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 El milagro de Empel 
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El milagro de Empel

Con este nombre se conoce un hecho insólito (no se conocen precedentes, ni se ha vuelto a producir después) que ocurrió la noche del 7 a 8 de Diciembre de 1585. El escenario, la interminable guerra de Flandes, en un lugar de los actuales Países Bajos.

Después de la toma de Amberes, y de las fiestas que siguieron, el general Alejandro Farnesio reorganizó su ejército, distribuyéndolo en posiciones para pasar el invierno. Una parte del mismo, al mando de Ernesto, Conde de Mansfelt, se dirigió hacia el Norte y Nordeste, hacia las provincias rebeldes, constituyendo la vanguardia del ejército realista.

A finales de Noviembre de 1585, cruzaron el río Mosa. Allí, Mansfelt dividió su ejército en dos grupos: uno quedó acampado en la orilla del río. El otro, al mando de don Francisco de Bobadilla, recibió órdenes de dirigirse al NE, y ocupar la isla de Bommel.

Este contingente era el más importante, lo formaban los Tercios de don Cristóbal de Mondragón, don Francisco de Bobadilla y don Agustín Iñiguez, sumando todos unos 5.000 soldados (el tercio de Bobadilla llevaba pocos meses en Flandes; los otros dos, en cambio, habían quedado muy mermados tras la llarga campaña que culminó en la conquista de Amberes). En total, sesenta y una banderas, más la compañía de Arcabuceros a caballo del Capitán Juan García de Toledo, y seis piezas de artillería.

La isla de Bommel es una isla pantanosa. El jefe del ejército rebelde, Almirante Holack (al que los españoles llaman, en muchos textos, Conde de Holac), mandó dinamitar los diques. Los polder que rodeaban la isla quedaron rápidamente inundados, y la isla desapareció en su mayor parte bajo las aguas, quedando dividida en multitud de islotes, en los que se agruparon los españoles, junto al dique de Empel, y con escasa protección (habían perdido gran parte de sus suministros y munición, y las tiendas de campaña).

El 2 de diciembre una flota holandesa, formada por unas cien embarcaciones de diferente tamaño y quilla plana, y comandada por el propio Almirante Holack entró en las tierras anegadas, acosando continuamente a los tercios. Desde uno de los islotes, la artillería española, que se había puesto a salvo, hostigaba a los barcos rebeldes para que no se acercaran, pero los holandeses iban ocupando los islotes, y afianzando sus conquistas con fortificaciones.

Mansfelt, con la otra parte del ejército, consiguió unas cuantas barcazas similares a las de los rebeldes (llamadas “pleytas” en los textos españoles) en la cercana ciudad de Bolduque (capital del Brabante Norte, nombre español reconocido; en holandés, Hertogenbosch o, en forma abreviada, Den Bosch; estaba en poder del ejército Real) para atacar a la flota enemiga. El ataque lo realizaron tropas del Tercio de don Juan del Águila (recientemente ascendido a Maestre de campo, y que luego se haría famoso en Bretaña e Irlanda), pero los holandeses las destruyeron en un ataque sorpresa.

Al mismo tiempo, los vecinos de Bolduque eran testigos del padecimiento de los tercios. Los católicos de la ciudad sacaron al Santísimo y la Inmaculada en procesión para pedir su intercesión.

El bloqueo por la escuadra era total, y la situación empezaba a ser angustiosa para las tropas españolas: prácticamente, habían agotado los víveres, y las ropas y gran parte de la pólvora estaban mojadas, y carecían de leña seca para calentarse.

En estas circunstancias, los holandeses propusieron la capitulación. La respuesta de don Francisco de Bobadilla ha pasado a la historia:

"Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos"

Al atardecer del 7 de Diciembre, un soldado español, que estaba cavando una trinchera para resguardarse del viento, encontró una pintura enterrada. Se trataba de una tabla flamenca, con la imagen de la Inmaculada Concepción que, seguramente, algún holandés católico había enterrado en los primeros años de persecución por parte de los calvinistas.

Tan pronto se difundió la noticia, empezó a subir la moral de la tropa, que consideró aquello como una intervención de la Inmaculada a favor de ellos. Al llegar a oídos de Bobadilla, ordenó llevar la imagen en procesión, entre las banderas, a la iglesia del dique de Empel (algunas fuentes españolas de la época le llaman “Empleu”), donde se entronizó rodeada de las banderas, y se rezó una salve en su honor.

Alonso Vázquez recoge este hecho en "Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnesio" con la siguiente frase:

“Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día.”

Aprovechando la inyección de moral, Bobadilla decidió un ataque nocturno a la desesperada. Dio órdenes de hundir las piezas de artillería y de preparar las barcas de quilla plana aún disponibles, para embarcar a los infantes más dispuestos para atacar las naves principales enemigas. Los Maestres de Campo y los capitanes dijeron a sus soldados que se encomendaran a la Virgen Inmaculada, y se prepararan para el combate. Bobadilla les arengó con estas palabras:

"¡Soldados! El hambre y el frío nos llevan a la derrota, pero la Virgen Inmaculada viene a salvarnos."

Inmediatamente cayó la noche (quienes hayan estado en estas tierras, saben que anochece hacia las 17 h en estas fechas). Y de repente, ocurrió algo completamente imprevisible, y que no ha vuelto a repetirse. Se levantó un viento muy frío, extraño en esa zona y en esa época. La temperatura bajó muy rápidamente, y los canales se helaron. En algunas zonas, el espesor del hielo alcanzó un grosor que, al decir de muchos, era algo que no se había visto nunca formarse en un tiempo tan breve.

Aquél cambio inesperado (que enseguida se atribuyó a la intervención divina), hizo cambiar los planes de Bobadilla, que atacó, pero en condiciones diferentes. Los soldados, caminando sobre el hielo, se dirigieron a los barcos holandeses que ya habían quedado atrapados en el hielo y, al mismo tiempo, fortalecieron una boca en el dique de Empel por el que tendrían que pasar los barcos holandeses que aún podían moverse. Los barcos holandeses que aún podían moverse, se retiraron rápidamente, para no quedar atrapados. Desde el dique de Empel, los Tercios hostigaron a estos barcos por ambos lados y les causaron más de 300 bajas. Escribe Alonso Vázquez que:

“cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el río abajo les decían a los españoles, en lengua castellana, que no era posible sino que Dios fuera español pues había usado con ellos tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino Él, por su divina misericordia, fuera bastante a librarles del peligro y de sus manos”.


Otros ponen una frase similar, pero más trascendente, en boca del propio Almirante Holack:

"Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro".


La victoria fue total. Los tercios habían conseguido romper el cerco y estaban en condiciones de explotar el éxito.
Al día siguiente, 8 de diciembre, los españoles celebraron una procesión solemne en la iglesia de Empel.

El día 9 de diciembre el tiempo volvió a cambiar. La temperatura se hizo algo más suave y empezó a deshelar. Pero al no estar próxima la flota holandesa, el Conde Mansfelt pudo socorrer y evacuar a los sitiados con pequeñas embarcaciones y rompiendo el hielo. Una lluvia repentina ayudó a acelerar el deshielo, lo que facilitó aún más la operación.

Por fin, el día 10 terminó la evacuación desde Bomel y Empel a Bolduque. Allí fueron atendidos los heridos, los enfermos y los que habían sufrido congelaciones en pies y manos.

Fue allí mismo donde los soldados de los tres tercios propusieron cambiar su patrocinio, que era tradicionalmente de la Virgen del Rosario, por la Inmaculada Concepción. Pocos meses después, esta idea se extendió, proclamándose la Inmaculada, Patrona de los ejércitos españoles de Flandes e Italia (por tanto, de todos los Tercios).
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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

08 Dic 2010 10:45
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Fuentes:

- "Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnesio", por el Capitán Alonso Vázquez (coetáneo y participante de los hechos)

- 8 de Diciembre de 1585: https://www.mundohistoria.org/temas_foro ... agro-empel

- El milagro de Empel: https://blogs.que.es/el-galeon-de-don-ju ... agro-empel

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

08 Dic 2010 10:53
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
A continuación copio los textos literales del capítulo dedicado a este hecho en el libro noveno de la obra "De las guerras civiles y rebelión de Flandes, en que se contienen los sucesos del año 1585", del Capitán Alonso Vázquez.

El libro está incluido en la obra "Colección de Documentos Inéditos para la Historia de España", Vol. LXIII, por el Marqués de la Fuensanta del Valle, José Sancho Rayon y Francisco de Zabalburu. Editado en Madrid, imprenta de Manuel Ginesta, Calle de Campomanes núm. 8, 1879.

Estos textos están disponibles en Internet en https://javcus.es/infokratia/54-milagro- ... ales-capitán-alonso-vazquez/milagro-Empleu-anales-capitán-alonso-vazque , "subido" por Javier Custodio, a quien debemos esta información.

Pero, ante la posibilidad de que dejen de estar disponibles, los incluyo en las siguientes entradas.

He mantenido el texto original, sólo corrigiendo algunas palabras conforme a nuestra ortografía, para mejor comprensión. La agrupación por "capítulos" y "epígrafes" es también arbitraria, pues el texto original es todo corrido, como corresponde al estilo de la época.

El texto refleja muy bien, tanto los hechos, como el espíritu de la época, y también la mentalidad de los soldados de los Tercios.
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https://javcus.es/seccion/book-64-bomel#s05

Alexandro encarga parte del ejército al conde Cárlos y llega con él á Tornante.—Partes y servicios del Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla.—Llega á Flandes con su tercio el Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla.—El conde Cárlos sale de Tornante con los tercios españoles y los divide.—D. Francisco de Bobadilla con tres tercios de españoles entran en la isla de Bomel.—Alexandro da órden al Padre Miguel Hernández lleve á la ciudad de Toledo el cuerpo de Santa Leocadia.—Júntanse Holanda y Gelanda con una gruesa armada para anegar á los españoles.—La armada rebelde bate á los españoles y ellos se defienden.—Los rebeldes quitan el paso á los españoles.—El capitán Torralva va á dar aviso al conde Cárlos del peligro de los españoles.—Cuarteles y defensas de los españoles.—Los españoles baten el armada rebelde y se retira con daño.—El alférez Zambrana va con órden del conde Cárlos á dar esperanzas del socorro á D. Francisco de Bobadilla y vuelve con la respuesta.—Premio que da D. Francisco de Bobadilla á los marineros que tenía.


Alexandro encarga parte del ejército al conde Cárlos y llega con él á Tornante


Deseaba Alexandro coger fruto de las esperanzas que con sus inteligencias le habían dado los de las islas de Holanda y Gelanda para entrar en ellas, y habiendo comenzado á licenciar parte del ejército y que se pusiese en las guarniciones de más importancia, envió con el resto dél al conde Cárlos de Mansfelt para que le gobernase y entretuviese guardando el órden que llevaba de Alexandro de la manera que le había de repartir y alojar, llegó con él al lugar de Tornante, donde hizo un día alto hasta que llegase con su tercio de españoles el Maestro de campo D. Francisco de Bobadilla, que murió conde de Puñonrostro y del Consejo supremo de la Guerra del Rey, nuestro señor, en Madrid el año de 1610; y aunque parezca fuera de propósito decir los servicios y partes de D. Francisco, no es justo excusarlo, pues los hizo tan buenos como el mundo sabe.

Partes y servicios del Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla

Comenzó á servir al Rey, nuestro señor, este valeroso Capitán desde el año de 1564 sin haber estado retirado ni dejado el servicio. El primer cargo que tuvo fué Capitán de caballos ligeros de la guardia del duque de Alburquerque, siendo Gobernador y Capitán general del Estado de Milán, y con licencia suya pasó á los Estados de Flandes con el duque de Alba el año de 1566, y se halló con él en todas aquellas guerras, donde sirvió gallardamente en las ocasiones que se ofrecieron, y le dió el Duque una compañía de arcabuceros de infantería española del tercio de Julián Romero que era la del Capitán Juan Osorio de Ulloa, el año de 1570; y el de 1582 fué en España Maestre de campo para la jornada de Portugal y las islas Terceras.

Llega á Flandes con su tercio el Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla

Y después de haberse hallado en todas ellas le mandó el Rey, nuestro señor, volviese á Flandes tercera vez con su tercio de españoles para la empresa de Amberes, por la necesidad de gente que tenía Alexandro, y llegó á la villa de Anamur á los 14 de Agosto deste año, donde hizo alto por haberse ya platicado la paz de Amberes. Descansó algunos días y dió muestra á su tercio y le repartió cuarenta mil ducados que el duque de Terranova le había dado en el Estado de Milán para este efecto por órden del Rey, nuestro señor, y habiéndoles dado satisfacción á todos sus Capitanes y soldados y tenido órden de Alexandro para juntarse con los demás tercios españoles y el conde Cárlos de Mansfelt, partió de Anamur y llegó á Tornante, donde, como ya escribí, le estaban esperando.

El conde Cárlos sale de Tornante con los tercios españoles y los divide

Y ya todos juntos, marchó el Conde otro día con todas estas tropas y llegaron á la villa de Alost, donde dió órden al Maestre de campo D. Juan del Águila fuese con su tercio y un regimiento de valones y una compañía de caballos á un lugar abierto que se llama Harpen, junto á la villa de Grave, para desde allí, corriéndole sus campañas, dar calor á Monsieur de Hautepena en los fuertes que le estaba haciendo; llegó D. Juan á los 20 de Noviembre, y á los 22 partió el conde Cárlos de Mansfelt con los tres tercios de españoles del coronel Cristóbal de Mondragón, de D. Francisco de Bobadilla y el de Agustin Iñiguez, repartidos en sesenta y una banderas y con la compañía de Arcabuceros á caballo de españoles del Capitán Juan García de Toledo, quedándose en la villa de Alost los italianos, valones y alemanes, y con el resto del ejército llegó el Conde á la villa de Bolduque, la cual dió barcas y todo lo necesario para que por allí cerca pasasen el rio Mosa estos tres tercios de españoles y la compañía de caballos á la isla de Bomel con seis piezas de artillería.

D. Francisco de Bobadilla con tres tercios de españoles entran en la isla de Bomel

Y habiéndose hecho y dejádolos en ella á cargo del Maestre de campo Don Francisco de Bobadilla, se fué el conde Cárlos á Harpen, adonde estaba D. Juan del Águila con su tercio, y dejó órden que los dos de italianos de los Maestres de campo Camilo Capezuca y D. Gaston Espínola fuesen á alojar á Roste y á Roy y las demás naciones en Alost y sus contornos.

Alexandro da órden al Padre Miguel Hernández lleve á la ciudad de Toledo el cuerpo de Santa Leocadia


Á el padre Miguel Hernández, de la compañía de Jesús, que tenia á cargo el cuerpo de la gloriosa virgen y mártir Santa Leocadia, patrona de Toledo, le ordenó Alexandro en este mismo tiempo que se aprestase para llevar esta santa reliquia á la ciudad de Toledo, por haber tenido cartas del Rey, su tío, para este efecto y enviádole un privilegio del Sumo Pontífice y otros recados necesarios para trasladar el cuerpo con la solemnidad y decencia que se requiere. El padre Miguel Hernández fué bien despachado de Alexandro y le dió la escolta que hubo menester de infantería y caballería hasta salir de los Estados, y partió de Amberes con el santísimo cuerpo, á los 22 de Noviembre, para España y su ciudad de Toledo, quedando la infantería española harto desconsolada de su partida, y la echaron tanto ménos en sus trabajos y tribulaciones, particularmente á los primeros de Diciembre en la isla de Bomel, como á su tiempo se verá.

Júntanse Holanda y Gelanda con una gruesa armada para anegar á los españoles

En tanto que el conde Cárlos de Mansfelt estaba en el lugar de Harpen con el tercio de españoles del Maestre de campo D. Juan del Águila haciendo un fuerte, riberas del rio Mosa, en un dique que va de la villa de Rabesten á la de Grave, para quitar la plática de las islas y los socorros que por el rio podrían ir á Grave, porque el intento de Alexandro era ganar aquella villa y limpiar la ribera de la Mosa quitando todas las que en ella había de los rebeldes, juntáronse en Holanda y Gelanda y armaron y guarnecieron de muy buena infantería más de doscientos navíos, entre grandes y pequeños, porque viendo las fuerzas españolas encerradas en la isla de Bomel les creció un ánimo extraordinario de anegarlos y deshacerlos y quitar de aquella vez el yugo español que tenían sobre sus hombros, como siempre decían, con que de todo punto cesaron las inteligencias que Alexandro tenía de ganar las islas, porque los dellas mudaron de parecer con la buena ocasión que se les ofreció de anegar las sesenta y una banderas de infantería española que D. Francisco de Bobadilla tenia á su cargo (como ya escribí) en la isla de Bomel, á la cual se arrimaron los rebeldes con su armada y cortaron dos diques junto á la villa de Bomel; pero el que está entre los lugares de Dril y Rosan, que es donde D. Francisco de Bobadilla tenia alojados y repartidos los tres tercios españoles ya nombrados, no lo pudieron cortar aunque lo intentaron por muchas y diversas partes, porque D. Francisco con su experiencia y valor había repartido las guardias de manera que aunque los rebeldes acometieran por cualquier parte hallaran mucha resistencia, y á no hacérsela tan grande como se la hicieron indubitablemente quedaran todos los españoles anegados y perecieran, porque si cortaran aquel dique entrara toda el agua del rio Mosa y pasara sobre los diques haciendo la tierra un anchuroso y espantoso mar.

La armada rebelde bate á los españoles y ellos se defienden

Los rebeldes que vieron todos los españoles sobre el dique llamado Empleu, y que habían retirado á él todas las vacas de la isla, se acercaron con su armada y los comenzaron á cañonear y á dalles muchas y apresuradas cargas de mosquetería y arcabucería. D. Francisco de Bobadilla con las seis piezas que tenia hizo tirarles á tiempo que la noche iba cerrando, y por ser muy oscura y haberles calmado el viento comenzaron los navíos rebeldes á largarse, y no osaron intentar cosa ninguna; y para hallarse D. Francisco más á la mano de lo que podría ofrecerse, se pasó, á los 3 de Diciembre, con la retaguardia de su gente de la otra parte del rio Mosa cuando comenzaba á amanecer, y no habiendo aún bien llegado á la iglesia del lugar de Empleu (que entre ellas y Bolduque, está el país anegado) vieron navegar por él más de otros cien navíos de armada que iban ocupando el paso para que no pudiese pasar ninguna barca, por pequeña que fuese, de los españoles sin que la cogiesen.

Los rebeldes quitan el paso á los españoles

Don Francisco que vió le iban sitiando y que el Capitán D. Antonio de Pazos, que había comenzado á pasar de vanguardia para llegar á el lugar de Unguen, donde estaba todo el bagaje de los tercios españoles, se había retirado por haberle ido dando caza cuatro galeotas de rebeldes y héchole retirar á un castillejo donde había una escuadra de soldados italianos en una isleta junto á la iglesia de Empleu, á la mano izquierda como se va á Bolduque, fué á reconocer el armada rebelde y se informó del designio que llevaba; y habiéndolo hecho D. Francisco á su satisfacción, acordó aquella noche de enviar al Capitán Bartolomé de Torralva en una barquilla, que aunque tenía su compañía en el tercio de D. Juan del Águila, con su licencia asistía con D. Francisco, porque era su vasallo y le amaba mucho.

El Capitán Torralva va á dar aviso al conde Cárlos del peligro de los españoles

Fué también con el Capitán Torralva Pedro de Luque, gentil-hombre de artillería, para que procurase sacar alguna de la villa de Bolduque, para ponerla en los puestos y lugares más convenientes de la otra parte de lo anegado, para desalojar los navíos rebeldes, y ambos pasaron aquella noche, llevando por guía un soldado flamenco que gobernaba la barquilla, que lo era de la compañía del Capitán Berquen, que estaba de guarnición en un fuerte vecino de allí; era muy católico amigo de españoles y muy bien intencionado, y toda la ayuda y asistencia que le pidió D. Francisco le dió muy cumplida.

Llevaba Torralva cartas suyas para el conde Cárlos, que estaba en Harpen, á seis leguas de Bolduque, con aviso del suceso y que le procurase socorrer con toda brevedad y enviase un pliego que iba en el suyo para Alexandro con el mismo aviso; y por ausencia de Pedro de Luque quedó con el artillería en Empleu Hernán Gómez, soldado particular y que entendía muy bien el cargo que le habían dado.

Cuarteles y defensas de los españoles

D. Francisco mandó hacer un fuerte alrededor de la iglesia, donde estuvieron de guarnición los capitanes Álvaro de Barragán y Estéban de Peñalosa con doscientos soldados para asegurar y limpiar el paso del rio Mosa hasta la isla, y en esta iglesia se pusieron seis banderas, y á las demás de los tercios se les señaló sus cuarteles en torno della con órden de que los atrincherasen y fortificasen para estar cubiertos y fuertes de las facciones que los rebeldes, si lo intentaran, pudieran hacer; y asimismo mandó D. Francisco se hiciesen cestones para lo que pudiera ofrecerse, con las seis piezas de artillería que Hernán Gómez tenía en aquel sitio, al cual dió órden que con ellas batiese los navíos enemigos para que no se acercasen á tirar con la suya como lo habían hecho; y á los 4 de Diciembre mandó ocupar dos isletas que estaban junto al cuartel del tercio del Maestre de campo Agustín Iñiguez.

Los españoles baten el armada rebelde y se retira con daño

En la frente de una dellas hizo poner una pieza del artillería, que fué de mucho efecto porque cubría el cuartel, y hizo alargar los navíos rebeldes que entraban á tirar y se retiraron con mucho daño. Estas dos islas estuvieron á cargo de los capitanes D. Pedro de Luna y D. Juan de Mendoza, y en todo cuanto se ofreció acudieron con mucho cuidado y valor.

El alférez Zambrana va con órden del conde Cárlos á dar esperanzas del socorro á D. Francisco de Bobadilla y vuelve con la respuesta

El conde Cárlos de Mansfelt tuvo el aviso que D. Francisco le envió, y con mucha brevedad fué á la villa de Bolduque, y desde ella envió en una barquilla al alférez Francisco de Zambrana, natural de Linares, que servía cerca de su persona, á decirle á D. Francisco quedaba recogiendo algunos navíos para pelear con los de los rebeldes, y que dentro de dos días los tendría juntos y aprestados, que procurase entretenerse lo mejor que pudiese. D. Francisco de Bobadilla volvió á enviar al alférez Francisco de Zambrana para que le dijese al Cónde cómo quedaba advertido, para que cuando él saliese con los navíos como decía, para franquear los pasos y echar dellos á los rebeldes, en el mismo punto saldría D. Francisco con algunos de sus Capitanes y los soldados escogidos que cupiesen en nueve pleytas que tenía, y cerraría con ellas con los navíos rebeldes. Esta honrada determinación de D. Francisco pocos Capitanes la tuvieran, por querer con nueve pleytas ó barcos cerrar con una armada tan poderosa; era muy de considerar y valor tan extraordinario como este sea tenido muy en la memoria, para ejemplo de otros Capitanes. También le envió á decir que no apresurase el socorro de manera que por hacello sin tiempo dejase de tener efecto, porque él se defendería y sustentaría hasta acabar la vida, y que aunque tenía falta de bastimentos y municiones, le habían quedado algunas vacas, pero sin género de pan y otra cosa.

Premio que da D. Francisco de Bobadilla á los marineros que tenía

Esta misma noche volvió con la respuesta del Conde el mismo alférez Zambrana, y dijo á Don Francisco que con grandísima dificultad se hallarían marineros que quisiesen volver con la barquilla para dalle aviso de lo que se acordase, por no atreverse á pasar, respecto de que la armada rebelde ocupaba todo lo anegado de largo á largo, y aunque se aventurasen había grandísima dificultad de poder pasar, no obstante que haría sus diligencias; y las mayores que pudo hacer D. Francisco en esta ocasión fué dar á los marineros que gobernaban la barquilla á cada uno diez escudos, y prometió darles el mismo premio todas las veces que se aventuraran á pasar, conque hubo (movidos deste celo y codicia) siempre marineros que se ponían en peligro. Para estos y otros semejantes no hay remedio más eficaz que el dinero, pues sin él no hay que esperar buenos sucesos en las pretensiones, particularmente en las de guerra.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

08 Dic 2010 11:24
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
https://javcus.es/seccion/book-56-suceso ... ilagro#s01

Órden que da D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores.—Don Francisco de Bobadilla hace reconocer un desguazo.—El capitán Melchor Martínez va con embajada al conde Cárlos.—Los rebeldes dan caza con una galeota al capitán Melchor Martínez.—Los rebeldes siguen al capitán Melchor Martínez y le hieren de un mosquetazo.—Por órden de D. Francisco de Bobadilla ganan los españoles una isla.—Los españoles del tercio de D. Juan del Águila baten la armada rebelde y le hacen daño.—Fuertes que hacen los rebeldes en las islas para apretar el sitio á los españoles.—Trabajos de los españoles en la isla de Bomel.—Órden del conde Cárlos á D. Francisco de Bobadilla para librar los españoles del peligro de Bomel.—El conde Cárlos bate los fuertes de los rebeldes.—Los rebeldes queman las barcas que iban á socorrer los españoles sitiados en Bomel.

Órden que da D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores

Otro día, jueves, 5 de Diciembre, por la mañana, llamó el Maestre de Campo D. Francisco de Bobadilla á los Sargentos mayores de los tres tercios de españoles, y les dió órden que en las nueve pleytas (tres para cada tercio) embarcasen en cada una diez picas, diez mosqueteros y quince arcabuceros, y dos capitanes escogidos en cada una, y que estuviesen apercibidos para cerrar con el armada holandesa, cuyo General era el conde Holac; en tanto que llegaba el conde Cárlos con los navíos que había ofrecido para embestir con los de los rebeldes, los Capitanes y soldados que los Sargentos mayores ya habían señalado para este efecto se confesaron y comulgaron, como siempre que han de pelear lo acostumbra la nación española, y conformados todos de morir ó salir con tan honrada empresa, estuvieron esperando el órden y hora en que habían de hacer el efecto. Este mismo día pasó D. Francisco al castillejo de los italianos, llevando consigo á los Capitanes Manuel de Vega y Juan de Castilla, ambos valerosos y de muy gran consejo, y á otros de los más viejos y experimentados que había en los tercios españoles, con los cuales se aconsejaba y consultaba cuanto se le ofrecía por coger fruto en ocasión tan peligrosa de su mucha experiencia.

Don Francisco de Bobadilla hace reconocer un desguazo

También llevó consigo al Capitán flamenco ya nombrado que gobernaba el fuerte para ver y reconocer un desguazo que le dijeron y aseguraron que había para poder salir del país anegado y que los navíos de los rebeldes no podían navegar por él sino por un canal, y pareció tener esto indicio de verdad porque el armada de los rebeldes estaba dando fondo, puesta en alas sin salir de un puesto ni desmandarse á una ni á otra parte, si bien se vió presto el desengaño.

El capitán Melchor Martínez va con embajada al conde Cárlos [de Mansfelt]


Y siendo necesario dar desto y de otras cosas aviso al conde Cárlos de Mansfelt con persona de confianza y que supiese decir á boca en el peligro tan grande que se veían aquellas banderas, se ofreció Melchor Martínez, Capitán de infantería española, del tercio del coronel Cristóbal de Mondragón. Era soldado de mucho valor y plático en las cosas de la navegación, y dijo á D. Francisco que él iría de muy buena gana á hacer aquel servicio, y que se le diese una barquilla que él daría una vuelta con ella á toda el armada rebelde, y los reconocería, y los puestos adonde estaba, é hizo en esto tanta instancia que se lo concedió, y le dió el órden que había de guardar y cartas de crédito para el Conde. Embarcóse con tres soldados españoles de su compañía, hombres animosos y de quien tenía gran satisfacción, y no quiso llevar un soldado plático, flamenco, de los del fuerte que le daba D. Francisco para lo que se le podía ofrecer, que le fuera de harta importancia.

Los rebeldes dan caza con una galeota al capitán Melchor Martínez

Atravesó con su barquilla desde el castillejo por todo el país anegado, enfrente del dique Rosman, y como los rebeldes le descubrieron le enviaron á dar caza con dos navíos ligeros y con la galeota capitana que tenían, que lo era mucho, y fué atravesando por todo el país anegado para ganalle el dique al capitán Melchor Martínez ántes que llegase á él. Esto fué causa de ver el desengaño que se esperaba, porque D. Francisco y sus capitanes tuvieron siempre por muy cierto que no podía el armada rebelde navegar por el país anegado, sino por un canal sólo, que era lo que juzgaron desde léjos y muchos lo aseguraban. El capitán Melchor Martínez se había alargado tanto con su barquilla que llegó al dique mucho ántes que los rebeldes, llevándoles de ventaja más de un tiro de mosquete; y si saltara en tierra con los tres soldados españoles que llevaba, no le sucediera el perder la vida como la perdió, porque no sabía si estaba aquel país por los rebeldes ó por el Rey, nuestro señor. Hizo un gran yerro en no haber querido llevar el soldado flamenco que le daba D. Francisco, que, como ya escribí, era muy plático, y le dejó por llevar tres soldados españoles.

Los rebeldes siguen al capitán Melchor Martínez y le hieren de un mosquetazo

Y como no se determinó á saltar en tierra cuando llegó al dique, se resolvió de irse navegando á fuerza de remos agua arriba, y los rebeldes le fueron siguiendo y dando caza; pero sucedióle mal, porque se le embarazó la barquilla en unas ramas, y todo el tiempo que estuvo trabajando para zafarse dellas le ganó la galeota de los rebeldes para acercársele, y como vió el capitán Melchor Martínez que estaban sobre él se arrojó al agua con sus tres soldados españoles que llevaba, y visto que los rebeldes los arcabuceaban se pusieron sobre el dique para escaparse por tierra; y yendo caminando por él á toda priesa le alcanzó un mosquetazo al Capitán y le dió por los riñones y le derribó en tierra; y tornándose á levantar con mucho valor sacó las cartas que llevaba y las arrojó, y no pudiendo caminar volvió á caer, y un soldado de los que iban con él las cogió, y él con los otros dos, visto que los rebeldes había desembarcado y que los iban alcanzando, procuraron escaparse dejándose el Capitán muy mal herido sin poderlo retirar, aunque lo procuraron. Llegaron todos tres donde estaba el conde Cárlos y le dieron las cartas y el aviso de los que había sucedido al Capitán.

Sintiólo mucho el Conde, y más los españoles que con él estaban, por ser Melchor Martínez un Capitán animoso y de mucha experiencia. Los rebeldes le llevaron á la galeota y le curaron con mucho cuidado.

Por órden de D. Francisco de Bobadilla ganan los españoles una isla

El Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla echó de ver (luégo que el Capitán se había alargado con la barquilla) el desengaño, porque los navíos rebeldes navegaban por el país anegado y no se podía desguazar por aquella parte como se lo habían dado á entender, y envió á llamar á los capitales Juan Ruiz de Villaoslada y Juan de Valencia, que lo era de su tercio, y á Hernan Gomez, que los había dejado prevenidos en las pleytas con dos piezas de artillería para que fuesen á ocupar una isleta que está frontera del castillo de donde el capitán Melchor Martínez había partido, que sólo lo aparta y divide un canal de agua de cincuenta piés de ancho. Ganaron estos Capitanes esta isleta sin que los rebeldes se lo estorbasen, y en ella plantaron dos piezas de artillería, cubriéndolas con seis cestones que llevaban para este efecto; comenzaron á atrincherar los soldados para cubrirse de los muchos mosquetados y artillería que les tiraban los rebeldes desde su armada, y á ella hacian lo mismo los españoles con el artillería que habían plantado.

Los españoles del tercio de D. Juan del Águila baten la armada rebelde y le hacen daño

Y los de D. Juan del Águila que se hallaban con el Conde, y en tierra firme, plantaron en la iglesia del lugar de Horte un medio cañón y dos piezas de artillería que habían sacado de Bolduque, y con ellas Pedro de Luque, que no ménos diligencia habían puesto para tirar á el armada rebelde que los demás españoles sitiados, y se les hizo por esta parte mucho daño, y se fueron apartando del órden en que estaban puestos, por donde se conoció le habían recibido y que dejaban la guardia que tenían puesta. D. Juan del Águila mostró bien en esta ocasión el deseo que tenía de librar á los aislados, porque hizo que los de su tercio, con inmenso trabajo, tirasen el artillería (por falta de caballos) á fuerza de brazos, y á una parte y á otra para desalojar el armada rebelde que estaba delante de la postrera isleta que D. Francisco de Bobadilla había mandado ocupar cerca del castillo; á mano derecha había otras isletas y bajíos en medio del país anegado que era el paso para la villa de Bolduque por haber entre ellos muchos bajíos; y en estos pasos, por ser los más necesarios que los rebeldes habían de ocupar para salir con su intento, estaba de ordinario mucha guardia de navíos, y su galeota Capitána atravesada en el paso más importante.

Fuertes que hacen los rebeldes en las islas para apretar el sitio á los españoles

Y como vieron que los españoles habían ocupado la isleta vecina del castillo y que se fortificaban y cubrían, y que desde ella podrían apoderarse de las demás, como lo tenía determinado D. Francisco en acabando de fortificarse, para asegurar lo que se le había ganado levantaron los rebeldes aquella misma noche un fuerte en cada una de las islas, y puéstolos casi en defensa; al amanecer, cuando lo vieron los españoles se comenzaron á afligir, con no pequeña confusión por ver que les habían ocupado los pasos y que el sitio se apretaba por mar y tierra, y ser tan poca la que poseían que apénas cabían en ella, veíanse en muy gran turbación y trabajo, y el menor que pasaban era el frio, hambre y desnudez, que tanto les apretaba por estar al rigor del tiempo sin ningún reparo donde poderse cubrir ni valer de noche y de día, y sobre unos diques yermos y solos, donde iban ya perdiendo las esperanzas de ser socorridos.

Trabajos de los españoles en la isla de Bomel


La causa de no haber D. Francisco de Bobadilla hecho ocupar las demás islas, era por estar algo léjos del cuartel de los españoles, y si las ocupara ántes que las otras quedaran los soldados y barcas de manera que no se pudieran socorrer, demás de ser las islas pequeñas y muy rasas; y arrimándose á ella los bajeles de los rebeldes sin podérselo estorbar, los acañonearan y deshicieran sin darles tiempo para cubrirse y repararse, y la mayor prevención que para esto se pudiera hacer eran cestones, y estos fueran de bien poco provecho por el tiempo que se había de gastar para llevarlos de tierra y estar el armada rebelde á la mira y tan cerca que se apoderaran de las islas primero que los españoles, sin podérselo estorbar; y para salir con ello era necesario irlas ganando y fortificando, dejando seguras las espaldas para cualquier acontecimiento. Deste mismo parecer fueron todos los Capitanes viejos y de más experiencia que allí estaban.

Órden del conde Cárlos á D. Francisco de Bobadilla para librar los españoles del peligro de Bomel


En este medio le llegó á D. Francisco de Bobadilla un aviso del conde Cárlos, que había enviado por cincuenta barcas y estaban á dos leguas de allí, y le parecía las tendría juntas y á punto ántes del día para embarcarse en ellas con el tercio de D. Juan del Águila que le había hecho ir allí para cerrar con el armada rebelde, y que á un mismo punto hiciese D. Francisco lo mismo; y para que se conociese el tiempo en que había de ser, mandaría el Conde ántes de partir que hiciesen muchos fuegos y ahumadas en la iglesia del lugar de Orte y que disparasen dos piezas de artillería, y habiendo entendido bien este órden D. Francisco de Bobadilla y deseándolo poner en ejecución para que de aquellas banderas españolas no triunfasen los enemigos de la Iglesia, ni pereciesen tan buenos y valerosos soldados que militaban debajo dellas, dió órden á los Sargentos mayores que apercibiesen los Capitanes y soldados que estaban señalados para embarcarse en las pleytas una hora ántes del día. Hízose así y estuvieron esperando (con un ánimo increíble) que amaneciera para ejecutar el órden que los Sargentos mayores les tenían dado, y habiendo llegado el deseado dia, que fue viérnes 6 de Diciembre, no vieron en la iglesia de Orte las señales del fuego que esperaban, ni oyeron el ruido de las piezas de artillería. Esto le dió mucho que considerar á D. Francisco de Bobadilla, y creyó (como era de creer) no había podido más el conde Cárlos y que se debían de haber ofrecido algunas dificultades y nuevos inconvenientes, pues no ejecutaba lo que había acordado, porque del Conde y su gran solicitud y cuidado no se podía imaginar cosa que no fuese muy enderezada al servicio de Dios y del Rey, nuestro señor; que si á los principios de la guerra se pudo tener dél la misma sospecha que de los demas caballeros del país, siempre que tuvo á cargo el ejército católico sirvió con gran cuidado y lealtad, y aunque era valeroso caballero y de ánimo arriscado, no todas veces tuvo en la guerra la buena dicha y fortuna que otros Capitanes, que no es la menor parte que ha de tener un General en semejantes ocasiones; y en ésta trabajó tanto por librar los cercados españoles que intentó cuantos remedios le fueron posibles, pero todos tan inútiles y de tan poco fruto que no se sacó dellos, aunque se procuró, el que deseaba.

El conde Cárlos bate los fuertes de los rebeldes


Puso este mismo día, por la mañana, en descubriendo los fuertes que los rebeldes habían levantado, tres piezas de artillería en el dique de la villa de Grave, frontero de las isletas, y los comenzó á batir tan furiosamente por espacio de dos horas que les hizo mucho daño, aunque no de manera que dejasen de llevar su obra adelante; y deseando saber D. Francisco de Bobadilla qué fuese la causa de no haber salido el Conde á embestir con el armada enemiga, le envió el alférez Guzmán, valiente soldado, que lo era de la compañía del capitán Agustín Román, en una barquilla.

Los rebeldes queman las barcas que iban á socorrer los españoles sitiados en Bomel

Y esta misma noche, después de las once, llegó en otra de parte del Conde el alférez Francisco Zambrana y le dió aviso como sabiendo los rebeldes que el Conde había juntado aquellas barcas para pelear con ellos, habían salídoles al paso y que las quemaron todas sin dejar ninguna, y que no tenía remedio ni sabia otro para poderle socorrer, quitándole de todo punto con estas nuevas las esperanzas de ser socorrido; pero que le aconsejaba procurase de salir ganando las cortaduras por donde los rebeldes habían entrado en el país anegado, ó que se volviese á la isla de Bomel.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

08 Dic 2010 11:28
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
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Confusión de los españoles cercados en Bomel.—Los españoles sitiados echan menos á Alexandro y claman por él.—Necesidades y confusiones de los españoles sitiados de Bomel.—Razonamientos de D. Francisco de Bobadilla á sus soldados.—Notable milagro.—Cofradías de Nuestra Señora en los tercios españoles.—Nuevos trabajos que los españoles pasan en Bomel.—Plática y exhortacion que D. Francisco de Bobadilla hace á sus soldados.—Bárbara y temeraria resolucion de españoles.—Los burgueses de la villa de Bolduque ofrecen socorro al conde Cárlos para librar los españoles de Bomel.—La villa de Bolduque, de las más leales en Flandes, hace devociones por la libertad de los españoles de Bomel.—Fe y esperanza de la nacion española.—Los católicos de Bolduque continúan en sus devociones para librar los españoles de Bomel.—Nuevas devociones de Bolduque y piedad que tuvieron á los españoles.—Bomel.—Un atambor de los rebeldes va con embajada á D. Francisco de Bobadilla.—El capitán Torralva con órden de D. Francisco de Bobadilla corta un dique junto á Hasdem.—Don Francisco de Bobadilla anima á sus soldados en los trabajos que pasan en Bomel.

Confusión de los españoles cercados en Bomel


Esta nueva puso á D. Francisco y á sus Capitanes y soldados en tanta confusion como se puede imaginar, porque siempre creyeron que saliendo el Conde á pelear con aquellas barcas, como había ofrecido, y ellos con las pleytas á un mismo tiempo, fuera su único remedio; y el que decía el Conde de salir por las cortaduras, habíalas ya reconocido D. Francisco, y no era posible, ni tampoco por la parte del fuerte de los flamencos, que le tenía á cargo el capitán Berquen, de su misma nación; y si alguna confianza se podía tener, demás de que todas se iban perdiendo para ser socorridos, era ir por la mano derecha de la villa de Bolduque desde donde estaba el Conde, y acometer de noche á ganar dos cortaduras que tenían los rebeldes ántes de llegar á una torremocha, que es un fuerte donde había guarnición de italianos de nuestro ejército; y al mismo tiempo se habían de ganar otras dos cortaduras para juntarse los españoles sitiados con los del tercio de D. Juan del Águila; pero había muy grandes dificultades para ponerlo en ejecución; y porque no le quedase á D. Francisco ninguna diligencia por hacer, le pareció enviárselo á decir al Conde, á los 7 de Diciembre, y despachó al capitán Hernando de Barragán, del tercio del coronel Cristóbal de Mondragón, y que le persuadiese al Conde emprendiese esto pues no había otro remedio ni se imaginaba, y este lo era tan incierto y casi imposible, como se deja ver de los que saben ó han experimentado la guerra de Flandes, con tantas aguas entre diques y cortaduras dellos, inundada la tierra, con hambres, frios y desnudez y otros trabajos intolerables que los soldados pasan; pero ningunos tan grandes ni tan sin remedio como los destos afligidos y encerrados españoles, donde no podían mostrar ni valerse del valor y osadía que tenían; cuando supieron que los rebeldes habían quemado las barcas y que el Conde no sabia cómo librarlos, aunque lo procuraba, se comenzaron á afligir demasiadamente.

Los españoles sitiados echan menos á Alexandro y claman por él

Pero tan constantes con su acostumbrado ánimo, como siempre lo han tenido, clamaban todos por Alexandro, y le dijeron á D. Francisco que por qué no le enviaba á decir el trabajo en que se hallaban, porque sabían por experiencia, que si alguno había en este mundo, con su ingenio y valor, se le daría y procuraría con grandísimas veras; tanta era la fe y esperanza que tenían en este heróico y católico Príncipe, que fuera de la de Dios, no la tenían en esta vida sino en su persona, y por ella pusieran las suyas cien mil veces en sacrificio. Respondióles D. Francisco que ya le había escrito, aunque sospechaba que el conde Cárlos, confiado de que al principio de sus trabajos podía socorrerlos y librarles dellos, había dilatado el despacho, pues él creia que si Alexandro le hubiera recibido fuera á toda diligencia á favorecerlos y ayudarlos. Esta confianza la tenía D. Francisco como todos sus soldados y Capitanes, y es cosa para notar que á todos les parecía que si estuviera donde se hallaba el Conde fuera bastante para remediallos; pero eran muy vanas esperanzas, porque estaban de manera que solo Dios era poderoso para sacarlos de aquel peligro, porque fuerzas humanas, ni ingenios de hombres no eran bastantes; pero siempre esperaban en el de Alexandro, y á veces le llamaban y decín que si le vieran presente se facilitara todo. Grande prueba de amor y de lealtad, pues aunque es costumbre entre soldados viejos españoles usar de libertades y hablar de sus Príncipes y Generales en tiempos de trabajos y necesidades que la guerra trae consigo, jamás movieron sus labios, con ser esta ocasión más apropósito para descansar con la lengua y decir las libertades que suelen; ántes bien se alaban y decían sus grandezas, acordándose de haberle visto padecer y sufrir las miserias de la guerra de la misma manera que ellos; teníanle por padre amado, y él los conoció siempre por hijos obedientes, confesando que esta virtud de la obediencia española le dió la gloria de sus victorias y tenía la corona dellas tan merecida como es notorio.

Necesidades y confusiones de los españoles sitiados de Bomel

Habíanseles acabado á los encerrados españoles los bastimentos que tenían, y algunas vacas y caballos que habían recogido, y por no tener qué comer ya no les faltaba sino perder el sufrimiento; y viéndose D. Francisco contrastado de tantos trabajos y fortunas, el poder y fuerzas del armada de los rebeldes, las hambres, fríos y necesidades, pasándolas sobre unos diques yermos y pelados á la inclemencia del riguroso tiempo, y que tenían la muerte delante de los ojos, que los amenazaba.

Razonamientos de D. Francisco de Bobadilla á sus soldados


Llamó á todos sus Capitanes y soldados, y con eficacísimas razones les dijo que bien sabían los remedios que había buscado para librarse de aquel tan espantoso peligro en que estaban, y cuán inútiles habían sido y de ménos fruto las diligencias del Conde, y que cada uno por su parte y todos en general habían hecho lo posible para librarse, y no pudieron, que le parecía, por último remedio y más acertado, que volviesen todos sus corazones á Dios y le llamasen, suplicándole no fuesen parte sus muchos pecados y culpas para que dejase de mirar con sus ojos de misericordia aquellas pobres almas y banderas católicas que habían peleado por defender su santa Iglesia romana, y que les amonestaba y requería olvidasen las cosas de este mundo y desde luégo quitasen la mala costumbre que algunos tenían de jurar, y que haciendo esto tenía por cierto que Dios los socorrería; y encargó mucho al padre Fray García de Santistéban, de la órden de San Francisco, que hoy es Guardián de su convento de la villa de Martos, merecedor de otras mayores dignidades por su virtud, buena vida y costumbres. Era su tío el capitán Juan de Castilla, natural de Granada, y el capellán de su compañía y que administraba los Sacramentos con mucho cuidado en todo el ejército español. Encargóle que hiciese á todos los soldados que estaban en la iglesia y cuarteles que se confesasen y comulgasen, y les predicase con gran fervor lo mismo que él les había dicho. Hízolo así y lució de manera el trabajo que este bendito Padre había tenido, que en breve espacio les hizo á todos estar muy dispuestos para recibir un dichoso martirio, pues lo fuera muy grande morir todos, defendiendo la fe de Jesucristo, á manos de aquellos rebeldes tan herejes como inhumanos. Y ántes de pasar adelante diré un milagro que en este medio sucedió.

Notable milagro


Estando un devoto soldado español haciendo un hoyo en el dique para guardarse debajo de la tierra del mucho aire que hacia y del artillería que los navíos enemigos disparaban, á las primeras azadonadas que comenzó á dar para cavar la tierra saltó una imágen de la limpísima y pura Concepción de Nuestra Señora, pintada en una tabla, tan vivos y limpios los colores y matices como si se hubiera acabado de hacer; acudieron otros soldados con grandísima alegría y la llevaron y pusieron en una pared de la iglesia, frontero de las banderas, y el Padre Fray García de Santistéban hizo luégo que todos los soldados le dijesen una Salve, y lo continuaban muy de ordinario.

Cofradías de Nuestra Señora en los tercios españoles


Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien (que por intercesión de la Virgen María) esperaban en su bendito día, que fué á 8 de Diciembre, como presto lo veremos, y en memoria deste milagro, en algunos tercios españoles y en otros muchos lugares presidiales donde la infantería española tiene costumbre de fundad cofradías y hermandades de nuestra señora del Rosario, mudaron la advocación para que fuesen de la limpísima y pura Concepción como lo hizo en la casa real de la Aljafería en Zaragoza el primer Capitán y Alcaide della, Cristóbal Vázquez de Peralta, y hoy día todos los soldados que allí están de presidio celebran las fiestas de la Concepción con grandísima puntualidad; y el tiempo que yo tuve á cargo aquella plaza se hacía y continuaba con mucha devoción, con asistencia de los ministros del Rey, nuestro señor, que allí hay, y porque la memoria de tan excelente milagro como Nuestra Señora hizo á estos encerrados y afligidos españoles no se pierda y quede perpetua una tan santa devoción entre la infantería española, voy estableciendo y formando cofradías y hermandades en todas las compañías de la milicia de mi distrito en el obispado de Jaén, donde el Rey, nuestro señor, me mandó que le sirviese de Sargento mayor dellas; y aunque se han ofrecido muchísimas dificultades y las justicias y ciudades procurádomelo estorbar, se han vencido todas con el ayuda y favor de Nuestra Señora de la Concepción, pues á honra y gloria suya, y no por otro respeto las he fundado, y lo mismo creo van haciendo los demás Sargentos mayores de la milicia general de España en todos sus distritos.

Nuevos trabajos que los españoles pasan en Bomel


Quedaron tan consolados los sitiados españoles después de haber dicho la Salve con extraña devoción á la nueva imágen que habían descubierto, que no sentían tanto la hambre y necesidades que comenzaron á padecer, porque de todo punto se les habían acabado los bastimentos; y aunque este trabajo era intolerable, no ménos le tenían del terrebilísimo viento y malos temporales que hacía, estando de todas partes cercados y ceñidos de agua, sobre un dique tan yermo y pelado que no había á qué arrimarse, ni abrigo ninguno tenían, porque paja y palos para hacer barracas, como acostumbran estando en campaña, no lo hallaban, ni leña para hacer fuego; todo les faltaba y padecían tan inmensos trabajos que ni los sabré encarecer ni escribir.

El Maestre de campo D. Francisco de Bobadilla y sus Capitanes habían hecho dos cuevas en que se entraban, y apénas cabían en cada una catorce personas; y en la que estaba el Maestre de campo manaba tanta agua, que para poderla habitar era necesario estar cubriendo el suelo de tierra de rato en rato y no aprovechaba.

Plática y exhortación que D. Francisco de Bobadilla hace á sus soldados

Visto por el Maestre de campo D. Francisco el poco remedio que tenían de salvar las vidas si no les venía de la mano de Dios, como esperaban, hizo llamar á todos sus Capitanes y les dijo que ya había llegado la última hora en que tomasen resolución de lo que habían de hacer, pues no convenía dejarse morir encerrados y á manos de la hambre y necesidad, sin que los rebeldes por algún camino dejasen de conocer su ánimo y valor.

Bárbara y temeraria resolución de españoles

Y que le parecía se quemasen las banderas y estandarte de la compañía de caballos del capitán Juan García de Toledo, y que se hundiese ó enterrase el artillería, y que en las nueve pleytas que había con los Capitanes y soldados ya nombrados que tenían de ir en ellas, que eran los más particulares, se cerrase de noche con las galeotas más gruesas del armada rebelde, procurando ganárselas ó perder las vidas, y no en tan miserable estado como en el que se hallaban. Á todos les pareció bien la honrada determinación de D. Francisco, aunque algunos Capitanes y soldados, más temerarios que prudentes, desconfiados de la divina misericordia, dijeron que en caso que no tuviese efecto lo que se había acordado se repartiesen en el dique tantos á una parte como á otra y se diesen la batalla matándose unos á otros, porque los rebeldes y enemigos de Dios no triunfasen dellos. No tan solamente no quiso D. Francisco oir aquellas bárbaras pláticas, pero las abominó y expresamente mandó no se tratase dello ni se diese oidos á aquellas temeridades, porque siempre tuvo confianza en Dios que le había de sacar de aquel peligro tan temeroso como afligido, pues siempre los honrados y cristianos caballeros que con tan buena intención sirven á nuestro Señor y á sus Príncipes, en los mayores naufragios son ayudados y socorridos como lo fué D. Francisco por la mucha fe y confianza que tuvo en Dios, digna de ser celebrada entre católicos y valerosos Capitanes, diferente de otros que sus acciones encomiendan ántes al esfuerzo y buena fortuna de sus personas que á la inmensa misericordia de Dios, nuestro Señor.

Los burgueses de la villa de Bolduque ofrecen socorro al conde Cárlos para librar los españoles de Bomel


Los burgueses católicos de la villa de Bolduque, habiendo entendido la resolución que D. Francisco y sus soldados tenían de cerrar con las galeotas, ofrecieron al conde Cárlos de Mansfelt que entrarían por el país anegado hasta llegar á las isletas que los españoles habían ocupado y que se juntarían con ellos, y para esto echaron un bando en toda la jurisdicción y contornos de Bolduque, que todos los hombres y mujeres de catorce años arriba se juntasen á trabajar. Hiciéronlo así, y con el mayor gusto y ánimo posible acudieron á ofrecer sus personas, mas viendo no eran de provecho ni habían de salir con ello por las grandísimas dificultades que se ofrecieron, acudieron al verdadero remedio todos los vecinos de la villa de Bolduque, y con gran evidencia mostraron en esta ocasion el amor particular que tienen al Rey, nuestro señor, por ser una de las más leales que hay en Flandes, ni que con más veras hayan acudido al servicio de su Príncipe.

La villa de Bolduque, de las más leales en Flandes, hace devociones por la libertad de los españoles de Bomel


Comenzaron á hacer muchas y devotas procesiones en todos los conventos de frailes y monjas y por las calles y plazas públicas; toda la clerecía hicieron lo mismo con grandísimos ayunos, disciplinas y rogativas, visitaban todos los lugares píos y sagrados.

Fe y esperanza de la nación española

Y los afligidos españoles comenzaron á hacer lo propio al mismo tiempo que los de Bolduque, que para valerse en tan notable peligro eran las verdaderas armas que habían menester, pues como soldados valerosos se aprovecharon en cada ocasión de las más necesarias para ofender á los enemigos de la Iglesia y para salvar sus armas.

Los católicos de Bolduque continúan en sus devociones para librar los españoles de Bomel

Todas las damas y señoras más principales de la villa, honestamente vestidas, con tiernísimas lágrimas iban por las calles con imágines en las manos exhortando al pueblo continuasen sus devociones y rogativas. Sacaron en todas las iglesias el Santísimo Sacramento para que viéndole patente les creciese la devoción, y para animar á los sitiados españoles, con grandísimas lumbres de cera blanca, los clérigos de la iglesia mayor llevaron el Santísimo Sacramento á la marina, y desde la lengua del agua se le enseñaban para que le adorasen y recibiesen consuelos, y le tuvieron tan grande y con tanta fe en que nuestro Señor les había de sacar de aquel miserable trabajo, que luégo al punto se echó de ver que los había mirado con sus ojos misericordiosos; y para que se entienda y vean los cristianos de cuanta importancia es la devoción del Santísimo Sacramento, que desde el sábado, á 7 de Diciembre, por la mañana, víspera de nuestra Señora de la Concepción, que los de la villa de Bolduque comenzaron la primera procesión y sacaron el Santísimo Sacramento, en aquél mismo tiempo mudó Dios (por intercesión de su bendita Madre) el tiempo y costumbre de los cielos, de tal manera, que con hacer muy gran humedad, comenzó á helar tan fuertemente (y jamás en aquellos países hasta mediado Enero en adelante no lo suele hacer) que se engrosaron los hielos por algunas partes más de dos picas, y había crecido el agua en todo el país anegado y en el rio maravillosamente. Viendo los españoles y los vecinos de Bolduque el riguroso tiempo y la mudanza que con tanta brevedad había hecho, continuaron en sus devociones con mayor eficacia, pues veían sacaban el fruto dellas que deseaban, que era el único y verdadero remedio para su libertad de los españoles que no ménos que los burgueses habían acudido (como más interesados) á rogar a Dios les librase de aquel peligro.

Nuevas devociones de Bolduque y piedad que tuvieron á los españoles

Parece cosa extraordinaria que en tierra de tantos herejes y donde tan mal quieren á los españoles hubiese flamencos tan piadosos que se azotasen por ellos y tan de veras procurasen su remedio, los cuales no cesaban en sus plegarias y procesiones; y el domingo siguiente, á 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora de la Concepción, hicieron nuevas procesiones, plegarias y disciplinas, y derramando muchas lágrimas clamaban al cielo por la libertad de los españoles; y á los que encontraban del tercio de D. Juan del Águila los agasajaban y daban bien á entender el sentimiento que tenían de ver á los demás en aquel trabajo tan peligroso, y para sacarlos dél había dado la villa de Bolduque al conde Cárlos todas sus municiones y artillería y cuanto les había pedido, con entrañable amor y voluntad, así gente que le ayudase como bastimentos y otras cosas.

Bomel

Y miéntras más iban continuando en Bolduque en sus devociones y los sitiados españoles con las suyas, se iban engrosando los hielos y cuajando de tal manera como se podía desear, ni que jamás en Flandes tal cosa ni con tanta brevedad se hubiese visto, pues para hacer tan grande efecto era necesario helar más de veinte días.

Un atambor de los rebeldes va con embajada á D. Francisco de Bobadilla

El sábado ántes, en la tarde, había llamado un atambor de los rebeldes con una caja; mandó D. Francisco de Bobadilla le respondiesen con otra y viesen lo que quería. Dijo que traía un recaudo, y que si le daban licencia pasaría á dársele. D. Francisco se le mandó dar é hizo que le entrasen con los ojos cubiertos, como se acostumbraba en la guerra, para que no viese de la manera que estaban en los cuarteles sus soldados. Pasó por ellos sin poder ver nada hasta que le entraron en la cueva de D. Francisco, y allí le dijo como el capitán Melchor Martínez era ya muerto, y que apénas que le prendieron no vivió más de un día y dos noches, y que le habían curado con grandísimo cuidado, y que si quería D. Francisco enviar por su cuerpo se lo darían de muy buena gana. Agradeció este ofrecimiento y dijo enviaría por él y dió al atambor seis escudos de oro y ofreció diez para el que lo había curado, y á los soldados que le habían guardado treinta. Con este buen despacho se volvió el atambor á su armada.

Esta misma noche escribió el Conde á D. Francisco que amanecería el domingo con cuatro piezas de artillería en el dique de Rosman, que estaba frontero de unas isletas á la mano izquierda de la que los españoles tenían ocupada junto al castillo, y desde aquel sitio batiría el armada rebelde y procuraría enviarles, miéntras se hacia esta facción, algunas barcas de pan. Que estuviese apercibido para ocupar las isletas y plantar en ellas alguna artillería para que por su parte se abriese y desembarazase el paso que habían ocupado los rebeldes; y que se informó de algunas personas pláticas, si por alguna parte podía esguazar la gente española el país empantanado y retirarse á tierra firme, y que le habían dicho no era posible por ser aquella muy baja y fondable, particularmente toda la que estaba anegada, pues navegaban por ella los navíos y armada de los rebeldes; pero que si se rompía un dique que estaba á la parte de la villa de Hasdem podría ser que se vaciase mucha parte del agua y quedase en seco algún paso para poderse librar la gente, y que para este objeto había enviado al capitán Bartolomé de Torralva con trescientos españoles del tercio de D. Juan de Águila, y que de lo que resultase le daría aviso.

El capitán Torralva con órden de D. Francisco de Bobadilla corta un dique junto á Hasdem

El capitán Bartolomé de Torralva fué á poner en ejecución lo que el Conde había ordenado é hizo dos muy grandes cortaduras en el dique, y aunque los de Hasden se lo procuraron estorbar, no salieron con ello, y en vez de ser el único remedio que los sitiados españoles esperaban, fué para ponerlos en mayor peligro, porque creció el agua más de dos codos y casi llegaba por algunas partes á vacar el altura del mismo dique donde estaban, con que de todo punto perdieron las esperanzas de su remedio; y visto que no le tenían y que los rebeldes les amenazaban á que se rindiesen, y que ninguna diligencia les aprovechaba, se afligían y continuaban en sus devociones y plegarias.

Don Francisco de Bobadilla anima á sus soldados en los trabajos que pasan en Bomel


D. Francisco, que era tan gran caballero como soldado y valeroso, no cesaba de amonestallos cristianamente para que se valieran del sufrimiento, que si los rebeldes por fuerza de armas fueran á asaltallos, que bien sabrían defenderse y triunfar dellos, pues tantas veces lo habían hecho en las ocasiones que con ellos se le ofrecieron; fuera de gran importancia si los rebeldes tomaran esta resolución; pero jamás les pareció acertado ni les pasó por el pensamiento, ni eran tampoco soldados que había de aventurarse á pelear con gente desesperada, pudiendo vencellos con estarse en sus navíos, como lo hicieron, teniéndolos sitiados, sabiendo que la hambre y fríos los había de acabar y consumir á todos.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
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El conde Cárlos bate la armada enemiga.—Los navíos rebeldes se comienzan á retirar.—D. Francisco de Bobadilla manda ocupar algunas isletas.—Los rebeldes desamparan las isletas.—Valor de un soldado.—Los navíos rebeldes desamparan sus puestos por temor de los yelos.—La arcabucería y mosquetería española hace daño á los rebeldes.—Don Francisco de Bobadilla va con dos pleytas sobre los fuertes de los rebeldes.—El capitán Juan de Valencia ofrece á D. Francisco de Bobadilla ganar los fuertes rebeldes.—Los capitanes D. Pedro Ramirez de Arellano y Juan de Valencia van sobre los fuertes rebeldes con mucho trabajo.—Los rebeldes desamparan los fuertes y los españoles los ocupan.—Los españoles sitiados en Bomel están fuera de peligro.—Los españoles enfermos comienzan á salir de la isla.—El conde Cárlos se alegra con los españoles y les remedia su necesidad y acompaña las banderas.—La postrera persona que salió del peligro de Bomel fué D. Francisco de Bobadilla.—Fuerza en los yelos causada por milagro.—Número de los españoles que estuvieron sitiados en Bomel y sus banderas.—Sabe Alexandro.—Carta de Alexandro á D. Francisco de Bobadilla.—Alexandro manda apretar el sitio de la villa de Grave.—Monsieur de Hautepena gana dos fuertes á los rebeldes y otras plazas.

El conde Cárlos bate la armada enemiga


Domingo, 8 de Diciembre, día de Nuestra Señora de la Concepcion, poco ántes que amaneciera comenzó el Conde á batir el armada rebelde por la parte que había avisado con tres piezas de artillería que los soldados del tercio de D. Juan del Águila habían plantado á fuerza de brazos, y fuera del trabajo y peligro de estar sitiados, como los demás, pasaban muchas necesidades, y por librarlos pusieron todas sus fuerzas con grandísimo ánimo y valor sin dormir ni descansar todo el tiempo que duró el sitio y trabajo, siendo asistidos de D. Juan del Águila, Maestre de campo, y no ménos el Conde trabajando todos lo posible; pero tan en vano como si no hicieran ninguna diligencia.

Los navíos rebeldes se comienzan á retirar

Los navíos rebeldes que vieron les hacían notable daño las muchas y apresuradas cargas del artillería española, se comenzaron á apartar del puesto que tenían, y se cubrieron (los que estaban por aquella parte) con las isletas que se habían de ganar.

D. Francisco de Bobadilla manda ocupar algunas isletas

D. Francisco, que vió era tiempo de hacer alguna buena facción, mandó embarcar en las pleytas doscientos soldados á cargo de los capitanes Jusepe Cerdany, D. Álvaro Suarez y Melchor Martínez de Prado, todos tres muy valerosos, y el ingeniero Juan Francisco, y también Hernán Gómez, que tenía á cargo el artillería, y embarcó tres piezas para ocupar estas isletas; y habiendo hecho D. Francisco reconocer las que eran más apropósito para ocupallas y el lugar por donde se había de entrar en ellas, guardándose de la mayor parte de la armada rebelde, que, como ya escribí, se había arrimado á ellas por librarse del artillería que les tiraban los españoles del tercio de D. Juan del Águila, ordenó al Sargento mayor Cristóbal Lechuga, natural de Baeza, soldado de gran valor y bien entendido, que hiciese á los Capitanes que ocupasen las isletas á una hora de noche por no ser vistos ni sentidos de los rebeldes, y que los soldados llevasen las cuerdas cubiertas y con el mayor silencio que se pudiese, aunque pocas veces lo suele tener la nación española en las facciones que hace de noche, y también por haber entendido que los rebeldes tenían gente en las isletas, y llegando á ellas para ponerlo en ejecución, se le pegó fuego (desgraciadamente) á un soldado en un frasco.

Los rebeldes desamparan las isletas


Y los rebeldes que estaban en tierra sintieron la facción que los españoles iban á hacer y se fueron huyendo á embarcarse á sus navíos.

Valor de un soldado

Y faltó muy poco que no cogiese en prisión al más principal de los rebeldes un soldado catalán, valiente y particular, que se llamaba Felipe de Valgornera, y era entretenido en la compañía del capitán Jusepe Cerdany, hallándose con una alabarda en las manos cerró con los rebeldes valerosamente y los hizo huir, y se entró tras dellos en el agua hasta hacerlos embarcar; y habiéndose los españoles apoderado de la isleta, se dieron priesa á plantar las piezas de artillería que llevaban para batir á los navíos rebeldes, y habiéndolo comenzado á hacer se fueron retirando; en este medio (particularmente aquella misma noche) se iban los hielos engrosando á grandísima priesa por el aire y tiempo tan frio que hacía, que era el más extraordinario que jamás se vió; cuajaba el agua á medida del deseo de los españoles porque no tenían más esperanzas que esta para su remedio.

Los navíos rebeldes desamparan sus puestos por temor de los yelos

Los rebeldes, que conocieron el peligro manifiesto en que se iban poniendo si esperaban ver sus navíos encajados y asidos en los hielos, comenzaron á media noche á alargarse y salir del país anegado, que les valió harto haber tomado esta resolución, porque si esperaban se vieran en mayor peligro que los españoles, los cuales fueran sobre los hielos, como ya lo tenían acordado, y cerraran con los navíos y se los ganaran ó pusieran fuego. D. Francisco de Bobadilla que vió los navíos rebeldes salir por las cortaduras que habían hecho al país anegado y entrarse en el rio Mosa, hizo guarnecer todo el dique á lo largo detrás de las trincheras que había mandado hacer de toda el arcabucería y mosquetería que había en los tercios.

La arcabucería y mosquetería española hace daño á los rebeldes

Y como los navíos rebeldes iban pasando la vuelta de la villa de Hasden, por delante de la iglesia de Empleu, y los cuarteles que tenían los españoles les iban dando muchas y apresuradas cargas; y se les hizo mucho daño, habiéndolo después confesado los mismos rebeldes, y que les habían muerto más de trescientos soldados y marineros, y también se les había tirado con una pieza de artillería que se quedó en la iglesia de Empleu, y las otras cinco, de seis que eran, se plantaron en las isletas que habían ganado, como tengo escrito; y Hernán Gómez trabajó con ellas con tanta puntualidad y cuidado como se puede desear.

Cuando los rebeldes iban pasando con sus navíos por el rio abajo les decían á los españoles en lengua castellana, que no era posible si no que Dios era español, pues había usado con ellos un tan gran milagro, y que nadie en el mundo sino él (por su divina misericordia) fuera bastante á librarles de aquel peligro y de sus manos.

Don Francisco de Bobadilla va con dos pleytas sobre los fuertes de los rebeldes

D. Francisco de Bobadilla que vió la mayor parte del armada rebelde había pasado por el rio, le pareció que los fuertes que fabricaron en los pasos por donde era forzoso salir los sitiados españoles los habrían desamparado, se fué dos horas ántes que amaneciese á la isleta que estaba delante del castillo, y llevó con él dos pleytas guarnecidas de Capitanes y soldados escogidos (126) para ocupar los fuertes, y dejó órden en los cuarteles á los Sargentos mayores que en las pleytas que en ellos quedaban pusiesen algunos soldados y Oficiales y estuviesen apercibidos para lo que se les ordenase; y en llegando á la isleta envió á reconocer lo que había, y se entendió que aún se estaban en los fuertes algunos rebeldes y navíos junto á ellos, y que á la mano izquierda del país anegado, cerca de las isletas que aquella noche se habían ganado, no parecía ningún navío, y que por aquella parte estaba todo tan helado que no se podía barquear; y se vieron algunos navíos á la mano derecha del país anegado, á la parte de unas cortaduras que estaban en un dique cerca de allí, aunque por el hielo y la mucha oscuridad de la noche no se podía reconocer bien; D. Francisco esperó que amaneciese para poder mejor ordenar lo que convenía, y descubriendo el día se vió que estaban seis navíos junto á los fuertes y que había gente dentro dellos; aguardó una hora después de amanecido, entendiendo que de la iglesia de Orte, que estaba de la otra parte, que era donde estaba el Maestre de campo D. Juan del Águila con su tercio de españoles, salieron algunos con una galeota que allí tenían y otro navío grande hecho de dos barcones, con el cual el conde Cárlos había mandado poner una culebrina sobre un tablado, con parapeto á prueba de mosquete, donde podrían los soldados estar cubiertos.

El capitán Juan de Valencia ofrece á D. Francisco de Bobadilla ganar los fuertes rebeldes

Y viendo D. Francisco que no salían y lo que importaba ganar aquellos fuertes, pues haciéndolo quedaba libre el paso, si bien algunos le pusieron muy grandes dificultades; pero el capitán Juan de Valencia que le vió triste y lleno de confusión le dijo si quería se ganasen aquellos fuertes. Respondióle que no deseaba otra cosa, pues si los ocupaban era la redención de todos; el Capitán le respondió que él iría de muy buena gana y los ganaría. D. Francisco le puso los brazos al cuello y le abrazó, y dijo que bien le pagaba el haberle hecho Capitán; que fuese muy enhorabuena, y que esperaba en Dios y en su valor y osadía había de tener buen suceso, y mandó que se entrase en las pleytas que había hecho aprestar.

Los capitanes D. Pedro Ramírez de Arellano y Juan de Valencia van sobre los fuertes rebeldes con mucho trabajo

Y ordenó á los Capitanes que iban en ellas fuesen á aquel efecto, y así lo hicieron, y les tocó la vanguardia 127 en una pleyta á los capitanes D. Pedro Ramírez de Arellano y Juan de Valencia, y la otra los capitanes Hernán Tello y Gabriel Ortíz. Ordenó también al capitán D. Antonio de Pazos que fuese saliendo tras estas dos pleytas con otras tres, y todas cinco iban la vuelta de los fuertes entre las isletas que tenían ocupadas los españoles. Con esto se dió á entender á los rebeldes que eran más pleytas que las cinco que habían visto, porque no podían descubrir lo que estaba detrás de las isletas. En este medio envió D. Francisco á decir á los Sargentos mayores que estaban en los cuarteles donde tenían su gente, que las pleytas que habían quedado en ellos saliesen á socorrer á los demás españoles que iban sobre los fuertes; y esto fué á tiempo que comenzaban á entrar de nuevo algunos navíos de los rebeldes en el país anegado por las cortaduras de la mano derecha, que el hielo iba cesando y hacia blandura y se iban muchas barquillas de gente á socorrer los fuertes, por donde se entendió habían sacado la que tenían y querían volver á ocuparlos.

Los capitanes D. Pedro Ramírez de Arellano y Juan de Valencia que vieron el designio de los rebeldes, pusieron la proa, aunque con inmenso trabajo, la vuelta de los fuertes, quebrando los hielos con los remos y con otras cosas para poder navegar, procurando muy de veras pasar adelante; y aunque algunos de los que iban con ellos les persuadían sería mejor volverse y saltar en tierra, porque lo que emprendían era imposible salir con ello por impedirlo los muchos y grandes hielos, no les pareció consejo acertado á estos dos valerosos Capitanes, sino de pasar adelante rompiendo hielos, dificultades é inconvenientes, y les respondieron que lo que les ordenó y á lo que habían salido era á ganar los fuertes, y que por ningún caso podían dejar la empresa, aunque pereciesen todos en el camino. Valerosa respuesta y determinación honrada, pues deben los que se precian de obedientes Capitanes observar las órdenes sin mirar en inconvenientes, y rompiendo los que se ofrecen, aventurarse á emprender lo que se les encomienda por muy dificultoso que sea, como hicieron estos dos Capitanes, que con haberles segunda vez los que con ellos iban dificultado el suceso, no fué posible volver atrás; y dijo el capitán D. Pedro Ramírez de Arellano que hiciesen lo que él para conseguir su intento, que era ir dando golpes desde la proa de la pleyta en los hielos, con que se iba siempre adelante; y ántes de llegar á los fuertes como un buen tiro de mosquete.

Los rebeldes desamparan los fuertes y los españoles los ocupan

Les comenzaron á desamparar los rebeldes y embarcarse con mucha presteza en su armada, y se fueron alargando á toda priesa hasta llegar á su galeota que estaba junto á la cortadura á la mano derecha.

Túvose por cierto que, como vieron los rebeldes que las pleytas de los españoles iban saliendo por entre las islas, no podían ver ni juzgar lo que quedaba detrás dellas, se persuadieron que eran muchas más y que si esperaban los habían de hacer pedazos, y ansí tuvieron por más acertado irse á poner en salvo, como lo hicieron.

Los españoles sitiados en Bomel están fuera de peligro

Y los españoles ocuparon los fuertes, con que de todo punto se aseguró la salida y quedaron puestos en su libertad, pues aunque volviera á deshelar y á hacer mucha blandura y el armada rebelde tornara (aunque fuera más poderosa) á ocupar los pasos y puestos que había tenido, no era bastante á defender la salida á tierra firme á los tres tercios de españoles que había sitiado.

El conde Cárlos que vió este buen suceso, que estaba frontero del castillo en donde se hallaba D. Francisco, fué á darle el parabién del buen efecto que se había hecho.

Los españoles enfermos comienzan á salir de la isla

Y ordenó que en las pleytas y esta galeota se embarcasen todos los enfermos que D. Francisco había hecho recoger en el castillo, que eran más de trescientos, y su misma persona los fué á embarcar con el mayor amor que se podía imaginar, porque siempre este valeroso caballero se le tuvo muy grande á todos los soldados. Quisieron los rebeldes al pasar las pleytas y la galeota embestir con ellas, pero el conde Cárlos había hecho mejorar una culebrina, y en comenzándoles á tirar con ella y con las piezas que estaban en la iglesia de Orte se alargaron, demás que los muchos y gruesos hielos que había no les dejaban navegar. Después de haber pasado los enfermos y gente inútil, envió D. Francisco de Bobadilla un atambor á los rebeldes para traer el cuerpo del capitán Melchor Martínez, y les llevó los cuarenta (129) escudos que había prometido. Los rebeldes le enviaron y D. Francisco le mandó hacer un solemne entierro.

Los demás españoles, en las pleytas y pontones que los de Bolduque habían fabricado para su pasaje, comenzaron á romper los hielos para poder barquear mejor y que la gente pasase con más brevedad, y mandó que se embarcasen las banderas primero que nadie, y ordenó que con las del tercio del coronel Cristóbal de Mondragón se embarcase y las llevase á cargo el capitán Gaspar de Holasso, natural de Baeza y valiente soldado; y con los del Maestre de campo Agustín Iñiguez el capitán D. Pedro de Luna, y con el de D. Francisco de Bobadilla el capitán Diego Coloma.

El conde Cárlos se alegra con los españoles y les remedia su necesidad y acompaña las banderas

Y estando para embarcarse llegó el conde Cárlos de Mansfelt, con que se alegraron tanto los españoles como se puede desear, y les llevó mucha cantidad de pan, que no poca necesidad tenían dél por haber más de ocho días que no lo habían probado; y fué acompañando las banderas hasta Bolduque, y después de hecho el primer pasaje se huyeron todos los marineros de las pleytas sin querer tornar á ellas, pareciéndoles que si volvían por más españoles se habían de ver en el mismo peligro que estuvieron. Tanto puede el haberse visto en él, sin esperanza de remedio, que con haberle tenido hace tanta impresión el temor en la memoria de algunos, y más en gente desta calidad que no la pierden de los trabajos pasados, pues les parece que siempre los tienen presentes y no han de saber salir dellos. El Conde hizo buscar gente para barquear las pleytas y otras barcas que tenía apercibidas para acabar de poner en salvo los españoles, pero no los pudieron hallar, ó á lo menos no hicieron mucha diligencia las personas á quien lo encomendó; y porque habían avisado dello á Don Francisco, el mártes, a los 10 de Diciembre, envió antes que amaneciese á los capitanes Manuel de Vega y á Diego de la Peñuela, personas valerosas y de mucho cuidado. Puesto el posible, hallaron marineros y barcos suficientes con que acabó de pasar la gente, habiéndoles pagado todo el dinero que quisieron, que para semejantes ocasiones no se ha de reparar en él.

La postrera persona que salió del peligro de Bomel fué D. Francisco de Bobadilla

El postrer hombre que se embarcó para salir de aquel peligroso trabajo fué D. Francisco 130 de Bobadilla, que hasta en esto quiso mostrar su valor y dar ejemplo á todos sus soldados. Estuvieron en aquel trabajo nueve días los afligidos y ya libres españoles sin comer los más dellos, molestados de los rebeldes, de fríos, de la desnudez y hambre, causa de que enfermaron muchos; habiéndose señalado en el ganar las isletas y en todas las facciones que se ofrecieron muchos soldados particulares y trabajado y asistido como se puede desear, en especial Alonso Jorge y Juan de Ribera Zambrana, ya nombrados, y lo mismo Alonso Mesaludeña, que después fué Capitán de infantería española en Flandes, y hoy es Sargento mayor de la milicia general de España en el partido de Córdoba, y muy valiente y bien entendido soldado; y no ménos los alféreces Simón Antúñez, Diego de Recha Costilla, Juancho Duarte, Gaspar de Biedma, Juan Herrera, natural de Cuellar, y Francisco de Escámez y otros muchos particulares soldados, especialmente Juan Iñiguez, hijo del Maestre de campo Agustín Iñiguez. Los de la villa de Bolduque los agasajaron á todos y con sumo amor curaron á los enfermos, y á los que estaban sanos les dieron refresco de pan, queso y cerveza; y para mostrar Dios su piadosa clemencia.

Fuerza en los yelos causada por milagro

Hizo tanta blandura que comenzó á deshelar, sin haber durado el rigor del hielo más de dos días, que bastó para cuajar milagrosamente todas las inundaciones de las aguas, de tal manera, que se engrosaron más de media pica en fondo; y tan fuerte quedó lo helado, que podía pasar el artillería por encima. Nadie puso duda en conocer fué un evidente milagro, y los mismos rebeldes lo decían cuando se retiraban desde sus navíos, y que no creyeran que por tan extraño camino hubiera Dios librado de sus manos á los españoles; y se tuvo por cierto si allí perecieran, volvieran de nuevo la mayor parte de los Estados pacíficos á rebelarse, que no fuera cosa nueva pues tantas veces lo han hecho.

Número de los españoles que estuvieron sitiados en Bomel y sus banderas

Eran cinco mil y más españoles repartidos (como ya he escrito) en sesenta y una banderas y un estandarte de caballos. No se estimara en tanto la pérdida de todos como la reputación de tantos y tan valerosos soldados y Capitanes como allí había. Los del tercio de D. Juan del Águila no corrieron ménos riesgo, y habían sentido en tanto extremo el peligro en que sus amigos y paisanos se vieron, que de muy buena gana (si creerse puede) trocaran sus vidas por las suyas, y cuanto humanamente pudieron hacer para socorrerlos pusieron por obra; pero Dios por su misericordia quitó á todos de ese cuidado, con que se remediaron muchas cosas y se rompieron los designios de los rebeldes, y se conoció el intento de muchos personajes del país, que como vieron á los españoles en aquel aprieto y creyeron no se libraran, se descubrieron sus deseos y abrieron el camino para muchas cosas que tuvieron remedio, porque el tiempo que las había cubierto nos las fué enseñando en las ocasiones que veremos.

Sabe Alexandro

El conde Cárlos de Mansfelt había dilatado de enviar aviso á Alexandro del trabajo en que estaban los tres tercios de españoles, pareciéndole que con las diligencias que hacia los sacaría dél; pero habiendo llegado á su noticia, sin haber visto carta del Conde ni de D. Francisco de Bobadilla, partió de la villa de Bruselas para la de Bolduque, caminando de noche y de día con extraña diligencia, sin más corte ni acompañamiento que la compañía de caballos de su guardia, y con el mayor sentimiento que jamás hombre pudo tener; y con una determinación tan honrada como dél se podía esperar, y no de otro Príncipe en el mundo, de entrarse en una barquilla á padecer con los españoles, cuando no tuviera ni hallara remedio de podellos socorrer y librar. Con esto les pagaba el amor que siempre le tuvieron y el deseo de verle. Tenían muy gran razón de llamarle á voces y clamar por él cuando se veían en aquel peligroso trabajo, pues como verdadero padre, amigo y compañero iba á padecer y morir como el más mínimo soldado español que allí estaba. ¿Qué General hay ni ha habido de quien se pueda escribir una eterna y gloriosa hazaña como ésta, pues sin mirar respetos, ni calidad, ni otras obligaciones que pudiera, siendo nieto de un emperador, Cárlos V? Mas en esto le parecía que de su voluntad fuese á padecer un eterno martirio, pues lo era y muy grande sufrir, y pasarle Dios á manos de herejes y enemigos de su Iglesia. Cuando de Alexandro no se supiera más de esta fineza, bastara para darle nombre á sus heróicas hazañas; pero (132) como fueron tan notorias y vistas de los ojos del mundo, ni me detendré en referirlas ni encarecerlas. Llegó, pues, Alexandro á la villa de Arentales, donde tuvo nueva cierta que los españoles estaban ya libres en la de Bolduque. Diósela Monsieur de Vasoñi, y fué tanto el contento que recibió que le abrazó muchas veces y le dió en albricias el gobierno de la villa de Bolduque; y porque convenía volverse á la de Bruselas, con la misma diligencia lo hizo sin pasar adelante, pues no había para qué, y no hallarse con descomodidades, pues fué tan á la ligera. En llegando á su corte escribió á D. Francisco de Bobadilla una carta que, por haber llegado á mis manos me pareció copiarla, y decía así:

Carta de Alexandro á D. Francisco de Bobadilla

«Del Capitán y Sargento mayor Diego de Escobar, habrá vuestra merced entendido el cuidado y congoja que me dió la nueva que tuve del riesgo en que se hallaban las sesenta y una banderas de infantería española del cargo de vuestra merced; y así, para cumplir con el mío y con la obligación que tengo á la nación y persona de vuestra merced, juzgando por lo menor de todo aventurar la mía, mi sangre y el resto para acudir en general á esta necesidad, y en particular á la del más mínimo soldado dellos, partí de aquí el mismo día en extrema diligencia, y llegando á Arentales supe con sumo contentamiento mío como se había salido del trabajo, y que vuestra merced y la gente con los demás quedaban en salvo sin pérdida de ninguna cosa, de que doy infinitas gracias á nuestro Señor, y á vuestra merced las que se deben por haberse gobernado con la prudencia, valor y destreza que se esperaba en esta parte, dando las que les toca desto á los Capitanes, Oficiales y soldados, á quien de la mía dirá vuestra merced la satisfacción con que quedo desta facción; y por tenerla cumplida y el regocijo que deseo, no falta sino una relación de vuestra merced, que la espero con el mayor del mundo, y buenas nuevas de su salud y de la de los amigos, que lo son todos, y nuestro Señor guarde á vuestra merced. De Bruselas á 16 de Diciembre de 1585.—Alessandro Farnese.»

D. Francisco estimó esta carta como era razón; no ménos los Capitanes y soldados por los favores y mercedes que les hacía en ella; que no poco alivio es para ellos en semejantes acontecimientos razones y cartas regaladas de sus Generales y superiores, pues siempre mueven y son agradecidas; y costando tan poco como un pliego de papel, las encarecen algunos de manera que les parece pierden el autoridad de Generales y de quien son si satisfacen á sus Capitanes con razones ó papeles que algunas veces suelen hacer tanto efecto como las obras.

Alexandro manda apretar el sitio de la villa de Grave

Después de haberse curado los enfermos españoles en Bolduque y refrescándose los sanos, los hizo alojar el conde Cárlos en la campaña, ménos siete compañías que quedaron á ocupar un puesto junto á la villa de Grave, que como Alexandro tenía intento de ganarla, y perdidas ya las esperanzas de hacer pié en las islas de Holanda y Gelanda, para cuyo efecto había mejorado su ejército á la isla de Bommel, mandó al Conde que apretase el sitio de Grave, el cual, juntamente con D. Juan del Águila, se volvieron al lugar de Herpe, donde habían estado para este mismo efecto, y luégo se comenzó, juntamente con un regimiento de alemanes, á hacer un fuerte á media legua de Grave, sobre un dique del rio Mosa, cerca de la villa de Rabesquen, que lo es del duque de Cleves. Hízose otro fuerte frontero deste á la otra parte de la Mosa, que es á la del ducado de Güeldres, que correspondía con este otro que se había hecho á la de Brabante.

Monsieur de Hautepena gana dos fuertes á los rebeldes y otras plazas


Monsieur de Hautepena que con un buen número de gente había hecho otros fuertes para sitiar la villa de Grave y corrídoles las campañas, ganó en este tiempo á los rebeldes dos fuertes, y en el uno cinco piezas de artillería gruesas, y muchos bastimentos y municiones, con las cuales fué á batir unos castillejos que están sobre el rio Mosa, á la parte de la villa de Nimega, donde había ciento y treinta soldados de los rebeldes, y se rindieron á los últimos de Diciembre deste año de 1585. Salieron con sus armas y bagaje y se fueron á la villa de Grave, y lo que sucedió veremos más adelante.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

08 Dic 2010 11:44
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Lo que ocurrió en aquel paraje inundado del dique de Empel, bien podría decirse que es la única batalla "naval" que se ganó a pie. Es uno de esos hechos desconocidos (qué raro en la incultura que impera en este país), pero increíbles, presentes a lo largo y ancho de toda nuestra historia militar.

No hay duda de que, al menos por un día, Dios era español.

Por cierto, magnífico trabajo de recopilación de documentos Amenofis.

Un cordial saludo.

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08 Dic 2010 22:22
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Muy brillante y maravilloso post de un Hecho de Armas Español, poco conocido y reconocido de nuestra muy Leal y Fiel Infantería.

Saludos

Sotacómitre

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08 Dic 2010 22:49
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Notas sobre los nombres geográficos y los fenómenos atmosféricos

La mayor parte de los lugares holandeses tienen su nombre equivalente en español.

Así, Maestrich (pronunciado "maastrijk") es Mastrique.

- Bolduque. Era la capital del Brabante-Norte. Su nombre actual abreviado es Den Bosch ("el bosque"), y su nombre completo, s-Hertogenbosch. Está a unos 50 km al Norte de Eindhoven, y a unos 10 km al Sur del río Mosa. hacia el Oeste, y a mitad de distancia al mar abierto, está la famosa Breda, inmortalizada por Velázquez.
Bolduque debe ser deformación de su nombre en francés, "Bois-le-Duque" (Bosque del Duque), que es lo que significa también su nombre completo en holandés. La alusión al DUque, debe ser al Duque de Brabante.

- Empleu (en los textos españoles de la época, aunque se conoce actualmente en España como Empel). Su nombre holandés es Empel. Es un pueblo al NNE de Den Bosch y prácticamente unido a él, y muy próximo a un canal al sur del Mosa, y casi paralelo a él.

- Bommel. Aunque este nombre se encuentra en varios lugares distanttes de Holanda, la isla en custión es la que forman los ríos Mosa y Waal.

- Sobre el "milagro". No tengo datos para poder rebatir si la congelación de los canales, en la noche del 7-8 de Diciembre de 1585 fue insólita o no por su rapidez. Lo que sí he visto, en febrero de 1987, es cómo algunos canales de Amsterdam, congelados, presentaban una superficie ondulada (haciendo olas), en vez de plana. Por lo que es fácil deducir que el congelamiento también en esta ocasión se produjo muy rápidamente.
De todas formas, existe un estudio reciente del Instituto de Meteorología holandés concluyendo que la concatenación de circunstancias que produjeron que el agua alrededor de la isla de Bommel se helase en una sola noche, en una extensión tan enorme (desde luego, muy superior a la de un simple canal), fue un fenómeno por completo inusual y nunca visto en esas tierras.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

10 Dic 2010 09:20
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
No hay duda de que las historias de esos tercios asombran por la dureza y combatividad, pero también destacan sus arbitrariedades y desmanes, al mismo tiempo que muestran grandes dosis de fanatismo, credulidad y superstición.

En ellos podemos ver cierta dosis de virtudes heredadas de otros tiempos con grandes ingredientes de males que conducirán sin dudarlo a una gran decadencia y falta de progreso.

En otras palabras, en los pecados llevaban la penitencia.

Un saludo

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10 Dic 2010 10:19
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
espaldar escribió:
No hay duda de que las historias de esos tercios asombran por la dureza y combatividad, pero también destacan sus arbitrariedades y desmanes, al mismo tiempo que muestran grandes dosis de fanatismo, credulidad y superstición.

Como todos los ejércitos (vencedores o perdedores) en todas las épocas y lugares, en consonancia (eso sí) con la mentalidad y circunstancias de cada momento.

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A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

10 Dic 2010 12:33
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Lo cierto es que esos ejércitos españoles eran temibles ya en su propia casa.

Pero la sensación que me dan esos años es ciertamente tétrica. Los episodios de “males de ojo” del último de los Austrias son muy aleccionadores sobre el grado de enfermedad de las costumbres a que se había llegado. Esa parte de la historia tiene el tufillo de los cuartos cerrados sin ventilar, tufillo que lamentablemente se arrastra luego en el siglo XIX en los Carlistas, señalando algo muy arraigado en la herencia española que es preciso extirpar para bien de la propia España.

Saludos

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10 Dic 2010 12:45
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Amenofis, felicidades, gran recopilación y gran relato que desconocía.

Ya les gustaría a muchos que esta historia fuera de su infantería, estarían haciendo la película y novelas...pero como aquí somo "humildes" no nos vanagloriamos de nuestras victorias :)

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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
espaldar escribió:
Pero la sensación que me dan esos años es ciertamente tétrica. Los episodios de “males de ojo” del último de los Austrias son muy aleccionadores sobre el grado de enfermedad de las costumbres a que se había llegado. Esa parte de la historia tiene el tufillo de los cuartos cerrados sin ventilar, tufillo que lamentablemente se arrastra luego en el siglo XIX en los Carlistas, señalando algo muy arraigado en la herencia española que es preciso extirpar para bien de la propia España.

Cierto, pero yo veo ese mismo grado de fanatismo, fundamentalismo, ignorancia y supercherías en la actualidad. No sé si en los carlistas (casi desaparecidos), pero sí, desde luego, en la izquierda española.

En aquella época, tanto los católicos, como los protestantes, como los musulmanes, se mataban por motivos que ahora nos parecen fútiles y simplones. Seguramente dirán lo mismo nuestros descendientes dentro de 300 años (si la especie humana continúa) sobre las castas políticas españolas (y si no, mire la actitud irracional de los que dicen "creer en el progreso" con respecto a la Cruz del Valle de Los Caídos). Resucitan guerras religiosas que ya habían desaparecido de Europa hace siglos (exceptuando algunos episodios siniestros, como la persecución religiosa en España, en 1936).

Sinceramente, no veo más oscurantismo en el siglo XVI-XVII (en comparación con su entorno) que el que hay ahora en los siglos XX-XXI. Y no es demagogia, sino convicción, demostrable. Si en aquellos tiempos la guía de todas las conductas eran los dioses (o el Dios) trascendentes (llámese Dios, Alá, Buda, o las divinidades animistas, o lo que sea), ahora se sacraliza, con el mismo fanatismo y las mismas sinrazones, a la diosa Razón, esa que produce monstruos (según dijo Goya), y encima, para mayor incongruencia, se la rodea de tabúes irracionales e insensatos (no me negará Vd que, al menos en Europa, el nivel intelectual medio ha descendido en los últimos tres decenios).

Y no contentos con ello, se persigue a todo el que no piensa igual, imponiendo el pensamiento único por parte de los más ignorantes (¡qué diría Erasmo, si levantara la cabeza!) que, además de ser ignorantes, se vanaglorian de serlo (son ignorantes vocacionales).

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Insignia en el Navío Rayo R. O. del 9 de enero de 2009

A mí me parece, Señor, que no tengo otra cosa buena sino ser español (Catalina de Erauso, "la Monja Alférez", a un Cardenal)

10 Dic 2010 13:27
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Almirante General Médico
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Registrado: 07 Ago 2006 14:16
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Goya representa exactamente el sueño de la razón, es decir, su ausencia, que es la que produce los monstruos.

No se puede ser un hombre del siglo XXI si no se ha madurado personalmente todos esos siglos. De lo contrario traemos un troglodita a nuestros tiempos, que es exactamente lo que vemos por la calle con apariencia humana muchas veces.

Es ciertísimo que los males de siempre siguen ahí, e incluso hay épocas terroríficas en que esos males anidan y se extienden. Muy cercanos en nuestro tiempo tenemos la Alemania nazi y la Rusia soviética, dos fenómenos de sueño de la razón cuyos monstruos nos siguen aterrorizando.

Los males de la que se dice izquierda de si misma no deben justificar otros males que veamos en otros sitios, ni por supuesto darnos pretexto a cosechar otros propios.

Un saludo

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Secretario General del Foro.
Capitán de la Nao: Victoria por R.O. del 26 de octubre de 2007.
Primus Circumdedisteti me


"Me faltó valor para rendirme y decidí que se continuara la defensa"


10 Dic 2010 14:06
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Registrado: 26 Jul 2006 19:05
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
'

El gran problema de nuestros políticos, es que hay demasiados comiendo de unos pocos.


Hace unos días recibí uno de esos correos, en los que se denunciaba a un Alcalde (no se de que partido, pero me da igual del que sea) que su pueblo con unos 600 habitantes, cobraba 40.000 € anuales, eso oficialmente.


Todo esto debería de estar prohibido y reglamentado a su vez, para que ese tipo de abusos no siguieran adelante.


El problema de destacar a la izquierda actual, es que mandan ahora, pero no han construido nada, solo han sabido destruir e incluso enfrentar a los españoles, que como niños mal educados han caído en la trampa de volver a los enfrentamientos personales. Eso también debería de estar prohibido por mucho Presidente que hubiera. Lo que nos lleva a que la Constitución todavía sigue estancada en su desarrollo, pues solo el 40 % de ella tiene las Leyes correspondientes, el resto, (los famosos flecos) no se ha parado ningún partido en 32 años de vigor en terminarla, pero es lógico, ya que depende de ellos y no les interesa, para poder seguir viviendo del cuento.


Simplemente un razonamiento: Porque un diputado con ocho años de permanencia en la cámara ya se puede retirar y cobrar su pensión. Me parece lógico que la cobre, pero como todos a la edad de jubilación reglamentaria para el resto de ciudadanos, no al día siguiente de abandonar la cámara, sumando así lo que cae por un sitio o por otro, no es de recibo, ni humano, ni responsable que así se haga, cuando cualquier otro mortal se debe de esperar a los 65 años. La de millones de €uros que se podrían estar ahorrando desde el principio, pero nadie, (repito) está por la labor.


Es una autentica vergüenza ser político español. Por eso solo los que no la tienen se dedican a ella.


Un abrazo.
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Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño. Marco Tulio Cicerón.

Sorpresa y Concentración.
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10 Dic 2010 15:37
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Registrado: 23 Nov 2006 14:38
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Nuevo mensaje Re: El milagro de Empel
Ensenada escribió:
'
Es una autentica vergüenza ser político español. Por eso solo los que no la tienen se dedican a ella.
.


Sr. Ensenada, ahí le ha dado usted con la pluma, touché que dirían nuestros vecinos.

Se ha perdido el amor prójimo, a hacer las cosas para el bien común, la satisfacción de hacer las cosas bien hechas y que te recuerden por ello, la gente se ha vuelto egoísta y prefiere llenarse el bolsillo, que parece es lo más fácil y más rentable a corto plazo. Muy triste.

No puedo añadir nada más a lo dicho por todos, salvo que tienen ustedes toda la razón.

P.D. Estoy de acuerdo en la pensión vitalicia por haber sido presidente, ministro o diputado, antes de llegar a los 65, PERO si después no se ejerce ninguna actividad lucrativa ni se tienen ingresos, pero vamos, que tampoco estaría mal que esperaran como el resto de los mortales a los 65 años y haber cotizado/trabajado algo como mucha gente que lo ha hecho durante más de 40 años para luego ni cobrar la mitad que estos EXCELENTÍSIMOS SEÑORES/AS. El ahorro sería importante.
Por cierto, también creo recordar, haber leído, que muchos políticos en activo que eran funcionarios del estado, siguen cobrando sus trienios de funcionario estando ejerciendo la política, unos 2500 creo que hablaba el periódico y las cantidades no eran excesivas, entre 200-600 euros, pero multiplicando al mes y por un año la cosa al final no es broma, encima que se les guarda la plaza para cuando se retiren de la vida política solo faltaba esto...vamos, que a ver quien es el primer tonto de todos ellos que renuncia a la tarta....

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Comandante del Navío: San Juan Nepomuceno R. O. del 27 de Abril de 2009.

"Hay que morir o triunfar, que nos enseña la Historia, en Lepanto la victoria y la muerte en Trafalgar."

10 Dic 2010 22:43
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com