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 Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943 
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Nuevo mensaje Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Una historia poco conocida y divulgada por secreto, es la presencia de Oficiales de la Armada Española en la Kriesgmarine, vamos por tanto a conocerla un poco.

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En aquellos años de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945),
España permaneció neutral pese algunos infructuosos intentos de entrar en la guerra a favor de Alemania, el bando perdedor. En España había muchos partidarios de las naciones del Eje, Alemania e Italia, en razón de ser las naciones que nos ayudaron en la guerra de 1936-1939. Pero el país estaba destrozado, en especial lo que fue la zona roja donde no habían cultivado los campos y la desorganización era manifiesta.

Habían transcurrido solo cuatro años desde el final de nuestra guerra civil y el país trataba de salir adelante mediante ímprobos esfuerzos, grandes sacrificios en todos los órdenes con una Europa en guerra, sin posibilidades de conseguir alimentos para la población y de maquinaria para la incipiente industria. Además existía todavía el racionamiento de víveres, escasez de energía eléctrica, la pertinaz sequía y demás aspectos que, contemplados a más de cincuenta años, podemos sentirnos orgullosos por haber salido de aquél marasmo solo gracias a nuestro propio esfuerzo sin ayuda exterior salvo los envíos de trigo de la Argentina del general Perón.

La presencia de oficiales de la Armada española embarcados en la Flota alemana en la campaña del Báltico, durante los años 1942-1943, es un hecho que se ha venido manteniendo en secreto durante décadas. Siempre que algún investigador, atraído por ciertos rumores, pretendía buscar algún indicio sobre este tema, tropezaba con un muro: Solo la tenaz insistencia, del historiador Alfonso Escuadra Sánchez, lo ha dado a conocer mediante la publicación del libro titulado "Bajo las banderas de la Kriegsmarine" Obra muy bien documentada pero de escasa difusión, solo conocida por algunos de los supervivientes después de tantos años y que han contribuido a aportar sus recuerdos.

Tan en secreto se mantuvo la presencia de oficiales de Marina españoles en el Báltico, que las condecoraciones otorgadas por la Kriegsmarine fueron retenidas por el Ministro hasta febrero de 1957, así los interesados, permanecieron ignorantes de las recompensas obtenidas y cuando las conocieron ya no existía el III Reich. Hay que tener presente que España había enviado a la campaña alemana contra la Unión Soviética una División de Voluntarios denominada División Azul que luchó en el frente, al sur de Leningrado, y también el Ejército del Aire envió las Escuadrillas Azules. Solo la Armada permanecía ausente de este conflicto.

Para la Armada hubiera sido bastante problemático enviar una repre¬sentación allí pues estaba pasando por una gran penuria de oficiales, consecuencia de los asesinatos en masa durante la guerra civil; los barcos tendrían que haber sido proporcionados por la Kriegsmarine así como su adiestramiento, ésto unido a las dificultades del idioma, el aprendizaje de las instrucciones tácticas, al tener que operar con otros barcos propiamente germanos, las dificultades hubieran sido muchas, aunque no insuperables.

La Armada, vista la imposibilidad de llevar a cabo el plan de construcciones navales, aprobado en 1938-1939, al no contar con la ayuda técnica y material de su anterior proveedor, la Casa Vickers británica debido a la ll GM, decidió recabar la ayuda alemana para construir en España barcos, en especial submarinos y dragaminas. Esta fue la razón de enviar unas comisiones de oficiales y suboficiales al Báltico para embarcar en buques que se pensaban construir en España y así familiarizarse con sus equipos.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006

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Situación general de la II Guerra Mundial en otoño de 1942.


La situación de la guerra en el año 1942 iba evolucionando lentamente en forma desfavorable para las armas alemanas aunque, aparentemente, no parecía así. Las tropas alemanas habían avanzado en Rusia hasta llegar a corta distancia de Moscú y alcanzar el Cáucaso. La campaña submarina en el Atlántico llagaba a tales cifras de hundimientos de mercantes que los aliados difícilmente podrían soportar. Estados Unidos venía desarrollando una campaña en el Pacífico muy dura, con grandes pérdidas en buques y personal, para rechazar los peligrosos avances japoneses.

Sin embargo, en la segunda mitad del año 1942, Alemania empezó a cosechar los primeros reveses graves en Rusia, siendo la más importante la batalla en torno a Stalingrado y la consiguiente rendición de un Ejército completo. En noviembre tuvo lugar el desembarco de tropas aliadas en Argelia y Marruecos que darán origen a la aniquilación del Ejército de Rommel en África y el posterior desembarco en Sicilia y península italiana.

Como se desprende, el año 1942 representó el punto de inflexión de la guerra, aunque por entonces, Alemania parecía triunfante; además la campaña submarina estaba en su máximo esplendor y parecía que estos buques estaban ganando la guerra.

Situación estratégica del mar Báltico


El mar Báltico venía a ser de suma importancia para el sostenimiento de la campaña de Rusia, por constituir una vía de comunicaciones rápida para el abastecimiento del frente y comercial para obtener productos de Suecia, país neutral y además para el adiestramiento de las dotaciones de los barcos y especialmente los submarinos. Era como un lago interior alemán.
Para conseguir ésto Alemania tenía que mantener embotelladas a las fuerzas navales soviéticas en su base naval de Kronstadt, especialmente a los submarinos, únicos capaces de romper el bloqueo y adentrarse peligrosamente en el Báltico occidental. Los rusos disponían de unos viejos acorazados, cruceros y destructores que nada podían contra las fuerzas germanas y una costa hostil.

Las tropas alemanas habían ocupado las costas polacas, la de los tres estados bálticos y la soviética hasta las proximidades de Leningrado. Disponían además de la colaboración de su aliada Finlandia, por tanto, Rusia se veía totalmente embotellada y poco podía hacer salvo con los submarinos y la aviación.

Por otra parte, las fuerzas navales aliadas no podían adentrarse en el Báltico, excepto la aviación que de hecho lo haría en muchas ocasiones. Foresta época, aviones británicos y norteamericanos, iniciaban sus ataques a las ciudades germanas en el interior del país, pero de momento con dificultades, pues la aviación enemiga era todavía muy considerable.

El mando naval del Báltico lo ejercía el almirante Günter Guse como Comandante en Jefe, dependiente directamente del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Kriegsmarine Grossadmirals Reáder y Dónitz sucesivamente y tenía a su cargo la instrucción de reclutas, adiestramiento, formación de especialistas y las defensas costeras entre Dinamarca y el golfo de Finlandia.

Para nuestro análisis, podemos considerar el Báltico dividido en dos zonas claramente diferenciadas, separadas por el meridiano de Reval. La zona occidental, a poniente de este meridiano, constituía la zona de retaguardia, reservada para el adiestramiento de los barcos alemanes y la de comunicaciones comerciales con Suecia y Finlandia. Esta zona no tenía más amenaza que la acción de la aviación con bombardeos y lanzamientos de minas pero no eran de temer ataques por buques de superficie.

La zona oriental comprendía, el golfo de Finlandia donde se estaba desarrollando la acción de la Kriegsmarine, mediante fuerzas ligeras de superficie, formadas por dragaminas, lanchas minadoras, patrulleros etc. Mientras tanto, el grueso de la Flota alemana, acorazados, cruceros y destructores, se encontraban en el Báltico occidental adiestrándose para combatir contra las fuerzas británicas en el Atlántico.

Es en estas circunstancias, es cuando hace su presentación en Berlín la primera comisión de oficiales españoles.

Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006

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Comisión Naval "Fernández Martín"


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A finales de octubre de 1942, el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada Vicealmirante Alfonso Arriaga dio a conocer, mediante orden reservada comunicada, a los correspondientes mandos, los nombres de los seleccionados para formar la primera comisión, con orden de presentare en Madrid. Las dos comisiones que estuvieron en la Kriegsmarine recibieron su nombre según la denominación del jefe que las mandaba, así la primera "Fernández Martín" estaba integrada por el capitán de navio Pedro Fernández Martín destinado de comandante director de la Escuela de Mecánicos de Ferrol ; capitán de corbeta Antonio Cardona Rodríguez, especialista en Electricidad y comandante del minador «Tritón»; teniente de navio Francisco Reina Carvajal segundo comandante del submarino «General Sanjurjo» y profesor de la Escuela de Submarinos ; teniente de navio Agustín Miralles de Imperial profesor de la Escuela Naval que acababa de terminar el curso de Artillería y Tiro y, por último, el alférez de navio Manuel Arnaíz Torres destinado en el crucero «Canarias». Los tenientes de Máquinas Ramón Rodríguez Dopico y Antonio Sánchez Gutiérrez, procedentes de los destructores «José Luis Diez» y «Lepanto», res-pectivamente; a continuación figuraban los sargentos mecánicos José Cernada López del crucero Canarias, José M- Pérez Casanova del crucero «Navarra», Antonio Martínez Lorenzo y Julio Barros Pereira, ambos del destructor «Gravina». La segunda comisión recibió el nombre de "Fernández de la Puente".

Concentrados en Madrid, los componentes de la comisión fue a presentarse en Madrid el 1 de noviembre. Fueron recibidos por el Almirante Jefe de Estado Mayor de la Armada quien les comunicó que partirían para el III Reich a embarcar en unidades de la Kriegsmarine con el fin de efectuar prácticas en barcos similares a los que se iban a construir en España. La permanencia en Alemania tendrá carácter secreto y su duración sería aproximadamente de cuatro meses y para efectos económicos, se les consideraría como presentes en sus actuales destinos. Solamente dispusieron de una semana para prepararse para su nueva misión, adquirir el pasaporte normal y oficial, visado en la embajada alemana y ropa de abrigo .

El equipaje de los comisionados había aumentado considerablemente pues, aparte de la ropa de invierno, llevaban consigo algunas latas de conserva, botellas de coñac para el frío y café que no existía en Alemania, sustituido por un líquido negro que no se parecía nada al verdadero café. No podían faltar de sus maletas diccionarios, gramática alemana y el folleto "Aprenda alemán en diez días" porque todos, excepto el jefe, que tenía algunas nociones, los demás no sabían ni media palabra.

En estos mismos días se estaba desarrollando la "Operación Torch" o desembarco del Ejercito aliado en las costas de Argelia y Marruecos. De momento, no se podía predecir el resultado de este desembarco pero, indudablemente, los aliados habían tomado la iniciativa obligando a las tropas germano-italianas a batirse en franca retirada en el Norte de África.

En estas circunstancias, el martes 10 de noviembre de 1942, partía la comisión desde la estación del Norte de Madrid con destino a la frontera de Irún. Al día siguiente, al llegar a París, tuvieron que cambiar de estación para tomar el tren con destino a Berlín lo que les permitió contemplar la ciudad durante unas pocas horas.
El viernes 13 de noviembre llegaban a la estación Postdamer situada en el centro de Berlín. Allí les esperaba el Agregado Naval capitán de fragata Manuel Espinosa Rodríguez y personal de la embajada española. Este jefe llevaba ya unos años en este destino, conocía perfectamente el idioma y mantenía amistad con altos mandos de la Marina alemana, especialmente con el almirante Canaris, Jefe del Servicio de Inteligencia Militar.

El mismo día, la comisión hizo su presentación ante el Alto Mando de la Kriegsmarine para recibir instrucciones y permisos de viaje a sus nuevos destinos. Durante esta reunión uno de los oficiales alemanes les comunicó haber recibido un mensaje procedente de España, en donde se comunicaba que la esposa del alférez de navio Arnaiz había tenido un niño con lo cual recibió éste las felicitaciones correspondientes de sus compañeros y de los marinos alemanes.

Seguidamente, el departamento de Intendencia de la Marina les hizo entrega de los uniformes alemanes con sus galones, uno más que la correspondiente graduación española, con lo cual, excepto el jefe que conservaba sus cuatro galones, los demás utilizaban uno más, pareciendo que habían sido ascendidos. Los galones superiores no formaban la coca sino que sobre estos figuraba una estrella de cinco puntas Portaban sobre la manga derecha del uniforme y el capote el distintivo de la División Azul, esto es, la bandera española. Si exceptuamos este distintivo iban vestidos como auténticos oficiales de la Kriegsmarine También portaban la daga que en la Marina germana se entregaba al ser promovido a oficial y se usaba con el uniforme de paseo.

Los oficiales de máquinas tenían los mismos galones encima de los cuales llevaban una rueda dentada en vez de la estrella de cinco puntas y añadían a sus grados la palabra Ing (Ingeniero). Los suboficiales llevaban las divisas de sus grados de sargentos en las hombreras de los uniformes y un distintivo de su especialidad, ancla sobre una mina.

La gorra de los oficiales era de paño azul, con carrillera de cuero negro. Al alférez de navio Arnáiz le entregaron, sin duda por confusión, una de tamaño superior al perímetro de su cabeza y tenía que llevarla forrada con papeles.
Había que tener cuidado con la daga que sobresalía del uniforme a la altura del costado izquierdo y no dejársela enganchada en cualquier parte.

Ya con los nuevos uniformes, la comisión pudo recorrer algo de la capital hasta el domingo 15 de noviembre que, el primer grupo, salía en ferrocarril en demanda del Báltico y el segundo grupo lo haría al día siguiente.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006

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14 Dic 2009 18:02
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La Kriegsmarine del Báltico.


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Como decíamos anteriormente, el mando de la Marina alemana del Báltico lo ejercía, desde septiembre de 1940, el almirante Günter Guse. La organización en tierra del Báltico Oriental o zona de operaciones la detentaba, desde noviembre de 1941, el contralmirante Theodor Burchandi.
El mando de las flotillas de dragaminas y demás unidades destacadas en el golfo de Finlandia, lo ejercía el contralmirante Kurt Bóh-mer de gran experiencia y prestigio. Su misión comprendía el fondeo de los campos minados que cerraban el golfo y la localización y rastreo de las minas fondeadas por las fuerzas navales y aéreas soviéticas. A las órdenes de este almirante quedarán los oficiales de las comisiones navales españolas. Desde el punto de vista operativo, el contralmirante Bóhmer, dependía del almirante general Rolf Caris
El Contralmirante Bóhmer tenía a sus órdenes una serie de flotillas cuya composición variaba según las circunstancias. En el momento que nos ocupa, otoño de 1942, disponía de tres flotillas de dragaminas, la 3, 31 y 34 Minensuchflotillen ; una flotilla de lanchas minadoras, 1 Raumbootsflotillen ; dos flotillas de patrulleros, la 3 y 17 Vorpostenflotilleír, una flotilla de buques de escolta, la 18 Minensuchflotillen; una flotilla de cazasubmarinos, la 12 Unterseebootsjágerflotillen y algunos anticuados minadores y balizadores y por último, una flotilla de lanchas de desembarco de la 27 Landungsflotille.4
Desde principios del año 1942 las flotillas habían fondeado más de 13.000 minas en el golfo de Finlandia, con la finalidad de impedir que los soviéticos se aventuraran en el Báltico occidental.
Los alemanes habían tendido una red metálica entre la isla de Nargó, al norte de Reval y la costa finlandesa en Porkala, perfectamente balizada con una serie de boyas que permitían su vigilancia continua. La red llegaba hasta el fondo y a poniente de la misma, siguiendo su perfil, existía un denso campo de minas denominado Corbetha con el que se encontraría todo submarino que lograra atravesar la red.
Otro campo de minas, denominado Apolda, discurría entre la península de Mangó en la costa finlandesa, hasta el sur de la isla Odensholm .
La navegación entre la costa alemana y los puertos finlandeses se realizaba entre estos dos campos minados y a continuación se navegaba al resguardo de los numero¬sos isletas que jalonaban la costa hasta más allá de Helsinki.
A levante de Reval el campo minado Juminda, perpendicular a la costa, protegía su puerto. Otro campo minado, barrera Seeigel, situado a levante de Kotka, discu¬rría desde la costa finlandesa hacia el sur, apoyándose en las islas de Hochland, Vicalla, Tytarsaari y Neu-grund hasta alcanzar la costa sur del golfo de Finlandia.
La misión del contralmirante Bóhmer, aparte de tender estos campos minados, debía ejercer su vigilancia y sostenimiento, rastrear las aguas comprendidas entre los mismos y hacer frente a cualquier incursión soviética tanto de superficie como submarina.
Los oficiales de la comisión en su viaje en ferrocarril desde Berlín, tras pasar por Kónigsberg y Riga, llegaban a Reval, capital de Estonia, el miércoles 18 de noviembre de 1942; al día siguiente embarcaron en el viejo minador Nettelbeck, nodriza de lanchas minadoras, que los condujo a Helsinki, por la derrota "Vía Naranja" (Weg Orange) , esto es, a poniente de la red y al cabo de cuatro horas llegaron a !a altura del faro de Porka-la, faro que se les haría familiar en las sucesivas navegaciones. Continuaron su navegación y al resguardo de los numerosos islotes, llegaron a Helsinki y tras alojarse en un hotel, al día siguiente embarcaron en la lancha dragaminas R 107 que los llevó hasta la base avanzada de Kotka donde se presentaron en el anticuado destructor de escolta F 3 o Hat, insignia del contralmirante Bóhmer
No pretendemos describir aquí las vicisitudes de cada uno de los oficiales españoles, pues haría este trabajo demasiado largo, pero sí resaltar los acaecimientos más notables. Todos fueron distribuidos entre las diferentes flotillas, excepto el capitán de navío Fernández Martín, que quedó en el Estado Mayor, lo que le permitiría tener una visión del conjunto de las operaciones y saber también donde encontraba, en todo momento, cada uno de sus subordinados.

Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006

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14 Dic 2009 18:09
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Debemos tener presente que, desde mediados de noviembre, el hielo hizo su aparición en la zona oriental del golfo y por tanto, las unidades de superficie soviéticas se vieron forzadas a permanecer en Kronstadt; solo la aviación podía operar mediante lanzamiento de minas o bombardeo a los buques en puerto o en la mar.

El alférez de navio Arnaiz con el teniente de Máquinas Sánchez Gutiérrez y el mecánico Barros, fueron destinados a la 1ª Flotilla de lanchas minadoras (Ráunflotillé), destacada en Reval, para lo cual, se trasladaron en la R 107, previa escala en Helsinki, por el mal tiempo. En Reval volvieron a embarcar en el M 538 o Nettelbeck donde quedaron alojados aunque se harían a la mar en lanchas rastreadoras de unas 125 t dotadas con equipos de rastreo y cañones a/a de 2 y 3,7 cm. Después de dos días en puerto por tiempo atemporalado, salió a la mar la flotilla completa para vigilar la barrera Corbetha, largando las rastras para barrer la zona, pero a los dos días, nuevo cambio de tiempo que les obligó a regresar a Reval. Dadas las pésimas condiciones meteorológicas, el capitán de corbeta Klünder, jefe de la flotilla, solicitó autorización para retirase al oeste a reparar, petición denegada por el almirante Bóhmer.

De nuevo, el 30 de noviembre, volvió a zarpar la flotilla con algo mejor tiempo, pero mucho frío que hacía muy difícil largar las rastras y mantenerse en pie, en una cubierta resbaladiza por el hielo; tras nueve horas de penoso trabajo limpiaron la zona y lograron destruir varias minas.

La destrucción se hacía mediante disparos de fusil contra la mina a flote para provocar su explosión o hundimiento.
Al finalizar esta misión y retirarse a Reval, el almirante ordenó a la flotilla dar por finalizadas sus operaciones y zarpar al oeste para efectuar reparaciones. Los dos oficiales españoles quedarían en el Nettelbeck que, con las lanchas R70, R69y R197, se trasladarían a Memel de base, para efectuar rastreos junto a la barrera Wartburg.

Mientras tanto, el almirante Bóhmer se encontraba preocupado ante la posibilidad de que algún submarino soviético lograra romper el bloqueo y atacar al tráfico en el sector occidental del Báltico pues, de hecho, muy pocos días antes de la llegada de los españoles, el mercante Hindenburg había resultado torpedeado y hundido ante la costa finlandesa por un submarino soviético.

Por tanto, la 12 flotilla de cazasubmarinos (12 Underseebootsjáger) al mando del teniente de navio Kópin, constituida por pequeños pesqueros y mercantes armados con cañones a/a, cargas de profundidad y modernos equipos de detección submarina (S-Gerát), una especie de sonar, se encontraban desplegados a poniente del meridiano de Kotka. Estas unidades iban al mando de alféreces de navio muy experimentados.

Ya las minas habían causado la pérdida de dos cazasubmarinos, el UJ 1211 y el UJ 1204 e importantes averías a un tercero el UJ 1202.

Para tratar de evitar estas pérdidas, el almirante Bóhmer decidió, desde la primavera anterior, operar con patrullas mixtas de dragaminas y cazasubmarinos, así la 3ª flotilla de dragaminas (3 Minensuchflotille) de 6 unidades, se unió a la 12 flotilla de cazasubmarinos formando el grupo de caza o Jagdgruppen al mando del capitán de corbeta Schwarte Cinco marinos españoles figuraban en estas unidades; el teniente de navio Reina y el sargento mecánico Cernada embarcaron en la flotilla de cazasubmarinos 12 UJ y el capitán de corbeta Cardona y el sargento Pérez Casanova en la 3 de dragaminas. Además, el teniente de navio Miralles y el sargento mecánico Antonio Martínez, aunque inicialmente embarcados en la 3ª Flotilla de patrulleros, en el 302, irían a tomar parte en esta operación.

La línea de patrulla se encontraba N/S y a levante de la isla Hochland con objeto de cerrar la bahía de Kronstadt, dividida en dos grupos de dos cazas y dos dragaminas cada uno, para abarcar más espacio y de noche en cuatro grupos de un caza y un dragaminas.

Los dragaminas eran de la clase M-35 de unas 850 t, dos cañones de 10,5 cm y dos a/a de 3,7 crn , 18 nudos, capaces de llevar 30 minas. Se trataba de buenos barcos para esas latitudes. España construiría 16 dragaminas de semejantes características.

El 19 de noviembre se iniciaron las patrullas y los marinos españoles irían pasando por distintas posiciones de la línea de vigilancia sin más acontecimientos que la detección y destrucción de varias minas a la deriva. El domingo 22, el dragaminas del capitán de corbeta Cardona, fue enviado a Reval a reparar y Cardona transbordó al M16. Desde este día, todos los marinos españoles navegarán en el mismo grupo, al sur de la línea de vigilancia con mal tiempo y muchísimo frío y alguna acción defensiva antiaérea contra aviones de reconocimiento soviéticos

Así se llegó al día 24, con viento norte muy duro, temperaturas bajo cero que hacía muy difíciles las faenas de rastreo sobre una cubierta resbaladiza y con bastantes enfermos entre las dotaciones. Este día llegaba el cazasubmarinos que debía relevarles y retirarse a Kotka para aprovisionarse y desembarcar a los enfermos. No obstante, el tiempo empeoró repentinamente saltando un fuerte temporal de nieve que les obligó a permanecer fondeados al socaire de una de las islas. Por fin, lograron zarpar y llegar a Kotka en plena alarma aérea.

El UJ 1207, tras dejar a los enfermos arrumbó a Helsinki a carbonear ; cayó enfermo el sargento Cernada que fue desembarcado.

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Hundimiento del dragaminas UJ 1205


Relatamos a continuación un episodio que pudo haberle costado la vida al teniente de navio Reina.5

Los dragaminas siguieron su labor sin más incidentes que la aparición de alguna mina que fue destruida. Sin embargo, el 1 de diciembre, ocurrió un accidente en el que se vio involucrado uno de los oficiales españoles. En este día la patrulla para pasar la noche, a partir de las 1600h, se dividió en dos grupos ; el UJ 1207 con el M 17 y el UJ 1205 con el M 29. En el UJ 1205 figuraba embarcado el teniente de navio Reina

Aquella noche la temperatura bajó a 15º bajo cero, una capa de hielo impedía el avance normal, con alteraciones bruscas, viento fuerte o densa niebla, dificultaban la navegación.

Encontrándose navegando en línea de fila el UJ 1205 (teniente de navio Bottke) seguido por el M29 (alférez de navio Fock), este último cada vez tenía más dificultades en seguirlo por la espesa niebla hasta que lo perdió de vista. En estas circunstancias, si ambos mantenían el mismo rumbo y velocidad, nada podría ocurrir, pero a eso de las 2000h el M29 vio surgir entre la niebla por su banda de estribor al UJ 1205 y aunque Fock reaccionó instantáneamente dando atrás las máquinas, no pudo evitar el abordaje y la proa abordó el costado de estribor de la M29 causándole una importante vía de agua. El UJ 1205 fue el que más sufrió y a pocos minutos quedó inundada la cámara de máquinas que dejó inútil la bomba principal de achique.

Al mismo tiempo sonó la voz de "hombre al agua" y dos marineros cayeron en las heladas aguas.

La dotación del UJ 1205 hizo lo imposible para salvar el buque, pero al hocicar su proa empezó a entrar agua, lo que obligó a su comandante a dar orden de abandono de buque, cuya dotación pasó al dragaminas por su proa, mientras el comandante ordenaba retirar las claves y documentación secreta. El teniente de navio Reina y el comandante Bottke pasaron al dragaminas. A las 22:45 desaparecería bajo la capa de hielo perdiéndose a escasas millas al Este de la isla de Hochland . El M29, con las dos dotaciones y con su proa averiada en la roda, pudo llegar con las dotaciones a Kotka. Desde el primer momento el almirante Bóhmer estuvo informado por el comandante del dragaminas.

El Comandante Bottke era el oficial más antiguo y tenía gran experiencia en estas funciones, condecorado recientemente con la cruz alemana de oro. Su fallo fue no comunicar a su matalote, el M29, el cambio de rumbo.

El teniente de navio Reina embarcó en UJ 1212; seguidamente, recibió orden para trasladarse a Memel para embarcar en el dragaminas M12.

Hacía ya tiempo que a los submarinos soviéticos no se les detectaba en el Báltico, debido, principalmente, a la ola de frío y hielo de la bahía de Kronstadt y a la mala visibilidad. Por ello el almirante ordenó la retirada de las fuerzas del Báltico Oriental.

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Retirada del Báltico Oriental. Navidades de 1942. Stalingrado


Las operaciones navales en el golfo de Finlandia se hacían cada vez más difíciles hasta que al helarse sus aguas, el almirante Bóhmer decidió dar la orden de retirada general, refugiándose las distintas flotillas en los puertos de Riga, Libau, Memel, Bremen y Kiel para efectuar reparaciones y adiestramiento del personal.

Los oficiales españoles pasaron por algunas escuelas de adiestramiento hasta su regreso a España . El almirante y su Estado Mayor pasaron a Kiel con el Jefe de la Comisión.

Las Navidades de 1942, las cuartas para los alemanes en guerra, no iban a ser tan alegres, porque en el ambiente flotaba, la tremenda derrota en Stalingrado del Ejército germano, tan victorioso hasta entonces. No obstante, aunque los oficiales españoles no pudieron reunirse, todos celebraron las fiestas con sus compañeros alemanes; el vodka y el coñac hicieron, por el momento, olvidar y brindar por la victoria.

La guerra en el Báltico quedaba en suspenso, mientras se reparaban los barcos en distintos astilleros y se realizaban cursos de adiestramiento.

Regreso a España


El 5 de marzo de 1943 el Alto Mando alemán dio la orden de desembarcar a los oficiales y mecánicos españoles. Se trasladaron a Berlín, se despidieron de los mandos alemanes, entregaron los uniformes y se reunieron con el Agregado Naval, capitán de fragata Espinosa, quien les invitó a cenar en un hotel, cena que se vio interrumpida por un fuerte bombardeo de la aviación enemiga una de cuyas bombas cayó en las inmediaciones del hotel. Regresaron al comedor desde el refugio, pero para salir a la calle, lo hicieron saltando por la ventana por estar rodeado de llamas. Como final de fiesta, tuvieron que recorrer cinco kilómetros a pie sorteado cascotes y cables de los tranvías, para regresar a su hotel.

El 9 de marzo la Comisión abandonaba Berlín y el 11 se presentaban en Madrid dando por finalizada su misión.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006

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Comisión Naval "Fernández de la Puente".


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El capitán de corbeta Espinosa, en el centro de la fotografía con la cámara durante una visita que los Agregados Navales destacados en Berlín realizaron al frente occidental


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Korvettenkapitán Federico Fernández de la Puente. Sobre el uniforme alemán, la Cruz de Guerra y el pasador con el resto de sus condecoraciones españolas


La Comisión Naval "Fernández Martín" fue relevada en 1943 por otro grupo en el cual figuraba el autor de estas líneas, integrada por 4 alféreces de navío, 2 tenientes de Máquinas y 6 sargentos fogoneros, al mando del capitán de corbeta Federico Fernández de la Puente. Los componentes eran los alféreces de navío José García de Quesada y de Gregorio, Alfonso Gómez Suárez, Isidoro González-Adalid Rodríguez y Fernando Moreno de Alborán y de Reyna ; tenientes de Máquinas Gumersindo Vila Otero y Amadeo Ferro Freiré, todos embarcados en distintos destructores de la Escuadra. Los sargentos mecánicos Bienvenido Manrrubia Ruíz, José Carneiro Camino, Francisco Regueiro Martínez y Constantino García Martínez embarcados en los cruceros. Antes de salir para Madrid fuimos a Santiago para dar el abrazo al apóstol.

El relevo no tuvo lugar en Alemania sino en España, pero el contacto entre algunos miembros de ambas comisiones fue esporádico y casi casual, no hubo, por así decirlo, una información oficial.

Llegamos a Berlín el 4 de abril de 1943, nos alojamos en el hotel Fürtenhoff en la Plaza de Postdamer y conducidos por el Agregado Naval, capitán de fragata Manuel Espinosa, nos presentamos en el Ministerio de Marina, allí nos vestimos de uniforme alemán: éramos "Oberleulenant zur see" de la Kriegsmarine. No nos dieron el ruso, o abrigo. solo el "mantle" o impermeable. con lo cual sentíamos mucho frío. También usábamos la daga, una especie de espada corta que llevabas colgada del cinturón y salía por fuera de la chaqueta con lo cual te ibas enganchando por todos lados. También nos dieron unos guantes grises, siempre puestos.

Igual que la comisión anterior, en el uniforme sobre la manga derecha nos cosieron el emblema de la División Azul, esto es la bandera española, que nos abría las puertas en todas partes, porque a España la consideraban casi como su aliada, lo cual nos prestaba gran consideración y prestigio. Nunca tuvimos que guardar cola para nada porque en cuanto veían la bandera nos hacían paso enseguida.

Rápidamente tuvimos que a prendernos las costumbres alemanas, muy acusadas por estar en guerra, así por ejemplo, al entrar en un café u otro local público, en la puerta tenías que saludar brazo en alto en posición de firmes, a la concurrencia. Nadie te contestaba, pero si pasabas ante otro de igual o mayor graduación, saludo brazo en alto. No fumar por la calle, entre otras cosas, es que no sabías que hacer con la colilla de lo limpias que estaban.

Berlín era una gran ciudad con bellos edificios, escasa circulación, muchos autobuses que llegaban puntualmente de acuerdo con unas tablillas fijas en las paradas y muy buen servicio de metro.

Nuestro mayor obstáculo, a veces insuperable, era el idioma. No nos dieron tiempo en España a prepararnos, solo a comprar una gramática y varios diccionarios de alemán, inglés y francés. Yo usaba siempre un pequeño diccionario de bolsillo con pronunciación figurada. Pero para conversaciones serias usaba el inglés o francés, este sabían español y todos dominaban el inglés o francés. De todas formas, me pasé tres meses sin pronunciar ni una sola palabra de español.

Como curiosidad diré que, en uno de nuestros recorridos por Berlín, en una de las grandes estaciones del metro, nos dirigimos a un muchacho que de uniforme del metrópolitano daba la salida a los trenes, para preguntarle si íbamos bien para llegar al hotel; el joven nos dejó hablar durante un rato y al cabo nos dijo en correcto castellano con acento madrileño: "sí me lo hubieran preguntado en español les habría entendido mucho mejor". Resulta ¡qué era español!

En Berlín no se notaban entonces mucho los destrozos de la guerra. La gente estaba optimista, sobre todo ante los grandes éxitos de la campaña submarina alemana, con los miles de toneladas que se hundían diariamente en el Atlántico. Estos datos los daban por radio a cualquier hora del día, por altavoz en las cafeterías, sonaban unas campanas indicadoras de los miles de toneladas hundidas y a continuación lo explicaban con más detalle. La gente escuchaba atentamente.

Ya había ocurrido el desastre ce Stalingrado donde se rindió el general Paulus al mando del IV Ejército germano, ante la abrumadora superioridad del soviético.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006. Fotografías A. Escuadra.

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Fue un gran fracaso por el empeño del Führer de conquistar una gran ciudad calle por calle. Sin embargo, el pueblo en general, no dudaba de la victoria. Uno de los oficiales de mi barco me explicó que ahora trataban de emprender una retirada estratégica para embolsar a los ejércitos soviéticos. A mí no me convenció la explicación pues ya la habían empleado en la ofensiva inicial.

Mientras tanto, en España la gran mayoría del pueblo y la gente con quien tratabas, estaban seguros de la victoria germana. Entre las pocas personas que no estaban convencidas en la posible victoria alemana figuraban antiguos almirantes fundándose en que los aliados poseían el dominio del mar, Alemania estaba bloqueada, la guerra en dos frentes, el frente africano, etc. Sin embargo, sus simpatías estaban con los germanos por la ayuda que nos prestaron en la guerra
.
Permanecimos en Berlín unos diez días, prácticamente de turismo, pues habíamos llegado antes de lo previsto por los alemanes. Un buen día nos citó el Agregado Naval en su despacho, nos dio una serie de instrucciones y nos invitó a almorzar a su casa situada en un extremo de la ciudad. Nos dio a cada uno un papel con la dirección y nos fue soltando uno tras otro, con cierto intervalo, para ver cómo nos arreglábamos para llegar hasta su casa. No había taxis. Con esta dirección y un plano de Berlín tomé el metro y llegué a su casa sin gran dificultad, no fui el primero pero tampoco de los últimos.

Al día siguiente, 13 de abril salimos en tren para Reval (Estonia), todos menos nuestro führer, el capitán de corbeta Fernández de la Puente, que con el alférez de navío Quesada, se fueron a embarcar en el acorazado «Admiral Sheer». El viaje fue largo, porque a veces nos dejaban en vía muerta para dar paso a trenes cargados con material de guerra, cañones, municiones, carros pesados etc., una abundancia de material que nos dejaba maravillados del potencial bélico germano, todos con rumbo al frente soviético.

Nuestra alimentación consistía en un taco de pan negro de molde, foiegrass, margarina y salchichas, raciones para varios días que nos entregaron junto con las órdenes de embarco y tarjetas de identidad.

De vez en cuando, en las estaciones importantes, había un puesto de la Guardia Civil española muy bien identificado, que nos facilitaron las cosas pues ya hablaban alemán y nos atendieron en lo que podían. En una parada localicé un comedor que te servían una especie de sopa caliente, donde entré yo solo y tras el saludo brazo en alto, un general alemán me invitó su mesa e interesó por nuestra presencia allí.

Una vez llegados a los países bálticos, cambiamos de tren y nos metimos en uno bastante malo que además de ir despacio parecía que marchabas por una carretera llena de baches. Pasamos por Riga y por último llegamos a Reval o Tallin, capital de Estonia. Al llegar a la estación, pobretona, nos esperaba un suboficial alemán que nos condujo a pie al hotel, en penosa caminata, debido a nuestro pesado equipaje. Yo portaba dos maletas de fuelle abarrotadas de ropa, algo de café y coñac español y latas de conserva. Al llegar a una gran plaza, de noche cerrada, sonó con estridencia la sirena de alarma. El suboficial nos dijo que dejáramos las maletas en el suelo y fuimos tras él, a un refugio antiaéreo cercano.

No nos hizo gracia abandonar en medio de la calle nuestro equipaje, pero el alemán nos aseguró que nadie lo tocaría, como así fue. Alcanzamos el hotel tras la alarma, cerca de las doce de la noche, rendidos de cansancio y de hambre.

Sacamos los víveres que nos repartimos acompañados del pan negro, foiegrass y coñac. Tal jaleo debimos armar que apareció un coronel alemán que nos increpó, pero no le entendimos nada hasta que uno de nosotros le ofreció una pastilla de chocolate, de forma que se calmó por completo e incluso se sentó un rato con nosotros.

Al día siguiente, acompañados por un suboficial intérprete nos presentamos al almirante Bóhmer en su buque insignia donde llegamos un minuto tarde porque el suboficial se equivocó de muelle y el almirante nos dio un toque de atención tremendo en alemán que nos iban traduciendo. Acto seguido, nos separamos y yo fui asignado al crucero auxiliar «Rugará» amarrado al muelle de Reval - Koplin , esto es el occidental. Para llegar hasta allí habría unos 6 Km. en tranvía con gasógeno, que tenía su gracia.

El «Rugard» era un mercante armado con cañones de 8,8 cm y ametralladoras a/a de 7 mm. barco cómodo con buenos camarotes. Era nodriza de una serie de lanchas antisubmarinas y otras de minas magnéticas.

Me asignaron un magnífico camarote en cubierta, me levantaba sobre las 5 de la mañana y la mayor parte de los días salía con el Jefe de flotilla en una de las lanchas, la R29, para vigilar la red que cerraba el golfo de Finlandia.

Recuerdo que en mi primera salida con el Jefe de Flotilla en torno a las 5 y pico de la mañana no se me ocurrió afeitarme dada la hora, pero cuál sería mi sorpresa de encontrarme a todos los alemanes perfectamente afeitados. Aprendí la lección y en las sucesivas salidas me presentaba correctamente afeitado.

Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006. Fotografías A. Escuadra

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Las pocas tardes libres me marchaba a Reval a ver una de tantas óperas que diariamente figuraban en los teatros de la ciudad, era su diversión favorita. Lo peor del regreso era que tenía que hacerlo a pie pues el tranvía ya no funcionaba. Para llegar al muelle, todo obscurecido por la guerra, me guiaba por las estrellas y para acortar camino atravesaba un gran cementerio.

Con los oficiales hablaba en inglés y francés, excepto con el comandante de Intendencia Ahrens, que hablaba español estupendamente. Éste me enseñó todo el apoyo logístico situado en tierra convenientemente enmascarado. Recuerdo haber visto grandes cantidades de pan de molde negro y numerosos víveres y municiones. Ahrens me dijo que su cuerpo de Intendencia casi había desaparecido pues fueron integrados en el Cuerpo General y, tras unos cursos, los calificaban para comandantes de submarinos. El no fue seleccionado por defectuosa visión en un ojo consecuencia de un bombardeo aéreo.
Los demás oficiales procedían de la Marina Mercante, excepto el Jefe de Flotilla, capitán de corbeta Joachim von Ramm, que había pertenecido a la Marina Imperial, retirado después de la guerra se dedicó a fabricar balandros y fue movilizado con el empleo de capitán de fragata.

Mandaba el «Rugard» el alférez de navío de la RN Hermann, viejo lobo de mar, que había tomado parte en la guerra de 1914, capitán mercante, con muchos días de mar, demasiado mayor para el puesto que ocupaba. Era persona amable y simpática.
Recuerdo que el Médico solía aparecer en cubierta con su uniforme azul, pantalones y botas de montar a caballo. Era lo que se llama un nota.

Los oficiales me dijeron que estaba hablando en el idioma de sus enemigos con lo cual me apresuré a estudiar el alemán y daca ¡a dificultad decidí aprenderme bien mil palabras y cien verbos básicos: los oficiales me ayudaban a la pronunciación cuando había tiempo disponible. Las comidas eran sencillas, con protocolo, presididas por Jefe de la flotilla o comandante; un potaje historiado, margarina y pan negro, seguido de un postre de la casa Bayer donde estaban incluidas las vitaminas: de cena, invariablemente, salchichas hervidas, pan negro, foie-grass y margarina. Los huevos, carne y fruta no los vi en todo el tiempo. Café sintético a discreción. Para fumar, al terminar el postre, izaban una señal de banderas en miniatura que figuraba en la cabecera de la mesa. ¡Una chorrada! Fumar lo hacían todos con ese tabaco alemán que a los españoles no nos gustaba.
De vez en cuando, se celebraba el cumpleaños de algún oficial con buenos vinos franceses y alemanes con cacahuetes enlatados como sólido y terminaban con unas borracheras tremendas; yo solía verter mi copa en un tiesto con flores artificiales cuando no me veían. Era una juerga sin alicientes que yo procuraba sortear como podía.

Alguna vez, aparecían chicas, lo que el panorama cambiaba, unas alemanotas que pertenecían a los cuerpos auxiliares femeninos. Yo aquí me sentía más a gusto, porque siempre había alguna curiosa por saber de mí y qué hacía en la flota alemana y hablaba conmigo.

Recuerdo también un día en alta mar que el barco compró pescado a unos pescadores, que nos sirvieron frito en el almuerzo acompañado de una copa de coñac francés; extrañado, creí que el licor se debía al cumpleaños de alguno de los oficiales pero me contestaron que no, que era por prescripción del médico pues el pescado había sido frito con aceite de oliva y era necesario disolverlo con alcohol. Me quedé muy sorprendido tan ajeno a nuestras costumbres.

Siguiendo con lo anecdótico, un buen día apareció en la cámara de oficiales una ilustrada revista alemana, muy bien presentada, en que aparecía una fotografía con el desfile de la Victoria celebrado en Madrid el 1 de abril de este año, en el que se veía al Generalísimo en la tribuna con los generales y un cardenal que debía ser el Primado. Enseguida, uno de los oficiales me preguntó si Franco era ya el Jefe de la Iglesia en España. La pregunta me pareció tan absurda que pedí me la repitiera; no le cabía en la cabeza ¿cómo era posible que una nación extranjera mandara sobre la religión? Tuve que razonarle de muchas maneras la diferencia entre el mando político y la religión. No se si lo conseguí dado el régimen totalitario de Alemania entonces.

De vez en cuando, aparecía la aviación soviética que nos daba unas pasadas sin lanzar bombas pues la DCA de abordo funcionaba con eficacia y no les dejaba acercarse demasiado.

Frío intenso, sobre todo en la mar. Yo llevaba un traje de lana de los pirineos Rasurel, encima el uniforme alemán y un chaquetón y pantalones grises, ambos de cuero, que con el salvavidas obligatorio no podía uno moverse. El frío fue paulatinamente disminuyendo hasta el mes de junio ya con calor.

Durante la estancia en Reval, salía casi todos los días en las lanchas rastreadoras a vigilar la red entre este puerto y el faro de Korpala en la costa finlandesa, una vigilancia monótona, pero muy detenida parando con frecuencia para observar los paños de la red. Los destellos de los faros me los llegué a aprender de memoria.

Uno de los días visité en la isla de Nargó las fortificaciones destruidas de los soviéticos.

El uso del obligatorio de salvavidas, era por si tocaba la roda con una mina, cuestión difícil, porque en la proa de los dragaminas figuraba un botalón desde donde hacían firme las rastras.

Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006. Fotografías A. Escuadra.

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Cuando saltaba a tierra solía atravesar una zona del muelle llena de material de guerra capturado y unos operarios, prisioneros soviéticos según me dijeron, entre ellos había un viejo que con sus gafas y el soplete iba troceando, y yo, de vez en cuando, le dejaba una cajetilla de tabaco alemán que me agradecía con una triste sonrisa. Al poco, el comandante del «Rugard» me invitó a su cámara a un café y muy delicadamente me indicó que no podía dar tabaco a sus prisioneros. De nada sirvió mi explicación de que se trataba de un ser humano, así que tuve que cambiar de itinerario.

Durante todos estos días continua la vigilancia de la red hasta el 2 de mayo que nos trasladamos con el «Rugard» a la ría situada a poniente de Helsinki, bahía de Kotka, un lugar muy bonito, fondeados cerca de un islote y cubiertos con redes de camuflaje para simular que éramos un islote más. Cuatro lanchas portadoras de minas magnéticas figuraban abarloadas a nuestro costado, cada una portaba 4 minas magnéticas que lanzaban a través del casco. La aviación soviética aparecía casi todas las noches; el barco permanecía apagado, sin hacer ruidos pero con los cañones de 8,8 cm y ametralladoas listos para hacer fuego. El avión desfilaba muy bajo, sin reconocernos.

En cuanto a las minas magnéticas los oficiales alemanes guardaban enorme secreto y eludían contestar a mis preguntas hasta que me cansé y en vista de ello, les dibujé el funcionamiento con toda clase de detalles, de las citadas minas con gran asombro de los germanos. Tanto es así, que me pidieron de donde había sacado tal información a lo que después de mantenerlos en la ignorancia, les enseñé una Revista General de Marina que en el momento de abandonar Ferrol había recibido, añadí a mi equipaje y en donde se describía el funcionamiento de las minas magnéticas y las precauciones que deberían tomarse para desactivarlas. Esta sencilla anécdota me proporcionó prestigio entre mis compañeros alemanes que se dieron cuenta que los oficiales españoles sabían más que ellos mismos.

Otro punto de discusión que les planteé fue que cuando impusieron a Francia las condiciones de rendición en 1940, por qué no exigieron la entrega de la Flota francesa, al menos la que se encontraba en los territorios sobre los que ejercía el mando el Gobierno de Vichy. La contestación casi unánime era que tropezarían con muchas dificultadas por ser material distinto, les llevaría tiempo en hacerse con los buques y demás nimiedades. Yo pensaba para mis adentros que si tuvieran una mentalidad más abierta, lo hubiesen conseguido; los españoles nos hubiéramos hecho con los buques franceses en muy breve espacio de tiempo. La Flota francesa era entonces muy considerable, la segunda junto a la italiana y en manos alemanas la situación habría cambiado. Esto indica la mentalidad continental de los mandos alemanes.

Alguna vez, en pleno día, saltaba a tierra con los oficiales en una zona boscosa y recuerdo la nube de mosquitos que nos perseguía y picaba.

Por fin, el 4 de mayo, entramos y atracamos al muelle en Helsinki con un fuerte ataque aéreo. Fui a ver al vicecónsul español, el finlandés Rafael Sánchez-Roselindt, que hablaba nuestro idioma y me presentó a la lectora de español de la Universidad, una chica muy simpática, española, de Valencia llamada Teresa Talavera. Una tarde fui con el cónsul y la española a cenar con un matrimonio finlandés, representante de las bodegas de Jerez. Recuerdo que se trataba de una casa preciosa, situada en medio de un lago, una cena estupenda, con gente muy agradable. Me sentaron al lado de la española, lo que agradecí por que por lo menos me servía de intérprete, pues creo recordar que se hablaba en sueco.

Como anécdota contaré que nadie se llevaba la copa de vino a los labios sin el previo prost, pero una de las veces, instintivamente, lo hice y en baja voz me indicó la española que acababa de cometer una gran grosería por no haber sido invitado, pero la dueña de la casa corrigió mi error invitándome acto seguido con el prost dirigido a mi y solventó la situación y que rápidamente contesté con otro prost dirigido con amplia sonrisa a la señora anfitriona.

Finalizamos tarde y me dejaron a bordo a eso de las 12 de la noche que era prácticamente de día. La velada resultó muy simpática, lo peor eran los prosits que había que contestar cada momento.

El mismo día 4 zarpamos para Kotka donde quedamos fondeados enmascarados con ramas y las 4 lanchas minadoras abarloadas a nuestro costado. Durante todos estos días raro era que no sufriéramos varios ataques aéreos de la aviación durante las horas diurnas y nocturnas.

Las lanchas fueron saliendo a efectuar minados en las costas soviéticas frente a la bahía de Kronstadt donde vigilaban patrulleros enemigos que lograban sortear y sufrir ataques de la aviación. En alguna de estas salidas tomé parte y fue verdaderamente emocionante. El «Rugard» se había convertido en isla-base de apoyo para las lanchas que eran las que llevaban el peso de las operaciones. Ya a mediados de mayo apenas si la oscuridad duraba más de media hora con un largo crepúsculo. El tiempo mejoró notablemente y se aligeró el vestuario. Lo peor eran los fuertes y duros ataques aéreos de la aviación con fuerte reacción antiaérea aunque las bombas caían muy cerca del «Rugard».

En estos días había recibido una carta del Agregado naval en la que me ordenaba me pusiera en contacto con el Jefe de la Flotilla donde estaban embarcados los cuatro sargentos mecánicos porque en un ataque aéreo se habían portado muy bien y quería saber detalles.

En el mismo puerto de Helsinki pude hablar con el Comandante de la Ráumboote 190, teniente de navío Matthies, en donde figuraban embarcados los cuatro españoles. Estos sargentos eran de mayor edad que sus compañeros alemanes, no sabían alemán, ni ningún otro idioma, por tanto, tenían dificultades para entenderse. Habían sufrido ciertas bromas por los escapularios de la Virgen de Chamorro que llevaban; eran buenos profesionales y con experiencia de guerra y muchos años de servicio.

Encontrándose amarrados en la pequeña isla de Kirkomansaari, a pocas millas al sur de Kotka, tres aviones soviéticos atacaron a las lanchas en que se encontraban los suboficiales españoles hiriendo a dos alemanes que cubrían sendas ametralladoras antiaéreas. Los españoles, sin pensarlo más, cubrieron los puestos y comenzaron a tirar sobre los aviones rusos; estos viraron para regresar a su base mientras todas las piezas antiaéreas, incluidas las dos manejadas por los suboficiales hispanos, consiguieron alcanzar al enemigo y ninguno pudo llegar a su base. A continuación, otro ataque de siete bombarderos en vuelo rasante causó más bajas entre las dotaciones alemanas.

El comportamiento de los suboficiales causó admiración y la noticia trascendió hasta Berlín. Fueron felicitados por el comandante de la flotilla y puestos de ejemplo ante las dotaciones. Con esto se acabaron los recelos y bromas y se ganaron la confianza de los mandos y compañeros alemanes.

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El Rugar antes de convertirse en crucero auxiliar


Regresamos a la bahía de Kotka y a los pocos días, el 2 de junio, un teletipo del mando alemán me ordenaba trasladarme a Berlín. Lo hice en una lancha minadora y otra que me llevaba el equipaje, pues se trataba de embarcaciones muy pequeñas. En el trayecto, a pleno día, nos atacó un avión soviético sin consecuencias y nosotros sin defensa aérea. Llegué a Reval y quedé alojado en una especie de barracón que hacía de residencia militar. Allí me encontré a mi compañero Isidoro González-Adalid que también había recibido la misma orden y juntos planificamos el viaje de regreso siguiendo las instrucciones alemanas. Primera fase Regal-Riga, previamente nos dieron unos boletos de racionamiento para varios días.

En Riga nuevas instrucciones y nos alojaron en un hotel; allí nos encontramos a numerosos soldados y oficiales de la División Azul por estar el hospital español. Unos oficiales nos invitaron a comer en dicho centro un cocido, con todos sus componentes e incluso vinos españoles y nos trataron espléndidamente. En Riga tuve ocasión de ver, acompañados por el capellán militar español, una Iglesia Ortodoxa Rusa y asistir a un funeral con el cuerpo del difunto presente.

Para movernos utilizábamos los tranvías; a los españoles nos dieron un plano con los lugares más importantes con denominaciones en castellano. Al tranviario le decías a la plaza del "caballo", o plaza de la "bomba" y el conductor te paraba e indicaba que habías llegado. En la Komandantur (Comandancia Militar) nos dieron nuevas instrucciones para trasladarnos en tren a Gottehaffen o Gidnia.

En la estación nos encontramos a un par de compañías de soldados procedentes de España para incorporarse a la División Azul. Llegaban muy contentos y enseguida nos regalaron embutidos españoles que nos vinieron muy bien para el viaje porque solo llevábamos un pan negro de molde, margarina, salchichas y foi grass. En Gidnia nos alojaron en el magnífico
trasatlántico «Bremen» y cual sería nuestra sorpresa al encontrarnos de camarero a un gallego, ya mayor, que llevaba años en ese barco ; éste nos facilitó mucho las cosas. Le hicimos ver el riesgo que corría con su permanencia en el «Bremen» a lo que nos contestó que llevaba allí muchos años y que no pensaba desembarcar. En espera de nuevas instrucciones aprovechamos para visitar Danzig y Zopot con su famoso casino de juego cerrado.

En una de estas dos localidades vimos el viceconsulado español con la bandera republicana todavía izada. ¿ no se habían enterado del cambio habido en España?

Por fin llegamos a Berlín donde el panorama había cambiado notablemente. Muchas casas destruidas por la aviación, aunque con los escombros y mobiliario perfectamente arranchado y alarmas aéreas todas las noches con bombardeos lejanos y una buena defensa aérea. Nos alojamos en un hotel.

En la embajada nos dieron gran cantidad de bonos de comida con lo cual podíamos comer sin trabas en los buenos hoteles. Entonces me di cuenta lo que era un bistek de 50 o 100 gramos, el valor del pan blanco, la mantequilla etc. Estos bonos nos permitieron vivir bien el resto del tiempo que estuvimos en Alemania.

Curso de lanchas rápidas en Swinemünde.


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Una torpedera alemana S-38 navegando a gran velocidad. Estas lanchas podían alcanzar los 36 nudos


El Agregado Naval nos explicó la razón de nuestro traslado a Berlín por haber sido designados para efectuar un curso de lanchas rápidas en la base de Swinemünde, que cesábamos en la Flota Alemana y pasábamos a depender del Jefe del Grupo de Lanchas Rápidas. La comisión consistía en aprender el manejo y mantenimiento de las modernas lanchas torpederas como las que tenían operando en el canal de la Mancha y después harían entrega de las mismas a la Armada española. Por consiguiente, devolvimos el uniforme alemán y nos presentamos a nuestro nuevo Jefe el capitán de fragata Alvaro de Urzáiz quien nos invitó a almorzar en el hotel Edén y nos fue dando instrucciones referentes al nuevo curso.

El 21 de julio llegaba a Berlín el capitán de corbeta Agustín Albarracín, procedente de España, con las dotaciones para las lanchas rápidas LT 23 y LT 24 y ese mismo día nos trasladamos en tren a Swinemünde donde llegamos al anochecer. Las dotaciones quedaron alojadas en unos barracones y los oficiales en el buque nodriza «Txingtao».

Los alféreces de navio Quesada y Gómez Suárez se encontraban finalizando el curso de lanchas lo cual nos vino muy bien porque nos traspasaron sus conocimientos que habían aprendido con dificultades, a causa del idioma, de sus instructores alemanes. Solo pudimos mantener contactos durante un par de días con salidas a la mar con nuestros compañeros pues el 26 salían en ferrocarril con sus respectivas dotaciones para España. Las lanchas las recibirían en Burdeos días más tarde.

El curso empezó enseguida con frecuentes salidas a la mar en las lanchas LT23 y LT24 a veces con los Jefes de Flotilla alemán kapitán leutnant von Mirbach y capitán de fragata Urzáiz. Durante los adiesramientos diurnos y nocturnos visitamos los puertos de Rónne en la isla danesa de Borholm, Nexo, Binz, Kónisberg y Gotenhaven.


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En los dos primeros días las dotaciones eran mixtas alemanas y españolas y a continuación tripuladas solo por españoles con el comandante alemán como observador y un marinero señalero germano. Enseguida empezaron los ejercicios nocturnos con señales y después sin ninguna clase de señales.

Las salidas a la mar resultaban agotadoras porque fácilmente puede comprenderse que navegar a velocidad mínima de 24 nudos y la operativa a 28, a corta de distancia de 200 metros de una a otra lancha, cualquier descuido del comandante pudiera dar lugar a un indeseable abordaje, la tensión era tremenda. Bien es verdad que las lanchas usaban unas señales de banderas amarillas que se sacaban por las bandas del puente para indicar las caídas a una y otra banda y aumentar o retrasar revoluciones. Todos teníamos que mantener una atención constante, señaleros, timoneles y personal de máquinas, obligados a reaccionar con rapidez las órdenes del puente trasmitidas por telégrafo y teléfono. Para facilitar la maniobra las velocidades se clasificaban según esta terminología: avante poca, despacio, media, grande (28 nudos) dos veces grande, extraordinaria, dos veces extraordinaria etc hasta alcanzar los 37 nudos.

Por otra parte, las lanchas no disponían de retretes, excluidos por el mal olor, había que hacerlo por la borda a popa. Esto unido al cansancio de las dotaciones, las navegaciones no duraban demasiado tiempo. Tampoco disponían de cocina, solo para calentar. Tenían un tanque de agua destilada para la refrigeración de los motores y otro más pequeño para agua potable para beber que al llegar a España hubo que rellenarlo de agua bidestilada, dadas las dificultades para obtenerla, solo de los barcos de guerra o mercantes con propulsión a vapor; pronto hubo que recurir al clásico botijo hispano que sin saber cómo, hizo su aparición nada menos que en Alemania.

A las dotaciones españolas les costó trabajo acomodarse a las comidas alemanas, en cuanto a los oficiales ya estábamos acostumbrados. En una ocasión sorprendimos a las dotaciones de las 23 y 24, cenando sobre las tumbas de un bonito cementerio de la ciudad, sus embutidos que habían traído de España, alegando que estaban hartos de las "kartollfeld" o patatas cocidas que no faltaban en ninguna comida.

Los ejercicios realizados consistían en salidas a la mar diurnas y nocturnas, y repentinos ejercicios de "hombre al agua", zafarranchos de combate, tiros con las ametralladoras de 20 mm sobre blancos remolcados y antiaéreos contra manga remolcada por avión, lanzamiento real de torpedos con cabeza de ejercicio, manejo del complicado triángulo de puntería y sobre todo navegaciones nocturnas en formación sin señales todo ello a velocidad operativa de 28 nudos.

Creo recordar una curiosa anécdota que me ocurrió después de una larga navegación cuando entramos una serie de lanchas en Kónisberg. Al ir a atracar al muelle para lanzar las estachas, la dotación se quedó paralizada, especialmente el auxiliar condestable, y no había forma de que reaccionaran. Existía entonces alta competición entre las lanchas para hacer la maniobra en el mínimo tiempo, así que esta semiparalización me dejó algo perplejo; sin embargo, al levantar la vista hacia el muelle, comprendí enseguida la razón de ello: unas chicas jóvenes se encontraban junto al muelle en unas tumbonas tomando el sol en "bikini" sin la parte superior. Rápidamente llamé la atención a mis marineros y pudimos atracar sin más incidentes.
En España en aquellos años no se daba tal espectáculo, las chicas iban a la playa casi totalmente cubiertas por el bañador, de ahí el asombro de mi dotación.

En una de las salidas a la mar cayó al agua un bimotor alemán que se hundió rápidamente y solo se salvaron dos de los tres tripulantes que fueron recogidos por mi lancha y llevados a Swinemünde mientras otra de las lanchas permanecía balizando el lugar del hundimiento.

Ante la difícil pronunciación de la palabra Swinemünde, nuestra marinería le llamó desde el primer día
Chicherimundi y así era vulgarmente conocido.

El 4 de julio llegaron procedentes de España las dotaciones de las lanchas LT 25 y LT 26, al mando de los alféreces de navio Jaime Gómez Pablos y Ricardo Jara de nuestra misma promoción de la Escuela Naval. Su aprendizaje fue rápido porque disfrutaron de nuestra experiencia. Venían con el capitán de corbeta Agustín Albarracín.

El día 9 de julio finalizó el curso para las lanchas 23 y 24, no obstante, seguimos saliendo a la mar pera presenciar unos ejercicios de dos flotillas de lanchas para efectuar un ataque torpedero nocturno contra un buque mercante escoltado por cuatro destructores.

Nos contaban que en uno de estos ejercicios resultó alcanzado el buque que hacía de blanco y el torpedo le produjo una vía de agua de 533 mm que rápidamente los equipos solventaron inundando los tanques de la otra banda, escoraron en buque y los buzos taponaron la vía de agua soldándole una chapa de acero.

Finalizado el ejercicio desembarcamos en Gotenhaven, Isidoro González- Adalid y yo para dirigirnos la base. El 17 de julio salimos con las dotaciones de nuestras respectivas lanchas a Berlín donde nos alojamos en un hotel y las dotaciones en un cuartel en uno de los barrios extremos de la capital.

Esa noche se presentó bastante accidentada pues en la madrugada del 16 de julio tuvo lugar un bombardeo aéreo sobre Berlín, lo que nos obligó a levantarnos para refugiarnos en el "hall" del hotel y al poco recibimos una llamada reclamando nuestra presencia en los cuarteles donde habíamos dejado a la marinería y suboficiales. En un intervalo entre las alarmas, pudimos llegar en el metro al cuartel, en las afueras de la ciudad, y conseguimos aplacar el nerviosismo provocado por el estruendor de la alarma aérea, disparos de la artillería antiaérea y la caída de las bombas. Normalizada la situación volvimos al hotel ya casi de día.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006. Fotografías A. Escuadra.

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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Regreso a España


El 17 de julio, después de despedirnos del Agregado Naval, salimos de Berlín y el 18 de julio llegamos a Irún, presentándonos en Fuenterrabía al Comandante Naval del Bidasoa, capitán de fragata Manuel Calderón que nos alojó en su residencia y las dotaciones en el minador Eolo. El 20, por orden del Almirante Jefe del EM de la Armada salimos para Madrid a dar cuenta de las dos comisiones, mientras las dotaciones se incorporaban a sus respectivos destinos.

Nosotros dos. el 23 salimos para El Ferrol del Caudillo a incorporarnos a nuestros destinos.
El 10 de agosto, siguiendo instrucciones del Almirante Jefe del EM de la Armada salí para Madrid y Pasajes para embarcar en el minador Eolo donde se estaban concentrando las dotaciones de las lanchas y el 24 salimos en tren para Burdeos.

Entrega de las lanchas rápidas LT 23, 24, 25 y 26.


Imagen

La flotilla de LT completa



Las lanchas rápidas LT 21 y LT 22 habían sido entregadas a España en Burdeos con anterioridad y estuvieron presentes en la inauguración de la Escuela Naval de Marín el 16 de julio de 1943 día de Nuestra Señora del Carmen.

Llegamos las cuatro dotaciones a las órdenes del Jefe del Grupo capitán de fragata Urzáiz; mientras tanto habían llegado las cuatro lanchas tras pasar de noche el canal de la Mancha.

Los oficiales nos alojamos en un hotel y las dotaciones en unos cuarteles.

Inmediatamente se procedió a la entrega de las cuatro lanchas. Los alemanes, con la meticulosidad que les caracteriza, vaciaron todos los cargos que colocaron en el muelle mientras se procedía a su contabilización con las listas en mano en alemán. Una labor tediosa pero necesaria.

El 28, todo listo, se procedió a la entrega de las lanchas por la Marina de Guerra alemana a la Armada española en presencia del Agregado Nava! español y autoridades alemanas, arriándose con toda solemnidad la bandera germana e izándose la española, tomando en este día los mandos de nuestras respectivas lanchas.

Permanecimos en Burdeos hasta el 31 de agosto que nos hicimos a la mar al mando del Jefe del grupo cuya insignia figuraba en la LT 26 con un marinero señalero alemán en cada lancha y el práctico en la capitana para sortear los campos minados.
Todavía dentro del río, se paró la LT 23 acercándome para transbordarle al Jefe de Máquinas capitán Ferro y una vez solucionada la avería continuamos hasta alcanzar San Juan de Luz donde, en los botes neumáticos desembarcamos a los alemanes y seguimos para Pasajes y a las 1930 horas nos abarloamos las cuatro lanchas al minador Eolo.

Como anécdota, contaré que al llegar a Pasajes vi que en la camareta-sollado, alojamiento de la marinería, figuraba en lugar preferente, una fotografía enmarcada del Führer Adolf Hitler y los marineros españoles le habían colocado debajo una patata alemana.

Las seis lanchas rápidas al llegar a España formaron una flotilla a las órdenes del capitán de fragata Urzáiz, persona de notable experiencia, que mandó la flotilla con gran espíritu y deportividad. Nuestras dotaciones muy bien adiestradas en Alemania respondieron siempre con gran entusiasmo existiendo entre todos mucho espíritu y afán de competitividad. Indudablemente fue de gran experiencia para los comandantes.

Experiencia adquirida en nuestra estancia en la Marina alemana.

Nuestra permanencia en la Kriegsmarine, primero en la campaña del Báltico y después en el curso de lanchas rápidas, fue muy positiva para nuestra formación profesional. En primer lugar al estar en guerra pudimos comprobar el alto grado de adiestramiento conseguido por las dotaciones, el entusiasmo y rapidez en cubrir los puestos de zafarrancho de combate o alarma aérea, el mayor enemigo que tenían los barcos aparte de las minas.

Las medidas de segundad interior eran muy eficaces con equipos bien adiestrados .

La organización de los buques de guerra era muy similar a la de cualquier Marina, no existiendo apenas diferencias. El personal estaba bien adiestrado mediante cursos cortos.

El trato con la marinería era cordial y los oficiales prestaban gran atención a los que tenían a sus órdenes. Los comandantes de las lanchas, después de sus incursiones en aguas enemigas, solían reunirse con sus dotaciones para celebrar sus éxitos, donde corría el alcohol con fluidez seguido de sus cánticos

Los marineros eran muy jóvenes, rondando ya los límites de lo prohibido. Tenía que ser así, dado el volumen de tropas movilizado en esta guerra total.

Con la marinería habían adoptado ciertas "libertades" inadmisibles en tiempo de paz y que, dadas las circunstancias, los oficiales lo permitían, por ejemplo, se toleraba llevar el pelo largo que de noche sujetaban en redecilla para dormir en sus coys. Marineras y pantalones ajustados en algunos individuos, gorros torcidos etc.

El baldeo de cubierta al amanecer lo hacían dirigidos por un contramaestre cantando las canciones que un altavoz emitía. Las comidas eran iguales de capitán a paje, con una sola cocina a bordo la única diferencia era que a los oficiales se la servían y los marineros lo hacían por ranchos o bandeja individual.


En los dragaminas solía embarcar un reducido número de Guardias Marinas que se pasaban gran parte del tiempo estudiando, pero cuando se hallaban de servicio, los oficiales les ordenaban realizar tareas humillantes como por ejemplo, si un oficial sacaba un cigarrillo el Guardia Marina más próximo se aproximaba corriendo para darle fuego y, a veces, el oficial arrojaba en cubierta un cigarrillo apagado para que el Guardia Marina lo arrojara al agua por sotavento. Como decía fumaba todo el mundo con tabaco alemán u holandés.

Existía pues una disciplina relajada, pero disciplina, y al comentar estos detalles con los oficiales me decían que habían aprendido estas lecciones de la I GM cuando, por otros motivos, y a consecuencia de la inactividad de las dotaciones de la Flota de Alta Mar, llegaron a amotinarse, hacia el final de la guerra, minadas por las campañas derrotistas que obligaron a Alemania a solicitar el armisticio cuando los ejércitos estaban intactos en sus frentes de combate.


Fuentes: Bajo las banderas de la Kriegsmarine de Alfonso Escuadra Sánchez, Marinos españoles en el Báltico 1942-1943 de Fernando Moreno de Alborán Revista Española de Historia Militar nº 71 y 72 año 2006. Fotografías A. Escuadra.


Agradecer a Orfebre la ayuda en la elaboración de este artículo, sin su ayuda hubiera sido imposile.

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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
"La participación de marinos de guerra españoles en la II Guera Mundial junto a las tropas del III Reich ha sido durante años uno de los secretos mejor guardados de la histoia militar española. Los testimonios de algunos divisionarios eran vistos con incredulidad `por el mutismo oficial y extraoficial en torno al tema. Entre noviembre de 1942 y agosto de 1943 hubo jefes, oficiales y suboficiales de la Armada española sirviendo en la Kriegsmarine, participando en misiones de guerra en el Báltico a bordo de cruceros, drgaminas, cazasubmarinos y lanchas minadoras.

[b]Para información de este tema detallada ver la aportación de Sotacomitre


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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Para más información.

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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Sotacomitre escribió:
Para más información.




Antes de copia mi entrada he buscado si había algo sobe el tema y no he sabido ncontrarlo.
Te felicit5o por el trabajo y anulo el mío poqwue no tiene razón alguna por el estupendo artículo tuyo.
Saludos

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02 Jul 2013 21:22
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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Estimado amigo urdenatorum, no se borra nada, ya se trasladará al otro lugar.


A mi me ha pasado varias veces, lo que ha de hacer, es ir a Buscar, en la parte superior de la página principal, y pone unas palabras claves del tema que desea colgar y...¡¡Zas!! si el post existe, le sale.


El mérito no es mio, es del Almirante Moreno, como pongo en las fuentes, pero agradezco sus palabras.

Un abrazo

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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
'

He borrado los enlaces para evitar un bucle en el sistema.


Por lo demás ya están unido, así juntitos no se pierden.


Un abrazo.
.

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Nuevo mensaje Re: Marinos Españoles en el Báltico 1942-1943
Ya conocía estos desconocidos episodios de nuestra Armada, especialmente el de los suboficiales con las ametralladoras antiaéreas. Ya me imagino a los dos después del hecho. Cualquiera les decía nada, y eso, ¡¡¡ sin conocer el idioma !!! g-ris1 g-ris1 g-ris1

Muchas gracias por recordarme esas acciones, amigo Sotacómitre.

Un abrazo,

Juan de Carranza

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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com