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 Naufragio de la fragata Méduse. 
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Naufragio de la fragata Méduse.



Al recuperar Francia el territorio del Senegal, organizó en el año de 1816, una expedición para posesionarse nuevamente de él.



El día dieciséis de junio de ese año salía del puerto de Rochefort la flotilla compuesta por la fragata Méduse, del porte de 44 cañones, al Loire, de 550 toneladas, el bergantín Argos y la corbeta Eo.



La expedición estaba al mando del capitán de fragata Durouys de Chaumareys, que al ser destronado el rey Luis XVI, había emigrado al extranjero y no regresó a su patria hasta la caída de Napoleón.



En la Méduse iba también un extranjero llamado Richefort, antiguo prisionero en los pontones del Támesis y que pronto fue el verdadero responsable de la navegación, pues, el comandante carecía de práctica de mar, cuando menos reciente.



En vez de separarse de la costa, una vez reconocido el Cabo Blanco, según prescribían las instrucciones para el viaje, la Méduse se acercó peligrosamente al banco de Arguin, hasta embarrancar en él, esto ocurría el día cuatro de julio a las tres y cuarto de la tarde.



Después de intentar poner a flote el buque, el comandante ordenó construir una balsa capaz para doscientos hombres, más lo víveres necesarios, dado que en las seis embarcaciones disponibles, no daban tenían la capacidad suficiente para los más de cuatrocientos personas, que iban a bordo.



El propósito era que los botes remolcaran a la balsa y éstos se abastecieran de víveres cuando lo necesitaran, por lo que tenían que navegar en conserva, en dirección a la costa.

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Si ignoras lo que pasó antes de que nacieras, siempre serás un niño. Marco Tulio Cicerón.

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01 Ago 2006 20:22
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En la de veintidós metros de eslora por siete de manga, embarcaron ciento veintitrés militares, veintitrés oficiales y marineros y una mujer.



Se realizó el embarque con mucho desorden, por lo que por descuidos y prisas, se fueron cayendo al mar muchos víveres, pero lo peor fue que no todos cabían en los botes y en la balsa, por lo que algunos tuvieron que quedarse a bordo de la Méduse, desde donde gritaban por su segura muerte.



Se prestó un juramento que les comprometía a no abandonar a nadie, de los ya embarcados, pero a las dos millas, desde un bote cortaron el cabo de remolque de la balsa, por lo que ésta quedó a la deriva.



La balsa al poco tiempo dio señales de irse a pique, lo que hizo reaccionar a los que en ella iban, lanzando al agua barriles de harina, para intentar que no se hundiera.



Un recuento posterior le hizo caer en la cuenta de que a bordo sólo habían quedado, dos barriles de agua, seis de vino y algo de galleta mojada.



Para que la cosa se pusiera peor, el tiempo comenzó a ponerse duro.



Lo que produjo una bajada de moral y la reacción de muchos soldados y marineros fue la de comenzar a beber en exceso.



Por la noche, el vino y el pánico, provocó escenas de locura, llegando al extremo de que, intentaron cortar las ligaduras de sujeción de los maderos, que componían la balsa.

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01 Ago 2006 20:27
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Al oponerse los oficiales, a tan inconsciente propósito, comenzó un combate en el que se blandieron, hachas, sables de abordaje y cuchillo.



La luz del amanecer fue alumbrando el horror de la noche; se dieron cuenta de que más sesenta hombres habían perecido en el combate, otra cuarta parte se habían arrojado a la mar, llevados por el instinto de salvación o por desesperación.



La locura se apodero de la mayoría; había quien decía ver magníficos vergeles y quien la balsa ardía; un marinero se estaba comiendo sus excrementos y un negro, el tristemente célebre Juan Carlos, cercenó con un hacha, el brazo de un muerto y comenzó a darle bocados y tragándoselos.



El repugnante ejemplo se extendió y comenzó un orgía de canibalismo.



En la noche siguiente, los soldados intentaron fraguar una rebelión, que consistía en lanzar al agua a los demás sobrevivientes, más como el lugar no era muy grande, se les descubrió a tiempo, se les desarmó y se les condeno a muerte, ofreciéndose como verdugo el negro Juan Carlos



Al quedar sólo quince hombres sanos, acordaron lanzar al agua a todos lo heridos, y en esta ocasión, también el negro Juan Carlos, junto a otros tres marineros, fueron los que llevaron a cabo la inhumana tarea; en la acción incluyeron a la única mujer que iba en la balsa, a pesar de que sólo tenía una herida en un muslo.



Los quince supervivientes, temiendo les pudiera suceder lo mismo, que ellos acababan de realizar, llegaron al acuerdo de tirar las armas a la mar.

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01 Ago 2006 20:28
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El día diecisiete, avistaron el bergantín Argos, que los recogió a los quince hombres que quedaban en la balsa, de los ciento cincuenta embarcados, trece días antes, fue cuando se enteraron que los embarcados en los botes habían logrado llegar a Senegal.



Un buque fue enviado en socorro de los posibles supervivientes de La Méduse, pero sólo halló a tres marineros de los dieciséis abandonados a su suerte.



El día veinticuatro de febrero del año de 1817, en el buque insignia de la flota, se juzgó en el puerto de Rochefort, al comandante de la fragata La Méduse, siendo declaro culpable del naufragio por su impericia, por lo que perdió su empleo y honores, condenándosele a tres años de prisión.



Géricault, dejó en su famoso lienzo, <<Le radeau de La Méduse>>, hoy en el museo del Louvre, un cuadro espeluznante de la tragedia: sobre un barril, el negro Juan Carlos señala la aparición del Argos; cerca de él se halla Savigni, el enérgico cirujano de la armada, y Correard, un ingeniero geógrafo; en primer término un padre desesperado tiene a su hijo muerto entre las piernas, estando completamente desnudo.



La pintura de Géricault produjo, en el año de 1818, un cúmulo de discusiones, tanto por el tema como por la tendencia nueva que en el arte apuntaba, y el hecho que lo motivara, ha quedado como una de las páginas más negras, de la historia de la navegación.






Citar:
Bibliografía:

Enciclopedia General del Mar. Garriga. 1957. por don José María Martínez-Hidalgo.


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01 Ago 2006 20:31
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Buenas tardes, añadire que el cuadro de Gericault, levanto una polemica enorme para su epoca, la gente nunca habia visto hasta la fecha, la plasmacion de un hecho reciente y tan lamentable ante sus ojos, algunos tomaron la obra como una critica hacia los borbones, y tuvo la obra numerosas muestras en su contra.
En su permanencia en Londres, unas 40.000 personas lo vieron, algo inusitado, vamos que era el no va mas.
De entre los que quisieron comprarlo, destacamos un grupo de nobles franceses, con la oscura intencion de destruirlo.
Algunos de los supervivientes, Jean Batiste Henry Savigny, cirugano y Alexandre Correard, cartografo, publicaron sus aventuras a bordo ( Relation du Naufrage de la fregate Meduse" y crearon un best seller, la publicacion del relato en "le journal des debats" publicacion antiborbonica ayudo a ello.
Los hechos fueron politizados por los antimonarquicos, que gritaban y denunciaban el favoritismo del rey Louis XVIII al nombrar a Hugues Du Roy De Chaumereys, un fiel, que hacia años que no navegaba.
Curiosamente tuvo que ser la Royal Navy la que se ocuparara de repatriar a los naufagos ante la desidia del ministerio frances.


13 May 2007 18:25
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He aqui el cuadro:

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13 May 2007 23:12
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El cuadro tiene gran fuerza dramática, pero, como pasa frecuentemente, la realidad superó a la imaginación.

Según cuentan los testigos, tras terminar la balsa (que solo debía ser una plataforma temporal, para ser remolcada por los botes a la costa, remolque que abandonaron en cambio a su suerte, haciendo una deriva de varios días en la mar) y subir a bordo, esta se hundió por el peso, de forma que los pasajeros iban con las piernas en agua hasta más arriba de las rodillas, constantemente. Iba tan sobrecargada, que los náufragos iban en pie, pegados unos junto a otros, como en un vagón de metro en horas punta. De pie, sin posibilidad de tumbarse ni sentarse siquiera, así iban los náufragos, y con las piernas convertidas en una horrible llaga, por la inmersión continua en el agua de mar y las heridas con las maderas de la balsa. En la oscuridad de la noche unos empujaban a otros, de forma que caían al agua, y cada mañana había menos. Aparte, como sucede en situaciones de sobrepoblación y precariedad de medios, hubo bastantes peleas, y tiradas al mar de enfermos. Incluso parece ser que canibalismo.

Un saludo

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Capitán de la Nao: Victoria por R.O. del 26 de octubre de 2007.
Primus Circumdedisteti me


"Me faltó valor para rendirme y decidí que se continuara la defensa"


14 May 2007 02:55
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No parece ser, lo hubo. Gericault, realizo varios esbozos donde si se ven actos de canibalismo en uno y en otro una escena de pelea.
Los que rescataron a los supervivientes quedaron horrorizados al comprobar que lo que habian tomado por restos de tela, vela, o ropa hecha jirones, eran en realidad tiras de carne expuestas para que se secaran. EL cirujano Savigny, fue el que propuso cortar la carne en tiras y prepararla para su ingestion. El mismo Savigny, fue el que eligio quien debia por su estado ser lanzado al mar.
Savigny deberia ser uno de los que estan a la derecha del mastil.
En la balsa se dio una lucha de clases, que fue ganada por los de arriba en detrimento de los de abajo.

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¡Izad la señal nº5!: "A los que por su actual posición no combate, tomar una que los lleve rápidamente al fuego"


14 May 2007 09:40
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Con permiso y con el deseo de ampliar un poco este viejo tema.


Corría el año 1816. El año anterior vio la vuelta de Napoleón de Elba, sus Cien Días de interrupción de la restauración borbónica, la derrota de Weterloo y su destierro a Santa Helena donde permaneció hasta su muerte en 1821. Reinaba Luís XVIII que accedió al trono en 1814 por el Tratado de París del mismo año.

El Tratado de París de mayo de 1814 además de forzar la abdicación de Napoleón y la restauración borbónica, permitió a Francia conservar sus fronteras a la vez que le devolvía la mayoría de las colonias estratégicas que había perdido durante el transcurso de la guerra.

En este contexto, el gobierno francés organiza a toda prisa una flotilla con un contingente civil, científico y militar, formada por la fragata Méduse comandada por Chaumareys, el filibote Loire comandado por Giquel-Destouches, el bergantín Argus comandado por DeParnajon y la corbeta Écho comandada por Corney de Venancourt, con el fin de enviarla lo más pronto posible a tomar posesión de la colonia del África Occidental, que comprende Saint-Louis, Gorée y toda la región costera colindante con la desembocadura del río Senegal, y que Inglaterra le había restituido.

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Fragata Méduse


Así, el 17 de junio de 1816 zarpan del puerto de Rochefort con destino a San Luis en Senegal. Como figura principal viajaba a bordo de la Méduse con el material necesario, el gobernador designado para dicho territorio el Coronel Julien-Désiré Schmaltz y su esposa Reine Schmaltz acompañados de familia, su personal administrativo y militar, más un cuerpo expedicionario compuesto por tres compañías de infantería de marina. También los acompañaban sesenta científicos en misión de exploración, entre los que se encontraba el cartógrafo Alexandre Corréard, y colonos en número indeterminado. Entre todos, sumando un total aproximado de casi 400 pasajeros.

La Médusa era una moderna fragata de tres palos y cuarenta y cuatro cañones, la más rápida de la flota francesa. A la caída del Imperio, fondeada en el puerto de Rochefort, estuvo preparada para zarpar llevando a Napoleón y su comitiva de huída hacia América. Sin embargo, este plan se frustró por la presencia de la fragata Inglesa Agamenón que vigilaba en la distancia a la Méduse para detenerla o hundirla. En la fecha de la partida hacia Senegal se encontraba recién carenada y con tripulación que había servido durante el periodo imperial.

Al mando de la Méduse se puso al vizconde de Chaumareix (Hugues Duroy de Chaumareix), un hombre de 51 años, oficial sin experiencia, sobreviviente de la masacre de los realistas en la playa de Hoche en Quiberon en 1795, que acababa de regresar a Francia desde su refugio en Inglaterra donde era asiduo de los salones de emigrantes en Coblenza y Londres, pero que estaba inactivo en la armada desde hacía veinticinco años. Las cartas que va a utilizar están obsoletas, los errores de longitud y latitud son enormes (las cartas de la hidrografía francesa de Belin que posee, son tan defectuosas que es imposible fiarse de ellas, allí se pueden encontrar errores enormes con diferencias de latitud de 18 a 20 grados), algunos creen que era incapaz de determinar la posición. Por tanto, noble y realista, su lealtad a la monarquía supuso mayor mérito que los conocimientos de navegación y experiencia en alta mar.

Estamos en verano, hace buen tiempo, los vientos son favorables y los barcos avanzan a buen ritmo. En menos de quince días, la flotilla está a la vista de las costas de África y los marinos algo más inquietos, pues saben que a lo largo de esas costas, las corrientes son peligrosas, los arrecifes afloran a ras del agua y hay bancos de arena como el banco de Arguin entre Mauritania y el Senegal. Por tanto, la prudencia aconseja separarse de las costas siguiendo una ruta algo más larga, pero segura. Por otra parte, cuando un grupo de barcos navega en flotilla, es bueno que los más rápidos se adapten a la velocidad de los más lentos manteniendo el grupo a fin de poder darse mutua asistencia en caso de incidente.

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13 Oct 2010 21:33
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Sin embargo después de una escala en Tenerife, el capitán actúa contra toda lógica queriendo llegar lo más rápidamente a Senegal y ordena a la Méduse, con desprecio de sus subordinados y desoyendo la voz experimentada de sus marinos, izar todo el trapo, con lo que la fragata después de un tiempo, se adelanta y aísla del resto del grupo, excepto de la corbeta Écho que le sigue a la vista.

Según las posteriores palabras del capitán en su descargo:
“En la noche del 1 al 2 de julio, la corbeta Écho que había hecho ruta con nosotros, hizo varias señales de noche con faroles, para advertirnos que íbamos muy cerca de tierra. El oficial que estaba de guardia no comprendió, o no quiso comprender, porque estos señores se creen demasiado instruidos e incapaces de cometer ningún error, pero desgraciadamente se equivocan a menudo y por eso sucede lo que sucede.”

A l comienzo del día 2 de julio, la Écho se pierde de vista siguiendo la normal ruta de alejamiento de la costa hacia Saint Luís.

Durante el día 2 de julio, los marineros de la Méduse van echando con regularidad la sonda para conocer la profundidad del agua bajo el barco; a las dos de la mañana hay cincuenta brazas (equivale a 1’82m la inglesa y 1’68 la española) de agua bajo la quilla, a las cuatro sesenta, a las seis con ochenta brazas, el capitán se dice “estamos en trance de rodear la cabeza del banco” y fija la ruta S-SO. Una hora más tarde, la sonda no encuentra fondo y el comandante estimando que el banco se ha sobrepasado y que todo peligro está descartado ordena: “hacia el sur, en dirección de Portendick”. Pero la verdad es otra, las estimaciones del capitán son falsas y lejos de haberlo sobrepasado pone a la Méduse proa al banco de Arguin.

Pasadas dos horas el agua es turbia. Esto inquieta al alférez de navío Maudet que pide al capitán autorización para sondear de nuevo, cosa que este rehúsa retirándose a su camarote. Desafiando las órdenes, Maudet procede bajo su responsabilidad a sondear. Dieciséis brazas bajo la quilla, peligro inminente. Pretende entonces separar el barco y volver contra el viento, pero otro alférez se opone intentando no oponerse a las órdenes del capitán. En ese momento Chaumareys, intrigado por la detención de la fragata sube al puente y se hace cargo de toda la situación y ordena: “dos cuartos a la derecha”; el barco debía pues alcanzar veintitrés grados más hacia el oeste; “a sondear”. Efectuada la operación a toda velocidad, el marinero con voz angustiada grita: “seis brazas”. En ese momento Chaumareys grita: “a derecha toda” y en el mismo instante, una enorme sacudida conmueve toda la estructura de la fragata, seguida de otra dos menos violentas y el navío se queda inmovilizado.

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La Méduse embarrancada en el banco de Arguin


El comandante una vez salido de su estupor pregunta: “¿Como está la marea?”. La respuesta es desalentadora: “en pleamar”. Se ha producido lo inevitable: con todas las velas fuera, la Méduse hundida profundamente en las arenas del banco de Arguin, a unas 50 millas de la costa, queda encallada para colmo de vergüenza con buen tiempo, buena visibilidad, mar en clama y marea alta a 19º 54’ N, 19º 24 O (nota: estimo que la longitud sería más bien 17º 21’).
El paso siguiente era intentar desembarrancar la nave. Para ello se decidió recoger las velas, aligerar el barco de su carga echando por la borda todo lo posible; pero no es suficiente, hay que desembarazarse de la arboladura; se desmontan los mástiles, las cofas etc.; hay que esperar la bajamar para clavar bien las anclas a fin de mantener el barco aplomado sobre el fondo y que no zozobre.

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13 Oct 2010 21:35
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Algo más tarde se tranquilizan los ánimos, la situación parece entonces menos desesperada de lo que se había creído desde el varado. La alta mar se ve a menos de una media legua (unos 2,4 Km) al oeste, se ve netamente que el banco se termina allí por el color del agua. Se encuentra entonces la solución: con la ayuda de la chalupa y del cabrestante del ancla, emplazando esta lo más lejos posible, se podrá desembarazar a la Méduse de la cama excavada por su quilla en el banco de arena aprovechando la nueva pleamar. Pero la suerte no acompaña durante los días dos y tres de julio, la tripulación no logra afianzar el ancla de manera segura y a pesar que todo el mundo se engancha al cabrestante, la fragata no mueve y rehúsa obstinadamente llegar al mar libre. Es necesario aligerar la nave, pues todavía es muy pesada.

Es entonces cuando se decide construir una gran balsa donde se podrá emplazar el material que aligere el barco sin perder las mercancías: cajas de salazones, barricas de agua y vino, cabos y velas de repuesto y diversa mercancía. Se puso pues en fabricación esta balsa que la tripulación llamó “la machine”, con veinte metros de longitud y siete de anchura. Se confió esta obra a Espiaux. Sus dos flancos estaban constituidos por dos mástiles de cofa a una parte y otra del eje longitudinal; se cogieron cuatro mástiles que se embridaron entre ellos, se llenaron los espacios vacíos con palos y todo el conjunto fue amarrado con fuertes ligaduras y planchas clavadas; se colocaron encima del perímetro piezas de todas clases cuidando no sobrepasar los bordes para crear un resguardo; un guardafuegos fue igualmente fabricado con la ayuda de barriles de harina; en la delantera se dispusieron dos vergas cruzadas en V simbolizando la proa de un navío.

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Balsa de la Méduse


Al siguiente día cuatro de julio, las condiciones son buenas y la esperanza es grande para poner a flote el navío descargado. Se fija un ancla, todos deben ponerse en el cabrestante, marinos, pasajeros, soldados…Después de esfuerzos encarnizados, la Méduse mueve al fin; llegan a hacerla pivotar orientando su proa hacia la mar profunda y salvadora. Ahora, cuando la marea comienza a descender, la fragata aligerada se pone a flotar; es necesario ahora posicionar los cordajes del ancla de atrás a adelante y poner manos a la obra en el cabrestante. Sin embargo, la marea ha bajado velozmente y la Méduse reposa nuevamente sobre el banco. No queda más que esperar la nueva pleamar, y todos guardan la esperanza de salir de este mal paso.

A las once de la tarde, el viento se intensifica; sobre la superficie, el mar se endurece, las oleadas remueven el puente, la fragata comienza a golpear duramente el fondo y elevándose por los golpes de mar, la carena comienza a hacer agua. “¡Los hombres a las bombas en la bodega! “ se grita.

A las tres de la mañana del día siguiente, una potente oleada arranca el timón y los hierros abren una larga brecha en el casco por donde el mar entra en tromba en la fragata. Chaumareys aterrado ordena:”¡poned en marcha la bomba real!”. Pero desgraciadamente no puede luchar contra el reventón de las olas asesinas. La Méduse ya no es más que un despojo lamentablemente batido por los golpes de ariete de las oleadas; medio inundada de agua, reposa profundamente sobre el banco de arena, por lo que le impide caer, pero está perdida. Es preciso abandonar la nave.

Se hace rápidamente recuento de recursos: seis botes. Excepto la chalupa grande, los demás están con deficiente calafateado. Pero son insuficientes para llegar a la costa más próxima, que está desierta, o a la desembocadura del Senegal, pues aún embarcando el doble de la capacidad normal en los botes, no se podrían salvar más que doscientas personas, y el navío transportaba sin embargo cuatrocientas.

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13 Oct 2010 21:37
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
En secreto, previendo lo peor, se estableció una lista de pasajeros privilegiados a salvar. Pero ¿qué hacer con los pasajeros restantes?: pues podrían colocarse en la balsa y los botes la podrían remolcar. ¿Y cómo se haría para subirlos a todos encima, contando con los víveres?

Se nombra comandante de la balsa a Coudein, guardiamarina que ya ha navegado, pero está herido en una pierna, lo que le hace cojear. Está claro que se va a embarcar en la “Machine” a las personas de poca importancia; es decir, a los hombres de tropa. En lo que a estos concierne, no se puede decir que sean la élite precisamente pues para ocupar Senegal se habían reclutado a los insumisos, a los desertores, a los expulsados del cuerpo por insubordinación y a antiguos condenados.

Coudein será acompañado del capitán Dupont, el teniente L´Hereux y de los subtenientes Lozach, Clairet y Anglas de Praviel. Al alba del cinco de julio es el zafarrancho de abandono de la nave. Las autoridades embarcan en el bote del comandante, así como en la del gobernador y se alejan de la Méduse, esperando a distancia la terminación de los embarques.

Chaumarays fue de los primeros en abandonar el barco bajo el abucheo de los hombres que se encontraban aún a bordo; algunos soldados le apuntaron con sus armas y será menester toda la autoridad del subteniente Praviel para calmarles. Este da la orden de embarcar sobre la “Machine” y toma la precaución de desarmar a la tropa, aunque hay quien logra disimular armas blancas y pistolas. Bajo la carga humana la balsa se hunde cada vez más y los pasajeros tienen ya el agua por las rodillas. Faltos de espacio se deben mantener de pié apretados los unos contra los otros. La visión de la balsa semi-sumergida deja entrever un drama latente, hasta el punto que otros hombres prefieren quedarse a bordo de la fragata y esperar que se vuelva a rescatarlos. Chaumarays diría más tarde que estos se habían quedado a bordo “guiados por un afán de pillaje”.

La balsa se aleja de la Méduse remolcada por los botes. En ese momento se encuentra a su bordo Coudein, cuatro oficiales de tierra, ciento diecinueve soldados, una mujer de la tropa, el segundo cirujano Savigny, el geógrafo Corréard, diez obreros de las colonias y alrededor de quince marinos. Detalle bastante extraordinario: los pasajeros han atado un pañuelo blanco a la punta de una bayoneta y gritan “¡viva el rey!”

El remolque comienza. La chalupa bajo el mando del teniente Espiaux, aunque filtra agua, ha embarcado todavía a una treintena de personas que habían quedado a bordo de la Méduse con lo que totaliza cuarenta y cuatro; solo diecisiete hombres quedan a bordo de la fragata. Chaumareys ha tomado el mando del conjunto y manda dirigirse totalmente al Este esperando llegar a la costa lo más rápidamente posible.

Pero surgió otro problema: el conjunto de embarcaciones más la balsa es tan pesado que llega a ser ingobernable y va derivando hacia alta mar. Espiaux con su chalupa, provista de una vela, se pone en la cabeza para guiar el remolque, pero la brisa es demasiado ligera y su embarcación está tan cargada que resulta también ingobernable. La chalupa entonces se pone a derivar y se dirige contra la cuerda que une la segunda embarcación a la tercera por lo que Espiaux comprende que si toca el cabo zozobrará sin ninguna duda. Maudet, el alférez que manda la segunda embarcación desata el nudo de cordaje y la chalupa, sin daño, pasa por la línea de remolque.

Los oficiales Reynaud y Lapeyrére que mandan las otras dos embarcaciones, viendo el gesto de Maudet, interpretan que Chaumareys abandona la idea de remolcar la balsa y también largan amarras. Este gesto se acompaña de un gran clamor enfurecido por parte de los que se encontraban en la “Machine”.
Chaumareys acompañado de Maudet da media vuelta y constatan que el remolque se ha soltado pero inmediatamente abandonan y ponen proa hacia la costa. El teniente Espiaux ve el gesto del comandante, se avergüenza de su dejadez, pero actúa de la misma manera y abandona la balsa a su cruel destino; es el “sálvese quien pueda”.

La balsa de la Méduse es abandonada a los elementos en una situación de angustia, ni carta de navegación, ni sextante, ni brújula y se debieron sacrificar los víveres para embarcar pasajeros suplementarios. Todo lo que disponen es de cinco barricas de vino, un poco de agua dulce y algunas galletas embebidas en agua de mar. Les llega el agua hasta las rodillas y en cada segundo corren el riesgo de caer al mar. La balsa es ingobernable y está expuesta a las corrientes marinas.

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13 Oct 2010 21:40
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El famoso cuadro de Gericault sobre la balsa de la Méduse

Para los sucesos que se sucedieron posteriormente en la balsa, tomamos el relato editado por The Instructor en 1836 basadas en el relato del segundo cirujano Sevigné, uno de los supervivientes.

[i]“Desde el momento que me convencí habíamos sido abandonados, sucumbió mi ánimo bajo las horribles imágenes del hambre y la sed, trabajos y miseria, desesperación y muerte, de modo que por algún tiempo no pude articular palabra. La resignación al fin sosegó mis facultades mentales y vuelto en mí procuré consolar a los desgraciados compañeros que como yo habían estado enmudecidos. Apenas volvieron en sí los soldados y marineros, se abandonaron todos a la desesperación más desesperada, clamando por venganza sobre la cabeza de aquellos que los habían abandonado y al verse cada uno expuesto a una muerte lamentable.”

Algunas personas de carácter más firme, se unieron a Sevigné en sus esfuerzos humanos para tranquilizar las mentes de los infelices marineros y en parte las sosegaron con la esperanza de que en pocos días tendrían la oportunidad de tomar plena venganza de los que les habían abandonado. Este deseo, aunque malo en su esencia, era excusable en unos hombres arrojados a peligros insuperables a las fuerzas humanas por el egoísmo de sus mismos compañeros; porque a la verdad, los sufrimientos de toda la tripulación hubieran sido menos crueles en común; no habiendo cosa que exaspere más al infeliz que el ver gozar la salvación o favores de fortuna a aquellos mismos que lo han lanzado a la miseria.

Sosegado aquel primer transportamiento de pasión, se emplearon todos por algún tiempo en pensar en los medios de tomar tierra para procurar provisiones, no habiendo en la balsa, para 150 hombres, más de veinticinco libras de galletas y algunos barriles de vino. La imperiosa necesidad de preservar la vida, unió por un corto tiempo los esfuerzos de todos y poniendo una vela a la balsa trabajaban todos con entusiasmado delirio, sin prever la real extensión de los males que les aguardaban.

El primer día pasó tolerantemente quieto, pero a la venida de la noche se cubrió el cielo de nubes, se desencadenaron los vientos y se enfureció la mar esparciendo terror con sus olas embravecidas; los pobres náufragos, arrojados de un lado a otro, suspendidos como de un hilo entre la vida y la muerte, lloraban su desgracia y aunque ciertos de una próxima muerte, continuaron luchando contra el irresistible elemento que a cada momento parecía ir a tragar a todos. A menudo se oía el grito desesperado de algún marinero que exhausto de fuerzas y sin esperanza de vivir se arrojaba en el abismo de la muerte; a un mismo instante, como si de común acuerdo, exclamaron tres, “vámonos” y arrojándose a las olas desaparecieron instantáneamente; así perecieron doce personas la primera noche.

La venida del día calmó algo los espíritus, muchos sin embargo, estaban en la agonía mental. La esperanza todavía de que los botes vinieran en socorro, o algún otro medio de preservación, les ayudó a tolerar el hambre al segundo día, pero perdida aquella con la oscuridad de la noche, se redobló el tormento de la sed, reduciendo a todos a un estado de delirio general. Muchos soldados y marineros, incapaces de resistir ya el hambre y la sed y persuadidos a que la muerte era ya inevitable, tomaron la fatal resolución de pasar los últimos momentos bebiendo vino, como hicieron hasta no poder más; pero el licor estimulante, como era natural, mudó el delirio en frenesí, principiaron las querellas, tomaron las armas y pronto se volvió la balsa la escena más sangrienta que se pueda imaginar, quedando muertos a cuchilladas en menos de un cuarto de hora sesenta y tres hombres.

Restablecida alguna tranquilidad entre los que habían escapado a aquella cruel carnicería quedaron en un estado de estupor, del que despertaba alguno u otro para arrojarse al agua. En este estado llegó el tercer día del abandono de aquellos infelices náufragos, más fue para sentir más agudamente los tormentos del hambre; algunos cortaban tajadas de carne de los cadáveres que cubrían todavía la balsa y los devoraban crudos con indescriptible ansia.”Los oficiales y pasajeros a los que yo me unía en sentimientos, no podíamos superar la repugnancia que nos inspiraba la vista de un alimento tan horrible; y nuestro recurso fue comer los cinturones de nuestras espadas, cartucheras, correas y cuantas piezas de cuero teníamos, aunque estos medios no aliviaban nada las angustias de la total abstinencia”

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13 Oct 2010 21:42
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Por fortuna cayeron en la balsa, al anochecer como doscientos pescados voladores, los que medio asaron con la pólvora de los cartuchos; pero siendo esto tan poco para tantas personas hambrientas, el cocinero mezclo los pececillos con carne humana, perdiendo esta en algún modo, su horrible apariencia y así comieron todos.

El estado de desesperación se aumentaba cada día al anochecer, quizás por la imposibilidad de socorro durante la noche; así fue que a la horrorosa comida que acababan de hacer se siguió otra escena de confusión y violencia, no de corta duración, más por toda la noche, de modo que por la mañana del cuarto día solo treinta personas quedaron vivas sobre la fatal balsa. Todo este día se pasó en lamentaciones, mientras que las angustias crecían; y a la cuarta noche volvió el frenesí a enajenar las mentes de aquellos que no eran ya hombres al parecer, sino peores que fieras y volviendo a pelear unos con otros, murieron quince, quedando reducido el número de náufragos de 150 a solo quince y casi toso muertos unos a manos de otros.

“Reducidos ahora a este corto número, apelamos a nuestras débiles fuerzas y levantamos una especie de plataforma sobre la balsa, resueltos a aguardar en este nuevo teatro la muerte de un modo cristiano, y así pasamos algunos días. Sin embargo al décimo día se renovó la furia de los pocos que quedaban, mostrándose muchos resueltos a darse la muerte después de una corta distribución de vino. Nosotros procuramos calmarles, y pudimos contenerlos.
EL 17 por la mañana, trece días después de haber sido abandonados, mientras cada uno sorbía con ansioso deleite la corta porción de vino que le tocaba, un capitán de infantería divisó en el horizonte un barco y lo anunció con un grito de alegría. Unos decían que se acercaba haciendo vela hacia nosotros; otros que llevaba rumbo hacia otra parte, y desgraciadamente acertaban estos últimos, porque en poco tiempo lo perdimos vista.

A las seis de la tarde de aquél mismo día, mirando uno de nuestros compañeros hacia el horizonte, extendió repentinamente las manos y casi sin poder respirar exclamo:¡ aquí se llega el bergantín!; y en efecto estaba ya muy cerca. Al momento nos principiamos a abrazar todos con el más vivo trasportamiento, mientras que se nos bañaba el rostro con lágrimas de alegría. El barco llegó pronto a la balsa y nos llevó a bordo.”[/i]

En efecto, el 17 de julio, después de trece días a la deriva, una vela aparecen el horizonte, es el bergantín Argus que ha vuelto, no en misión de de búsqueda de los náufragos, sino para encontrar los restos de la Méduse, pues a bordo han quedado las baterías y sobre todo barriles que contienen noventa mil francos propiedad del rey. Los desgraciados supervivientes, a pesar de todos los esfuerzos por llamar la atención de la tripulación del navío, no lo consiguen. Pero afortunadamente, el destino se muestra clemente por una vez y el bergantín los divisa y los recoge. Ya están a salvo.

A bordo de la balsa sólo quedaban 15 hombres, de los que cinco fallecerían a los pocos días. Dos de los diez supervivientes, Henri Savigny y Alexander Corréard, difundieron los sucesos del desastre en un panfleto que se convirtió en un superventas al describir lo acontecido en aquella travesía.

Imagen
Mapa de situación del naufragio


¿Qué fue de las otras embarcaciones y sus miembros? El bote del gobernador y de Chaumareys alcanzaron Saint Luís, pues tenían una brújula. Otras personas, alrededor de unas sesenta fueron recuperadas por el Écho. Las otras embarcaciones llegaron a la costa desértica, su aventura fue espantosa, sufriendo sed, hambre, siendo algunos capturados por los moros, hasta llegar por tierra y a través del desierto a Senegal. Solo tres personas de las que quedaron en la Méduse fueron al fin rescatadas.

El conde de Chaumareix sería degradado en Consejo de Guerra el 7 de enero de 1817, pero se salvó de la pena de muerte, obteniendo sólo tres años de cárcel, debido a su pasado en la armada. Tras ese tiempo se retiró a su castillo de Lachenaud, la residencia de su madre, en Bussières-Boffy, y murió el 23 de noviembre de 1841 a los 78 años.

Fuentes: P. Fr Network; Senegal-online; El instructor, tomo III.

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13 Oct 2010 21:44
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Excelente.

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14 Oct 2010 00:08
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
El principal motivo de la pérdida de la razón y el comportamiento alineado en los náufragos sometidos a situaciones de permanencia en el mar sin agua potable, como el caso de las víctimas de La Medusa, es la ingestión de agua de mar.

En condiciones de sed torturante, resistirse a beber agua de mar es muy difícil. Sin embargo la ingestión de agua de mar agudiza el problema que se pretende solucionar. El contenido de sodio del agua de mar es más de tres veces el de la sangre. Ello significa que la osmolaridad de la sangre aumenta al beber agua de mar y ese aumento provoca la pérdida de las funciones cerebrales. El sujeto enloquece3 y luego muere. Basta muy poca cantidad de agua de mar bebida, tan solo 300 cm3 para que se produzca ese efecto.

En caso de náufragos a la deriva, nunca beber agua de mar. Nunca.

Saludos

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14 Oct 2010 11:26
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
espaldar, confieso que el dato de la ingesta de agua de mar por parte de los náufragos es una cosa por la que me he interesado buscandola en toda la documentación consultada para elaborar el artículo, pues es lógicamente un acto muy común en este tipo de naufragios, y para sorpresa mía no he encontrado ninguna referencia al respecto. Todo gira sin embargo en torno al consumo de vino y sus consecuencias de delirio y euforia.

Pienso que toda la literatura que se generó como consecuencia de los relatos de los supervivientes se centro, morbosamente, en el consumo canibalístico de carne humana, por su connotación repulsiva y en el de vino, como mal social más común y conocido, para explicar el ímpetu agresivo que se apoderó de los náufragos.

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14 Oct 2010 11:49
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Me baso en ciertos puntos de partida y en alguna suposición, es cierto, pero que concuerda con los sucesivos acontecimientos.

Según el relato magistral expuesto podemos leer:

“”Todo lo que disponen es de cinco barricas de vino, un poco de agua dulce y algunas galletas embebidas en agua de mar. Les llega el agua hasta las rodillas y en cada segundo corren el riesgo de caer al mar.””

En esas condiciones en las que es clara una falta de agua sobre tantas personas, y el fácil acceso a ella al estar sumergido parcialmente, me hace considerar con pocas dudas que muchos se abandonaron a beberla, amén que la galleta empapada era como beberla también. Ciertamente el alcohol del vino pudo tener su parte de contribución, pero hay que tener en cuenta que por entonces la cantidad de consumo diario de vino era generalmente muy alta en el oficio de mar, probablemente no sensiblemente menos que lo que tomaron en aquella ocasión.

Es fácil considerar que las pequeñas existencias de agua y vino no se distribuyeran equitativamente, dejando a muchos abandonados a la sed sin paliativos.

A partir del cuarto día hasta el día decimotercero sin embargo, ya reducidos a una porción muy pequeña, son capaces de sobrevivir seguramente en gran parte gracias a ese vino.

Me temo que el relato de los supervivientes omite ciertos detalles particulares, comprensiblemente por su dureza, pero solo nos muestran aspectos algo maquillados y una pequeña parte de la vida a bordo en esas condiciones.

Un saludo

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14 Oct 2010 13:02
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Muy bueno Bemaro.

La historia es bién conocida, pero me faltaban o había olvidado muchos de los detalles que relatas.

Pero me ha quedado una duda, no entiendo bien este pasaje de las causas del naufragio:

Citar:
A las once de la tarde, el viento se intensifica; sobre la superficie, el mar se endurece, las planchas remueven el puente, la fragata comienza a golpear duramente el fondo y elevándose por los golpes de mar, la carena comienza a hacer agua. “¡Los hombres a las bombas en la bodega! “ se grita.

A las tres de la mañana del día siguiente, una potente plancha arranca el timón y los hierros abren una larga brecha en el casco por donde el mar entra en tromba en la fragata. Chaumareys aterrado ordena:”¡poned en marcha la bomba real!”. Pero desgraciadamente no puede luchar contra el reventón de las olas asesinas. La Méduse ya no es más que un despojo lamentablemente batido por los golpes de ariete de las planchas; medio inundada de agua, reposa profundamente sobre el banco de arena, por lo que le impide caer, pero está perdida. Es preciso abandonar la nave.


¿que querrá decir con "las planchas" o "la plancha"? No lo entiendo.

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14 Oct 2010 14:40
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Jorgilri, ciertamente has incidido en un punto poco claro.

El hecho es que yo al traducirlo directamente del francés no le he sabido dar su justa interpretación. La traducción literal de "lame" es lámina en castellano. Así he interpretado con la palabra plancha, cualquier porción o conjunto de maderas resquebrajadas o desprendidas de la estructura.

De todas las manera, quizá nuestro compañero eusebio tenga a bien determinar la definición correcta.

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14 Oct 2010 16:31
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Muchas Gracias Bemaro, vamos a ver si Eusebio nos enciende alguna lucecita.

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14 Oct 2010 17:32
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Me parece que en este caso "lame" significa "ola".
Saludos
Rioplatense

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14 Oct 2010 17:38
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
rioplatense escribió:
Me parece que en este caso "lame" significa "ola".
Saludos
Rioplatense


Llevas razón rioplatense. El autor debió escribir: "lame d´eau" en vez de simplemente "lame", porque "lame d´eau" si que significa en su concepción marítima: oleada de agua.

Siendo esta su verdadera acepción paso a reeditarla.

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14 Oct 2010 19:04
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Oui, en efecto, lame se entiende por ola grande, pero bastante grande.
Tambien se entiende como la hoja del cuchillo o de un objeto que corta/sierra, la parte que esta en contacto con el cristal en un limpiacristales, como tabla de madera, de esas que forran las paredes, o los suelos. Y tambien se usa para partes de anatomia, o para una parte de los bolets

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16 Oct 2010 22:29
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Nuevo mensaje Re: Naufragio de la fragata Méduse.
Muchas Gracias Eusebio Bi-en

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17 Oct 2010 11:51
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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com