Grailly, captal de Buch, o señor del País de Buch, comarca de Gascuña y, por lo tanto, feudo del rey de Inglaterra. Finalmente, la plaza es conquistada el ocho de septiembre de 1372.

Un año más tarde los ingleses quebrantan una tregua, apresando en Saint-Malo siete naves castellanas y dando muerte a sus tripulantes. En represalia, Enrique II de Castilla ordena armar una escuadra y 80 naos castellanas logran capturar y destruir 85 del rey de Inglaterra a la altura de La Rochelle. Los supervivientes prisioneros también fueron ejecutados.

Dos años más tarde Enrique II nombra nuevo almirante de Castilla a su Guarda Mayor Fernando Sánchez de Tovar, señor de Gelves, mediante privilegio fechado en Segovia el 22 de septiembre de 1374. Ese año, el rey le ordena dirigirse hacia las costas inglesas al mando de 20 galeras, a las cuales se unen posteriormente otra escuadra francesa a las órdenes del almirante Jean de Vienne. La flota combinada recorre el Canal de la Mancha asaltando todas las naves enemigas que encuentran a su paso, llegando incluso a desembarcar en la isla de Wight para saquearla. El Canal de la Mancha se hizo intransitable para las naves inglesas, por lo que, un año más tarde, el rey Eduardo III solicita una tregua. Hasta ese momento, la flota castellana también colabora en el sitio de Saint Saveurle-Vicompte, conquistada el 21 de marzo por las tropas del condestable Du Guesclin.


05 Jun 2008 22:50
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A la negociación de la tregua, Enrique II de Castilla envió como representantes al obispo de Salamanca, don Alfonso Barrasa, y a su Camarero Mayor, Pedro Fernández de Velasco, quienes embarcaron en tres naves en el puerto de Bermeo rumbo a La Rochelle. Durante la travesía capturaron dos barcos procedentes de Burdeos a las órdenes del señor de Lasparre, vasallo del Príncipe Negro y, en tanto que el obispo de Salamanca continuó viaje hasta Brujas, el Camarero Mayor regresó con los prisioneros. El obispo Barrasa no llegó a tiempo a la firma de la tregua, que tuvo lugar el 27 de junio de 1375, aunque sí se adhirió a ella.

La Tregua no trajo la paz deseada, al menos en el mar, pues continuaron los combates. Así, el 10 de agosto, naves castellanas incendiaron varios navíos de Burdeos y Bayona que se hallaban en la rada de Bourgneuf, en represalia de un ataque inglés algo anterior en Saint-Malô.

Expirada la tregua en mayo de 1377, Jean de Vienne, al mando de 35 naves, y Sánchez de Tovar, con 13 galeras, congregados ambos en el puerto de Harfleur junto con 5.000 hombres prosiguen su hostigamiento a las costas inglesas saqueando e incendiando la población de Wallsinghan y causando daños en las de Rothingham y Dover. Al no lograr sus propósitos en Calais atacan Lewes, Folkestone, Portsmouth, Yarmouth, Plymouth, Hastings y Rye, esta última base de corsarios, lo que produjo un considerable botín. En agosto le tocó el turno a la isla de Wight y a Winchelsea. Un año más tarde, la flota combinada derrota a otra inglesa ante Cherburgo, que está en manos de estos últimos.

Muerto Enrique II de Castilla en mayo de 1379 le sucede su hijo Juan I, quien confirma a Sánchez de Tovar en su puesto de almirante pero al que no le confía el mando de la expedición de ocho galeras destinada a prestar ayuda a los franceses en su campaña contra el ducado de Bretaña. Durante la misma, fueron capturadas cuatro naves inglesas, consiguiendo la rendición del castillo de La Roche-Guyon en la desembocadura del Loire la noche del 22 al 23 de agosto.


10 Jun 2008 00:36
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Pero en el verano de 1380 el almirante Sánchez de Tovar vuelve a comandar una escuadra compuesta por veinte galeras, de las cuales tres son de su propiedad y otras diez pagadas por el rey de Francia, Carlos V, reuniéndose el 8 de julio con el almirante francés Jean de Vienne en el puerto de La Rochelle. Este último, antes de la llegada de los castellanos había arrasado las islas de Jersey y Guernesey.

La estrategia de esta campaña fue la misma que la de tres años antes, desarrollándose en dos fases. En la primera saquean de nuevo la isla de Wight, Hastings, Portsmouth y Winchelsea, donde esta vez derrotaron y pusieron en fuga a las tropas del abad de Battle, retornando a Harfleur. Después de aprovisionar naves y tripulaciones, Sánchez de Tovar y Jean de Vienne decidieron atacar la capital del enemigo. El 24 de agosto zarparon de Harfleur, comenzando la segunda fase de la campaña en la que las galeras remontaron el Támesis incendiando sus almacenes y la villa de Gravesend. El cronista y canciller Pedro López de Ayala en la Crónica de D. Juan I expresaba de esta manera la hazaña de la flota combinada: <<Ficieron gran guerra este año por la mar, e entraron por el río Artamisa fasta cerca de la cibdad de Londres, a do galeas de enemigos nunca entraron>>.


13 Jun 2008 23:01
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Las acciones de la flota castellana en los siguientes años del reinado de Juan I se dirigen en el contexto de la guerra que se produce con Portugal en 1381, al atacar su rey Fernando I e iniciar la que sería su tercera guerra con Castilla, pues la anterior se terminó en 1373 al sellarse la paz con el Tratado de Santarem. Estas tres guerras se producen por la pretensión de Fernando I de tener derechos al trono de Castilla.

Pero en esta ocasión Fernando I de Portugal cuenta con la ayuda inglesa, gracias a la alianza que sella ese mismo año con el nuevo rey de Inglaterra, Ricardo II, nieto de Eduardo III, hijo del Príncipe Negro (muerto sin llegar a reinar) y sobrino del duque de Lancaster, este último también pretendiente al trono de Castilla desde su matrimonio con Constanza, hija de Pedro I de Castilla, en 1371. Esta ayuda inglesa se traducía en la promesa de hacer desembarcar en Lisboa un contingente de dos mil hombres a las órdenes del conde de Cambridge para apoyar las operaciones terrestres de las tropas portuguesas.

Para impedir que el contingente de ayuda inglés fuese interceptado en alta mar por la flota castellana, y sabedor el monarca portugués de que esta última contaba con 17 galeras con base en Sevilla, armó una escuadra compuesta por 23 galeras al mando de su cuñado, Juan Alfonso Tello, conde de Barcellos, con la intención de bloquear la desembocadura del Guadalquivir e impedir todo movimiento de la flota castellana. Sin embargo, al mismo tiempo que zarpaba la escuadra portuguesa a mediados de julio, hacía lo propio la castellana al mando de Sánchez de Tovar, saliendo a mar abierto y poniendo rumbo noroeste.


15 Jun 2008 19:57
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El día 17 de julio de 1381 las dos escuadras se avistaron frente a las costas del Algarve navegando en sentidos opuestos. Tras evaluar la situación, el almirante castellano consideraría muy improbable conseguir una victoria en semejantes circunstancias, por lo que ordenó virar y regresar a puerto. La escuadra portuguesa, no queriendo dejar escapar una presumible victoria, inició la persecución de su oponente. Sánchez de Tovar ordenó entonces a sus hombres remar a un fuerte ritmo, obligando de esa manera a que sus perseguidores también tuviesen que aumentar el esfuerzo para reducir distancias. Trascurridas unas dos horas de boga, el agotamiento, la sed y el calor del verano propiciaron que muchas de las naves portuguesas se quedaran rezagadas.

Ocho de esas naves, al pasar frente a la pequeña isla de Saltés, en la desembocadura de la ría de Huelva, de detuvieron a destruir los bienes de los pescadores de la zona, pretendiendo así eliminar la competencia que estos suponían para sus homólogos de Portugal. Al percatarse de esta acción, Sánchez de Tovar detuvo su escuadra y, descansando lo justo, ordenó seguidamente virar en redondo y atacar en formación al enemigo, acometiendo con gran fuerza a las galeras de vanguardia rindiéndolas fácilmente. El resto de las galeras portuguesas iban llegando de una en una, lo que posibilitaba su captura por los castellanos sin gran dificultad.

Esto hecho condujo a que un capitán de la escuadra portuguesa, Alfonso Añes, aconsejase al almirante portugués que ordenase parar la boga y reagrupar las naves para poder también atacar en formación. Pero entonces el portugués se encontró en la disyuntiva de, por una parte, ordenar remar lo más rápido posible con el fin de arribar cuanto antes a la batalla y poder ayudar a las galeras propias que ya estaban librando combate (y de esta manera evitar una más que previsible derrota) pero con el consiguiente cansancio físico para enfrentarse en condiciones óptimas a los castellanos, o bien reagrupar sus naves, lo que podría dar lugar a que la escuadra castellana pudiese rehuir de nuevo el combate y volviese a aumentar distancias, lo que haría ya muy improbable su alcance y destrucción.

El almirante portugués, que poseía escasa experiencia militar, juzgaría más prioritario alcanzar cuanto antes a los perseguidos, pensando tal vez que, de hacer caso a la sugerencia de su capitán, la escuadra castellana podría evadirse y arrebatarle un triunfo que ya daba por seguro y con el que deseaba retornar a Lisboa. Al final, sólo una de las 23 galeras portuguesas, que dio media vuelta y no se sumó al combate, se libró de ser capturada por la escuadra castellana, la cual regresó a Sevilla con sus 22 presas, siendo recibida allí con gran júbilo.


15 Jun 2008 20:01
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En la primavera del año siguiente al combate naval de Saltés estaba de nuevo Sánchez de Tovar ante Lisboa al mando de la escuadra de galeras, reforzada con 26 naos de la Hermandad de las Marismas. En esta ocasión la flota castellana no se limitó a interceptar naves enemigas, sino que realizó desembarcos en los arrabales de la ciudad, saqueando e incendiando casas y cultivos.

Ese mismo año de 1382 Portugal acuerda la paz con Castilla, estipulándose que Beatriz, la heredera de Fernando I de Portugal, casara con el rey Juan I de Castilla. Muerto el monarca portugués en octubre del año siguiente sin descendencia masculina, el rey de Castilla reclama el trono vacio, pero siguiendo los deseos de la nobleza portuguesa, Juan, maestre de la Orden de Avís y hermano bastardo del difunto rey, reclama también el trono portugués.

En mayo de 1384 el monarca castellano decide conquistar Lisboa poniendo cerco a dicha ciudad por tierra y mar. De lo segundo se encargaría Sánchez de Tovar al mando de unas 40 naves, entre galeras y naos, estas últimas a las órdenes de Pero Afán de Rivera, Adelantado Mayor de Andalucía. La única posibilidad de los sitiados de prolongar la resistencia pasaba por recibir víveres, y estos sólo podía proporcionárselos la escuadra portuguesa refugiada en Oporto, a las órdenes de Gonzalo Rodríguez de Sousa, rompiendo el cerco.

En junio, el capitán Ruy Pereira decidió intentarlo. Tras partir de Oporto y cargar las provisiones en Cascais, el día 17 enfiló el Tajo para realizar la misión. La formación se componía de una vanguardia de cinco naos (cuatro gruesas y una reforzada en punta, capitaneada por el mismo Pereira), un centro de 17 galeras y una retaguardia de 12 barcos cargados con los abastecimientos. Salió a su encuentro la flota castellana, y se produjo un choque entre ambas vanguardias, en el que los contrincantes se batieron con ferocidad. La San Juan de Arenas, capitana de Castilla en la que iba Sánchez de Tovar, abordó a su homóloga portuguesa. De igual forma se dio la lucha entre las demás naves, aferrándose unas a otras. El resultado de esta intensa pelea fue aparentemente favorable a los castellanos, pues hundieron cuatro naos y causaron casi 2.000 bajas al enemigo. Sin embargo, al tiempo que se dirimía este enfrentamiento, las galeras portuguesas avanzaban hacia el interior de la ensenada escorándose progresivamente hacia la costa, protegiendo de este modo a los cargueros que navegaban a continuación. Y finalmente éstos, aprovechando la confusión reinante en el punto de combate, consiguieron tocar tierra y entregar sus preciadas mercancías a la guarnición lisboeta. Pereira sabía que tendría que sacrificar parte de su formación para cumplir con el objetivo (en el fondo logístico) que se había propuesto, y obró en consecuencia. A la postre, la operación fue decisiva para el desarrollo de la guerra, pues de haber capitulado la ciudad (cosa que estaba muy cerca de ocurrir) se habrían multiplicado las posibilidades de victoria definitiva para Juan I de Castilla.

No obstante, Sánchez de Tovar no se dio por vencido, y habiendo reunido una fuerza de hasta 61 naos y carracas, 16 galeras y varios leños menores, un mes más tarde lanzó una ofensiva contra el adversario. El 27 de julio ejecutó una operación anfibia de llegada al litoral, desembarco y ataque incendiario, pero la sólida defensa lisboeta, que se valió de barcos barrenados y estacas para formar una barrera, logró rechazar finalmente el asalto. Sin embargo, el almirante sí tuvo éxito, mediante esos mismos medios navales, en la toma del pueblo y la fortaleza de Almada, en la orilla sur del río y frente a Lisboa.

A pesar de todo lo acontecido, lo que realmente obligó al fin a los castellanos a levantar el sitio fue el brote de peste que surgió en sus posiciones y que mermó gravemente a sus tropas.

El desenlace final fue la batalla de Aljubarrota en agosto de 1385 en donde figuran, entre las tropas castellanas, el embajador francés Juan de Rye y otros combatientes de ese país, mientras que en el campo del condestable portugués Nuno Alvarez Pereira forman arqueros ingleses.


19 Jun 2008 00:33
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Las hostilidades con Portugal se vuelven a reanudar en 1396, siendo Enrique III el nuevo rey de Castilla, cuando el monarca portugués ataca la ciudad de Badajoz el 12 de mayo. En la mar, la primera acción se produce cuando dos grandes naos portuguesas son asaltadas por corsarios castellanos a la altura del cabo San Vicente. A finales del verano de ese año, el nuevo Almirante de Castilla Diego Hurtado de Mendoza, señor de Tendilla, Cogolludo, Loranca de Tajuña y del Real de Manzanares, reunida una flota de 55 naves andaluzas y cantábricas en el puerto de Sevilla, zarpa de este puerto, presentándose ante Lisboa y saqueando sus arrabales y poblaciones vecinas.

La reacción portuguesa en el mar no se hizo esperar. En la primavera de 1397 naves lusitanas irrumpieron en la bahía de Cádiz sorprendiendo a sus pobladores. Después de saquear la ciudad destruyeron los muelles.

La respuesta castellana no tardó en producirse. Diego Hurtado de Mendoza, al mando de cinco naves, atacó durante el mes de mayo en aguas del Estrecho una flotilla portugues de siete galeras que regresaba de Génova transportando armas y pertrechos para los portugueses. La sorpresa fue completa y la derrota de los portugueses total, porque sólo dos de las embarcaciones escaparon del desastre, cuatro fueron apresadas y la última encallada. El almirante regresó a Sevilla con las presas capturadas, cargado de prisioneros y de un espléndido botín.


21 Jun 2008 18:23
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Por esa época, los ataques del corso berberisco aumentan en aguas del Estrecho de Gibraltar, siendo Tetuán la principal base de la zona, por lo que en 1400 Enrique III de Castilla decide enviar una escuadra para neutralizar la actividad corsaria de ese puerto, produciéndose un desembarco de la expedición castellana que ataca y arrasa la ciudad.

Cuatro años más tarde, y siguiendo con su política de eliminar las actividades corsarias en el Estrecho de Gibraltar, el rey de Castilla encarga una nueva expedición a un antiguo compañero de juegos de la infancia, Pero Niño de la Vega, cuya madre Inés Lasso de la Vega fue nodriza real durante la infancia del monarca castellano.

En el puerto de Sevilla se armaron dos galeras y una nao de apoyo. Una galera al mando directo de Pero Niño, la otra al de su primo Fernando Niño y la nao al de su propietario, Pero Sánchez de Laredo, tripulada con sus propios hombres.

La expedición zarpa en mayo de 1404 poniendo rumbo al Estrecho de Gibraltar. Una vez atravesado, la nao mantiene su rumbo este y las dos galeras se separan para acercarse a la costa y navegar paralelo a ella. Las naves se vuelven a reunir finalmente en Cartagena, en donde Pero Niño establece su base de operaciones. Pero su primer objetivo no sería la búsqueda de naves corsarias como se estableció inicialmente, sino las costas del norte de África. Tras navegar varios días a lo largo de ella sin encontrar ninguna nave, estando ya frente a la costa de Argelia, Pero Niño decidió desembarcar en las proximidades de una población que llamaron Alcoçévar (algún lugar entre Orán y Ghazaouet) para reponer agua potable. Mientras realizaban esa tarea, la expedición tuvo un enfrentamiento con saldo victorioso con un contingente de jinetes berberiscos, tras lo cual reembarcaron para iniciar el regreso. Después de varios días de buscar sin éxito naves musulmanas, a la altura de Orán, la expedición regresó a Cartagena.


24 Jun 2008 00:18
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Al mes siguiente, Pero Niño decide probar suerte de nuevo en las costas de Berbería, e informado de que el emir de Túnez armaba naves corsarias puso rumbo hacia esa ciudad, pero esta vez sin la nao de Pero Sánchez de Laredo. Las dos galeras llegaron primeramente a la pequeña isla de Gemolin (Zembretta), situada junto a la más grande de Gemal (Zembra), al oeste del cabo Bon, desembarcando las tripulaciones para descansar, reponer agua y situar vigías al acecho de naves que navegaran por la zona.

Tras pasar diez días sin avistar ninguna nave, Pero Niño decide partir de la isla al anochecer hacia el interior del Golfo de Túnez y dirigirse al puerto de esa ciudad. Tras adentrarse sigilosamente en la bahía descubren a una galera anclada a una legua del puerto, la cual es asaltada y capturada. Por lo prisioneros capturados, Pero Niño se entera de que más al interior de la bahía estaba fondeada la galeaza del emir de Túnez, por lo que navegan hacia ella con la intención de capturarla. Pero el ruido del recién librado combate había puesto en alerta a una carraca mercante genovesa que se encontraba en las inmediaciones, y ésta a su vez alertó a la galeaza del emir que se puso en movimiento tratando de buscar resguardo. Se inició entonces la persecución. La galeaza tunecina entró en el canal de La Goulette (La Goleta) hacía la ensenada interior del puerto, siendo seguida por las galeras castellanas que tuvieron que adentrarse de una en una dada la estrechez del paso. La de vanguardia se acercó a su presa hasta embestirla por popa, momento en que el mismo Pero Niño salta a ella armado de espada y adarga. El rebote alejó a la galera perseguidora e impidió al resto de los castellanos apoyar a su capitán. No obstante éste pudo defenderse hasta que en una nueva embestida los atacantes abordaron a la galeaza para rendirla finalmente. Sin embargo, al haber encallado ésta los castellanos no podían llevarse su presa, y al percatarse de la llegada de numerosos defensores por tierra cuando ya amanecía Pero Niño ordenó su abandono, no sin antes saquearla, transbordar a los prisioneros y prenderla fuego. En este abordaje, el almirante sufrió varias heridas, siendo la más grave la que le produjo una saeta en una pierna.

La retirada se complicó momentáneamente al estar igualmente embarrancada la galera de Pero Niño, pero se solventó mediante su remolque hacia fuera por la de su primo Fernando Niño.

Tras saquear e incendiar también su primera presa los castellanos se retiran a una posición alejada y segura en la que poder detenerse y descansar. El botín obtenido en esta incursión era básicamente material militar, al ser las dos embarcaciones abordadas de esta naturaleza. Estando en esa posición se les acercó una barca a remos con un emisario del emir de Túnez para averiguar la procedencia de los atacantes y rogarles que partiesen en paz, a lo que Pero Niño accedió.

Después de levar anclas la expedición prosigue la navegación bordeando la costa norteafricana hacia el oeste y pasando frente a Bona (Annaba) y Bugía. Pero transcurridas varias jornadas sin divisar ninguna nave berberisca Pero Niño decide regresar a Cartagena, donde arribó en el mes de julio, repartió el botín entre los hombres e hizo que se reparasen las naves. En el puerto se encontraba también Sánchez de Laredo, quien por su parte había hecho dos presas: un cárabo musulmán con valiosas mercancías y una pinaza fletada desde Sevilla por mercaderes barceloneses con destino a la ciudad condal.


25 Jun 2008 21:45
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El mes siguiente, después de reponer material y víveres, y a pesar de que la herida sufrida en la pierna por Pero Niño en la expedición anterior aún no ha curado del todo, sus dos galeras zarpan de nuevo hacia las costas de Berbería con el refuerzo de una galeota del puerto de Cartagena y otra aragonesa contratada. La tripulación de la nao de Sánchez de Laredo es repartida entre las galeras.

Durante la travesía hacia la zona de Orán la flotilla aborda al leño del mallorquín Joan Ripoll, que transportaba grana, cera, oro y plumas de avestruz para el mercader chueta Astruc Xibillí, enviado desde Orán también por sefarditas. Bajo el pretexto de ser de infieles los hombres de Pero Niño se apoderan de la carga y dejan marchar a Ripoll.

Una vez llegados a la zona de operaciones la flotilla fondea junto a las islas Alhavina (Habibas), a ocho millas al oeste de la localidad de Les Andalouses (Los Andaluces), al acecho de naves enemigas. Al no hallar ninguna Pero Niño decide atacar algún punto en tierra y llama a consejo a los patrones de las otras naves, a los que pregunta si conocen algún objetivo que merezca la pena, a lo que el patrón de la galeota aragonesa le responde que dos millas tierra adentro existe un aduar (poblado de tiendas o haimas) con al menos 300 moradores llamado Arceo El Nuevo. Acordada la incursión, la flotilla toca tierra al anochecer y Pero Niño ordena armarse a la mayoría de sus hombres y da instrucciones de cómo efectuar el ataque. Éste estará dirigido por su primo Fernando Niño, ya que la herida que tiene en la pierna le impide apoyarse mucho en ella, por lo que él y unos pocos hombres quedarán custodiando las naves. Instruye que dos hombres deberán ir en avanzada para inspeccionar el campamento y cuantos hombres deberán guarnecer la bandera de Castilla, la cual deberá situarse a la entrada del aduar durante el ataque, que deberá producirse al amanecer.

A las dos horas de partir regresan los exploradores con la noticia de que no han podido hallar el poblado, por lo que la expedición se divide en grupos para buscarlo, y aunque oyen ladrar a perros y hallan huertos y cultivos, no logran dar con el lugar. Estando ya el sol bastante alto se reúnen en la bandera Fernando Niño y Ruy Gutiérrez de Bear, conviniendo que, aunque hallasen por fin el poblado, lo mejor es reagrupar a todos los hombres e iniciar el regreso a las naves, pues han perdido la mejor hora para el ataque y no saben si ya han sido descubiertos, y porque en las cercanías existen varios poblamientos que cuentan con jinetes.


29 Jun 2008 02:28
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Al llegar los desembarcados a las naves les recibe Pero Niño y el resto de sus hombres armados y preparados en tierra para cualquier eventualidad. Al enterarse el capitán del fracaso de la expedición, contrariado, ordena embarcar a todos. Retirándose a su cámara, no recibe a nadie durante el resto del día. Durante la tercera guardia de la noche volvió a convocar a los patrones, cómitres e hidalgos principales para pedirles explicaciones de lo sucedido, a lo que sus hombres le respondieron de esta manera: <<Señor, por nos , nin por la otra gente , non
quedó de facer todo nuestro poder. Asaz pasamos grand trabajo toda la noche, entrando en grandes valles, é subiendo muchas cuestas, é pasando muchos fuertes pasos, sufriendo muchos afanes: é segund la hora que era yá del dia, fizo Dios grand milagro en non ser vistos en la tierra, estando tan lejos de la mar, é non perescer todos, como yá otros muchos perescieron en aquella tierra.>>

Después de recibir las explicaciones de sus hombres Pero Niño decide partir del lugar durante la noche para seguir buscando posibles objetivos. Costeando la tierra de esa zona y antes de que amaneciese, el capitán ordena que algunos de sus hombres desembarquen para recabar información. Habiendo capturado a un moro, lo que en principio pareció un fracaso de la expedición anterior no fue tal, pues por éste conocieron los hispanos que junto al aduar que pretendieron atacar se encontraba el jeque alárabe (beduino) Mohamed Muley ben Agi, que a causa de un conflicto con otra facción berberisca se disponía a tomarlo. Y dada la superior fuerza de sus tropas (1.500 jinetes) el encuentro con éstas habría sido fatal para ellos.

La noticia de la presencia en la zona de dicho jeque anima a los hispanos a atacar su alhorma (campamento) aprovechando su momentánea ausencia de él. Fondeando en una ensenada donde había un sabre o sable (arenal o playa) que llamaban Arceo El Bellí, Pero Niño ordena a sus hombres que se armen y desembarquen. Por la zona había varios rebaños de vacas y ovejas, por lo que el capitán dispuso que la bandera de Castilla se situase encima de un acantilado cercano guarnecida por varios hombres y el resto se dedicase a reunir el ganado al lado de la playa. Una vez cumplida esta orden, Pero Niño manda cercar a los animales por tierra y sacrificar a cuantos cupieran a bordo de las naves. Durante esta operación, los beduinos alertados, intentando salvar sus ganados, dieron pelea a los hispanos, pero éstos los ponen en fuga y parte de ellos salen en su persecución media milla tierra adentro, por lo que el capitán ordena tocar las trompetas para reagrupar a sus hombres. Al no escuchar el sonido de éstas por culpa de la distancia, Pero Niño ordena que la bandera y la mayor parte del resto de sus hombres que seguían con él saliesen a buscar y apoyar a los perseguidores. Al subir una cuesta y llegando a lo alto de una loma se encuentran con el campamento que andaban buscando.


29 Jun 2008 13:57
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La expedición hispana atacó entonces el campamento beduino, dividiéndose estos últimos en dos grupos: uno trabó combate con los cristianos y el otro cargó a las mujeres y niños para ponerlos a salvo sin que los hispanos se diesen cuenta. Finalmente, los beduinos fueron vencidos y la expedición se encontró con un rico botín de tapices, alfombras, tapetes, tinajas de manteca, jarras de miel, cecina, pan, grano, dátiles, almendras, plumas de avestruz, haces de púas de puercoespín… Los hispanos cargaron con todo lo que podían llevar e incendiaron el campamento.

Iniciando el regreso empezaron a llegar contingentes de jinetes beduinos que intentaban rodear a los expedicionarios, pero como la mayoría de éstos no querían abandonar su botín, cada uno intentaba ponerse a salvo por su cuenta. Entonces, los hidalgos obligaron a los hombres a soltar su carga y a que formasen para el combate, trabándose una batalla con los beduinos hasta que los hispanos logran dar muerte a su capitán, momento en que los moros se reagrupan para recoger el cuerpo del caído y se retiran hacia otro valle.

Este respiro es aprovechado por los expedicionarios para volver a recoger su botín y seguir replegándose hacia la costa. Pero al poco tiempo vuelven a llegar más contingentes de jinetes beduinos, por lo que los hidalgos deciden que, ellos, los peones y los ballesteros contengan a los atacantes para proteger la retirada de los galeotes y marineros cargados con el botín. Retrocediendo de esta manera, los hispanos logran finalmente llegar hasta la flotilla en donde Pero Niño y el resto de sus hombres ya se defienden del acoso de jinetes beduinos. No pasó mucho tiempo hasta que el resto de los jinetes del jeque Mohamed Muley ben Agi que estaban atacando el aduar de Arceo El Nuevo llegasen a la ensenada donde fondeaba la flotilla hispana.

Pero Niño tomó entonces la audaz decisión de presentar batalla a las huestes del jeque, pues el honor de los hispanos impedía que éstos huyesen con el botín, sin más, como vulgares ladrones.

Cerca de las naves había unas peñas que daban acceso a la playa, por lo que el capitán ordenó que la bandera y parte de los hidalgos, peones y ballesteros tomasen posiciones allí para contener a los beduinos. Mientras éstos peleaban y rechazaban las sucesivas acometidas del enemigo, los demás comían y reponían fuerzas; después iban a relevar a sus compañeros. Era tanto el ímpetu de los beduinos que, a veces, a algún hispano no le quedaba más remedio que lanzarse al mar para zafarse de ellos. En una ocasión, durante la jornada, todos los que se mantenían apostados abandonaron sus posiciones en las peñas para socorrer a unos compañeros que estaban peleando algo alejados de éstas, lo que aprovecharon los beduinos para rodear a los hispanos y cortarles la retirada hacia las peñas y la playa. Percatándose Pero Niño de que la “barricada natural” había quedado desguarnecida y de que parte de sus hombres estaban en serio peligro, contraatacó con todos los hombres que le quedaban sin dejar ninguna guardia en las naves, consiguiendo rechazar la infiltración beduina y socorrer a los hombres en peligro. Finalmente, los beduinos se retiraron con graves pérdidas, ordenando entonces Pero Niño que todos embarcasen para zarpar seguidamente.


29 Jun 2008 20:02
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La flotilla hispana navegó con rumbo norte durante todo el día para hacer creer a los berberiscos de la costa que regresaban a España, pero cuando llegó la noche dieron media vuelta y volvieron a acercarse a la costa enemiga. Después de estar buscando signos de presencia humana durante parte de la noche, fondearon finalmente en una cala.

Desde que amaneció, pusieron vigías en tierra, en un lugar elevado que dominaba el mar y el interior, con instrucciones de que, en caso de observar movimiento enemigo, hiciesen señales. Al mismo tiempo, se enviaron algunos hombres hacia el interior con la misión de informarse de aquella zona, los cuales localizaron un pequeño aduar de cuatro o cinco tiendas vacías. Regresada esta avanzadilla, informaron que habían visto por la zona numerosa gente dedicada a faenas agrícolas, por lo que no era una buena zona para desembarcar dado el gran número de habitantes que tenía. En esto, los vigías del cerro fueron localizados por los moros, pues en éste se situaba una mina de alcohol (antimonio y galena o sulfuro de plomo) y acercándose a ellos descubrieron también la flotilla fondeada. Al poco tiempo la zona se llenó de hogueras enemigas dando la alarma, lo que produjo que por momentos se fuesen concentrando más moros a su alrededor, por lo que los hispanos decidieron zarpar.

Navegando pegados a la costa, la muchedumbre enemiga iba a la zaga siguiendo a la flotilla, con lo que las tripulaciones iban asaeteando a los enemigos. Pero Niño estaba embarcado en un cópano empavesado (saetía o bergantín protegido por paveses o escudos altos) asistido por dos ballesteros que le recargaban sendas ballestas, con las que realizaba certeros lanzamientos sobre los enemigos.

La flotilla hispana llegó finalmente frente a la villa de Orán, donde fondearon a la espera de que llegase la noche. Llegada ésta, levaron anclas y se aproximaron lo más posible al objetivo, pasando la mayor parte de la noche lanzando truenos (disparos de lombarda) y viratones con alquitrán (virotes o dardos incendiarios lanzados con catapultas o balistas del tipo escorpión).


01 Jul 2008 00:49
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Al amanecer, la flotilla se dirigió al puerto de Mazalquivir (Mers el-Kebir), situado a tres millas más al oeste, con el propósito de capturar una gran galera que estaba fondeada en la bahía, pero cuando los hispanos llegaron, la galera ya había sido varada por su tripulación para evitar su captura, así es que efectuaron allí la misma operación de castigo que en Orán. Pero como ya les escaseaba el agua, no pudieron dedicar mucho tiempo a esa tarea, por lo que partieron prontamente en dirección oeste.

Al final del día la flotilla echó anclas frente a las cuevas de Alcoçévar, en donde pasaron la noche. Estas cuevas, de gran tamaño y con abundancia de agua potable, se encontraban en un acantilado, estando su entrada situada en una cala adyacente. Mientras las tripulaciones descansaban, Pero Niño volvió a convocar a sus lugartenientes y a los pilotos y patrones de las naves para conocer su parecer, pues los moros ya estaban situados en la costa a la espera. El capitán decidió finalmente que no tenían otra opción que la de desembarcar y cargar todo el agua potable que pudiesen, pues no les quedaba suficiente para volver a Cartagena.

Al amanecer del día siguiente, la flotilla hispana se aproxima a la playa, comenzando a recibir una lluvia de piedras lanzadas por los moros apostados desde lo alto del acantilado. Mientras que un grupo de hombres se dedicaba a ir y volver a las cuevas cargados con agua, los ballesteros les cubrían desde las naves. Como no parecía que el ataque de los enemigos fuese remitiendo, Pero Niño ordenó entonces que gran parte de los hombres de armas desembarcasen y tomasen el alto del acantilado dando un rodeo por la parte de tierra. Pero al formar en la playa dispuestos en líneas los peones con pavés, los ballesteros y los hidalgos, la mayor parte de los moros del acantilado abandonaron su posición y acometieron a la formación hispana a corta distancia, tanto que se llegó al cuerpo a cuerpo. Mientras tanto, el capitán y el resto de ballesteros seguían hostigando a los enemigos que quedaban en el alto del acantilado, al tiempo que apremiaban a sus compañeros a terminar con la aguada. Cuando ya todos los marineros se encontraban a bordo de las naves, los hombres de armas reembarcaron y la flotilla abandonó el lugar.


03 Jul 2008 23:40
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Habiendo anclado la flotilla para comer y reponer fuerzas las tripulaciones después del combate de la mañana, se levantó el viento de levante produciendo altas olas, por lo que las naves levaron anclas y se dirigieron a las islas Habibas buscando refugio.

Tras varios días de constatar que la tormenta iba en aumento, Pero Niño decidió regresar a España en tanto que durase la provisión de agua, pero al poco de zarpar tuvieron que regresar al abrigo de las islas ante el peligro de naufragar. Después de transcurridas dos semanas fondeados allí, el capitán ordenó que se racionasen los alimentos y la bebida, al tiempo que iniciaban la excavación de un pozo para buscar agua, pero cuanto más profundizaban en él más seca encontraban la tierra. Lo único positivo que tenían en las islas era el gran número de aves que anidaban allí, lo que les proporcionaba un poco de variedad en su dieta.

Transcurridos veinte días, y con la provisión de agua agotada, Pero Niño decide que hay que ir a tierra para aprovisionarse de agua, por lo que se dirigen a un lugar en la costa que llamaban El Bergelete. Una vez varados allí, el capitán envía exploradores por delante con instrucciones de averiguar si hay enemigos aguardando y, en caso negativo, tomar posiciones en lugares elevados para vigilar la zona y dar la alarma con señales si llegase el caso. Desembarcada y formada la gente de armas de la flotilla, los marineros cargan todo el agua que pueden almacenar. Una vez terminada la tarea, los vigías son llamados de vuelta y todos los hombres reembarcan, aunque justo en el momento de zarpar aparece gran número de moros en la costa a su encuentro. La flotilla regresó entonces a las islas Habibas.

La tormenta aún no había amainado del todo, por lo que esa noche Pero Niño volvió a convocar a sus patrones, pilotos y cómitres para conocer su opinión sobre lo que deberían hacer. Como el viento había rolado a poniente, unos dijeron que sólo podrían llegar a Sicilia, mientras que otros preferían intentar llegar a las costas del Lacio, frente a Roma, e incluso hasta Génova. Entonces el capitán preguntó a uno de sus mejores marineros, Juan Bueno, cual era su opinión, a lo que éste contestó que no podía dar una respuesta hasta que no amaneciese. Llegado el momento, el marinero informó a Pero Niño que él pondría rumbo a España, lo que así ordenó el capitán en contra del parecer del resto. Tras una jornada de navegación, al anochecer volvió a rolar el viento al sur y así navegaron el resto de la noche. Al amanecer divisaron la costa de España, y con gran trabajo por la fuerza del oleaje consiguieron finalmente fondear en una cala llamada San Pedro de Arráez, en la costa del Reino de Granada. Allí descansaron durante parte del día, llegando al anochecer al puerto de Águilas, ya en el Reino de Murcia. Por la mañana del día siguiente entraron en Cartagena, siendo ya el mes de octubre.


03 Jul 2008 23:47
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Después de pagar a los patrones de las galeotas de Aragón y de Cartagena llegó una carta del rey de Castilla para Pero Niño dándole instrucciones de que se dirigiese con las dos galeras a Sevilla y que después se presentase en la Corte. Metió en las galeras entonces el capitán a todos los cautivos que había hecho durante la expedición, así como la parte del botín que le correspondía al rey.

Durante la travesía, y costeando el litoral del Reino de Granada, las galeras castellanas interceptaron a una galeota aragonesa fletada por mercaderes berberiscos y que transportaba moros, esclavos y diversa mercadería valiosa. Después de trasbordar a los musulmanes y de apropiarse de la mercadería, Pero Niño dejó marchar a la galeota aragonesa.

Habiendo hecho una escala en el puerto de Cádiz, se levantó un viento de levante que impidió a las galeras castellanas moverse de allí por todo un mes. Durante ese tiempo, la herida que tenía Pero Niño en la pierna se fue agravando, y ante la falta de buenos cirujanos en esa ciudad, partió finalmente de allí con la herida en muy malas condiciones.

Llegados a Sevilla en el mes de diciembre, reunieron a los mejores cirujanos que había en la ciudad para tratar la herida del capitán, pero al verla en tan malas condiciones, algunos de ellos aconsejaron que la mejor solución sería amputar el pie, idea que Pero Niño rechazó. Entonces le dijeron que la única solución que quedaba era cauterizar la herida, por lo que se calentaron dos hierros al rojo vivo. Como ninguno de los presentes se atrevía a realizar la operación, el mismo capitán tomó sucesivamente los dos hierros incandescentes y se los aplicó a la herida. Ésta fue mejorando en los días posteriores, hasta que Pero Niño pudo partir finalmente hacia Segovia, donde se encontraba la Corte.


05 Jul 2008 00:03
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com